CARMEN POLO DE FRANCO, UNAMUNO Y EL GENERAL MILLÁN-ASTRAY General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Cuando era un joven teniente di alguna que otra clase de Educación Física en la Universidad Complutense de Madrid. Si algún rato libre me quedaba asistía a las clases de Filosofía y Letras, de oyente, de aprendiz y de más cosas. Gracias a un magnífico profesor, un maestro, que tuve en el bachillerato, en el Instituto Ramiro de Maeztu, le cogí enorme cariño a la filosofía (y a las letras). Un día en el aula estaban hablando de Unamuno. Presté especial interés. Ingresé en la Academia General Militar con 18 años y, a pesar del poco tiempo que allí quedaba libre, al terminar el primer curso me había leído casi al completo la obra de Unamuno. Debió de notárseme, o el haberme colado, porque el catedrático se dirigió a mí y me preguntó mi opinión sobre D. Miguel. Me sentí azorado, descubierto, mirado desde todos los ángulos y se me ocurrió contestar:

-Don Miguel decía que él era una eme entre una y uno. Creo que define algo su personalidad, irónico, soberbio, inteligente, algo desconcertante, en sus adentros un hombre bueno y en lucha interior -y exterior- permanente.

Nadie prestó atención a lo de la personalidad.

-¿Una eme entre una y uno? ¿Dónde ha leído usted eso?

No supe responder; no lo recordaba. Alguno de los alumnos de clase debió no entender muy bien el juego de palabras, porque, a petición del profesor, tuve que salir y poner en la pizarra:

-Una-M-uno.

Risas en el aula. Ahora quedaba más claro lo de una M entre una y uno. Tuve que dejar de asistir a clase. El catedrático se empeñaba en señalarme cada día. En una de esas me pillaba y descubría que no era un alumno sino un aficionado a la filosofía.

Tengo que ir a ver la película: Mientras dure la guerra. Les hablaré de ella cuando eso ocurra.

Del famoso episodio del trío doña Carmen Polo de Franco, don Miguel Unamuno y el general Millán-Astray en la Universidad de Salamanca, ¡he leído tantas cosas!, parece que todos estuvieron allí, pero no saben que aquello, entonces, no tuvo la menor trascendencia, importancia ninguna, todos tan amigos, los que eran y los que no, pues como antes, como siempre.

Quién sí estaba allí, era don José María Pemán. Nos lo ha contado, y de contar algo sabe don José María. Fue en la tercera de ABC del día 26 de noviembre de 1964.

‹‹Ni Unamuno ni Millán-Astray eran hombres a los que les gustara pasar inadvertidos… Los dos estaban acostumbrados a exponer el pecho a cuerpo limpio, el uno a las ideas contrarias y el otro a las balas enemigas… Eran dos españoles›.

Me permito añadir que eran dos vehementes españoles, dos sentidores a la vez que pensadores, recurriendo al término que usa Fernández de la Mora.

Unamuno, casi olvidado, tuvo a su alcance el premio Nobel, que él solo, solo él, dejó desierto.

Era capaz de escribir, poco antes de morir, en un arranque de los suyos y por una nimiedad, al director del ABC de Sevilla: ‹‹ [… entre los hunos-rojos -y los hotros- (blancos de color de pus)]››, acompañado de irrepetibles lindezas contra los andaluces. Y en su permanente contradicción saber encajar la respuesta del director, Juan Carretero: ‹‹No es mía la culpa si en España hay hunos y hotros. Y Hunamunos››.

Don Miguel era un lujo de español. Quizá lo español desnudo y sin tapujos, con sus grandes defectos y gigantes virtudes.

Millán-Astray ha sido objeto de las más injustas críticas que en no pocas ocasiones llevaban oculta una intención más sibilina: atacar su obra, atacar a la Legión. Creador de la obra cumbre del espíritu militar español, el Credo de la Legión es, junto a los versos de Calderón, guía del comportamiento militar. Su ‹‹Espíritu de Compañerismo››, sería suficiente para justificar la trascendencia de su obra: ‹‹Con el sagrado juramento de no abandonar jamás a un hombre en el campo hasta perecer todos››. Era un lujo de español. Era un lujo de militar español. Han querido presentarle como un burdo e inculto soldado, descalificarle y con él a lo que representaba, la Legión, el honor y el valor. No lo consiguieron. Su obra iba a quedar y trascender en los tiempos.

Pemán, es la gloria de las letras, incluso de las armas, valiente, un echao pa’lante, capaz de retar a Miguel Primo de Rivera a duelo por un quítame esas pajas. Su palabra, sus versos, son letra de los himnos de nuestra Armada y Ejército del Aire.

