LA VETERANÍA YA NO ES UN GRADO General de División Rafael Dávila Álvarez (R.)

Desde muy pequeñito miraba las medallas y acariciaba los entorchados del abuelo. Acostumbrándose sus ojos a cambiantes uniformes llegó a entender cada momento. Desde el barro y duro entrenamiento a las galas y oropeles.

Soñaba como niño que era, mientras la ilusión penetraba hondo hasta asumir realidades más allá de las imágenes. Encarnadas iban quedando cuando nacía una vocación ineludible hacia el deber. Un compromiso. Sueños, ilusiones y no poco esfuerzo. Vigilias de padres y preocupación del abuelo. Los años hacen análisis profundos y serios, pero ante un nieto… no hay más que sueños.

Llegó el día. El viejo soldado ve a su nieto mudar la piel; vestido de cadete, piel de uniforme. Empieza de nuevo la historia.

Y el viejo soldado desempolva el uniforme ya encogido. Saca brillo a alguna medalla solo para encandilar la ilusión de su nieto. Es una especie de hoja de servicios escrita en el pecho. Algo sin importancia. Ya no la tiene.

Hoy es el día de su Jura de Bandera. Cordones rojos de Cadete; ese sí que es el valor de ahora. Las medallas aún por conquistar. Asaltos pendientes. Lo primero el beso a la Bandera. Hoy. Ya para siempre un vínculo sencillo, pero muy fuerte.

Así pasa y pasará la vida: entre banderas, entre cánticos de guerras.

El abuelo se puso su uniforme de gala con el más alto grado alcanzado. El mismo uniforme de tantos años. Vestido de ilusión va hacia la Academia Militar. La General, la de todos; Armas y Cuerpos funden su emblema.

Un joven sin estrellas, de uniforme casi recién estrenado, le pide la credencial de entrada. No la lleva. Su uniforme no es suficiente. ¡Ah! Las normas, el protocolo… Eso es peor que la guerra. Después de tantos años… Van pasando otros sin uniforme mientras el abuelo espera. Está retirado, pero nunca pudo pensar que su retiro fuese tan real y cruel. Da lo mismo, hoy es el día de su nieto. Ya está formado. Desde lejos intenta adivinar su puesto en formación. El abuelo está lejos, en una fila de atrás, donde puede y le han dejado… Mira desde un hueco, detrás de los que han llegado antes, por encima de las estrellas.

Suena España. El himno amado, el beso a la Bandera. Ve de lejos al nieto entre los agujeros que dejan algunas guerreras. De puntillas se alza y ve; más que otros. Desde la última fila, ahora es la primera.

Ya ha terminado la ceremonia. Quiere correr al abrazo, pero de nuevo un sonoro “alto a donde va”, le detiene. No lleva la invitación; como antes el uniforme no es la librea. Se cuela como puede. Abraza a su nieto. Este le saluda, firmes ante su abuelo, del que hereda… todo lo hereda.

Se creía dueño del mundo, pero era un soñador vencido. Ya no era.

Otras ilusiones. Hoy ha terminado aquello por lo que viviera y si necesario fuera muriera. La veteranía ha dejado de ser un grado.

El veterano

Cuelga el uniforme. Lo guarda sin pena. No merece la pena ser viejo y colgarme la guerrera. De paisano. Aunque se aflija mi bandera.

Ya otro como yo morirá por ella si preciso fuera. Mi nieto lo ha jurado con un beso a su Bandera.

General de División Rafael Dávila Álvarez (R.)

Blog: generaldavila.com

24 octubre 2017

28 pensamientos en “LA VETERANÍA YA NO ES UN GRADO General de División Rafael Dávila Álvarez (R.)

  1. Muy hermoso y emotivo, mi querido General… pero pienso que tanto en la milicia como en la vida civil, la veteranía, con o sin credencial, siempre ha sido, es y será un grado… por el dicho y la realidad de “la experiencia como madre de la ciencia” y “Más sabe el diablo por viejo que por diablo”.
    Un fuerte abrazo.
    Pedro Motas

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  2. Mi General, ¡qué amarga lucidez la suya! No importan los demás. No importa haber pasado a la Historia y que ya nadie te conozca. Lo importante es que tú sepas quien eres, quien eras. Levantar con orgullo la cabeza sabiendo que dejaste tus ejemplos y maneras. Lo importante es que tu nieto sepa como amaste la bandera y la ame recordando al abuelo como era.

