Los estadounidenses deberían darnos las gracias en vez de tirar nuestras estatuas. Enrique López-Sors Vergara, Coronel de Infantería (R), Diplomado de Estado Mayor

A quien pueda  interesar:

Hace pocos días recibí una comunicación que me empujó a afilar la pluma y escribir sobre ello unas líneas dirigidas a quien pueda interesar.

Dicha comunicación venía de una persona o institución que yo me permito calificar de “gente de bien”, considerando como tal a aquella persona (y persono, claro) que siendo español quiera a España como factor básico y fundamental de ese complicado algoritmo que es la vida.

El eje  de aquella comunicación era el hecho del derribo de estatuas de personajes españoles de tiempos pasados que habían contribuido, junto con bastantes compatriotas más, a crear las raíces de su país; un gran país, hay que reconocerlo; un país de nombre difuso situado en América del  Norte entre otros dos países de nombres más concretos. Resulta que en ese gran país  hay bárbaros o, al menos, individuos (e individuas seguramente) que se comportan como tales; porque a veces en la Historia ha sucedido que gentes supuestamente civilizadas se hayan entregado a la barbarie, y al revés; algo así ocurrió en esta ocasión: pero – ¡atención! – frente a esos bárbaros aparecidos en un país supuestamente civilizado se plantó su Presidente, en ciertos momentos con aires de bruto dominante, que cortó tajantemente aquel arrebato de barbarie amenazando a los “iconoclastas”  con severas penas de cárcel.

Sobre los  lamentables hechos expuestos   al principio, actuó mi indignada pluma, una vez afilada, explicando semejante conducta incivilizada, según mi parecer. Siguen a continuación mis comentarios a quien pueda interesar.

Esa actitud demuestra ante todo ignorancia histórica, impulsada seguramente por el mundo anglosajón dedicado siempre al intento de demostrar que la colonización española fue cruel, genocida con la población indígena,  opresora en todos los sentidos, discriminatoria, etc., todo con la principal finalidad de disimular sus vergüenzas que abarcaban lo dicho anteriormente y alguna cosa más como su falta de labor misionera. Para cuando arribó el “Mayflower”, con unos colonos de la variante “puritana” del anglicanismo ideado por Enrique VIII y pero con mucha mayor rigidez, ya había en las colonias españolas catedrales y universidades como también la Corona  había promulgado unas Leyes de Indias que, cumplidas mejor o peor, existieron en defensa de la población indígena, lo cual ni se les pasó por la mente a aquellos puritanos como tampoco a colonos de sucesivas expediciones.

Naturalmente, no voy a afirmar que el proceso conquistador-colonizador fuera de color rosa; desde luego, hubo abusos y explotación en forma de mano de obra barata; los

conquistadores no iban al Nuevo Mundo a evangelizar, que también, pues  su motivación  principal era la fama, que implicaba la adquisición de riquezas; hasta cierto punto, su ambición estaba controlada por las leyes, los estamentos gobernantes y el clero misionero.

Pero el resultado final aporta un balance muy favorable a acción hispánica, con los datos incuestionables de mezclas  de sangres, acceso a la educación, cristianización y, en un plazo no muy largo, la formación de una sociedad criolla y, muy especialmente, la supervivencia  de poblaciones indígenas. Entretanto, en EE.UU. los indígenas fueron expulsados de sus tierras, se incumplieron en numerosas ocasiones los pactos acordados con las naciones indias, los asentamientos indígenas fueron  arrasados con matanzas sin mediar provocación como sin recato muestran diversas películas y, finalmente, los supervivientes confinados en las reservas en lugares inhóspitos; se da el triste hecho de que las mujeres indias no están censadas, de modo que si alguna desaparece es como si se esfumara porque no existe.

Y corto porque este asunto se puede hacer larguísimo con opiniones de toda índole más o menos sustentadas en datos reales.

Enrique López-Sors Vergara, Coronel de Infantería (R.), Diplomado de Estado Mayor Licenciado en Geografía e Historia.

Blog: generaldavila.com

28 junio 2020