NO CABE UN TONTO MÁS. ¡A LAS CACEROLADAS! General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Eco y Narciso. Pintura de John William Waterhouse (1903)

Un conocido experimento social reúne en una sala de espera a varias personas puestas de acuerdo mientras un vídeo graba sus reacciones. Entra a su cita alguien que nada sabe del experimento y se sienta junto al grupo. De repente suena un timbre, señal para que pase el paciente, y automáticamente todos se ponen de pie. La persona que nada sabe queda extrañada por la actitud, pero la tercera vez que al sonido del timbre todos se levantan ella reacciona igual imitando la conducta del grupo. Al final queda sola y entran en la sala dos personas más que tampoco saben nada del experimento. Suena el timbre y se pone de pie. Los otros dos, extrañados, le preguntan que por qué se pone de pie.

-Es lo que he visto que hacen todos.

Pues de pie todos cuando suena el timbre. Se demuestra que la mayoría somos parte del montón y seguimos conductas sin saber por qué ni quién manda en ellas. ¿Borregos?

Con todos mis respetos. Me voy a referir a la acepción que recoge el Diccionario de la RAE en sexto lugar y de manera coloquial.

Tonto: <<Presumido o vanidoso>>. La definición demuestra que estamos más contagiados de tontería que de coronavirus.

Fue Santiago Amón quien sentenció: <<En España no cabe un tonto más>>. Tuvo que ser un hombre muy inteligente ya que fue expulsado del partido comunista por indisciplina intelectual, lo que le eleva a la categoría superior de la inteligencia y denota que estaba en lo cierto; él concretamente dijo lo que dijo al verse rodeado.

Un ganapán, rabadán, presumido y vanidoso, el más tonto de los tontos, cualidades reúne, es al que han elegido para conducir esta recua política que nos lleva nadie sabe dónde, nunca a verdes praderas.

Somos rebaño, dicho sea con respeto, y votantes capaces hasta de levantar la voz en tuiter o facebook creyéndonos que llega al cielo y tierra, a todos los oídos. Incluso en un blog como este nos creemos ser escuchados y observados. Todo es nada; de nada sirve.

¡Hombre es que no es el momento!, ¡ten en cuenta!, ¡hay que echar una mano! ¡este partido es de ley!, ¡me han dicho! ¡sé de buena tinta!, ¡dice fulano que es diputado y mi amigo…!

Luego, cuando te adentras en un partido o grupo, si puedes, analizas y unes aquello con esto, ¿pero tú por aquí?, no das crédito, se derrumba el púlpito, el confesionario y encima pretenden darte explicaciones, en las que siempre tú eres el equivocado… ¡Porque si tú supieras, si yo te contara!

Todo se derrumba en la proximidad, cuando llega la nómina, el aipad o el aifon,  y en el pueblo te saludan: ¡señor diputado!, el municipal muy marcial, y hasta el comunista ¡vaya usted con Dios! Todos iguales en ese decisivo momento de ser el más tonto, pero con cargo (al presupuesto).

Las ovejas balan, hasta que una se sale del rebaño, se acerca al pastor, le interroga y se convierte en una oveja indisciplinada intelectualmente.

¿A dónde va usted?; es en lo que se ha convertido nuestra democracia. Ganas no faltan: ¡a donde me da la gana!, aunque claro, luego sin explicaciones, ni leyes, ni democracia, ni fiscalía, ni derechos, ni libertades, ni nada de nada, son de 601 a 10.000 euros, y ante eso no queda otra -como Herodes-; por si acaso yo no salgo ni a por el pan.

El que manda. El más tonto, ordena: usted póngase en la fila de los tontos, y como hay tantos, y además hay que dejar la distancia, pues la fila llega a otra autonomía; y ya está el lío.

En la Academia Militar contábamos los días que nos quedaban para terminar el curso y todas las dianas alguno se encargaba de cantarlo: <<¡Quedan veinte y la loca!>>. La loca será ese día que llegará cuando todos los actuales ocupantes de la casa de los leones se vayan por donde han venido, todos, después de este desaguisado, que no sé cómo les queda vergüenza de seguir entre leones que se fundieron con los cañones de Tetuán.

