LA LEGIÓN ANTE EL FUTURO: ¿QUÉ SIGNIFICA SER LEGIONARIO? General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

De antemano les digo que no voy a dar respuesta alguna. Sería descubrir un misterio y eso por definición es imposible. Lo que podemos hacer entre todos es aproximarnos al significado y escuchar el latido del sentimiento legionario por lo que hemos visto, vivido y aprendido cerca de los que sin saber lo que es ser, lo son.

De entrada aprecio que uno de las grandes virtudes del legionario es su soberbia humildad. Un oxímoron que hace de la soledad altiva, del que sabe que no hay tiempo que perder, una reflexión que le sublima ante las puertas de lo grande que le va a suceder: la muerte si es que llega.

Hay que hablar del Credo. De los artículos para la guerra y los permanentes para cualquier situación. De guerra es el espíritu del legionario, el de marcha, sufrimiento y dureza, acudir al fuego, disciplina, combate, muerte y bravura. Siempre y en cualquier situación: la bandera y la Legión.

Estos que parecen los más duros y difíciles de hacer realidad, vida y presente, encuentran en la práctica un sencillo cumplimiento del que está llena de ejemplos la historia de la Legión.

Otros espíritus más sencillos y usuales a priori, que deberían ser de uso diario y constante, tienen un cumplimiento más dudoso y presentan mayores dificultades en la cotidiana vida dentro y fuera: Compañerismo, Amistad y Unión y Socorro.

El Espíritu de compañerismo: Con el sagrado juramento de no abandonar jamás a un hombre en el campo, hasta perecer todos.

El Espíritu de amistad: De juramento entre cada dos hombres.

El Espíritu de unión y socorro: A la voz de ¡A mí La Legión!, sea donde sea, acudirán todos y, con razón o sin ella, defenderán al legionario que pida auxilio.

Durante estos últimos años, próximos al Centenario, y ya en él sumergidos, oigo con una preocupante frecuencia, repetido como si de un mensaje se tratara, desde dentro, que la Legión se ha adaptado a la modernidad y al nuevo estilo que la sociedad demanda. Lo he oído tantas veces que me ha hecho reflexionar sobre nuestro pasado, presente y futuro.

Me ha sonado el mensaje como una renuncia a lo que fue la Legión, una excusa (¿pedir perdón?) de lo que fue en el pasado, un no querer ser aquello que fue y por tanto renuncia a su historia primigenia y sus fundamentos o principios. La historia de la Legión no puede explicarse en color, en tecnicolor, porque la guerra es en blanco y negro y solo reluce en roja sangre y dolor eterno. La Legión está hecha para la guerra y no hay más. Si es otra su misión que se llame de otra manera y que sirva de manera distinta. Busquen a otros.

Ser legionario significa combatir hasta morir. No otra cosa, que para otra cosa no es necesaria legión, ni la Legión.

El futuro de la Legión es dudoso, porque entendieron (es una vieja historia de uniformados) que puede sobrevivir con su folklore más o menos atractivo, incluso con su polémica existencia, siempre que, con cobarde habilidad, quede solo su representación. Bambalinas, una teatral escenificación.

Al valor se le engaña: «Cuán dulce el engaño,/ que encamina al fin imaginado y deseado…». Porque ya han pasado los tiempos aquellos en los que se podía, entonces, ser sabio y guerrero; y poeta. Hoy basta con ser malvado.

El general Millán-Astray, fundador de La Legión, lo dejó escrito: «¡Gorros y chambergos, capotes y sandalias, camisas descotadas, correajes, oficinas, motocicletas, calabozos y guantes de manopla! Sois el vestuario, las bambalinas, los telones; pero el escenario está en otros lugares y allí… ¡Es la tragedia la que se representa!».

La Legión es tragedia, belleza homérica para quien la siente, una comedia que no requiere escenarios ni actores deslucidos. Solo el campo de batalla.

Solo la realidad del combate, la tragedia que se representa cada día.

No les entrenéis para la escena; no para otra cosa que no sea el combate. No engañéis a los legionarios para que sean como los demás o, si así lo queréis, borrad su nombre; llamadlos de otra manera. ¿Quién sabe del duelo con la muerte sino los analfabetos de la vida?

Contad la verdad con la dureza y sin temor a las consecuencias. Pero jamás admitáis un sucedáneo de la historia con el peso que ello significa para su continuidad. Ser legionario es insoportable, para algunos inadmisible; por ello hay que mantener algo más que su imagen: su verdad.

Cien años de Legión no pueden tirarse por la borda de la historia ni contar cosa distinta a lo que fue, a lo que debe ser y seguir siendo.

Que cada uno ocupe su sitio en formación y todos cumplan con su deber. Será el mejor homenaje a un Centenario entre sombras.

Rafael Dávila Álvarez. General Jefe de la Legión entre 2001 y 2004.

Blog: generaldavila.com

15 noviembre 2020

 

VETERANOS DEL EJÉRCITO DEL AIRE General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Nunca debemos olvidar a aquellos españoles que hicieron el Servicio Militar obligatorio en nuestros Ejércitos y Armada. Su servicio además de impecable ha sido un ejemplo en el conjunto de los ejércitos del mundo. No siempre se recuerda. Esta Institución nuestra, tan querida, las Fuerzas Armadas, no suele ser de las más agradecidas. Recuerda aquello tan legionario: <<Os lo debemos todo, pero nada os daremos>>. Eso está muy bien, pero mejor si de vez en cuando, al menos, te dan una palmadita en la espalda.

Siempre me ha llamado la atención el espíritu y entrega de aquellos soldados de la mili obligatoria. Inmejorables.

Hace no mucho tiempo, un grupo de veteranos me llamó para asistir a una de sus celebraciones; era la Agrupación de Veteranos de la Base Aérea de Torrejón, Ala 12.

¡Cómo iba a negarme! Era una llamada al deber, un ¡A mí la Legión! que entre soldados sabemos lo que significa.

Allí estaban reunidos tratando sus añoranzas, su presente y su futuro, alrededor de su veteranía y sobre todo de su Patria, su Bandera y su Ejército del Aire. Actualizando y poniendo en orden ese infinito amor a España que desde que vistieron el uniforme azul  jamás han abandonado.

La edad no cuenta y estaban el más veterano y el más reciente, que da lo mismo en cantidad y calidad de servicio. Este general, y todos, tiene mucho que aprender de un soldado, y siempre se está a tiempo, incluso ya retirado; esa permanencia, unidad y añoranza es una de las enseñanzas que todos deberíamos perseguir.

Quedé sorprendido. Yo no era nadie al lado de aquel grupo cohesionado, unido por el servicio, eran todo milicia, mucho más que un general, un ejemplo de vida militar. Uniformados con su veteranía y sus ropas distinguidas de los veteranos, impecables, respetuosos, en perfecto estado de revista.

Pensé en los buenos jefes que tuvieron, seguro, no hay duda, y me dije ¡qué gran labor cuando la semilla cae en fértil tierra!

Después almorzamos juntos y quedamos unidos para siempre. Soldados del Ejército del Aire, con su presidente, vicepresidente, organizados, seguros de su futuro y, quizá, sin ser conscientes del todo del enorme servicio que siguen prestando con esa ejemplaridad de vida que seguro transmiten en sus familias y trabajo.

Gracias soldados. Os debo este reconocimiento. Muchas veces en el olvido, pero es bueno que sepamos que como estos soldados de Ejército del Aire, hay muchos que quedaron por su mili unidos y siguen así después de muchos años, recordando, sintiendo y amando España y a sus Fuerzas Armadas. Allí les enseñaron y ellos ahora a los demás nos enseñan con su ejemplo.

Soldados, Agrupación de Veteranos de la Base Aérea de Torrejón: Vuestro espíritu me ha hecho soñar en el vuelo eterno del indomable espíritu de ser español, de ser soldado de Tierra, Mar o Aire, simplemente eso, la grandeza de ser español. Y si encima se ha sido soldado.

Gracia amigos, Soldados Veteranos de esa admirable Agrupación.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

ANECDOTARIO MILITAR: HUMOR E INGENIO General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

MILICIA Y HUMOREn la milicia el humor ha sido en numerosas ocasiones una forma de expresar con aguda crítica situaciones que no podían tener otra forma de expresión que la fina burla de la ironía. Lo dejó plasmado el General Bermúdez de Castro en su antológico libro «MILICIA Y HUMOR». El humor, la anécdota como arte, historias convertidas en historia.

La vida militar está llena de anécdotas, unas veces divertidas y amables, otras duras, desgarradas, pero todas, al haber sido compartidas, el tiempo las ha transformado en entrañables recuerdos.

