EL REY DE MÉXICO. General de División (R.)    

Las palabras del Rey Don Felipe sobre la actuación histórica de España en México está trayendo cola. Quiero decir que el Rey no sabemos si dijo lo que dijo queriendo o fue sin querer queriendo.

El caso es que el Rey no es profesor de Historia, sino la mismísima Historia de España. Parco en palabras y rico en símbolos.

Cuando por primera vez el Rey Juan Carlos visitaba Argentina, le dijeron a Sánchez Albornoz, presidente en el exilio de la República, que llegaba el Rey de España a lo que efusivamente contestó.

-No, no es el Rey de España. ¡Es España quien viene a la Argentina!

Matiz muy importante porque el rey además del símbolo es la encarnación de todo un pueblo. Si esa magia se rompe se banaliza su figura y cualquiera puede ocupar el lugar que solo corresponde a quien simboliza la historia de un pueblo. Cada nación  tiene su historia y por algo será como de hecho demuestra la nuestra. Si queremos otras aventuras también las conocemos. No salieron muy allá, pero vamos camino de probar de nuevo.

No seré yo quién critique al Rey Don Felipe por sus palabras en la visita que ha hecho a la exposición organizada por México «La mitad del mundo. La mujer en el mundo indígena».

Se han trasladado hasta Madrid más de 400 piezas que constituyen la mayor exposición sobre la mujer en las culturas indígenas mexicanas. Entre las obras más brillantes que se podrán contemplar están la de la Reina Roja, ajuar funerario cubierto por un pigmento rojo que le dio el nombre, y La señora de la falda de estrellas, diosa mexicana que representa la maternidad y la fertilidad.

Un gran proyecto que ha visitado el Rey Don Felipe de manera privada y que, en una conversación informal, ha dicho unas palabras que han provocado un verdadero terremoto.

«Es decir, los Reyes Católicos, la reina Isabel, con sus directrices, las leyes indias, todo el proceso legislativo, hay un afán de protección que luego la realidad hace que no se cumpla como se pretende y hay mucho abuso» ( el subrayado es mío).

El Rey no es infalible en materia de historia ni en política. Puede errar y lo ha hecho, dicho sea con todo el respeto y el posible error de quien escribe, que lo hace con cariño y para ser una voz más de todas las que dan su libre opinión. La mía no es la del estudioso historiador ni siquiera se acerca a la del estudioso de los tiempos, pero sí tengo opinión sobre mi Rey y su significado. Seguro que errónea, pero sé que son muchos los que opinan como yo y es por lo que con todo respeto me lanzo a darla.

La conversación del Rey en la citada exposición junto al embajador de Méjico en España y otras personas, de pie y sin formalismos, sin leer un papel, parece improvisada, aunque puede que no lo sea tanto.

En cualquier caso todos podemos (hasta debemos) cometer errores y, aunque la infalibilidad Real no existe, sí que se supone la buena voluntad en quien es más que un poder político (al que suponer es mucho), sino el Poder del símbolo. Pero en España tal y como están las cosas hay que andarse con cuidado ya que todos miden y analizan cada gesto y cada palabra. Algunas son lanzadas o recibidas como pedradas, o drones cargados de explosivo mensaje, que se arrojan metiendo al Rey en la lucha política como estandarte que utiliza tanto uno como el otro.

Ese es el problema Real y por lo que el Rey debe mantener la distancia tanto en el gesto como en la palabra. Para no ser utilizada de parte, porque de nadie es parte, sino todo.

Es importante que el «símbolo» constitucional marque la «distancia Real», que sea una clara diferencia y evite confusiones con otras instituciones o poderes más concretos que, aún siendo figuras destacadas y eminentes poderes de la organización del Estado son transitorias, fugaces y nunca símbolo de la nación.

La palabra del Rey nos acoge y representa a todos y cuando se pronuncia debe ser medida, justa, equitativa y que abarque a todos. Es por ello que debe ser meditada antes de pronunciada, no dar lugar a equívocos y menos al enfrentamiento. Ni en materia política o histórica ni en lo personal o colectivo. Dura y difícil tarea la de ser Rey de todos los españoles. Marcar esa distancia que se aleje de la familiaridad, pero se acerque a la individualidad de todos y cada uno es tarea de reyes. Difícil tarea que marca y enmarca la Historia de España.

En nombre del Rey se ejerce principalmente la justicia, se sancionan y promulgan leyes, se convocan elecciones y se nombra al Presidente del Gobierno. Se confieren empleos civiles/militares, se otorgan honores y se ejerce el mando supremo de las Fuerzas Armadas.

Es el poder del que ostenta el símbolo de España, de toda España.

Es por tanto quien debería representar y asumir la labor de tantos escritores, historiadores, académicos y diplomáticos que con éxito creciente muestran la grandeza, singularidad y ejemplaridad de la obra de España en América y concretamente en Méjico.

Desde luego sin abuso alguno.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)   

Blog: generaldavila.com

18 marzo 2026

 

 

SIN CONSECUENCIAS Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

 Vivimos el peor momento de nuestra relación con los Estados Unidos de América. No nos lo merecemos. Las decisiones partidistas, viscerales, absolutamente sectarias, no deben adoptarse cuando nos afectan a todos.

España va a sufrir graves consecuencias. Muy graves.

«El gobierno español ha negado a Estados Unidos el uso de las bases de Rota y Morón para operaciones contra Irán, obligando al repliegue de al menos 11 aviones cisterna de EE.UU. a otras bases europeas» La respuesta no se ha hecho esperar.

Trump: “España es un aliado terrible. Ya le he dicho a mi equipo que corte todas las negociaciones con ellos. Esto empezó con el tema del aumento del gasto en defensa al 5% para los países de la OTAN. Y ahora han dicho que no podemos usar sus bases militares. Podemos sobrevolarlas y usarlas; no necesitamos permiso. No tienen nada que nos interese, pero están siendo muy hostiles. Es un país fantástico, pero tienen líderes terribles. No queremos tener nada que ver con ellos”.

No es algo que como español uno reciba con indiferencia. Duele profundamente sentirse alejado del conjunto de los países de tu entorno.

No es para aplaudir al señor Trump que nos señala desde una indiferencia dolorosa, pero esto no es de ahora y las razones le acompañan. Dolorosamente tiene razón.

La marginalidad de España en el plano internacional es evidente. Hemos pasado de la indiferencia a algo mucho peor: la sospecha y la deslealtad. Todos dudan de nosotros y no es para menos. Tenemos un largo recorrido que nos hace sospechosos. En el plano militar nos ha costado mucho remontar desde el abandono de nuestra posición en Irak (amparada por la ONU) y a pesar del tiempo y respeto debido entre militares, nadie comparte sus intimidades operativas con nosotros.

Llega un momento en el que el problema no es solo achacable a un Gobierno dejando al margen a la nación. Cuando la inseguridad es absoluta porque las diferencias entre un Gobierno y el contrario no se producen o los vaivenes te hacen descarrilar, convierten la Defensa, por tanto la seguridad, en un capricho de partidos sectarios y revanchistas. No habrá socio en el mundo que acepte negociar con nosotros. Ni militar ni económicamente. Nos llegan tiempos difíciles.

A la crítica se ha unido el canciller alemán Friedrich Merz. Estamos señalados.

Un gobernante debe pensar en los intereses de los gobernados y no en la ideología que lo sustenta. Una nación no es de unos cuantos y lo que haces y deshaces en temas de política exterior debe de contar con un mínimo consenso parlamentario.

Vienen tiempos difíciles para España. Los aliados ideológicos de algunos de nuestros poderosos gobernantes eran Venezuela, China, Hamás, Hezbolá, Cuba, Irán, Colombia; ya saben. ETA.

Nuestros intereses están en grave riesgo y pronto empezaremos a ver las consecuencias de nuestra postura internacional.

CEOE, CEPYME y ATA han enviado un comunicado que dice: «Hay profunda preocupación ante la posibilidad de que EE.UU. interrumpa las relaciones comerciales con España.

EE.UU. es un país amigo y un socio fundamental desde el punto de vista económico y político, y confiamos en que finalmente nuestras relaciones comerciales no se vean afectadas de ninguna manera.

