MARGARITA ROBLES DESCABEZA EL MINISTERIO DE DEFENSA Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

El ministerio de Defensa es una escuela permanente de propaganda gubernamental.

¡Quietos! Dejad tranquilos a los soldados y no me los soliviantéis. Medalla por aquí, medalla por allá. La sociedad se tranquiliza viendo que sus Fuerzas Armadas desfilan democráticamente. Antes se decía por la senda constitucional, cuando era, que ahora ya no se sabe cuál es, tupida de zarzas y malas hierbas. En el fondo nadie se entera de lo que pasa por dentro de la formación. Por arriba, por abajo y por el centro.

¡Esas diagonales! ¡Puños a la misma altura! ¡La alineación! Marchan a su aire.

Lo que ocurre en el ministerio de Defensa pasa desapercibido. Vemos solo una imagen externa y no siempre realista. En estos últimos tiempos han pasado muchas cosas en Castellana 109; y en la Cúpula Militar, más allá de la Operación Balmis. En la Guardia Civil ni les cuento, pero esa es otra historia que son ellos los que deben contarla. No me corresponde a mí.

Cualquier ministro de este ministerio lo primero que aprende es aquello de: ¡Capitán mande firmes!

<<¡Cuádrese! Soy el ministro de la Guerra>>. Era de noche y en la oscuridad de las bujías, aprovechando las sombras, Azaña pone firmes al oficial de guardia del palacio de Buenavista, sede del ministerio de la Guerra. El general Ruiz Fornell le da posesión del cargo. Azaña acababa de cumplir un sueño infantil. A esas horas Azaña sueña con su juguete: ¡Soldados! Pronto abrirá la cajita y sacará a sus soldaditos de plomo para organizar su peculiar ejército.

Si quito a uno y lo mando a la caja de cartón hay mil esperando a ocupar su sitio.

Empezó la ministra Robles apartando al Jefe de Estado Mayor de la Defensa, general Fernando Alejandre Martínez. Un soldado de los pies a la cabeza que conoce a fondo su oficio. Que sabía las escaseces y penurias de sus soldados. Y lo dijo con voz firme, alta, clara y respetuosa. Insoportable para tanta soberbia ministerial. Se fue el general Alejandre, por propia voluntad, y se le echa de menos. Espero que algún día sepamos más cosas.

Después escuché como una detonación a alguien de ese ministerio: <<Aquí mentimos todos>> (inaudito, pero era alguien que lleva más de cuarenta años de uniforme). La estructura se hundió bajo mis pies. Empecé a preocuparme.

De golpe y porrazo se van el JEMAD, el Secretario de Estado y el Subsecretario.

Vamos con el nuevo equipo.

El militar, general del Aire Miguel Ángel Villarroya Vilalta, comienza un vuelo largo y complicado. Mínimos presupuestos, que rozan la irresponsabilidad, por lo que su deber es exigir y luchar por unas adecuadas condiciones de vida, cumplimiento de misiones y seguridad de sus hombres. Presupuesto y claridad en los cometidos propios y no ajenos. La amenaza de perder el horizonte de las verdaderas y propias misiones de las Fuerzas Armadas, que podría desfigurarlas, planea sobre las unidades de Tierra, Mar y Aire. Enorme reto ante un incierto futuro y unas FAS en declive, al menos material; moral no lo sabemos, pero se intuye cuando España se fracciona.

Adiós al Secretario de Estado y bienvenida a la nueva Secretaria. El SEDEF pronto encontrará la salida de la puerta giratoria. Es un viejo conocido del cargo oficial. No sé si sabe donde ha estado, pero el currículo es suficiente. No hablo de él porque hace muchos años, sin razón alguna, quitó la calle general Dávila en Burgos, lo que le agradezco, pero no olvido. Un artista en eso de estar sin ser. Como en el ministerio, a la defensiva.

Entra Esperanza Casteleiro, del CNI, Directora del Gabinete de la ministra, que ya tiene a un general jefe de su Gabinete (es lo que se estila para escalar posiciones: jefe de Gabinete; algo duro para un soldado). La Secretaria de Estado de Defensa tiene una ardua tarea en la que no puede perder ni las gafas. Siempre atenta a la inversión, a las necesidades, a la guerra, al armamento, al presupuesto, a los cañones, y a las condiciones de vida de sus soldados que son la clave del todo. Mucho orden y atención. Ardua tarea. Veremos.

Se va el Subsecretario. El del CNI, que será donde quiera volver. Él sabe mejor que nadie por qué se va. Preferible no decir nada. En los ejércitos no ha dejado ningún buen recuerdo  y vino a lo que vino; y se fue. Nada. Muchos comentarios, que no los hago yo, sino los medios. Adiós. No queda ni en el recuerdo.

Su puesto lo ocupa la que hasta ahora era Directora General de Reclutamiento y Enseñanza, Amparo Valcarce. Malos recuerdos, desde pretender poner en la calle a un Almirante y tener que mediar la justicia, hasta dar órdenes en el Ejército de Tierra saltándose la cadena de mando. Coordinar era su misión, ¿ahora lo hará? Delicada misión la de atender con eficacia la vida y hacienda de los soldados, de sus familias, y de atender a sus destinos, a la justicia, sin nada que esperar del favor, ni temer de la arbitrariedad. Dudas.

En definitiva muchos cambios para tiempos recios, los que se avecinan, en los que los ejércitos, por mucho que lance botes de humos la ministra, se van a quedar en eso: humo.

De aquí al otoño veremos nuevos cambios. Pronto. Más de lo mismo.

El camino proyectado se lo contaré en la que considero la idea de maniobra que en Castellana manejan. Les resumo: Los Ejércitos de España UMEdecidos o UMEnizados.

Les hablaré de ello.

Por lo pronto, de la noche a la mañana, el ministerio de Defensa ha quedado indefenso; al menos ha adoptado la defensiva ¿premeditada o impuesta? Inferioridad de medios ante el enemigo y falta de iniciativa. Jamás puede conducir a resultados decisivos.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

6 julio 2020