He contado en la prensa y en el blog varias de ellas y para facilitar su lectura he creído conveniente agruparlas en un único artículo.

legion-marruecos--644x362No tengo la menor duda en empezar con la del legionario que fue capaz de conversar con Franco con mayor habilidad que este en Hendaya. Venía el Caudillo de una cacería en Jaén cuando, en un alto técnico en Despeñaperros, le avisaron de la presencia de un individuo que insistía en saludarle porque había sido legionario suyo en Ceuta y aseguraba conocer mucho a SE. Franco no tuvo inconveniente, es más, le reconoció al instante, haciéndole pasar un momento al interior del coche. El Caudillo se interesó por su vida y al final de la conversación se ofreció a prestarle ayuda si algo necesitaba. El astuto legionario nada pidió para él, pero sí para un íntimo amigo de la zona que era guardia civil y que al ser de Melilla, donde tenía a su familia, se encontraba muy decaído. Tomó nota el Ayudante y al poco tiempo el guardia salió destinado a Melilla para su sorpresa y estupor ya que nada tenía que ver con aquella ciudad . El legionario, consumado cazador furtivo, se quitó de encima al guardia civil antes de que acabase detenido ante la persecución a la que le tenía sometido.

Doy fe de la anécdota contada por vía directa del que la presenció.

Ser piloto requiere unas condiciones que deben ser revisadas periódicamente para obtener el correspondiente certificado de vuelo. Un General del Ejército del Aire acudió a su reconocimiento habitual y se encontró con el diagnóstico del oftamólogo:

– Mi General, lo siento pero vuecencia no ve muy bien. No voy a poder firmarle el certificado.

El General sin inmutarse le contestó:

– Mire usted Capitán si veo bien, que le veo a usted destinado en Villa Cisneros.

Asunto resuelto.

Quizás esta anécdota tenga que ver con aquél piloto que en un Junkers regresaba a Tánger después de haber dejado en Sevilla a un grupo de legionarios durante los comienzos de la Guerra Civil.140322-15

La tripulación se reducía al Capitán piloto y mecánico. Al empezar a notar fallos en el avión el Capitán le ordenó al mecánico que fuese a por los paracaídas. La situación cada vez se agravaba más; pasaba el tiempo sin que el mecánico apareciese por la cabina. Los gritos del Capitán debieron oírse en tierra y al fin acudió el mecánico, eso sí, con su paracaídas ya puesto.

– ¡¿Qué pasa con los paracaídas?!

Rotunda respuesta:

– Mi Capitán es que el suyo no aparece por ninguna parte.

Al final no fueron necesarios. Sin comentarios.

Las Academias militares son el lugar donde más anécdotas se concentran. A modo de muestra contaré la del Comandante profesor, gran persona, que por un accidente en unas maniobras había perdido la audición. Los cadetes, ante la sordera del profesor, solían solicitar permiso para entrar en clase con cierta maldad cambiando la reglamentaria frase: «¡¿Mi Comandante, da usted su permiso»?!, por:

07 AGM Uniforme Gris 1943 Postal Salas– ¡¿Mi Comandante me compra usted un piso?!

– Pase, pase… Caballero.

Respondía siempre amablemente el profesor.

Pero en cierta ocasión la contestación del Comandante fue una desagradable sorpresa para el Cadete de turno.

– ¡¿Mi Comandante, me compra usted un piso?!

– Sí Caballero, como no, pero se lo empezaré a pagar cuando salga usted de corrección (especie de calabozo donde se cumplían los arrestos más graves).

Se había comprado un sonotone.

No quiero alargarme porque hay para un libro.

Tuve un soldado de Monforte de Lemos que siempre estaba pidiendo permisos para irse a su pueblo. Debía de tener un buen patrimonio en tierras y andaba metido en juicios con su vecino por problemas de lindes. Un día regresó muy contento diciéndome que ya lo había arreglado todo y que no volvería a pedir más permisos.

ordenanzas_1Después de contarme la historia del pleito le nombré Cabo.

Mi querido soldadito durante el desarrollo de la causa consultó con su abogado la posibilidad de enviarle un jamón y buen vino al Señor Juez para conseguir una resolución satisfactoria. El abogado le dijo que ni se le ocurriese ya que el magistrado era muy recto y que iba a ser contraproducente. El juicio se enredó y todos lo daban por perdido, incluso el abogado se retiró del caso.

Pasado el tiempo se encontraron soldado y abogado que le preguntó por el resultado del juicio. Su sorpresa fue grande al enterase que lo había ganado.

– Pero hombre, ¿como conseguiste ganarlo?

– Pues muy fácil, hice caso de su consejo y le envié el jamón y el vino al Juez, pero a nombre de la parte contraria.

¡Qué bien hice en nombrarle Cabo! Fue uno de los mejores que he tenido a lo largo de mi vida militar. Listo, leal y cumplidor al máximo.ordenanzas_2

En fin, la milicia escuela de la vida, donde alguno se declaraba joyero de profesión y lo que hacía eran joyos hasta el legionario que en su red social se anuncia diciendo: «director, escritor, cantante, poeta, pintor, actor, compositor, escultor… y ni aún así triunfo, así que ¡LEGIONARIO!». Es textual.

Anécdotas, humor, ingenio. Humor e ingenio requieren la facultad de discurrir; en la milicia suelen ir unidos. La vida sonríe cuando con ingenio se comparte lo bueno y lo malo.

Es parte fundamental de la milicia: compartir.

Espero haber compartido con ustedes una sonrisa. Buena falta nos hace.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Publicado en Blog: generaldavila en junio 2015

26 junio 2020

LEGIONARIOS DE HONOR. General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

IMG_2232Legionario y honor, dos palabras unidas por un vínculo indestructible. Decir legionario es decir honor. El que ha sido o es legionario, no necesita más título que el de Dama o Caballero Legionario. No hay mayor honor que el haber servido en la Legión y el grado más elevado es morir en combate.

Si esto fuese palabrería mejor que no existiese la Legión. Cerca de 10.000 muertos y más de 45.000 bajas nos lo demandan. Es el honor al que nos debemos y la exigencia que contraemos.

Mientras no haya combate, el legionario entrega la vida en cada actividad que desarrolla, desde la más humilde a la más gloriosa, que todas son igual de honrosas cuando se hacen con devoción y dedicación.73_BANNER_CENTENARIO

El título de Legionario de Honor es una concesión que se hace a favor de alguien que demuestra que su vida está enmarcada en el Credo legionario, que ama a la Legión como si realmente legionario fuera. Concesión para aquellos que sin ser legionarios demuestran a diario unas virtudes dignas de esta hermandad, militar, guerrera y heroica, donde se da culto al honor, al valor y a la amistad.

credolegionariooriginalne0¿Por qué el título de Legionario de Honor? Por amor a España y a la Legión. Pero nadie ama sí no está dispuesto a dar la vida por lo que ama. Estas son las razones y las obligaciones de un legionario de honor: Amar a España y a la Legión, y estar dispuesto a dar la vida por ello.

La historia del título de “Legionario de Honor” es inherente a la fundación de este Cuerpo. Desde que se funda la Legión muchos son los que quieren ser legionarios y por distintas razones no pueden vestir la camisa verde. Son vocaciones que quieren adentrarse en ese misterio de vida y muerte, de humilde y sencillo heroísmo. Repasad el Credo de la Legión. ¡Cuántos se ven allí reflejados! Es un Credo para los luchadores de la vida, los aventureros, los soñadores, los esperanzados y también para los desesperados. Es una escuela de vida que te prepara para afrontar la muerte. Por eso a ella se apuntan los que vestirán la camisa verde y los que, sin lograrlo, visten su corazón con ella. Son los “Legionarios de Honor”, unos con título reconocido y otros con un título más grande si cabe, el testimonio de su vida. De ahí que pronto se instituyese esta bella costumbre de nombrar legionarios de honor. Era la forma de aunar sentimientos y crear hermandad alrededor del amor a España y a la Legión. Nunca cerró las puertas el corazón legionario a aquellos que querían penetrarlo y sentar plaza entre sus latidos.

El 23 de diciembre de 1921 el ilustre periodista José Ortega Munilla, padre del universal José Ortega y Gasset, llega a Ceuta y es invitado por Millán-Astray a visitar la Legión. Allí el Jefe de la Legión filió al periodista entre los legionarios. ¿Fue el primer legionario de honor? Aceptémoslo así.2

Merece la pena detenernos en las palabras que en su crónica en ABC escribe este primer legionario de honor:

Desfilaron las tropas legionarias. Su teniente coronel, Millán-Astray las mandaba con voz aguda y vibrante, que a veces me pareció el sonido de una corneta que formulara vocablos castellanos…

Allí me confirió Millán el honor de filiarme entre los legionarios, y me regaló el capote con que cubrí mi persona…

Hace falta algo de anómalo en la psicología para que lo imposible sea posible”.

“Saludo al nuevo legionario”, le grita un oficial y Ortega Munilla contesta:

“Sois la fuerza suprema, sois la vibración de una voluntad potentísima. Brindo por vuestras proezas, que han de ser grandes. Yo ya no puedo ser sino el legionario de mis nietos”.

Don Rafel Fernández de Castro(con brazalete negro)

Don Rafel Fernández de Castro(con brazalete negro)

Tuvo en aquellos tiempos que haber más nombramientos, aunque el largo periodo de la Campaña de Marruecos no permitiría otra cosa que no fuese combatir.