Una vez más, consideramos que, en el actual contexto de incertidumbre internacional, es más necesario que nunca ir de la mano de la UE a la hora de tomar posición y adoptar decisiones de índole transnacional, y esperamos que el Gobierno sepa reconducir esta situación».

Cuando uno es fuerte y otro débil, no hay argumento válido: manda el interés.

Pronto veremos las consecuencias. Estemos preparados. No son amenazas, sino que las relaciones internacionales funcionan así.

Esto se encamina a la ruina.

Sin consecuencias.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

4 marzo 2026

EL GOLPE DE ESTADO DEL 23 DE FEBRERO DE 1981. Libro La II Guerra Civil de Franco (General Rafael Dávila ÁLvarez)

 

«Sobre la sorpresa que fue para todos el 23F tengo un dato curioso: desde mi casa, la víspera de la investidura, llamó Pío Cabanillas a Jordi Pujol y tuvo con él este diálogo:

—Jordi ¿Por qué no votáis en primera votación a Calvo Sotelo?

—Ahora no podemos; ya se verá más tarde.

—No es prudente ir a la segunda votación.

—¿Qué temes que puede suceder entre una y otra?

—No, nada. A lo mejor un revuelo de entorchados.

—¡Qué tontería!

Era el 17 de febrero… (Nota 25 Memoria viva de la Transición. Leopoldo Calvo Sotelo)».

Siento decirles que, en mi humilde opinión militar, aquello del 23 de febrero de 1981 sucedido en el Congreso de los Diputados sobre las 1830 horas, de golpe de Estado militar no tuvo nada. Está claro que la planificación no fue manejada por manos militares y si alguno anduvo entre bambalinas sería alguien que de militar tenía su antiguo uniforme, quizá apolillado del poco uso y olvido de los más elementales principios del Arte de la guerra. Hubiese suspendido en la Escuela de Estado Mayor. Aquello ni fue ni pudo ser bajo aquellas premisas y confusión un golpe militar.

Ni antes ni después hubo una fuerza que arrastrase a una mayoría de militares que ni sabían ni se les había contado nada, porque los que aquello organizaron, como el tiempo ha demostrado, tampoco sabían muy bien sus pretensiones. Hubo unos conspiradores y ningún organizador ni inspirador que aprovechase el paso de aquel tren averiado; por si caso.

Errado golpe.

Claro que seguiremos hablando del 23F, pero de entrada sacamos una conclusión de gran valor: la normalidad institucional se apoderó de la vida cotidiana sin vivir traumatizada por aquellos hechos.

Tuve la ocasión de charlar en su domicilio con el General Armada. Le debía la visita y había ya pasado demasiado tiempo desde aquella fecha en la que quedó su apellido asociado a un golpe de Estado. En España su nombre era Armada y ha pasado a ser topónimo del 23F.

Me recibió en su casa de Madrid un día soleado del mes de febrero de 2011. Me abrió la puerta del domicilio el mismo general que terminaba de rezar su rosario diario.

Mi visita era de pura cortesía por la amistad que unía a nuestras familias. El tema doméstico abarcó la mayor parte de la conversación, pero al fin salió a relucir el 23F. Él inició el tema como si se sintiese obligado a hablar de ello. Estuve a punto de decirle que aquello no era algo que me interesase especialmente. Es indudable que el 23F había marcado su vida y se sentía atado a aquellos hechos.

Durante la conversación insistió varias veces en un mensaje que me dio la impresión que quería que lo transmitiese: «Siempre he servido al Rey con lealtad y para mí es un honor haber contribuido a afianzar su figura el 23F.  Con eso me doy por satisfecho». Se sentía contento por haber contribuido a traer la Monarquía en el año 1969 y consolidarla en 1981. Fueron palabras textuales y muy repetidas.

Contó algunas cosas más: «No guardo rencor a nadie y aquella noche fui disciplinado y me limité a cumplir las órdenes del General Gabeiras. Mi auténtica preocupación era que a nadie de los Diputados en el interior del Congreso le ocurriese nada». Le aseguró a Tejero que los GEO,s. no intentarían ninguna toma del Congreso ni se haría ninguna acción en fuerza. «Al salir del Congreso me entrevisté con Laína () que pretendía que los GEOS ocupasen el lugar, a lo que le contesté que aquello era una barbaridad y que costaría sangre. Lo convencí».

También me dijo en un tono humorístico la contestación que le dio Tejero cuando le propuso ponerle un avión para abandonar España: «Me mareo».

Casi al finalizar mi visita le pregunté si desde aquella fecha había vuelto a tener alguna relación con S.M. El Rey D. Juan Carlos a lo que me contestó rápido que ninguna; se quedó un rato dubitativo: «Me parace recordar que me envió un pésame cuando falleció mi hermana». Me despido y vuelve a recalcar lo que hoy resume su vida: Dios-España y la Monarquía. No salió a relucir aquella reunión, que era la clave, con el Rey en Zarzuela que él solicitó utilizarla para su mejor defensa en el juicio y le fue denegada. Salí convencido de que Armada aquella noche se temió lo peor, que aquello acabase a tiros si alguno se precipitaba en la toma violenta de decisiones y así se lo hizo ver a Laína nada más salir del Congreso. Tejero se les había ido de la mano y podía ocurrir cualquier cosa.

En mi opinión, a pesar de que seguramente faltan documentos por revelar, es que nada va a aclarar más de lo que se supone que sabemos. Informes, reuniones, propuestas, gobiernos de transición, y conspiraciones militares en marcha; la realidad conocida es mucho más sencilla. En España a pesar de sus muchos problemas, entre los que destacaba el terrorismo, la vida política se desarrollaba con normalidad y así continuó después del golpe de Estado sin que nada traumatizara las instituciones.

La explicación de lo que sucedió o el porqué de aquel 23F se encuentra escondido en los despachos de la política que encontró su refugio entre uniformes, guerreras militares y tricornios de los que se aprovecharon los que querían lo mismo pero sin agujerear los techos del Congreso; así suele ocurrir en momentos de incertidumbre en los que todo se mezcla y acaba dando resultados explosivos. Demasiadas reuniones, muchos salvadores de patrias inexistentes y algún visionario que se sintió redentor y heredero de reconquistas. No hubo a mi juicio nada organizado conforme un orden y disposiciones claras y concretas. Solo faltó que alguien mezclase nombres y se arrogase la representación máxima para que unido a la intranquilidad del momento político sirviese para lanzarse a la piscina sin agua o saltar del avión sin paracaídas como se dice vulgarmente.

¿Que se hablaba, que se decía, que se sabía?

He investigado alguna de las cosas que se cuentan sin base documental, deducciones más o menos creíbles, pero no dejan de ser declaraciones sin ser sólidas pruebas comprobables ni siquiera un hilo conductor.

Eran tiempos recios. Algunas declaraciones confirman que la situación estaba en un punto caliente y que algunos echaban más leña al fuego.

A finales del año 1977 es conocido como se pronunciaba Luis María Ansón entonces presidente de la Agencia EFE. Su idea era buscar una solución a partir de la legalidad pero que permitiera a España salir de la grave crisis que padecía y hablaba de una intervención militar que contase con el Rey. Solución que había que plantearle al Rey por conducto del mando o bien de «sus compañeros de promoción» (Juan María de Peñaranda. Desde el corazón del CESID. Espasa).

Van quedando pocos testigos de los que estuvieron cerca de lo que podría ser el lugar clave, pero al hablar con alguno de esos posibles protagonistas sus palabras no se ajustan a los hechos bien por razones obvias o por lógica pérdida de memoria.

Desde el año 1977 se empieza a hablar de la Operación A relatada en el libro Dese el corazón del CESID (Espasa) de Juan María de Peñaranda, un plan «imaginado y relatado por Luis María Ansón», que era el presidente de EFE. Había que «buscar una solución que permitiera a España salir de la grave crisis en la que se encontraba» y para ello «proponer a don Juan Carlos una solución razonable por conducto del mando o bien de sus compañeros de promoción». Alude Peñaranda en su libro que para justificarlo el presidente de EFE argumentaba que la situación podía llegar a un punto de convulsión y «tres factores determinaban la gravedad de la situación: el País Vasco y Cataluña, la crisis económica y la monarquía».

