MENOS POLÍTICA Y MAS EFICACIA EN LA GESTIÓN Rafael Dávila Álvarez

Discurso político

Todo (s) se envuelve (n) en ese repugnante discurso de la política con el que cada día pretenden enzarzarnos para tapar su ineficacia. Unos y otros (que son todos). En estos días he podido recorrer en coche gran parte de las autovías de España que llevan al norte, sur, este, oeste, y comprobar, sin que nadie me lo cuente, el lamentable estado de nuestras infraestructuras, faltas de mantenimiento y sometidas a la pésima gestión central y autonómica. A ello se une el paisaje desolador de cierres de pequeños polígonos industriales, bares y restaurantes de carretera, como si la epidemia hubiese sido la bomba atómica. El campo abandonado y los pueblos en ruina. Todo es paisaje de desolación. Mucho dinero debe tener ahorrado el personal cuando no se ven las quejas ni el crujir de dientes. Una cola del hambre cada vez mayor y más silenciosa.

Mientras esto ocurre la política invade nuestras vidas y soportamos impúdicamente el panorama diario de ver las vergüenzas de nuestros gobernantes, los del todo y los de las partes.

En España nada funciona

En España ha dejado de funcionar casi todo, y lo poco que queda está en vías de dejar de hacerlo.

Un ejemplo de sufridores es la gasolina, la luz, la cesta de la compra (de la que nadie habla), la Administración, Correos, y sigue y sigue; otro ejemplo es el diario tráfico de la capital, Madrid, que empieza a despertar del letargo y ve como se ha quedado sin infraestructuras, abandonadas y deterioradas, y nadie pone remedio. El insoportable tráfico caza en sus atascos a miles de sufridores que no tienen otra solución que la paciencia y admiten que esto sea así: una pésima gestión, falta de preparación en los administradores, métodos antiguos y encima lo achacan a una avería o a un accidente cuando es fácil comprobar que el problema es fruto de una pésima gestión (malísima gestión, aunque la DGT —y comparsas como Infraestructuras, Reguladores de Tráfico…— saque pecho). Entre unos y otros han convertido Madrid en una ciudad antipática e incómoda lo que se traslada a muchas grandes capitales donde uno se siente como un extraño.

Casi todo está prohibido y controlado. La vigilancia acecha allí donde no es necesaria y falta donde lo es. Ser honrado y cumplidor de la ley casi penaliza.

Resultados y no ideologías

El día que exijamos resultados y no ideologías las cosas empezarán a cambiar. Nadie es quién para introducir su ideología en la gestión de los recursos que es fruto de meternos la mano en los bolsillos sin preguntar. De camino te imponen su criterio a buen precio, para que hagas carrera en tu ideológico caminar sin más libertad que obedecer el mandato.

Quédense con sus ideologías y gestionen bien los miles de millones de euros que pasan por sus manos y que se utilizan sin el más mínimo pudor ni explicaciones a nadie. Se las dan entre ellos que para eso son todos muy amiguetes y utilizan la táctica del dentista (vamos a no hacernos daño).

No estaría de más que después de la tormenta comprueben los daños y consensuen una pausa para arreglar España y pagar daños y perjuicios. Alguno debería ser sometido también al mismo proceso que la clase política somete a sus ciudadanos.

La política soberbia

Hace mucho tiempo que abandoné a unos y a otros en política, aunque alguno me cayese más simpático que otro. Hoy no queda nada y lo poco que podía quedar se muestra intolerable y soberbio. Como todos y todo: manga por hombro.

La libertad

Todo esto sin incidir en que hemos vivido un periodo escandaloso, y seguimos viviendo, contra las libertades más elementales de un ciudadano, libertades de las que «todos» los políticos han gozado, y que con la escusa de la pandemia han institucionalizado su ausencia entre nosotros a pesar del Poder Judicial que ya no se sabe si sabe o hace que sabe o mira para otro lado, como el conjunto de la sociedad.

Con su pan y aceite se lo coman, pero dejen en paz el mío.

Fui un ciudadano, hoy pretenden que sea un borrego. Me tiraré al monte. Antes muerto que humillado, ¿o no era así?

Solo pedimos eficacia en la gestión; de mi educación e historia ya me encargo yo. Sobre todo cuando ellos son maleducados y analfabetos.

Desde el atasco ideológico.

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

15 septiembre 2021