EL CAPELLÁN MILITAR: AYER Y HOY, ARTÍFICE DE LA PAZ. JOSE FRANCISCO NISTAL MARTÍNEZ CORONEL CAPELLÁN EN RESERVA CON DESTINO

PRESENTACIÓN

Todos ustedes conocen al Páter Nistal, a Paco, nuestro querido Capellán militar. No es la primera vez que escribe en este blog y de verdad que siento que no lo haga con más frecuencia, pero su trabajo en bien de los demás siempre le tiene atareado. No es frecuente que en este blog publiquemos trabajos largos, pero en esta ocasión merece la pena no suprimir ni una coma.

Los que no han vivido la vida militar a fondo difícil es que conozcan a nuestros capellanes y la labor tan compleja y a la vez fructífera que cumplen. ¡Si ellos contasen! Hoy el Páter Nistal habla; no lo cuenta todo, casi todo, pero nos acerca a esa labor que nadie puede conocer como él. Pocos han estado tantas veces como él acompañando a nuestros soldados en misiones en el exterior. Pocos conocen como él el alma de nuestros soldados. Y pocos conocen como él la necesidad de la fe y el compañerismo, de no abandonar jamás a un hombre en el campo hasta perecer todos.

Estuvo con mis legionarios en Irak. Según bajaba por las escalerillas del avión de regreso le coloqué un gorrillo legionario. Páter eres “Legionario de Honor”, por voluntad de mis legionarios, porque te lo has ganado y ellos te han condecorado por atender sus almas de legionarios.

Hoy 4 de diciembre festividad de Santa Bárbara, Patrona del Arma de Artillería, próxima la festividad de la Inmaculada Concepcíon, Patrona de la Infantería española, y de Nuestra Señora de Loreto, Patrona del Ejército del Aire es el día apropiado para el recuerdo y homenaje a nuestros capellanes.

¡Gracias Páter!

EL CAPELLÁN MILITAR: AYER Y HOY, ARTÍFICE DE LA PAZ

El acompañamiento de los Capellanes en los ejércitos es tan antiguo como los propios ejércitos. Las tropas medievales movilizadas para la conquista o la defensa de un territorio, afecta a ese territorio y disuelta después de la batalla, eran asistidas espiritualmente por Obispos y Sacerdotes. Así en la Batalla de la Naves de Tolosa estuvo junto a Alfonso VIII el Arzobispo de Toledo, y según la “Crónica de San Fernando” acompañaron a Fernando III en su conquista de Sevilla San Pedro Nolasco, Fundador de la Orden de la Merced, San Pedro González Telmo y el Beato Domingo de Guzmán, que con otros muchos Sacerdotes habían ido al sitio de Sevilla para ejercer su ministerio y apostolado”.

Cuando los ejércitos se hacen permanentes es cuando el Sacerdote se verá incorporado de una forma definitiva a la milicia. No tenían retribuciones fijas, ni gozaban de privilegios; dependían del Obispo del lugar donde estuvieran emplazadas las tropas y sometidos a la jurisdicción del Obispo Ordinario, con el trastorno que ocasionaban los conflictos canónicos; así, hasta la unificación de los ejércitos debida a los Reyes Católicos, con la intervención del Cardenal Cisneros.

La incorporación definitiva tendrá lugar al organizarse los Tercios de Infantería en 1532 que contará desde esa fecha con un Capellán estable y permanente tal y como consta en el primer documento que data de 1535 por el que el Emperador Carlos V, dirigiéndose al Marques del Basto, Virrey y Capitán General de Nápoles ordena “que se destine al servicio espiritual de cada Compañía un Sacerdote secular”. Posteriormente, en 1568, el Rey Felipe II ordena a D. Juan de Austria que “ha de haber en cada una de las galeras un capellán Sacerdote; en cada escuadra uno, que sea de más calidad; y cerca de Vuestra persona, uno que sea nuestro Capellán Mayor”, e igualmente al Duque de Marqueda, en Palermo, le dice “que en cada Compañía hubiere un Sacerdote, y de todos los de un Tercio, un Capellán Mayor”.

Así se irá creando una estructura que culminará con la figura del Vicario General Castrense, creada por petición del Rey Felipe II al Papa Pío V, por un Breve del 27 de julio de 1571 siendo nombrado D. Jerónimo Manrique.

Una nueva etapa se iniciará en 1762. Las reformas y reorganización del Ejército y la Armada llevadas a cabo por Carlos III solicitan de Roma un nuevo Breve al Papa Clemente XIII, que concede el 10 de marzo de 1762, nombrando, según deseo del rey y ejemplo del regalismo borbónico, al Cardenal Spinola de la Cerda, Vicario General de los Ejércitos, quien ostentaba ya el título de Patriarca de las Indias. Títulos que se unirán en una misma persona hasta el siglo XIX.

Otras épocas históricas, que no son objeto de esta conferencia, se desgranan dejando al descubierto las luces y las sombras por las que atravesó, y atraviesa, este veterano Servicio Religioso. Aquí sólo dejamos constancia de nuestra antigüedad. Y volvamos al personaje.