Al Plan A de Luis María Ansón se le puso nombre en el CESID: Operación Golpe de Timón y el primero en pronunciar su nombre fue el Presidente Tarradellas al dejar su cargo en 1980: «Si no hay unidad en España, en Cataluña, en el País Vasco, en todo el país, no nos salvamos. Soy un ciudadano catalán y español apasionadamente preocupado por el país».

Fueron años muy complejos los que se sucedieron entre 1977 y el Golpe de Estado de 1981 y los servicios de Inteligencia españoles estuvieron muy al tanto de los movimientos que se sucedían, aunque puede ser que focalizasen más su mirada en los grandes planteamientos olvidando escalones más bajos donde también cundía el malestar.

No me cabe la menor duda de que de aquella trama iniciada en 1977 surgieron muchos golpes de timón o de bisturí, pero aquellos que iniciaron la farsa se vieron sobrepasados por los que creían en la lealtad de los que les mandaban. Ellos pagaron y los iniciadores callaron. Silencio. No creo que sepamos más allá.

Puedo aportar muy poco, pero mi afición a escuchar a todos y mi aún buena memoria me hacen revisar un almuerzo con un general que fue del Grupo Operativo del Departamento de Defensa Interna del CESID.

Era el 9 de mayo de 2011. Los datos recobran frescura.

«Los hermanos Cortina (Antonio es civil y José Luis es militar de la misma promoción que el Rey D. Juan Carlos, (a la XIV de la Academia General Militar, se reunieron a finales del año 1978 o principios del 79 —no recordaba bien— con Enrique Múgica Hergoz (PSOE), Josep Tarradellas y Alfonso Armada. Lo hicieron en un hotel de algún pueblo de Cataluña que por estar en sus fiestas no provocó la más mínima sospecha. No fue la única reunión siempre aprovechando las fiestas populares para pasar inadvertidos. José Luis Cortina, destinado en el CESID, se lo cuenta al Jefe del Departamento de Defensa Interna del Centro. En la conversación le confiesa haber hablado con Alfonso Guerra que le ha dicho que están dispuestos a todo siempre que se respeta la Monarquía. Hago ademán de interrumpir la conversación para preguntar lo evidente, pero el general me mira inteligentemente y sigue con su exposición que noto pretende ser un monólogo sin preguntas. La conversación entre Alfonso Guerra y Cortina es indudablemente sobre ese Gobierno de Concentración, Golpe de Timón, o como quieran llamarlo. No hace falta preguntar ni mayores suposiciones.

Me dice que inmediatamente se lo comunica al general Ollero que en esos momentos era Subdirector del CESID y jefe de la división de Interior que le conminó a enlazar con alguien dentro del Partido Socialista del entorno en el que el Servicio se movía. El Centro utilizaba para sus contactos con el PSOE a un tal Blanco, del que no quiso precisar más detalles, pero dice que era alguien relacionado con el PSOE y el enlace utilizado entre el Servicio y el Partido socialista.

De esa manera se puso en contacto con el PSOE de forma un tanto precipitada ya que, aunque no recordaba con precisión la fecha, era un puente de esos largos en los que en Madrid no queda nadie. Su contacto recuerda que era Guillermo y no nos dice el nombre, pero insistimos en si era Galeote y solo entrecierra los ojos y dice que podría ser, pero no lo recuerda. La contestación de «Guillermo» fue difusa: —Ya sabes que Alfonso Guerra dice y habla muchas cosas…

En aquellos años en los que se habían fundido en uno los Servicios de Información de Presidencia del Gobierno y del Alto Estado Mayor las relaciones entre los miembros procedentes de uno y otro no eran muy fluidas y se mantenían como grupos distintos. «Mi general» era del grupo de Presidencia mientras que Cortina y Calderón lo eran del Alto Estado Mayor.

De la llamada Operación De Gaulle se ríe y comenta que él jamás oyó hablar de eso, pero claro en 1981 él estaba ya a otra cosa.

Hubo muchos errores. Para entender todo aquel final: 23F hay que trasladarse al menos al año 1977 y empezar a recorrer las hemerotecas y preguntar a aquellos restaurantes tan conocidos de Madrid. Hasta el año 1981. Luego nadie se atrevía a hablar.

El mayor error se lo puedo ofrecer en primicia de puño y letra del General Alfonso Armada y Comyn.

Se acusa él mismo de haber cometido un «error» en una carta que el 6 de enero de 1984 le envía a uno de sus más estrechos colaboradores y amigo durante su periodo junto al Rey. Habla de seguir escribiendo, cosa que luego no hizo y hay que destacar la frase que entrecomilla y subraya: “Un error, es más grave que un crimen»… «al sufrirlo lo comprendo».

Estamos a mi juicio ante una de las claves más importantes y hasta ahora desconocidas del 23F. ¿Qué quiere decir Alfonso Armada? No fue ni parece que fuese Napoleón el que dijo esa frase, ni la frase fue así, sino Talleyrand, su ministro de Exteriores: «Es peor que un crimen, es un imperdonable error», cuando supo la ejecución del duque de Enghien por orden del emperador. ¿O fue Fouché? No se pone de acuerdo, pero es un detalle sin importancia que en el caso de Armada recobra un enorme valor.

Frase usada por muchos políticos de maneras distintas y sin saber una palabra de Napoleón. En el caso del General Armada parece desprenderse en su queja que él ha cometido un error y que se lo han juzgado como si fuese un crimen. Cualquier inteligencia entiende la gravedad de lo ocurrido el 23F y las gravísimas consecuencias que podría aquello haber tenido tanto en lo político como en las vidas de muchas personas. Por lo tanto se acusa del error. ¿A qué error se refiere que no entra en el capitulado de crimen, sino algo peor?  ¿Podría referirse a que él solo intentó reconducir una situación iniciada hacía tiempo, pero que alguien desbordó de manera inoportuna y distinta a lo previsto? Alguien en algún lugar dijo:

—No era esto.

Juzguen ustedes.

La vinculación de las Fuerzas Armadas con S.M. el Rey era grande y estrecha. Su educación militar la llevaba muy en lo hondo y hacía gala de ello hasta en sus gestos cotidianos. Frases y actos cotidianos de los Cadetes en la General de Zaragoza se quedaron impregnados en el carácter del Rey. Su amistad con muchos militares le proporcionaba una cierta ventaja ante cualquier político que le hablase de las Fuerzas Armadas, desde el presidente del Gobierno al ministro, ya que los conocía bien y estaba al tanto de todas sus preocupaciones y vicisitudes. Después de las mensuales Audiencias militares el Rey se reunía en un amigable vino dado en Palacio con todos los asistentes prolongando su distendida conversación hasta la hora del almuerzo.

Entre los más fieles y leales militares estaba además del general Armada, el General Jaime Milans del Bosch y Ussía, Capitán General de la III Región Militar (Valencia) en el Golpe de Estado y que se sumó al mismo hasta que recibió orden de S.M. el Rey de retirar la fuerza.

El 28 de mayo de 1977 y coincidiendo con el Día de las Fuerzas Armadas, se celebró en Madrid un acto de especial significado que no puede pasar desapercibido. Un niño de nueve años, Felipe, Príncipe de Asturias, vestía por primera el uniforme de soldado español. Don Felipe se filiaba como soldado en el Regimiento Inmemorial del Rey nº 1. No era un juego de soldaditos ni el capricho de un niño. Era un acto regio, profundamente arraigado en la tradición de la monarquía española, por el que el heredero de la Corona, el futuro Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas, filiaba en las filas del Ejército español. Lo hacía como soldado. Un acto de cariño y reconocimiento del Rey a las Fuerzas Armadas, a la tradición, a la historia.

Una larga tradición de la Monarquía española que lleva a los Reyes de España a filiar a sus hijos, futuros reyes, como soldados. Los Ejércitos son fiel reflejo de las virtudes y defectos de un pueblo, son del pueblo y para el pueblo; por ello las monarquías españolas siempre se han identificado con pueblo y Ejército. Reyes y príncipes han servido en sus filas junto a ricos y pobres. Desde niños se han aproximado a sus filas.

Alfonso XII se filió en 1862 y Alfonso XIII juró Bandera en 1920 como soldado. Ambos en la 1ª Compañía del 1º Batallón del Regimiento Inmemorial del Rey número 1.