Viendo la larga cola de tontos, bien dispuestos, uno detrás de otro, disciplinados y sumisos ante la autoridad competente, siguiendo al más tonto, he decidido no hacer más colas. Ni siquiera ese día que formamos para elegir al más tonto que nos va a gobernar a base de tonterías durante cuatro años. No volveré a participar en la elección. Quizá eso debiéramos hacer todos. Hemos visto que todo funciona mejor sin ellos. Podía titular: tontos entre leones. Los hay malos, los prefiero, uno se defiende mejor que de los tontos.

He decidió adoptar la postura de Santiago Amón y declararme en rebeldía intelectual a ver si tengo suerte y me expulsan. Solo pido que esa expulsión sea de la derecha, de la izquierda, del centro, de los extremos; y de los entrenamientos. Ni para dar sombra al botijo cuenten conmigo. Adiós. Me voy, pero tocando la flauta de Hamelín.

Definitivamente. Pueden borrarme del censo. Que cuando suene el timbre no pienso levantarme. Haré sonar la flauta.

Ahora que andamos recordando el LXXV Aniversario de la rendición de Alemania en la IIGM no estaría de más recordar que lo que queda del pacto Molotov-Ribbentrop, acordado el 23 de agosto de 1939 entre la Unión Soviética y Alemania, que se repartía Europa en dos zonas de influencia mediante protocolos secretos, es el comunismo. El que aquí ahora tenemos.

Molotov, un viejo bolchevique con sucesión en España.

Aún no hemos abierto los ojos para ver que comunistas, separatistas y etarras mandan en España. Abramos los oídos al toque de la flauta o de la corneta, porque una de las dos sonará. ¿A quién seguir?

¡A las caceroladas! ¿Pero hay alguien/algo más?

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

12 mayo 2020

 

¡QUE VIENEN LOS ROJOS! General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

En la Academia Militar en todos los ejercicios combatían rojos contra azules o viceversa. Casi siempre nos defendíamos de la invasión roja con una defensiva a toda costa en el arroyo del Guajaraz (Toledo). Seguro que Putín todavía tiembla cuando oye hablar de la defensa española, como inexpugnable. Atravesaban Europa en un pispás y quedaban detenidos en un arroyo perdido por Toledo, cuna de civilizaciones.

Hubo un tiempo en que se cambió lo de rojo por naranja. Debió de ser por aquella época de la Transición, en la que llegamos a creer que los rojos no lo eran tanto, que no tenían cuernos ni rabo. Nos equivocamos, o nos engañaron; como siempre. Eso sí, el azul siguió siendo azul.

En la Guerra Civil se usaban aquellos lápices, que alguno recordará, azul por un lado y rojo por el otro. Con ellos y la Guía Michelín se les ganó la guerra.

También se solía decir, a algunos, muy pocos, pero abundantes: <<Eres más rojo que el capote de Cagancho>>. Es que hay rojos y muy rojos; tonalidades. No faltan los rojillos, que son como un sucedáneo, o como el tabaco de liar, baratos y con estacas.

Lo de rojo (s), hay quien piensa que es algo inventado por los azules. No. Ese juego cromático lo inventaron ellos mismos.

Cosas de la guerra, aquella que empezaron en el 34 y convirtieron por su espesa voluntad en Guerra Civil.

<<La guerra preventiva comenzó en 1934>> (Gustavo Bueno). Conviene tenerlo muy en cuenta.

En Barcelona empieza todo el 4 de octubre con Companys apoyado por comunistas y socialistas. Miedo, tiros en la calle, declaración de independencia el 6 de octubre, el Estat català. Se apoyan en los mozos de escuadra y en los pelotones de escamots de Miguel Badía, el Capità Collons. El 5 de octubre de 1934 se declara el estado de guerra en Asturias. El día 6 en Madrid por el general de la I División. En Barcelona por el de la IV División, el general Domingo Batet, que acaba en pocas horas con el Golpe de Estado en Cataluña. Es la República contra la revolución republicana. El Gobierno responde militarmente. ¿A quién se enfrentaba? Ellos, los revolucionarios, se definen en el bando dictado por su Comité: el Ejército Rojo.

<<HACEMOS SABER: Desde la aparición de este bando queda constituido el Ejército Rojo, pudiendo pertenecer a él todos los trabajadores que estén dispuestos a defender con su sangre los intereses de  nuestra clase proletaria. Este ejército quedará compuesto y se dirigirá en la forma siguiente…>>.

