23F. GOLPE DE ESTADO. Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

‹‹Las cosas por su nombre. Entre la sedición y el golpe de Estado. Ahí es donde estamos. Mejor sería no tener que aplicar el artículo 155 de la Constitución, y mucho menos el 8, para resolver el órdago secesionista catalán. Eso es lo que hizo la II República en 1934…›› (Luis María Ansón. El Mundo jueves 14 de enero 2016).

Golpe ese: el catalán. El de los indultados.

Eran alrededor de las ocho y veinte de la tarde del 23 de febrero de 1981. Jordi Pujol, Presidente de la Generalidad, hablaba con el Rey.

¡Tranquilo, Jordi, tranquilo!

Es historia. La historia del «golpe de timón» o «golpe de bisturí» en expresiones acuñadas por Tarradellas, antecesor de Pujol, meses antes de darse el golpe.

De aquel 23F quedan dos o tres personajes del primer nivel y otros dos o tres del segundo que saben cosas; más que el resto. Quizá todas las cosas. No, Pujol no. Su honorabilidad iba por otros caminos. Saber sabe, pero de otras cosas que no le dejaban tiempo libre para frivolidades.

Tarradellas dijo con rotundidad:

‹‹Si no hay unidad en España, en Cataluña, en el País Vasco, en todo el país, no nos salvamos. Soy un ciudadano catalán y español apasionadamente preocupado por el país››.

Más de una vez lo he dejado escrito y ahora vuelvo a ello: entre los pliegues de las guerreras buscó protección más de un villano. Pero las guerreras hace ya mucho tiempo que todos saben que no son manipulables, conocen la ley, su juramento, su misión constitucional y como cumplirla. Y los villanos huyen de la ley. Ahora se esconden en la agitación permanente o en la debilidad del que tiene como responsabilidad cumplir y hacer cumplir la ley. El resto, la infantería de a pie, la de la lucha esforzada del día a día, guarda silencio y cierra con fuertes candados la puerta de su casa. Recuerda su pasado, busca el pan nuestro de cada día en su presente y reza por el incierto futuro. Pero fiarse, fiarse, ni del compañero de pareja.

Dicen que la receta para evitar el golpe de Estado se cifra en el diálogo. Pues muy bien. La ley no se dialoga. Se cumple. Si la incumples te la aplican. Así es para esa mayoría demasiado silenciosa.

Momento incierto. Pactos, ofertas, intercambios, el sonido de la traición.

Surgen personajes que no son el paradigma de la estabilidad y fiabilidad. Antes la palabra era ley. Ahora ni palabra ni ley. Fiarte, ni del compañero de pareja, ni de la justa aplicación de la justicia. Se puede pactar. Otra cosa es fiarte del pacto, reconocer la firma. ¡Para fiarte está el panorama!

‹‹Lo que más añoran las dictaduras es la juridicidad que les falta, y empeñan sus mejores y mayores esfuerzos en fingirla o sustituirla››. Son palabras del siempre joven y actual Umbral. Escribía sobre el 23F. Es perfectamente aplicable al actual golpe de Estado, el de Cataluña, que espera, desesperadamente, hacer de su capa un sayo dando juridicidad a su golpe. Esperemos que la ley sea igual para todos y que nadie tenga nada que esperar del favor ni temer de la arbitrariedad. Hacer legal lo que es ilegal no pueden acordarlo unos cuantos a capricho. Eso no sería hacer política sino cometer un delito.

En combate se adopta la situación defensiva cuando los medios no te permiten actuar ofensivamente. Permanecer mucho tiempo en defensiva es el equivalente a perder la guerra. No hay tiempo que perder, contamos con el mejor y más potente medio para evitar el golpe de Estado: La Ley.

‹‹Mejor sería no tener que aplicar el artículo 155 de la Constitución, y mucho menos el 8, para resolver el órdago secesionista catalán››.

No lo he dicho yo, aunque también.

¡Rey don Sancho, Rey don Sancho!, no digas que no te aviso, que de dentro de Zamora un alevoso ha salido.

Vuelvo a Umbral: ‹‹Es vieja la teoría según la cual al cínico no se le combate con moralidades, sino con mayor cinismo››.

Yo preferiría simplemente aplicar la ley. Cumplirla y hacerla cumplir.