El tratadista militar del siglo XVIII, Coronel de Infantería D. Tomás de Puga y Rojas, hombre que compaginó la carrera de las armas con las humanidades, que fue, por tal motivo, auditor de la plaza de Ceuta, abogado de los Reales Consejos y, por último, Corregidor y Capitán a guerra de la villa de Quesada, en 1707 publico en un libro titulado “COMPENDIO MILITAR”, un capítulo con el epígrafe “Elección y calidades del Capellán de Regimiento” en el que dice de éste lo siguiente:

“El Vicario General del Ejército es la persona en quien reside la jurisdicción espiritual militar, tropas del territorio, guarniciones y campamentos; y el Capellán de Tercio o Regimiento es el que tiene el gobierno espiritual de los demás Capellanes del Cuerpo y el cuidado de las almas de todas las gentes de que se compone, como también la atención a los ejercicios devotos y que se eviten los pecados públicos y ofensas a Dios; y porque no es fácil haya para cada compañía su Capellán, como se hacía antiguamente, se suele formar en cada Regimiento el número posible de Capellanes para la celebración de las misas y administración de los Sacramentos mediante la Ordenanza 75 de la antigua.”

“La elección del Capellán mayor y demás Capellanes del Regimiento la hace, por vía de presentación, el Coronel, la cual aprueba su Majestad, y se le da la Real Patente en forma, con la cual se presentan y son admitidos al sueldo. En la elección conviene tener presente que los Capellanes sean muy celosos en el servicio de ambas Majestades y del bien de las almas, y libres de toda codicia, y personas de experimentada confianza, por la que de ellos comúnmente hacen los soldados, entregándoles dinero y otras cosas para que, en caso de fallecer en la función lo distribuyan en la forma comunicada; y saliendo bien y con vida, volverlo cabal y sin defalcación, para lo cual han de tener libro en que lo escriban con toda claridad y distinción”.

“Así mismo se debe tener presente el que sean de fervoroso espíritu y ánimo varonil para andar entre los riesgos fervorizando cuando la guerra es contra enemigos de la fe, y en todos los reencuentros fortaleciendo a los heridos, administrándoles los Sacramentos y exhortándoles en la última hora. El alojamiento se les da a proporción del Sargento Mayor, por la equivalencia que se considera en el grado”.

“Nunca hará uso de las armas, salvo para defender su vida, la de los heridos y los ornamentos sagrados; más no se engríe por valiente, pues siempre ha de ser humilde después de la batalla”.

“Cambie su traje religioso para caminar a pie o a caballo, llevando señal o insignia que denote su estado, según las órdenes de su Coronel, al que estará en todo subordinado, además del Vicario General”.

En pocas líneas el Coronel de Puga sintetiza las condiciones, los cometidos y dependencias del Capellán; pero, sobre todo, resume la calidad del Capellán militar condicionado a serlo en tanto en cuanto esté adornado de virtudes espirituales y humanas, algunas imprescindibles,. Pero quiero entender que lo que describe no es un ideario para que quede constancia de cómo han de ser los Capellanes. Más bien, está retratando al conjunto de Capellanes con los que convivió en sus años de milicia. Hombres, aquellos, descendientes de D. Quijote, vaciados en el mundo, a lomos de la Buena Nueva, nutridos de Dios, apóstoles misioneros, conquistando almas o gastando paciencia para conservar la devoción allí donde ronda el peligro, aprieta la fatiga y el sufrimiento; que son los aledaños de la muerte el terreno propicio para dar ejemplo e invitar a acercarse a Dios con la misma valentía con la que se espera lo incierto.

Dice el General BERMUDEZ DE CASTRO en un breve artículo titulado “EL PATER” (Madrid 1951) “No es fácil la misión del Padre Capellán alternado con gente joven, alegre, bromista, poco preocupada; si se encierra en torre de marfil, falta a la misión que le atañe; si se entrega demasiado a la alegría, se expone a no inspirar cierto respetillo muy necesario; desde luego que no todos los sacerdotes serían aptos para desempeñar la feligresía de un Regimiento; ¡no es fácil! Poseer la tolerancia comprensiva indispensable, no porque la gente de armas sea más pecadora que el paisanaje, sino todo lo contrario; pero su carencia de hipocresía, incompatible con el carácter militar, los ofrece más locuaces, menos circunspectos, y parecen más pecadores. Un Páter demasiado serio, reservado, sin alzar nunca los ojos del breviario y escandalizándose de algunas libertades de palabra, no podría servir en filas”.

Aquel estilo de vida tan peculiar del Capellán militar, por lo entregado y austero, hizo que se propusiese y se aceptase como reconocido lo que se llamó LA CUARTA FUNERAL. Era cuando los soldados servían siete años; tenían masita, es decir, ahorros, si eran cuidadosos con la ropa; la cuarta parte de la masita, si se moría su dueño, correspondía al Capellán.

Se cuenta del Batallón expedicionario del Inmemorial del Rey que, por fallecimiento de 857 soldados de tropa en la campaña de Méjico, el Capellán percibió 10.650 pesos fuertes, la mitad en oro, CUARTA FUNERAL del importe de las masitas de los muertos. Esta CUARTA FUNERAL desapareció al adoptarse un nuevo Reglamento de Contabilidad que suprimió la masita. Sólo se conservó en Cuba, durante la última guerra, como ventaja de ultramar.

A los Capellanes les estaba vedado acercarse a la línea de choque para que los heridos y moribundos pudieran ser atendidos y no les faltasen los auxilios de la Religión. En las Ordenanzas que los Maestres de Campo, Generales, y los Capitanes Generales, después, daban a sus tropas por medio de bandos, se recomendaba siempre a los Capellanes, en lo posible, que no se expusiesen a los riesgos, pero que tampoco se apartasen de sus compañías, condiciones que muchas veces no eran compatibles. Quienes han sentido la llamada de Dios y esa entrega específica a la vida militar reviven, cada día, la necesidad de estar junto a los suyos, ya suba o baje la rueda, y ser uno más. Así se gana la confianza, el respeto y la admiración, además del cariño. “Abonado el terreno” el “Dios con nosotros” también tiene sitio. Pero, si además de esto, sus acciones son heroicas, están llamados, con toda justicia, a la más alta gloria. La Laureada busca el pecho del militar heroico. Valga la comparación, vuela por el campo de batalla buscando el corazón del que se la gana, sea soldado o general. Sólo distingue al héroe. Aunque no es de extrañar que en su vuelo se pose más fácilmente en el que combate y en el que ejerce la responsabilidad del mando que en el Capellán, que sin dejar de ser soldado y combatiente, lo es muy “sui géneris”. Es, pues, admirable que un Sacerdote alcance esta recompensa militar tan preciada y buscada por todos, y que, en ocasiones, algunos logran como recompensa póstuma a su heroísmo, siendo galardón valiosísimo, no para su uniforme, sino para su sepultura.

