LAS CESIONES TERRITORIALES DE ESPAÑA. General de División Rafael Dávila Álvarez

Estrecho de Gibraltar: ¿Cercados? ¿O lo hemos entregado?

El mayor valor estratégico que tiene España es el estrecho de Gibraltar que unido a Canarias vertebran a España como una nación muy poderosa en el ámbito internacional. El Estrecho es dominio y las Canarias son poder. Todo en lugares cada vez de mayor valor en todos los aspectos importantes en esta apuesta por el futuro. La posición geográfica marca las relaciones geopolíticas. Hay que hacerse valer y dominar esa circunstancia con la fuerza  que te da lo militar y económico. Es decir la política. Si esta falla los otros dos son como una montaña rusa.

Quizá llegamos ya tarde al haber dilapidado nuestra política exterior y militar de manera inexplicable además de no apostar por ese factor económico que significa inversión.

En la zona estratégica no estamos solos y no es que compartamos nuestra posición, sino que la hemos cedido al vecino y a un usurpador.

Conviene recordar que el estrecho de Gibraltar es uno de los pasos estratégicos más importantes del mundo para el tráfico marítimo, camino casi insustituible del  Atlántico hacia el Índico por el Mediterráneo. Nada nuevo y además, solo por recordarlo, ahora se juega una gran batalla por dominar el acceso desde el Mar Negro. Trazos de la Ilíada.

Estamos hablando de las puertas del Atlántico a Europa, África, Oriente Medio, Índico. No solo son los más de 110.000 buques que anualmente lo cruzan,  sino todo lo que sus aguas esconden como gasoductos o cables de fibra óptica con todo tipo de información.

Eso es el estrecho de Gibraltar. ¿Alguien da más?

En este blog hemos dedicado muchos artículos a detallar la situación del Estrecho y la presencia de España en ambas orillas junto a Marruecos en la sur. También hemos dado sobrada cuenta de cómo está incrustada en territorio español una base militar del Reino Unido llamada Gibraltar, un auténtico polvorín,  refugio incluso de submarinos nucleares anglosajones y que a ciencia cierta no sabemos muy bien qué esconden en ella. Casi todo lo que se sabe es gracias a la pericia, a la atenta mirada y vigilancia del Capitán de navío Ángel Liberal que aquí nos lo cuenta.

Lo último que nuestro Gobierno ha tenido como ocurrencia es conceder barra libre para que desde Gibraltar se entre y salga sin control alguno a la Península y extienda su poder, junto al estadounidense, a Morón, Rota e incluso al aeropuerto de Málaga que se va convirtiendo también en su base de operaciones. ¿A esto le llamamos integridad territorial?

Añadamos la constante presión de Marruecos sobre nuestros territorios de Ceuta, Melilla y Peñones sin olvidar la mirada puesta en Canarias, para así completar el panorama del Estrecho y su angostura.

¿Qué hace España ante la preocupante situación? Nada. Ceder territorio.

La simple inspección del mapa que les muestro nos deja ver quién manda en el estrecho de Gibraltar y como, poco a poco, o mucho a mucho, nos retiramos del punto débil que España tiene y que militarmente debería ser su gran preocupación. Por lo que se ve otros lo hacen por nosotros.

No me voy a extender en consideraciones estratégicas que hemos tratado en ocasiones en este blog. Solo me gustaría que nos hiciésemos una pregunta:

¿Qué ha hecho España en los últimos años por Ceuta y Melilla, Peñones y Canarias? En lo militar, en lo económico y en lo político. Nada.

Marruecos se arma. En lo militar y económico.

En lo militar es socio preferente de los Estados Unidos y de Israel. Su presupuesto de Defensa ensombrece a España. Su flujo poblacional hacia la Península es notable, muy preocupante y sus autoridades lo controlan. La cesión del Sáhara por nuestra parte es humillante y da cuenta de nuestra insignificancia. El tráfico de personas y droga está aumentando de manera exponencial convirtiéndonos en un objetivo para narcos y traficantes que se ríen de nosotros.

