LOS VERSOS DEL CORONEL (II- 24, 25). VELÁZQUEZ Félix Torres Murillo. Coronel de Infantería DEM (r)

 

 

 

MARTE. 1640, 42

Museo del Prado.

En el estrambote de “Velázquez 12. PETRIFICADO” ya se apuntaba de la venganza que Vulcano iba fraguando, y nunca mejor dicho, desde que Apolo le fue con el cuento de aquel lío que Marte tenía con Venus.

Efectivamente, Vulcano pergeñó un artilugio en forma de malla de hierro (un dron con cámara incorporada, diríamos hoy)  mediante el cual en presencia de todos los dioses del Olimpo pudo sorprender a los ilícitos amantes en plena faena.

Todo esto ya ha ocurrido y Marte, aturdido y derrotado, reflexiona sobre todo ello en este cuadro que  podría representar el final de los amores de Marte con Venus, por la cara de resignación y tristeza que observamos en el dios. El gesto ha sido perfectamente captado por el pintor, demostrándonos su facilidad para enseñar el alma de sus modelos.

Hay quien piensa que se trataría de una imagen alusiva a la perdida hegemónica de los ejércitos españoles en los Países Bajos, al contemplar al dios de la guerra derrotado. Pero resulta un poco extraño que Velázquez, siempre respetuoso hacia su señor y deseoso de obtener el ennoblecimiento, pudiera realizar una imagen en la que el honor de los temidos y famosos tercios españoles, y en consecuencia de su rey, quedara dañado.

Hay otros que se inclinan por que la obra sería una alegoría, y buenas pistas da el genio, del declive y la decadencia del hombre, llegada cierta edad.

… Y porfa, no te comas la coma del octavo verso.


ALEGORÍAS

(Soneto con estrambote)

 Cubierto de su yelmo cincelado,

es Marte un cincuentón semidesnudo,

taciturno, patético, forzudo,

tristón, mustio, mohíno y resignado,

 

y en el lecho de amor do fue pillado

-que el ingenio no para del cornudo,

a cuenta del asunto peliagudo

que con Venus tenía- se ha, sentado.

 

Porque allí los amantes disolutos,

a lo suyo que están chita callando,

el Olimpo los sorprende en su quehacer.

 

… Y ya a tierra sus armas y atributos

esconde la bengala de su mando,

disipados su fuerza y su poder.

 

Si mito o alegorías

bien el genio lo acertó,

y leído que has las mías,

pregunto si acertarías

a que me refiero yo.

 

 

EL BUFÓN DON SEBASTIÁN DE MORRA. 1645 h.

Museo del Prado

Don Sebastián de Morra fue servidor en Flandes del cardenal infante don Fernando. Al regresar a España en 1643 entró al servicio del príncipe Baltasar Carlos, muriendo en octubre de 1649.
Sentado, con los puños apretados sobre el regazo, Velázquez juega con el contraste que hay entre la expresión seria y reflexiva del enano, su mirada  profunda, su  inteligencia despierta y crítica, y su deformidad física, casi infantil.

Refleja su  capacidad para captar la seriedad y la honda expresión de tristeza del personaje, y recalca su  sentimiento de solidaridad ante el sufrimiento ajeno, mostrando un profundo respeto y un cierto tono de melancolía por lo que el destino y la naturaleza le ha deparado; constante ésta que se da en todos los retratos que realizó a los bufones, monstruos y personajes de placer que, en consonancia con la época, abundaban en las corte de Felipe IV.

Se toma a broma los “personajes” importantes de la mitología o el imaginario que, barroco al fin, coloca en escenarios ad hoc y disfraza para su representación ( Vulcano, Marte, Esopo..), y sin embargo pone lo mejor de sí y trata con la mayor ternura a los niños, y con el mayor respeto a los más desafortunados como se ha dicho.

 RESPETO

(Soneto)

 Ilumina de un halo su figura,

y profunda expresión de la tristeza

nos transmite con toda su agudeza

en honda su mirada, fija y dura,

 

por contarnos, quién sabe, la amargura

del distinto su ser; y la aspereza

en los puños que aprieta con firmeza

de un ficticio vivir su desventura.

 

De tantos como él que al lienzo lleva,

consciente de sus faltas y carencias,

jamás de menosprecio un punto habría.

 

Que siempre de respeto da una prueba,

muy ajeno de otras complacencias,

de afecto, y por qué no, de simpatía.

 

(Continuará)

Blog: generaldavila.com

14 abril 2018

3 pensamientos en “LOS VERSOS DEL CORONEL (II- 24, 25). VELÁZQUEZ Félix Torres Murillo. Coronel de Infantería DEM (r)

  1. Pues sí, mi Coronel. “Leído que he las suyas”, está muy bien explicado y queda muy claro el asuntillo ese entre Marte y Venus. Pero yo creo que entre las divinidades griegas, y no digamos posteriormente las romanas, esos negocios estaban tácitamente consentidos y eran vox populi. Casi como ahora pero sin televisión y por tanto, sin ese trasiego de millones en “B” para no tener que pagar el veinte por ciento a Hacienda como con la lotería.

    Creo que el aspecto abatido que presenta Marte en el retrato, no se debe al fragor de la batalla, y mucho menos a la preocupación por los celos ni la venganza de nadie ofendido. Sino más bien a la constatación de algo natural en lo que no se piensa hasta que se presenta, normalmente sin avisar. En fin, que aquellas divinidades de la mitología clásica, por algo eran también humanos.

    Lo de Don Sebastián, realmente tierno y entrañable. En un aeropuerto en el que serví durante diez años, teníamos uno, bellísima persona que nos vendía la lotería, y hasta en una ocasión repartió un premio importante, y algunas veces, por la noche cuando se cerraba, se venía a la ciudad en mi coche. Tenía la costumbre de querer ir siempre en el asiento trasero; no sé por qué no le gustaba viajar delante junto al conductor. Y una de esas noches, entre dos luces todavía, la Guardia Civil me indicó detuviese el coche en el arcén. Al bajar el cristal de mi ventana y preguntar si es que había cometido algún error involuntario al incorporarme a la vía principal, el guardia me contestó que no se trataba de eso, sino de que “el niño” iba correctamente en el asiento trasero pero no llevaba puesto el cinturón de seguridad. Le dije que, por favor, lo comprobase iluminando con una linterna. El pobre hombre no sabía cómo lamentar el error, y todo terminó con una sonrisa.

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  2. Como siempre, querido Rafael, tus acertados comentarios enriquecen mis humildes trabajos. Veo que de ellos lees hasta la letra pequeña, que en el caso de “Marte” y como propia aportación más allá de la más o menos acertada glosa de la obra, he tratado de reflejar en el segundo terceto; lo has captado perfectamente y lo has descrito con muy pocas palabras: ¡Ay!, de la débil naturaleza humana.

    Sobre la ternura y el cariño con las que el genio trata a los desfavorecidos habrá ocasión de volver. Lo comentaremos.

    Un abrazo,y muchas gracias.

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