COMO ALCANZÓ FRANCO LA JEFATURA DEL ESTADO
Primera reunión de la Junta de Defensa Nacional (JDN) en Salamanca
Desde que comenzó el alzamiento y como consecuencia de la muerte en accidente del general Sanjurjo circulaba de boca en boca por la España nacional el interrogante sobre quien era la figura de referencia, el mando de la zona nacional. ¿Aquí quién manda? Todos y nadie. ¿La Junta de Defensa Nacional, Franco, Queipo de Llano, Mola…? El mando de la Junta era conocido solo parcialmente y en cada zona de influencia de los ejércitos, Norte, Sur y Expedicionario, la confusión era grande. Eran muchos los que no sabían qué era eso de la Junta de Defensa. Se necesitaba un nombre, una cabeza visible que simbolizase el alzamiento.
La Junta realizó extensa labor en lo administrativo y militar, pero la prolongación de la guerra y el hecho de producirse el contacto entre los ejércitos del Norte y Expedicionario hizo plantearse la necesidad de un mando único.
El proceso que llevó al nombramiento de Franco como Mando Único para las operaciones militares y Jefe del Estado Español ha sido a lo largo de la historia fruto de varias versiones. Las reuniones de la Junta de Defensa en Salamanca han sido contadas de maneras muy distintas —incluso con baile de fechas— dando lugar a confusiones sobre las decisiones que allí se tomaron. El excesivo protagonismo de unos y el silencio de otros ha hecho que algunas sombras, y muchas dudas, rodeen estos acontecimientos sin conocer en detalle el proceso que llevó a Franco a la Jefatura del Estado.
Las reuniones de la Junta de Defensa se hicieron en Salamanca porque allí en sus proximidades se había habilitado un pequeño aeródromo camuflado en un encinar que facilitaba los traslados de los generales que se encontraban en los frentes.
Hasta el 27 de Septiembre en que se libera el Alcázar de Toledo, no se toma la definitiva decisión de dar el mando único a Franco. En esa fecha se había logrado consolidar el enlace y el contacto material de los tres ejércitos operantes, Norte, Sur y Expedicionario de África. La falta de coordinación entre sus mandos (Franco, Mola, Queipo de Llano) y sus diferencias de criterio, en algún caso enfrentado, no era lo más apropiado para la coordinación de una guerra que ya se vislumbraba larga.
Se hacía necesario un mando único. La conquista de Talavera de la Reina por el Ejército del general Franco produjo en Madrid gran desconcierto y trajo el cambio de Gobierno republicano que entró a presidirlo Francisco Largo Caballero.
El 8 de septiembre las tropas de Franco, al mando de coronel Yagüe, enlazan con las fuerzas del Ejército del Norte en Arenas de San Pedro. Eso impuso una reorganización del Ejército para continuar su avance ya conformando un único Ejército, lo que dio lugar a que se convocase un pleno de la Junta de Defensa Nacional para coordinar los nuevos movimientos y maniobras. Se presentaba la duda del avance desde Maqueda (conquistada el día 21) directamente a Madrid o desviarlo para liberar a las fuerzas cercadas por el adversario en el Alcázar de Toledo, decisión que tomó el general Franco dictando su orden de Operaciones el día 24 para ocupar Toledo.
Esos días dan comienzo en Salamanca dos reuniones que serán claves en el futuro del bando nacional sin que hasta ahora se haya explicado con claridad lo tratado en cada una de ellas, ni hay documentos que lo certifiquen.
A través de la prensa de la época y de los manuscritos que dejó el general Dávila en aquellos decisivos días, hoy podemos saber cómo se desarrollaron todos estos cruciales acontecimientos.
La primera reunión de la Junta de Defensa Nacional se llevó a cabo el 21 de septiembre en el aeródromo de San Fernando en las cercanías de la ciudad de Salamanca. Se abordaron trascendentales problemas, pero no se tomó decisión sobre el Mando único ni sobre presidencia del Gobierno o Estado. Pocos detalles han trascendido de aquella primera reunión que iba a ser clave en el devenir de la contienda. Lo que allí ocurrió, continente y contenido, ha quedado en la niebla de la historia y lo poco que se sabe surge de fuentes erróneas a la vista de los documentos que ahora sacamos a la luz. Muchos de los datos están en hemerotecas poco o nada visitadas. Un ejemplo es la revista El Español número 252 (Madrid 27 septiembre- 3 octubre de 1953) en la que el periodista José M. Sánchez-Silva nos aporta datos de enorme interés y aclaran mucho sobre los asistentes, fechas y lugar de la reunión de Salamanca, ofreciendo todo el paisaje del continente de los hechos.
Estamos ante uno de los momentos claves no solo de la guerra, sino de la historia reciente de España: el nombramiento de Franco como Jefe del Estado español. Sus consecuencias fueron de tal importancia, lo siguen siendo, que merece la pena detenerse en su explicación.
Sánchez-Silva empieza su crónica «Entre los hechos más importantes de nuestra actual historia ocupa lugar propio y esencial el de la elección del joven general Franco para la Jefatura del naciente Estado y el mando supremo de los Ejércitos nacionales, acaecido en Salamanca en septiembre de 1936».
Recorramos con él continente donde se desarrollaron los hechos, claves del paisaje de aquellas horas de reuniones. Con el general Fidel Dávila completaremos la historia al conocer el contenido de lo que allí se pactó.
