EL TARTUFO Rafael Dávila Álvarez

«Siendo el deber de la comedia corregir a los hombres divirtiéndolos, he creído que, en el cargo que ocupo, no podía hacer nada mejor que atacar, mediante pinturas ridículas, los vicios de mi siglo; y, como la hipocresía es, sin duda, uno de los más en uso, de los más incómodos y más peligrosos, se me ocurrió, Señor, que no rendiría pequeño servicio a todas las gentes honradas de vuestro reino haciendo una comedia que pregonase a los hipócritas y mostrara como es menester, todas las estudiadas monerías de esas gentes de bien a ultranza, todas las trapacerías encubiertas de esos monederos falsos en devoción, que pretenden embaucar a los hombres con celo fingido y un caridad engañosa» (Moliere. Primer memorial presentado al Rey sobre la comedia del Tartufo).

Primero comer, luego las convicciones. Creo que algo así decía Julio Camba: «Más difícil que vivir sin Constitución me parece a mi vivir sin dinero, y ello no obstante, lo españoles vamos tirando todavía, a pesar del estado verdaderamente desastroso en que se encuentran nuestras haciendas», claro que no las de ellos. Unos escriben y cumplen para que luego vengan otros a imponer e incumplir, para llevarse lo tuyo y lo mío.

El impostor se va con lo que no es suyo, se deja la Constitución y no deja ni un buen pensamiento ni una buena acción.

Contaba César González Ruano, otro escribidor de realidades, lo de Azorín hablando de Cervantes.

Ocupaba D. Bernardo de Sandoval y Rojas la sede de Toledo.

— Bueno, Miguel, usted lo que necesita es dinero ¿verdad?

Miguel, de Cervantes claro, pobre, achacoso y viejo, sonreía con sonrisa melancólica y asentía ladeando un poco la cabeza.

Le pasaba por escribir El Quijote y no hacerlo sobre constituciones y además cobrar solo el por ciento escaso.

Ni académico era; que tienen la tirada vendida. Por eso Camba acabó en la habitación 383 del Palace, entre cartones. Insistieron en darle un sillón de la Academia Española (entonces no Real).

—No insistan ustedes en lo del sillón. Lo que yo necesito es un piso, y eso no me lo van a dar ustedes.

Otros aceptan un chalet en la sierra, constituyéndose, sin necesidad de escribir.

Escribir ya se sabe. Pone lo escrito algo así como: indisoluble unidad, patria común e indivisible de todos los españoles, justicia, equidad, libertad sin ira, para decir y gritar y hasta de privacidad habla. En las comunicaciones, eso de las cartas, y la inviolabilidad de todo, y echaron al escribidor de todas esas cosas tan bonitas, le quitaron el sillón que no quería y se sentaron ellos.

Dijeron que la Ley esa de la Constitución estaba muy bien para uno solo, que como marco y cosa para presumir estaba muy bien, pero que como éramos muchos habría que hacer otras leyes que no fuesen tan individuales, la ley de grupos, para todos. La Constitución para nosotros, los constituidos entre los leones, y para el resto las leyes que nosotros digamos. Los «todos» no son nadie así que ya os queda claro, yo me voy y me quedo con el sillón; y el piso, ese chalet de académico.

¡Que hambre has dejado!

Castigat ridendo mores pensó Molière y mucha razón tenía cuando afirmaba que estos tartufos no soportan que se les saque a escena. Por eso hoy abro el telón con el impostor.

El último se ha ido, pero volverán cien porque el envidioso muere, pero la envidia nunca.

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

12 mayo 2021

2021. NO PERDAMOS LA COSTUMBRE DE SER: ESPAÑOL Rafael Dávila Álvarez

Al que más y al que menos el comienzo del Año Nuevo le sugiere adivinar el futuro y desearse lo mejor. Este día 1 pasan por nuestras cansadas mentes, de la larga noche dejada atrás, pensamientos de esperanza y presagios.