    MI General, enhorabuena, pero su nieto lo tiene difícil para emular a su abuelo en su grandeza.

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  3. A las órdenes de V.E., mi General. Seré muy breve hoy. Telegráfico. Pero mi mensaje no va cifrado. Puede leerlo hasta el enemigo, y si quiere, que tiemble.

    Perdone la licencia.

    El nieto, como decía mi abuela, “lleva raza”. Nada de qué preocuparse, pues. Y V.E. tiene un arte especial para contar las cosas y llegar al corazón.Lástima no haber estado bajo su mando.

    Nunca, por encima de protocolos y cuestiones administrativas (hoy a eso algunos le llaman “seguridad”), podremos dejar de ser lo que fuimos, y menos de uniforme.

    Enhorabuena.

    ¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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  4. Buenos días mi General:

    Impresionante emotivo y bello relato el de hoy, y que cierto es lo que comenta al final, que no debería ser así, nunca, con todos aquellos que lo han dado todo por la Patria, a lo largo de su vida activa como militar.

    Un afectuoso saludo.

    Josefa López del Moral Beltrán

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  5. Cuando deje el ejército de Aire y me convertí en civil dejé el uniforme en casa de mis padres con la intención de recuperarlo más tarde, pero los constantes viajes por motivos de trabajo desorganizaron mi vida durante años y cuando quise recuperar los recuerdos ya era tarde. Habían desaparecido las alas o roquisqui y sólo quedaban algunos libros de aeronáutica y física. Entonces no le di importancia pero hace unos días pasé por una tienda de objetos militares con la intención de comprar las alas y no tenían el de mi especialidad. “¿Para qué las quieres?”, preguntó mi mujer. “Déjalo, le dije. No lo entenderías…”

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  6. Un fuerte abrazo mi General!!! Que mal trago, que ingratitud hacia los “Viejos soldados que nunca mueren” pues aunque cuelguen el uniforme, entorchados y medallas, siempre les quedará indemne e imborrable El Honor, y eso mi General, nunca se lo podrán quitar. A sus ordenes!!!

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  7. Siempre a sus ordenes mi General. Y buenas tardes a todos/as.Tiene V.E. toda la razón en ocasiones los militares de hoy en día, si no tienen cierto grado de experiencia a los veteranos nos miran y nos tratan con cierto grado de insignificancia (posiblemente por la falta de motivación de ciertos mandos hacia la tropa de adoctrinarles que deben cierto respeto a todos los veteranos.(POR CIERTO,SI ALGUNO DE LOS AGREGADOS A ESTE BLOG PERTENECE A ALGUNA HERMANDAD DE VETERANOS,ME GUSTARIA CONOCERLO PERSONALMENTE EN SEVILLA EL DIA 26 EN EL AERODROMO DE TABLADA,POR EL DIA DEL VETERANO,) Nosotros salimos 9 personas desde vitoria, con toda la ilusión del mundo. Feliz día del veterano.¡¡¡VIVA ESPAÑA,VIVA EL REY Y VIVA LA LEGION!!!

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  8. Mi General,
    Con mis mejores deseos de que el nieto porte la genética , capacidad y personalidad del Abuelo.
    A sus órdenes en presente y a las del nieto a futuro!!!
    Viva España!!

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  9. Con el permiso de Vuecencia mi General. Desgraciadamente es así, esa es la cruda realidad, y esta es la España que hay, la que hicimos entre todos; porque la vida es otra cosa y casi todo es en el sentido más negativo para el conjunto de la sociedad hecha en los valores del respeto a los demás y al derecho ajeno, además del Patriotismo noble e inteligente. El mismo que se mira despreciado de la manera más vil y cobarde por parte de los enemigos de ESPAÑA.

    Su final me ha entristecido y emocionado más de lo que me pudiera imaginar. Pero para entenderlo, lo primero que hay que ser en un PATRIOTA, y NO un patriotero irrazonable. O quizás peor aún; ser un pasota, un anarquista-separatista y cobarde, que de eso está sobrando en ESPAÑA.