Fue un emocionante día para el Rey Juan Carlos. Asistió toda la familia del Rey y el presidente del Gobierno Adolfo Suarez junto al vicepresidente General Manuel Gutiérrez Mellado. Una intensa jornada que continuó con la celebración del Día de las Fuerzas Armadas en la Cañada de Castilla donde se encontraba formada la División Acorazada “Brunete” al mando del general de División D. Jaime Milans del Bosch y se almorzó con el usual bocadillo militar.

Las palabras del Rey en la filiación de su hijo el Príncipe de Asturias fueron dichas con voz emocionada, pero firme.

‹‹Acaba de sentar plaza como Soldado de Honor, mi hijo el Príncipe de Asturias. Desde hoy, se vincula de por vida, a los Ejércitos de España››.

Continuaba dando las razones por las que quería que desde tan temprana edad su hijo formase en sus filas.

‹‹He querido que desde tan temprana edad forme en sus filas, porque quiero que se identifique con nuestros hombres, que sea un buen soldado, que es tanto como decir, un magnífico español››

‹‹Felipe:

Hoy es día grande para ti. No lo olvides nunca.

También lo es para mí. Mi mayor orgullo es ser el primer soldado de la Nación y darlo todo por la Patria.

Al ver a mi hijo Soldado, pienso en España y pienso en su futuro. En ese futuro en paz, en orden y en progreso.

Que las Fuerzas Armadas, modelo de lealtad y disciplina, sigan formando a nuestros jóvenes y montando la guardia permanente de España. Y que todos y cada uno de nosotros, sepamos cumplir con nuestro deber››.

Fueron dos actos llenos de significado. La filiación del futuro Rey y la visita a la División Acorazada cuyo Jefe sería protagonista más adelante del Golpe de Estado.

PD: Cada vez quedan menos actores de aquella escenificación que sepan su papel y que puedan contar el guion. Tengo en mi lista a día de hoy sólo tres nombres. Uno es militar. Los otros dos no. Que conozcan parte del libreto también los hay porque estaban engrasando la cadena que todo lo unía, pero no pueden ir más allá del eslabón superior e inferior. Suposiciones hay muchas, pero casi todas equivocadas. El 23F tiene de oficial tanto como puede tenerlo un Real Decreto o una resolución aprobada en Las Cortes.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.) 

Blog: generaldavila.com 

23 de febrero de 2026

Don Felipe, entonces Príncipe de Asturias, vistiéndose de soldado el día de su filiación.

Don Felipe, Príncipe de Asturias, saluda a Adolfo Suárez, Presidente del Gobierno, el día de su filiación como soldado. Al fondo el General Milans del Bosch Jefe de la División Acorazada Brunete.

Don Juan Carlos saluda al General Milans del Bosh en El Goloso el día de la filiación del Príncipe de Asturias como soldado.

Los cañones de la División Acorazada Brunete

EDADISMO CONSTITUCIONAL. ¿EL ENTIERR0 DE LA SARDINA? Rafael Dávila Álvarez General de División (R.)

Parece elegido el día. Víspera del entierro de la sardina. Da comienzo la Cuaresma.

¿Saben ustedes lo que ayer se celebró en el Parlamento español? Algo fugaz, rápido, confuso y falso. ¿Una farsa?: no. Una intención malvada o una encerrona, otra más, a quién ustedes saben. Todos sabemos. Todos miramos en otra dirección. Todos tenemos la misma idea pero luchamos en frentes distintos. Todos queremos ser protagonistas cuando los que lo han sido deberían desaparecer de lo público y los que ahora están sufrir las penas que corresponden a quienes no son debiendo ser. Traidores.

En fin. Una tomadura de pelo más en la que han participado los que ni son ni nos representan, unos por acción otros por omisión. Porque ya no hay nadie aquí. Digo bien: nadie. Se acabó.

Descubramos las cartas y que empiece el duelo. Elijan las armas antes del entierro. Sin padrinos.

Empecemos. Fiesta de la longevidad de nuestra Constitución. Conmemoran que «este 18 de febrero la Constitución de 1978 pasa a ser la más longeva de la historia de España por encima de la de 1876 en vigor hasta el golpe de Estado de Primo de Rivera en 1923″. Las lecciones sobre el constitucionalismo español, dadas por quien nada sabe, están fuera de lugar.

Pues eso: el edadismo constitucional que nada bueno dice más allá de un guiño a su incumplimiento y desatención ¿Por vieja? ¿O porque la trajo el Rey Don Juan Carlos I? Que no nos la den con queso.

Este Gobierno se ha inventado un traje para tapar su desnudez constitucional. Constitución viene de constituirse bajo el fundamento único de la unidad de España y es por ello, quizá, que allí no estaban ni independentistas ni filoterroristas; sí había algún ilusionista y muchos funambulistas.

Entre muecas, y muchas náuseas, mostraban unos funcionarios una exposición de incumplimientos con la presencia como una ausencia del inconstitucional presidente que empezó a gobernar como un falso Epiménides cuando a su manera nos dijo que los españoles mienten y él es español. Así empezó todo este lío y por tanto todo acabará. Más pronto que tarde.

«Yo miento» es la palabra más constitucional que a este Gobierno se le conoce. Después de eso, ¿quién se fía? Eso es lo que  se ayer se celebró bajo el palio de lo más esperpéntico de nuestros últimos años.

Descubramos intenciones.

-Ante el incumplimiento: elevar a ley lo incumplido.

-Para romper su fundamento: alzarse en Gobierno con los independentistas.

-Para Gobernar sin Ley: una interpretación ad hoc.

-Para fomentar la desunión: elevar a la Administración a los que nacieron del terror.

-Para dividir: criminalizar el pasado y enfrentar el presente.

-Para acabar con ella y con todo: eliminar la figura de Don Juan Carlos I.

-En definitiva. Para seguir como inigualable bien gobernar: celebrar los incumplimientos y degradar la nación con un acto al que no asiste España ni los españoles en el que cuelan al Rey y del que expulsan al Rey que la trajo impulsó y firmó.

No he visto nunca nada tan inconstitucional.

Todo un despropósito que lleva un propósito clarísimo.

Esta debe considerarse una Constitución muerta cuando al que la firmó a título de Rey no se le invita y además no se le permite vivir en España. ¿Quién manda aquí?

Sí, muchos años había en el Congreso. Era todo tan viejo que olía a cieno e impedía el respirar. Muchos recelos. Muchas miradas que atravesaban como flechas. Mucha hipocresía. Muchos caraduras. Muchos ricos. Muchos condecorados sin condecoración.

¿Constitución?: ninguna.

Celebraban la edad, querían tapar al muerto: la Constitución. No de muerte natural. Un crimen. Era un entierro.

Y tuvo epitafio:

«La mejor manera de conmemorar la Constitución es cumplirla«.

Pues eso.

Ayer fue la víspera. Hoy empieza la Cuaresma.

PD: Alguno me recrimina que firmando mis artículos como militar (General R.) no debería escribir sobre lo que no es de mi incumbencia directa; que lo haga exclusivamente sobre temas militares. No es que le de importancia a esos comentarios, pero quiero recordar que los militares algo hicieron por la Constitución ayer, hoy y mañana y que lo nuestro está en el Título Preliminar, artículo 8.1 de la Constitución. Que nos preocupa y ocupa que se desmilitarice a los militares cuando son ellos los garantes de la unidad de España y del cumplimiento constitucional.

Pue eso; se ha celebrado un funeral. El de la Constitución.

Rafael Dávila Álvarez General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

18 febrero 2026

 

 

PATRIOTISMO EN EL ARTE. Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Pedro Ramón Jiménez y María Elizari ante la talla de Diego de Siloé.

En España hablar de Patriotismo es un debate más. No ocurre en otros lugares. Aquí es permanente discusión. El patriotismo no tiene exclusividad y no es más español una obra hecha por un gallego que la de un andaluz o catalán. Así hasta agotar esa riqueza que tenemos en la variedad cuando no la usamos como arma de enfrentamiento.

