El momento histórico por el que está pasando nuestra querida España, de incertidumbre política, ante una inminente ley de amnistía y lo que posteriormente nos deparará el destino ante las exigencias de quienes no sienten ni quieren a España, sino a sus personales y partidistas, ponen en riesgo el Estado de Derecho que hemos disfrutado hasta ahora.
Esta grave situación me ha recordado un libro de obligada lectura en ambientes de inteligencia estratégica. Se trata deEl Cisne Negro. El impacto de lo altamente improbable de Nassim Nicholas Taleb, profesor de Ciencias de la Incertidumbre en la Universidad de Massachusetts, EE.UU.
Para los ornitólogos, el descubrimiento de cisnes negros en Australia, cuando todo el mundo tenía la certeza irrefutable de que todos los cisnes eran blancos, vino a demostrar la grave limitación de nuestro aprendizaje a partir de la observación o la experiencia, así como la fragilidad de nuestro conocimiento. Esta circunstancia vino a definir como Cisne Negro, la probabilidad de que en cualquier momento puede surgir un suceso, por regla general, de consecuencias graves y trágicas, que reuniría tres características fundamentales:
- Rareza, pues surge fuera de las expectativas esperadas y lejos de otras circunstancias pasadas.
- Produce un impacto tremendo sobre la población afectada que no sabe cómo actuar ante la sorpresa de dicho suceso.
- Pese a su rareza, la naturaleza humana hace que inventemos explicaciones de su existencia después del hecho, a fin de hacerlo entendible y predecible.

A lo largo de la historia mundial, hemos podido comprobar los diferentes casos de CisneNegroque se han dado, cómo, por ejemplo, los sucesos del atentado de Sarajevo en 1914 nos habría ayudado a adivinar lo que iba a suceder a continuación con el estallido de la Gran Guerra, el ascenso de Hitler en Alemania y la posterior II Guerra Mundial, la caída del muro de Berlín y la desaparición del bloque soviético, la aparición del fundamentalismo islámico, el atentado del 11-S, la pandemia del COVID, la Guerra de Ucrania, el ataque terrorista de Hamás a Israel, entre otros sucesos que cumplen los axiomas del Cisne Negro.
Estos sucesos, inesperados y trágicos a la vez, y tan seguidos últimamente, hace pensar que vivimos tiempos convulsos en el orden mundial y geoestratégico, en donde tiene más valor lo que desconocemos que lo que realmente sabemos. De ahí, la importancia de obrar con cautela y sin alterar, a motu propio, el orden de entropía establecido dentro del caos que nos ha tocado vivir. No abramos la caja de los truenos, ya que, lo altamente improbable, el Cisne Negro, puede hacer su aparición en cualquier momento.
Los españoles hemos llevado a cabo grandes gestas que nos identifica como un pueblo luchador, emprendedor, valeroso y solidario, entre otras virtudes. Esta particular idiosincrasia se acentuaba ante la invasión por ejércitos de otros países, como en la Guerra de la Independencia. Si bien, también hemos tenido luchas fratricidas entre las dos España, que versaba Antonio Machado, donde la diferencia política e ideológica, lamentablemente,se dirimía a tiros y cañonazos, más que con diálogo e intercambio de puntos de vista.
En la Guerra Civil española hubo un suceso que siempre me ha llamado la atención por su contraste y las posibles lecciones aprendidas que podemos sacar del mismo. El coronel Pinilla, militar del bando Nacional al mando del cuartel de Simancas en Gijón, ante la imposibilidad de frenar el avance de las tropas del bando Republicano, y dado que el enemigo ya había penetrado en sus instalaciones, lanzó el siguiente mensaje desesperado al comandante del buque Almirante Cervera, fondeado en las inmediaciones de la bahía de Gijón: “Disparad sobre nosotros. El enemigo está dentro”. El citado mensaje no fue atendido por el comandante del buque, al pensar este que era una maniobra de engaño de las tropas republicanas.
Como bien dice una cita famosa: “El pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla”. Lamentablemente, si repasáramos con detalle nuestra historia reciente, podríamos comprobar que hay muchos hechos y sucesos similares a los que hoy estamos viviendo; en particular, en lo que concierne a las exigencias de partidos independentistas.
Paradójicamente y gracias a la Constitución Española, que fue aprobadaen referéndum el día 6 de diciembre de 1978con el 87,78% de todos los españoles, estos partidos independentistas pueden formar parte del arco parlamentario, ya que en otros países de nuestro entorno no tendrían cabida, al atentar contra la integridad territorial y orden constitucional del propio Estado.