Sin monumentos, ni calles dedicadas que recuerden ni sus nombres ni sus gestas, rescatados, quizás, del olvido y honrados con nuestro recuerdo, ya que glorias tan íntimas y singulares piden público reconocimiento, (y, quizás, una lápida con sus nombres en el Arzobispado Castrense como agradecimiento y estímulo para los capellanes en servicio activo); porque ellos sí hicieron realidad las palabras de San Pablo: “Que los hombres nos miren como ministros de Cristo y dispensadores de los misterios de Dios”, traemos al recuerdo los nombres de los seis primeros Capellanes militares Laureados de San Fernando y una pequeña reseña de su vida.

DON PASCUAL FLORES PÉREZ:

El primer laureado del que queda constancia acreditativa. Nació en Teruel el 18 de mayo de 1840. Ingresa en el Ejército en el año 1874. Estaba encuadrado en las fuerzas que acaudillaba Don Fernando Primo de Rivera que apuntaban a Estella, la Corte de D. Carlos, la que fuera llamada ciudad Santa del Tradicionalismo. Por tierras de Logroño,    en los altos de Montejurra, su oponente, Calderón, se defendía con sus fuerzas, pero al fin ha de retirarse. Dominadas las crestas de Montejurra, Estella queda inutilizada y la ciudad se abre al General victorioso, comenzando la deserción del ejército contrario. Pero aun persisten los actos heroicos que por ambas partes han jalonado una campaña. Entre ellos, el realizado por D. Pascual. Éste Capellán militar, impávido en el combate, abstraído a todo lo que no sea cumplir con su misión, recorre las líneas, acude ante los moribundos, anima al que está abatido por el dolor. Las almas son lo que importa. Sus hechos culminan en la acción del 30 de enero de 1876. Ese día lo recoge el Reglamento de la Orden para apreciar los actos heroicos llevados a cabo por él e incluirlo en la Asamblea de sus Caballeros y declarado benemérito de la Patria. Y junto a la Cruz de San Fernando se colocó la Cruz roja del Mérito Militar; la de Carlos III, por el mérito contraído y herida recibida en la acción de 15 de junio de 1875 y otras de las que hay constancia y que no se nombran en esta ocasión. Este Capellán falleció en Valencia el día 12 de enero de 1911, cuando se hallaba en situación de retirado. En aquella capital causaba la mayor admiración, D. Pascual, sobre cuya negra sotana resaltaban los esmaltes de una cruz Laureada conseguida previo aquilatamiento de sus    méritos. Como es preceptivo.

DON FRANCISCO FIGUERAS FERNANDEZ:

La guerra de Filipinas ardía con todo el ímpetu de fanatismos y avivamientos de independencia. En esa fase de una campaña con signo adverso para nuestra causa, otro Capellán laureado, el Capellán segundo del Regimiento de Infantería de Manila n° 74. La fecha, el 18 de julio de 1895. En el asalto fue herido de muerte el Capitán de Ingenieros D. Félix Briones. Es, entonces, cuando este Capellán no lo duda. Hay que administrar los últimos Sacramentos, ayudarle en ese trance irreparable. En el mismo talud de la brecha, blanco seguro de las armas enemigas, sin cuidarse de su vida, D. Francisco ayuda a morir al bravo capitán ingeniero. Del hecho da notoriedad el Diario Oficial del Ministerio de la Guerra correspondiente al día 4 de octubre de 1896 que le concedía la Cruz de San Fernando de primera clase, con la pensión anual de 250 pesetas, señaladas en el Art. 8° de la Ley citada, y abonable desde el día 18 de julio del año en que tuvo lugar el hecho de armas.

Junto a la Laureada podía colocar este Capellán, la Cruz de primera clase del Mérito Militar con distintivo rojo, pensionada; la Cruz roja, también pensionada y la Cruz de María Cristina, entre otras. Falleció este Capellán en Madrid el 3 de diciembre de 1915. Sus restos reposan detrás de una lápida grabada con su nombre y apellidos, Teniente Vicario de 1a clase. Asesor del Cuerpo Eclesiástico del Ejército, la fecha de defunción y la edad, 50 años, nicho 99, Sección 5, Patio de la Concepción, en uno de los muros del cementerio de la Sacramental de Santa María, de Madrid, por su aspecto hace tiempo olvidada; por cierto, con huellas de nuestra pasada guerra civil.

DON ESTEBAN PORQUERAS ORGA:

En tierras filipinas también la meritoria actuación de este Capellán, el segundo de los que mereció esta codiciada recompensa en el archipiélago. Servía este Capellán en un batallón de Infantería de Marina y era el 10 de noviembre de 1896. Ese día nuestro Ejército tuvo numerosas bajas en Benicayán entre las que se contaban un jefe, un oficial y 25 de tropa, además de tres jefes, once oficiales y 81 de tropa heridos. D. Esteban mostró frente al enemigo su noble figura, actuó de modo resuelto e incansable. No sólo prestó en extrema vanguardia los auxilios espirituales a los heridos graves, yendo incesantemente de unos a otros, sino que hizo de auxiliar médico y de camillero. Ayudó a curar a los heridos, transportó en hombros a otros colocándolos fuera del alcance de los proyectiles. Su actuación no reconoció barreras. Y toda esta acción meritoria la totalizó cuando el mismo necesitaba esa ayuda médica que tanto prodigó en las horas de un combate adverso. Herido en un pie, el Capellán no buscó refugio en el botiquín, sino que desdeñó el dolor propio por disminuir el ajeno y así se mantuvo todo el día.