La batalla decisiva contra Napoleón en España se logró en una escandalosa retirada encabezada por el rey José que en su huida se quedaba atascado y abandonada la artillería y la impedimenta entre la que se encontraba todo tipo de joyas y obras de arte fruto del robo. Dice Pérez Galdós que los franceses «No pudiendo dominar España, se la llevaban en cajas, dejando el mapa vacío». No es cuestión de describir los detalles de la batalla que supuso la definitiva expulsión de los invasores franceses. Fue en Vitoria y mucho tuvo que ver con el arte. La victoria militar estuvo encabezada por Wellington. El rey José huyó precipitadamente a uña de caballo dejando el coche con los tesoros que había robado a España.

Pero por desgracia a aquellos tesoros artísticos que nos robaban no se quedaron en España. Las Cortes españolas, <<a propuesta de don Agustín de Arguelles, concedieron a lord Wellington, para sí, sus herederos y sucesores, el sitio y posesión real conocido en la vega de Granada bajo el nombre de Soto de Roma, con inclusión del terreno llamado de las Chanchinas, dádiva generosa, de rendimientos pingües>>, que Lord Wellington aceptó. Pero no quedaron ahí los generosos obsequios.

El Libertador de España, como llamaron a Lord Wellington, una nominal hipérbole sin duda, se llevó más tesoros. En el equipaje del rey José apareció un inaudito botín donde había documentos de estado, varias cartas de amor, un orinal de plata y más de doscientas pinturas sobre lienzo, desclavadas de sus bastidores y enrolladas, junto con dibujos y grabados. Fueron llevadas a Londres por orden de Wellington catalogándose por la National Gallery en una lista de ciento setenta y cinco sustraídas de la colección real española por el rey José que pretendía llevarse a Francia. Wellington con caballerosidad ordenó devolver sin dilación las pinturas al repuesto rey de España Fernando VII; no recibió de este respuesta alguna. En 1816 envió una carta al conde de Fernán Núñez, representante español en Inglaterra, para ponerse de acuerdo en la devolución  de las pinturas. La contestación de la Corte al fin llegó: «Adjunto os transmito la respuesta oficial que he recibido de la Corte, y de la cual deduzco que Su Majestad, conmovido por vuestra delicadeza, no desea privaros de lo que ha llegado a vuestra posesión por cauces tan justos como honorables».

El “regalito” consistió en ochenta y tres pinturas de las cuales, según el Museo del Prado, <<se pueden rastrear el origen de cincuenta y siete gracias a los inventarios reales>>.

No son obras menores, sino valiosos tesoros españoles que pueden figurar entre las más destacadas obras de todos los tiempos.

La Última Cena, de Juan de Flandes, que perteneció a Isabel la Cató­lica; una Sagrada Familia, de Giulio Romano, antaño atribuida a Rafael; Orfeo ­hechizando a los animales, de Padovanino, y Oración en el huerto, de Correggio. Otras obras maestras son la minuciosa ­Judith y Holofernes, de Elsheimer, y el imponente Aguador de Sevilla, de Velázquez.

¿No lo sabían ustedes? Pues sepan que las mejores pinturas del Apsley House de Hyde Park Corner, que fue residencia del Duque de Wellington, fueron -creo que deberían seguir siéndolo- de la colección real española.

Para mi fue un acto impropio; no se puede entregar ese patrimonio del Reino de España. Allí sigue y ya nadie se acuerda. La batalla de Vitoria no fue motivo suficiente para que una gran colección de pintura propiedad de España permanezca  en Londres como regalo a un general que ganó una batalla. Nunca se debió regalar y menos aceptar el regalo. Ahora aguantamos el sarcasmo británico cuando hablan del The Spanish Gift.

El patriotismo no es algo privativo de nadie y menos de las instituciones a las que vemos poco dadas a ello. El patriotismo tiene mucho que ver con el amor y hacer bien a lo amado. En este caso a España. Nada para confirmarlo como su Patrimonio quizá el más grande de Europa; y el más disperso.

Los que por razones familiares conocemos el mundo del arte sabemos que nuestras rosas del arte siempre crecen junto a las espinas de la Administración y que no es fácil defender nuestra obra universal.

Ahora salta la noticia de la recuperación de una escultura de San Lucas tallada en el siglo XV por el prestigioso Gil de Siloé y robada en 1979. Recuperada en Génova (Italia), ha sido devuelta a Astudillo (Palencia).

Es notable la noticia porque la recuperación de la obra ha sido gracias al patriotismo de unos anticuarios expertos en el tema y honrados a carta cabal. Resulta que descubrieron la obra que se subastaba como una baratija en Italia ante la mirada de los «expertos europeos» que en nada la valoraban. Pero dos anticuarios españoles, expertos en el gótico castellano, se dan cuenta e insisten en el valor de la pieza hasta descubrir  que pertenecía al retablo mayor de la iglesia de Santa Eugenia de Astudillo, del siglo XV, atribuidos al prestigioso escultor Gil de Siloé, padre del arquitecto y responsable de la conocida escalera dorada de la catedral de Burgos, Diego de Siloé. Unos ladrones en 1979 se llevaron diversos objetos de la Iglesia y nunca más se supo del robo. Los anticuarios habían descubierto en Génova un tesoro único al que nadie daba importancia ni valoraba. Pudo ser un gran negocio, pero el patriotismo es algo indefinible que mantiene el patrimonio español en píe por encima de intereses bastardos que tanto abundan. Ser patriota es algo muy profundo y difícil de explicar en un mundo donde más vale acumular que soñar.

No era una sucia baratija, como decían los expertos europeos. Estaban ante una joya de la escultura europea.

“Se trata de una escultura de madera policromada, de unos 70 centímetros de altura, que formaba parte del retablo mayor de la iglesia de Santa Eugenia de Astudillo (Palencia), del que también fueron robados el mismo día seis apóstoles, los cuatro evangelistas, una escultura exenta y una cruz”. En 2021 cuando la obra iba a ser vendida en una subasta de arte por 5.000 euros.

Solo queda hablar de honradez y patriotismo. Una historia larga y que será olvidada, pero que merece la pena que quede grabada como un acto inusual de patriotismo cuando se ha pensado más en España que en uno mismo: eso es ser patriota algo que se aleja de las modas actuales.

No quería terminar, aunque la duda me ha surgido por romper la intimidad de los heroicos protagonistas, pero creo que es mi deber hacerlo. Los anticuarios a los que debemos la recuperación de una obra de tal envergadura son Pedro Ramón Jiménez y María Elizari. Los padres del conocido periodista y para mi amigo Iker Jiménez.

¿Cultura, patriotismo? Los ministros de Cultura y de Defensa mucho tardan en conceder a estos anticuarios la acreditación de lo que dicen representar sus ministerios: Cultura y Patriotismo. Las medallas deben ir al lugar que las merecen y no a otros.

Algún día ellos, desde su ministerio, es posible que logren que veamos La Última Cena de Juan de Flandes, que perteneció a Isabel la Cató­lica, en España. Claro que haría falta el patriotismo cosa que en las instituciones se valora a la baja.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

8 febrero 2026

 

 

EL REY. Rafael Dávila Álvarez. General de División (R)

-¿Por qué no vive en España el Rey Juan Carlos I?

-Pues no lo sé. ¿Usted? ¿Lo sabe alguien?

Todos hablan. Nadie responde. Cada pregunta abre nuevos interrogantes.

-¿Alguien le ha preguntado a Don Felipe, Rey de España, el porqué? Son inseparables y sus historias están íntimamente vinculadas. Por la Corona de España. Es fiel reflejo en cada momento de la historia, de las virtudes y defectos del pueblo al que corona.

Sócrates es condenado a muerte. Fiestas y vientos retrasaron el veredicto. Solo los amigos le visitaban. Alguno había sido un traidor, pero las largas sombras todo lo ocupan.

España es un secreto inasequible. Archivado.

Meleto, un inútil, la máscara de otros, en su nombre escribía poesía erótica al no saber hacer ni eso.

Perseguir a un rival excita la imaginación individual y hacerlo desde la cima del mando logra excitar el rumor de la colmena. Lo decía, pero al revés, Ramón y Cajal. Entonces se pensaba. Ahora hacen falta otros estímulos.

«El hombre es un ser social cuya inteligencia exige para excitarse el rumor de la colmena».