    Yo recuerdo que con 18 años era cabo Legionario, y cuando entraba de Guardia como Cabo Comandante en el Campamento del Jaral (Ceuta), si coincidía conmigo el Corneta Juan, él tenía más de 40 años, se cuadraba ante mí, delante de los demás y luego a solas me daba la bronca por alguna falta que había observado en mi comportamiento al dar las novedades, formar la Guardia u otro motivo que no era conrrecto, yo agachaba la cabeza avergonzado ante él y tenía mucho cuidado en no volver a caer en otra falta; prefería que me la llamara el Comandante DON Julián Díaz López antes que aquel viejo Corneta Legionario que había entrado en La Legión en plena posguerra. Hoy lo sigo recordando con el respeto que merece Juan, que es así como se llamaba, nunca me faltó el respeto, yo respeta a los que eran como él más que a algunos con más graduación.

    Alas órdenes de todos lo que sienten a ESPAÑA como NACIÓN ÚNICA e INDIVISIBLE: Atentamente: Ramón Lencero Nieto

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  10. Este bello artículo se entiende y se comparte. Incluso recuerdo haber mediado yo mismo en algunas ocasiones para atender la dignidad de compañeros retirados visitantes, y sin importar su graduacion militar o Ejército.
    Pero se me ocurre que la Hermandad de Veteranos de nuestras FAS podria sensibilizar a los Cuarteles Generales, alumnos de las Academias, e Institutos de Historia Militar, Naval y Aeronautica, sobre la cortesia y humanidad a tener en cuenta con sus mayores retirados y jubilados. Y no hablo de privilegios, sino de simple educación militar, la cual podria incluir un acotado en las tribunas de invitados para militares retirados. ……..¿Sentido comun?.

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  11. Amarga la burocracia o protocolo de hoy en día Mi General, en la que se antepone a “los importantes”, sobre los que han sido Importantemente útiles a España.

    Pero el disfrute que se habrá dado V.E. viendo a su nieto jurar bandera, habrá valido la pena, por encima de los “agravios comparativos”.

    También yo de vez en cuando suelo sacar brillo a “mis medallas”, estas no son otras que mi Rokiski, mi chapa de “La Bandera”, (para el no puesto la 1ª), y la mascota de mi curso el 239, cuantos recuerdos y cuanta añoranza me vienen a la mente en esos insustituibles momentos de placer.

    Un abrazo fuerte y de corazón Mi General, y si puede ser hagaselo llegar a su Nieto, pues en sus manos y en la de sus compañeros Cadetes, está nuestro futuro como Nación.

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  12. Aunque hace muchos años que dejé el Ejército, aun conservo la costumbre de correr varios km varias veces a la semana. El verano pasado estuve de vacaciones en…(el sitio da igual) y fiel a mi costumbre, me ponía las zapatillas de deporte, pantalones cortos y camiseta, y salía a correr. Durante la carrera pasaba cerca de un cuartel cercano. A veces me cruzaba con soldados que a su vez habían salido a correr varios km por los alrededores del cuartel, y volvía a sentir esa sensación (mezcla de nostalgia y orgullo de haber servido a España) que solo los que hemos pasado por el Ejército podemos reconocer. Pasaba por la puerta del cuartel y más de una vez sentí el deseo de entrar, atraído por una inexplicable llamada. Pero de haberlo hecho, el centinela me hubiera negado la entrada…

    En fin, mi general, quienes vestido uniforme sabemos perfectamente de lo que habla en su artículo.

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  13. Mi General, me permito volver sobre el tema porque la indignación me gana y deseo, además, aclararle que en mi anterior comentario no me estaba permitiendo tutearle. Me refería a mí mismo..

    Mucho cambiaron las cosas. Todo aquello que merecía respeto se diluyó junto con muchos valores. A la desconsideración e indiferencia le llaman burocracia cuando debía llamarse ingratitud. Es un defecto muy español. Muchos héroes que en otras patrias serían venerados en la nuestra quedaron olvidados.

    No conozco la forma de hacer llegar a “quien corresponda” mi queja por la falta de respeto y consideración hacia quienes habiendo ocupado siempre los primeros puestos, habiendo estado siempre en primera línea y aportado dignidad al uniforme, se ven ahora relegados a la última fila en un acto castrense donde deberían ocupar lugar de honor para darle lustre, realce y grandeza al evento, además de ejemplo a quienes se ponen en el mismo camino ya andado por quienes prefieren ir de paisano antes que vestir su uniforme para quedar detrás de todos cuando siempre fueron delante y no sólo en los desfiles.

