El 11 de noviembre de 1938, se declaró la restauración de los cultos a los Santos Patrones por las Armas y Cuerpos, dándoles consagración oficial a su celebración y solemnidades. Y es que fomentar en las Armas o Cuerpos que forman el Ejército estas tradiciones que arraigan en los ánimos, conducen a sostener el noble espíritu de compañerismo que, alejando todo egoismo individual, impulsa con poderoso estímulo los sentimientos, base firme de todas las virtudes militares.
25 DE JULIO.- SANTIAGO APOSTOL, PATRÓN DE ESPAÑA Y DEL ARMA DE CABALLERÍA.
Santiago, era el hermano mayor de Juan, ambos hijos del Zebedeo y de Salomé. Su nombre es lo mismo que Jacobo, Jaime, Diego y por supuesto Yago, y este es el que sería nuestro Patrón por sus grandes méritos con España y la Caballería pues, si solo de etimología se tratara, difícilmente le hubiera quitado el honor del patronazgo al Apostol San Felipe, del griego «filo hipus», el amante de los caballos.
Nadie ignora que nuestro Apóstol Santiago fue el encargado de evangelizar España. Para ayudarle se le apareció la Vírgen en carne mortal en Zaragoza, dónde hoy se levanta la Basílica del Pilar a orillas del rio Ebro. Vino, y de uno a otro confín, infatigable, fue sembrando a voleo la semilla redentora de los ideales cristianos en la tierra virgen, y cuentan las historias que, al ver la terquedad y resistencia de los españoles en general y de los aragoneses en particular a su predicación, un día harto y cansado, determinó coger otra vez el camino de vuelta a Palestina, donde nada más llegar sería degollado.
Siempre, según la tradición, después del martirio sus seguidores recogieron el santo cuerpo, trasladándolo hasta las costas de Galicia, donde le enterraron próximo a Iria Flavia.
Después… ocho siglos de silencio hasta que un día, las gentes humildes del campo vieron encendidas en los robles de aquel bosque, una riada de estrellas indicando el santo sepulcro, y el obispo Teodomiro dió testimonio de lo hallado.
Más tarde, el Rey Ramiro I de Asturias se negó a seguir pagando el vergonzoso Tributo de las Cien Doncellas Vírgenes y como consecuencia de ello Abderrahman II se enfrentó a las tropas cristianas en el pueblo riojano de Clavijo. La víspera de la batalla, la tradición nos cuenta, que el Apóstol Santiago se le apareció en sueños a Ramiro I y le prometió la victoria.
Desde entonces, Santiago se convierte en bandera y espuela de la cruzada contra el Islam. Es tradicional en España la representación del Apóstol como santo de las batallas, cabalgando en corcel blanco, esgrimiendo espada y enarbolando el estandarte de la Cruz. Es a partir de Clavijo cuando surge el mito y se le empezó a llamar Bonaerges, «El Hijo del Trueno». En toda la Reconquista las batallas contra los árabes empezaban al grito de ¡Santiago y cierra, España! o ¡Santiago arriba, adelante y a ellos! como símbolo de unión entre cristianos. El origen de esta iconografía nos lo dio el primer rey de Aragón Ramiro I, cuando narra la famosa batalla de Clavijo, donde por primera vez se oyó el famoso grito de guerra, lanzado por el conde de Altamira, que mandaba las huestes del obispo de Santiago. Cerrar España quería decir cerrar filas en torno a un jefe siendo una piña, como un solo hombre. ¡Lealtad y obediencia!.
Desde entonces, peregrinos y pícaros, santos y poetas, nobles y reyes convierten la Ruta Xacobea en germen de la construcción europea, y en torno a la ciudad del milagro, se ha formado el espíritu de la Caballería, de España, y de toda Europa. Compostela se trueca en imán de gentes, en la Jerusalén de Occidente, y a este cordón umbilical que es, se ha unido todo un continente, y al conjuro del Apostol, también todos los jinetes hemos desfilado ante la imagen románica y milenaria de Santiago el Mayor el Hijo del Trueno.
Gran acierto tuvieron en sintetizar la representación de tan nobles ideales en el Apostol Santiago, que es, a su vez, síntesis en la tradición y en la historia de la gloriosa Reconquista, donde nuestros antepasados constituyeron en ocho siglos de sangrientas luchas la nacionalidad española.
Pero no todos pensaban de la misma manera, pues en el sitio de Coimbra, inspirado en el «códice calixtino», se cuenta que el obispo griego Astiano, reprendió a unos peregrinos que invocaban el favor castrense del buen caballero, señor Santiago, pareciéndole impropio del Apostol el oficio de guerrero.