Acusaban a Sócrates: “Yo sé de personas a las que has persuadido para que te hicieran más caso a ti que a sus padres”.

Hay quien confía demasiado en voces que no se distinguen entre esa mezcla de amigos y enemigos. Sócrates, rodeado de todos, unos le conducían a no regresar, otros tendían propuestas para una fácil fuga, segura y honrada.

Aquello vale para hoy: “Estando convencidísimo de que no he hecho daño a nadie, ¿cómo he de hacérmelo a mí mismo, confesando que merezco ser castigado, e imponiéndome a mí mismo una pena?”.

Lo de Sócrates fue sentido como un escándalo democrático. La paradoja democrática tan parecida a la actual.

Don Juan Carlos se ha pronunciado sin súplicas, una vida al servicio de España, que es de lo que se trata dejando abierto el papel en blanco para que aquellos que se atrevan tiren la primera piedra. No lo harán porque sería emborronar sus biografías.

El Rey corrió riesgos evidentes cuando había que mandar; lo hizo con energía e incertidumbre, porque los llamados demócratas esperaban escondidos entre las cortinas. En las que siguen envueltos; también bajo las alfombras.

Brilló su cetro en Hispanoamérica y Europa era nuestra, mantuvo la unidad junto a la espiritualidad, comunes en la historia de España.

Preguntaba a todos, escuchaba, meditaba y decidía. Respetaba creencias, estilos de vida y nunca pretendió imponer su voluntad. Señalaba, indicaba, moderaba y callaba después de la decisión tomada. Nunca imponía.

Abandonó España, pero no era el Rey Juan Carlos el que lo hacía: era España. Exiliaban a España: la Transición.

-¿Por qué echaron al Rey de España?

-Porque el Rey amortiguaba el inevitable choque, el constitucional y el que quedaba atrás. Porque el Rey era un eslabón necesario para dar continuidad a la paz y prosperidad. Porque el Rey asumía ser el símbolo de la unidad y permanencia de España, arbitraba y moderaba el funcionamiento de las instituciones, asumiendo la más alta representación internacional.

Aquello era demasiado para rufianes como Meleto. No soportaban el símbolo que es mucho más que el poder efímero. En el fondo es que nunca soportaron a España, ni su unidad ni su diversidad, ni su historia ni convivencia.

Todo debía pasar por sus manos, Meleto quiso dar voz acusadora a los protagonistas de la destrucción a tiempos, generacional.

No lo aguantaban, la Transición no podía asumirse, no era su España, querían derribarlo todo, juzgar, acusar y encarcelar la libertad. La Transición era  un paréntesis inaceptable. Tuvo sus traidores. Esperaron su oportunidad mientras hubiese fiesta y los vientos no fuesen favorables. El tiempo suficiente para alentar a los independentistas y encamarse con los herederos del mensaje terrorista.

De aquellos polvos han surgido estos lodos. Rodeaban e incluso penetraban el Palacio, se infiltraban en el Poder hasta poderlo todo; especialmente se introdujeron en la información, amos de ella. En eso fueron y son unos maestros.

La amistad aparente fue traición rebosante. Incluso todavía se acercan al símbolo caído. Hasta el final. Quieren estar seguros.

El Rey Juan Carlos mantiene la dignidad de la obediencia y el respeto a la Transición encabezada por Su Corona, única esperanza de unidad que nos queda. Resistirá. Por amor a España y la Corona

Nada ni nadie puede romper el vínculo que nos hace caminar unidos hacia el futuro: España se constitucionalizó bajo el Rey Juan Carlos y fue el pueblo el que lo quiso.

-¿Acabaremos con el Rey y con la Ley?

-¿Debería volver? Nadie acusa, no hay sentencia. ¿O sí? ¿Quién es el juez?

Una vez ratificada la pena de muerte, el tono de Sócrates se agría, se hace más desdeñoso y altivo, semejante al carácter que habían reflejado los comediógrafos:

“Hubiera sido para vosotros una gran satisfacción haberme visto lamentar, suspirar, llorar, suplicar y cometer todas las demás bajezas que estáis viendo todos los días en los acusados. Pero en medio del peligro, no he creído que deba rebajarme a un hecho tan cobarde y tan vergonzoso… Quiero más morir después de haberme defendido como me he defendido, que vivir por haberme arrastrado ante vosotros”.

-¿Por qué no vive en España el Rey Juan Carlos I?

-Pues no lo sé. ¿Usted? ¿Lo sabe alguien?

Esta es una historia encadenada en la que si un eslabón se rompe o suprime acaba apretando al órgano para el que se hizo. Deja de fluir el oxígeno de los tiempos pasados y la apnea genera hipoxia.

Asistimos atónitos a la ruptura con el pasado y a una lenta agonía de lo que fue España renunciando al legado de su historia al que debemos respeto y admiración.

¿Por qué?

Yo lo tengo cada día más claro.

Meleto erótico calla, no tiene respuesta ante la colmena, o le da miedo su reacción.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

30 enero 2026

 

 

GENERALES Y GENERALAS. EMBAJADORES Y EMBAJADORAS. JUECES Y JUEZAS. ¿DE QUIÉN DEPENDE EL SÍMBOLO?

 

Me dice un buen amigo, embajador de España, que solo hay tres auténticas Carreras como conjunto de estudios que habilitan para el ejercicio de una profesión: la militar, la diplomática y la judicial (con la fiscal incluida). Lo demás son Cuerpos.

Carreras escalafonadas hacia una meta: tu nación, tu patria, larga y continua carrera de permanente aprendizaje y en la que nunca acabas de llegar a la meta por su infinitud. Servicio sin más premio que el deber cumplido, la justa remuneración, el tan simbólico como efímero honor y el seguro olvido tras el ni siquiera agradecimiento por los servicios prestados. Ahora, y esto es un simple paréntesis, alguno es premiado con lo que llaman puertas giratorias, pero no merece (n) nuestra atención.

Lo de las «Carreras» viene a cuento porque en un breve plazo de tiempo han coincidido dos actos relevantes para lo militar y diplomático, es decir para España como nación, que han pasado desapercibidos y con escaso eco social: la Pascua Militar y la Conferencia de Embajadores.

El Rey, Mando Supremo de las FAS, ha presidido la Pascua Militar y como máximo representante internacional en las relaciones de España, ha clausurado la Conferencia de Embajadores. Actos de celebración anual que guardan un antiguo y acertado protocolo, aunque  este año ha sido distinto.

El primero, la Pascua Militar, se resume en un triste vacío de contenido: nada. A destacar la ausencia del presidente del Gobierno, algo inusual, que ha puesto como excusa una reunión en una Europa en la que nada pinta y cuyo resultado final ha sido una promesa de envío de soldados españoles a un hipotético control del alto el fuego en Ucrania. Mientras se celebraba la Pascua Militar presidida por el Rey, Mando Supremo de las Fuerzas Armadas, el presidente ponía en suerte a nuestros soldados en Ucrania, un lugar donde nada se nos ha perdido. ¿A quién ha consultado esa oferta? Lo mismo le da Gaza que Ucrania, porque todo es una maniobra para justificar el no al 5% con soldados. Son más baratos que perder el Gobierno por el antimilitarismo de sus socios de Gobierno. Mandar soldados no se lo denegará el Parlamento (sus socios, incluso lo admitirá la oposición);, aumentar el presupuesto de Defensa hasta el 5% le costaría el Gobierno. Eso es todo. Resultaba inaudito que mientras se escenificaba esa ceremonia de los ejércitos con el Rey, Mando Supremo, se negociaba con ellos en París. ¡Que coincidencia! Está claro de quién dependen las Fuerzas Armadas.

La Conferencia de Embajadores reunió durante dos días en Madrid a casi la totalidad de los 130 jefes de las misiones diplomáticas españolas acreditados en todo el mundo y fue clausurada por el Rey. Tenía nuevo formato y convocatoria. El lenguaje inclusivo poco a poco va atontando al conjunto. De eso se trata. «Embajadores y Embajadoras», decía el cartel anunciador. ¿Pero lo igual no era lo distinto? ¿Son distintos? Tonterías aparte, albaradas de blanco fulgor, el Rey hablaba ante los embajadores de España y daba por clausurada la Conferencia.