Personalidades españolas, muy nuestras, nos guste o no. Los que critican, los más al general, no saben lo que dicen.

De ‹‹doña Carmen›› poco que decir de aquel día. Simplemente que Unamuno salió de su brazo hasta el coche.

Pero dicen y eso es bueno. Claro que decir ni es leer ni saber.

Pues que sigan diciendo. Tengo que ir a ver la película, sin ironía, a ver qué dicen; se lo contaré. No sé si sabré hacerlo, como don José María seguro que no; ya se sabe la fama que tenemos los generales de la Legión. Ustedes sabrán disculpar mi escasa formación y mis burdas maneras.

Nuestra película casi nunca se proyecta entera.

General de División (R.)  Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

13 octubre 2019

 

EL CALLEJERO DE MADRID. CALLE DEL GENERAL MILLÁN-ASTRAY. (Os debemos todo, pero no os daremos nada) General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

El callejero de Madrid es un libro de historia al aire libre, de la no escrita en los rigurosos manuales. Como casi todas las ciudades y pueblos de España tiene su calle Mayor. En la de la capital ha quedado todo lo bueno y malo de los aconteceres de este mundo. Todo se sucedía o se reproducía en los mentideros, verdad y mentira, la vida en la calle, compartida y contada, mientras se aplaudía el festejo del día o se rezaba a un santo popular, sin importar mucho lo que se celebraba o lo que se pedía, cualquier pretexto era bueno.

Lo mismo se bailaba en la Plaza Mayor que se atentaba contra sus Reyes.

Lo mismo tocan a gloria las campanas de San Andrés, que  doblan a muerto  marcando un soneto de pies quebrados las de San Ginés (como lo describe su párroco). La última vez que sonaron las milagrosas en la espadaña de San Pedro el Viejo, el de Jesús el Pobre, fue el 2 de mayo de 1808, cuando aún había madrileños de oído fino.

El ruido y las prisas han roto el silencio de las campanas. Hay tanto ruido que no se oye nada. Madrid no se ve solo mirando, hay que escucharlo, pasearlo con todos los andares y sentidos (cuidado con el olfato), deprisa no se ve, despacio ya no se puede, te arrastran mareas humanas que no miran al cielo madrileño ni al nombre de sus calles. En Madrid nadie mira nada, nunca al cielo, casi nadie es de Madrid, se nota porque todos llevan un plano, y terminan preguntando… ¿La calle del Codo?, y le señalan el burger más cercano.

La capital, fiel a sí misma, que Madrid es de todos y de nadie, ha resistido el paso de sus regidores, pero no aguanta el manoseo impúdico de los que ni la ven ni la sienten, mientras meten sus narices en su callejero, que ni pisan ni conocen. El mejor alcalde, el Rey.

En primavera Madrid es de sol y sombra, depende de la hora, la edad y procedencia.

Madrid calle Mayor

De la Almudena a Sol, por la calle Mayor, en su mediodía, tienes las dos cosas.

Decidí pasear por el lado de la sombra cuando sin darme cuenta no andaba, desfilaba… –Banderita tú eres roja, banderita tú eres gualda- Las Corsarias inundaban el cielo de Madrid, ¿de dónde venía esa música? Pensé en algún local cercano de donde pudiese salir la marcha española, militar, pero estaba en la calle, en el aire, sin procedencia concreta, sin origen y sin disminuir o aumentar su sonido mientras andaba. De Las Corsarias pasó a oírse Soldadito español, Los Voluntarios… No podía ser. Llegando a la Puerta del Sol descubrí la razón. La calle Mayor inundada de altavoces se preparaba para el 2 de mayo con el desfile de las tropas de Artillería, música del cielo, sin origen aparente hasta que vi a un joven manejando aquella megafonía desde una furgoneta que llevaba la matrícula ET. del Ejército de Tierra. Ya estaba todo claro. El Regimiento de Transmisiones nº 22 inundaba el Madrid de siempre con la música castiza de sus soldados mientras instalaba todo el sistema de altavoces para el día 2. Saludé y felicité a uno de los que lo instalaba, por la oportunidad de la música, ese día, sin que a nadie le extrañara, por las caras contentas, dependientes en las puertas de las tiendas, un grupo de orientales grababan pegados a un altavoz, algún viandante bromeaba marchando al paso militar…, la música daba sonido festivo al día. Lo único que desencajaba era que al margen de la matrícula de la furgoneta, ET., nadie podía saber que aquellos muchachos que alegraban el día eran soldados de España. Iban con un mono azul oscuro y sin ninguna identificación como militares. ¿Por qué? No lo sé y no me gustó. El centro de Madrid era militar esa mañana, sonaba su música, pero sin identificar.

