VETERANOS Agustín Rosety Fernández de Castro. General de Brigada de Infantería de Marina (R.) Diputado por Vox

Hace un par de años volvió a plantearse en el seno de las Fuerzas Armadas la baja forzosa en el servicio de militares de tropa y marinería por haber alcanzado 45 años de edad. Una cuestión que todo el mundo pareció olvidar cuando la Ley 8/2006, providentemente, evitó el licenciamiento de quienes habían superado 35 años de edad o 12 de servicio. Fue, en realidad, una simple “patada adelante”, un parche que el equipo del Ministro Bono puso a un modelo de profesionalización que hacía agua por todas partes. Pero ¡ay! El transcurso del tiempo es implacable, de modo que, pasados diez años, la simple aritmética nos devuelve al punto en el que entonces nos encontrábamos.

Promulgar una nueva Ley de régimen de tropa era una muestra más de la actividad legiferante del Ministerio de Defensa, pero un empeño claramente erróneo cuando apenas se había comenzado a comprender el funcionamiento de un modelo en cuya concepción, según el post del General Dávila del pasado día 8, “…hubo improvisación, interés político, frivolidad. Nunca hubo asesoramiento, informes, consejos, del Mando militar al que se tuvo al margen…”. Coincido plenamente en que así fue, y eso a pesar de la creación de una Comisión Mixta No Permanente en las Cortes Generales que se esforzó sobre todo en formular “el problema de la solución”.

La solución, en realidad, ya había sido hallada por el Partido Popular, entonces aspirante en las urnas: profesionalizar inmediatamente la tropa y marinería y así ofrecer la suspensión de la prestación del servicio militar a los miles de jóvenes que, con su actitud absentista, estaban convirtiendo la objeción de conciencia en un monumental y consentido fraude de ley. Como de lo que se trataba era de vestir el santo, se acudió al socorrido argumento de la caída del Muro de Berlín para proceder a una drástica reducción de efectivos y a un recorte de recursos financieros. Y, ya en la arena, en un país como España, tan apegado a la conscripción obligatoria, apenas podía invocarse otra experiencia que la del voluntariado especial: Legión, Paracaidistas, Especialistas de la Armada y poco más. El resultado fue un modelo dominado por la temporalidad, lo cual iba a dificultar en extremo su implantación, porque no estimulaba el reclutamiento a falta de perspectivas de estabilidad.

Llegado este punto, debo advertir al lector que no es mi intención decir aquello que nuestros veteranos quisieran oír, sino inspirar una reflexión. Profesional es quien “profesa”, es decir, quien hace vida de una actividad, en este caso del servicio de las armas.Y, en ello, no parece caber distinción jerárquica: la entrega de veinte años de vida a la nación de un oficial vale tanto como la de un suboficial, nadie lo negaría. ¿Por qué entonces ha de valer menos la de un soldado o marinero? Pretenderlo sería rebajar su condición militar a la de un voluntario, un elemento auxiliar, cuando la tropa y la marinería constituyen el cuerpo mismo de la fuerza. Digamos ya, por tanto, que no me parece consecuente con la profesionalización de las Fuerzas Armadas establecer un régimen de personal para tropa y marinería radicalmente diferente al que rige los cuadros de mando.

Sé que esta afirmación acaso no sea fácil de compartir para todos. Sospecho que, en su posible rechazo, pueden subyacer las inercias del sistema de reemplazo, el acendrado apego a la selección por méritos académicos, la escasa motivación de algunos soldados o marineros por mejorar y, por supuesto, las limitaciones que para el servicio representa la edad. Acepto tales objeciones, pero debo afirmar que cabría hacer extensivas algunas a todas las categorías. Limitar su aplicación a la tropa y marinería para fundamentar el “despido” –siento no encontrar un término más ajustado a la realidad- de quienes han servido tantos años con honor bajo la Bandera es aceptar, sin más, que nuestros soldados y marineros sean los únicos españoles a quienes, después de veinte o más años, se prive de su medio de vida sólo por no haber sido capaces de promocionar. En la Administración, desde luego, no hay nada semejante.

¿Por qué un trato tan discriminatorio? Por ser militares… Lo de siempre. “Todo pueden resistirlo en cualquier asalto…” No tengo que completar la cita. Pero la milicia es una fraternidad, y eso debería bastar para que todos nos sintamos aludidos. El inquietante dato del Observatorio de la Vida Militar que el General comenta en su artículo antes citado no deja lugar a dudas a este respecto: en el próximo decenio, más de 50.000 hombres y mujeres se verán obligados a cesar en el servicio, quedando en paro a una edad crítica y con importantes cargas familiares.No hay que decir más para valorar la gravedad del problema que se cierne sobre la Institución y la Defensa Nacional.Dicho eso, y como una  vieja tradición muy nuestra prescribe que quien plantea el problema debe aportar la solución,me atreveré a esbozar algunas ideas en este sentido.

