«LA TRISTEZA DEL BUZÓN» Coronel de Caballería ® Ángel Cerdido Peñalver

En este octubre me encuentro con el papeleo de siempre del Gobierno. Leyes nuevas que son como mover los muebles de la casa para conseguir que haya más agujeros en las paredes, pero sin ventilar las
habitaciones.
No quiero hablar sobre la situación anárquica de nuestra Justicia, ni de la cada vez más preocupante crisis económica, para no terminar como la novela que luego veremos.
…Ante las protestas de su mujer, que alega la posibilidad de que el gallo sea vencido y no ganen un peso, y ante la pregunta de ella: ¿Dime, qué comemos? El coronel responde: «Mierda», palabra con la que termina el relato.
Hoy lo que quiero es acordarme de las cartas: las que no llegan, las breves, las románticas pasionales…, de todas.
Y es que el arte de escribir cartas se ha perdido. Pienso que todo empezó, cuando se masificó el correo electrónico y ya no hubo necesidad de escribir en un papel, guardarlo en el sobre y arrojarlo en un buzón para que, con suerte, le llegase al destinatario unos cuantos días o semanas después.
A mi, la filosofía del poeta romano Horacio, no me aporta demasiado consuelo con su «Carpe Diem» cuando me dice que solo el presente me pertenece, y me anima a aprovecharlo sin esperar el futuro, y olvidándome del pasado.
Por eso quisiera recordar la última vez que recibí una carta, pero como decía García Márquez, este coronel no tiene quien le escriba. Como el protagonista de la novela que espera desde hace quince años, en su chamizo de la costa atlántica colombiana donde malvive, la carta con la asignación de su pensión por los servicios prestados a su patria durante la guerra civil de su país, la llamada: «Guerra de los Mil Días».

En realidad, la narración reflexiona sobre la espera y sobre la conveniencia de mantener la integridad personal en un mundo donde los hombres de valor y principios, como el coronel, han sido dejados en el olvido y sobrepasados por la
ambición de poder político y económico de sus antiguos compañeros de lucha.

Ahora cuando llego a casa, el buzón está triste, casi vacío, se ha quedado sin trabajo y me da mucha pena verlo así. Por eso, pienso escribirme una carta y enviármela con un sello de correos, para que llegue a mi buzón y disminuir un poco, su soledad.
Y es que cada día es más difícil encontrar algo en el buzón que no sean notificaciones bancarias, letras, deudas, multas o simple correspondencia comercial; cuando son cada vez menos las cartas que escribimos y recibimos, y cuando cada vez estamos más alejados de las evidencias materiales, los rostros y la presencia de aquellos con los que
nos une alguna cosa.
Y me da igual que la deseada carta fuese larga o corta, me hará la misma ilusión, como estoy seguro tuvieron el dramaturgo y su editor al recibir estas que se cruzaron:
Cuentan que Víctor Hugo, preocupado por la repercusión en el mercado de su nueva novela «Los miserables», a comienzos de la década de 1860, le escribió a su editor una de las dos cartas más breves de la historia. Decía simplemente: “?”. La segunda carta más breve de la historia fue la respuesta del editor con su escueto: “!”.
Tenemos la tendencia a ver el pasado como un sitio luminoso, donde todo era mejor que ahora. A menudo añoramos tecnologías o costumbres que la memoria selectiva ha asociado con agradables sensaciones. Pensando en eso, me pregunto: ¿no es un poco absurdo el lamento por haber dejado de escribir cartas en papel, en tiempos en que todos llevamos en el bolsillo un aparato con el cual no solo podemos enviar y recibir mensajes escritos, sino también fotos y grabaciones de voz y de video, en fracciones de segundo, desde y hacia casi cualquier parte del planeta? ¿Acaso la añoranza por la
vieja correspondencia no es también un error, un engaño de la memoria, una fantasía sostenida por el paso del tiempo?
Rotundamente ¡no!, pues existe una integridad en las cartas que no existe en ninguna otra forma de comunicación escrita, y en parte esto tiene que ver con la aplicación física de una mano sobre el papel. Es decir, el valor de la carta como objeto físico: no es solo un texto que se transmite, sino un elemento material que ha sido forjado por las manos de una persona y llega a las manos de otra. Es el medio como mensaje.
Mientras tanto, me entretengo en releer las correspondencia entre los escritores Emilia Pardo-Bazán y de la Rúa-Figueroa, condesa de Pardo- Bazán, y Benito Pérez Galdós, y centrarme en la relación epistolar, romántica y pasional que ambos
mantuvieron durante décadas.

La última carta auténtica llegará en esta generación, pero ¿Cuándo será ese triste y memorable día? ¿Quién la recibirá?
Aunque no estén en el buzón, lo que si recibo diariamente son las magníficas cartas en forma de artículos que me trae cada mañana este blog, los leo, los releo y disfruto con los comentarios de todos mis invisibles amigos.
Pero si alguien quiere escribirme un día una carta en papel, que sepa que también me hará feliz.

