LA LEGIÓN EN NUESTRO PRESENTE (En el 102 aniversario de la fundación de la legión) General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

EFE/Carlos Barba

De nuevo la Legión. Cumpleaños feliz y caen los años cada vez más en el olvido. Centenaria Legión española, hoy 102 que es nada.

Épica de España, Tercios gloriosos.

Legión de corazón amante y valor heroico. Todos serían Legión si el miedo no les cerrara la boca.

«Tú has elegido vivir, y yo morir», y «todo el que ama está loco» leo en la tragedia griega. ¡Bendita locura legionaria!, inagotable, imposible comprender la misteriosa epopeya que recorre en paralelo la historia del mundo, a un lado van los cobardes del miedo y al otro los valientes por nada; que siempre ganan los primeros a pesar de los incesantes relevos que la muerte exige al sacrificio de abanderar la verdad y la razón de su lucha.

«Volved los ojos hacia mí,

ciudadanos de mi patria.

Recorro mi último camino.

Veo los últimos rayos del sol.

Nunca veré otros».

La bandera luce entre amarillos de oro y rojos de sangre, entre el inefable dolor que nunca da descanso. En la mayor parte de los hombres este estado no dura mucho. Llega un día, nos dice Simone Well en La fuente griega, «en el que el miedo, la derrota, la muerte de compañeros queridos hacen que el alma del combatiente se doblegue bajo la necesidad». No es siempre así y ahí está la esencia de la Legión: solo valor y amor. Se comprende su misma incomprensión, inadmisible, pero es la sencillez de la vida: amor y valor para morir. Sin ellas no hay vida.

Algún día habrá que crear una medalla que cubra todo el pecho para premiar a todos aquellos que han sido Caballeros legionarios. Medalla hecha con el plomo de las balas, las manos de un valiente que las moldea al fuego, y sobre todo a la obediencia, al estilo, al ser épico por humano.

No hay más legionario y caballero que el que lo ha sido desde el principio al fin. No hay generales ni honoríficos ni honorarios, hay legionarios y basta.

Me encontré hace muy poco a uno de ellos, muy viejo, ojillos azules de mares odiseos; me contó como, cuando la miseria, la humillación, abandonado de Dios y de los hombres, al borde de sus fuerzas, fue a encontrarse en la Legión. Por primera vez sintió la alegría y vio a los desfavorecidos por la fortuna que tuvieron esa de encontrarse entre caballeros que antes habían sufrido. ¿La muerte? Ya vino; la dejé atrás y la olvido.

Eran viejos tiempos cuando uno se abrazaba a los guiones y banderas, se amaba tanto que la muerte no era obstáculo para el avance, la poesía de la guerra: ¿quién puede entenderlo?

Hoy sabemos el escalofriante resumen de su generosidad: 9.722 muertos, 35.000 heridos, mil desaparecidos. Cerca de 46.000 bajas. Su bandera luce siete laureadas de San Fernando y doce medallas militares colectivas. Sus héroes: veintitrés laureadas de San Fernando y 211 medallas militares individuales. Nada para tanta entrega. Hay muchos más. Incógnitos todos. Nadie aspire a saber quiénes son. «Legionarios a luchar, legionarios a morir». Contraseña y resumen: amor, valor, obediencia, disciplina.. y dolor. El mayor es el olvido.

Quienes los hemos mandado quedamos marcados por ellos. Por su ejemplo de entrega y valor. Por su humildad. Para siempre. Quisiéramos ser como ellos. Lo he dicho muchas veces: Quise ser legionario. Solo llegué a mandarlos, pero eso es otra cosa, muy por debajo del alto honor de llegar a la altura de un Caballero Legionario. Ese honor es solo para los que lucen su pecho condecorado por las balas y la humildad de la obediencia hasta morir todos.

Legionarios la patria os lo debe todo y vuestra sonrisa denota que sabéis y aceptáis que nada os dará. No ha sido gratis, ha sido cosa legionaria que solo vosotros entendéis.

La Legión son los Caballeros legionarios. El resto, como decía su fundador el general Millán-Astray, son las bambalinas que ocultan la tragedia.

Hoy la Legión rinde homenaje, como así lo quiso su fundador, al soldado, al Caballero Legionario, a los que se alistaron en este Cuerpo de honor tan del pueblo, tan español. No se rinde homenaje a otra cosa.