La primera reunión del día 21 de septiembre mantenida en secreto hasta el día 30 de ese mes.
El martes día 22 La Gaceta Regional de Salamanca ya daba noticias de la presencia de los generales en Salamanca:
«Próximamente a las nueve de la mañana de ayer llegaron a la Plaza Mayor varios automóviles, de los que descendieron altos jefes militares. Uno de los primeros en bajar del coche fue el general Mola, a quien las personas que a aquella ahora se encontraban en la Plaza mayor reconocieron inmediatamente y le tributaron una gran ovación.
Poco a poco fue congregándose frente al cafe Novelty, donde se encontraban los ilustres militares, numeroso público, que no cesaba de aclamar y vitorear a los generales salvadores de España. Fue tal la cantidad de gente que en pocos momentos se reunió allí, que guardias civiles y de asalto y seguridad tuvieron que despejar los alrededores.
Con el general Mola venían el general Saliquet, el coronel Jefe de Estado Mayor señor Moreno Calderón, el comandante ayudante señor Fernández Cordón y el teniente coronel de Estado Mayor señor Urquiona».
El alcalde, señor Del Valle, con algunos concejales, saludaron a los generales que desayunaron en el café Novelty y se dirigieron al Cuartel de Caballería donde acudió a cumplimentarles el comandante militar de la plaza, general Valdés Cabanilles. Allí llegaron los generales Cabanellas, presidente de la Junta, Dávila y Gil Yuste, sus ayudantes y el coronel Montaner, Secretario. En el cuartel de Caballería permanecieron como una media hora o tres cuartos de hora, y seguidamente ocuparon otra vez los automóviles, siendo las once y cuarto de la mañana.
El resto de generales, Franco, Queipo de Llano, Orgaz, Ponte, Kindelán, llegaron directamente al aeródromo de San Fernando, en avión.
Por la natural discreción, los miembros de la Junta de Defensa Nacional nada manifestaron a los periodistas una vez terminado el cambio de impresiones, pero no es difícil suponer la gran importancia de la reunión, en la que seguramente se estudió con todo detalle la favorabilísima situación del Movimiento salvador de España y el avance de las operaciones a seguir hasta completar la total reconquista de la Patria.
También El Adelanto dio noticia de estos hechos con pocas variaciones a lo ya expuesto, aclarando que el hecho de detenerse en el cuartel de Caballería de Calatrava fue debido a que la mayoría de los generales llegados a Salamanca procedentes de otras regiones y frentes no conocían el camino para llegar al aeródromo desde la ciudad y quedaron en el Cuartel donde solicitaron un guía que les llevase al aeródromo.
La única noticia que trascendió de aquella reunión fue que se había discutido si el avance de las tropas nacionales debía dejar a un lado Toledo y seguir hacia Madrid o si era preciso liberar antes la vieja ciudad y su noble Alcázar, llegándose a la conclusión de hacer esto último. También se había hablado largamente acerca del mando supremo.
Hasta aquí el continente, pero lo que interesa realmente es el contenido de aquella reunión.
Lo conocemos por la carta que el general Luis Orgaz Yoldi, miembro de la Junta desde el día 17 de septiembre, y al que esta había nombrado para el mando de Marruecos, remitió desde Tetuán al general Dávila el día 22 de septiembre, es decir, al día siguiente de la reunión.
Habla de los temas tratados y de su punto de vista sobre los mismos. Sin extendernos en la carta, a pesar de los muchos datos de interés general que de aquellos momentos aporta, nos ceñiremos a sus palabras sobre lo tratado en la reunión del día 21 en Salamanca:
«Mi querido amigo: Como consecuencia de nuestro consejo de ayer quiero darle rápida e inmediatamente mis impresiones sobre el mismo. Insisto en lo del mando único. Insisto en ello ya que advierto que en estos momentos más que en una acción regular, estamos reproduciendo nuestra guerra, de guerrillas, y todo se desenvuelve respondiendo a iniciativas de tipo local y, lo que es más triste, a iniciativas que aún no son nuestras. Reconozco que ciertamente todos los problemas locales tienen importancia principal, del de Asturias, el de Bilbao, el de Huesca, el de Málaga, todos, por no citar ni enumerar más de los que ya llevo expuestos. Pero soldado tú como yo, y soldados todos los del Consejo, entendemos todos que no hay más que un problema principal, que es el de Madrid. Los demás deben sobrellevarse, entretenerse, mantenerse, no perder un palmo de terreno ciertamente, pero el esfuerzo personal debe ir hacia donde nos conduzca a la clave de la solución. Y esto, piénsese lo que se piense, solo puede articularlo, moverlo y dirigirlo una sola voluntad. Por ello, hoy más que nunca y así he de expresarme en adelante, es indispensable el General en jefe. Es aún más necesario porque en movilización, personal, en lo industrial, en lo de la previsión natural de preparar ropa, efectos de equipo, correaje, vestuario, subsistencias, alimentación, etc., todo eso se está desenvolviendo de modo local, sin que exista una Intendencia general, que es indispensable crear para que atienda todas esas necesidades. Yo, desde luego, mañana me lanzo a la obra aquí de preparar equipos para 100.000 soldados. Entre la industria local, lo que de ahí os pida o lo que nos manden nuestros amigos de la HISMA, yo he de tener dispuesto eso lo más rápidamente posible. Entretengo con ello el paro de la mujer y, además, satisfago una necesidad apremiante. Entiendo que no debe aplazarse la promulgación de los decretos llamando a filas los contingentes aún por incorporar de los años 33, 34 y 35, así como el adelantar la nueva quinta. Con independencia de los que a mí me corresponden de esta última, yo he pedido al general Queipo me envíe 2.000 hombres de los que a él le han de sobrar seguramente al llamar el completo de esas tres quintas atrasadas, con lo cual yo pondría en pié de guerra nuestras unidades europeas y reforzaré las indígenas con cuadros europeos. De este modo, puede continuarse la sangría que de aquí se hace y podré yo seguir enviando gente…
Otro asunto: Béjar. ¿Se ha puesto en producción? ¿Tienen materias primas? ¿No podría, facilitándosele estas, proporcionase toda la tela necesaria para la confección de nuestros uniformes, resolviendo con ello, a la vez que el hacer frente a una necesidad, un problema de paro social? Antequera. Me dicen que por su parte produce 500 mantas diarias. ¿Cuántas produciría Palencia?…
Termino enviándote con un cariñoso abrazo el saludo de tu viejo amigo que te quiere. Luis Orgaz».