    Sin duda falta una directiva corrigiendo el protocolo para que nunca el honor y el deber sobradamente cumplidos queden relegados. Pero en este caso no se trata de una Patria ingrata sino de personas para el respeto cegatas.

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  14. Emocionante relato que resume la dura realidad. Es común a la edad dar un paso al lado dejando libre el camino a las nuevas generaciones.
    Si quien coge el testigo es de tu sangre la dulzura de la herencia contrarresta el ácido de la retirada.
    Un muy cordial saludo mi General.

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  15. Enhorabuena mi General.

    …Llegó el día. El viejo soldado ve a su nieto mudar la piel; vestido de cadete, piel de uniforme. Empieza de nuevo la historia…

    El resto, permítame la licencia, es más de lo mismo, mucha falta de respeto.
    Más de dos millones de visitas a este sitio se empeñan de contradecir el título de este articulo.

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  16. Gracias mi general. Has escrito con el alma y el corazón al mismo tiempo. Esa sensibilidad creo que es patrimonio de los veteranos. Hubo un articulo en las antiguas Reales Ordenanzas, y creo que aún se conserva en las nuevas, que se refería al respeto y veneración que se debe a los que han dejado lo mejor de sus vidas al servicio de su Patria, España. Y no siempre se cumple con ese respeto y veneración que tanto merecen, y saben valorar, los veteranos. Yo también fui de uniforme, después de dudarlo un poco, a la Jura de mi nieto, este pasado verano en la Escuela Naval Militar. Y también estuve un poco cerca de las nubes pero lo que mas sentí fue comprobar que las cosas ya no se hacen ahora como antes se hacían…pero quizá no sea eso lo que deba preocuparnos. Lo importante para nosotros es poder vernos prolongados a nosotros mismos en nuestros hijos y nietos en un mundo de ideales y virtudes militares, sublimes para nosotros los veteranos, y que sin duda hemos sabido inculcarles como pocos pueden comprender en una sociedad civil progresivamente hedonista. Misión cumplida mi General. Hoy solo nos queda dejar por escrito, como bien sabes hacer en tu blog, lo mejor de nosotros mismos, nuestros mejores pensamientos, nuestros mejores deseos y sentimientos por si fuesen validos para lograr un mundo, una España, un poco mas feliz y habitable. Será nuestro último y abnegado servicio.

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  17. Permítame que hoy le llame “Mi General” por el inmenso respeto que me provoca. Y permítame que me extienda un poco más de lo debido, pero hay cosas que requieren más de dos palabras. A mi me produce un impacto enorme ver como, ahora, con lo que hay, unos jóvenes, casi niños diría, solicitan formar parte del ejército o consagran su vida a Dios. Ocurre. Sigue pasando. Y no son 1 ni 2. Hay cosas que no se extinguen. Vd pertenece a una gran saga militar. Su nieto tiene el mejor referente. Vd podrá atemperar su joven ímpetu y enseñarle todo lo que aprendió. ¡Joven con suerte! Y su nieto le mantendrá la ilusión y emoción.
    En mi numerosa familia, no había ni militares ni sacerdotes. Hasta ahora. Ahora tenemos uno de cada: una futura monjita y un futuro marino. El psdo 12-0, vino a Madrid, a ver el Desfile y disfrutar de su primer permiso. Al ser tantos, nos reunimos en casa de su padre, y allí nos iba recibiendo, uno a uno, con su uniforme recién estrenado. La alegría y emoción era inmensa. Las preguntas, interminables, y las fotos tambien. Y así pasamos una de las mejores tardes. Y lo mismo ocurre cdo vemos a nuestra futura monjita. Y, repito, esto ocurre ahora, no hace 50 años. ¡Esperanza, siempre Esperanza!. A los que estamos ya en “retaguardia”, nos toca el aprendizaje del desprendimiento. Ligeritos para ocupar la plaza definitiva.
    Una persona de edad es el mejor libro que uno pueda leer y lo mejor para aprender.
    Asi que ¡¡enhorabuena, mi General!! ¡¡felicidades!!. No perdamos el tiempo en ingratitudes. Dediquemos la mejor de nuestras sonrisas a esta vida que nos sigue regalando jóvenes que entregan su vida a Dios y a la Nación, y a nosotros mismos que tenemos vida y salud para acompañarles. Abrz fraterno