Solo eso: ser Caballero Legionario.

Rafael Dávila Álvarez. General Jefe de la Brigada de la Legión Rey Alfonso XIII entre 2001-2004

20 septiembre 2022

 

NADIE ASPIRE A SABER QUIEN SOY YO. LA LEGIÓN DE BRAULIO

Este es un relato apócrifo, lo que no significa que sea falso. De su origen sé poco y de su época menos. No sé casi nada, pero me gusta. Tal y como me ha llegado lo publico. Braulio y yo nos hemos entendido. Ustedes hagan lo que quieran, pero les rogaría que lo leyesen. Es de un legionario, eso es seguro.

 

Introducción

A modo de introducción, que no hace falta.

No se puede saber a ciencia cierta la época del legionario escribidor, ni en qué años estuvo en la Legión; que a lo peor ni estuvo y se lo han contado, porque sabe tanto que no se sabe si todo será suyo.

Yo sí fui legionario, no hace mucho, aunque estuve poco; lo suficiente para ver, oír y vencer. Vencerme a mí mismo, después contar lo que vi y oí; puedo contar, pero nunca aspiréis a saber quién soy yo.

Lo mejor que me pasó fue encontrarme a Braulio, que no lo conocí, pero sí estuve con él porque, en un lugar no desvelable, encontré lo que había escrito, que es lo que aquí figura. Solo firmaba Braulio, sin fecha ni huellas del tiempo, y apareció, en el acuartelamiento de la Legión donde yo estaba, mientras hacíamos zafarrancho en unos altillos, entre palomas y una pareja de lechuzas que allí anidaba. De todo esto hace una eternidad. Ayer o cosa así. Eran unos papeles envueltos en plástico, que puede ser una pista, escritos sin una sola falta de ortografía. Ordenada redacción, las palabras en formación de combate, clara e intencionada sintaxis. No sé por qué escribiría Braulio ni para quién, pero como las cosas son como son y no como figuramos que son, si yo encontré los papeles es que eran para mí y si yo los doy ahora a conocer es que eran para más gente y así, hasta Dios sabe dónde llegarán. El caso es que los he tenido guardados durante mucho tiempo y ya casi no me acordaba de Braulio.

Aburrido ante la pantalla del ordenador de cuando en cuando pongo en el buscador La Legión y le doy al intro o enter, o a la flecha esa, y esta vez me salió un general que se llama Dávila, que había mandado la Legión, que escribía de todo y para todos. Total que me dije voy a buscar aquello que me encontré un día, y le dije ¡eh Braulio, sal de ahí!, y saqué de un cajón muy cerrado, de siempre cerrado, aquellos papeles y los volví a leer; y allí seguía Braulio. Como el general escribía, y debe leer mucho, y publica cosas que le mandan sobre el próximo Centenario de la Legión me dije: se lo mando y que él haga con Braulio lo que quiera. Podía habérselo mandado por el correo del ordenador, pero no me parecía justo enviar a Braulio por ese camino tan peligroso como rápido, así que lo metí en su sobre, le puse un sello del Rey y para el general, y el caso es que le llegó y yo no sabía donde vive el general. Pero le debe conocer el cartero, porque Braulio entró en su casa, con taconazo y todo. A ver si le gusta, se conocen, se reconocen, y hasta lo publica, aunque eso mejor que lo hablen ellos, como los dos son escribidores seguro que llegan a un acuerdo.

Además a mi me parece que lo que escribe Braulio es muy interpretable y se necesita un hermeneuta, que a lo mejor el general lo es.

Bueno pues yo se lo mando; y se lo mandé; y que él vea lo que conviene hacer.

Y podía haber sido como la inquisición porque no he contado que todo lo que sacábamos de los altillos lo teníamos que llevar al centro del patio para hacer una hoguera y quemarlo todo, todo, todo, hasta los libros y las banquetas, y unas ropas viejas que había, hasta el nido de las lechuzas, todo quemado, así que yo sin saber que era Braulio, cogí aquellos papeles, sin sacarlos de su plástico, y los guardé en el bolsillo, ese grande del lateral del pantalón verde sarga; y nadie lo vio, no hubo hoguera para Braulio y hoy puede decir que sigue con nosotros como ayer, que de eso hace una eternidad.