Contesta, a vuelta de correo, el general Dávila. Aparecen plasmados los proyectos inminentes de la Junta.
«Son indudables las consecuencias ventajosas del Mando único cuando siendo varios los Ejércitos por ser diversos los sectores que constituyen la zona en que ha de actuarse es esta una; es decir, pluralidad de actuantes con misión idénticamente coordinada. Pero en nuestro caso y situación actual la realidad es que tenemos diversidad de objetivos que requieren esfuerzos independientes y por ende aconsejan adecuadas autonomías. Los problemas Asturiano-Vasco-Montañés y Andalucía no podemos incorporarlos al que ha de resolverse para la ocupación inmediata de Madrid, el 1º por ser de hecho independiente y requerir actuación ininterrumpida para lograrlo. El 2º, por el aspecto singularísimo que presenta el problema de aquella región y que impide a las tropas que hoy día constituyen el núcleo del denominado Ejército del Sur, puedan desarrollar su actuación en forma de cooperación íntima a los que han de marchar sobre Madrid. Quedan los núcleos Ejército Expedicionario y el del Norte, los cuales si enlazados ya y en situación de conjugar sus esfuerzos para el logro del objetivo Madrid, cabría ponerlos bajo un mando único, si bien es de apreciar en cuanto al Ejército del N. procedería segregarle núcleo preciso especial que precisa tal sector, por lo tanto otro núcleo autonómico, con su cabecera en Zaragoza. Resumiendo lo anterior, llego a la conclusión de que de acordarse el mando único, se ejercería este de hecho sobre los que actúan hoy día en las Castillas y Extremadura. En cuanto al resto habría de otorgar autonomía adecuada al Ejército del Sur y a los núcleos que precisa la acción a desarrollar en las zonas del Cantábrico y Aragón.
Segundo punto: Relativo a la unificación de los servicios de retaguardia, muy de acuerdo y creo caso ir al nombramiento de un Director General de los servicios de retaguardia y abastecimientos, aún sin haberse nombrado Generalísimo hubiera sido conveniente tenerlo establecido a la inmediación de la Junta para con ello haber llegado a atender ponderadamente a todos los ejércitos. Está funcionando la Intendencia General a cargo del Intendente señor Gallego, muy probo, inteligente, trabajador activísimo que ha puesto ya en marcha lo que a él concierne, procurando salvar las dificultades que trae consigo la improvisación que realmente ha de hacerse con falta de materias primas, que han de buscarse por diversos conductos. Su ayuda es eficacísima; aquí han sido incautadas las fábricas de Béjar que están trabajando a un promedio diario de dos mil metros de paño pardo, para capotes y tabardos. En Munilla y Enciso se reúnen cinco fábricas con otro promedio de 2.000 metros. En Pradoluengo, alrededor de 200 metros/mantas y en Alar del Rey otros 200. Todo este paño se distribuye entre los cinco grupos divisionarios. A lo anterior ha de sumarse Hervás (Cáceres) con unos 200m/mantas. Todas las que puede fabricar Antequera (unas 500), reservado para Andalucía. Las de Palencia (unas 600) para el Norte. De Astorga no han podido facilitarme datos. Borceguíes, Vitoria 200 (aún no recibidos). Monforte 200 que se queda Galicia con ellos. Arnedo dos fábricas, 400 debe llevárselos Valladolid. Valverde del Camino 500 debe quedarse con ellos la 2ª División. Zaragoza 1.000 a partir de 1º de octubre. Pamplona 400, debe quedarse con ellos Navarra».
Los acontecimientos se precipitaban. Unión de los ejércitos del Norte y del Sur, el cambio de dirección hacia Toledo para liberar el Alcázar, diferencias de criterio entre miembros de la Junta, hacía necesario volver a plantear el mando único, aunque nadie quería hacerlo de una manera clara y rotunda.
Las declaraciones del general Dávila nos hacen ver que desde un principio se manifestaba la necesidad de un jefe único de los ejércitos nacionales, pero no había la misma disposición para ceder la jefatura política, la dirección de la Nación, que, por ahora, seguiría en manos de la JDN.

