LA FERIA DEL LIBRO Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Se me ocurrió ayer sábado dedicar el día a pasear por la Feria del Libro. Volveré el lunes. El Retiro era este sábado una fiesta para todo, y para todos, menos para acercarte a una caseta y ojear sus libros. No sé el número de personas que por allí han pasado, pero era una enorme alegría ver que los libros congregaban a tanta gente. Claro que para algunos, entre los que me incluyo, el deporte del libro requiere soledad y por tanto silencio, y sobre todo no verte con el paso cortado por largas colas de lectores en busca de la firma del escritor. Algo que tampoco me gusta por la sencilla razón que tengo infinidad de libros de segunda mano comprados por aquí y por allá con dedicatorias del autor a desconocidos nombres, seguro que también para el escritor, lo que me produce una enorme tristeza. Un libro abandonado siempre lo produce, pero más si está dedicado. La imaginación escribe su historia con cierta melancolía.

Les decía que el lunes volveré a la Feria del Libro. Tengo que encontrar uno del que me hablado un amigo. Me cuenta que ya ni recuerda las veces que lo ha leído. Aún no lo ha terminado. A pesar de haber llegado siempre al final sigue encima de su mesa y cada vez que lo abre para volver sobre él piensa que no es el mismo que había leído. Lo relee una y mil veces y nunca es el mismo. Nada. El mismo libro, pero distinto. Como si no lo hubiese jamás leído. Me lo recomienda, pero no me dice de lo que trata y además me confiesa que todo esto me lo cuenta por la amistad que tenemos, y que prefiere no darme muchas explicaciones. Es más, me dice que si algún día se encuentra con su autor, que no cree porque no va a la Feria del Libro, ni nada, le preguntaría:

-¿Es usted el que ha escrito el libro? Y seguro que él contestaría:

Biblioteca de El Escorial

-¿Cuál de ellos?, porque he escrito muchos. O puede que no me preguntase nada y sonriese. Sabe su limitación: escribirlos. Luego llegan a manos de los otros y ya son libros distintos. Ha escrito muchos libros, pero todos son un libro. No puedo decirles su nombre porque sé que no me van a hacer caso así que dejo a su inteligencia y perspicacia adivinarlo.

Mi amigo termina diciéndome que tiene el propósito de dejar una temporada su lectura a ver si así, cuando vuelva a hacerlo, sigue siendo otro libro. El caso es que él recuerda que una vez oyó a alguien decir que <<el libro que no soporta dos lecturas no merece ninguna>>, pero nunca oyó decir que un libro era todos los libros porque cada vez que lo leías era un libro distinto.

Al final nos hemos acordado de un nombre muy difícil y que es raro hacerlo: Terentianius Maurus. Decía Pro captu lectoris habent sua fata libelli, que significa algo parecido a que <<según la capacidad del lector, los libros tienen su destino>>. Que podría ser eso. El mismo libro, pero nosotros cada vez distintos.

El lunes volveré a la Feria del Libro. Ayer no encontré el destinado para mí; tanta gente me incapacitaba a toparme con lo que ando buscando. Creo que es algo que nos pasa a casi todos.

Lo que me preocupa es recordar a Dante que parece ser que dejó escrito que no hay saber si no se guarda lo que se ha comprendido.

Destrucción biblioteca de Alejandría

Dijo don Quijote << que el que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho>>. Mi amigo lleva toda la vida andando. Y leyendo, que es casi lo mismo. Ha hablado con muchos libros y preguntado por las razones de sus acciones y que cada vez le responden cosas distintas.

Será eso el saber que hay que guardar. El lunes lo intentaré de nuevo.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

9 junio 2019