Sé de Braulio que aún vive en cualquier parte, donde le dejan, caminos y plazas públicas. No sé mucho más. Tampoco lo necesito, no voy a preguntarle de dónde viene y adónde va. Eso es cosa suya, que aquí la identidad es bandera y solo importa lo que a partir de ahora se haga. Lo que fue nada importa, que es su vida anterior. Ayer no existe y mañana tampoco.

Pues esto es lo que dejó escrito Braulio, y no desvelo nada que él no quiera, porque ya he dicho que si ha llegado hasta mí, y a quienes lo lean, será porque él quiere, que como no quiera les aseguro que no lo lee nadie.

Así que yo lo mando y que sea lo que Braulio quiera. Y, por supuesto, el general, o sea vuecencia.

Que hable Braulio. Estas son sus palabras.

 

1.- No es lo que era

Acostumbra a repetir que aquellos tiempos fueron mejores. El viejo legionario, suele recordar y quedarse allí, en sus momentos, como irrepetibles, auténticos: esto ya no es lo que era antes. Dicen que eso le dijo el primer legionario en alistarse al segundo. Cada uno dice y no deja nunca de decir. Aquí en la Legión se dicen muchas cosas y ninguna es tontería, que hay gente de Oriente y de más allá, de Etiopía, de distintas clases y cada uno sabe una cosa que el otro no sabe y así entre unos y otros se hace legión de cosas y saberes. Yo sé de Libia, de Las Guayanas, como de Alemania, y si me preguntas de Cuba, como si fuese mi casa, que todo, de uno y otro sitio, me lo han contado los que son de allí.

Para cada uno su tiempo fue el mejor. Hacen bien: fueron los suyos, sus tiempos, su tiempo, la vida de uno es única y sin igual. Además es verdad. Que esto nada tiene que ver con aquello. Como tiene que ser. Cada uno con su tiempo; sin falsas adaptaciones. Porque pienso que pensar es libre y ahí nadie se mete, así que yo pienso en mis tiempos, que ya lo de ahora es solo esperar.

Fueron otros tiempos. ¿Para mejor o peor?, no lo sé ni me pregunte, que yo ya voy a lo mío. Soy legionario, antiguo, viejo, fui padre veterano, en su momento aquel, pero sigo siendo legionario, que ser, es lo único que he sido, y sé mucho de eso y a lo mejor poco, depende de la peña que me pregunte y las ganas que tenga de contestar. Aquello que entonces vi y lo que veo ahora, de aquello y esto, todo  revuelto, me pasa que más que pensarlo, lo siento. Por eso es recuerdo. Y no sé yo si las cosas del sentir son iguales que las del conocer. Nunca se puede tenerlo todo y a un mismo tiempo, cada cosa tiene el suyo. Hay muchos tiempos y casi los he alcanzado todos.

Me llegaron los años, todos, pero a pesar de ellos acompañaré a los que combaten para exhortarlos con consejos y palabras, que tal es la misión de los ancianos. Las armas las blandirán los jóvenes, que son más vigorosos y pueden confiar en sus fuerzas.

He visto mucho y he aprendido de todo; de lo bueno y de lo malo se aprende; y conocido también.

Siempre estamos con las mismas, que si antes que si ahora.

Estaría bueno que haya que dar explicaciones. A mí nunca me las dieron; ni por qué atacaba allí y no en otro lado, qué más da, ni por qué vigilaba este y no aquel lugar, que si por la derecha, que si por la izquierda, media vuelta ya-media vuelta ya, firmes o descanso, ya viene el pájaro, retreta o fajina; nada más, cumplir y nada más; nada más necesitaba que la corneta para saber lo que debía hacer; esa corneta era un libro, mejor que los heraldos de voz sonora, y bueno estaba yo como para pensar que si esto o que si lo otro, con lo mío ya tenía suficiente, a obedecer y no hay más. A la corneta.

En la Legión nadie da explicaciones de nada; solo las del servicio y muy breves. Tú paquí, tú pallá, por aquí no pasa ni Dios, vigila ese chamizo, vete a esto y a lo otro, o a lo de más allá, no quiero que se mueva ni una mosca, rápido, rápido, deprisa, más rápido, ¡firmes como velas! Te lo explican o te lo gritan, pero una sola vez, o ninguna, que aquí no hemos venido a perder el tiempo, así que a funcionar como si llevases toda la vida. El servicio es sagrao; se cumple y no hay más. En combate o guarnición a cumplir.