Estos hechos son reconocidos con fecha 24 de octubre de 1898, en que se da cuenta de que desde el 10 de noviembre de 1896 tiene derecho a la pensión reglamentaria como Caballero de San Fernando de primera clase.

FRANCISCO OCAÑA Y TELLEZ:

En Tembleque, ese pueblo de la Mancha que la autovía A. IV quiere

dejar a un lado, a donde el bueno de Sancho se desplazaba algunos agostos para cortar las enceradas espigas que aseguran tranquilidades allá por el invierno, nació este Capellán Castrense. Nació el día 1 de abril de 1871 e ingresó en el Ejército el 30 de agosto de 1895. No tardó en ser un miembro más de las fuerzas que allá en la Perla de las Antillas trataban de mantener esa preciosa isla bajo la soberanía de España. El día 8 de Diciembre, día de la Inmaculada, de 1898, D. Francisco Ocaña, que pertenece al Batallón de Álava, se encuentra en operaciones cerca de Laguna Itabo, en terrenos bajos que encharcan las lluvias, allá por donde se va ensanchando el vientre de ese caimán a que semeja el mapa de Cuba. El batallón, formado por gente de probada bravura, va bajo las órdenes del General García Aldave, cuyo nombre se haría popular después por tierras de Marruecos.

El Capellán del Batallón de Álava, muy próximo al enemigo y bajo sus ruegos, solo piensa en los deberes que su excelso ministerio le exige. Pero no se circunscribe a lo espiritual sino que ayuda a curar a los heridos, trasladándolos fuera del alcance de los proyectiles, y realiza cuanto le sugieren las críticas circunstancias del momento. Por su actuación, la Orden de San Fernando le acoge entre sus miembros, y la Reina Regente desde las columnas del Diario Oficial del Ministerio de la Guerra proclama sus méritos y le reconoce el derecho al disfrute de la pensión adscrita a la Cruz de la primera clase de esa Orden de San Fernando. Dos heridas de guerra por él sufridas testimonian su tributo de sangre. Una en Cuba; la segunda, en Marruecos, en el tristemente célebre Barranco del Lobo. Es uno de los capellanes más condecorados de la historia.

DON JESÚS MORENO ÁLVARO:

Les confieso que por este Capellán Castrense siento especial admiración. Curiosamente, el día de mi presentación en la Base Militar de Hoya Fría, en las efemérides de la Orden, se recordaba su gesta. Desde entonces es mi héroe.

Su actuación tuvo un eco inmenso en la Prensa de España que contrarresto un poco las noticias que sentenciaban el descalabro de nuestras tropas en tierras de Melilla en aquellos días de julio de 1909. En los periódicos de esos días fue recogida la estampa de ese Capellán que, pese a ser menguado de estatura, se alzó como un gigante. Estaba destinado en las filas de aquellos Cazadores, flor de la Infantería española. Para situar la gesta describiremos brevemente la situación vivida en Melilla los primeros días de julio del año 1909. El Comandante militar, General Marina solicita refuerzos al Gobierno para castigar la cobarde agresión de rífeños a obreros que trabajaban en el tendido de la vía. Por discrepancias políticas los refuerzos tardaron en llegar. Por fin, comienzan a llegar los primeros procedentes de la Brigada de Cataluña pudiendo repeler las hostilidades de las estribaciones del Gurugú. Los ataques se siguen repitiendo los días 19 y 20. Sólo, entonces, el Gobierno comprende el peligro y manda refuerzos que encuentran las primeras dificultades por los oponentes al envío de tropas, que, en la estación de Atocha, llegaron a desenganchar las locomotoras para impedir la salida de los Cazadores, la joya de la guarnición de Madrid. Cuando llegaron a Melilla, desde el barco al combate. Los incidentes de aquella jornada, en la que tuvimos gran número de bajas, merecen más el silencio que el comentario. El día 27 la vía había sido cortada y era necesario mandar un convoy a las posiciones. Se tomaron todas las precauciones. Aún así, nuestras fuerzas, que sufrieron un horroroso y certero fuego, lograron entrar en el Barranco del Lobo. Caen en él jefes y oficiales pero los Cazadores no se amilanan, calan el cuchillo y siguen por las lomas.

Entonces, cuando es imposible atravesar la muralla de balas del enemigo, surge la actuación del Capellán del Batallón de Cazadores de las Navas n° 10, Don Jesús Moreno Álvaro. Este no sólo se no aparta un momento de sus fuerzas, a las que administra los Sacramentos y ayuda a curar, sino que cuando el Batallón se halla casi desprovisto de mandos y los soldados comienzan a ceder terreno y a buscar salida por la barranquera, el Capellán toma el mando, y en todo momento actúa como un jefe, decidido, sin rehuir el riesgo. Con su actuación logró aminorar el dolor de los caídos en aquella acción que tantas bajas ocasionó a España, entre ellas un General y cinco Jefes muertos.