El primer título del que se conserva copia es de fecha 1 de agosto de 1929, concedido a otro ilustre periodista, natural de La Coruña, como nuestro fundador: Rafael Fernández de Castro y Pedrera. El título constituye un precioso documento de gran valor histórico y sobre el que se inspira el que se entrega actualmente. Decía:1

Se autoriza al interesado con arreglo a las costumbres establecidas a disfrutar de los derechos que en virtud de este grado se le confieren de cantar nuestro himno, rezar y observar nuestro Credo, poder dedicarse a la captura y transporte de tablas y tableros, sentirse farruco y dar el grito de “A mi la Legión” si las circunstancias lo exigieren”.

Actualmente modificado dice:

“Que autoriza al interesado, con arreglo a las costumbres establecidas, a disfrutar de los derechos que en virtud de este grado se la confieren de cantar nuestro himno, observar nuestro Credo y con el gorrillo legionario, dar los vivas reglamentario, a España, al Rey y a la Legión”.

Sólo el General Jefe de la Brigada de la Legión, responsable institucional de todas las unidades de la legión, puede conceder este título. Y lo hace bajo criterios de enorme rigurosidad y exigencia.

No es un título para exhibir, ni para guardar o presumir. Muchos nombres famosos llevan este título concedido con generosidad por la Legión. Pero no es al nombre a quien se da un título, sino al hombre y sus virtudes. Es un compromiso que se contrae. Una exigencia que te obliga a decir constantemente “por España”, “por la Legión”, a cumplir y a vivir bajo los espíritus de su Credo. La honradez y el honor obligan y obliga también a la Legión, como si entre ambos hubiesen sellado el Espíritu del Credo, el de “Amistad”, de juramento entre cada dos hombres. No es necesario vestir el uniforme legionario. Te imponen su gorrillo que cala hasta los tuétanos. Lo notarás en el momento de la imposición y si no es así, mejor que renuncies.

Si alguno esconde el título, lo incumple o simplemente se olvida de lo que significa, allá él y su compromiso de honor. Honra a quien lo recibe y deshonra a quien lo incumple.

10406456_465715233531625_8063872497858607900_nDecíamos ¿Por qué el título de “Legionario de Honor”?: Por amor. Amor a España y amor a la Legión. Nadie ama, ni sabe lo que es el amor, sí no está dispuesto a dar la vida por lo que ama. Estas son las razones y las obligaciones.

No entra dentro de las obligaciones, pero quizás sería bueno también formar unidad entre todos los que ostentan este honroso título:

Legionario de Honor”.

General Rafael Dávila Álvarez (R.) (Jefe de la Legión 2001-2004)

A lo largo de mi mando de la Legión concedí varios títulos de “Legionario de Honor“. El que recuerdo con más fervor legionario y ejemplo de amor a España y a la Legión, es el que concedí a Doña María del Carmen Valentín Sánchez, “Dama Legionaria de Honor“. Fue el 8 de marzo de 2003. Su sangre corre por las venas legionarias. Su marido fue Caballero Legionario alcanzando el empleo de Comandante de la Escala legionaria y sus cuatros hijos, Vicente, Carlos, Victor y Juan, Cabos Caballeros legionarios. ¿Se puede dar más por la Legión? ¿Se puede amar más después de dar lo que más amas? Ejemplo y virtud Doña María del Carmen. la Legión se siente orgullosa de usted. Usted es Dama Legionaria de Honor pero es más, es ejemplo de “Honor” y es  la Legión la que tiene el honor de tenerla  entre sus filas.

Blog: generaldavila.com

19 agosto 2018

FURTIVOS DE LA POLÍTICA. EL LEGIONARIO QUE ENGAÑÓ A FRANCO  General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

FURTIVOS DE LA POLÍTICA. EL LEGIONARIO QUE ENGAÑÓ A FRANCO General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Tener un amigo es un tesoro. Es costumbre española que el amigo, no pocas veces, se confunda con el conseguidor. Don Jacinto Benavente lo puso en boca de Crispín en Los Intereses Creados: <<Mejor que crear afectos es crear intereses>>.  

En los años cincuenta no había casi coches en España y los que había eran de importación lo que requería una licencia especial y numerosos trámites burocráticos para conseguir un flamante Ford, Citroën o Fiat. Pero, como casi siempre, quedaba el recurso del amigo, en aquellos momentos, en este caso concreto, el amigo debía ser el mismísimo ministro. Para conseguir ser poseedor de una de aquellas maravillas automovilísticas era imprescindible, además de dinero, tener un papel firmado por el ministro del ramo y si no, no había coche. El ministro de Comercio, el de la firma necesaria, era don Manuel Arburúa, Manolo para los amigos. Como es lógico el ingenio español que todo conoce y a todo bautiza, no dejó de hacerlo con los coches de aquella época:¡Gracias Manolo! Así llamaron a los vehículos que entonces circulaban por España. No creo que nadie tuviese en aquellos momentos más amigos que el señor ministro Arburúa. Franco debió de tener mucha gente alrededor, pero amigos creo que pocos, eso sí alrededor hubo muchos intereses, aunque no era fácil sacar provecho del Palacio del Pardo. Cuando menos te lo esperabas un motorista aparecía en tu casa con un sobre que dentro llevaba el agradecimiento por los servicios prestados.

Pero sé que hubo alguien, un humilde legionario, que fue más astuto que aquellos visitantes del Pardo y se llevó al Caudillo al huerto con astucia y elegancia. ¡Lo que no haga un legionario…!

Venía Franco de una cacería celebrada en alguna finca de Jaén cuando se realizó un alto técnico en conocida venta de Despeñaperros. El despliegue de curiosos y las medidas de seguridad no impidieron a un viejo legionario acercarse hasta el ayudante del Caudillo para expresarle sus deseos de saludar a su antiguo jefe de la Legión. El ayudante, antiguo legionario también, cuando ya Franco iba a meterse en el coche y emprender de nuevo el viaje se acercó a comentarle el hecho mientras señalaba al legionario que esperaba discretamente apartado. Franco lo reconoció de inmediato, incluso recordó su nombre, y con un gesto de la mano le invitó a  acercarse.

(El propio ayudante me contó esta historia).

-No podía creerme lo que veía: Franco indicaba al legionario que entrase en el vehículo y los dos sentados en la parte posterior charlaron durante unos minutos.

Algunos recuerdos de aquellos tiempos, miradas de entrañables aventuras y riesgos africanos, nombres y empleos casi olvidados, muy pocos minutos, pero contaba el ayudante que se veía a Franco feliz con aquel hombre que avivaba sus recuerdos legionarios. Terminaba la conversación, había que despedirse.

-¿Te va bien la vida, necesitas algo?

-Nada mi general. Se lo agradezco mucho. No se moleste por mí. Estoy bien, no me puedo quejar, pero ya que Vuecencia me lo ofrece me gustaría pedirle algo para un amigo. Si no fuese por la amistad…

-Dime, dime, no te cortes; ¿es un familiar…?

-No mi general. Se trata de un guardia civil aquí destinado y que es de Melilla donde tiene a toda su familia. Se encuentra muy solo tan lejos de ellos y ya sabe lo difícil que están las cosas para poder traérselos a vivir aquí, porque además sus padres son muy mayores.

Franco sin dudarlo llamó al ayudante y le hizo tomar nota del nombre del guardia civil. En menos de dos meses aquel número de la benemérita estaba presentándose al Jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de Melilla.

-¿Pero tú quién eres que desde El Pardo han dado orden de tu destino a Melilla?

-No soy nadie mi teniente coronel, yo estaba feliz en mi destino en Santa Elena y de repente me he visto aquí destinado sin yo pedirlo.

-¿Pero qué me dices? ¿No tienes aquí a tu familia?

-Yo mi teniente coronel es la primera vez que piso Melilla, que no sabía ni donde estaba.

Al final la historia quedó descubierta. El legionario era un furtivo sin remedio al que aquel guardia civil llevaba persiguiendo noche y día sin dejarle en paz. La solución era mandarlo mientras más lejos mejor.

Y entre legionarios…

Les he contado esta historia varias veces, pero creo que conviene recordarla cuando vemos que aquí, a lo que se ve y se oye, no se gobierna sino que el Gobierno, el que gobierna, se ha convertido en una agencia de colocación.

Furtivos de la política que colocan y descolocan para sus particulares cacerías.

Gobiernan no para llevar adelante el proyecto llamado España sino para crear intereses: los suyos.

Furtivos de la política. El resto, a los que vigilan, lejos, mientras más lejos los manden, mejor.

Si es posible, si les queda aún memoria sin manipular, recuerden como son las cacerías de ahora: ministro, juez y parte. Aquel día quedó escrito todo sobre nuestra reciente historia. Vendrán días de gloria… Como aquellos.

El tiempo inapelable.

<<Muchos los portatirsos, pero pocos los bacantes>>.