¡Fuego! ¡Al asalto! Aquello sí que gustaba, aún cuando ya no podías ni con las botas. Se lleva peor lo de guarnición. La Legión es combate, acudir al fuego, de donde venga. Y todas las cosas son para eso. Las otras cosas, esas son de uno, a nadie le importan. Que dicen que digan, que piensan, que piensen, qué más da. Aquí hay de to y se es de todo, se ve de to, y lo que se oye, de todo, pero nadie se asusta de nada. Príncipe o rufián, noble o plebeyo, alto o pequeño, honrado o descuidero, guapo o feo, malencarado o simpático, trovador, poeta siempre y todos, para los adentros, todo menos cobarde se puede ser. Es la peña, que hay de todo en ella, ¡y como dios!; nadie se mete hondo en lo tuyo si estás cerrao. Eso es tuyo y no hay más que hablar. Ahora que si quieres contar, abrirte, pues puedes en canal, siempre hay alguien que te escuche. Y ni mu, sellada la boca pa siempre. ¡Por estas! No se va con chismes de uno y otro que tos tenemos pa no parar de contar; ¿y a quién le interesan?

Queda anclada la vida en eso: ser legionario, en haber sido legionario, Caballero legionario o legía, que nos da lo mismo. Pistolo no, que eso es otra cosa, ni mejor ni peor, distinto. De todo lo que te pasa solo se te agarra aquello: ser legionario. El resto, pues olvidado. ¿Qué tendrá aquello? Lo otro que te pasa fuera de ser legionario casi que deja de contar. Parece que solo fue la Legión tu vida, nada más hubo ni pasó. Todo lo que quedó fue Legión. Por eso lo de ahora nada tiene que ver con aquello; entonces sí que era duro, ¡la Legión!, eso, ¡tela!, queda pa siempre. Con cuidado, como todo, que muchos te echan en cara que ellos han estado no sé qué pilas de años en la Legión y que por eso son más legionarios que nadie. Pues no, y eso que yo estuve en activo legionario más de diez, pero es igual, el que lo es, con media hora le llega. Había uno llamado Federico, que le llamaban el Grande, que decía que sus mulos habían estado en muchas guerras y fregaos, pero nunca dejaron de ser mulos. Yo podía dar algunos nombres de esos y de algún mulo legionario que para mí lo quisiera.

La decadencia de la Legión puede llegar no porque el servicio sea penoso, pesadas las armas del Credo, o porque los premios nunca lleguen y la disciplina sea muy severa. Pa mí que la decadencia, si llega, será por todo lo contrario. Cuando esto se haga más débil y facilón -pues en verso- adiós legión. O es dura, muy dura, brava e insoportable, que luego se soporta bien, o esto deja de ser Legión. Así fue y que así siga siendo. Aquí todo te lo deben, pero nada te van a pagar, así que a espabilar y a ser legión. Dura y disciplinada Legión, distinta a todo, ni mejor ni peor, solo Legión.

2.- Aquella Legión

No digo que ahora no lo sea, no quiero decir eso. Que lo es, Legión. Y me gusta que lo sea, y verlos de verde, maqueaos, chulos y envalentonaos, voceros, muy jóvenes son, y cuadraos; llenos de tralla por el pecho, Bosnia, la onu, Irak, Malí, Afganistán, de todos lados. Nosotros éramos poca cosa, pero…, a la hora del cornetín, ¡legionarios a luchar…!, como corríamos las lomas, con el chopo y la ametralladora, y las cajas con las balas, como corríamos a por ellos: ¡cabrones! Con cojones ¡coñiiiio!, ¡que es la Legión! Y eran bravos ellos, aquellos moros cabrones, esquivos, jodíos y malos como el sebo. Detrás de las lomas se escondían, como la tierra y su color, como zorros agazapados. Aquello era como debe ser ahora en Irak, según me viene de oídas, lo que cuentan, y también en Malí; esas tierras, me dicen, son muy parecidas a las legionarias, pardas y secas, calientes y frías, solitarias; para los lobos, y los coyotes y los zorros y las gacelas, son para la Legión y para legionarios.