  1. Jesús Moreno Álvaro fue admitido el 14 de abril de 1910 en la Orden de San Fernando con la Cruz de primera clase.

DON JACINTO MARTÍNEZ VERDAZCO:

Escueto es el oficio que notifica los méritos de este Capellán castrense que facilitaron el ingreso en la Orden de San Femando: “Resultando que el citado Capellán permaneció durante el combate en la posición central, que ocupaba el Batallón de Cazadores de Madrid n° 2, al que pertenecía, auxiliando a los heridos en primera línea y sirviendo de auxiliar eficaz en la comunicación de órdenes y avisos bajo el fuego del enemigo, municionando personalmente la segunda compañía del Batallón”. Por su actuación, la Cruz de primera clase de la Orden de San Fernando a resaltar sobre su traje talar.

Con nuestro humilde recuerdo rendimos honor a la gloria de estos seis Capellanes militares ejemplares y avivamos el ejemplo para quienes tenemos el relevo.

El paso de los años hace invariable la misión del Capellán. Ayer y hoy tiene la misma urgencia y la misma actualidad el mandato de Jesús: “id y predicad el Evangelio… “. Cada época ha requerido su adaptación. La última etapa del Capellán militar volviendo a acompañar a las tropas, ahora en misiones de paz, fuera de nuestras fronteras, la deciden las últimas guerras de Europa de esta década. Concretamente, Bosnia 1992. Hubo un ensayo el año anterior con un Batallón de la Brigada Paracaidista que tuvo presencia en el frío invierno del Kurdistán iraquí.

Dejábamos las “paz” de los cuarteles e iniciábamos toda una aventura en la que el mayor alijo era la ilusión. No creo exagerar si digo que a todos, mandos y tropa, nos faltaba experiencia, que se suplió con disciplina y el buen adiestramiento que tenían las unidades; y en el entramado operativo con los ejércitos de otros países, con los que compartíamos escenario, el recelo y la desconfianza, por parte de estos, acabó siempre en admiración al ver el comportamiento del soldado español. Abnegado, sufrido, valiente, amable, generoso, entre otras, son virtudes que rebosan del atillo con el que carga a todas las horas y en todas las estaciones del año, pase lo que pase, el soldado español. Uno por uno, todos por igual, los mejores embajadores de la Patria de los últimos años allí donde estuvieren.

El Capellán también tuvo que aprender. Adaptarse al medio y a las circunstancias. A coger su maletín de campaña y a celebrar la Santa Misa mientras caían granadas en Jablanica, Mostar, Aracinovo, Diwuaniyaf o Nayaf. A escuchar conversaciones interminables en las horas de refugio en el “nido de heridos”; a compartir los 25 grados bajo cero con la guardia al amor de un bidón de ascuas, que hacía de brasero, y un café aguado; a soportar los 65 grados de temperatura y la tormenta de arena en pleno desierto. Tratándose de un patrimonio de almas como las de los soldados españoles, el aprendizaje fue fácil y rápido.

 

La actividad del Capellán en ZO. (Zona de Operaciones) tiene, a mi modo de ver, cuatro vertientes:

  • La personal,
  • La función específica con los militares a quienes acompaña,
  • Su función con ejércitos amigos (evitaré llamarles de la coalición), y españoles que desarrollan trabajos en los países donde hay presencia militar española: ONGs., periodistas, empresarios, políticos…
  • Actuación con los representantes o instituciones y población del lugar.
  1. PERSONAL:

Siendo testigos directos de las realidades más crudas y del odio más desaforado, presos como los habitantes que nos reciben, de otra forma, en destacamentos militares más o menos habitables, el bien que más se valora, como bien supremo del hombre, es el de la Libertad. Después, uno agradece a Dios la cantidad de cosas de las que disfruta; cuántas, que no son necesarias, nos atrapan en esa tela de araña de la sociedad consumista, y exigen de nosotros esfuerzos tremendos y, a veces, incómodos con personas del entorno.

De lo humano a lo divino. Si el Coronel De Puga decía de los Capellanes que “sean fervorosos”, la estancia en estos lugares son ocasiones para comprender y dar razón de lo que nunca tendrá justificación. Sólo el bien es justificable. Y ayudar a poner esperanza y confianza en Aquel que también fue víctima del odio y de la intolerancia y, que desde el trono de la cruz, da sentido a tanto sinsentido. Definitivamente, toda situación problemática humana, personal o colectiva, tratada desde la fe, adquiere, de inmediato, soluciones humanas y espirituales que no manejan ni la ciencia ni los recursos humanos. La presencia de Dios en la Historia y en las historias de los hombres no se puede eliminar. En algún momento nos topamos con El. El Capellán descubre y ayuda a descubrir a sus compañeros el rostro del Cristo doliente en esos rostros sin nombre, en esas miradas perdidas que rompen el alma, en esos cuerpos inocentes mutilados, en ese ir y venir a ningún sitio por ciudades y pueblos de los que sólo queda el recuerdo y los nombres, en esos paisajes, otrora verdes y habitables, llagados y solitarios. De estas experiencias, sin posibilidad de poder medir en porcentajes ni plasmar en tablas estadísticas, el ejército, nuestro ejército, se ha humanizado más y, también, se ha espiritualizado más. Los militares, en especial la tropa, que en España no pisan las iglesias, allí, sin pudor humano, tienen encuentros solitarios con el “preso del sagrario”, participan de las celebraciones litúrgicas, charlan amigablemente con el “Páter” y llevan, con orgullo, la medalla o el escapulario, por poner algunos ejemplos.

Al inicio de las misiones, el Capellán estaba encuadrado orgánicamente en la Compañía de la Plana Mayor, dependiendo directamente del Jefe que mandaba la gran Unidad. Sin dejar esta dependencia, hoy el Capellán, con otros Servicios, forma parte de lo que se llama “Equipo de Apoyo al Mando” (EAM). Otros, no sé con qué intención, se empeñan en llamarlos “Estado Mayor Especial”.