Que más da si ya hasta la memoria hemos perdido: manipulada.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

12 agosto 2018

MÁSTERES Y TITULACIONES. EL JOYERO Y EL COJONARIO General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

No recuerdo yo esos de los másteres en mi juventud. Aquí, donde la más principal hazaña es obedecer, entrabas en una Academia Militar y al finalizar te incorporabas a las unidades a desarrollar lo aprendido. Después llegaba lo de los másteres que siempre se han llamado cursos. De ascenso, de especialización, de idiomas, y no sé cuantas cosas más. Media vida haciendo cursos, estudiando y perfeccionando tus capacidades. ¿Qué quieres ascender?: curso al canto. ¿Qué quieres ese destino?: curso necesario. Másteres ninguno. A mí esa palabra no me suena en mi hoja de servicios.

Para curso y título con solera, y la base de todos los demás, el de cabo. Recuerden y divulguen; es muy necesario en los tiempos que corren: <<El cabo, como Jefe más inmediato del soldado se hará querer y respetar de él, no le disimulará jamás las faltas de subordinación. Infundirá en los de su Escuadra amor al oficio y mucha exactitud en el desempeño de sus obligaciones. Será firme en el mando, graciable en lo que pueda, castigará sin cólera y será medido en sus palabras, aún cuando reprenda>>. Ese sí que es un máster.

Los militares llevamos en el pecho los distintivos de los cursos que hemos realizado, prendidos en la guerrera, que en un soldado es un auténtico e indestructible  archivo que no requiere la firma de ningún profesor ni rector, porque, aquí, nos conocemos todos y todos sabemos casi todo de todos, entre otras cosas lo que cada uno ha hecho y ha deshecho.

El pecho de un soldado es su hoja de servicios donde en un rápido vistazo se puede leer su historial entre cursos y condecoraciones. Alguno lleva tantos que acaba con apodo: el Chapas. Todo estaba a la vista sin tener que revisar archivos o expedientes.

Luego, algo más tarde, llegó eso de la distancia, que es el olvido, aprender desde lejos, primero con envíos a domicilio, luego con internet, y sin darnos cuenta aparecieron paracaidistas por correspondencia y guerrilleros de internet, pero se les notaba mucho y pronto tuvieron que abandonar y volcarse más en un máster… por correspondencia, no presencial.

La cosa cambió mucho con la enseñanza a distancia. Empezaron a proliferar cursos, títulos, másteres, especializaciones en cosas de las más extrañas, y aparecieron esas cartulinas pomposas, llenas de sellos y firmas, que casi nunca servían para nada, pero puntuaban. Un título con firma vale mucho, y con membrete ni te cuento, que decía d´Ors que en el principio fue un membrete, así que lo que vale y pesa no es lo que hayas hecho sino lo que el papel lleno de sellos diga que has hecho. Sobre todo si está bien firmado, lleno de firmas, como esos títulos que hay en las consultas de los médicos.

Aunque ya se sabe que no todas las firmas son tales. Ahora las hay virtuales, digitales, o sellos que las sustituyen. Las hay interinas, por ausencia, accidentales, incluso hasta falsas. No todas las firmas son de quien son. Esperemos que no se invente el robot con gorra, estrellas o galones  y firma, aunque quien sabe…

Al salir de la Academia y antes de hacer ningún curso estuve destinado en un Centro de Instrucción de Reclutas. Llegaban los soldados cada tres meses procedentes de todas las tierras de España. De todos los niveles de conocimiento, formación y educación. ¡Qué buenos soldados!

Cuando empezábamos a filiarles ya les notabas en la cara y en los gestos quien iba para cabo. En cierta ocasión al preguntarle a un grandullón, fuerte como un toro, su profesión, contestó alto y claro:

Joyero mi teniente.

-¡Caramba! ¡Qué bonito oficio! ¿Y qué tipo de joyas haces?

-No mi teniente, no hago joyas, yo soy joyero de hacer joyos.

No, no me tomaba el pelo. Era así, joyos era lo que él hacía, un buen oficio para zapadores; sin título reconocido fue aquel muchacho uno de los mejores cabos que tuve en la compañía. El joyero hacía joyos, pero hubiese hecho, mejor que nadie, joyas o lo que le hubiesen enseñado. Un par de másteres y la vida solucionada. Se limitó a ser un buen cabo, pero de verdad.

Tengo para mí, para mi intimidad, un título curioso y sin máster alguno del que me enorgullezco. Me lo concedió una de mis nietas. Aunque no está firmado. Es lo bueno que tiene, que no es falso. Creo que ya se lo he contado en alguna ocasión, pero no me importa repetirme. Ya les digo que es para la intimidad.

“Cojonario” algo más que un máster

Mandaba yo la Legión cuando me llamó un día mi hija a contarme una historia al menos graciosa. Una de las profesoras de mi nieta la llamó para preguntarle por la profesión del abuelo porque la niña no hacía más que repetir que su abuelo era cojonario. Les aseguro que yo jamás había pronunciado esa palabra ni se me había ocurrido una síntesis tan magnífica para definir a un legionario con una sola palabra. Hubo que dar explicaciones en el colegio, pero como entenderán yo, el abuelo, acababa de conseguir el título más bonito y de más categoría de mi vida; y sin hacer máster alguno: cojonario.

De lo que se deduce que los títulos te los da la vida y los másteres te los da, vaya usted a saber, porque donde hay un buen joyero que hace joyos hay un buen refugio, y donde hay un cojonario, pero un máster solo es un papel que emborrona cualquier carrera, y además se necesitan tantas firmas, por lo menos tres y nunca se sabe, que dicen los médicos que uno cura, dos dudan y tres sepultura segura.

Dejen, dejen, no se líen con un máster más o uno menos; hagan un buen joyo y para amigos elijan a un cojonario. De los otros, del fuego amigo, ni fiarse, que luego van y te empapelan la habitación de másteres, los enseñan por ahí, y hasta te cierran la puerta y ya no sabes por dónde salir, aunque tampoco nadie sabe por dónde, ni por qué, ni para qué entraste. Cuando te quieres dar cuenta te has quedado más solo que la una. Eso sí, con tu maestría enmarcada y firmada. A nadie le importa. No importa el máster o el no máster, que en definitiva para nada vale entre tanto licenciado. Lo que verdaderamente importa es tocar… los cojonarios.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

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9 abril 2018

 

 

 

 

LA GUERRA DE MARRUECOS (1907-1927) (Historia completa de una guerra olvidada) Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

La Guerra de Marruecos (1907-1927)

En las Academias militares se enseña poca historia. Mal hecho. No se hace la guerra solo sabiendo tácticas y técnicas académicas. Sin saber historia no se pueden tomar decisiones acertadas y brillantes. Si analizamos las principales batallas militares podremos comprobar cómo las decisiones de los vencedores han salido siempre de jefes amantes y conocedores de la historia. Es la gran maestra de la estrategia, pero también de la táctica y de la política.

Nuestra enseñanza en general huye del arte cuando la vida es puro arte. La guerra y la política también. El arte es la elegancia a la hora de actuar, la sencillez y la eficacia. Cuando la historia se convierte en una asignatura que sirve para manipular las conciencias, para mentir y contar las cosas como no fueron, para adoctrinar, nos encontramos con la derrota de un pueblo manipulado y engañado. El conocimiento no consiste en acumular datos sino en saber descubrir la verdad entre tanta información basura que nos rodea.

Por eso cuando alguien narra la historia y lo hace con rigurosidad y eficacia hay que pregonarlo. Eso pretendo hoy con el libro de Salvador Fontenla Ballesta que acaba de publicar la editorial La esfera de los libros cuyo título es La guerra de Marruecos (1907-1927) Historia completa de una guerra olvidada.

Salvador Fontenla Ballesta es general de Brigada, diplomado de Estado Mayor, legionario, paracaidista, y tenemos la suerte de que además es colaborador de este blog. Es Doctor en Historia por la Universidad Complutense de Madrid. Si me lo permiten, entre nosotros, les diré que es un sabio, un conocedor de la milicia en su concepto de arte, que es lo que es. Pienso que la milicia no ha sabido aprovechar del todo sus conocimientos para transmitírselo a los jóvenes que se forman en las Academias Militares. Hace años que conozco a Salvador y soy un ferviente seguidor de lo que escribe, aunque sean apuntes de tertulia. Siempre hay sabiduría en él. De Marruecos pocos saben lo que él. Por afición, pasión y estudio de aquel pueblo desde sus ancestros. Conoce al detalle el alma y las tradiciones de los hombres de una tierra muchas veces impenetrable, incluso para los que allí han vivido años. 

Marruecos siempre ha estado cerca de España y España ha mirado desde hace muchos años al Sur. Hablar de la Guerra de Marruecos es algo difuso, olvidado a veces, otras controvertido.