Pues eso: Rojo, el Ejército Rojo.

Ustedes hagan lo que quieran. Yo sigo jugando con los mapas y siempre uso el lápiz de dos colores, azul y rojo. Tengo muy claro quiénes son los rojos.

Me ha surgido, no hace mucho, una duda que espero que alguien con los hechos me la resuelva: no sé quiénes son los azules. Rojo para el bando rojo ¿y azul? ¿Quiénes son los azules? ¿Dónde está el bando azul? Porque España está dividida de nuevo entre rojos y azules. El que no quiera verlo que vaya al oculista. Yo tendré también que ir porque sigo sin ver a los azules.

En definitiva: que están ganando los rojos y el Guajaraz, la línea fuerte de nuestra defensa, desguarnecida, un caos donde todos mandan y nadie resuelve. Vaya lío que tienen montado los que parecen ser azules. Es una mezcla de la que surge de todo menos algo bueno. Así no hay quien mande.

Les hemos puesto alfombra -azul- a la penetración: roja.

Ya están aquí los rojos. En la pasarela, pisando con fuerza sobre el azul de una España que oscurece.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

20 enero 2020

ACOSTUMBRARSE A NO SER ESPAÑOL Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

El escritor César González-Ruano

César González-Ruano daba nombre a uno de los más prestigiosos premios para columnistas de periódicos y revistas. El último se entregó en 2013 y desde entonces la Fundación Mapfre, fundadora del premio, lo suprimió o lo cambió por otra cosa; vaya usted a saber. Las razones mejor las dejamos a un lado porque ninguna se sostiene en pié. Pierde la Fundación y perdemos el recuerdo de uno de nuestros mejores hombres, entretenido, vividor de todo lo bueno y lo malo, que si no, pasas por la vida sin haberte enterado.

El escritor sobrepasa al premio que lleva su nombre. Lo olvidamos, seguimos ignorando lo bueno que tuvimos. Es preferible permanecer en la noria con los ojos vendados. Siempre, por los siglos. Dicen que Ruano no era fiable. Lo son todos los que escriben. No fiables son los que no leen y, aún así, se atreven a interpretar. El mundo se deshace por las interpretaciones de los que no saben lo que leen.

César González-Ruano publica su última tercera de ABC el día 12 de diciembre del año 1965. El día de su muerte. Recordarlo me lleva muy atrás. Leía en ABC a González-Ruano antes de ingresar en la Academia Militar. No sé que tenían sus palabras. Solo casi recuerdo su nombre. Quedó en las mezclas de lecturas de aquella época. Alguna salta de repente y, entonces, de nuevo busco su compañía.

Hoy entre las hojas de Las batallas decisivas del mundo occidental del general J.F.C.Fuller, encuentro un recorte con aquél su último artículo. En amarillento papel la firma: César GONZÁLEZ-RUANO. Escondido entre las hojas del libro.

La Costumbre es el título de su última columna. Su despedida. Tengo la impresión que nunca le importó la muerte. En esta despedida se vislumbra que lo que le apena es que muera su escritura, que no vuelva la columna con la firma César González-Ruano. Todo, viene a decir, es costumbre… pero no lo dice de la escritura. Es eterno escribir, está siempre en la mente. Se vive y se duerme con lo escrito y con lo que por escribir queda: todo. Hasta el final. A lo eterno no se pudo acostumbrar el escritor porque lo desconoce, aún intuyéndolo.

Termina la columna. Y termina su vida: <<Voy creyendo que todo reside en la costumbre. Y que, muchas veces, la muerte puede consistir en ir perdiendo la costumbre de vivir>>.

Me temo que algo parecido nos ocurre. Estamos dejando la costumbre de ser españoles y dando paso a ciertas novedades que no son tales, sino oposición a lo que a base de costumbres y otras cosas ha creado nuestra cultura: la española.

Se trata precisamente de eso: …ir perdiendo la costumbre a lo español, a minimizarlo hasta que lleguemos a la muerte de lo español.

Entre las páginas 216-217 del libro Batallas decisivas del mundo occidental, capítulo dedicado al <<Sitio de Dyrraquium y la batalla de Farsalia>> (48 a. de J.), he encontrado el recorte de aquella tercera de ABC donde César González-Ruano decía adiós.

