LA NEGOCIACIÓN: DAGHE L´AIGA A LE CORDE! General de División Rafael Dávila Álvarez (R.)

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Colocación del Obelisco en la Plaza de San Pedro en el Vaticano-1586

¡Agua a las cuerdas! Gritaba el capitán Giovanni Bresca.

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El traslado del Obelisco en la Capilla Sixtina

El obelisco que preside la Plaza de San Pedro frente al Vaticano fue traído desde Alejandría a Roma el año 37 por orden de Calígula. Terminó presidiendo el Circo de Nerón situado sobre la colina del Vaticano. Junto al obelisco marca la tradición el lugar donde fue crucificado y muerto San Pedro. En 1586 el Papa Sixto V decidió trasladarlo hasta su actual ubicación. A pesar de la corta distancia la obra era costosa ya que el enorme bloque de granito rojo medía más de 25 metros y pesaba cerca de 350 toneladas.

El 10 de septiembre de 1586 todo estaba preparado. Cerca de 900 hombres, 140 caballos y centenares de cuerdas de cáñamo iban a iniciar una maniobra cuya clave estaba en la coordinación y la máxima atención para entender las órdenes que se iban dando. La plaza pronto se llenó de curiosos y para evitar que el alboroto apagase las voces de mando se ordenó silencio absoluto bajo pena de muerte al que lo incumpliese. Llegó el momento y las cuerdas se tensaron, el esfuerzo aumentaba. Ya a punto de conseguir izar el obelisco, casi vertical, las cuerdas de cáñamo empezaron a echar humo. El silencio era amenazador, un momento más y las cuerdas se romperían, pero todos recordaban el castigo de pena de muerte.

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La maniobra era difícil 25 metros de longitud y 350 toneladas de peso

Una voz rompió el crítico momento: ‹‹Daghe  l´aiga a le corde!››.

¡Agua a las cuerdas! El capitán Giovanni Bresca, avezado marino genovés, sabía que las cuerdas de cáñamo se estiraban peligrosamente hasta romperse. Solo había una solución para evitarlo: echarles agua. Dicho y hecho. ‹‹Acqua alle funi››.

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Plaza de San Pedro con el obelisco

Roto el silencio, izado el obelisco, Giovanni Bresca, capitán genovés, no fue castigado sino que el Papa le recompensó con el derecho a izar la Bandera Pontificia sobre su nave y concedió a su ciudad, Bordighera, y a su familia el privilegio de proveer de manera exclusiva al Vaticano las palmas para la celebración del Domingo de Ramos. Así hasta el día de hoy.

Hoy, aquí, los intentos para izar nuestro obelisco fracasan. Todos guardamos silencio. Cada uno tirando de su cuerda oímos el crujir del cáñamo. Muchas se rompen sin posible sustitución. No tiran en la misma dirección. En la plaza se nota el desorden moral. Todos guardan silencio, incluso cómplice. Decir algo está severamente castigado. El obelisco, lleno de historia, es el símbolo del sacrificio, de la conciencia, la ética y el deber.

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Negociaciones

Es hora de gritar, aún a costa de la vida: ‹‹Daghe l´aiga a le corde››. Es un grito desesperado para que regrese la ética, la conciencia y la razón de Estado. Haría falta un Giovanni Bresca que, sin miedo a las consecuencias personales, pusiese el interés general por encima del particular de partido, incluso del individual.

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Nuestro obelisco de conciencia, ética y deber.

Con negociantes como los actuales no hay quien ponga en pie el obelisco. Habrá que empezar de nuevo. A pesar del daño hecho a la conciencia, a la ética y al deber.

La credibilidad cruje como las cuerdas de cáñamo.

General de División Rafael Dávila Álvarez (R.)