LOS JUECES COMO CROMOS Rafael Dávila Álvarez

En algún sitio he leído que el reconocimiento legal del ejercicio de la libertad de elección de médico de familia, pediatra y enfermero en Atención Primaria, como de hospital y médico en Atención Especializada se sustenta en los principios de libertad, eficiencia, equidad, participación y transparencia.

Claro que el papel todo lo aguanta y el mundo se construyó sobre una tablilla de barro a la que se le hicieron unas incisuras.

Las primeras normas eran para la convivencia; o algo así. Desde la leyes de Ur-Nammu o el Código de Hammurabi, se ha tratado de ordenar la conducta humana más allá del hombre contra el hombre, algo innato que aflora en cuanto surge la ocasión, casi siempre con escasos momentos para el descanso. Eso no ha cambiado.

A pesar de todo no siempre ha sido ojo por ojo, y diente por diente. El mayor cambio fue una regla moral que por ello mismo es de imposible cumplimiento: « Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra». La han desechado y dado de comer a los cerdos; como las margaritas.

La santidad es una obra alejada por ahora y arrinconada en algún lugar de este llamado mundo.

Ya conocen la historia del juez y el jamón.

Teniendo mal cariz el juicio mi amigo consultó con su abogado la posibilidad de enviarle un jamón y buen vino al Señor Juez para conseguir una resolución satisfactoria. El abogado le dijo que ni se le ocurriese ya que el magistrado era muy recto y que iba a ser contraproducente. El juicio se enredó y todos lo daban por perdido, incluso el abogado se retiró del caso.

Pasado el tiempo se encontraron mi amigo y el abogado. Su sorpresa fue grande al enterarse que había ganado el juicio.

— Pero hombre, ¿Cómo lo conseguiste?

—Pues muy fácil, hice caso de su consejo y le envié el jamón y el vino al Juez, pero en nombre de la parte contraria.

La evolución del Judicial ha provocado zonas comunes que comparte con el Ejecutivo. Hoy estás aquí y mañana te saco un gal como un gol; hoy fiscal mañana abogado; hoy gal, mañana gol, que este es mi juez y a ti te encontré en la calle. Dadme un juez y os moveré el mundo ¿o era un fulcro?

Tanto descaro es libertad, eficiencia, equidad, participación y transparencia. Por eso creo una exigencia del Legislativo que contemple la libre elección de juez y que dado que nuestros soberanos representantes eligen a los suyos, comen y cenan con ellos, les dan y quitan puestos y bolis y ordenadores, y coches oficiales y todas esas cosas, bueno sería que los representados tengamos también ese derecho a elegir juez, nuestro querido juez; algo que parece de sentido común.

Para que vean que no juego con ventaja ya les daré el nombre del juez ese del jamón; ¡anda que por un jamón!

La lista de jueces debería ser pública y comprobable y hacerse una gala anual para entregar los premios, tipo estatuilla, en sus diferentes modalidades: juez estrella, estrellado, a la mejor metamorfosis, al más politizado y que la presentasen el-la fiscal general del Estado y algún condenado.

También cromos y así poder intercambiar. Como si fuese una liguilla con las alineaciones del Supremo, Consejo del Poder ¿judicial o ejecutivo?, qué más da, y con Ronaldo de primera instancia o Messi de constitucional y Ramos para renovar; y cosas así divertidas y como un juego de niños y la cárcel de papel. Los cromos repes los cambiamos los domingos en la plaza de abajo del Rastro.

Pedimos libertad de elección de juez. Como ellos. A falta de libertad pues eso, cambiemos cromos.

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

5 marzo 2021