En esas páginas del libro puedo leer: <<En el fondo de todo aquel sistema, la usura actuaba como un cáncer para la república, y aunque la degeneración resultante fuera producto de la hartura más que de la carencia -o dicho de otro modo: de una violenta indigestión más que de una enfermedad mortal-, raras veces un pueblo ha caído tan bajo como el romano. Desprovisto de ideas religiosas, de moral, de virtudes sociales, aquella masa alimentada gracias a los donativos del Estado, se revolcaba en terribles vicios. El exceso de lujo produjo brutalidad, y esta dio paso a las costumbres licenciosas; como consecuencia, los matrimonios eran escasos y la falta de hijos se convirtió en mal endémico. Para aquellos degenerados, la libertad era libertinaje; en cambio para los plutocrátas significaba poder, beneficios sin cuento y un ilimitado afán de riqueza. Como consecuencia, el dinero llegó a convertirse en el único vínculo entre los hombres>>.

¿Por qué allí el recorte de aquella tercera de ABC? ¿En que estaría yo pensando cuando lo dejé olvidado? ¿Por qué surge ahora de nuevo?

Y todo esto, las costumbres licenciosas que nos traen a no ser españoles ni a amar a España, acabará imponiéndose hasta que desaparezcamos como Roma. La plutocracia se impone.

Una pira enorme se alzará junto a la puerta de las grandes bibliotecas. Se quemarán, uno a uno, todos los libros que pronuncien el nombre de España. Luego se prenderá fuego a las bibliotecas y a todo lo que dentro haya, o haya osado permanecer en su interior y pronunciar el nombre de España; un día.

Y se hará costumbre…, pero yo jamás podré acostumbrarme a dejar de ser español. Sería como ir perdiendo la costumbre de vivir.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

21 octubre 2018

MÁSTERES Y TITULACIONES. EL JOYERO Y EL COJONARIO General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

No recuerdo yo esos de los másteres en mi juventud. Aquí, donde la más principal hazaña es obedecer, entrabas en una Academia Militar y al finalizar te incorporabas a las unidades a desarrollar lo aprendido. Después llegaba lo de los másteres que siempre se han llamado cursos. De ascenso, de especialización, de idiomas, y no sé cuantas cosas más. Media vida haciendo cursos, estudiando y perfeccionando tus capacidades. ¿Qué quieres ascender?: curso al canto. ¿Qué quieres ese destino?: curso necesario. Másteres ninguno. A mí esa palabra no me suena en mi hoja de servicios.

Para curso y título con solera, y la base de todos los demás, el de cabo. Recuerden y divulguen; es muy necesario en los tiempos que corren: <<El cabo, como Jefe más inmediato del soldado se hará querer y respetar de él, no le disimulará jamás las faltas de subordinación. Infundirá en los de su Escuadra amor al oficio y mucha exactitud en el desempeño de sus obligaciones. Será firme en el mando, graciable en lo que pueda, castigará sin cólera y será medido en sus palabras, aún cuando reprenda>>. Ese sí que es un máster.

Los militares llevamos en el pecho los distintivos de los cursos que hemos realizado, prendidos en la guerrera, que en un soldado es un auténtico e indestructible  archivo que no requiere la firma de ningún profesor ni rector, porque, aquí, nos conocemos todos y todos sabemos casi todo de todos, entre otras cosas lo que cada uno ha hecho y ha deshecho.

El pecho de un soldado es su hoja de servicios donde en un rápido vistazo se puede leer su historial entre cursos y condecoraciones. Alguno lleva tantos que acaba con apodo: el Chapas. Todo estaba a la vista sin tener que revisar archivos o expedientes.

Luego, algo más tarde, llegó eso de la distancia, que es el olvido, aprender desde lejos, primero con envíos a domicilio, luego con internet, y sin darnos cuenta aparecieron paracaidistas por correspondencia y guerrilleros de internet, pero se les notaba mucho y pronto tuvieron que abandonar y volcarse más en un máster… por correspondencia, no presencial.