En ello estaba; haciendo calendarios. He visto el año 2021 como una larga cuesta a subir; lenta y preocupante. Un camino recto pero en pendiente, con un final que se hace inalcanzable. Hay olivos, campos yermos, trigos y cebadas; praderas de primavera, higueras, las viñas y almendros; hay golondrinas y palomas, puede que confunda la avutarda con los sisones, y hay ave frías con plumero en la cabeza. Liebres y conejos, zorros, lejos se oyen los lobos. El cuco y la perdiz que canta, el mochuelo se esconde, y el águila hambrienta, un augur, escudriña sobre el cereal. Hay verdes montañas y orillas broncas, junto a playas largas y frías. Nubes y azules inmensos, tórridos días también, y nieves cercanas. Es todo un contraste España. Tengo un amigo inglés que ayer me dijo: «Me he acostumbrado a España y ya no me voy». No dice que le gusta, sino que se ha acostumbrado. Es un matiz digno a tener en cuenta. España acostumbra.

Hay que acostumbrarse a las cuestas que en España son abundantes. Solo es necesario aceptar el reto que plantea el esfuerzo.

Nos dice Heródoto que  Píndaro enseñaba que la costumbre es la reina del mundo.

La última columna de César González-Ruano la tituló La Costumbre y en ella decía: «Voy creyendo que todo reside en la costumbre. Y que, muchas veces, la muerte puede consistir en ir perdiendo la costumbre de vivir». Ese día murió con su columna cerrada.

No sé por qué he empezado el año con el pensamiento puesto en la pérdida de las costumbres, la más importante: nuestra forma de ser español. He mirado atrás,  — ¿quién no lo hace al empezar un año nuevo?— y me ha entrado cierto temblor al volver a leer aquella columna.

La costumbre de ser español va arrinconándose y da paso a ciertas novedades que no son tales, sino oposición a lo que a base de tiempo y generaciones ha creado nuestra cultura: la española.

Figura en los tratados de maldad que desarrollan repeinados inútiles y vanidosos gobernantes que maneja el ventrílocuo.

Ahora el camino en cuesta pretende nuestro cansancio de ser español; buscan que perdamos  la costumbre hasta darle muerte a lo español.

Y se hará costumbre…, pero yo jamás podré dejar de serlo. Con todo lo que conlleva, que puede que sea hasta el renuncio a serlo. Ellos lo llevan en su desgracia. Para otros, entre los que me incluyo, sería como ir perdiendo la costumbre de vivir.

Modernidad. «¿Cómo decir a este mundo que es un viejo? / No recuerda haber vivido nunca».

Preparémonos para el camino, la cuesta arriba, entre jaramagos y amapolas a pesar de los campos yermos… «Y, a veces, reluce el mundo ciertamente».

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

1 enero 2021

 

LAS DOS ESPAÑAS General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Una imagen ofende más que mil palabras

<<La ley por sí sola no basta para solucionar el conflicto catalán>>, dice este aficionado a los fraudes literarios que ahora se adentra en el campo de la política para nuestra desgracia. En lugar de cumplir la Ley y hacerla cumplir -como es su ineludible obligación-  escucha y sella la constante canción: Somos separatistas, queremos la independencia y no reconocemos al Estado español.

Se reúne en Barcelona con uno de los que encabezan ese separatismo, un condenado por la ley, inhabilitado para la acción política, aunque  intelectualmente también lo está; su capacidad no va más allá del insulto mezquino. De dos inteligencias de tal porte en una reunión de este calibre puede esperarse lo peor. Uno representa a menos de media España, mucho menos; el otro menos de la media Cataluña, prácticamente a nadie en el conjunto de España. Son apoyos que les conducen al totalitarismo.

Para el presidente del Gobierno hay dos cosas inexistentes:

1).-Los representantes de la otra media España de la que tanto habla.

2).-La Ley (no es necesario poner ejemplos) y la ley (caso Delcy Rodríguez; por ejemplo).

Dice que ser el representante de media España -tirando por lo muy alto- es lo que le lleva a arrodillarse ante el <<inhabilitado>> y con desparpajo decir: <<Tendremos presente la realidad plural de Cataluña, social, cultural y política. Solo cabe el reencuentro si se acoge a la totalidad de la sociedad catalana […] poniendo como mediador a los 47 millones de ciudadanos>>. Desfachatez (Diccionario RAE: cara de cemento). Contrasta con la repulsa a reunirse con la oposición, la otra media España -tirando por lo bajo-, para recoger su opinión.