Coronel de Caballería ® Ángel Cerdido Peñalver

Zaragoza septiembre 2022

Blog: generaldavila.com

8 pensamientos en “«LA TRISTEZA DEL BUZÓN» Coronel de Caballería ® Ángel Cerdido Peñalver

  1. Buenos días, mi Coronel, y todos: ¿buzones,cuartillas, sobres, y sellos?…anteayer mismo me las vi y deseé para encontra un bolígrafo en casa. Hay uno, lo sé, por ahi, que usan para la lista de la compra, que veo porque la que hace la compra, cuando va al supermercado se la deja olvidada, quizá para que yo la vea, y me de cuenta de que en casa hay un bolígrafo, y me ponga a buscarlo, para no ser capaz de encontrarlo, que es donde parece que está la gracia. A veces abro al cartero, cuando llama al portero automático, y me tiene 5 o 6 minutos preocupado por sí toca en mi puerta, y es una multa. Mondo Cane; literal.

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  2. A las órdenes de V. I., mi Coronel.

    Evocador y entrañable esto de las antiguas cartas. Desde el «Si vales bene est; ego valeo», con el que las comenzaba Cicerón, y seguía con su ternura característica deshaciéndose en muestras de cariño a su esposa, hasta el «Me alegraré de que a la presente te encuentras bien de salud, yo estoy bien, gracias a Dios», que era la traducción más que libre que se utilizaba en tiempos de mis abuelos, el lenguaje de las cartas siempre fue, como digo, entrañable.

    Un servidor se declaró, nada más incotporarse a su primer destino en el Ejército a los diecisiete años, por carta, pues le resultaba más fácil que hacerlo personalmente, por aquello de la timidez, máxime siendo el hipotético futuro suegro un Jefe del mismo Ejército, yen el mismo destino. Para que liego nos hablaran los instructores sobreel concepto del valor. Y lo hizoa demás, transcribiendo, que no copiando, el bellísimo poema de Béquer que comienza: «Yo sé un himno gigante y extraño que auncia en la noche del alma una aurora….». Y la ilusión y zozobra al recibir la contestación y no atreverse a abrirla por si la respuesta fuera un no, inenarrable. Y para qué decor el gozo, al abrir la carta, por fin, y leer más o menos literalmente aquello de «No he entendido nada, pero la verdad es que yo también te quiero». Ahí es nada la suerte de algunos.

    En la actualidad, cuando llego todos los días a la residencia de mayores para pasar la tarde con aquella primera y única novia en mi vida, y esposa desde hace sólo cincuenta y cinco años, en broma, pero en serio y sintiéndolo más fuerte que nunca cada día, le recito al oído aquel poema y ella me responde con una sonrisa que interpreto como señal de que lo ha entendido todo.

    Todavía en aquellos años quedaba algún Soldadtito de reemplazo que no había aprendido a leer ni escribir, al que yo me ofrecía para enseñarle, y me pedía le escribiera las cartas que él me dictaba para sus padres. Eso era muy fácol y un pkacer; lo que resultaba más complicado de transcribir en un papel de carta, de aquellos rayados para ayudar en la caligrafía, eran las expresiones amorosas un tanto subidas de tono, cuando las cartas eran para la novia, y había que pulorlas para que fueran leíbles.

    Qué tiempos.

    ¡¡¡Viva España!!!

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  3. Buenos días a todos, mi General:
    Estimado Coronel Cerdido:
    Estoy seguro que si la incordiante ley de protección de datos y las propias normas de este blog no lo impidieran, su buzón se iba a ver repleto de cartas, breves y extensas, que quienes seguimos este blog le íbamos a enviar.
    Feliz fin de semana a todos.
    Saludos cordiales.

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  4. Muchas gracias Mi coronel por su escrito tan emotivo. Ahora solo se reciben notificaciones del banco o propaganda, el arte de escribir como correspondencia, se está perdiendo, ni tan siquiera las felicitaciones por Navidad, en vista de lo cual, me ha dado por escribir un librito de notas de lo que me acontece diariamente, a modo de diario pero que no llega a tanto y así, me conformo, cuando al mes o así, las vuelvo a leer, parece como si me hubiesen enviado «algo». Saludos para todos.

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  5. Atentamente y con el debido respeto

    A la tristeza del buzón
    ————————————-
    La tristeza del buzón
    Es el reflejo de la sociedad
    Entrañada en la deshumanización
    De esta vil maquinación
    Con problemas de identidad.

    En este llamado progreso
    De la sinrazón que atiende
    A lidiar con los procesos
    Que nos llevan al regreso
    Y. A la humanidad ofenden.