No es fácil entender, asumir, y resumir la larga aventura de la acción española en el Norte de África. Fechas, nombres, tratados y conferencias, se mezclan dificultando el hilo conductor de una narración que se haga entendible para el profano en la materia. Si a eso añadimos la complejidad de la mezcla política y militar de la mayoría de las situaciones la historia queda casi relegada a los estudiosos y expertos. Ahora, gracias al general Fontenla, se abre al completo la puerta de aquella historia y la lectura se hace fácil y comprensible. Una narración amena y rigurosa que da paso al conocimiento.

Es de agradecer porque la historia de la Guerra de Marruecos desde 1907 a 1927, una guerra olvidada, tiene mucho que ver con la historia de España del siglo XXI llegando sus consecuencias yo diría que hasta nuestros días.

Riguroso y entretenido libro el del general Fontenla. Imprescindible.

El desembarco de Casablanca y El Raisuni, la campaña de Melilla, el Kert, el derrumbamiento de la Comandancia General de Melilla, el Desembarco de Alhucemas y la derrota de Abd el- Krim… van siguiendo un hilo conductor comprensible con el que al finalizar su lectura puede uno exclamar: ¡Por fin!, por fin me he enterado. El final del libro es un análisis de conclusiones verdaderamente valioso y actual donde al autor no se le escapa ni un solo detalle llegando a una comparación de enorme interés entre la intervención de España en Marruecos y la reciente de Afganistán.

El desembarco de Alhucemas

Gracias mi general y este será para mí un libro de permanente estudio y lectura.

Español lee y divulga… Es tu historia, la de España.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

26 julio 2017

ZAFARRANCHO EN LA POLÍTICA ESPAÑOLA General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Zafarrancho en la política española

En cierta ocasión un nutrido grupo de señoras visitaba las dependencias de la Legión en Ceuta. Más interesadas por lo doméstico que por las instalaciones de combate fueron a ver los dormitorios donde previamente se había realizado un zafarrancho a fondo. En la puerta un cabo legionario de dos metros de estatura y barba hasta el pecho miraba por encima del infinito militar. Las señoras quedaron sorprendidas del brillo del suelo que parecía recién pulido.

-¡Qué barbaridad! Aquí se puede comer sin mantel. ¿Cómo lo harán para que esté tan limpio y brillante?

El cabo legionario

Con cierta timidez una de ellas se acercó al cabo que no parecía precisamente el David de Miguel Ángel.

-Oiga legionario ¿Cómo limpian ustedes esto? El cabo sin dejar de mirar el lugar que su posición de firmes le exigía contestó con aire legionario.

-A mantazos, señora, a mantazos.

No entendió muy bien aquella dama lo que el legionario quiso decirla, o entendió algo distinto, porque algo ruborizada ya no preguntó nada más. El teniente que las acompañaba tuvo que explicarles que el brillo y la limpieza se lograba a base de muchas horas y constancia, con una fase final que consistía en subirse un legionario de buen peso sobre una manta de la que a modo de bayeta tiraban otros dos; así hasta que el suelo, como si fuesen las botas del uniforme, brillaba más que el sol. Y si no lo conseguían ya se sabe: ‹‹mantazo que te crió››.

Zafarrancho en la milicia es la palabra utilizada para designar la limpieza general de todas las dependencias del cuartel, también la personal, incluido el armamento, y que suele finalizar con una meticulosa revista.

En la navegación significa quitar los estorbos de una parte de la embarcación y dejarla preparada para un determinado trabajo o actividad.

Zafarrancho en la política española

Al margen de otros significados, nos quedamos con estas dos acepciones que son las que mejor encajan en la necesidad actual que requiere la política en España. Aunque solo sea por higiene, aunque también por aburrimiento, sería bueno practicar un zafarrancho a fondo y una posterior y detallada revista. Cuando todo esté limpio y aseado, se debe pasar exhaustiva revista, saldrán todos los políticos, uno a uno, con los forros de los bolsillos a la vista, en perfecta formación, y no les será permitido acercarse a las sedes de los partidos durante una generación.

Hagan ustedes el equipaje. Embalen sus pertenencias. El último que apague y pague la luz y, ya en la calle, sacúdanse el polvo de los zapatos.

Presidentes y vicepresidentes, ministros y sucedáneos. Senado y senadores, Congreso y diputados. Autonomías de todo tipo, las unas y las otras. Ayuntamientos, buenos y malos, también los regulares. Que se vayan todos. Los que hablan y los que callan. Los que dan la cara y los que tiene mucha cara. Los que critican y no se critican, los del discurso conocido y los desconocidos de la cola. Los violentos y los hipócritas, los que prometen y no dan nada, los que mienten y los que no; los del discurso del enfrentamiento y los que hablan de diálogo mientras ceden al chantaje. Los que odian al contrario por sistema rentable, e insultan como lenguaje de la calle, denuncian con la ley que incumplen. Los que nos roban el dinero y aquellos que roban algo más importante como es la libertad. Los que vigilan y nadie les vigila, árbitros y arbitrados, los que hablan de paz y no hay paciencia que los soporte. Los viejos conocidos y los jóvenes que mejor no haber conocido, los de siempre, los de antes y los de ahora. Los que son y los que no son, los que están, pero no son y los que no están y tampoco son. Los que suenan y los que no, los que conocemos y los que nunca hemos visto. Que se baje el telón para siempre y se termine ya la función.

Zafarrancho de limpieza.

Que se vayan todos

Que se vayan todos. Démonos un tiempo. Funcionemos con la ley. Cumpliéndola y exigiendo su cumplimiento. Será suficiente.

Y ya se sabe. El que no quiera irse que lo saquen a mantazos. Igual que lo de los gorrazos, pero con manta.

Zafarrancho de limpieza antes que seguir con este zafarrancho de combate entre unos y otros. Ha llegado un momento en el que uno no sabe a dónde mirar, a quién votar o cómo y a quién señalar. Parecen todos iguales, aunque no lo son. Y eso es lo malo. Es muy difícil encontrar las diferencias porque cualquiera es capaz de parecer lo que no es y ser lo que no quieres que sean.

España necesita quitar los estorbos para afrontar el futuro.

Acabado el zafarrancho de combate es hora de empezar con el de limpieza.

Aunque sea a base de tirar de la manta.

Si yo tuviera escoba, cuantas cosas barrería… cantaban Los Sirex.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

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LA MUERTE NO ES EL FINAL SEMANA SANTA CASTRENSE General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Legionarios portando a hombros al Cristo de la Buena Muerte en Málaga

¡Guiones y banderines de la Legión, rindan honores a nuestros muertos!

Es la voz de mando del Jefe de la formación legionaria. Es el recuerdo al legionario de todos los tiempos. Tiene la Legión especial rito para dar tierra a sus hijos y para recordarlos en sus formaciones. Los muertos de la Legión, los legionarios novios de la muerte, son inmortales. ¡Qué difícil explicarlo! Tanto como comprenderlo y asimilarlo. Siempre presentes. No da miedo pronunciar la palabra: muertos de la Legión. Es la rotundidad del lenguaje legionario. La muerte es familiar, forma parte del combate y de la historia de la Legión. ¡Al Cielo con El!

La muerte en los soldados no se toma con frivolidad ni es un reto arrogante o temerario. Se es muy consciente, en silencio y en los adentros, en los sentimientos, que en cualquier momento puede ocurrir. Ante el hecho, el más trascendente de la vida: dignidad.

Es una temporalidad que pasa, aunque deje imborrable huella cuando es el compañero el que se va. Eterno recuerdo porque  la muerte es vida y ejemplo que a todos, cada uno en su único momento, nos llegará.

La Semana Santa da comienzo

¡Guiones y banderines rindan honores a nuestros muertos!

La Semana Santa da comienzo. Es momento de reflexión y dolor. Un paréntesis necesario. ¿Se celebra la muerte? Sería un eterno fracaso. Es el necesario tránsito del dolor, del sufrimiento y entrega por los demás, a la victoria sobre esa temporalidad llamada muerte.

La Semana Santa mucho tiene que ver con la entrega y sacrificio, con los soldados de España; tanto que es el espíritu que define su quehacer diario. La entrega y el sacrificio por los demás.

La muerte no es el final

La muerte no es el final, cantamos en un profundo rezo por nuestros compañeros muertos. Es el canto que abre el camino, el paso siguiente hacia la eternidad. Esperanza: ‹‹Cuando, Señor resucitaste, todos vencimos contigo, nos regalaste la vida, como en Betania al amigo››

Rodean los pasos y tronos los soldados. Cientos van por ellos escoltados. Firmes y pensando en centinelas, vigilias en noches compartidas.

Aquel hombre que decía ser Hijo de Dios pasó sus últimas horas entre ellos, entre soldados. Azotado y vigilado. Cuando murió, el Centurión, el capitán, dio la voz de alarma que conmocionó al mundo hasta nuestros días:

¡Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios! No hubo más pregón. Era la consigna, el santo y seña, que recorrería cualquier posición, cualquier rincón. Lo había dicho el capitán cuando Jesús murió.

