CARNICEROS JUDICIALES General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Legislativo, Ejecutivo, Judicial.

¿Quién manda en España? ¿El Tribunal Constitucional, el Tribunal Supremo, La Audiencia Nacional?

¿villarejos?

¿El Rey, la tele, la prensa, la Iglesia, google, las empresas, los bancos, Europa, los americanos, los rusos, mediaset, atresmedia, Messi, los Pujol, los masones, los partidos políticos, los corruptos, las oenegés, la universidad, los concesionarios de másteres, la policía?

Larga lista. La que les doy está incompleta. ¿Quién?

En estos momentos yo creo que la X es variada y su escolta, los villarejos, son muchos.

En España si no dices, cuando dices, <<cuidado que nos pueden estar escuchando>> es que no eres nadie. Aquí durante muchos años se ha investigado de cintura para abajo y se ha presumido del si yo te contara. Nadie ha contado na de na; tirar de la manta ha quedado en aquello de quinto levanta tira de la manta. Pues mira por donde ahora hay uno que va contando. El jabalí está herido, cuidado con sus defensas. Así que todos a temblar. Cuenta mal, dicen, pero vaya usted a saber en este mundo de venganzas y del <<Todo por la Pasta>> que figura en la puerta de sus cuarteles.

Ante el anuncio de un inminente tsunami muchos buscan el refugio de las togas, de abogados y amiguetes.

Escribe en Libertad Digital Javier Gómez de Liaño, el juez que, condenado por valiente, por honrado, echaron de la carrera judicial:

<<Me senté a escuchar el fallo con la sensación de que no estaba en una sala de justicia sino en un matadero esperando que los dos carniceros judiciales me apuntillasen. Luego vendría el despiece>>.

Sigue diciendo:

<<Cuentan las crónicas que el día que se conoció la sentencia, Jesús Polanco llamó a Juan Luis Cebrián y le hizo la siguiente pregunta:

—Juan Luis, ¿tú sabes cuánto ha costado esto?

—Mucho, Jesús, mucho. Desde luego, más de lo que vale, pero en el lote van incluido los dos jueces del Supremo y algún otro, aunque éste ha sido más barato>>.

Ahora salen los nombres de <<los dos carniceros judiciales>>. Asustan las palabras del riguroso y honrado juez expulsado. Es de lo más grave que se ha oído en los últimos años. No se preocupen, nadie se hará eco de ellas y seguiremos arrastrados por esta marea en la que todos participamos y que nos convierte en unos golfos.

¿En qué país vivimos? Esto no puede seguir así.

Las sospechas se hacen insoportables. El miedo aumenta. Los golfos también. Ellos se lo guisan, ellos se lo comen. Todo vale.

Nos privan de lo moral y de lo racional. Esta es la ley de la selva, una selva en la que manda no el más fuerte sino el más inmoral.

Van saliendo a flote. Enseguida se agarran al que flota… hasta ahogarlo y salvarse ellos.

Ellos mandan. ¿Quienes son? Ni están todos ni son todos los que están. Pero se sienten y sientan en todas partes.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

17 octubre 2019

Cerrado el artículo escuchaba al presidente (en funciones). No puedo ocultar mi pensamiento. Me quedé muy preocupado. Su resumen es que lo que está ocurriendo en Cataluña es el libre ejercicio del derecho de manifestación de los ciudadanos. Este hombre debe salir inmediatamente de la Moncloa por el bien de todos. Espero que eso ocurra el día 10N.

 

ZAFARRANCHO EN LA POLÍTICA ESPAÑOLA General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Zafarrancho en la política española

En cierta ocasión un nutrido grupo de señoras visitaba las dependencias de la Legión en Ceuta. Más interesadas por lo doméstico que por las instalaciones de combate fueron a ver los dormitorios donde previamente se había realizado un zafarrancho a fondo. En la puerta un cabo legionario de dos metros de estatura y barba hasta el pecho miraba por encima del infinito militar. Las señoras quedaron sorprendidas del brillo del suelo que parecía recién pulido.

-¡Qué barbaridad! Aquí se puede comer sin mantel. ¿Cómo lo harán para que esté tan limpio y brillante?