En lo económico (también militar) Marruecos no se duerme. El puerto de Tánger (Tánger Med) inaugurado en el año 2007 y solo a 20 kilómetros de Ceuta, tiene una ubicación estratégica envidiable y es un punto clave en las rutas marítimas comerciales de Europa, América y por supuesto África. A finales de este año se inaugurará el puerto de Nador (Nador West Med), a 15 kilómetros de Melilla que, cerrada la normalidad del paso fronterizo hace ya cuatro años, asfixiará aún más a la ciudad española.

Los dos puertos (¿comerciales?) desde el punto de vista económico y militar son preocupantes.

Son golpes estratégicos muy bien pensados a los que España mira sin querer mirar como diciendo «todo tuyo».

Canarias espera, pero Ceuta, Melilla y Peñones están más cerca de…

Gibraltar está perdido. Una vergüenza y una sacudida a la integridad territorial de España.

General de División Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

3 febrero 2026

 

NUESTROS SOLDADOS JURAN BANDERA EN CÁCERES. General de División Rafael Dávila Álvarez

 

Un familiar, muy próximo y no doy más detalles, quiere ser militar. Ya está en ello. Mi primer consejo es que cumpla con su vocación al máximo, con entrega y sacrificio, pero que jamás se le ocurra dar a conocer su proximidad a mi. Su apellido es irrenunciable, pero tampoco se trata de imitar a lo que tan bien funciona en otros ministerios si te presentas con las siglas de Partido o la contraseña (sin Santo claro). No les voy a dar más explicaciones. Asistiré a su jura de bandera de paisano y entre el público. Si es que hay suficientes invitaciones y se puede asistir.

Hace no mucho tiempo un amigo, además de compañero de armas, me contaba su aventura en la Academia General Militar donde de uniforme asistió a la jura de bandera de uno de sus nietos. Abrevio: trato indignante. Ni caso a su uniforme de la Armada ni a su empleo y antigüedad. Cosas que le ocurren, en ciertos lugares, a los retirados. No siempre, pero mejor es que no lo sea nunca.

Tengo ya por norma no ir a ningún acto militar ni a ninguna unidad donde antes estuve para evitar añoranzas y otras cosas. Te miran como a un fósil.

Les conté mi última aparición por el Ministerio de Defensa (creo haber estado tres veces en toda mi carrera). Aquel día iba de paisano a impartir una charla sobre Comunicación a un grupo de oficiales. Estaba ya en la reserva así que al llegar al Ministerio di mi carné militar en el control de entrada, pero la funcionaria, con cierto desdén, me dijo: «Esto aquí no vale; deme su DNI». Desde aquel día, al que se suman otras experiencias parecidas, me abstengo de esos lugares que en su día fueron mi casa (el ministerio de Defensa por supuesto que nunca lo fue). Para qué pasar un mal rato. Fuiste y a la vez dejaste de ser.

Todo esto viene a cuento porque de nuevo hay que dar la voz de alarma.

Un grupo de conocidos, militares y paisanos, me hablaban entusiasmados del viaje que iban a hacer a Cáceres a la jura de bandera que presidiría el Rey. Les embargaba la ilusión por ser familiares de aquellos jóvenes soldados que juraban bandera.

En el Centro de Formación de Tropa (CEFOT) de Cáceres 1.378 futuros soldados participaron en el acto. Se calcula que asistieron unas 10.000 personas, entre familiares y amigos, lo que es una gran alegría y demuestra que la vocación militar sigue en pie.

No he hecho mucho caso a los comentarios aparecidos en prensa sobre las dificultades de algunos familiares para ver y abrazar de uniforme a los jurandos además de extrañarles la celeridad con la que fueron invitados a abandonar la base militar. No tengo datos concretos, pero sí conozco la reacción posterior del grupo de conocidos del que les hablaba. Aquellos que iban eufóricos a Cáceres han vuelto indignados por el trato recibido y muy desilusionados por la mala organización que no les permitió gozar del momento.

¿Qué eran Muchos los asistentes? Nunca lo son en un lugar como aquel que conozco bien y en el que se puede dar cabida a mucha gente. No hay que ponerse nervioso, sino ser precavido y que nada ni nadie te desborde.

