FURTIVOS DE LA POLÍTICA. EL LEGIONARIO QUE ENGAÑÓ A FRANCO General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Tener un amigo es un tesoro. Es costumbre española que el amigo, no pocas veces, se confunda con el conseguidor. Don Jacinto Benavente lo puso en boca de Crispín en Los Intereses Creados: <<Mejor que crear afectos es crear intereses>>.  

En los años cincuenta no había casi coches en España y los que había eran de importación lo que requería una licencia especial y numerosos trámites burocráticos para conseguir un flamante Ford, Citroën o Fiat. Pero, como casi siempre, quedaba el recurso del amigo, en aquellos momentos, en este caso concreto, el amigo debía ser el mismísimo ministro. Para conseguir ser poseedor de una de aquellas maravillas automovilísticas era imprescindible, además de dinero, tener un papel firmado por el ministro del ramo y si no, no había coche. El ministro de Comercio, el de la firma necesaria, era don Manuel Arburúa, Manolo para los amigos. Como es lógico el ingenio español que todo conoce y a todo bautiza, no dejó de hacerlo con los coches de aquella época:¡Gracias Manolo! Así llamaron a los vehículos que entonces circulaban por España. No creo que nadie tuviese en aquellos momentos más amigos que el señor ministro Arburúa. Franco debió de tener mucha gente alrededor, pero amigos creo que pocos, eso sí alrededor hubo muchos intereses, aunque no era fácil sacar provecho del Palacio del Pardo. Cuando menos te lo esperabas un motorista aparecía en tu casa con un sobre que dentro llevaba el agradecimiento por los servicios prestados.

Pero sé que hubo alguien, un humilde legionario, que fue más astuto que aquellos visitantes del Pardo y se llevó al Caudillo al huerto con astucia y elegancia. ¡Lo que no haga un legionario…!

Venía Franco de una cacería celebrada en alguna finca de Jaén cuando se realizó un alto técnico en conocida venta de Despeñaperros. El despliegue de curiosos y las medidas de seguridad no impidieron a un viejo legionario acercarse hasta el ayudante del Caudillo para expresarle sus deseos de saludar a su antiguo jefe de la Legión. El ayudante, antiguo legionario también, cuando ya Franco iba a meterse en el coche y emprender de nuevo el viaje se acercó a comentarle el hecho mientras señalaba al legionario que esperaba discretamente apartado. Franco lo reconoció de inmediato, incluso recordó su nombre, y con un gesto de la mano le invitó a  acercarse.

(El propio ayudante me contó esta historia).

-No podía creerme lo que veía: Franco indicaba al legionario que entrase en el vehículo y los dos sentados en la parte posterior charlaron durante unos minutos.

Algunos recuerdos de aquellos tiempos, miradas de entrañables aventuras y riesgos africanos, nombres y empleos casi olvidados, muy pocos minutos, pero contaba el ayudante que se veía a Franco feliz con aquel hombre que avivaba sus recuerdos legionarios. Terminaba la conversación, había que despedirse.

-¿Te va bien la vida, necesitas algo?

-Nada mi general. Se lo agradezco mucho. No se moleste por mí. Estoy bien, no me puedo quejar, pero ya que Vuecencia me lo ofrece me gustaría pedirle algo para un amigo. Si no fuese por la amistad…

-Dime, dime, no te cortes; ¿es un familiar…?

-No mi general. Se trata de un guardia civil aquí destinado y que es de Melilla donde tiene a toda su familia. Se encuentra muy solo tan lejos de ellos y ya sabe lo difícil que están las cosas para poder traérselos a vivir aquí, porque además sus padres son muy mayores.

Franco sin dudarlo llamó al ayudante y le hizo tomar nota del nombre del guardia civil. En menos de dos meses aquel número de la benemérita estaba presentándose al Jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de Melilla.

-¿Pero tú quién eres que desde El Pardo han dado orden de tu destino a Melilla?

-No soy nadie mi teniente coronel, yo estaba feliz en mi destino en Santa Elena y de repente me he visto aquí destinado sin yo pedirlo.

-¿Pero qué me dices? ¿No tienes aquí a tu familia?

-Yo mi teniente coronel es la primera vez que piso Melilla, que no sabía ni donde estaba.

Al final la historia quedó descubierta. El legionario era un furtivo sin remedio al que aquel guardia civil llevaba persiguiendo noche y día sin dejarle en paz. La solución era mandarlo mientras más lejos mejor.

Y entre legionarios…

Les he contado esta historia varias veces, pero creo que conviene recordarla cuando vemos que aquí, a lo que se ve y se oye, no se gobierna sino que el Gobierno, el que gobierna, se ha convertido en una agencia de colocación.

Furtivos de la política que colocan y descolocan para sus particulares cacerías.

Gobiernan no para llevar adelante el proyecto llamado España sino para crear intereses: los suyos.