A ese obispo, aquella noche se le apareció Santiago, que tenía en sus manos dos llaves, anunciándole que, al día siguiente, a la hora de tercia, abriría las puertas de Coimbra, que llevaba siete años sitiada, a las huestes del rey don Fernando. Luego se comprobó, al cotejar fecha y hora, que todo se había verificado según la revelación de Santiago. Desde entonces el obispo cambió de parecer respecto, según él, al oficio guerrero impropio del Apostol. Que bien lo describe Cervantes:…
La imagen del Patrón de las Españas a caballo, la espada ensangrentada, atropellando moros y pisando cabezas; y en viéndola dijo D.Quijote:
«Este si que es caballero, y de las escuadras de Cristo; éste se llama Don San Diego Matamoros; uno de los más valientes santos y caballeros que tuvo el mundo y tiene agora el cielo. Que no todos podemos ser frailes y muchos son los caminos por donde lleva Dios a los suyos al cielo; religión es la Caballería; caballeros santos hay en la Gloria».
El caballo por un instinto singular, sabe y conoce todas las veredas que le conducen a la casa que le cobija; adivina donde está el pesebre en el que come todos los días, y si el caballo siente querencia por su casa y por su amo, Santiago, siempre sintió honda querencia por España.
El caballo de Santiago, ¡que se me pegue la lengua al paladar si hoy no me acuerdo de ti! (Salmo 137-1), en realidad su color debería ser pardo como la piedra arcillosa que rodea los muros de Clavijo, pero el polvo que sus extremidades levantaron hasta tapar el sol, se impregnó en su pelaje divino, tiñéndolo de un tono rojo y confundiéndolo con la sangre musulmana que estalló bajo sus cascos.
Y no siempre fue caballo de pelea. Entre los bonitos relatos de «Cuentos de la Patria», de la condesa de Pardo Bazán, concretamnente en el «Caballo Blanco», el Patrón de España, en presencia de San Isidro, le dijo a su caballo: mi querido tordo, olvídate del ruido de sables ahora toca estar junto al de Isidro, para trabajar el campo.
Señor Santiago, Alférez Mayor, nunca eches pie a tierra y que tu caballo jamás pierda la querencia hacia nuestra querida España. Aquí, todavía creemos que sigue siendo cierto eso de que toda nación para ser respetada ha de asentarse en los tres pilares: Educación, Religión y Ejército.
Hoy, no está caducada la protección del Hijo del Trueno, siempre dispuesto a cabalgar llevando la dirección de los gloriosos escuadrones como corresponde al Alférez Mayor de la gloriosa Caballería Española. No podía ser de otra manera. Cada uno es lo que es; Santiago era hijo del trueno, y como el rayo era, además de zelote: ardiente,volcánico y fogoso, por eso «Si os dicen que han visto un caballo volar y que era tordo, creedlo»
En el Patrón no cabe más fogosidad. En un intento de impedir el arresto de Jesús, San Pedro se contentó en cortar la oreja a Malco; pero Santiago pidió fuego del cielo para destruirlos a todos, y reparar la ofensa hecha a su Maestro, al no dejarle detenerse en Samaría.
Dando un salto, por no hacerme interminable entre historias y leyendas, en nuestros días también hoy vibran las jambas de la Puerta de los Perdones, para recibir una arriada de peregrinos, muchos con paso tardo de jinetes, que como siempre, antes de traspasar las puertas de la gran urbe, como a la antigua usanza, se lavarán en los arroyos los pies doloridos, desenmarañarán con peines sus barbas y sus melenas hirsutas, sacudirán el polvo a sus rotos sayales de estambre y a sus esclavinas de cuero, cuidando de que no se desprendan las conchas de las vieiras que les servían para catar el agua fresca en los regatos, y llenar con ellas las calabazas que eran remate de sus bordones…, y al final del Camino, como es costumbre, subir hasta la pequeña cámara para abrazar al Patrón.
El ministro de la Guerra, General Azcárraga, el 20 de julio de 1892, ratifica el exclusivo patronato del Santo Apóstol para el Arma de Caballería por Real Orden. En realidad, dicha designación por el Vicario General Castrense databa de 1846, pero no había sido llevada a la «Gaceta», tal vez por estar muy recientes los fusilamientos en la villa coruñesa de Carral. (Sangriento epílogo de la descabellada sublevación de algunas guarniciones gallegas contra el presidente Narváez).
Vais a la muerte
Con alegria,
Con el galope de la Caballería.
Un grito pone
Fin a la hazaña
Con nuestro lema «¡Santiago y cierra, España!».
Zaragoza marzo 2024.
Coronel de Caballería ® Ángel Cerdido Peñalver
Blog: generaldavila.com



