Dos días de «Conferencia» que se pueden resumir en el autobombo y un furibundo ataque a la política del presidente de los Estados Unidos de América. No he visto palabras de consenso ni de gran política Exterior que es equivalente a los intereses de España. Todo lo contrario. Vamos a sufrir las consecuencias de nuestra alianza de civilizaciones de la que Trump ha retirado a EEUU por «ineficaz y dañina».

No se ha hablado de todo, solo de la parte, la suya. Interesada.

¿Gibraltar? ¿Embajadas catalanas? ¿Europa? ¿El Sáhara? ¿Quién protege con sus leyes a un huido de la justicia española? ¿Waterloo? ¿Y de Venezuela qué sabemos nosotros?

Dice el Rey que «España tiene unas sólidas credenciales basadas en una política de seguridad que nos convierte en aliados leales y fiables, como atestigua nuestra participación en las misiones de la OTAN en el Flanco Este y nuestra contribución a las misiones de paz». Siento discrepar y recordarle al Rey que henos sido el único miembro de la OTAN que aceptando el 5% del PIB para el gasto de Defensa no lo cumplimos y que lo enmendamos mandando soldados allí donde otros no quieren. Eso, que en cualquier caso hay que consensuarlo, como toda la política exterior, parece que se nos ha olvidado. Lo de fiables tiene un largo recorrido muy discutible. Pregunten a nuestros generales y generalas.

Refiriéndose a Venezuela el Rey ha dicho: «…más allá del caso concreto de Venezuela, es nuestro apoyo, firme e inequívoco, al respeto del Derecho Internacional. No podemos —ni con la palabra ni con el silencio— asumir su conculcación sistemática; y es eso lo que vemos, con demasiada frecuencia, en nuestros días. Se trata de un salto atrás de más de un siglo: a un tiempo de vacío normativo que, con el agravante de la tecnología actual, plantea inquietantes escenarios de futuro». Seguro que son palabras medidas y acertadas, pero no por todos compartidas, palabras para un  ministro o presidente, pero no más allá. El símbolo debe de hablar en abstracto, sin dar nombres respetables. Por interés de lo que el símbolo representa que no es al Gobierno de turno. Lo de Venezuela no se liquida con lo del «Derecho Internacional» cuando nadie antes ha hecho nada por luchar, por defender al verdadero presidente de Venezuela, a la diáspora venezolana o, por ejemplo, a perseguir a los etarras refugiados en Venezuela. Embajador es el equivalente a prudencia y mesura.

¿Quién manda en la política Exterior?

Las carreras, militar y diplomática, han debido detenerse para lo que ahora se llama internacionalmente cooling break. Lo necesitamos.

Ya todo depende. ¿De quién depende…?

Dejo para el final la otra carrera, la judicial. La de jueces y juezas. No necesitan conferencias, de pascua ya es su cara. Todo lo aguantan menos que te saltes la Ley. Todo un poder ejercido desde sus más estrictos límites: la justicia que es honradez y verdad, todo lo contrario a otros poderes. En nombre del Rey. No necesitan que nadie les diga cómo actuar. Tienen un código. El de la justicia. Escrito en la Ley. Ejercen su poder en nombre del Rey, el símbolo de la unidad, de la igualdad para todos, sin ser de aquí o de allí, de este Gobierno o del otro. Aquí está claro quién manda. Lo de la Fiscalía General quería abarcarlo todo.

Casi lo consigue.

Porque el problema surge cuando el poder del Símbolo, tan trascendente, se confunde con otros poderes y en una mezcla de interrogantes te contestan con lo concreto, es decir te dan gato por liebre y tu te lo tragas porque nunca has probado otra cosa y no distingues.  Entonces surge la pregunta que te lleva a infinitas preguntas.

¿De quién depende el Símbolo? Ya saben.

«El Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia, arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones, asume la más alta representación del Estado español en las relaciones internacionales, especialmente con las naciones de su comunidad histórica, y ejerce las funciones que le atribuyen expresamente la Constitución y las leyes».

Nunca una pregunta tiene otra contestación que no sea otra pregunta.

Todo es un interrogante.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com 

12 enero 2026

FELIZ NAVIDAD SOLDADOS. General (R.) Rafael Dávila Álvarez

No es fácil, tampoco difícil, decir algo en fechas tan señaladas como las de hoy. Deseos casi siempre que no se cumplen, pero no por ello debemos mirar en otra dirección. Es noche y día de afectos y son muchos los que tengo entre mis manos. Cada vez que escribo estoy pensando en quienes me leen, a los que me debo. Les estoy muy agradecido y me gustaría demostrárselo, pero no encuentro otra manera que la de seguir cada día contando ese punto de vista que quiere alcanzar el amor a España y una profunda mirada a nuestras Fuerzas Armadas.

En nuestros soldados pienso. Por su misión. Por su entrega silenciosa y eficaz. Porque son nuestra esperanza contra los que pretenden que dejemos de ser España. Pido reciprocidad y que a ellos se les mire y cuide como ellos lo hacen con nosotros. En esta Navidad pido por ellos y que no solo se piense en las armas, en la industria de las armas, sino en los que manejan la Defensa desde la humildad y sencillez del fusilero de a pie. Porque tarde o temprano tendrá que ser la moral del soldado, su virtud la que se imponga por encima del dinero, de una industria que hace de la guerra un negocio.

Es noche y día de paz. ¿Deseos de paz? Más de uno desde los ministerios de la Guerra o la Defensa ponen los cimientos a la guerra para que esta no acabe y el negocio siga.  Miren por donde en esta Nochebuena y día de Navidad solo voy a recordar a nuestros soldados. Nada más. A la tropa, que todo se lo merecen. Los olvidados. Los que son utilizados hasta que les llega la edad dura de enfrentarse con el paro y la soledad. Nada está resuelto en este oficio de servicio a España. No es fácil, pero es posible. Solo hace falta voluntad y que por cada general o similar  que use las puertas giratorias se lleve con él a su Brigada o División. ¿Demagogia? De eso está hecha la política, del uso y abuso de servidores públicos.

No es día de criticas, sino de recuerdos y ninguno mejor que el dirigido a los soldados. A ellos les debemos la paz y tranquilidad de esta noche. Ya veremos cuando vengan otros días y otras noches..

Feliz Navidad

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com 

24 diciembre 2025

¿QUIÉN CONDUCE AL REY?: GAUDENCIO Y LA LEALTAD. Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Ha muerto Gaudencio Fernández: el conductor del Rey Don Juan Carlos. Un caballero ejemplar cuyo recuerdo permanecerá entre los que le conocimos y admiramos.

Esas manos del alma hoy se nos han ido con hondo sufrimiento para los que podemos decir que fuimos alumnos suyos en la Zarzuela donde desde su sencillez y cercanía nos quiso y ayudó. A todos, desde los más altos a los más bajos.

No. Al Rey no le conducían esos nombres que ahora resuenan y quedan  como los grandes que dirigían a España. Pruebas evidentes tenemos de que no fue así. No hay mayor dificultad cerca del Rey que servir sin servirse. Los hubo, no fueron conocidos, menos famosos pero más servidores a España al Rey y a usted que otros. El ejemplo fue Gaudencio. ¿Qué hacía, quién era?: El conductor del Rey. Ni más ni menos.

Hoy ha muerto Gaudencio Fernández, las manos al volante del Rey Juan Carlos. De siempre, desde que el Rey se vistió de uniforme, aquellas manos condujeron al Rey por España a todas horas, buenas y malas. Se podría hacer historia de España dentro del recinto de un automóvil donde uno se relaja en la rigurosa conducción de otro. Ese era Gaudencio, en quien el Rey Juan Carlos depositaba su confianza y tranquilo viaje mientras tomaba quizá decisiones trascendentes.

Es una metáfora muy a propósito. Un Rey necesita siempre a su lado un buen conductor. Ninguno como Gaudencio que se lleva con él parte de la historia de España, la que se encierra en el interior de un vehículo que lo ha recorrido todo. Saben de lo que hablo y lo importante que es esa buena conducción sobre todo por carreteras de muchas curvas y hondos precipicios.