También en el momento de la Resurrección, vigilando el sepulcro, estaban los soldados. El paso de la muerte a la vida, el tránsito, vigilado y pregonado por los soldados. Ahora se entiende mejor todo este misterio. La mística enraizada en la tropa con su capitán al frente. Venía de lejos aquella fe comentada, desde el día en el que un centurión fue sorprendido por su fe:

Jesús pasó sus últimas horas Crucificado con los soldados

‹‹Jamás vi tanta fe en Israel››.

Resuena desde entonces, desde aquella fe lejana y heredada, la pena que nos alcanza por un hermano perdido. Es cuando el adiós dolorido busca en la Fe su esperanza. Empezamos a comprender. Desde entonces en su palabra confiamos.

La muerte no es tan horrible como parece porque la muerte no es el final. Por eso hay un Cristo Legionario, de la Buena Muerte. Por eso hay fe en los soldados. Por eso cantamos y rezamos:

‹‹En tu palabra confiamos

con la certeza que Tú

ya le has devuelto la vida,

ya le has devuelto a la luz››.

El morir en el combate es el mayor honor

Testigos del tránsito entre la muerte y la vida fueron los soldados. Testigos de la Resurrección. La muerte en los soldados no se toma con frivolidad ni es un reto arrogante o temerario. Es la Fe en que La Muerte no es el Final

‹‹Tú nos dijiste que la muerte

no es el final del camino

que aunque morimos no somos,

carne de un ciego destino››.

Ahora se entiende que El morir en el combate es el mayor honor. No se muere más que una vez. La muerte llega sin dolor y el morir no es tan horrible como parece. Lo más horrible es vivir siendo un cobarde.

‹‹Si así mi vida concluyo

Y así la muerte me espera

Aquí me tiene por suyo;

Ni la llamo ni la huyo;

Puede venir cuando quiera››.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

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10 abril 2017

MILLÁN-ASTRAY A FRANCO ¡VAYA UN PACAZO QUE ME HAS TIRADO! General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Franco y Millán-Astray

Corría la primavera del año 1922. La Legión era ya una unidad de gran prestigio por sus éxitos en combate logrados con el tesón, el valor y la preparación de sus legionarios. También con el sacrificio y la muerte de muchos de ellos. El nombre de sus jefes corría de boca en boca, mucho más allá de nuestros territorios africanos. Destacaban Millán-Astray, el valiente e inteligente fundador, y Franco, un perfecto conductor de sus hombres, imprescindible para mandar sobre aquellos bravos soldados y llevarlos con acierto y sabiduría al combate y a la victoria.

Franco había vuelto de un corto permiso en Galicia y Asturias. En una de las primeras juntas económicas que se reunió a su regreso, presidida por el teniente coronel Millán-Astray y la presencia de los jefes de bandera y capitanes con mando de compañía, el teniente coronel  jefe propuso el ascenso a sargento de un cabo primero que tenía de escribiente y siempre le acompañaba en las acciones de combate en las que el teniente coronel participaba. Nadie se opuso y se aceptó la propuesta de Millán-Astray.

Franco replica a Millán-Astray

Acto seguido Franco hizo una similar solicitando autorización para que un legionario de su bandera fuese ascendido. Millán-Astray hizo constar que en su opinión aún le faltaban méritos para obtener esa recompensa. Franco, con absoluta tranquilidad y aplomo, contestó a Millán-Astray: ‹‹Tal vez le falte ser escribiente de la primera compañía›› (en clara referencia al de Millán-Astray cuyo ascenso se había aprobado). El momento se hizo tenso; ninguno de los oficiales levantaba la mirada de la mesa. La voz de Millán-Astray no se hizo esperar:

¡Vaya un pacazo que me has tirado!

Durante mucho tiempo se habló de aquella anécdota que recogió en uno de sus libros el teniente general Francisco Franco Salgado Araujo entonces capitán en la Legión.

Dos fuertes personalidades, dos jefes inseparables que además de mandar sabían estar cada uno en su lugar respetando las reglas del valor, el honor y la disciplina. Pero diciéndose las cosas claras, a la cara, y sin ambages.

Les contaré otra anécdota poco conocida de la personalidad del fundador de la Legión también descrita por el general Franco Salgado Araujo.

Millán-Astray supersticioso

El ángel del Alcázar de Toledo

Nos cuenta que el general Millán-Astray siempre fue supersticioso. El día 29 de septiembre de 1936 a las diez de la mañana Franco entraba en el Alcázar de Toledo: ‹‹A sus órdenes, mi general, sin novedad en el Alcázar››. Un día lleno de emociones y fuerte carga sentimental.

Almorzaron en el Hotel Castilla los generales Franco, Varela y Millán-Astray, los coroneles Moscardó, Martín Moreno y varios jefes hasta hacer un número de trece. Millán-Astray debió contar y darse cuenta de aquella cifra. Al entrar un botones del restaurante no se lo pensó dos veces y le obligó enérgicamente a sentarse en una esquina de la mesa y así completarla a catorce comensales. Pendientes y centrados la mayoría en la conversación de Moscardó, que narraba los sufrimientos padecidos, no todos se dieron cuenta de aquella maniobra según nos cuenta el general Franco Salgado-Araujo. El pobre botones no sabemos lo que haría en aquella mesa ni si de algo se enteraba, pero seguro que en cuanto pudo comprobar la poca atención que le prestaban se quitó de encima el hambre pasada desde el comienzo de la guerra.

Anécdotas casi perdidas, pero de gran valor histórico y que hoy he querido recordar con todos ustedes.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

8 abril 2017

VISUS MILITIS (LA SOLEDAD DE LOS MUERTOS) General Emilio Pérez Alamán

Toque de Oración

La muerte está siempre presente en la vocación del soldado, el Legionario la hizo su novia y  en su Credo manifiesta que morir no es tan horrible como parece, lo más horrible es vivir como un cobarde”. Para el Paracaidista, como dice su  Ideario “La muerte es el mayor premio para el valiente y el mayor castigo para el cobarde”.

 Esta predisposición a entregar la vida por valores superiores y por la Fe es virtud de grandes y generosas almas. La vocación del soldado lleva consigo el que “su mayor recompensa es la satisfacción del deber cumplido”, la  Fe de los mártires les permite entregar sus vidas para Gloria de Dios. Pero esa  entrega  ¿Puede ser la razón del olvido o  del mero y rutinario recuerdo por parte del resto?

Hace unos días el general Dávila nos relataba la Beatificación de los 115 mártires de Almería, asesinados hace 83 años después de sufrir martirio por no renunciar a su Fe. Lo hicieron humanos envilecidos por el odio, que pocos años antes comenzaron por profanar templos e imágenes sagradas, como por desgracia contemplamos en nuestros días por los mismos que acusan de delito de odio a quienes disienten y denuncian a los que pretenden imponer ideologías y costumbres contra natura.

Pues bien, el reconocimiento a aquellos mártires no pasó de una celebración litúrgica de carácter local y mínima repercusión mediática. Al parecer, aquellos  españoles ejemplares no merecían, para la mayoría de sus compatriotas más homenaje que la soledad o  el olvido

Día del recuerdo a los asesinados por el terrorismo

Igual ha pasado con los  caídos en el más sangriento atentado terrorista de Europa el 11 de Marzo de hace solo 13 años. Tan grave que Europa declaró dicha jornada como día del recuerdo a los asesinados por el terrorismo. Sin embargo, nuestra querida Patria, sus políticos, por razones inconfesables, no solo no lo compartieron, sino que año tras año el Homenaje a aquellos españoles ha ido perdiendo  solemnidad, desde ser un acto de Estado, presidido por los Reyes, a ser una rutina partidista, al tiempo que los monumentos a las víctimas se van derruyendo sin cuidado. Tal ocurre con el horroroso cilindro de Atocha, cayéndose a pedazos, o los árboles del Bosque del Recuerdo, pintados de verde por su deterioro. Todo ello como signo de la soledad en que quedan aquellos que murieron por ser españoles-

Poco hay que comentar de la soledad en que hemos dejado a los casi mil caídos por la vileza etarra, extendida hoy por el País Vasco y Navarra empeñada en destrozar España desde las Instituciones, eso sí, después de ser derrotada por nuestra democracia (?).

Es posible que solo los soldados caídos en cumplimiento de su deber, no sientan esa soledad porque cada día, al caer el sol, el toque de Oración les hace llegar el recuerdo de sus compañeros allí donde estén.

Emilio Pérez Alamán Teniente General (R.)

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2 abril 2017

LA LEGIÓN CAMINO DEL CENTENARIO (1920-2020) (III) “El Credo obra de Millán-Astray” General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

El Credo de la Legión

Cuentan en la Legión que el primer alistado le dijo al segundo: ‹‹Esto ya no es lo que era››. Se dijo o no se dijo, pero se sigue diciendo. Todos reivindican su época legionaria como la más ejemplar, dura y auténtica. Veteranía, orgullo del pasado y esperanza en el futuro.