Demasiados «reservados» para «autoridades», vinos de honor y promesas ante el futuro. Todavía tengo en mi mente unas palabras que en cierta ocasión leí a un periodista cuando se empezaba a hablar de la profesionalización del servicio militar: «En lugar de que los ricos paguen por no incorporarse a la milicia, serán los pobres quienes cobren por ir››. Terrible y dañina sentencia que ofende a uno de los oficios más nobles y duros que existen y que todavía siguen desde la Administración sin regular su prestigio y futuro. Nadie da salida a unos soldados que al cumplir los 42 años ven su futuro en el paro. Insegura vida en el frente y tanto o más al regresar a la retaguardia.

Vivimos momentos convulsos en los que hasta las estructuras del Estado y los cimientos de la historia de la Nación española no parecen lo suficientemente sólidos para soportar los vaivenes del movimiento sísmico que padecemos. La milicia no es algo ajena a lo que la sociedad vive.

Quiebra la unidad de España y se llega  a vetar la presencia de los Reyes de España o que suene el himno nacional en algunos lugares conocidos.

Rotundas son las palabras del juramento o promesa a la Bandera:

«¡Soldados! ¿Juráis o prometéis por vuestra conciencia y honor cumplir fielmente vuestras obligaciones militares, guardar y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del Estado, obedecer y respetar al Rey y a vuestros jefes, no abandonarlos nunca y, si preciso fuera, entregar vuestra vida en defensa de España?».

Conciencia y honor, la Constitución, el Rey, ¡España!… y entregar la vida.

Dice la Ley de Carrera Militar: ‹‹La disposición permanente para defender a España, incluso con la entrega de la vida cuando fuera necesario, constituye su primer y más fundamental deber, que ha de tener su diaria expresión en el más exacto cumplimiento de los preceptos contenidos en la Constitución, en la Ley Orgánica de la Defensa Nacional y en esta ley››.

Y así una ley y otra. Podríamos seguir, ley tras ley, reglamento tras reglamento, espíritu tras espíritu. Entregar la vida. Esto no es un juego que permita veleidades.

En lo colectivo, las Fuerzas Armadas deben ser imparciales y profesionales en el cumplimiento de sus funciones. La imparcialidad se consigue por la vía del apartidismo, y la profesionalidad mediante la jerarquía y la disciplina. El deber es el deber y además es ley. Lo dice también el espíritu del soldado.

Uno de los Siete Sabios de Grecia, Solón de Atenas, dejó escrita una máxima: ‹‹Que los ciudadanos obedezcan a sus superiores y éstos a las Leyes».

Y se cierra nuestro juramento a la Bandera con la rotundidad de estas palabras:

«Si cumplís vuestro juramento o promesa, España os lo agradecerá y premiará y si no, os lo demandará».

Muchos interrogantes.

Claro que podría ser que yo ya sea un soldado anclado en viejas añoranzas y debiera quedarme en la cuneta dando paso a otro estilo, otra forma de ser y vivir la milicia.

El caso es que conozco y me escriben muchos jóvenes soldados que a pesar de sus dudas siguen con ese espíritu tan nuestro que nos dejó escrito Amós de Escalante:

No hay a su duro pie risco vedado;
sueño no ha menester; treguas no quiere;
donde le llevan va; jamás cansado
ni el bien le asombra ni el desdén le hiere:
sumiso, valeroso, resignado
obedece, pelea, triunfa y muere.

No deben los ejércitos trabajar para una selecta minoría, porque lo suyo es ser todos. Aquí no somos masa, sino compañía. El que esto no lo entienda que no jure bandera.

«La guerra no es triste, porque levanta las almas. La guerra no es triste porque nos enseña que fuera de la Bandera, nada, ni aún la vida, importa».

En Cáceres, en ese lugar sagrado donde se forma a nuestros soldados, no puede haber más limitación a ser y estar que aquello que vaya contra el juramento a la bandera. Porque allí todo el espacio está para los que juran defenderla.

Lo cumplirán. Pero no priven a sus familias de protagonizar el día de su jura de bandera y abrazar a sus hijos de uniforme. Solo eso.

¿Es mucho pedir? Abran paso a España y a los que la aman desde la sencillez y el honor de ser soldados.

General de División Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

28 enero 2026