En la actualidad, en España estamos viviendo unos momentos difíciles de comprender, dadas las contradicciones y cambios de opinión sobre temas de lo más relevante. Máxime, cuando tratan de ajustar con calzador prebendas para huidos de la justicia y condenados por ella, adaptando a su antojo y sus necesidades partidistas, el imperio de la ley y la justicia. La separación de poderes que preconizó Montesquieu para asentar el Estado de Derecho en democracia, en nuestro caso, una Monarquía Parlamentaria, formado por el poder legislativo, ejecutivo y judicial, hace aguas a través de unos vasos comunicantes en donde el interés partidista y ególatra precede al propio interés nacional.
Con tantas contradicciones, suspicacias y eufemismos en las declaraciones de la “cadena de mando” de algunos partidos políticos, podríamos hacer uno de los chistes del genial humorista Eugenio. En particular, el del eclipse solar, en donde, después de varias órdenes confusas y poco precisas a lo largo de la cadena de mando, resulta al final que el eclipse solar lo realizaría el coronel jefe de la unidad en traje de campaña y en el gimnasio.
Aunque nos duela decirlo, viendo lo que está sucediendo en la política española, los ciudadanos que, somos los que elegimos con nuestro voto a los gobernantes, debemos exigir políticos éticos, con miras de estado y con la formación exigida como para cualquier oposición para acceder a la administración general del estado. De este modo, igual evitaríamos que en España existiesen políticos desde su más tierna infancia, trepando en su partido político, sin formación, sin haber ejercido ninguna otra actividad laboral y, aún menos, responsabilidad empresarial o académica.
Para todos los que visten y hemos vestido uniforme, el artículo 8 de la Constitución Españolay las Reales Ordenanzaspara las Fuerzas Armadasnos marca nuestro deber y la regla moral de actuación. La situación que está viviendo España es sumamente grave. Grave porque, al parecer, todo vale, todo se puede modificar, a imagen y semejanza de las exigencias de los que no aman a España y quieren destruir sus instituciones, lo dicho, la palabra dada, ha caído en desgracia, con tal de alcanzar el único objetivo a la vista: lograr seguir en la poltrona de la Moncloa cuatro años más junto a sus socios separatistas e independentistas, claro está.
Ante tanta mezquindad, falta de ética y profesionalidad de algunos políticos que son capaces de arrastrar a España y a todos los españoles hacia el abismo de la inseguridad social, la falta de bienestar y progreso, integridad territorial, injusticia y otros desmanes, como se está viendo, por su carencia de valores y ansias de poder, me pregunto:
¿Qué podemos hacer los ciudadanos que amamos a España? ¿Tenemos que seguir impasibles ante tanta mediocridad y desatino?¿Cuántos engaños e insultos a nuestra inteligencia tenemos másque soportar?¿Es que ningún político puede rebelarse ante una obediencia debidapartidista ante una votación ilegal?¿Tenemos que asumir que partidos minoritarios, separatistas e independentistas sean los que gobiernen España? ¿Una España que no aman y que tan sólo buscan su interés partidista, personal y una nómina rica en castellano a final de mes?
Está claro que el Cisne Negro está anidando y a punto de surgir en suelo patrio. Conocemos su ubicación, plumaje y costumbres, pero no sus consecuencias que pueden ahondar la fractura social y acabar con el Estado de Derecho. Aparece cuando los enemigos de España son los propios gobernantes en funciones, los que deberían defenderla siendo leales al juramento prestado ante la Constitución Española.
Como afirmó el ilustre marino español Blas de Lezo: “Una nación no se pierde porque unos la ataquen, sino porque quienes la aman no la defienden”.
¿Qué podemos hacer en estos momentos para evitar tantos desmanes y sinrazón? Pues, como de costumbre, tirar de las lecciones aprendidas en otros casos similares antes que el eclipse solar del chiste de Eugeniose materialice y nos oculte la luz con el apagón consiguiente; así como contar con los políticos éticos y con sentido de estado que la defiendan.
Si no se diesen estos deseados pronósticos, en último caso, siempre podríamos pedir auxilio a la siempre eficaz y resolutiva Unión Europea, e incluso alertar a las fuerzas aliadas implacables de la OTAN, con un sólo y único mensaje: “Bombardeen sobre España. El enemigo está dentro”.Estoy seguro que nos entenderán y comprenderán…
Julio Serrano Carranza. Coronel del Ejército del Aire y del Espacio (R.)
03 noviembre 2023
Blog: generaldavila.com