Aprovecharán las dos inteligencias reunidas, que el pueblo español está adormecido, dominado por la presión mediática que resuena en nuestros oídos como música celestial, mientras nos roban la esencia y la decencia, <<…entre una España que muere/y otra España que bosteza>>.

La maniobra está clara. Es un camino lento, pero imparable, que comenzó el mismo día en el que se aprobó la Constitución: nacionalismos. Así empezaba la historia.

ETA mataba, asesinaba con una violencia desconocida en mente humana. No eran separatistas (ellos recogían las nueces), eran asesinos que pistola en mano han conseguido asaltar las instituciones e instalarse en ellas. Mientras, los separatistas catalanes esperaban, recogían parte de la cosecha con su aire digno y las arcas del 3%. No estaban solos. Forman parte de ese grupo que acaba instalándose donde pone el ojo, como Cuba o Venezuela, y que se perpetúa con el apoyo de quienes todos sabemos.

<<Va a ser un diálogo «franco y transparente>> (sobre todo franco).

<<Vivo un sentimiento de honor por reunirme con el jefe del ejecutivo autonómico […] He venido con respeto y emoción>>.

No sabe lo que dice porque camina por los pasos perdidos. En dos palabras (como el torero): im-presentable.

Hablar de dos mitades, de las dos Españas, es un juego peligroso cuando se fomenta y se trabaja en la división, algo que a los socialistas siempre les ha gustado. El juego que da eso de las dos Españas conduce al enfrentamiento y a las aguas revueltas, malolientes, donde estos personajes acostumbran a pescar.

La solución se presenta muy negra porque aquí la política, los políticos, unos y otros, tocan y discuten temas alejados del conjunto, que nada tienen que ver con la realidad social de España.

Este Gobierno de socialistas y comunistas ha decidido romper España arrastrando lo que ellos dicen representar: media España. La otra media bosteza; la múltiple oposición vive (y muy bien) su sueño dorado y al final toda España muere.

Llevo más de cuatro años defendiendo desde aquí una España unida. Creo que es un sueño del que empiezo a despertarme. Y lo que veo no me gusta.

Decía César González Ruano: <<Es algo tremendo cómo una costumbre adquirida durante muchos años, sin ningún esfuerzo se pierde en unas semanas>>.

Lo último que escribía: <<Voy creyendo firmemente que todo reside en la costumbre. Y que, muchas veces, la muerte consiste en ir perdiendo la costumbre de vivir>>.

¿Estaremos perdiendo la costumbre de ser españoles? ¿De vivir como españoles? Sería la muerte de la Nación. Será.

También dijo Ruano: <<Nadie se muere si vivió de veras. Se mueren solo los muertos. […] La inmortalidad es memoria>>.

¿Es esta una España muerta? ¿O entre todos la estamos matando hasta acostumbrarse a no ser España?

<<…entre una España que muere/y otra España que bosteza>>.

Debo repetirlo: Llevo más de cuatro años en este blog defendiendo una España unida. Creo que es un sueño del que empiezo a despertarme. Y lo que veo no me gusta. La muerte de España consiste en ir perdiendo la costumbre de ser españoles…

Morir y bostezar viene a ser lo mismo. Desaparecer.

Tantas españas que nos hemos quedado sin España.

Muchos la defienden, una, unida, pero escondidos en sacristías, desde no hacer nada. A otros nos señalan por intentarlo; a cara descubierta. Empiezo a despertarme y no veo más que muertos y bostezos.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

11 febrero 2020

ACOSTUMBRARSE A NO SER ESPAÑOL Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

El escritor César González-Ruano

César González-Ruano daba nombre a uno de los más prestigiosos premios para columnistas de periódicos y revistas. El último se entregó en 2013 y desde entonces la Fundación Mapfre, fundadora del premio, lo suprimió o lo cambió por otra cosa; vaya usted a saber. Las razones mejor las dejamos a un lado porque ninguna se sostiene en pié. Pierde la Fundación y perdemos el recuerdo de uno de nuestros mejores hombres, entretenido, vividor de todo lo bueno y lo malo, que si no, pasas por la vida sin haberte enterado.

