REDENCIÓN POR LA ACEPTACIÓN JOSÉ FRANCISCO NISTAL MARTÍNEZ CORONEL CAPELLÁN

“Dicho Esto, Jesús salió con sus discípulos”(Jn. 18,1). Calle abajo, el silencio y el semblante de Jesús no pasaría desapercibido, ni a sus Apóstoles, ni a cuantos se cruzaran con Él. En su rostro se dibujaría la pena y la impotencia. En su mirada la lástima, la mansedumbre y el cariño. Pero no había vacilación. El paso, como siempre, era firme y decidido. Atrás quedaban ya su Madre…, el templo…, el lago… Jesús saldría de Jerusalén, la ciudad amurallada, por la puerta Dorada. La puerta por la que entraban los principales,  los nobles, los tribunos y los comerciantes importantes. La puerta por la que El había entrado triunfante entre las aclamaciones y los vítores de los que lo seguían unas horas antes.

“Se dirigió, según costumbre, al monte de los Olivos” (Lc. 22,39). Los cuatro evangelistas señalan el lugar a donde los condujo. Juan precisará más: “al otro lado del torrente Cedrón” (Jn. 18,1). El monte de los Olivos. –el olivo, símbolo de la paz-, debía de serle muy familiar a Jesús. “según costumbre”, dice Lucas. Y, mucho más, desde su entrada en Jerusalén: “Durante el día enseñaba en el templo y luego se retiraba a pasar la noche en el monte de los Olivos” (Lc. 21,37)

Había encontrado Jesús en aquel monte un lugar especial: GETSEMANI. Una antesala del cielo y un balcón hacia Jerusalén. Aquella cerca, “en la cual entraron” (Jn. 18,1), lo hacía más acogedor, más entrañable y, uno se imagina, que el dueño consentía la presencia de Aquel huésped con íntimo orgullo. Getsemaní estaría acostumbrado a Su presencia  y a la de sus discípulos. A la sombra de sus olivos, después del reparador descanso, el Maestro habría enseñado un sin fin de veces y, también, había tejido los momentos recónditos y sublimes con el Padre. ¿Qué le diría Jesús, en la intimidad, al Padre?… El jugo de aquellos olivos era óleo santo bendecido por el aliento de Jesús.

El huerto de Getsemaní, envuelto en un manto de negra noche, lo acogió con un silencio profundo y respetuoso. La paz y la serenidad de los olivos, a su paso, se enturbiarían y hasta se estremecerían. La oscuridad ocultaba las facciones tersas de su rostro. Los surcos de la cara se le habría marcado aún más y su silencio sería penetrante. Ya no tenía qué decir, ni siquiera a quienes, en la distancia, cansados e ignorantes del porvenir, le seguían.

“Y llegado al lugar, les dijo: orad para que no entréis en tentación” (Lc. 22,40). Fue todo cuanto pudo decirles. La pena, el dolor,  le oprimía; le atenazaba la garganta y sentía la opresión y el fuego de la angustia. No habían comprendido la trascendencia de aquellos momentos. ¡Había llegado el momento! “Y tomo consigo a Pedro, a Santiago y a Juan” (Mc. 14,32), los mismos que lo habían visto cambiar de aspecto en el monte Tabor. Algunos psicólogos quieren ver en estos tres Apóstoles las tres potencias del alma: entendimiento, inteligencia y voluntad. Había escogido bien el Maestro para sus últimos momentos: uno, rudo y obstinado; los otros, los hijos del Trueno. Quizás, sólo ellos habían intuido que, como en otras ocasiones, algo importante iba a pasar; ahora, intercambiando miradas furtivas y cómplices, les gustaría tener la palabra oportuna. Pero ya no había bálsamo que aliviase tanto dolor. “Y comenzó a sentir una tristeza y angustia mortal” (Mt. 26, 37b-38a). El Jesús naturaleza humana se humaniza plenamente, completamente. Se había alegrado con quienes le habían hecho partícipe de su fiesta. Se había entristecido y había llorado con los que sufrían la desgracia. Se había compadecido y había mirado con cariño. También había levantado la voz y blandido el látigo para restituir la dignidad. Pero esta situación era nueva y distinta. ¿Por qué?, ¿por  qué?, ¿POR QUE? Y no hay respuesta.