A la entrada del barracón donde se reunió la Junta de Defensa para elegir a Franco Generalísimo de los Ejércitos; actualmente se encuentra en el Museo del Ejército del Aire y del Espacio
Segunda reunión de la Junta de Defensa Nacional (JDN)
«Lo que decidáis los miembros de la Junta yo lo acato» (General Franco).
El día 28 de septiembre se celebró el segundo Pleno de la Junta de Defensa Nacional en el mismo lugar que la vez anterior, la finca del ganadero Pérez Tabernero a 32 kilómetros de Salamanca en el término municipal de Matilla de los Caños. El pleno comenzó entre las diez y las once de la mañana. Participaron todos los miembros natos de la Junta además del general Kindelán que llegó acompañando a Franco y, aunque no pertenecía a la Junta, se le admitió en las deliberaciones pues podía representar a la Aviación Militar española.
Se deliberó sobre todos los puntos concernientes al Movimiento y al porvenir. A pesar de que aquello se alargaba demasiado se pasó al último punto: la unión de los ejércitos del Norte y del Sur y la necesidad de establecer un mando único. Hubo algunas discusiones. Al no existir un único criterio se decidió someterlo a votación. Comenzó, como siempre se realiza en estos casos, por el general más moderno, que era Kindelán. Aprobada la moción relativa a nombrar Generalísimo de los Ejércitos se pasó a decidir la persona que ostentase tal cargo, que recayó en el general don Francisco Franco Bahamonde, que lo aceptó, decretándose por tanto el mando único para las operaciones militares que se ejercitaría por el general Franco, sin que ello afectase a las atribuciones y función de la Junta de Defensa.
El general Franco hizo manifestaciones relativas a su designación y volviéndose hacia el general Dávila, en presencia de todo el pleno, dijo: «Dávila, tú serás mi Jefe de Estado Mayor». Así terminó la reunión sin que sobre mandos y atribuciones del general Franco hubiese ningún otro acuerdo. Se levantó la sesión y se dirigieron a almorzar en la misma finca.
Eran las tres de la tarde del día en que se liberó el Alcázar.
La Junta no habló del mando político. No se plantearon cuales eran las atribuciones de la Junta y donde empezaba el mando de Franco. Se entendía que el general Franco debería ser el único jefe de los Ejércitos en guerra, pero la Junta seguía siendo el máximo órgano de Gobierno. ¿Cómo es posible entonces que el general Franco fuese nombrado Jefe del Gobierno del Estado español y automáticamente Jefe del Estado español? Hasta ahora es un tema confuso, insuficiente o mal explicado.
En cuartillas manuscritas lo dejó expuesto el general Dávila.
Estas son sus palabras que aclaran hasta el más mínimo detalle:
«Logrado el levantamiento del asedio y consiguiente liberación del Alcázar de Toledo; realizado de hecho el enlace de los tres Ejércitos operantes —Norte, Sur y Expedicionario de África—, reunióse la Junta de Defensa Nacional en la Dehesa que Tabernero posee a una veintena de kilómetros de Salamanca, para deliberar y adoptar acuerdos que en consonancia con la situación alcanzada se juzgase procedieran.
Concurren personalmente a la reunión que preside el general Cabanellas, Presidente de la Junta de Defensa, los vocales de la misma, generales: Gil Yuste-Queipo de Llano-Saliquet-Franco-Orgaz-Ponte-Mola-y Dávila- y coroneles –Montaner– y Moreno Calderón- dejando de participar en la reunión únicamente el vocal de Marina contraalmirante Moreno.
Acompañando al general Franco llegó al lugar de la reunión el general Kindelán, jefe de las fuerzas de Aviación, cuya presencia en el acto no obstante no pertenecer a la Junta, no fue recusada cual reflejo indudable de la categoría y cargo que desempeñaba el interesado.
Hubo amplia y serena deliberación sobre el fruto logrado en las operaciones hasta la fecha realizadas, necesidades y provisiones que la situación y prosecución de la lucha imponían resaltando como de primordial e imparable decisión el tema atinente a la dirección de la campaña con la ineludible apreciación de Mando Único siendo el general Kindelán quien de modo más extenso y reiterativo razonó sobre ello, más no lográndose la apetecida unanimidad propugnada, acordose proceder a votación abierta de la que fueron excluidos los dos coroneles vocales los cuales permanecieron así mismo sin intervenir en la deliberación; realizose pues la votación entre los generales por orden de antigüedad de moderno a antiguo siendo por ende Kindelán el primer votante.
Resultado de la votación fue acordar por mayoría de votos lindante con la unanimidad, decretar el Mando Único para las operaciones militares que se ejercitara por el general Franco sin que ello afectase a las atribuciones y función de la Junta de Defensa.
A renglón seguido hizo el general Franco manifestaciones propias del caso y designó personal para cargas que implicaba la nueva modalidad castrense terminando con ello la reunión y trasladándose el personal al comedor de la casa donde estaba preparado el almuerzo.