El fiel Gaudencio conducía. Era ni más ni menos que el soporte de seguridad un día y otro, siempre.  Fue una vida de silencio, de entrega sin reservas, admirable, un ejemplo para todos los que entrábamos a servir. Para mi Gaudencio fue un ejemplo a imitar en la Casa de Su Majestad el Rey. De él aprendí a estar, a servir y a sonreír por encima del duro trabajo, siempre acompañado del silencioso sacrificio.

Tuvo la gentileza de conducir el coche del Rey en mi boda y mantuvimos la amistad a través de su hija Marga hasta el día de hoy. No se lleva títulos ni preminencias. Solo el amor y reconocimiento de quienes fuimos aprendices de su lealtad y buen hacer: servir.

Descanse en la paz merecida y España debe el reconocimiento a la labor de un hombre irrepetible: Gaudencio Fernández.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

21 diciembre 2025

 

 

LA ESTÉTICA GUERRERA. Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

 

Decían las Reales Ordenanzas de Carlos III: «En el esmero del cuidado de la ropa consiste la ventaja de que el Soldado no se empeñe, como que grangée el aprecio de sus Gefes; y para lograr uno, y otro, se labará, peynará, y vestirá con aseo diariamente, tendrá los zapatos, evillas, y botones del vestido limpios, las medias tiradas, el corbatín bien puesto, su casaca, chupa, y calzón sin manchas, rotura, ni mal remiendo, las caídas del pelo cortas, y con un solo bucle a cada lado, la gorra bien armada, y en todo su porte, y ayre marcial, dará a conocer su buena instrucción, y cuidado».

«No ha de llevar en su vestuario prenda alguna que no sea uniforme: nunca se le permitirá ir de capa, ni con redecilla, fumar por la calle; ni fuera de los Cuerpos de Guardia, sentarse en el suelo, en Calles, ni Plazas públicas, ni otra acción alguna, que pueda causar desprecio a su persona».

Son palabras exactas y necesarias. Eternas. No hay duda de su permanencia en el tiempo. Hoy creemos que en ello se insiste, aunque con variaciones que suponemos para bien.

Sin duda las formas son parte importante en la milicia, sea momento de paz o guerra. El estilo militar se nota hasta de paisano; así era porque el porte (presencia o aspecto de una persona) también se educa y muchas horas de vida militar forman y conforman una figura de estilo inconfundible.

Digo yo que seguirá siendo así, aunque tal y como están los tiempos eso esté mal visto.

«¡Qué galán, qué alentado,/ envidia tengo al traje de soldado!»(el El alcalde de Zalamea).

La uniformidad militar no se limita a un traje más o menos vistoso, sino que es un conjunto único en el que «no adorna el vestido al pecho, que el pecho adorna al vestido«, pero ambos son la figura del soldado, el uniforme es la piel tatuada de manera irreversible. Cala hasta los adentros.

Ese estilo militar lo describe muy bien Millán Astray en su libro La Legión.

«El saludo del legionario es el más enérgico, el más airoso y más marcial que pueda desearse. Espera impaciente a que llegue el Jefe a su altura, y en el momento debido levanta la mano, que clava en la gorra, mirándole al mismo tiempo. La mirada brilla con fiebre, es fija y recta a los ojos del mirado. Es también de ofrecimiento interrogante para su Jefe; dice: «Mándeme». El modo de hablar, contestando, es en alta voz, enérgico, con palabras cortadas, breves, acompañando siempre el título del Oficial: «Sí, mi Capitán». «En seguida, mi Alférez». Es otra manifestación explícita de obediencia y entusiasmo. El modo de marchar es de peculiar marcialidad y soltura. Van erguidos, resueltos, quizás provocadores. De ellos ha huido la timidez y el entorpecimiento. Se distinguen por sus clásicos y legendarios gorrillos con la borla encarnada, el cuello al aire, despechugados. Marchan alegres y despreocupados mostrando bien a las claras que son hombres de guerra, emprendedores y valerosos».

Homero en la Ilíada describe con detalle e importancia las formas externas del guerrero, su protocolo al vestirse para el combate, su educación ante el adversario, sus formas y estilo; lo han hecho todos los tratadistas militares desde Vegecio hasta nuestros días.

No queda el uniforme en algo solo vistoso. Hay ejércitos que pierden la guerra por su falta de uniformidad tanto interna como externa. El porte va también por dentro. No valen unos vaqueros y el pistolón al cinto para bien mandar. Es toda una clase que empieza el día que uno se cala la prenda de cabeza y surge el primer saludo. Todo cambia.

Cuidad del uniforme de vuestras tropas que será el símbolo de su prestigio, que no hay madre que descuide el garbo y elegancia de un hijo, su prestancia como digno hijo de ella: España a sus soldados.

«¡Qué galán, qué alentado,/ envidia tengo al traje de soldado!»

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

21 diciembre 2025

 

 

SI QUISIÉSEMOS LIBERTAD LA OBTENDRÍAMOS. Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Étienne de La Boétie escribe, mediados del siglo XVI, Discurso de la servidumbre voluntaria o el contra uno: «En tener varios señores no veo ningún bien; que uno, sin más, sea el amo, y que uno sólo sea el rey».

Insiste: «Lo único que los hombres no desean es la libertad, y no por otra razón que ésta: porque, si la deseasen, la obtendrían». La claridad de La Boétie puede que no guste demasiado; rotundo, aclara todo. Todo. Y vemos que es así.

En Diccionario de Adioses encuentro la cita del maestro Gabriel Albiac: «La libertad, los hombres no la desean… Su enfermedad es el placer de ser siervos».

La política solo tiene un nombre: dominación. Dominantes son también los que están a la espera de ocupar el puesto, o no, pero, mientras lo logran, o no, forman parte de la especie. Dentro de la política de un partido se es casta. Sea el que sea. Puro despotismo: «Autoridad absoluta no limitada por leyes; también abuso de autoridad, poder o fuerza en el trato con las demás personas», nos dice el Diccionario de la RAE.

El resto somos dominados y formamos parte de su rebaño encerrado en el redil. Rediles o naciones que nos abren, más o menos, sus puertas al amanecer. Vigilados por el perro pastor, bien educado de fidelidades pagadas. Nunca le faltará un plato con pienso. Ahora de asesor, incluso de embajador o general. Ya  saben.

La política es un juego que no admite moderación ni humanidad. Nada de sentimentalismo. Al dominante y al dominado les separa un abismo insoslayable.  Metafísica.

Ante ellos se presenta una auténtica lucha armada invisible. Podría llamarse guerra defensiva individual, porque el hombre desde que nace está defendiéndose de lo que le rodea y le oprime, desde el hambre, la enfermedad, hasta su propio crecimiento, todo es una guerra permanente. Es por ello que, cansado, se deja dominar en busca de no tener que preocuparse del todo.

Esa relación de servidumbre es la que existe entre los políticos y nosotros los dominados que, como si fuese la guerra, se asemeja a la de vencedor y vencido. Desde la política administran la fuerza que les da su condición y se escudan en ella para no ser administrados. Y hacer su justicia.

Pretender hablar de política justa es hablar de guerra justa. No existe, porque no hay justicia cuando el fin es que el otro cumpla mi voluntad y renuncie a la suya. Que es el fin de la política. Por la Ley o por la fuerza, es decir las armas. Simplemente eso, sin más, y sin menos, ni bueno ni malo, y hay que aprender a estar en ese campo de batalla en el que te plantas desde el nacimiento. Destruir al enemigo en la guerra. Alrededor de morir se  desarrolla vida. ¿Cuál es la diferencia?

La política y la guerra son lo mismo. Entre el militar y el político abundan las diferencias desde al menos el siglo XVII. Fue la política la que adivinó que su mejor instrumento de poder era la guerra y la utilizó para sus fines.

Hemos evolucionado hacia la catábasis. Lo avisó el mensajero en Orestes: «Porque así es la casta. Los heraldos saltan siempre del lado de los afortunados. Amigo de ellos es todo el que tiene poder y ocupa cargos en la ciudad».

De lo que no me cabe la menor duda es que llevamos bien esto de vivir bajo la tiranía, en el placer de ser siervos de este (os) señor (es).

«Los bueyes mismos bajo el peso del yugo gimen, y los pájaros en la jaula lloran». Nosotros: bla, bla bla.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com