La noche era cada vez más oscura. Hasta allí llegarían las voces y el bullicio de la  fiesta. Por momentos, se le harían más atronadoras.

“Pueblo mío, ¿qué te he hecho, en qué te he ofendido?, respóndeme”. Es la hora de los por qué. Había actuado siempre bien. “Todo lo hizo bien”. “Se anonado pasando por uno de tantos”. Tenía toda una vida de respuestas bien probadas. “Y, adelantándose un poco, cayó en tierra” (Mt. 26,39ª). Como los olivos se fue retorciendo sobre si mismo para madurar y tomar la forma noble que deja la huella de los años. Jesús había adoptado la postura más conflictiva para el sistema cardio-vascular. No puede haber otra actitud externa más expresiva de humillación. La estampa, de quien era el autor de la vida, no podía ser más patética. Le doblaba la espalda el peso de la incomprensión, del egoísmo, la hipocresía, la injusticia. “Oraba así: Padre, si quieres, aparta de mi este cáliz; más no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lc. 22,42)

Jesús no quiere morir y menos de esa forma tan ignominiosa y vil. No es merecedor de esa situación. El enojo y la impotencia se han apoderado de sí. En absoluto se reprime. De ninguna manera se resigna. Jesús no había hablado nunca de resignación, quizás, porque entendiera que es la actitud más próxima a la tibieza. El inconsciente, un mar bravío, removía entre sus olas el inconformismo, que nació a la par en la cueva de Belén; la radicalidad, agitada por una vida marcada bajo el signo de la contradicción; la permanente opción por la libertad y la justicia. ¿Qué sentido puede tener morir ahora que la “cosa” no ha hecho más que empezar? “¡Abba!, Padre, todas la cosas son posibles para Ti. Aparta de mí este cáliz” (Mc. 14,35s). “Y transido de angustia, oraba más intensamente. Y su sudor se convirtió como en gotas de sangre, que caían hasta el suelo”. (Lc. 22,44) Jesús muestra hasta dónde puede su debilidad humana. Está demostrado médicamente que el dolor o la angustia pueden producir sudor de sangre. Jesús asumió la carne humana con todas las consecuencias hasta el límite. Fue hombre en debilidad hasta el sudor de sangre, la impotencia y la humillación. “Quien no conoció pecado” se ha cargado con la responsabilidad de los pecados de todos.

“Más no se haga mi voluntad, sino la tuya”(Lc. 22,42b). Esta es la suprema lección de obediencia de Jesús. De lealtad. De amor. Pero, sobre todo, de ACEPTACIÓN. El inconsciente humano se enfrentaría al divino consciente y en esa suprema hora de lucha y agitación, Jesús, resuelve el momento más trascendente de la historia de la humanidad con la aceptación. Esta palabra es clave en la historia de la redención. “Su voluntad humana sigue a la voluntad divina y omnipotente, sin oponérsele ni combatirla, antes bien enteramente sometida a ella” (Dz.3   292). Con ese “no se haga mi voluntad” ya había voluntad de redención manifiesta, explícita.

Aceptando, Jesús, se levanta presto, diligente, animoso para cargar con la cruz. La paz se habría vuelto a tender como un manto y el huerto de Getsemaní habría recobrado la calma. “En adelante, pueden venir momentos difíciles y experiencias dolorosas. Pero ya, desde la hora de Cristo, todo puede convertirse en lluvia de gracia y sementera de vida” (Bernanos).

Jesús, como todos los ajusticiados, murió de espaldas a Jerusalén y, hay quien piensa, que murió de cara a Europa, mirando en la lontananza, a España.