Al citar a Flavio Vegecio Renato, incidió el General en un tema muy sugestivo, como son los antecedentes romanos. Ya entonces, un ejército profesional suponía una gran carga para el erario, por la simple razón de que había que dar salida a los veteranos. En tiempos de Vegecio, y aún mucho antes, se resolvía la cuestión -que había causado no pocos problemas con Sila- concediendo al soldado una parcela del agerpublicus. Hoy tiene que ser la Hacienda quien cargue con esos costes; y, para evitarlos, se les licencia. He aquí el primer aspecto crítico del modelo: su financiación con cargo a las cuentas públicas no ha sido estimada con rigor, cuando España no puede abandonar a nadie. Hagamos, pues, los deberes.

Con mentalidad utilitarista, se alega para proceder así que 45 años es una edad excesiva para el servicio en unidades. Convengamos, sin embargo, que éstas no son todo en las Fuerzas Armadas, aunque constituyan su razón de ser. Habrá que determinarlos puestos de plantilla que pueden ser servidos por quienes se encuentran en el tramo final de su trayectoria y asignar los correspondientes destinos, de un modo análogo a las FSE. Este criterio no está reñido, por supuesto, con anticipar o promover el drenaje de las escalas hacia otros puestos de la Administración civil o militar. Pero, cuidado, no basta con enunciarlo en una Ley; hace falta, además, que los Gobiernos, sea cual sea su signo, satisfagan estas legítimas expectativas cumpliéndola, cosa que no vienen haciendo con diligencia.

Afrontar el futuro -para llegar al cual hemos de superar con éxito los desafíos del presente- supone para las Fuerzas Armadas adaptarse a unos escenarios tácticos dominados por sistemas de alta tecnología. Este factor, unido a una demografía lamentablemente declinante, hará obligado concurrir en el mercado de trabajo con una auténtica oferta profesional. Habrá que ofrecer retribuciones adecuadas, estabilidad y futuro profesional a quienes se unan a un servicio exigente en formación, selección y disponibilidad.Concebir este modelo es una condición previa a su concreción jurídica y exige, entre otras cosas,incrementar los gastos de personal. Cuando éstos han llegado a alcanzar el 70% del gasto militar, tal aspiración parece un desiderátum. Y por supuesto lo es, al menos mientras el esfuerzo de defensa se mantenga en torno a ese raquítico 1%. Pero esa es otra historia. O acaso otro capítulo de la misma historia.

Madrid, 10 de septiembre de 2019

Agustín Rosety Fernández de Castro. General de Brigada de Infantería de Marina (R.) Diputado por Vox.

Blog: generaldavila.com

GENERALES EN LA COMISIÓN DE DEFENSA DEL CONGRESO. QUEREMOS SABER. General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Aparece la lista de de los componentes de la Comisión de Defensa del Congreso de los Diputados. Hay varios militares. Dos generales: Fernando Gutiérrez Díaz de Otazu (Partido Popular), General de División en la reserva, y Agustín Rosety Fernández de Castro (VOX), General de Brigada de Infantería de Marina retirado. Creo que también hay un guardia civil por Unidas Podemos, pero no es relevante.

Lo ofrecí y vuelvo a hacerlo. Este blog está a su disposición. Con humildad, pero no podemos mirar para otro lado. Cerca de cuatro millones de visitas al blog (creciendo) y la constatación de que se nos lee en el ámbito de las Fuerzas Armadas es motivo para que ofrezcamos este altavoz para conocer su actividad. Conviene saber lo que se ha hecho, lo que se hace y lo que se pretende hacer. En la Comisión de Defensa del Congreso. De desconocida actividad.

Un militar lo es hasta en gayumbos y, cómo no, en el Congreso. Se olvida en cuanto surge la oportunidad del uso de chaqueta y corbata. Un militar que pasa a militar en un partido político no debe olvidar su condición militar a no ser que no lo haya sido nunca, que casos hay; como los hay que renuncian a la unidad de España y militan en partidos independentistas o batasuneros.

Estar en la Comisión de Defensa exige una enorme responsabilidad para el que ha sido soldado, para el general Gutiérrez y para el general Rosety. Responsabilidad con los españoles y con sus compañeros de armas. Porque ellos están ahí porque les han votado, pero por ser lo que han sido y no por otra cosa, por ser soldados. La mujer del César… debe parecerlo. No dudamos de su capacidad, entrega y buen hacer. De lo que dudamos es de conocerlo. Se puede hacer mucho y bien, pero además hay que contarlo.

Mis queridos generales, por encima de vuestro partido están otras cosas. Sé que os debéis a la disciplina de partido, y más zarandajas… Lo sabemos. Pero en vosotros hay algo más: vuestros compañeros y sobre todo España. Para ello y para ellos debéis trabajar. Y si no es así pasaréis a ser el señor Gutiérrez  y el señor Rosety; nunca el general (R.), como la ley permite, porque la ley dice, pero los hechos confirman.

Queremos saber lo que hacéis y los resultados que obtenéis; hasta el más mínimo detalle. Es un compromiso que cumplir esperamos de vosotros.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com