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  18. A la orden de V.E. mi General. Conocí ya ese sentimiento recién licenciado, justo tras la ceremonia de despedida del soldado. Tras quitarme (que en aquella época te lo quitaban literalmente) el uniforme y obviamente sus galones y cualquier documentación militar, intenté llegar con un familiar al lugar donde tantas guardias nocturnas hice y fuí parado en seco por un novato (con todos los respetos hacia los novatos) que no me dejó ni acercarme a la garita. Era el fin de mi servicio militar y ni una hora tardaron en recordarme que allí ya no era nadie.
    Tantas y tantas noches allí (le dije al joven soldado de la P.M.) tantas noches de crudo invierno añorando el calorcillo del camastro del pabellón donde los demás dormían, tanto castañetear de dientes cubierto por la escarcha…y ahora no puedo ni acercarme a aquellas piedras dispuestas en forma de garita…. Y me dí media vuelta decepcionado pero orgulloso de haber sido lo que fuí.
    Y fué años, muchos años más tarde…cuando regresé. Obviamente no era aquél soldado de entonces el que me impedía el paso…sino otros mucho más jóvenes ya. Pero esta vez regresaba de uniforme y con las divisas de suboficial. ¡A la orden¡ me dijo franqueándome marcial y a la vez amablemente la entrada ejecutando de manera impecable el saludo militar que le devolví con orgullo. Y volví a sentir aquel momento de decepción de hacía tantos años y el orgullo con el que de nuevo volvía a pasar a aquél viejo lugar donde tantas guardias presté de soldado, porque volvía a ser uno más de tantos otros que sirven a España.
    Hoy, a pocos meses de volver a salir (los años no perdonan osadías) y vuelvo a temer ese momento de que me vuelvan a decir que no…que no se puede pasar.
    Pero por fortuna, esta vez sí, esta vez podré conservar tanto uniforme como divisas de empleo y portarlo en las ocasiones que las Ordenanzas dispongan. Y cada vez que lo haga, volveré a sentir el orgullo de esa segunda vez en que volví…y enterraré, esta vez para siempre, esa decepción sufrida en aquella hoy tan lejana ocasión. Porque si algo he aprendido con el paso del tiempo y la experiencia es…que LOS VIEJOS SOLDADOS NUNCA MUEREN¡¡ Si acaso, nos reagrupamos en segunda fila. Nada más.
    ORGULLOSO de haber servido y de volver a estar sirviendo en las Fuerzas Armadas de esta gran Nación (mal que les pese a algunos) que es, ha sido y será siempre ESPAÑA y orgulloso de poder decir también…a la orden de V.E. mi General¡¡

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  19. Punto por punto. Hechos. Dejemos el sentimiento de quien escribe el texto (hay que reconocer que es bonito).
    Hechos:
    – Un veterano desea acudir a la jura de bandera de su nieto. Ok, no problema.
    Se viste de uniforme y acude a la puerta y…
    “Un joven sin estrellas, de uniforme casi recién estrenado, le pide la credencial de entrada.”
    A mí me preocuparía seriamente no que se la pidiera.
    A mí me preocuparía seriamente que le dejara entrar a un recinto militar SIN acreditación.
    El problema NO es un “un joven sin estrellas” que cumple con su deber (pedir la acreditación)… es su nieto quien no hace los deberes, que es pedir una acreditación para que su abuelo (vista o no vista de uniforme) vaya a ver su jura de bandera.
    YO he estado en esa situación y se nos pidió una lista de familiares para MI jura de bandera, para MI entrega de medalla (de todas las que he tenido).
    Seamos serios. Cualquiera puede conseguir un uniforme, rellanarlo de medallas (que se compran en el Rastro de Madrid un domingo cualquiera) y hacerse pasar por…
    Si un joven sin estrellas, de servicio, en la puerta de un recinto militar y le solicita una acreditación, y Vuestra Excelencia no la tiene, la culpa NO la tiene el joven sin estrellas. Ese joven sin estrellas está cumpliendo su deber: No tiene acreditación, no entra, como si es…
    A MI me enorgullece ese joven sin estrella que NO le dejó entrar.
    Me resulta muy raro que un general con TANTA experiencia no saber: “El que desobedeciere o hiciere resistencia a órdenes de centinela será castigado con la pena de tres meses y un día a dos años de prisión.”
    La proxima vez que desee ver la jura de bandera de su nieto no tire de galón, y pida una acreditación, no cuesta nada, un poco de papeleo… pero por lo menos no le ponen la cara roja.

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