Se acabaron las Armas. Llegaron las especialidades. No sabenos muy bien lo que significa ser especialista en infantería, caballería…
La desaparición de las Armas clásicas fue un retroceso más en la mentalidad ya que se quería coinstruir una nueva a base de suprimir aquel lenguaje que hablaba la infantería que eran todas las armas, la que conjugaba las formas y procedimientos.
Los ejércitos en España conservan su espíriritu, creemos, a pesar de lo difícil que se lo ponen. Si vis pacem, para bellum es una quimera que bien podría retirarse de su lugar en la Academia General Militar como se hizo con el lema de la Academia de Suboficiales del Talarn: «A España servir hasta morir». ¿Paras qué en este mundo del «No a la guerra»? ¿Será para enriquecerse con el negocio de las armas? (con minúscula).
Todo empezó a salir a la luz pública con el grupo, del que tanto hemos hablado, que encabezado por un ministro de Defensa ricachuelo, muy bono, hecho así mismo y permítanme la ironía, poco culto, se rodeó de tibios uniformados para lograr el sueño de su gran jefe socialista: convertir un ejército de combatientes en una organización para la paz y las emergencias. Una utopía que le daría los votos en una sociedad que entraba en la era de la epidemia conocida como desespañolizar todo lo que estuviera muy arraigado a la esencia de la Patria.
El plan estaba trazado, había que actuar con astucia y hacer uso de la buena voluntad de los militares mostrándoles cariño (trato humillante con la alabanza manipulada), haciéndoles creer que sus reformas eran por España y su unidad, jugar con ascensos o destinos, premiar a los cercanos, y mostrarse inflexible con los duros y rigurosos en el cumplimiento del deber. Deber que no era otro que el combate para cumplir con su misión principal y aquellas derivadas de la misma.
Sabían que era fácil porque los hombres que asumen el oficio de las armas son disciplinados, obedientes al límite y además en aquella época en la que se inició el proceso del cambio vivían con el estigma de sentirse acusados de ser un ejército poco democrático, mal instruido y con escasa preparación técnica. Un estigma de incapacidades que hubo de deshechar a base de mostrar que su juramento de dar hasta la última gota de sangre era un hecho como pronto demostraron en Bosnia y en las siguientes misiones que les tocó vivir.
En numeroso escritos he dejado señalado el proceso, su iniciación y su imparable progreso, sus actores y beneficiarios, uniformados o no, y como de manera naif o intencionada han participado en él los los que no se enteraban y los que formaban parte del proceso (les remito a mi artículo de comienzos de año: Lo militar y sus reglas (les dejo enlace).
El caso es que hemos llegado a una situación que desde el punto de vista de lo militar es preocupante y en cierto modo difícil de entender. Hablar de lo militar no es hacerlo de algo distinto al conjunto de intereses de la nación, sino todo lo contrario, ya que forma parte del poder económico y de los intereses de todo tipo de los ciudadanos españoles no solo en su patria, sino también fuera de ella. Tener un Ejército fuerte y con capacidades de disuasión no duden de que es una credencial muy importante hasta para montar un pequeño negocio en cualquier rincón del mundo. Tanto como lo es la vía diplomática. Son dos piezas fundamentales del poder de una nación y quizá por eso sean las únicas «carreras» existentes como tales, que se desarrollan en el tiempo en procesos tan largos como lentos para asumir la experiencia y el conocimiento necesarios, además de consolidar esa entrega voluntaria y sacrificada a cambio de la satisfacción del deber cumplido. Nada más; ni menos. Sin olvidar la otra carrera, la judicial, que exige las mismas condiciones.
Si ustedes quieren tomar el pulso de una nación y adivinar su futuro no tiene más que ver como se desarrollan sus tres carreras: Judicial, Diplomática y Militar.
No voy a entrar en las que no tengo el conocimiento necesario, aunque a simple vista el proceso de desespañolizarlo todo las envuelve como a lo militar.
La desmilitarización de lo militar es evidente como he demostrado en numerosos artículos, pero he de referirme ahora muy en concreto al debate actual antiotan del Gobierno de España iniciado con la renuncia a presupuestar el 5% del PIB en materia de Defensa como la Alianza exigía y el presidente del Gobierno firmó para luego incumplir.
La postura de España ante la situación mundial en materia de Defensa es preocupante al vernos del lado equivocado y lanzar eslógan cercanos al insulto contra los Estados Unidos e Israel. Al margen de ello nuestro Gobierno miente a los españoles cuando dijo que rompía con los acuerdos y contratos armamentísticos con Israel que tuvo que rectificar para evitar quedarnos en la indefensión y miente ahora al decir que no permitiría el uso de las bases españolas a los Estados Unidos (de la Base militar del Reino Unido en Gibraltar no dice nada). Todo pura retórica electoral a ver si vuelven al «No a la guerra» que le da votos cautivos, auqnque sí a los negociso de las armas como demuestran cada día (incluidos los que atraviesan por las puertas giratorias).
Lo de la OTAN es tan importante que quizá tengamos que arrepentirnos, ¿o arrodillarnos?
El Gobierno de España ha dejado la credibilidad de nuestros ejércitos en cotas muy bajas. No es nuevo, nuestra credibilidad es inexistente y nadie firma acuerdos con quien hoy dice una cosa y mañana lo contrario.
Lo más preocupante es el escudo que han puesto entre lo militar y la sociedad donde solo habla el ministerio con mensajes melifluos de inutil alabanza, lisonjas y adulaciones insoportables para un soldado. La verdad es otra y nuestra postura antiotan, antimilitar, antioccidental y antiEspaña nos va a copstar muy cara. Esto no se va a olvidar simplemente con un cambio de Gobierno. El mal ha calado y será difícil salir de este sumidero donde estamos.
Olvidarse de la posición estratégica de España, de su situación atlántica y sus riesgos, de la necesidad de asumir alianzas con todas sus exigencias y consecuencias, es una irresponsabilidad que asume el Gobierno y no lo hace solo. En ello están también los partidos políticos y las Fuerzas Armadas que deben ser conscinetes de nuestra situacón y obligaciones en la Defensa y elevar a esos que tanto las alaban la importancia de ese lugar tan olvidado que forma el conjunto de nuestro valor estratégico más valioso y más descuidado: Canarias, Ceuta, Melilla y el Estrecho de Gibraltar donde se nos ha posicionado el Reino Unido con una base militar que nos ridiculiza y ofende.
Si eso es nuestra mayor debilidad como nación más lo es el proceso que nos ha llevado hasta este punto y del que todos somos culpables.
Porque las Armas (con mayúscula no se basan en las armas (con minúscula), sin en el espíritu y formación de sus hombres, en la misión y cumpolimiento del deber.
El deber no lo marca ni señala un Gobierno, sino la Ley. Hubo un tiempo que se transmitía por el espíritu de su hombres. Éramos la mejor infantería del mundo.
Ser expertos en retiradas no nos deja en buen lugar.
General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez
Blog: generaldavila.com
24 marzo 2026