El cabo legionario

Con cierta timidez una de ellas se acercó al cabo que no parecía precisamente el David de Miguel Ángel.

-Oiga legionario ¿Cómo limpian ustedes esto? El cabo sin dejar de mirar el lugar que su posición de firmes le exigía contestó con aire legionario.

-A mantazos, señora, a mantazos.

No entendió muy bien aquella dama lo que el legionario quiso decirla, o entendió algo distinto, porque algo ruborizada ya no preguntó nada más. El teniente que las acompañaba tuvo que explicarles que el brillo y la limpieza se lograba a base de muchas horas y constancia, con una fase final que consistía en subirse un legionario de buen peso sobre una manta de la que a modo de bayeta tiraban otros dos; así hasta que el suelo, como si fuesen las botas del uniforme, brillaba más que el sol. Y si no lo conseguían ya se sabe: ‹‹mantazo que te crió››.

Zafarrancho en la milicia es la palabra utilizada para designar la limpieza general de todas las dependencias del cuartel, también la personal, incluido el armamento, y que suele finalizar con una meticulosa revista.

En la navegación significa quitar los estorbos de una parte de la embarcación y dejarla preparada para un determinado trabajo o actividad.

Zafarrancho en la política española

Al margen de otros significados, nos quedamos con estas dos acepciones que son las que mejor encajan en la necesidad actual que requiere la política en España. Aunque solo sea por higiene, aunque también por aburrimiento, sería bueno practicar un zafarrancho a fondo y una posterior y detallada revista. Cuando todo esté limpio y aseado, se debe pasar exhaustiva revista, saldrán todos los políticos, uno a uno, con los forros de los bolsillos a la vista, en perfecta formación, y no les será permitido acercarse a las sedes de los partidos durante una generación.

Hagan ustedes el equipaje. Embalen sus pertenencias. El último que apague y pague la luz y, ya en la calle, sacúdanse el polvo de los zapatos.

Presidentes y vicepresidentes, ministros y sucedáneos. Senado y senadores, Congreso y diputados. Autonomías de todo tipo, las unas y las otras. Ayuntamientos, buenos y malos, también los regulares. Que se vayan todos. Los que hablan y los que callan. Los que dan la cara y los que tiene mucha cara. Los que critican y no se critican, los del discurso conocido y los desconocidos de la cola. Los violentos y los hipócritas, los que prometen y no dan nada, los que mienten y los que no; los del discurso del enfrentamiento y los que hablan de diálogo mientras ceden al chantaje. Los que odian al contrario por sistema rentable, e insultan como lenguaje de la calle, denuncian con la ley que incumplen. Los que nos roban el dinero y aquellos que roban algo más importante como es la libertad. Los que vigilan y nadie les vigila, árbitros y arbitrados, los que hablan de paz y no hay paciencia que los soporte. Los viejos conocidos y los jóvenes que mejor no haber conocido, los de siempre, los de antes y los de ahora. Los que son y los que no son, los que están, pero no son y los que no están y tampoco son. Los que suenan y los que no, los que conocemos y los que nunca hemos visto. Que se baje el telón para siempre y se termine ya la función.

Zafarrancho de limpieza.

Que se vayan todos

Que se vayan todos. Démonos un tiempo. Funcionemos con la ley. Cumpliéndola y exigiendo su cumplimiento. Será suficiente.

Y ya se sabe. El que no quiera irse que lo saquen a mantazos. Igual que lo de los gorrazos, pero con manta.

Zafarrancho de limpieza antes que seguir con este zafarrancho de combate entre unos y otros. Ha llegado un momento en el que uno no sabe a dónde mirar, a quién votar o cómo y a quién señalar. Parecen todos iguales, aunque no lo son. Y eso es lo malo. Es muy difícil encontrar las diferencias porque cualquiera es capaz de parecer lo que no es y ser lo que no quieres que sean.

España necesita quitar los estorbos para afrontar el futuro.

Acabado el zafarrancho de combate es hora de empezar con el de limpieza.

Aunque sea a base de tirar de la manta.

Si yo tuviera escoba, cuantas cosas barrería… cantaban Los Sirex.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com