La bandera de la Legión

Camino del Centenario de la fundación de la Legión la más popular y emblemática unidad del Ejército español, es un buen momento para hacer historia y preguntarse ¿Qué va ser de la Legión? ¿Es la Legión la que era? ¿Qué futuro le espera a la Legión? Un interrogante no exento de razones para planteárselo cuando conocemos los intentos de su eliminación o al menos desnaturalización. Romper con sus raíces, con su fundador, o su histórica y heroica actuación en tiempo y lugar es desvirtuar la historia y el comportamiento de un Cuerpo creado para cumplir con su deber, obedecer hasta morir, algo que suena muy épico, pero de una dureza sin igual. Muchas veces es más duro obedecer que morir. La Legión es un compendio de virtudes de tal magnitud y grandeza que parece normal y fácil su cumplimiento precisamente por su cotidiana sencillez. Síntesis de la épica militar, poema de la milicia, renovación del espíritu militar herido, casi muerto, en tristes momentos de olvido y pesadumbre para nuestro Ejército.

Pero vayamos despacio y no caigamos en el dicho legionario ya que cada momento tiene su épica y su tiempo. El tiempo de la Legión también es este sin necesidad de recurrir a la melancolía que no lleva a ninguna parte si no se mira al futuro.

El Credo. Inamovible, un espíritu único y sin igual

Un Credo inamovible, un espíritu único y sin igual, una historia de entrega sin concesiones. Es la Legión. Empecemos por lo más profundo. Vayamos despacio desgranando este misterio. Porque es indudable que la Legión es fundamentalmente un misterio. Todo en su interior, incluso en su historia, es un misterio desvelado solo a los que a ella se acercan y lo descubren.

Recitar el Credo es…

Mística es misterio y hasta que no entremos en él no podremos saber de qué hablamos.

Razones ocultas de difícil comprensión e imposible explicación. Algo que ya de entrada fascina y atrae. Es la magia de unos hombres que se emparejan con la muerte. No es una teoría, un enunciado sin contenido práctico, aunque no se transmite ni se aprehende con la simple capacidad de la razón. Cuando esta se acaba, allí donde esta no llega, empieza el misterio, el verdadero sentido de la mística, que es, en definitiva, una experiencia. No hay transmisión oral sino atracción hacia las gestas, el ejemplo que otros han dado de su vida después de haber descubierto el misterio y morir abrazados a él. Porque místico es el que ha vivido la experiencia y, repito, la Legión es un misterio que no se revela a cualquiera. Esta es una unidad expresamente nacida para aquellos que se elevan por encima de las ofertas diarias que plantean la monotonía y el adocenamiento. Para hombres dispuestos a vivir con y para la Legión en aras del compañerismo. No abandonar jamás a un hombre en el campo hasta perecer todos. De su Credo es imposible la elección de uno de sus espíritus porque todos se complementan y van granando el conjunto más hermoso que pueda recitar un soldado. No hay copias, no hay imitaciones, no hay la más mínima posibilidad de crear algo tan grande y duradero. Es el espíritu de la Legión, la Legión en estado puro: La Mística. No hay más secreto ni explicaciones.

Cuando los legionarios recitan el Credo

Recitar el Credo es entrar en una dimensión distinta. Recitar el Credo con la mirada al Cielo es sentir la historia y soñar con el ejemplo de los héroes que la forjaron. Recitar el Credo es unirte allí en el cielo, espiritual y eternamente, con los que te precedieron. Recitar el Credo es apretar las filas, y los dientes, los hombros juntos y fuertes, pegar el fusil al cuerpo, rezar, amar, sentir y llorar si es necesario. Recitar el Credo es el acto más serio, el más duro, el más tierno, es el acto de la esencia de la Legión, porque es donde se encuentra su misterio: La Mística de la Legión.

Si te preguntan: ¿Qué es la Legión?

Contesta: Su Credo.

Credo de La Legión. Obra de Millán-Astray

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

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01 abril 2017

A LA ORDEN DE VUESENSIA MI GENERÁ (Anécdotas para empezar el año 2017) General de División Rafael Dávila Álvarez

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Saludo legionario

Nada mejor que empezar el año con una sonrisa.

Hechas las felicitaciones de rigor les pedimos que sigan entrando a leer nuestros artículos y si es posible que los difundan. A pesar de la edad queremos seguir creciendo y extender nuestros sentimientos. Queremos reflejar los suyos.

Vamos con el humor.

El tratamiento es el título que se da a una persona por cortesía o en función de su cargo o condición. La abreviatura es la representación gráfica reducida de una palabra. En los tratamientos se usa con frecuencia la abreviatura.

Excelentísimo es el superlativo de excelente. Ilustrísimo de ilustre. Lo de Magnífico y Honorable es más difícil de explicar en nuestras actuales circunstancias. Honorable es ser digno de ser honrado o acatado. Provoca hilaridad  pensar en quienes ahora estoy pensando. Muy honorables…

En la vida militar el uso de la expresión verbal sigue en pie, pese a quien pese. El Vuecencia al general y el Usía del coronel es algo que obliga mucho al que ostenta tal tratamiento. Cortesía, educación, respeto mutuo y disciplina. De arriba abajo

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Mi voesensia…

Claro que en ocasiones se escribe y se habla de oídas. Eso crea sus problemas. Les podría dar una larga lista de voces que he oído al dirigirse a un general. Mi boesensia, con distintas modalidades, es muy utilizado en la Legión; no sé muy bien si lo pronuncian con be o con uve, pero lo que es seguro es que se transmite de generación en generación. La frase completa, el tratamiento completo, les aseguro que siempre me gustó y jamás lo corregí ni permití que se hiciese:

A la orden de vuesensia, mi generá Expresión que tiene un sentido más profundo que la correcta y reglamentaria. Uno se siente más general siendo el generá de los legionarios. Al menos este vuesensia que les escribe no ha tenido más alto tratamiento ni título del que se sienta más honrado.

Lo grande además es que normalmente el generá no tiene nombre. Es simplemente eso: el generá, mi vuesensia.

Es el mundo legionario, su lenguaje y sabiduría. Un legionario jamás se calla. No hay interrogante al que no sepa responder.

Al poco de llegar a la Legión presencié una de las grandes lecciones que imparten estos mandos claves de la Legión. Tan importantes o más que el general. Un cabo le decía a un aspirante al gorrillo, un recluta grande y fuerte como un castillo.

-Oye chavá, si no sabes lo que te preguntan tú nunca te calles.

Miras como una fiera a quien te pregunta y le sueltas un espíritu del Credo y se han acabao las tonterías. ¿te has enterao?

A más de un general he visto quedarse sin respuesta cuando un legionario a su pregunta contestaba con un espíritu del Credo. La verdad es que no osaban volver a preguntar y se iban sin entender muy bien aquello.

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Cena en Palacio Real de Madrid

Los ceremoniosos tratamientos dan lugar a situaciones en ocasiones cómicas. Ocurre en las trincheras y alambradas de la vida y entre las gruesas alfombras de la Real Fábrica de Tapices.

En una cena de Estado en el Palacio Real de Madrid ocurrió una anécdota curiosa. Me la contó una señora invitada a la cena. Por entonces yo mandaba la Guardia Real.

Un cartelito con el tratamiento, nombre y cargo señala el lugar de cada comensal en la mesa. Se utiliza la abreviatura, Sr., Excmo., o Ilmo., dependiendo del que a cada uno le corresponda.

Contaba esta señora, que a su lado se sentó un caballero perteneciente al séquito del Jefe de Estado extranjero. Desde el inicial saludo no dejó de dirigirse a ella por el nombre de Ilma.  Al principio pensó que la llamaba, por algún extraño error, Vilma, como la mujer de Pablo Picapiedra, pero resultó que no; la llamaba Ilma. Enseguida comprendió la razón de aquel extraño nombre. En el cartelito que puesto encima de la mesa indicaba su lugar para la cena ponía: Ilma. (Abreviatura de Ilustrísima) Sra. de…, y a continuación su correspondiente cargo. El avispado compañero de mesa antes de sentarse había echado una ojeada al cartelito y no se lo pensó dos veces.  Esta se llama Ilma.

La señora, avezada en estas lides, asumió divertida la situación pensando que ya tenía una historia más para su abundante anecdotario. Cuando se asiste con cierta asiduidad a estos actos acaba uno teniendo una larga colección de sabrosas anécdotas.

El señor Zapatero suprimió los tratamientos en el ámbito de la Administración. Todos de señor o señora. Ni excelentísimos ni ilustrísimos. Nadie le hizo caso, ni la administración de justicia, ni la militar, ni sus señorías.

¿Recuerdan a Cela?

-pero, ¿quién se cree usted que es?

-¿Yo? Cultura general… ¿Y usted?

Aquella orden de Zapatero se suprimió por ley y por cultura.

.Cuentan que estando enfermo el peluquero de Alfonso XIII llegó un sustituto que inició su tarea preguntando.

-Majestad como tengo que dirigirme a usted.

-De cualquier manera, incluso me puedes tutear. Menos de usted, puedes dirigirte a mí como te dé la gana.