El fundador de la Legión general Millán-Astray

Madrid pierde su identidad cuando entre unos y otros roban su esencia y su historia. El Ayuntamiento de Madrid ha comenzado a cambiar las 52 placas del callejero que molestaban a estos señores que dicen regir la ciudad. Tiempo les ha faltado para lanzarse con la hoz y el martillo a segar la historia; en cuanto han visto teñirse de rojo las cunetas con las amapolas de primavera. Alergia a la historia. El primer rótulo callejero en caer ha sido General Millán-Astray. Es como apagar la música militar, para siempre, hacer ruido que tape la incultura moral, echar tierra sobre el mar para ocultarlo. Por sus obras los conoceréis. El fundador de la Legión, general Millán-Astray no movería un dedo por defender que una calle llevara su nombre. Es más, estoy seguro que lo prohibiría, tajantemente. Lo que no podría, lo que nadie podría ocultar, minimizar o rechazar, es su obra. Por muchas calles que quiten su nombre. Por muchas órdenes que se cursasen, nadie podría olvidar que un hombre, un soldado español, Millán-Astray, con la ayuda de su Rey, Alfonso XIII, iba a crear una unidad única y sin igual: La Legión española. Cualquier nación del mundo estaría cantando sus glorias y abriendo las páginas de su historia militar.

No voy a darle ni un renglón a la regidora de Madrid. Solo deseo que termine pronto su regir. Lo que me preocupa, lo de las calles es incultura de hoy, cultura para mañana, que volverá el pasado y el hoy será un mal recuerdo, lo preocupante es que nadie responsable, de la Legión, de la historia militar, de la cultura militar, encabece el homenaje que se debe, por lo que dio aquel soldado, legionario, que sigue vivo en las unidades, al creador de la que hoy es la más conocida y nombrada unidad del Ejército español. ¿Habrá que evitar el nombre de Millán-Astray cuando se hable de la Legión española?

No me preocupa nada, pero nada, que cambien los nombres de las calles. Aumentará la fama y el honor de los nombres borrados. Lo que me preocupa es la ingratitud, el olvido, el silencio que se levanta vergonzoso entre tanto ruido. Que los que tenemos que hablar no hablemos. Que los que hemos vestido esa camisa verde no estemos unidos, no en la defensa de una calle más o menos, sino en la defensa de un nombre, de una obra.

Es por eso y no por unas placas en la pared por lo que las campanas marcan sonetos de pies quebrados y la música militar suena sin procedencia clara por las calles de Madrid, como escondiendo su origen.

Es la obra de un gran hombre, la Legión, el espíritu de los legionarios, los sencillos y entregados legionarios, los grandes hombres: << Para los hombres pequeños, los mausoleos. Para los grandes hombres, una piedra y un  nombre>>.

Una piedra, a veces ni siquiera un nombre, es el mausoleo de la mayor parte de los soldados que han dado su vida por España.

La Legión a sus muertos

<<Os debemos todo, pero no os daremos nada>>. Que iba a ser así, lo sabíamos todos.

General de división (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

28 abril 2018

 

¿GORDOS LOS LEGIONARIOS? LO QUE ME FALTABA POR OÍR General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Será el cuerpo más veloz y resistente…

El general Millán-Astray fundador, héroe y gloria de la Legión, cuenta en su libro La Legión cómo después de las paradas y desfile, una vez rota la formación, los Jefes de las Banderas iban a visitarlas, momento en el que se formaba el corro de las quejas y peticiones. Se le conocía como <<el corro de la justicia>>. Todos podían exponer lo que creyesen de justicia. El legionario que quería hablar, autorizado a hacerlo exclusivamente en nombre propio, se cuadraba rígidamente llevando la mano al primer tiempo del saludo indicando así que quería ser escuchado. Una vez autorizado se colocaba en el centro del corro y sin bajar la mano del primer tiempo del saludo exponía su queja.  Pocas había, casi ninguna, por lo que rápidamente se pasaba al capítulo de peticiones: <<Señores, peticiones que no sean de licencia>> y surgían infantiles y sencillas de conceder.