Juro o prometo. Yo lo juré hace más de cincuenta años.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

23 febrero 2022

 

 

 

 

¡TRANQUILO, JORDI, TRANQUILO! (General de División Rafael Dávila Álvarez)

puyolrey14ab-640x640x80Eran alrededor de las ocho y veinte de la tarde del 23 de febrero de 1981. Jordi Pujol, Presidente de la Generalidad de Cataluña, visiblemente asustado, hablaba con el Rey. ¡Tranquilo, Jordi, tranquilo!, contestaba Su Majestad intentando transmitir a toda España un mensaje imposible.

¿Quién se acuerda?  De esto hace treinta y siete años. Solo nos quedan los titulares. Algunos llevaban intención, primera y segunda intención.

¡La bandeja está grabada!, ¡quieto todo el mundo!, ¡se sienten, coño!, ¡ni está, ni se le espera!, la llegada del elefante blanco o el pacto del capó”, por poner algún ejemplo, forman parte de una literatura que había iniciado su andadura con el “golpe de timón” o, el más traumático, “golpe de bisturí”, que todos repetían como papagayos.

timonLa expresión “golpe de timón”, junto a la de “golpe del bisturí”, fue creada por Josep Tarradellas cuando este acababa de dejar la presidencia de la Generalidad.

¿Qué quería decir el expresidente? Desde luego no pedía una medida de fuerza sino que expresaba, pregonaba, una grave preocupación.

Si no hay unidad en España, en Cataluña, en el País Vasco, en todo el país, no nos salvamos. Soy un ciudadano catalán y español apasionadamente preocupado por el país”.

Delataba los síntomas.

Vino a Madrid donde le susurraron al oído lo que ya antes alguien le había contado en privado. Acuerdos entre partidos, conciliábulos, propuestas de dudosa constitucionalidad… Pudo comprobar el ambiente enrarecido de la Villa y Corte.

Se habló de tramas. No todas salieron a la luz, aunque desde distintos lugares se dispuso con astucia o dolo el enredo, el engaño y la traición. La trama no se gestó en los cuarteles ni están los militares en poder del enigma. Entre los pliegues de las guerreras buscó protección más de un villano. Ahí sigue escondido.

descarga (1)No sabemos mucho, pero sabemos que en el momento decisivo las Fuerzas Armadas, como no podía ser de otra manera, estuvieron al lado del Rey, al lado de la democracia y de la unidad de España, cumpliendo fielmente la misión que la Constitución les otorga y que nadie puede interpretar a su libre albedrío. Presenciaron en su mayoría, como todos los españoles, y en su caso avergonzadas, aquella comedia sin reconocer a los protagonistas.

Todo es ya historia. Hace ya treinta y siete años.

Se acabó el tiempo de los golpes, los de timón y los otros. Es el momento de la responsabilidad, de asumirla y exigirla, desde la ley, desde su aplicación, desde la Justicia. Responsabilidad exigible a los que ofenden y golpean, con distintas formas de golpe, en lo más íntimo del sentimiento de millones de españoles con un jaque a la esencia de la Constitución que se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles. También a los que se lo permiten.

Nadie está por encima de la Ley, ni entonces ni ahora.

Seguimos caminando en la incertidumbre.

Dudoso es el curso de la culebra, torciéndose a una parte y otra con tal incertidumbre, que aun su mismo cuerpo no sabe por dónde le ha de llevar la cabeza. Señala el movimiento a una parte, y le hace a la contraria, sin que dejen huellas sus pasos ni se conozca la intención de su viaje”. (Diego de Saavedra Fajardo)

Deseable sería que, sin engaños, el cuerpo siempre supiera por donde le ha de llevar la cabeza. Que supiéramos la intención de este incierto viaje para el que ¡Tranquilo, Jordi, tranquilo! se ve insuficiente, sea quien sea el Jordi de turno.6a010536fa9ded970b0163000877a1970d

La incertidumbre genera intranquilidad y desconfianza. Cualquier cosa es posible…, si al andar no vuelves la vista atrás y ves la senda que nunca se ha de volver a pisar. ¿Golpe a golpe? Mejor verso a verso.

General de División Rafael Dávila Álvarez (R.)

Blog: generaldavila.com

25 noviembre 2018