Lo que no ha cambiado mucho desde el inicio hasta hoy son los recursos, siempre escasos para el “Páter”. Es el único servicio, y el único de todo el Destacamento, que no tiene a nadie asignado para que le ayude en sus cometidos. Aunque nunca le faltan manos voluntarias. Conseguir un lugar, más o menos decente, como Capilla-y despacho ha dependido siempre de las influencias, del jamón y de alguna botella que otra de vino. Estos lugares, que con tanto trabajo se construyen y ornamentan, después son los más visitados por Mandos y Tropa, haciendo de ellos el refugio cálido del corazón. Por algo será.

  1. FUNCIÓN ESPECÍFICA:

La misión del Capellán es acompañar a las tropas y ofrecerles el servicio, todos los días de la misión, las 24 horas. Acompañar es estar con ellos, donde estén; conocerlos a todos, uno por uno, a ser posible por el nombre; es sentir y manifestar, contagiado, la alegría o la adversidad individual o colectiva; sentir el pulso, tanto del que tiene la responsabilidad de mandar, como de los que obedecen órdenes, para ser consejero imparcial, confidente, amigo o, al menos, compañero de todos. En esta tarea, el Capellán invierte la mayor parte del tiempo para estar muy atento, especialmente, con aquellos a los que le llega la hora del desánimo o le aprieta el problema que llega de España. La vigilancia es continua, no esperando que lleguen a él atrincherado en un despacho, si lo hubiera. Hay que recorrer todos los rincones del Destacamento todos los días para ir comprobando la temperatura anímica y moral de los compañeros. Tiene que acompañar a las patrullas que vigilan en los BMRs, de día y de noche, sin reparar en el peligro, ni en las inclemencias meteorológicas; llenar horas de cigarros y recuerdos con la guardia de seguridad; o en el puesto de mando, empujando unas manecillas de reloj que le cuestan moverse; en los talleres, con militares enfundados en monos cromados de grasa y aceite; en el botiquín, donde siempre existe esa simbiosis mágica entre el personal sanitario y el “Páter”, además de la visita de ánimo al compañero herido o enfermo; y en la partida de cartas en la que, lo que más se juega, es el honor del vencedor. Momentos especiales son, para los que se reserva y vive, cuando va a visitar los destacamentos más alejados del Puesto de Mando y les lleva, además del ánimo, noticias, encargos y, si puede ser, algún presente que les recuerde los sabores de la madre patria.

La clave del acompañamiento es la acogida. Al estilo de Jesús, el único maestro, que

  • acogía a todos los que llegaban hasta El;
  • escuchaba y,
  • cuando se iban de su lado, se marchaban aliviados en el espíritu y sus cuerpos sanados.

En definitiva, el Servicio Religioso presta apoyo humano, espiritual, religioso y moral a los militares que lo solicitan. Celebra diariamente la Santa Misa, fiestas patronales y funerales (este Capellán ha tenido que hacer las honras fúnebres y despedir a 12 compañeros caídos en Misiones de Paz). Administra Sacramentos, como el de la Penitencia o Bautismo de Adultos. Prepara para la recepción de los Sacramentos de la Confirmación y del Matrimonio. Forma coros para las celebraciones y otros actos. Da conferencias de formación religiosa y humana. Ayuda a los miembros de otras religiones o confesiones, si los hubiere, a practicar su culto. Se vale de la hoja parroquial o de la imaginación del momento para que las propuestas del Servicio Religioso tengan eco.

Habitualmente, ha sido el encargado de gestionar el Plan de Calidad y Vida de la Tropa, es decir, el tiempo libre y de ocio de los Militares, así como los recursos asignados: Biblioteca, Prensa, Películas de video, Programación de la Televisión, -incluidos los partidos de fútbol, “la madre de las batallas”-, Horarios y listas de Teléfono, cuando las llamadas a España eran de cinco minutos no todos los días, Listas de Internet, Competiciones deportivas, Viajes lúdicos y Visitas culturales. Con frecuencia se le encarga, con la célula de Asuntos Cívico-Militares (CIMIC), de coordinar o colaborar en la ayuda humanitaria.

Este “cajón de sastre” parece muy abultado. Pero en un lugar donde no hay horarios, salvo los fijos de las comidas, y todos los días del mes son lunes, primera hora, el tiempo, que allí parece que va más despacio, da para todo y aún sobra.

  1. EL CAPELLÁN MILITAR CON LOS DEMÁS…:

La figura del Capellán ha sido definitiva para las relaciones humanas y de cooperación con otros ejércitos. Éstas han surgido del buen entendimiento y amistad, además del apostolado en común, de los Capellanes de los distintos ejércitos con representación en el “teatro de operaciones”. Actos ecuménicos, reuniones periódicas, actividades culturales, han hecho fluidos los vínculos de unos con otros. El Capellán español ha prestado con bastante frecuencia servicio religioso a ejércitos de otros países que se lo demandaban. La colaboración ha dado siempre frutos positivos en todos los órdenes.

Contaré una anécdota. Macedonia, durísimo invierno del año 1999. El destacamento “El Pilar”, emplazado junto al aeropuerto de Skopje era vecino del americano. Ellos, con personal autóctono de sobra, lavaban rutinariamente sus enormes vehículos embarrados. Los españoles, de vez en cuando, aprovechando la caída de manos, colábamos alguno que otro, celebrando el agrado y buena disposición de los americanos y los macedonios. Hasta que llegó la factura, por cierto, el litro de agua al precio del de güisqui, ¡con lo que allí llovía! No había partida económica para justificar aquel gasto. Ante el agobio del Teniente Coronel, el Capellán pide la factura y va a visitar al Coronel americano. En aquel cordial encuentro, el Capellán, que les asistía religiosamente, pone precio, sólo simbólico, porque las Misas tienen un valor incalculable, a sus servicios, quedando muy en desventaja el ejército americano. Así se firmó un acuerdo por el que España podía lavar un número determinado de vehículos semanalmente a cambio de otro servicio, el Religioso.