    Añoro aquellos buzones,
    Las cartas. Y a los carteros,
    Se aparecen las menciones
    En vientos de bendiciones
    De tiempos que ya se fueron.

    La tristeza del buzón
    Es el reflejo de la sociedad
    Entrañada en la deshumanización
    De esta vil maquinación
    Con problemas de identidad.

    España día 30 de septiembre de 2022

    Ramón Lencero Nieto

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  6. Buenas tardes.
    Ahora, mi coronel, las únicas cartas que se reciben son las de las multas, de los múltiples organismos que las expiden: ayuntamientos, Tráfico, Hacienda…, etc. Pero la verdad, es que ya nadie escribe a nadie, y menos a mano.
    Yo aún no he perdido la esperanza. Lo mismo que este año las universidades de Navarra ( la pública y la privada) han prohibido el ordenador y el «smartphone» en las aulas, para que el alumando no pierda el hábito de escribir » a mano» y fije mejor el aprendizaje «oculo, mente, manual», estoy seguro que pronto, aunque parezca una eternidad, volverá la relación epistolar. Como todo, de repente, «lo vintage» ( qué tontuna) es moda y se hará viral. Al tiempo.

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  7. Buenas tardes

    La verdad D. Angel es que con lo perezosa que soy, me resulta mucho más fácil comunicarme con los amigos por internet, sobre todo teniendo en cuenta que muchos de esos amigos que todavía conservo andan repartidos por el mundo y éste es un medio rápido y efectivo para ello.

    Apenas si llego a escribir la lista de la compra a mano, y por falta de uso noto que mi letra no se parece en nada a cuando tenía que escribir esas cartas que por no perder contacto escribía al menos una vez por año, concretamente en Navidades, porque ahí aprovechaba y no me limitaba a la típica tarjeta de felicitación, todos han podido comprobar mi incontinencia a la hora de escribir, así que empezaba con tiempo y paciencia a escribirlas, y las mandaba en las fechas oportunas.

    Pero lo que dice D. José Manuel es bien cierto, si tuviéramos los datos para poder escribirle, estoy segura que recibiría un aluvión de cartas de todos los que nos consideramos sus amigos, si eso es lo que echa de menos.

    Lo que me temo es que pudiera llegar a entender las diferentes letras, porque las hay que parecen de médico y no hay quién las descifre. Yo guardo cartas de mis hijas, de cuando estudiaban en diferente sitio al que tocaba de residencia para mi marido y para mi, y muchas veces hay frases completas que nunca he llegado a entender. De cuando éramos novios, apenas si recibí postales de mi marido, era tan escueto que en apenas tres líneas era capaz de resumir semanas de ausencia, supongo que era deformación profesional, porque a veces he llegado a leer sus informes profesionales, y me asombraba su capacidad de síntesis, virtud que no me adorna, desgraciadamente para mi y para nuestro director cuando hago un comentario y tiene que moderarlo y leerlo antes de publicarlo.

    La última carta que he leído, escrita a mano, publicada no recuerdo en qué medio de comunicación, fue una que escribió Javier Marías apenas un mes antes de morir, por una neumonía colateral consecuencia de un contagio por covid, con 70 años. Aparte de sus ideas socialistas, con las que no solía comulgar, si que he leído casi todos sus libros e incluso algunas de sus traducciones del inglés, que eran perfectas, y sus libros en general muy buenos. Por lo visto seguía escribiendo a sus amigos a mano, y con pluma, Se ve que no es usted el único que echaba de menos ese contacto directo y personal, y a pesar de mi renuencia a esa costumbre, si que admiro a quién conserva ese hábito y lo cultiva.

    Lo que odio son los mensajes por WhatsApp. Eso de escribir sobre un teclado diminuto y difícil, en los que las comas no existen, tienes que ir a otra parte del teclado a buscarlas y los acentos ya vienen incorporados, y si te descuidas el texto también si que me parecen impersonales y burdos. Lo siento mucho, para mi el teléfono sigue siendo un elemento para poder hablar directamente, y poco más.

    Y lo dicho, D. Ángel, si el General Dávila tiene tiempo y paciencia para mandarnos por gmal su dirección postal, le prometo una carta en toda regla. !!!A mano!!! y un poco más larga que la de Victor Hugo a su editor y viceversa.

    Un cordial y afectuoso saludo mi Coronel

    Margarita Álvarez-Ossorio

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  8. Con un poco de compasión, te envío estas letras. Más ,que
    para ti , para tu buzón. Realmente es penoso, con la próxima
    generación pienso que desaparecerán hasta los buzones. No se si llorar o reír, pero pienso que, en el futuro el buzón será un trasto. Ángel un abraza y a “mi General , “ siempre a tus órdenes “.🇪🇸🇪🇸 🇪🇸
    ¡¡¡TODO POR LA PATRIA!!!

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