El escritor sobrepasa al premio que lleva su nombre. Lo olvidamos, seguimos ignorando lo bueno que tuvimos. Es preferible permanecer en la noria con los ojos vendados. Siempre, por los siglos. Dicen que Ruano no era fiable. Lo son todos los que escriben. No fiables son los que no leen y, aún así, se atreven a interpretar. El mundo se deshace por las interpretaciones de los que no saben lo que leen.

César González-Ruano publica su última tercera de ABC el día 12 de diciembre del año 1965. El día de su muerte. Recordarlo me lleva muy atrás. Leía en ABC a González-Ruano antes de ingresar en la Academia Militar. No sé que tenían sus palabras. Solo casi recuerdo su nombre. Quedó en las mezclas de lecturas de aquella época. Alguna salta de repente y, entonces, de nuevo busco su compañía.

Hoy entre las hojas de Las batallas decisivas del mundo occidental del general J.F.C.Fuller, encuentro un recorte con aquél su último artículo. En amarillento papel la firma: César GONZÁLEZ-RUANO. Escondido entre las hojas del libro.

La Costumbre es el título de su última columna. Su despedida. Tengo la impresión que nunca le importó la muerte. En esta despedida se vislumbra que lo que le apena es que muera su escritura, que no vuelva la columna con la firma César González-Ruano. Todo, viene a decir, es costumbre… pero no lo dice de la escritura. Es eterno escribir, está siempre en la mente. Se vive y se duerme con lo escrito y con lo que por escribir queda: todo. Hasta el final. A lo eterno no se pudo acostumbrar el escritor porque lo desconoce, aún intuyéndolo.

Termina la columna. Y termina su vida: <<Voy creyendo que todo reside en la costumbre. Y que, muchas veces, la muerte puede consistir en ir perdiendo la costumbre de vivir>>.

Me temo que algo parecido nos ocurre. Estamos dejando la costumbre de ser españoles y dando paso a ciertas novedades que no son tales, sino oposición a lo que a base de costumbres y otras cosas ha creado nuestra cultura: la española.

Se trata precisamente de eso: …ir perdiendo la costumbre a lo español, a minimizarlo hasta que lleguemos a la muerte de lo español.

Entre las páginas 216-217 del libro Batallas decisivas del mundo occidental, capítulo dedicado al <<Sitio de Dyrraquium y la batalla de Farsalia>> (48 a. de J.), he encontrado el recorte de aquella tercera de ABC donde César González-Ruano decía adiós.

En esas páginas del libro puedo leer: <<En el fondo de todo aquel sistema, la usura actuaba como un cáncer para la república, y aunque la degeneración resultante fuera producto de la hartura más que de la carencia -o dicho de otro modo: de una violenta indigestión más que de una enfermedad mortal-, raras veces un pueblo ha caído tan bajo como el romano. Desprovisto de ideas religiosas, de moral, de virtudes sociales, aquella masa alimentada gracias a los donativos del Estado, se revolcaba en terribles vicios. El exceso de lujo produjo brutalidad, y esta dio paso a las costumbres licenciosas; como consecuencia, los matrimonios eran escasos y la falta de hijos se convirtió en mal endémico. Para aquellos degenerados, la libertad era libertinaje; en cambio para los plutocrátas significaba poder, beneficios sin cuento y un ilimitado afán de riqueza. Como consecuencia, el dinero llegó a convertirse en el único vínculo entre los hombres>>.

¿Por qué allí el recorte de aquella tercera de ABC? ¿En que estaría yo pensando cuando lo dejé olvidado? ¿Por qué surge ahora de nuevo?

Y todo esto, las costumbres licenciosas que nos traen a no ser españoles ni a amar a España, acabará imponiéndose hasta que desaparezcamos como Roma. La plutocracia se impone.

Una pira enorme se alzará junto a la puerta de las grandes bibliotecas. Se quemarán, uno a uno, todos los libros que pronuncien el nombre de España. Luego se prenderá fuego a las bibliotecas y a todo lo que dentro haya, o haya osado permanecer en su interior y pronunciar el nombre de España; un día.

Y se hará costumbre…, pero yo jamás podré acostumbrarme a dejar de ser español. Sería como ir perdiendo la costumbre de vivir.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

21 octubre 2018