La cosa cambió mucho con la enseñanza a distancia. Empezaron a proliferar cursos, títulos, másteres, especializaciones en cosas de las más extrañas, y aparecieron esas cartulinas pomposas, llenas de sellos y firmas, que casi nunca servían para nada, pero puntuaban. Un título con firma vale mucho, y con membrete ni te cuento, que decía d´Ors que en el principio fue un membrete, así que lo que vale y pesa no es lo que hayas hecho sino lo que el papel lleno de sellos diga que has hecho. Sobre todo si está bien firmado, lleno de firmas, como esos títulos que hay en las consultas de los médicos.

Aunque ya se sabe que no todas las firmas son tales. Ahora las hay virtuales, digitales, o sellos que las sustituyen. Las hay interinas, por ausencia, accidentales, incluso hasta falsas. No todas las firmas son de quien son. Esperemos que no se invente el robot con gorra, estrellas o galones  y firma, aunque quien sabe…

Al salir de la Academia y antes de hacer ningún curso estuve destinado en un Centro de Instrucción de Reclutas. Llegaban los soldados cada tres meses procedentes de todas las tierras de España. De todos los niveles de conocimiento, formación y educación. ¡Qué buenos soldados!

Cuando empezábamos a filiarles ya les notabas en la cara y en los gestos quien iba para cabo. En cierta ocasión al preguntarle a un grandullón, fuerte como un toro, su profesión, contestó alto y claro:

Joyero mi teniente.

-¡Caramba! ¡Qué bonito oficio! ¿Y qué tipo de joyas haces?

-No mi teniente, no hago joyas, yo soy joyero de hacer joyos.

No, no me tomaba el pelo. Era así, joyos era lo que él hacía, un buen oficio para zapadores; sin título reconocido fue aquel muchacho uno de los mejores cabos que tuve en la compañía. El joyero hacía joyos, pero hubiese hecho, mejor que nadie, joyas o lo que le hubiesen enseñado. Un par de másteres y la vida solucionada. Se limitó a ser un buen cabo, pero de verdad.

Tengo para mí, para mi intimidad, un título curioso y sin máster alguno del que me enorgullezco. Me lo concedió una de mis nietas. Aunque no está firmado. Es lo bueno que tiene, que no es falso. Creo que ya se lo he contado en alguna ocasión, pero no me importa repetirme. Ya les digo que es para la intimidad.

“Cojonario” algo más que un máster

Mandaba yo la Legión cuando me llamó un día mi hija a contarme una historia al menos graciosa. Una de las profesoras de mi nieta la llamó para preguntarle por la profesión del abuelo porque la niña no hacía más que repetir que su abuelo era cojonario. Les aseguro que yo jamás había pronunciado esa palabra ni se me había ocurrido una síntesis tan magnífica para definir a un legionario con una sola palabra. Hubo que dar explicaciones en el colegio, pero como entenderán yo, el abuelo, acababa de conseguir el título más bonito y de más categoría de mi vida; y sin hacer máster alguno: cojonario.

De lo que se deduce que los títulos te los da la vida y los másteres te los da, vaya usted a saber, porque donde hay un buen joyero que hace joyos hay un buen refugio, y donde hay un cojonario, pero un máster solo es un papel que emborrona cualquier carrera, y además se necesitan tantas firmas, por lo menos tres y nunca se sabe, que dicen los médicos que uno cura, dos dudan y tres sepultura segura.

Dejen, dejen, no se líen con un máster más o uno menos; hagan un buen joyo y para amigos elijan a un cojonario. De los otros, del fuego amigo, ni fiarse, que luego van y te empapelan la habitación de másteres, los enseñan por ahí, y hasta te cierran la puerta y ya no sabes por dónde salir, aunque tampoco nadie sabe por dónde, ni por qué, ni para qué entraste. Cuando te quieres dar cuenta te has quedado más solo que la una. Eso sí, con tu maestría enmarcada y firmada. A nadie le importa. No importa el máster o el no máster, que en definitiva para nada vale entre tanto licenciado. Lo que verdaderamente importa es tocar… los cojonarios.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

9 abril 2018

 

 

 

 

LA VETERANÍA YA NO ES UN GRADO General de División Rafael Dávila Álvarez (R.)

Desde muy pequeñito miraba las medallas y acariciaba los entorchados del abuelo. Acostumbrándose sus ojos a cambiantes uniformes llegó a entender cada momento. Desde el barro y duro entrenamiento a las galas y oropeles.