Claro que ahora tienen de todo, cañones y camiones, tanques y aviones, cascos y antibalas, varios uniformes y chaquetones, chupas, varias camisolas, gayumbos y camisetas verdes, verde mimetizado, y corbatas, hasta camisa blanca; y cuartos individuales, para cada uno o dos. La mayoría no vive en el Tercio; tienen una casa a la que se van cuando terminan, una casa que es de ellos o alquilada, y para ellos, ya no es la Legión su casa, nosotros nunca nos íbamos a ninguna casa, no teníamos otra que la piltra, el pulguero, y la cantina y el mollate, el mesón y el bocata, el patio del cuartel, y fuera algún chamizo donde darle al prive, o a lo que fuese, que el tema era quitarte esa morriña, no es soledad, otra cosa, que se mete a veces por lo de dentro y no hay manera. Se te pega unas horas, unos días y te preguntan: ¿qué Braulio, hay moros en la costa? Moros, ¡coño moros!, lo que hay es como pena por dentro. Unos tragos y fuera todo. Ni morriña ni leches. Y no preguntes que la tenemos. Bueno hombre bueno, que a tos nos pasa. Pues eso, ¡tira pallá!

Nuestra casa era el cuartel, siempre volvíamos al cuartel; nos íbamos, pero volvíamos, ¿dónde íbamos a ir si no teníamos na? Ellos, los de ahora, van y vienen y se van y ya no vuelven. De un sitio para otro, de unidad en unidad, cabo de la Legión y cabo en Regulares. Es igual, pero no es lo mismo. Legionario o de Regulares se es para siempre, no para echar un rato, ni se cambia, ni se pierde; ahora son otros tiempos, ni mejores ni peores; son otros tiempos. A mí me gustaban los míos cuando lo que era mío, de verdad mío, era lo que había detrás de aquellos muros, entre tanta gente, pasabas el cuerpo de guardia, y en casa, el cuartel, allí estaba mi sitio y los míos. Mi peña, mi piltra, mi manduca, los garibolos, duros, pero garibolos legionarios, buenos, algo de alpiste y hasta un padre veterano. Eso era todo, lo único que tenía. Nunca estaba solo el cuartel, y si se vaciaba casi, que no ocurría, aquello siempre estaba abierto, estaban los de la guardia, que parece que no, pero además de vigilar acompañaban, sabías que no estabas solo, y te gustaba verlos de guardia, sobre todo un domingo, que te ibas y ellos se quedaban, como si fueses tú, y volvías y allí estaban, y daba tranquilidad, al menos a mí. Ahora he visto que algunas guardias las hacen seguratas; pues bueno; si es que ahora de legionario acaban de segurata en cualquier lado. Mejor que acabar por ahí dando vueltas, y que alguno te ve los tatuajes y la barba y mal encarado con la vida, y dicen o te murmuran: ese ha sido legionario.

Yo que sé. Qué más da; es igual, pero no es lo mismo. La Legión no fue echar un rato, no fui a ver qué pasaba, fui a quedarme cuando nada tenía, fue una vida lo que eché, la vida toda, y allí quedó, pero yo me traje a la Legión; ahora la echo de menos: ¡ay!, si tuviese veinte años. El resto no fue nada más que un caminar perdido, sin ser nadie, nadie era hasta que fui legionario; luego me tuve que ir y volví a ser nadie, pero ¡ojo!, ya era legionario y que no me arrepiento. Eso queda pa siempre. Ahora me dice alguno, ¿tú que has sido?: ¡legionario! La gente se echa pa tras. Como si dijesen ¡coño un legionario!, pero en plan bien, como con susto y admiración, como diciendo, cuidado este es capaz de todo, que es como que te admiran un poco. Y eso gusta y te viene a la memoria todo, todo, y te quedas como así, de otra manera y pasmando, que te están mirando y ¡uf!: ¡Ese tío ha sido legionario!, dicen; y ¡como me gusta!

Creo que la Legión se hizo para aquello, no para esto. La Legión era para siempre, tuya sin serlo, pero era como si fuese tuya; era la Legión como tu madre, que no me la menten sin besarla, que me cago en… ¡Pa siempre!, no ahora una unidad y luego otra, según me vaya y me venga. Eso no es legión, sino echar un rato. Nuestro rato fue toda la vida, aunque fuese un rato, pero no cambiamos de un lado pa otro. Siempre con la camisa verde.