Furtivos de la política. El resto, a los que vigilan, lejos, mientras más lejos los manden, mejor.

Si es posible, si les queda aún memoria sin manipular, recuerden como son las cacerías de ahora: ministro, juez y parte. Aquel día quedó escrito todo sobre nuestra reciente historia. Vendrán días de gloria… Como aquellos.

El tiempo inapelable.

<<Muchos los portatirsos, pero pocos los bacantes>>.

Que más da si ya hasta la memoria hemos perdido: manipulada.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

8 pensamientos en “FURTIVOS DE LA POLÍTICA. EL LEGIONARIO QUE ENGAÑÓ A FRANCO General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

  1. Ahora hay cierto político (aunque dice estar retirado sigue mandando mucho) que coloca a sus amantes. A una le da un ministerio, a otra una dirección general… Da igual que tengan cero experiencia previa como gestoras y que ni siquiera hayan sido concejalas de su pueblo. En fin, un chollo oiga.

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  2. Atentamente y con el debido respeto

    Yo pensaba otra cosa (FRANCO)
    ———————————————————————-
    Cuando Franco se murió
    Yo me alegré de su muerte
    Pensando en esa razón
    Que era Franco el dictador
    Ante el todo omnipotente.

    Mi padre fue un izquierdista,
    Y once años de prisión
    Estuvo engrosando lista
    En los penales franquistas
    Que poblaban la Nación.

    Y me enseñaron a odiar
    Lo que en la derecha estaba,
    Y empapándome ese mal
    Fui creciendo en la sociedad
    Que contra Franco gritaba.

    De aquella forma secreta
    Que murmuraban los miedos,
    Y entre cambios de chaquetas
    Fabricaban la espoleta
    Que explosionan los enredos.

    Yo pensaba que al morir
    Aquel que a España oprimía
    La libertad en su proferir
    Rompería para siempre el uncir
    Que al pobre se le ponía.

    Yo pensaba en la otra cosa,
    En las campanas futuras,
    Aquel camino de rosas
    Que en mañanas primorosas
    Se extienden por las llanuras.

    Yo pensaba que el socialismo
    Era base de la humanidad,
    Y que acabaría el caciquismo
    Que abastece al terrorismo
    Dividiendo a la sociedad.

    Yo pensaba en el clamor
    Que en justicia se concede:
    Yo pensaba en una Nación
    Con mandatarios de honor
    Que al cumplimiento se deben.

    Yo pensaba en esa ESPAÑA,
    Sin yugos, NI independencias.
    Yo pensaba en las campanas
    Que despuntan las mañanas
    Con clamores de decencias.

    Yo pensaba en libertades
    Que se extienden por doquier,
    Sin los sones inmorales
    Que despiertan temporales
    Por los mares del desdén.

    Yo, pensaba; Y SIN SABER
    Que el yugo es la ignorancia
    Del que no sabe entender
    Porque preso en el perder
    Todo le viene en desgracia.

    Yo pensaba en el bienestar
    SIN sinónimos de limosnas
    Que a los pobres se les da
    Para poderlos esclavizar
    En las convenientes normas.

    Yo pensaba que la libertad
    Era decir lo que se siente,
    Y el hacer por la humanidad
    Con el amor y la dignidad
    De un mañana más decente.

    Cuando Franco se murió
    Yo me reía del difunto,
    Y brindando por mí NACIÓN
    Empecé a creer en Dios
    SIN saber lo que estaba oculto.

    Autor. Ramón Lencero Nieto

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  3. A las órdenes de V. E., mi General.

    Ay, aquella venta, Casa Pepe, cuántos recuerdos de buenos momentos pasados allí, parada obligatoria entre Ladrid y el Sur en infinitos viajes durante más de veinte años. El antiguo dueño y fundador de la misma, uno de los más leales y grandes devotos del Caudillo, era el mejor y más emblemático anfitrión de toda la carretera.

    Hace ya años que no paso por allí, pero lo recuerdo con verdadera emoción. Me decía que áquel negocio había podido salir adelante y prosperar gracias a la Guardia Civil, sus mejores y más fieles clientes desde el primer día.

    ¡¡¡Viva España!!!

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  4. ¿Qué mal acabaría con la primera, que no ha pasado de ser diputada?
    Supongo que los, antifranquistas profesionales dirán que el legionario/cazador furtivo acabaría siendo detenido y su enemigo jurado el agente de la GC se encargaría personalmente de su tortura y desaparición. Hasta es posible que algún cineasta subvencionado se atreva, a hacer una pelicula/documental!!!

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  5. El ingenio, hasta para hacer putadas, es siempre una buena noticia. Lo malo es hacer barrabasadas sin gracia, y de ésas tenemos hoy en día a millares (como poner de ministro a un tal Félix Bolaños García, que de gracioso tiene lo mismo que yo de cosmonauta)

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