Escribo con retranca y dedicado. Es seguro que no se va a enterar de la publicación y, aunque lo hiciese y leyese, no la entendería. Podría ser que alguien próximo le diga que ha sonado un trueno, pero ya decía el sabio estratega que cuando estalla el trueno es demasiado tarde para taparse los oídos.
Puede que esto le de una pista: «El valiente sabe batirse; el prudente, defenderse; el sabio asesorar: No se desperdicia el talento de nadie», aunque «No esperéis ninguna hazaña de los que carecen de talento».
Desde pequeñito me enseñaron a no señalar. Con el dedo. Cuando estás ya crecidito y enmarcado en el grupo, entiendes que eso debes ampliarlo no solo al dedo sino también a la mirada, al gesto y a la palabra que no aporta pero ofende.
Para no hacerlo, pero hacerlo -espero que me entiendan- mejor callarte. El que no tiene talento siempre espera respuesta. No quería pecar, pero el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra; o más.
Señalar es de mala educación. Claro que cuando sigues creciendo y ganando altura te chocas con la viga que sostiene la hipocresía.
Hay un comportamiento detrás de esta frase que les repito muy a menudo que debería ser más práctica común: “Verlo todo, no mirar nada”. Sobre todo ver al personaje que se esconde al otro lado de la colina como decía Wellington. Acabó venciendo a Napoleón. No señalaba, sino que se enteraba de todo.
Es la ventaja de haber visto a este y a aquél, -sobre todo- en sus distintas formas de señalar. El truco del señalador es ya muy viejo y responde a modo derrota. O peor: tirar la piedra y esconder la mano.
Los más señalan a puerta cerrada y su dedo señalador se convierte en algo oficial: un señalamiento. Decía Eugenio d´Ors: «En el principio fue un membrete». Señalado, para bien o para mal, pasas al BOE. Es el dedo del poder que es principio y fin. Efímero como medallas en el uniforme sin hechos contrastados. Porque cuando uno señala puede hacerlo de dos maneras. Una por error, es decir, por mala educación, escasa formación o descuido menor. La otra es institucional, que es variada, interpretable, sujeta a normas y aprobaciones, colegiada y legal.
Esto de señalar es mala costumbre y ya sabemos que «Malas conversaciones corrompen buenas costumbres» y ahora estamos en el momento justo de no entender por qué rompemos el silencio por el señalamiento.
El final de la vida profesional es la liberación del membrete. Ya ni sales ni te importa lo que diga el BOE. No vives para él ni para el Consejo de Ministros.
Es por eso que sin señalar a nadie, pero señalando a don nadie, me gustaría terminar con las sabias palabras del gran estratega que a día de hoy nadie ha logrado igualar: Sun Tzu. Son para aquellos que les surgen dudas sobre el sentido de la milicia y el camino que llevan algunos ejércitos. Algo que genera muchas dudas de vocación a jóvenes que llegan con una idea contraria a la verdadera misión de los ejércitos ¡tan señalados! No conviene engañarse y confundir la milicia con el asistencialismo, más propio de otras organizaciones. Nada que ver con ser soldado.
El maestro relata la conversación:
Tu Mu: «Por lo que concierne a las conveniencias, las leyes y los decretos, el ejército tiene su propio código, que, generalmente, respeta. Si éste se adapta a las reglas que presiden el gobierno del Estado, los oficiales estarán desconcertados».
Chang Yu: «Recientemente se han encomendado a los cortesanos las funciones de Supervisor del ejército, ahí reside precisamente el error».
Blanco es, la gallina lo pone, con aceite se fríe y con pan se come.
Todos somos estupendos, pero mejor no fiarse ni del compañero de pareja.
«La guerra (por el amor) es un dios muy grande bien digno de ser honrado entre los dioses y entre los hombres por mil razones, pero principalmente por su antigüedad, porque no hay dios tan antiguo como él. Y la prueba es que no tiene padre ni madre. Ningún profeta ni prosista ha podido atribuírselos. Según Hesiodo, al principio existió el Caos, después la Tierra de amplio seno, base eterna e inquebrantable de todas las cosas, y la Guerra. La guerra es el primer dios que concibió el hombre y en ella ocultó todo lo demás (Platón El Banquete).
Ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor.
La visión del arquero siempre fue negativa, pero siguen combatiendo desde la distancia, a lo lejos. No sabrían hacerlo de otra manera.
General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez
Blog: generaldavila.com
23 junio 2026