Cada cosa y caso son distintos. Tradición y cultura juntas.

Tradición y cultura encierra el tratamiento más honroso que he recibido:

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Ilustración de Martín Olmos

A  la orden de vuesensia mi generá.

¡Feliz Año 2017!

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

EL MEJOR AMIGO DE UN LEGIONARIO General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

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Josín, el legionario, junto a su perro, Trasgu, y la nueva dueña

‹‹Me muero, pero un legionario nunca da un paso atrás››.

Esta es la historia de un legionario, la de Josín Lazcano y su mejor amigo, su perro Trasgu.

¡Qué hombre! ¡Qué pedazo de legionario!

Josín se muere. Le han dicho que su enfermedad es irreversible y ha abandonado su tratamiento. No tiene miedo. No es un ningún loco ni insensato. Todo lo contrario. Ha luchado como el que más en la vida. Una vida que no ha debido ser fácil. Es artista en su estudio CajaLata, allí en su Mieres querido, donde pasea con su camisa verde y su emblema de la Legión. Un artista conceptual sin duda, una lucha entre la vida y la muerte han formado su concepto y ahora ve de cerca aquel momento que tantas veces ha repetido:

Por ir a tu lado a verte…

No es un insensato. Es un legionario y sabiendo que le ha llegado su hora todo lo ha preparado. Legionario, legionario que te entregas a luchar y al azar dejas tu suerte pues tu vida es un azar.

Josín, ahora ve que se acerca el final y ha querido dejar todo con rumbo y orden. Sabe lo que es morirse:

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Josín con su camisa verde legionaria y el emblema de la Legión

‹‹Me muero, pero un legionario nunca da un paso atrás›› ha dicho.

Todo está maqueado, como dicen los legionarios. ‹‹Ya está todo listo, he pagado religiosamente la cuota del seguro de cese. Solo me faltaba encontrar casa para Trasgu››.

Trasgu es su perro. No quiere dejarlo solo, abandonarlo a su suerte. Es su compañero. ¡Ay ese espíritu de compañerismo cuanta falta nos hace! No abandonar jamás… ¿Y la amistad? Un juramento entre cada dos hombres.

¡¿Pero no es un perro?! ¿Y qué? Es amistad y compañía. Es soledad compartida, es el arte de la vida. ¡¿Que no lo entienden?! No importa.

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Trasgu, espíritu de amistad

Josín viendo que se moría hizo un llamamiento para que alguien se quedase con su perro. No quería dejar abandonado a su amigo, a su compañero. Puso dos condiciones. Que no lo castrasen y que no le adornen con ninguna prenda. Es un perro de un legionario, un legionario. Trasgo ya ha encontrado dueña. Josín y Trasgo se han despedido.

Es difícil ser legionario. También conocer su alma profunda. Se requiere mucha atención, sensibilidad y dureza. Un ejercicio de coraje y firmeza que da paso al compañerismo y la amistad eterna que continúa seguro más allá de esta cotidiana vida. Te gustan o no te gustan, pero jamás te dejará indiferente un legionario.

‹‹La última lágrima que yo derrame será por mi perro Trasgo›› Ha terminado diciendo Josín.

Las mías, las lágrimas de este general que tuvo el honor de mandaros, hoy han recorrido mi cara, abundantemente, cuando he leído la historia de Josín y Trasgo.

Caballero Legionario Josín Lazcano, déjame que te envíe un abrazo legionario a través de estas líneas. Alguien te lo hará llegar, seguro estoy porque el milagro de la unión y socorro de la Legión siempre funciona.

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¡Que nuestro Cristo de la Buena Muerte te bendiga!

¡Que el Cristo de la Buena Muerte te bendiga!

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Exgeneral Jefe de la Brigada de la Legión “Rey Alfonso XIII”

¡AL CIELO CON ÉL! ¡LEGIONARIOS! (General de División Rafael Dávila Álvarez)

¡AL CIELO CON ÉL! ¡LEGIONARIOS! (General de División Rafael Dávila Álvarez)

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Fue en Sevilla pero pudo ser en cualquier otro lugar de España. Ocurre al menos una vez al año que se desgarra el alma y convertimos una semana en santa, en la Santa Semana.  Aparece la muerte alzada entre Hermandades y Cofradías, pasión que se siente, una semana al menos en nuestra constante vida penitente.

Se llamaba Ricardo Gordillo Díaz pero era el Balilla. Nombre de guerra de aquellos soldados bajitos y fieros. ‹‹ ¡Díselo al Balilla! ¿Dónde está el Balilla? Pregúntale al Balilla…  lo ha dicho el Balilla››. Heredan el apodo, el estilo, de generación en generación; para eso hay que tener condiciones. Sin ser cabo son más cabo que el cabo de varas. Con veinte años era ya el Balilla. Tenía que haber sido legionario. Ahí es nada. Pero era muy joven y le tiraba mucho Sevilla. ¡Quién sabe! De la misma raza que el legionario de la melódica que nos contaba hace unos días en El Recuadro del ABC sevillano el cabo Burgos. Hacen historia y son historia. La del ingenio y el valor ante la vida. Que es el honor del pueblo. Da lo mismo un roto que un descosido. Resignación siempre, su vida en manos de los demás. Surgen y se elevan en los momentos en los que el alma está al filo de lo imposible. No están hechos para la vulgaridad aunque su vida se vea como algo muy vulgar. ¡Al cielo con Ella! No pudo salir de otro lugar que no fuese el corazón de aquel hombre apodado el Balilla: ¡Al cielo con Ella! Solo cuando algo es verdad trasciende. Aquello ocurrió la madrugada del Viernes Santo de 1952 siendo Ricardo Gordillo Díaz costalero de la Hermandad del Cristo de los Gitanos.100_0377 200

Mandaba yo la Legión cuando un día lo oí: ¡Al cielo con Él! Preparaban mis legionarios la Semana Santa y en sus ensayos fue cuando observé como el cabo de la escuadra de gastadores repetía cada vez que quería motivar a sus legionarios: ¡Al cielo con Él!

Subía el Cristo al cielo como solo puede subir de brazos legionarios. Por un momento quedaba suspendido en el aire. Temblaba aquel madero, del golpe de las manos, temblaba hasta el suelo, de los golpes de las botas legionarias, y temblaba el mismo cielo de ver aquel espectáculo. No temblaban los legionarios.

¡Al cielo con Él! Decir legionario, por aquello de la Buena Muerte, del compañero jamás abandonado, de los cincuenta mil muertos y laureados.jpeg-2

Temblaba el general de tener aquel mando y aquellos hombres tan bravos que convierten hasta la rutina en valor, cualquier cosa que hacen es en ellos lo más apreciado, su deber más sagrado.

¡Al cielo con Él! ordenaba el cabo legionario

Tiene que haber un cielo legionario, pensé. No es fácil alcanzarlo, ser legionario, de verdad, y Él tiene que ser allí capitán, un capitán legionario, el capitán de los legionarios. Un cielo para los valientes por sencillos y humildes legionarios. Para los que nada han sido sino legionarios, para los que eso que han vivido, pobres y olvidados, ha sido ya desde la tierra un cielo, aunque sea legionario, el mejor cielo encontrado. Porque allí juraron su amistad que nunca en otro lugar encontraron. Porque allí nunca se vieron abandonados hasta perecer todos, juntos y hermanados. Un cielo para los hombres bravos, donde no se oye la queja sino el grito de socorro del legionario hermano, donde se obedece hasta morir y morir es el mayor honor cuando te espera la Buena Muerte de ese tu capitán, el Cristo legionario y hermano. ¡Dios mío! Tiene que haber un cielo legionario cuando se muere por tu jpeg-29Bandera y por tu hermano.

¡Al cielo con Él! ordenaba aquel cabo legionario y su voz de mando resonaba como el mandato de la historia de los cincuenta mil muertos legionarios.jpeg-17

El Cristo legionario

Me quedó esta historia que hasta hoy guardo, la del Cristo legionario, ensayando en un patio de armas, velando, orando y llevando la historia de una leyenda de vida y muerte, la leyenda inmortal, la historia, va para cien años, legionaria. Hubo momentos que confundí el Cristo con aquellos legionarios y aunque el cabo ordenaba con potente voz de mando, como general me di cuenta enseguida que el capitán era aquel legionario al que herido sobre el tronco llevaban, al cielo legionario, y que como solo ellos saben gritar, como si de una orden se tratara, orden legionaria, solo se oía un grito: ¡Al cielo con Él! Cristo, capitán legionario.

//Andalucia// 21-4-2011 Malaga Traslado del cristo de Mena Fotografo ANTONIO PASTOR

//Andalucia// 21-4-2011 Malaga
Traslado del cristo de Mena
Fotografo ANTONIO PASTOR

No podía la voz del Balilla estar sola: ¡Al cielo con Ella! Era necesaria la voz legionaria que como una orden, mandara: ¡Al cielo con Él!jpeg-42

¡Dios mío! Tiene que haber un cielo legionario.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com