Terminado este un tanto avanzada la tarde comenzó el desfile de los vocales hacia sus respectivas residencias produciéndome ello extrañeza y contrariedad pues apreciaba no se había desarrollado en la reunión de la mañana la trascendente misión que la Junta debía afrontar en relación con la representación y facultades que el gobierno de la Nación imponía y muy singularmente cual consecuencia de la decisión recaída en la reunión de este día; pretendí por ello retrasar a los compañeros y continuar la sesión para zanjar el asunto, pero el ambiente y marcha iniciada no se prestaba a ello por lo que expuse a Mola cuan preciso e inaplazable era tratar con toda urgencia el tema ya que, aparte la imperiosa necesidad de que el Mando militar tuviera absoluta libertad de actuación sin riesgo de las trabas, impedimento o rémoras inherentes a actuación de la Junta de Defensa, era muy de tener en cuenta que nuestra Entidad Estatal no estaba reconocida por ningún Gobierno extranjero y por informaciones oficiosas que hasta nosotros habíanse deslizado, algunos de tales gobiernos deseaban desapareciese el cariz de Pronunciamiento militar que significaba el regir al País una Junta de generales. Mostrose Mola conforme asintiendo a la consecuencia de que debiera la Junta declinar sus poderes en el general Franco nombrándole Jefe del Gobierno que él constituiría con elementos y organización no afectados por la tara que al Estado del momento se achacaba y, por ende, que convenía someterlo a la consideración de Franco cual hicimos inmediatamente reuniéndonos los tres en el patinillo de la finca donde aislados se trató el asunto concretamente y con pocas palabras contestando él sin dilación alguna se hallaba dispuesto a asumir el cargo y pechar con la papeleta si se tomase tal decisión. Obtenida pues su conformidad asumí la tarea de llevar a vías de hecho lo expuesto emprendiendo inmediatamente el regreso a Burgos acompañado del coronel Montaner a quien expuse detalladamente, durante el viaje, todas la gestión anterior y tarea que me incumbía para ponerlo sin dilación en conocimiento de los demás vocales de la Junta demandándole sobre la marcha su voto. Montaner dio en el acto su plena conformidad y voto afirmativo. Llegados a Burgos, pasadas las 22 horas, encontré en nuestra Sala-Despacho de la Junta a Cabanellas y Gil Yuste por lo que pude exponerles sin pérdida de tiempo y detalladamente las consideraciones expuestas al general Franco y réplica obtenida, y terminé recabando de ambos su aquiescencia para llevar a vía de hecho la solución que se consideraba forzosa e inaplazable. Cabanellas dio rotunda negativa y Gil Yuste hizo presente no haberse considerado por la Junta el aspecto que traía a colación cosa que de haberlo estimado conveniente no hubiera dejado de tener en cuenta al deliberar aquella mañana y acordar el nombramiento de Franco cual Jefe Supremo del Mando Militar, así pues le parecía un tanto anormal el planteamiento sin que de momento formulase juicio en firme acerca del particular. Lo avanzado de la hora y vicisitudes del día no eran propicios para proseguir gestiones que dejé para el día siguiente en cuya mañana llamé por teléfono al coronel Moreno Calderón quien apenas esbozado motivo de la conferencia dijo, cual si tuviera conocimiento del hecho, que habíamos de atenernos a lo concreto y específicamente deliberado en la Junta, le repliqué en el acto haber muy contundentes razones y motivos para lo que habíale insinuado cual le expondría dentro de breves horas pues me trasladaba seguidamente a Valladolid cual hice poniéndole de relieve con todo detalle cuan ineludible era adoptar la resolución que se trataba, previamente me hizo saber Moreno Calderón le había enterado telefónicamente Queipo de Llano de que estaba tramándose la decisión de que se trata lo cual él se oponía terminantemente considerando nulo lo que se hiciere al margen de lo acordado en la reunión de la Junta de Defensa. Explicado cual antes se expresa los fundamentos originarios de la propuesta mostrose Moreno Calderón de acuerdo con la realidad de lo mismos y sus consiguientes derivaciones así pues otorgaba su voto afirmativo para la solución de nombrar a Franco Jefe del Gobierno. Contando pues con tal voto así como conocer el pensamiento de Orgaz, tiempo atrás héchome presente por él mismo, más el voto de Mola al que había de considerar unidos los de Saliquet y Ponte (que era Mola encargado de recabar y de ser disconformes me lo hubiera dado a conocer inmediatamente) se reunía ya la mayoría absoluta de la Junta, sin embargo era de desear y más aún consideraba lo obligado de reforzar el acuerdo uniendo a tales votos los de Gil Yuste y Cabanellas, así pues regresado a Burgos acto seguido de la entrevista con Moreno Calderón, celebro una reunión con ambos insistiendo en el tema con los puntos de vista que lo imponían sin género de duda alguna mostrando Gil Yuste conforme en que se plasmase tal acuerdo de la Junta nombrar a Franco (independientemente de su cargo de Jefe Supremo de las Fuerzas) Jefe del Gobierno del Estado Español, y persistiendo Cabanellas en su manifestación de lo improcedente del acto que se propugnaba dejando él al margen los argumentos que se aducían y cuya valoración no negaba; hube de hacerle presente cuan terminante era la mayoría absoluta de votos afirmativos patentizados y cuán capital transcendencia y significación tenía el que no hubiera de llegarse a la decisión con la constancia del voto en contra de la Presidencia accediendo últimamente a que el acuerdo fuera el de nombrar a Franco Jefe del Gobierno del Estado Español. Tan luego dio Cabanellas su conformidad avisose al Sr. Yangüas Messía (que colaboraba cual Asesor en la Junta de Defensa) pasase al Salón donde teníamos el Despacho los Vocales de la Junta y en la cual se acababa de celebrar la entrevista y dándole conocimiento del acuerdo y decisión a que había llegado la Junta se le encomendó redactase la disposición legislativa procedente encareciéndole la conveniencia de hacerlo sobre la marcha por lo que permanecimos los cuatro en el despacho hasta quedar plasmada la disposición que aquella misma noche queríamos dar a conocer al País en la sesión oficial de la Radio Nacional a la que se avisó quedaba diferida la hora de tal emisión.
