LOS VERSOS DEL CORONEL Félix Torres Murillo Coronel de Infantería DEM. (r)

TOLEDO

 2.- EL RÍO

Caminando (2)

 Carretera del Valle; de Alcántara a San Martín, pasada la curva de Carabantes -acogedora terraza para tomar unas cañas- si el caminante mira a su izquierda verá una Bandera de España que anuncia que personas de bien viven en ese cigarral cuya entrada preside desde siempre, en la compañía de un crucero restaurado; a la derecha la ermita de la Virgen de la Cabeza que ya conocemos, y al frente, desde el amplio ventanal de la sala de estar de mis dos amigas, TOLEDO; bueno, lean el soneto, si les place… De Toledo, miles como ésta, una

POSTAL

(Soneto)

Hace ondear la brisa suavemente

esa Enseña que veo siempre izada,

y en púrpura, la tapia tapizada,

habla al verde pinar, su confidente.

 

Un mosaico y la reja, la pendiente

que se empina, la curva franqueada;

 y hay una cruz allí en la roca anclada

que la escena completa, sugerente.

 

De torres, cresterías, chapiteles,

es al fondo el telón incomparable,

la ermita sobre el monte de vigía…

 

Anhelantes los sienas de pinceles,

y por el cielo asir, casi alcanzable,

en granito una aguja que porfía.

A Carmen y Valle, toledanas.

(Continuará, D. m.)

4 pensamientos en “LOS VERSOS DEL CORONEL Félix Torres Murillo Coronel de Infantería DEM. (r)

  1. A las órdenes de V.I., mi Coronel.

    ¿Qué tendrán los ríos, que son manantial inagotable de inspiración?. Seguramente tienen duende y mucha magia.
    Y el Tajo no sería río si no fuera porque abraza a Toledo, y Toledo sería otra cosa si no tuviera al Tajo.

    Tenía un servidor sólo trece años, allá por el cincuenta y cuatro, y estaba en tercero del antiguo bachiller en régimen de internado en un magnífico colegio que hoy es una residencia de alto standing y prohibitiva por el precio, para personas mayores. Allí se estudiaban humanidades, lenguas clásicas y literatura española “por un tubo”, que diría cualquier estudiante hoy en día, y ni que decir tiene que las redacciones y modestas composiciones eran tareas de todos los días. En una ocasión nos proyectaron un reportaje en dieciséis milímetros sobre El Entierro del Conde de Orgaz, y con ese motivo se nos encomendó escribir cada uno algo sobre Toledo. Se me ocurrió referirme exclusivamente al río y no a la ciudad antigua capital imperial de España, ni a ninguna de sus incontables bellezas monumentales. Y le decía al Tajo mientras lo contemplaba arrebatado rodeando con su abrazo a Toledo:

    “Fue tu eterno cantar sin ritmo el secreto que me llevó a tu lado, y entonces quise ser río como tú”. Y así seguía, todo en prosa, con frases simples hasta completar una cuartilla. Pensaba que aquello iría directamente a la basura, y cuál no sería mi sorpresa, y sobre todo la de los empollones del curso, cuando ví aquello en el cuadro de honor en que se ponían los trabajos que tenían algún valor.

    Quién hubiera podido hacerle un soneto como este con el que nos deleita y hace vibrar el alma hoy.

    ¡¡¡Viva España!!!

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