Desde su atalaya cordobesa: LAS COSAS DE DON EUFEMIO

Por “líneas interiores” un sufrido lector se interesa por la trifulca literaria que mantuvieron los dos genios, Cervantes y Lope, a la que me referí en el último COSAS….Sin ser experto en la materia, trataré de satisfacer su curiosidad.

 Era muy normal que este tipo de “juegos florales” se repitieran entre escritores; por ejemplo, dice Góngora de Lope.

 A este Lopico, lo pico

 y Quevedo le regala a Góngora el archiconocido soneto A UNA NARIZ, o el diminutivo “cariñoso”al tiempo que lo vuelve a tratar de judío, el mayor insulto a la sazón.

  Yo te untaré mis obras con tocino

porque no me las muerdas, Gongorilla,

 con lo que claro queda que se llevaban regular: “eljodío estevado” dicen que Góngora llamaba a Quevedo.

 Y conociendo el genio de alguno de ellos, y siguiendo el cariz humorístico de Cervantes en su conocido estrambote es posible que incluso alguien

 tiró de espada,

 aunque, las más de las veces,

no hubo nada.

 Pero vamos a las pullas entre el novelista y el dramaturgo, por abreviar, a las que aludí el jueves y que han despertado la curiosidad del amable lector.

 Lope era 15 años más joven que Cervantes y siendo que se consideraban amigos… y residentes en Madrid, podríamos decir que llegaron a ser“enemigos íntimos”. Hacia 1604 Cervantes, ya era conocido por otras obras aunque no había publicado la Primera Parte del Quijote; y Lope estaba en su cénit; arrollador, archiconocido y mundano, un “triunfador” con más aventuras amorosas que obras escritas (qué ya es decir) y un poco, con razón, “creidillo”. Es posible que Cervantes le cediera el manuscrito del Quijote para su lectura y crítica, y de paso solicitarle que le dedicara alguna composición laudatoria para el prólogo, costumbre corriente en la época. Está claro que a Lope, no es que no le guastara la novela, sino que posiblemente le gustó, y muchísimo, tanto que enseguida lo identificó como contrincante y ¿ay, la envidia?, no escribió ni una línea para el prólogo, lo que obligó a Cervantes a escribirlo y eso que nos ganamos; para mí el mejor capítulo del libro.

 Cervantes, ya dos gallos en el mismo corral, le tira unas cuantas andanadas en el citado prólogo:

 Soy de naturaleza poltrón y perezoso para andarme buscando autores que digan lo que yo sé decir sin ellos

y, aparte, le endilga el siguiente soneto en versos de cabo roto con su estrambote y todo pidiéndole borre, por “malo”, lo más importante de su obra no teatral:

 Hermano Lope, bórrame el soné—

de versos de Ariosto y Garcila—,

y la Biblia no tomes en la ma—,

pues nunca de la Biblia dices le—.

 

También me borrarás La Dragóme—

y un librillo que llaman del Arca—

con todo el Comediqje y Epita—,

y, por ser mora, quemarás la Angé—,

 

Sabe Dios mi intención con San Isi—;

mas quiéralo dejar por lo devo—.

Bórrame en su lugar El peregri—.

 

Y en cuatro leguas no me digas co—;

que supuesto que escribes boberi—,

las vendrán a entender cuatro nació—.

 

Ni acabes de escribir La Jerusa—;

bástale a la cuitada su traba—.

 A vuelta de correo y desde Toledo mi tocayo le llama de todo menos bonito haciéndose eco de un runrún que circulaba por la villa y corte, con base en la “suerte” que tuvo el heroico, calenturiento y posiblemente griposo combatiente de Lepanto: Su “amo” debía tener muy buen corazón y sublimados y delicados sentimientos al dejarle salir tan bien librado tras las sucesivas intentonas del cautivo para dar por terminada su argelina temporada de baños; y e responde de con otro soneto. (Hubo una ministra, entonces de Cultura y ahora de mucho más que,dicen, pensaba que Cervantes estuvo de vacaciones en Argel) Dice el soneto:

Yo que no sé de los, de li ni le—

ni sé si eres, Cervantes, co ni cu—;

sólo digo que es Lope Apolo y tú

frisón de su carroza y puerco en pie.

 

Para que no escribieses, orden fue

del Cielo que mancases en Corfú;

hablaste, buey, pero dijiste mu.

¡Oh, mala quijotada que te dé!

 

¡Honra a Lope, potrilla, o guay de ti!,

que es sol, y si se enoja, lloverá;

y ese tu Don Quijote baladí

 

de culo en culo por el mundo va

vendiendo especias y azafrán romí,

y, al fin, en muladares parará.