Pa esto de ahora hay otros, muchos, que no digo que valga cualquiera, ni que mejor o peor; distinto. Ahora todos son iguales, desfilan distinto, pero iguales. Visten distinto, pero iguales. Y van de un lado pa otro, que da lo mismo la Legión que otra unidad…, hoy en Ceuta, mañana en Córdoba o Madrid. Todos iguales y pa mi que no es eso, yo quiero ser solo legionario, que es distinto.

Recuerdo el nombre de todos, compañeros y mandos, jefes y oficiales –creo que ahora no hay jefes, pues no sé qué habrá-, el del coronel del Tercio, como si fuese mi nombre y mis apellidos, como si fuesen los de mi padre y de mi madre. Los motes también, nunca para reírse de nadie, que allí se respetaba al bajo y al alto, al feo o al más que feo, al rubio o al negro, amistad, esa del Credo: de juramento entre cada dos hombres. ¿Dónde estarán aquellos? Cada uno ha volado a sus aires. No tenemos contactos, ni internet, ni esas cosas de móviles para llamarnos. Si acaso queda “¡A mí la Legión!” que alguna vez solté en… Bueno el caso es que funcionó y nos dimos unas cuantas, pero nada sé de ninguno. Y no pasa nada; si algún día nos vemos pues como siempre, como si el tiempo no ha pasado. Los legionarios entre nosotros nada, todos juntos, y si hay cosas son las nuestras y pa qué airear na, lo solucionamos entre nosotros, que a nadie le importa.

3.- La Legión ahora

Ahora la Legión va para cien años. Nada somos los que aún vivimos. Aquí los únicos que son, son los muertos. Cuando llegué uno me dijo que allí no había caídos sino muertos. En la Legión, chaval, me dijo, si uno se cae se levanta, y si no te levantas es que estás muerto, así que aquí, de caídos nada: muertos. Los muertos dan vida a este Cuerpo. Todo lo son los muertos, los muertos en combate y los que quisieron morir como legionarios, en combate, pero la muerte no los eligió; entonces, a esperar. Los que aún vivimos, y que sea por muchos años, y llegamos pal Centenario solo debemos mirar los colores de la Bandera, la más gloriosa, y no mirar para otro lado, sino pa donde se reza a los muertos, pal monolito de los muertos. Solo la Legión, España, en el centro, y su Bandera que envuelve a los muertos. Y rezar por ellos. A mí lo demás me sobra. Las pinturas y los homenajes, los libros y las funciones, los discursos y los abrazos, los reconocimientos y las celebraciones. Casi todo me sobra. Menos los muertos. A esos juramos, por nuestro Credo, nunca abandonarles hasta morir todos y así, como seguimos vivos, es nuestro deber estar con ellos hasta morir todos. Y no hay más. Cien o doscientos años. Legionarios hubo y habrá, y murieron y morirán, y si no pa qué eso de legionarios a luchar legionarios a morir. Se entra pa luchar y salir de aquí, pues muerto, nada más que muerto y si no a esperar; como todos. Que tan poco esto es tan largo. Te vas en un pispás. Ya lo sabemos: la muerte no es tan horrible como parece y eso de ser un cobarde es lo único que le está prohibido a un legionario. Lo único sin perdón posible. Puede venir cuando quiera esa que dicen que es la novia, porque cuando se lleva a uno hay mil detrás, nacen como moscas y a tos no se va a llevar de golpe; así que despacito, cada cosa a su momento. Es que a veces más que muerte parece que quiere ser vida. Claro que si no ¡a ver!, si no hay vida se le acaba el negocio. Ahora eso sí, si mueres de legionario es otra cosa que morir de normal, de civil. de la calle. Eres inmortal solo cuando ignoras la muerte. La muerte no existe mientras vives y cuando viene no existimos, así que no es tan real como ella se cree. ¿Quién habla de muerte? En la Legión no se muere, se resucita. Hay algo con la muerte, pero eso es muy nuestro y no se cuenta. Vamos que a mí me da igual contarlo, pero pa que vamos a amargarnos la vida. ¿Hasta cuando está bien que el hombre viva? Mientras no crea que morir es mejor que vivir. Y eso yo lo he visto, muy de cerca.