Soñaba como niño que era, mientras la ilusión penetraba hondo hasta asumir realidades más allá de las imágenes. Encarnadas iban quedando cuando nacía una vocación ineludible hacia el deber. Un compromiso. Sueños, ilusiones y no poco esfuerzo. Vigilias de padres y preocupación del abuelo. Los años hacen análisis profundos y serios, pero ante un nieto… no hay más que sueños.

Llegó el día. El viejo soldado ve a su nieto mudar la piel; vestido de cadete, piel de uniforme. Empieza de nuevo la historia.

Y el viejo soldado desempolva el uniforme ya encogido. Saca brillo a alguna medalla solo para encandilar la ilusión de su nieto. Es una especie de hoja de servicios escrita en el pecho. Algo sin importancia. Ya no la tiene.

Hoy es el día de su Jura de Bandera. Cordones rojos de Cadete; ese sí que es el valor de ahora. Las medallas aún por conquistar. Asaltos pendientes. Lo primero el beso a la Bandera. Hoy. Ya para siempre un vínculo sencillo, pero muy fuerte.

Así pasa y pasará la vida: entre banderas, entre cánticos de guerras.

El abuelo se puso su uniforme de gala con el más alto grado alcanzado. El mismo uniforme de tantos años. Vestido de ilusión va hacia la Academia Militar. La General, la de todos; Armas y Cuerpos funden su emblema.

Un joven sin estrellas, de uniforme casi recién estrenado, le pide la credencial de entrada. No la lleva. Su uniforme no es suficiente. ¡Ah! Las normas, el protocolo… Eso es peor que la guerra. Después de tantos años… Van pasando otros sin uniforme mientras el abuelo espera. Está retirado, pero nunca pudo pensar que su retiro fuese tan real y cruel. Da lo mismo, hoy es el día de su nieto. Ya está formado. Desde lejos intenta adivinar su puesto en formación. El abuelo está lejos, en una fila de atrás, donde puede y le han dejado… Mira desde un hueco, detrás de los que han llegado antes, por encima de las estrellas.

Suena España. El himno amado, el beso a la Bandera. Ve de lejos al nieto entre los agujeros que dejan algunas guerreras. De puntillas se alza y ve; más que otros. Desde la última fila, ahora es la primera.

Ya ha terminado la ceremonia. Quiere correr al abrazo, pero de nuevo un sonoro “alto a donde va”, le detiene. No lleva la invitación; como antes el uniforme no es la librea. Se cuela como puede. Abraza a su nieto. Este le saluda, firmes ante su abuelo, del que hereda… todo lo hereda.

Se creía dueño del mundo, pero era un soñador vencido. Ya no era.

Otras ilusiones. Hoy ha terminado aquello por lo que viviera y si necesario fuera muriera. La veteranía ha dejado de ser un grado.

El veterano

Cuelga el uniforme. Lo guarda sin pena. No merece la pena ser viejo y colgarme la guerrera. De paisano. Aunque se aflija mi bandera.

Ya otro como yo morirá por ella si preciso fuera. Mi nieto lo ha jurado con un beso a su Bandera.

General de División Rafael Dávila Álvarez (R.)

Blog: generaldavila.com

24 octubre 2017

MIS QUERIDOS PROFESORES General de División Rafael Dávila Álvarez

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Caballeros Cadetes en clase

En mis tiempos de cadete en la Academia Militar el deporte que practicábamos era muy específico y dirigido a nuestra peculiar formación. Equitación, esgrima, esquí, pentatlón militar, judo. Las academias militares contaban con el material y las instalaciones más modernas para su práctica. La natación además de deporte era un entretenimiento durante los largos fines de semana en los que el dinerito se había acabado. Como pronto descubrirán, hay deportes y deporte militar; parecidos, pero no exactamente iguales.

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El Trampolín era una prueba de decisión

Uno de los primeros días de curso nos llevaron a aquella inolvidable piscina académica. Tenía dos trampolines a distintas alturas. A la mayoría subir simplemente al más bajo de ellos y mirar hacia el agua nos provocaba vértigos y mareos. El capitán profesor ordenó que uno tras otro subiésemos a aquella plataforma (de las dos posibilidades a la de mayor altura) y, sin la más mínima duda, nos lanzásemos al agua. Mostrar indecisión antes de lanzarte al abismo que te separaba del agua significaba no superar la prueba y las consecuencias imagínenselas. La flexibilidad del método de enseñanza, sumado a la bondad del profesor, permitía lanzarte del modo que dios te diese a entender. Pocos dudaban. Sobran razones. Pero uno de mis compañeros al ser ordenada la prueba se acercó cariacontecido al capitán.