Todo español que llega por alguna razón o de visita a Bases españolas en Zona de Operaciones, termina, sin saberse bien por qué, en las dependencias del “Páter”. Hablamos de ONGs, periodistas, etc. De esa acogida, sin preguntar credos ni ideologías han surgido largas conversaciones de lo humano y de lo divino y buenas amistades, por encima de todo.

  1. EL CAPELLÁN MILITAR Y LOS DEL LUGAR:

Hasta donde han podido y, a veces, no ha sido poco, los Capellanes han sido los mejores interlocutores para estrechar lazos de unión con popes, imanes y representantes religiosos. Con santa paciencia han tenido que soportar largas horas de reunión para escuchar un monólogo abundante de reproches y descaros, desahogos necesarios para llegar a acuerdos en otras mesas de negociación.

A    MODODE   CONCLUSIÓN:

Han sido muchos los Capellanes militares que en esta última época han acompañado a nuestras tropas fuera de nuestras fronteras en misión pacificadora y humanitaria. En algunos momentos han sido 5 a la vez, en distintos lugares, los que compartían la misma suerte. Para ellos no ha sido ni un mandato, ni una obligación, sino una necesidad que nace de la misión para la que viven y por la que sienten.

Con la mochila a la espalda, a pie de escalerilla del avión o en la propia casa, porque no había fuerzas para más, despedían a los ancianos padres y familiares cercanos a los que algunos no volverían a ver más. No toca ahora juzgar cómo lo han hecho. Cada uno de los miembros de los Ejércitos tendrá su opinión particular del Capellán o Capellanes con los que haya convivido. Pero, sin arrogancia ni vanagloria, estoy seguro que todos pusieron lo mejor de sí mismos a disposición de todos. Cada uno con su estilo y con sus peculiaridades, pero con humildad, procurando el mayor bien para todos. Esta actitud es respuesta recíproca del trato que recibe, en general, el Capellán por parte de los miembros de los Ejércitos. El Capellán se siente integrado, querido, útil y realizado entre quienes como él, han optado por una forma de vivir diferente, fieles a unos principios y convicciones, amantes como nadie de la paz y la concordia.

Todos deseamos que nuestros Ejércitos vuelvan a la rutina y al trabajo de los cuarteles lo antes posible. Cosa que parece cada día menos probable viendo el empeño de algunos intolerantes y fanáticos que, a costa de ideas seudo religiosas, amedrentan y se ensañan con la comunidad mundial. Nuestras Tropas, en ese ir y venir por caminos de paz, podrán seguir contando y confiando en sus Capellanes que, herederos del valor y la ilusión de los del pasado, bien preparados y siempre dispuestos, acompañarán con humildad a nuestros Ejércitos allá donde haga falta.

JOSÉ FRANCISCO NISTAL MARTÍNEZ

CORONEL CAPELLÁN EN RESERVA CON DESTINO

Blog: generaldavila.com

4 diciembre 2019

9 pensamientos en “EL CAPELLÁN MILITAR: AYER Y HOY, ARTÍFICE DE LA PAZ. JOSE FRANCISCO NISTAL MARTÍNEZ CORONEL CAPELLÁN EN RESERVA CON DESTINO

  1. Dedicada a los capellanes que entregan su vida al servicio de ESPAÑA por el bienestar de los que necesitan de ellos.

    A la Parroquia Castrense de Cádiz
    ————————————————————–
    En el templo más humilde
    Que a la Patria le hace honor,
    Donde la palabra sirve
    Y la maldad se rinde
    Con el pensamiento en Dios.

    Donde las canciones brotan
    De pechos que son henchidos
    Y van surcando las notas
    Que con incienso se arropan
    Entre versos bendecidos.

    Se celebró el Santo oficio
    Que rememora el aniversario
    De los que dieron servicio
    Con honor, y el sacrificio
    De los credos legionarios.

    En la bóveda del Templo
    Resonaban las canciones
    Que a la vida dan ejemplo
    Y mitigan el sufrimiento
    De los tiernos corazones.

    En sus palabras ardientes
    Fue extendido el capellán,
    Tan dignas y elocuentes
    Como las nobles simientes
    Del principio militar.

    No había muchos feligreses
    En esta casa de Dios;
    Pero el respeto castrense
    Fue tan digno en ofrecerse
    Como cálida la expresión.

    De las muestras reverentes
    Que se hizo a La Legión,
    El capellán y los presentes
    Que estuvieron elocuentes
    En este acto de honor.

    En la Iglesia militar
    De esta plaza milenaria
    Que arrullada por el mar
    Se glorifica el altar
    De la llama Legionaria.

    En el templo más humilde
    Que a la Patria le hace honor
    Donde la palabra sirve,
    Y la maldad se rinde
    Con el pensamiento en Dios.

    Soy cristiano por herencia,
    de palabra, y por acción
    y asumo las exigencias
    que me dicta la conciencia
    escuchando al corazón.

    Septiembre de 2.005

    Atentamente: Rogaciano Goana Nelson=Ramón Lencero Nieto

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  2. Reverendo, y respetado Pater:
    – Mil gracias por su apabullante trabajo, que no puede ser más esclarecedor.
    – El heroísmo de los capellanes militares en zona de combate, (y fuera de ella), está fuera de toda duda, benditos sean, Pater.
    – ¿Cuando se reconocerá la santidad del padre Huidobro?
    -Aprovecho desde aqui, para felicitarle la Patrona a los artilleros.
    – Respetuosamente le saludo Pater, quedando a su disposición
    ¡¡ POR DIOS Y POR ESPAÑA A MIS REYES SERVIR HASTA MORIR, VIVA LA LEGIÓN !!

    Esperanza González de Fonseca Marco

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  3. A las órdenes de V.E., mi General.

    Extraordinario y emotivo artículo el de este experimentado Pater. Y diría que muy necesario y oportuno en estos tiempos, en los que algunos tanto hablan de recuperar memorias y parece que se empeñan en hacerlo para repetir las peores. En estos tiempos, digo, en que se quieren resucitar conflictos que parecían olvidados o al menos superados, que nos tienen con el alma en vilo y el corazón en un puño.

    Qué sería de nosotros sin la presencia y el consuelo de los Capellanes, si la locura iconoclasta de algunos aspirantes a gobernar, “aunque tenga que ser a costa de un baño de sangre” (son sus palabras textuales) y el exceso de confianza y lentitud de reflejos de otros, terminaran en un conflicto.

    Durante la lectura apasionada de esta bella lección de historia, recordaba la gesta del Padre Huidobro y su gloriosa muerte en la Cuesta de las Perdices, precisamente por estar en primera línea auxiliando a los legionarios “cuando mayor era el fuego y la pelea más fiera”, hasta que el Capitán al mando le ordenó, de manera cariñosa pero un tanto perentoria y desde luego, terminante, que se replegase hacia retaguardia, con el fin de reducir el peligro en que se encontraba, ya con varios caídos alrededor. Y al iniciar ese repliegue, una granada enemiga lo alcanzó de lleno.

    ¡¡¡Viva España!!!

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  4. De lo mejor que he leído en este Blog . Emotivo reconocimiento a la labor de los Capellanes militares, siempre los he admirado. Por aportar algo puedo añadir, las “clases de analfabetos” , que sé daban en los , campamentos de reclutas y que era El Capellán su principal promotor ayudado por oficiales y suboficiales de la Unidad y por supuesto ,si entre los reclutas había algún maestro, colaboraba encantado. Hablo de los años 50-60., quizás un poco lejos, pero lo he vivido y lo comento.🇪🇸🇪🇸

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  5. Y como no podía ser menos, del mismo modo que se quiso suprimir toda participación de las FF.AA. en los actos litúrgicos católicos, los Capellanes castrenses también han sido objeto de los ataques de la izquierda, esa gente que no cree en ningún dios ni respeta los sentimientos religiosos a menos que sean musulmanes.

    En marzo 2017, el ex JEMAD y ahora miembro del Consejo Ciudadano de Podemos, el impresentable Julio Rodríguez, en TVE, abogó por la desaparición de la figura del capellán castrense de las unidades militares. El arzobispado contestó que “la asistencia religiosa a las Fuerzas Armadas es un derecho del militar creyente”. Y el tipejo se tuvo que callar.

    No se trata sólo de una tradición milenaria o un derecho sino de una necesidad de quienes quieren tener su alma limpia ante los riesgos que van a correr. Desde siempre los ejércitos se han encomendado a sus dioses protectores que han de preservarlos de todo mal y ayudarles en un incierto final y tales tradiciones incluyen los oficios religiosos que nos congracian con Dios.. ¿Quién no le pediría a Dios su protección antes de una batalla?

    Pues para todo eso y más, ahí está el Capellán, el Páter, que efectivamente encontraremos dispuesto a hacer por los demás lo que haría un buen padre por sus hijos, no sólo en el terreno espiritual sino para ayudar en alguna otra cuestión que nada tiene que ver con lo religioso. Eso es lo que me transmiten quienes saben del asunto y eso es lo que creo.

    Vano intento de quienes pretender imponer sus propios criterios y se permiten intentos para apartar a la milicia de la religión y de quienes dedican su vida a ello.

    Honor y gloria también para ellos.

    Le gusta a 2 personas

  6. Magnifica historia, que leeré más veces, con calme, lo merece.
    Gracias, General Dávila,
    Afectuosos saludos al Pater, y a Vd.
    !Viva España ! !Viva el Rey ! !Viva todas las Fuerzas Armadas Ejércitos y la Legión !
    Josefa López del Moral Beltrán

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  7. Agradecemos a D. José Francisco Nistal Martínez, Coronel Capellán, su testimonio y colaboración en éste blog, con especial atención a la historia de éstos “especiales soldados” que nos relata tan detalladamente y que para los que no tenemos una relación directa con nuestro ejército resulta altamente instructiva además de emotiva, sin duda alguna.

    Magníficos los versos de D, Ramón Lencero

    Gracias D.José Francisco, que Dios le bendiga y le guarde muchos años

    Margarita Alvarez.Ossorio

    Le gusta a 3 personas

  8. Importante y documentada exposición histórica sobre nuestros capellanes que acabo de leer ,del Coronel Capellán Nistal
    Siguiendo esa tradición,el dia de ayer, en la celebración de Santa Bárbara en el Castillo de San Fernando de Figueras, “nuestro Páter” ,persona modélica por su alegría, su fé,y sus cualidades humanas y pastorales, nos comunicó que tras pasar con nosotros la patrona de los infantes,no nos podrá acompañar el dia de Nuestra Señora de Loreto pues parte en misión por seis meses a Zona de Operaciones
    Te deseamos una feliz estancia y regreso tanto a ti como a tus feligreses,NUESTROS COMPAÑEROS
    Lopez de Castro

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