Redactada aprobada y difundida por Radio la disposición aludida enviose al Boletín la diligenciada copia correspondiente para su publicación en el ejemplar a publicarse en la mañana inmediata considerando por tanto finiquitado el asunto, pero en la madrugada de este día despertome llamada telefónica producida por Nicolás Franco quien desde Salamanca me hace saber no se encontraba acertada la disposición, precisábase mayor libertad de acción y por tanto de atribuciones que las compartidas a la concreción de Jefe de Gobierno replicándole yo que quedaría resuelto el punto pues se suprimirían del texto del articulado las palabras “del Gobierno” y quedaría cual nombramiento el de “Jefe del Estado Español”. Quise ponerlo en conocimiento de los compañeros de la Junta radicantes en Burgos pero el tiempo apremiaba la imprenta llevaba tirados ya unos cuantos bastantes ejemplares y habían sido remesados ya paquetes a las localidades fuera de Burgos de dificultosa interceptación así que decido motu propio ordenar la rectificación cual se llevó a efecto. Esta es la causa por la que aparte lo que la transcripción de la emisión radiada pueda exhibirse algún que otro ejemplar en el que aparezca el nombramiento de Jefe del Gobierno del Estado Español».
Los vocales de la Junta de Defensa Nacional a los que directamente el general Dávila pudo consultar la designación de Franco como presidente del Gobierno de España le mostraron su parecer de que él mismo asumiese ese cargo «porque él era el único aceptado por todos los generales y jefes del Ejército». Dávila se negó argumentando su edad de 58 años y el ser desconocido por la mayoría del pueblo, con la ineludible precisión de necesitarse una persona joven para regir los destinos de España y, al propio tiempo, de prestigio, por lo que abocó en todo momento por el general Franco a quien en definitiva en su consulta había obtenido la mayoría de votos, incluido el suyo propio. Hubo en ese nombramiento del general Franco reticencias del presidente, general Cabanellas, de algún otro vocal y rechazo absoluto del general Queipo de Llano.
La iniciativa del general Dávila constituyó realmente un cambio de escenario porque en la reunión de Salamanca, como hemos visto, la votación se limitó a decretar el Mando Único para las operaciones militares por el general Franco sin que ello afectase a las atribuciones y función de la Junta de Defensa. Posteriormente Dávila propone el hecho de la jefatura del Gobierno de la Nación obteniendo, fuera ya de la reunión en pleno de la Junta, el consenso de los vocales, pero nunca se había hablado de la Jefatura del Estado sino del Gobierno, matiz de enorme trascendencia ya que era elevar a Franco al máximo cargo de la nación. ¿Cómo es posible que se modificase el texto legal acordado sin que nadie alegase nada? Nadie replicó a la modificación del texto; ningún miembro de la Junta puso el menor reparo cuando la modificación ya estaba hecha. Solo se explica por elevado prestigio del que gozaba el general Dávila entre sus compañeros de la Junta que callaron sus posibles reticencias y acataron tan inopinada decisión. Tampoco conviene olvidar el párrafo del decreto que dice textualmente: «…se nombra Jefe del Gobierno del Estado español al Excmo. Sr. General de División D. Francisco Franco Bahamonde, quien asumirá todos los poderes del nuevo Estado». ¿Hay alguna diferencia entre decir «asumirá todos los poderes del Estado», o «se nombra Jefe del Estado»?
¿Qué movió al general Dávila a atender la indicación de Nicolás Franco? Conozco la respuesta que dará el general Dávila: «Con Franco nos salvamos; sin Franco nos hundimos»; lo esencial era la unidad en el mando político y militar y en aquellos momentos las circunstancias lo imponían.
Las dificultades eran muchas; la personalidad, el carácter de aquellos generales era fuerte y tenían diferencias de criterio notables. El prestigio de Mola y Franco era indudable, pero nadie podía olvidar a Queipo de Llano. Franco disponía del Ejército más numeroso y organizado, el Expedicionario, y había dado su golpe decisivo al lograr liberar el Alcázar de Toledo, a pesar de que no todos compartían ese cambio de dirección que retrasó definitivamente la toma de Madrid. Alguna de las opiniones planteaba que El Alcázar caería solo y sin esfuerzo en cuanto se tomase Madrid, por tanto ere absurdo detenerse sobre algo que iba a ser liberado en unos días. Pero el eco nacional e internacional alcanzado con la toma de Toledo y su Alcázar fue decisivo para Franco. Al final fue designado, en una compleja y algo casual maniobra, Jefe del Estado y Generalísimo de los Ejércitos.