-Mi capitán es que yo no sé nadar.

El profesor mirando al infinito militar, sin ni siquiera mirar al apesadumbrado cadete, le dio una lección que desde entonces ninguno de los que la presenciamos hemos podido olvidar.

-Nadie le ha preguntado a usted si sabe nadar. Únicamente se le ha ordenado que se lance al agua desde el trampolín.

Aquella piscina me trae un mar de recuerdos. Uno de mis más queridos profesores tenía una pierna de madera que había perdido por la explosión de una mina en Ifni. Siempre que llegaba a la piscina llevaba a cabo la misma maniobra. Créanselo por extraño que parezca. En bañador se acercaba al borde de la piscina y al primero que veía nadando le preguntaba por la temperatura del agua. A continuación y cuando había conseguido la atención de casi todos los que tomaban el sol, se quitaba despacio su pierna de madera y, como el que brinda la faena, la lanzaba al agua para a continuación exclamar.

-¡Coño, qué fría está hoy! Ya no me baño. ¡Oye tú! Acércame la pierna.

El bañista al que más cerca le había caído le llevaba sonriente la pierna.

Así un día y otro. Jamás le vi bañarse. Al poco rato de estar en la piscina se ponía su uniforme y desaparecía.

Un día, después del tiempo llegué  a tener una cierta relación con él, le pregunté por qué siempre hacía la misma broma.

-Mira Davilita, lo importante en esta vida no es bañarse ni mi pierna de madera, sino saber lo que haces. En este caso hay que saber nadar, con una o con dos piernas, y yo ni sé hacerlo ni tengo ganas de aprender. Pero no dudes que si el capitán (dio el nombre del capitán que nos lanzaba desde el trampolín) me ordena tirarme del trampolín lo hago de cabeza para ir por delante de la pierna. Una palmada en mi espalda acompañada de una sonora carcajada dio por terminada la conversación.

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Distintivo de profesorado

La enseñanza es quizá el más delicado oficio de esta vida. Hay que ser maestro, atrayente, ejemplo de virtudes y humildad. La humildad es quizá la más difícil de todas las virtudes. La tarima son unos centímetros de más que en algunos casos eleva al que a ella se sube hasta la altura del trampolín. Otro de mis recordados profesores, teniente coronel de Infantería, nos contaba como había sido fusilado por un pelotón de ejecución durante la Guerra Civil. Tuvo enorme suerte y solo un disparo le rozó la cabeza. Haciéndose el muerto logró salvar su vida.

-Pues bien, señores. No fue aquel día en el que me fusilaron cuando realmente he pasado miedo. Miedo, lo que se dice miedo, lo he pasado en estas aulas cuando el profesor desde esa tarima me hacía salir a la pizarra.

Y más miedo en el curso preparatorio para ascenso a general. Les aseguro que prefiero un pelotón de fusilamiento. Huyan de la tarima, de lo que significa y bájense a tierra. ¡Caballeros!, enseñen y manden, pero no pontifiquen.

He aprovechado estas anécdotas para que en la lectura no se quedasen a medio camino y llegasen a este momento final que es de agradecimiento. Agradecimiento a mis profesores de la Academia General Militar de Zaragoza y de la Academia de Infantería de Toledo. Nunca podré olvidarlos, ni a los buenos, la mayoría, ni a los malos.

Tenían una difícil misión y viendo el paso del tiempo y sus resultados, bien se les puede dar las gracias por la semilla sembrada que sigue, a pesar de todos los pesares, dando sus frutos en nuestras filas de soldados.

Gracias a todos ellos y, por ellos y con ellos, sigo con la esperanza de que ningún plan de enseñanza saque de sus textos y formación, como asignatura obligatoria y principal, el trampolín a la vez que disminuya, pero solo lo suficiente, la tarima.

¡Gracias!, mis queridos profesores.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez