TRAS UN APARENTE ATENTADO… Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

 

Titular de el diario El País. ¿Qué les parece? Claro que se corresponde con: ¿Quién manda en la Fiscalía? Se cree el ladrón que…

Aparente atentado. Para El País todo es una apariencia. No va más… En mi pueblo esos titulares forman parte de lo que llaman guerra cognitiva. ¡Qué bien lo saben!

Las probabilidades de Trump de haber salido con vida eran ninguna. Solo un milagro.

Seguirá una campaña de especulaciones y nos van a invadir los análisis de estrategas de salón, políticos que no leen, redes sociales con mensajes envueltos en papel higiénico, expertos en “inseguridad”, retirados de la circulación y todo tipo de papagayos al uso. No hagan caso y olviden el tema. La conspiración será el rumor, Trump seguirá siendo el malo a batir, el sospechoso. Eso sí: a milímetros de la muerte.

El inminente futuro que nos espera será basura en forma de mensaje de una izquierda llorona que evita dar la cara y se presenta con un guion melifluo, pero tan agresivo y guerrero que fomenta la industria de las armas y la de la guerra cognitiva para esconderlo, que ataca de manera fría y calculada la cultura de occidente y busca el eslabón perdido de su añorado comunismo dictador del dogma. El de la pasta a cambio de sollozos por el pobre. No conozco a un provocador de la izquierda en la escasez.

Quieren acabar con Occidente y ser dominadores de una ideología consistente en opresor y oprimido. Estamos ante una parte del mundo económico (políticos se llaman) que solo piensan en sus beneficios materiales y emborregar al conjunto. Quieren la guerra y cualquier obstáculo que se ponga en ese camino armado se lo quitarán de en medio. Pan, circo y el consiguiente añadido de las bombas.

Si observamos el conjunto sin añadiduras ni subjetividades vemos unos Estados Unidos sin gobernar ante la falta de Presidente. La evidencia es de tal calibre que ante ella enmudecemos. Permanecemos asustados de que la gran potencia esté sin cabeza y que el resultado sea guerra y más guerra. El viejo mundo se acaba y algunos se resisten o aprovechan el gran vacío para tomar posiciones. A lo largo de la historia de la humanidad cambios de este calibre han ido acompañados de grandes guerras, desde Troya al Peloponeso o la II Guerra Mundial. Muchos pierden, pero otros ganan, ponen orden y se instalan. Ya no existe un mundo que sea Estados Unidos y el resto. Es otro tablero el que ahora se juega y en él hay mucho, casi todo de ideología.

Pónganle nombre: una rebelión individual tan exigente como imposible de complacer. Las individualidades se creen saberlo todo y exigen controlarlo todo y si les molesta disparan contra un presidente. Nada más fácil y más rentable para cambiar el rumbo. Por poco se logra todo. ¿No se dan cuenta?

En los Estados Unidos no hay Presidente y unos fuertes lobis controlan un mundo amenazado por sus grietas y el posible derrumbe de lo que fue, algo que intentan remediar con la guerra, con una insistencia incomprensible hacia la guerra. El mando actual  en los Estados Unidos alejado de un Presidente incapacitado está en poderosas instituciones. Conocidos y extendidos lobis de armamento o cosas parecidas intentan detener la fuerza del cambio y aparentar una falsa presidencia con la que la mano que mece la cuna parezca pacífica y bondadosa siendo inexistente. Hay un mundo en el que no hay virtud ni bondades más allá de la rentabilidad e instalarse en él, como sea, al precio que sea. Estamos en la más pura violencia económica, a la desesperada, de un sistema que muere. Mataron la cultura y los dogmas, ahora muere el hombre. Lo que viene es algo nuevo, desconocido, sometido al duro ocio de la Inteligencia Artificial, a las vacaciones subvencionadas, a la disciplina de una libertad controlada. Por eso alguno se decide por la guerra antes que perder la libertad.

La personalidad de Trump es la suya, nada que objetar en este mundo de payasos. Ha sido el único presidente que no ha iniciado ni provocado guerra alguna ni se ha retirado vergonzosamente de ningún conflicto. Su política exterior está llena de éxitos y acuerdos que antes parecían imposibles. Ante él se abre una posible paz, acuerdos y estabilidad económica.

Empiezan a entenderse algunas cosas. No se obcequen con lo que les cuentan. Analicen quien les habla, sus intereses, sus partidos, su economía, su posición. Fíense de los que nada pierden ni ganan, de los que no tienen nada. Buscan la verdad, equivocada a veces, pero al menos no pagada ni fruto de anteriores odios o rencores.

Solo deseo que Trump se recupere pronto y bien,  y que el mundo escoja otro camino distinto a este que ya sabemos a donde nos conduce.

Esto no era un aparente atentado.

Es la mejor prueba de quienes informan (mal), donde conviene informarse, de quien fiarse.

No me hagan caso: lo que escribo dirán que es solo aparente, pero a mi no me mueve otro interés que el de la verdad. Pueden venir y registrarme.

No se fíen ni del compañero de pareja.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

15 julio 2024

DRONES DE GUERRA. Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Piensen en un anuncio para el reclutamiento en el que se ofrece dinero en abundancia, entrenamiento y un futuro asegurado y estable. Todo ello en el más absoluto de los anonimatos. Si quieres puedes formar parte del Ejército (no hablo de ninguno en concreto) a través de estos anuncios; que existen. En Afganistán se alistaron muchos operadores de drones a través de anuncios como estos y han sido licenciados una vez terminado un contrato técnico en el que poco tenían que ver los valores militares. Esto ha pasado a ser una constante para ocupar puestos determinados en estas guerras actuales donde hay soldados y sombras que nada tienen que ver con lo que hasta ahora conocíamos como tales.

No sentirás la fría mirada que se clava en tus ojos antes de la muerte. No habrá desgaste emocional ni fatiga de combate. Solo manejarás un ordenador que guiará al dron hasta el objetivo y él se encargará de volar hasta matar. Nunca sabrás nada de los efectos culpa de la guerra, no tuya que eres un simple técnico de matar a distancia. El debate moral de los drones ha pasado a la historia.

El dios Apolo es el que mata de lejos. Inicia la Ilíada el flechador certero, el del arco de plata. Los arqueros eran mirados con desprecio por no combatir cara a cara, con la espada o la lanza. Ulises, arquero y sagaz, astuto y egoísta, es la figura más valorada. En contra del sincero y brutal Ayax. Gusta más la eficacia que la virtud.

Las primeras  armas de fuego fueron rechazadas por los que acudían al combate con honor y valor, a los que la distancia cada vez mayor para matar les parecía una cobarde acción, esconderse era rehuido por los valerosos guerreros.

Matar más y más lejos: drones.

Tuvo el arquero que darse cuenta que inclinando el arco, la flecha llegaba más lejos. Supo que en la guerra lo importante no es morir, sino matar y que el héroe es quien vence no quien muere.

Comparamos tiempos y con ello guerras sucesivas. Queremos saber el futuro.

Lo primero que cambiará, ya lo está haciendo, es la palabra. La Inteligencia Artificial es el siguiente paso y los anuncios ya están en su red. La palabra es el engaño, la música que atrae y anula el pensamiento: IA.

La guerra será inteligente, ¡qué cosas! y se matará sin muerte, solo hará falta el dominio de la distancia, la palabra será el vehículo que nos hará esclavos de quienes la manejen.

Los drones, los hay de variados  modelos y fines, llevan distintas cargas: unos palabras, otros la explosión de siempre. Ambas son lo mismo: muerte. Se lanzan desde el poder; que tiene distintas versiones. La ejecutiva y la mediática con sus distintos lanzadores. Son el poder que esclaviza si lo aceptas.

Son tan antiguos como Apolo, el que mata de lejos.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

02 julio 2024

DOS AÑOS DE GUERRA. UCRANIA (II). GUERRA MUNDIAL. General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

 

Los primeros días de guerra

Llamemos a las cosas por su nombre.

He repasado los muchos artículos que he escrito sobre la guerra en Ucrania desde su inicio. En todos, a pesar de convivir con la incertidumbre, he intentado entender lo inentendible y hacerlo manejable para mostrárselo a ustedes de manera asequible. Vemos que las predicciones se han ido cumpliendo y no había que ser muy listo ya que era notorio que esto iba para largo. Porque más allá de lo que hablamos, nadie tiene prisa por acabar esta guerra. Quizá esta terrible frase no se entienda. Requiere un cierto análisis y mirar más lejos de lo habitual y más atrás de lo que acostumbramos. Nos toca vivir una situación que requiere tiempo para asimilarla y ese tiempo ya no es nuestro, estamos sumergidos en su acontecer y no podemos contarlo.

Es tiempo de guerra. Asúmanlo o sigan viviendo. La solución no está en sus manos.

La guerra de Ucrania es solo una grieta en la gran muralla que divide en dos partes al mundo. Nada nuevo, por cierto. Siempre la hubo, incluso hubo épocas en las que se derrumbó, pero pronto volvió a construirse. Rusia no quiere acabar la guerra, por ahora. Ucrania hace lo que le diga Estados Unidos y a día de hoy la situación permanece en stand-by.

Rusia no ganará la guerra, Ucrania tampoco, ninguno perderá, ¿entonces?: no es una guerra de ganadores y perdedores, sino de cambio de rumbo, una guerra mundial, un cambio estructural que llevará tiempo y ni siquiera sabemos si tendrá un final que puedan generaciones futuras narrar o entraremos en una nueva era oscura. Todo está bajo la tutela de la ciencia. Hasta la inteligencia a eso ha sido reducida. Hemos pasado de Platón a la máquina de pensar y la hemos dado vida con los datos incorrectos. Se asemeja más al arquero que dispara y se esconde que al guerrero que muestra las armas en sus toscas manos.

Sustituir al hombre por un muñeco es fácil. Lo difícil es igualar su maldad. No hay máquina que lo haga. Eso lo maneja otra inteligencia irreproducible, inimitable, que siempre llevó cuernos y rabo. La guerra será protagonizada por la inteligencia artificial, pero los que mueran será hombres (con inteligencias robadas) sin cuernos ni rabos. Y se matan unos a otros con o sin máquinas.

«Si la guerra fuese exclusivamente una ciencia el hombre dejaría de hacerla. Ni siquiera merecería la pena escribir sobre ella. Es más que ciencia, algo íntimo, intrínseco a su naturaleza: un arte. Por ello la narra en hexámetros un supuesto poeta: Homero. Desde entonces, a pesar de que la voluntad de destrucción del ser humano no tiene límite, sigue siendo el arte la única capacidad o habilidad de la que dispone para acabar con ella con una cierta dignidad» (Jenofonte V).

Solo nos salvará el hecho de que haya algo más que Ciencia. Si no es así estamos perdidos.

La invasión de Ucrania no fue una sorpresa. Los Servicios de Inteligencia de los Estados Unidos de América conocían los planes rusos y gracias a ello Rusia no ocupó Kiev ni alcanzó el Dniéper para dominar definitivamente el Donbás y los mares Azov y Negro que era su verdadero objetivo estratégico. La invasión generó en guerra. Rusia lo había preparado, lo estaba, pero mal y equivocada por culpa de hacer la guerra solo con visión política. Su objetivo estratégico era y sigue siendo incierto y, para combatir, la táctica no la tenían depurada. El que mucho abarca poco aprieta. Su Estado Mayor y sus generales han hecho durante dos años una guerra lamentable en lo táctico, basada únicamente en la destrucción de sus hombres, en las masas, en el fuego y el obstáculo renunciando a la maniobra hábil y a la sorpresa táctica para evitar arrojar hombres al frente como si fuesen bots.

Su gran fallo no superaría un examen de ingreso en ninguna escuela de Estado Mayor.

A día de hoy las cosas han cambiado.

Rusia ha aprendido de sus errores. Ha reestructurado sus grandes unidades. Ha movilizado a un gran ejército. La industria militar de guerra es nueva y eficaz. Ha superado el aislamiento económico y dispone de nuevos y poderosos aliados. Solo una, no probable, desestabilización interna puede acabar con la guerra de la que está saliendo fortalecida.

Ucrania depende cada día más de occidente. Sus unidades con gran experiencia de combate se ven mermadas de personal y para la movilización cada vez dispone de menos gente joven en edad de combatir. Sus campos de cereal son chatarra bélica. Su industria de armamento no existe al verse en constante amenaza. Cada vez es más difícil mantener sus posiciones. Solo una mayor implicación material y moral de occidente puede hacer cambiar las cosas.

La guerra está en un punto que podríamos definir como equilibrio inestable.

Todo depende de las elecciones en los Estados Unidos de América.

Es tal el temor que Europa rompe su Alianza Atlántica, a todas luces insuficiente, titubeante ante el fenómeno Trump, así que comienza cada nación a pactar alianzas por su cuenta y en Europa entra la fiebre guerrera.

«El presidente de uno de los países grandes tomó la palabra y me preguntó: ‘Si no pagamos y somos atacados por Rusia, ¿nos defenderíais?’. Le dije: ‘¿No has pagado? ¿Estás en deuda? Entonces no, no te protegería. De hecho, los animaría (a los rusos) a hacer lo que quisiesen. Tienes que pagar. Tienes que pagar tus cuentas». Es palabra de Trump y es que esto es la guerra. Una guerra mundial en la que estamos todos, queramos o no.

Es la guerra. ¿O qué te habías creído?

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

21 febrero 2024