Franco quiso acudir personalmente poco después de su liberación a las ruinas del Alcázar de Toledo cuya liberación él había planeado desde su Cuartel General en el Palacio de los Golfines de Arriba, en Cáceres, donde se instaló el día 26 de agosto
El 29 de septiembre visita El Alcázar. El mismo día por Decreto núm. 138 de la Junta de Defensa Nacional era nombrado Franco Jefe del Gobierno del Estado español. La redacción del Decreto de nombramiento de Franco como Jefe del Gobierno del Estado o Jefe del Estado ocasionó en los primeros momentos una cierta confusión que quedó zanjada desde el momento en que el Boletín Oficial del Estado núm. 1, del 2 de octubre de 1936, figura como Jefe del Estado, denominación que a partir de ahora llevará la publicación oficial de leyes, decretos y demás disposiciones; no volverá a aparecer ya la denominación de Jefe del Gobierno sino la de Jefe del Estado. En el primer ejemplar del Boletín Oficial del Estado (BOE), antes Boletín de la Junta de Defensa Nacional, se publica la Ley con la estructuración del nuevo Estado español y que firma Francisco Franco como Jefe del Estado para el que se crea una “Secretaría General del Jefe del Estado”.
En el texto que se remitió impreso para su lectura por radio figuraba la denominación de Jefe del Estado español, como figura por ejemplo El Adelanto Diario de Salamanca, del miércoles 30 de septiembre de 1936 en el que figura el Decreto con sustanciales diferencias del que salió publicado en el Boletín de la Junta de Defensa del 30 de septiembre.
Dice El Adelanto: Burgos, 29 (18.30)
«La Junta de Defensa Nacional nos acaba de facilitar para su difusión un decreto de transcendental importancia…».
No hay diferencias en el preámbulo del decreto publicado en el Boletín de la Junta de Defensa Nacional y en la nota que esta pasó a los medios (radio y prensa); solo se aprecian algunas notables en los artículos 1 y 2.
Estas son las diferencias:
-Publicado en BOE:
«Artículo Primero.- En cumplimiento de acuerdo adoptado por la Junta de Defensa Nacional, se nombra Jefe del Gobierno del Estado español al Excmo. Sr. General de División D. Francisco Franco Bahamonde, quien asumirá todos los poderes del nuevo Estado».
«Artículo segundo.- Se le nombra asimismo Generalísimo de las fuerzas nacionales de tierra, mar y aire, y se le confiere el cargo de General jefe de los Ejércitos de operaciones».
-En la nota que la Junta pasó a la prensa y radio:
«Art.- 1º.- En cumplimiento de acuerdo adoptado por la Junta de Defensa nacional, se nombra Jefe del Estado español al excelentísimo señor general de División, don Francisco Franco Bahamonde, quien asumirá todos los poderes del nuevo Estado».
«Art.- 2º.- Se confiere asimismo a dicho general el cargo de general en jefe de los Ejércitos de operaciones».
Como se ve las diferencias son notables:
En una se le nombra Jefe del Gobierno del Estado, en la otra Jefe del Estado.
En la nota difundida por la Junta desaparece el nombramiento de Generalísimo de las fuerzas de tierra, mar y aire, figurando únicamente como jefe de los Ejércitos de operaciones.
Al confirmarse la liberación del Alcázar, una gran manifestación popular se concentra en el Cuartel General de Franco en Cáceres. Yagüe no se reprime y da a conocer públicamente la proclamación de Franco como Generalísimo de los Ejércitos. Fue la primera noticia que se tuvo en España de la proclamación de Franco. El periodista cacereño Juan Milán Cebrián desde la redacción del diario Extremadura llamó al diario portugués D´Manha que la difundió por el extranjero. Todas las emisoras extranjeras repetían el nombre de Franco y a la mañana siguiente en Cáceres surgían espontáneamente los primeros gritos de Franco, Franco, Franco.
20 AÑOS DESPUÉS
Franco no volvería al lugar de les reuniones, Matilla de los Campos (Salamanca), hasta el 1 de octubre de 1956, veinte años después. Allí se reunió con los generales que sobrevivían de aquel memorable día. El barracón a donde regresaba no era el auténtico, que había sido víctima del paso del tiempo. Fue sustituido por otro expresamente construido para conmemorar el acontecimiento. Hoy aquel lugar en nada recuerda los hechos y solo se conservan los restos de la capilla.
Después de veinte años nada era igual. Aquel barracón de Salamanca se lo había llevado el tiempo y el olvido.
Veinte años no es nada, pero ya no eran los que estaban y no estaban todos los protagonistas, cuando Franco acompañado de esos pocos compañeros de armas de los días de incertidumbre, de aquella guerra que ninguno quería, volvió a Salamanca, al barracón de madera de un humilde aeródromo escondido entre encinas. Las tablas de sus paredes y el suelo no habían resistido la humedad del tiempo crudo de la dehesa, y hubo que reinventarlo, dejarlo como si el invierno no hubiese pasado por él.
Había que celebrar el veinte aniversario como si fuese ayer, inaugurar una ermita al Apóstol Santiago.
Pilar Alguacil Ratón, licenciada en Geografía e Historia, en una minuciosa investigación publicada en el Boletín del Museo de Aeronáutica y Astronáutica del Ejército del Aire (Julio-Diciembre 2013, nº 74. La caseta de San Fernando. Historia de una investigación) descubre que aquel barracón fue sustituido por otro, una imitación, otros le llamaron réplica, lo más parecido, para que simulase que el protagonista estaba en aquel lugar de la decisión.