 

 

O sea: Yo, Apolo; y tú marica, percherón, cerdo, cornudo, loco, lisiado, bastardo…, tu obra se dedicará como envoltorio para especias o, aunque higiénicos, a ingratos e innombrables menester es para terminar en la basura. Y ¡ay de ti si me cabreas! Creidillo, ¿no?

Aunque Cervantes siguió publicando y a sus 60 años era un escritor famoso no acababa de completar la faena y andando más o menos  con sus penurias decidió volver a lo seguro y en 1615 publicó la segunda la segunda parte del Quijote; pero en 1614 salió el plagio de Avellaneda, un seudónimo en el que hay investigadores que ven la mano de Lope en no pocos indicios: en el mismo prólogo, el plagiario se deshace en alabanzas al dramaturgo, y se presenta asimismo como clérigo y autor de comedias y a Cervantes lo trata con el más absoluto desprecio de viejo y manco. Por otra parte, pocos autores del momento podrían haber escrito tan importante obra y en tan poco tiempo sin la facilidad tanto al escribir como al imitar del madrileño.

Cervantes en su genuina segunda parte reacciona a su manera contra el plagio, no por su boca sino por la de sus personajes, y –puesto que durante el tiempo de la trama Lope está en Zaragoza- decide hacerlos pasar de largo (no hay mayor desprecio que no hacer aprecio) y dirigirlos directamente a Barcelona. Zaragoza perdió con sus ausencias, pero ganaron Barcelona y Cataluña por la forma en que Cervantes las trata en su novela*

En fin, que lo que empezó como una pequeña refriega literaria puede que hubiera llegado a mayores:!Genios!

Y esperando haber satisfecho la inquietud literaria del comunicante, no hay mal que por bien no venga; hoy el post ha salido un poco largo, pero lector se ha librado de mis ripios.

Don Eufemio 16 mar. 19

 *No hay que olvidar que en boca de algún venado Cervantes era catalán, como Teresa (de Ávila), y hasta el mismo “Cristòfor Colom” que no salió de Palos de la Frontera, sino de Pals en el Bajo Ampuardán. No sé de qué se quejan si  pueden presumir de que Rufián nació en Barcelona.

 

6 pensamientos en “Desde su atalaya cordobesa: LAS COSAS DE DON EUFEMIO

  1. ¡¡¡Magistral mi querido amigo y compañero “D. Eufemio”
    Me has alegrado esta nublada (en La Coruña) mañana del sábado.
    ¡Muchas gracias!
    Me he regocijado. Tanto con tu erudición, como con tu gracejo.
    Una sugerencia: Imparte cultura a nuestra ágrafa clase política.
    Lo necesita…. y España también.
    Un fuerte abrazo.

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  2. Mejor imposible, te superas día a día. Hoy has cambiado de tercio y de sonetos, lo has bordado. Si yo fuera un entendido te aconsejaría que no abandones este camino.🇪🇸

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  3. Lorenzo, Luis, queridos amigos; muchas gracias.
    Os podía responder como Cervantes: este camino que dice Luis, a mí que “Soy de naturaleza poltrón y perezoso…” me obligaría a husmear, estudiar, investigar…Una lata, !vaya! Lo cual no quiere decir que algo se hará si ” se tercia” como dicen en mi pueblo; y abierto estoy por si algo se os ofrece.
    Yo diría en confidencia que por fiarme de la memoria, algún gazapillo se ha colado en este post y posiblemente ya haya sido descubierto.
    Pero en fin: “lo escrito, escrito está”.
    Un abrazo.

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  4. Muy buenos, aunque reconozco que a veces debo leerlos varias veces, para entender bien.
    Quizás es mi ignorancia, de ahí, en esforzarme cada día y aprender cada vez más..
    Afectuosos saludos.. D. Eufemio.
    !!Viva España !!

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  5. Mi Coronel, siempre se puede aprovechar algo y sacar algún partido hasta de las peores circunstancias, como es el caso ahora. Desde luego, el filón para la sátira es inagotable.

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  6. Pues es una delicia ésto de leer las rencillas de nuestros admirados escritores…mis preferencias. D. Eufemio, van directamente a Cervantes, como no podía ser menos.

    Lo que no quiere decir que no reconozca la valía de Lope, pero lo que usted relata no deja en muy buen lugar su supuesta humildad, si es que la tuvo…

    Para mi ha sido una novedad que hubiera diferencias tan amplias entre éstos dos genios, pero está claro que nadie, ni siquiera un genio, está libre de la dichosa vanidad, y a nuestro querido Lope le sobraba una “mijilla”.

    Afectuosos saludos

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