JOSÉ FRANCISCO NISTAL MARTÍNEZ. CORONEL CAPELLÁN

Blog: generaldavila.com

9 abril 2020 JUEVES SANTO

7 pensamientos en “REDENCIÓN POR LA ACEPTACIÓN JOSÉ FRANCISCO NISTAL MARTÍNEZ CORONEL CAPELLÁN

  1. Respetado Pater, Generales, y amigos:
    – Evidentemente como católica que soy, conocía el pasaje de nuestro Señor en Getsemani, pero el relato de V.S., me ha sobrecogido, Pater.
    – Ayer, al mejor de los antiguos Oficiales de mi padre, (el CORONEL ENRIQUE ALONSO MARCILI), yo le decía que le inspira el ESPÍRITU SANTO, en el caso de V.S., Pater está mucho mas cerca V.S. del Padre nuestro SEÑOR, que de esta ciénaga en que han convertido nuestra amada Patria, España.
    – S.M. Don Felipe VI, en el centenario de su Consagración al Sagrado Corazón de Jesús, renovó los deseos de la Corona española (y de Jerusalén) de que nuestra amada Patria, en el siglo XXI, mantuviera sus votos, y se encomendara, en el Cerro de los Ángeles, al Corazón de Jesús, paciente y lleno de misericordia.
    – ESPAÑA; la tierra que le costaría la vida al Apostol Santiago, y al que debemos el universal Camino de Santiago, o donde se aparecería la Virgen del Pilar en Zaragoza, o la de Monserrat en nuestra queridísima Cataluña, o San Francisco Javier en mi muy amada Pamplona… ESPAÑA, la tierra Mariana de la Virgen de Guadalupe en Extremadura, o de los Desamparados en Valencia, o del heróico Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza en Jaén, o del Cristo del Consuelo en Cazorla, o de nuestro reverenciado Cristo de la Buena Muerte malagueño, o de mi muy venerada y sevillana Virgen de la Esperanza de Triana, que tanto me han ayudado en los peores momentos de mi vida…
    – España, siempre España, cuando ha ido unida a la FE…
    – España, siempre España, cuando Cristo ha sido nuestro Rey desde los cielos…
    – Que Dios le siga bendiciendo, Pater. Ha sido un bálsamo leer a V.S., le suplico que si lo tiene a bién, me atrevo a pedirle nos encomiende, a mis seres queridos y a mí, en sus oraciones, que llegan mucho mas rápido al Padre, porque V.S. recibe Su bendita inspiración.
    – Respetuosamente quedo a sus órdenes, no sin decir
    ¡¡ POR DIOS Y POR ESPAÑA A MI REY SERVIR HASTA MORIR, VIVA ESPAÑA, VIVA EL REY, VIVA LA LEGIÓN !!

    Esperanza González de Fonseca Marco
    (Dama Paracaidista Auxiliar de Sanidad Militar)

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  2. Gracias Pater, en momentos como los que estamos viviendo son muy confortantes sus palabras. Señor, mi Patria llora / la apartaron ¡ oh Dios ! de tus caminos / y ciega hacia el abismo corre ahora…….( Fe, de Gabriel y Galán).
    Dentro de tres días, ¡¡ FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN !!

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  3. En la CRUZ del sacrificio
    ——————————-
    Si yo pudiera arrancarle
    Los clavos a Jesús
    No estaría de penitente
    En lo alto de su CRUZ

    Porque lo miro angustiado
    Y me inunda un sentimiento,
    En la Cruz del sacrificio
    Que al mundo da sufrimiento.

    Yo quisiera descolgarlo
    Y entre racimos de flores
    Que reposara el Redentor
    Con cantos de ruiseñores.

    Pero lo tienen clavado,
    Y así seguirá sufriendo,
    Y yo no quiero mirarlo
    Sostenido por tres hierros.

    Porque me causa dolor
    Esa imagen desgarrada,
    Y se atranca mi garganta
    Cuando le miro a la cara.

    Son dos clavos en sus manos
    Unciendo las extremidades
    Del palo que cruzaron
    Al que de la tierra sale.

    Y en ese sus pies están
    Atravesados por otro hierro
    Que le pusieron los asesinos
    Por el mandato que hicieron.

    Los tiranos del momento,
    Para acallar sus pregones;
    Los que no quieren bajarte
    De la Cruz de los horrores.

    ¡¡¡ Si yo pudiera arrancarte
    Los clavos que te aprisionan
    NO volverían a ponerte
    Tan infamante corona !!!

    Autor. Ramón Lencero Nieto

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  4. Gracias por sus palabras, nos ayuda a llevar nuestra liviana Cruz, con
    un corazón limpio. Señor , hágase tu voluntad . Ayuda a nuestra Patria. Amén.🇪🇸🇪🇸

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  5. Gracias por recordarnos estos pasajes tan cruciales de los evangelios. En este confinamiento a mi me han servido para interiorizar más y más en mi misma y comprender mejor, la finalidad del sacrificio, que es la resurrección. Saludos.

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