La Legión. Pasillo de fuego

Cuando yo mandaba la Brigada de la Legión quise poner en marcha algo parecido y reunía con cierta frecuencia a los legionarios en el salón de actos para que me presentasen sus quejas y peticiones. Les aseguro que hablaban; con disciplina y respeto, pero hablaban. Nunca hubo una salida de tono y sí muchas cosas que aprender de ellos. En cierta ocasión se levantó un enorme Caballero Legionario de la Unidad de Zapadores. Cerca de dos metros de legionario. Como ellos dicen: un armario. Grande y fuerte. De gordo nada de nada.

Mi general: quería exponerle una queja que tengo sobre la comida.

Reconozco que el tema de la comida es algo muy sensible para todos los mandos y se sigue con especial vigilancia y cuidado, mucho más desde que la comidas están externalizadas con empresas del ramo. Presté mucha atención a aquella petición.

-Mi general, mire vuesensia mi tamaño de casi dos metros; y mire, por poner un ejemplo. Cuando hay pollo en la comida solo me dan medio y como comprenderá vuesensia yo con medio pollo no llego ni a mitad del día.

Pensé que el zapador legionario tenía razón. Fue sencillo buscar una solución.

-A partir de ahora cuando haya pollo tú comerás pollo y medio. Te comerás la ración tuya, la mía y… la de mi ayudante. El ayudante me miró sorprendido al ver que se quedaba sin su ración de pollo por lo que refrendé mi propuesta.

-Pepe ¿verdad que será así?

Mi ayudante, hombre inteligente y con gran sentido del humor,  contestó de forma que solo un legionario sabe hacer.

Patrulla de tiro. La Legión

-Lo que vuecencia diga mi general. Ya sabe vuecencia que a mí no me gusta el pollo.

Decía el general Millán-Astray que la comida es importantísima en la vida en general, pero lo es aún más en el aspecto militar y dentro de él en el legionario. Así es y siempre ha sido. Una preocupación constante en calidad y cantidad. A lo largo de mi vida militar no recuerdo ni una sola queja por la comida.

Tampoco he conocido un problema de obesidad en las unidades. Nunca. Si en alguna ocasión ha existido ha sido en casos muy concretos y que tenían su tratamiento.

¿GORDOS LOS LEGIONARIOS? LO QUE HAY QUE OÍR

Se les ha llamado de todo a los legionarios. Incluso con formas y fondos que mejor no recordar. Nunca a la cara, claro está. Pero llamarles <<gordos>>, sinceramente nunca lo hubiese sospechado. En román paladino: ni se puede aguantar ni lo aguanto. Es simplemente una mentira y grave insulto.

Empezar el día a las 8 de la mañana todas las unidades formadas en chándal para, una vez izada solemnemente la Bandera, dedicar una hora a la preparación física, dura y exigente, no es el mejor camino para la gordura. Después de ese ejercicio continuaba la dura instrucción y adiestramiento diario a golpe de carrera. Un legionario nunca puede ir andando a ningún sitio en horas de instrucción. Se le exige ir siempre a la carrera.

Recuerdo la grabación en la Brigada de un programa especial de la cadena AXN en el que tres jóvenes participaron durante una semana junto a los legionarios en todas sus actividades. Uno de ellos era diplomado en Educación Física (INEF). El primer día que participó en la actividad física tuvo que reconocer a mitad de entrenamiento que aquellos hombres estaban hechos de otra pasta. Con humildad y ante las cámaras reconoció su impotencia, a pesar de su formación y preparación física, para seguirlos a aquel ritmo un lunes a las 8 de la mañana.

¡Legionarios a luchar. Legionarios a morir!

Lo que sí recomendaría para no equivocarnos de actores es que se evitasen esas salidas y desfiles inapropiados de los que en su día fueron legionarios y ahora se prodigan en procesiones y otros actos vestidos de uniforme y creando confusión. Ya me entienden.

¿Gordos los legionarios? ¿Qué es lo que está pasando? Los porcentajes que se manejan del 6% me parecen excesivos. Algo estaremos haciendo mal. No hago mucho caso a las informaciones que se han dado sobre la gordura  en la Legión. No veo noble intención y además no me lo creo. Es necesario que hable quien debe hablar sobre el tema y nos aclare si se trata de una de las famosas fake news de las que nos ha hablado la ministra.

El que piense que con esta medida, mediática por encima de otra cosa, publicada en la prensa y aireada en los telediarios como algo novedoso en los ejércitos está haciendo un bien a la Legión se equivoca. Mejor sería recordar que los legionarios están hoy 12 de enero de 2018 en Irak de donde tuvieron, hace unos años, que replegarse deprisa y corriendo por las órdenes precipitadas e irresponsables de la política al uso entonces.

Que yo vea por aquí engordan muchos y mucho, pero para mí que ninguno es legionario.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

10 enero 2018