Su ardua labor, con fotografías aéreas incluidas, le lleva a la definitiva conclusión: «La investigación parece llegar a un punto muerto y es entonces cuando entendemos que barraca y monolito forman parte de un conjunto conmemorativo más amplio en el que se unen, una vez más, el poder terrenal y el religioso. En 1946 la Diputación de Salamanca decide construir una ermita “como homenaje al Caudillo dedicada a Santiago Peregrino por expreso deseo de Franco. Para ello contará con la ayuda de los municipios de la provincia y seguirá los modelos arquitectónicos de la zona. La aparición en escena de esta pequeña construcción, actualmente en ruinas, fue la señal de que a partir de ahora había que continuar buscando “desde el aire” y la consulta de las fotografías aéreas tomadas por el Ejército entre los años 1945 y 1968 nos dio la clave definitiva para resolver nuestras dudas, recuperándose imágenes que nos permitirían hacer reconstruir lo que sucedió realmente con el barracón histórico. El análisis cuidadoso de todas ellas nos demostró la inexistencia de cualquier tipo de edificación en aquel punto entre los años 1945 y 1946, lo que no ocurría en las tomas aéreas de los años 1952 y 1954 donde ya aparecían el monolito y la ermita. Eso significaría que la caseta original desapareció en algún momento entre 1936 y 1946, y que aquella que veíamos en el NODO del año 1956 y que encontramos en todas las publicaciones a partir de esa fecha, porque no hay ninguna referencia ni instantánea de ella anterior a esos días, fue construida expresamente para la ceremonia que tuvo lugar en la finca de San Fernando con motivo del XX Aniversario de la exaltación del General Franco; argumento que se demuestra al examinar otras dos fotografías más: una perteneciente a la serie de los años 1956-1957 en la que sigue sin aparecer esta construcción, y la correspondiente a la serie de los años 1967-1968 en la que ya se observa con toda nitidez sobre el terreno».
Era el año 1956, habían pasado veinte años. Solo quedaba él: Franco, el Jefe del Estado, y de sus compañeros de aquellos momentos, los que le dieron el mando, los generales Saliquet, Dávila y Moreno Calderón. Kindelán no quiso asistir. No sé si se le cursó invitación.
En el lugar, al lado del renovado barracón, se inauguraba una ermita dedicada al Apóstol Santiago, así lo quiso Franco, y una piedra de granito esculpida con la efeméride que recordaba el hecho. Se volvieron a sentar en las sillas aquellas, del barracón escondido entre encinas. No estaban todos, pero había demasiada gente alrededor del Jefe del Estado. Franco tenía que atender muchas miradas y sonrisas complacientes a su alrededor. Que nada sabían de lo que allí se había hablado.
Dávila reconoció su silla y fue el único que permaneció en silencio. El mismo silencio que guardó desde Annual.
Aquel lugar ya no es ni siquiera un recuerdo. Tuvieron que pasar veinte años para que Francisco Franco volviese al lugar donde se le otorgaron todos los poderes. Y luego se olvidó todo. Algo pasó allí dentro que hizo ennegrecer la memoria. Puede que haya alguna explicación. Yo no la tengo. Solo lo que el general Dávila dejó escrito, no pasado el tiempo, sino en aquellos días. Es muy distinto a lo que hasta ahora nos han contado.
En el mes de enero del año pasado acudí al barracón. No se encuentra en su lugar original. El abandono y otras razones, que se entienden, aconsejaron retirarlo de la circulación como vulgarmente se dice. La ermita convertida en ruina allí queda para refugio de los pájaros. La réplica construida en 1956 se trasladó al Museo de Aeronáutica y Astronáutica del Ejército del Aire en Madrid. La amabilidad de su coronel, oficiales y conservadora del Museo me ha permitido visitarlo y sentir el momento de la historia que protagonizaron aquellos hombres entre los que se encontraba mi abuelo, el general Fidel Dávila.
Al iniciar las páginas de este libro avisé de que no era mi intención escribir un libro de historia sino aportar datos para la historia; y así se lo hice saber al editor. Es por lo que me permito algunas licencias personales con las que escribir se convierte en disfrutar que debe ser condición sine quam.
Era una mañana apenas sin luz en Madrid, ventosa y fría. Nada más entrar mi vista se dirigió a un antiguo Junker en el que hice el curso de paracaidismo. Primer escalofrío.
— ¿Dónde está el barracón? Es aquel mi general.
La copia del barracón estaba allí, ante mis ojos, en el Museo del Aire de Madrid.
Gris, pequeño entre tantos aviones, protegido por una cubierta; nadie podría pensar que allí se labró una parte de la historia de España. En la entrada una piedra, sin más, una piedra de granito en el suelo, sin elevación, sin pedestal. Trasladada al Museo junto al barracón, recordaba el hecho histórico. Entré y quise estar en silencio. Una rara impresión me recorrió por dentro. Oscuro todo, la luz entraba por las ventanas, pero no iluminaba. En las paredes, las fotos de los protagonistas de aquel lejano momento, 28 de septiembre de 1936, sillas en las esquinas, una pequeña mesita con el busto de Franco, un cuadro de… Madera para el suelo y paredes. Hablaba y me hablaban, silencio. Sentí las voces, las escuché, ninguna más alta que otra, los generales se hablaban de usted, sin confianzas, era una reunión de generales, no de amigos, aunque algunos lo fuesen.
General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez
Blog: generaldavila.com
30 septiembre 2026