Camino del Centenario ¿qué va a ser de la Legión? Nunca se sabe que va a ser de uno; de la Legión solo Dios sabe. Hay muchos que no la quieren, por eso quieren a todos iguales. Puede que no les guste que haya algunos distintos, como descarriaos, que viven para vivir en la muerte sin tenerle miedo a lo que pueda pasar. Y que enfollonan, que la lían parda si se tercia alguna cosa rara, donde hay que dar la cara; pues se da. Que digo yo, suponiendo, que no les gusta la chulería legionaria, ni las patillas, o el gorrillo ladeado, no, que no gusta el gorrillo, a algunos, ni la camisa desabrochada, ni el talante, ni el mirar duro y recio, el hablar alto mirando al cielo. Puede que no guste, a alguno, y es un suponer, no tener miedo a hablar y que te escuchen; que a lo mejor estas cosas ya no gustan. Antes veía yo mucha más libertad. A pesar de la pelota, y de algún cabo atravesado, hablabas y te escuchaban, te conocían y si andabas recto todo iba bien; tampoco era aquello pa tanto. Más duro era fuera donde no eras nadie pa cuatro perras que te daban. Allí fuera no eras ni fu ni fa, uno más de todos aquellos. Que si la Legión, que si la muerte, pues como cualquiera, ¿o es que alguno se cree que va a durar siempre?

¿Por qué no les gustará el gorrillo, y nuestra parafernalia? La gente se vuelve loca con lo nuestro. A la gente sí que le gustábamos. Hay que ver, oír quiero decir, lo que nos decían cuando desfilábamos en Semana Santa por tantos sitios; están tan cerca que casi te lo dicen al oído, ¡uf! lo que te dicen, que gusta oírlo, y es que somos gente, de las aceras y la calle, como ellos, pero legionarios. Esto de legionario y de caballero es muy de todos y más de los de abajo, de los que casi nacemos y nos criamos en la calle. Muy del pueblo, que dicen, y antes también muy de pueblo. Aunque yo coincidí en el trullo con un marqués, eso decía él, serlo puede que sí porque maneras tenía, y saber sabía, y otra vez con uno con posibles; este además en ocasiones convidaba. Los había que leían y otros que ni falta les hacía con todo lo que de ellos aprendías. Menuda escuela era la Legión, y con buenos maestros, los mejores y también los peores; podías elegir. Como decía, que me voy por otras lomas en cuanto me descuido, no sé por qué a  alguno no le gusta la Legión, deben ser muchos los que no la quieren o pocos, pero con poder. Yo ya no estaba, pero, me han contado que la quisieron suprimir. Y luego como no pudieron porque varios legionarios murieron, oficiales también, en la Bosnia esa, tuvieron que aguantar y a ver quién era el chulo de suprimirla cuando hablaban de la sangre legionaria derramada por la paz. La gente empezó a hablar otra vez de la Legión, y a gustarle, que ya casi ni se acordaban de ella. Paz, paz y más paz, pero coño pa eso estamos. O ¿es que vamos a la guerra pa siempre? Habrá que ganarla y terminar con ella, pues eso: la paz. Como siempre, no vamos a estar siempre de guerra. Pues ahora como antes, como siempre, ¿o qué se han pensao?, ¿qué es distinto? Un tiro entra siempre por el mismo lado. El caso es que se habló mucho de la Legión y de unos tenientes que trasportaban sangre para los heridos de la guerra de Bosnia, y los mataron. Los mataron cuando iban a salvar a otros. Y murieron legionarios, en silencio, sin alharacas, y dicen que ni medallas les daban. A la caja de pino, al avión y pa casa. La Bandera y con el Cristo, párriba, nadie en el Tercio sabía, legionarios a luchar, legionarios a morir. Se dieron cuenta que esto de la Legión no era como ellos creían, un rollo de la Guerra Civil, unos fachas, que así nos llamaban, que si éramos de Franco, y que si Millán-Astray. Pues tuvieron que tragar y ver que los legionarios éramos la Legión, éramos España, y como siempre dando la cara y la vida, como siempre, sin preguntar, ni hablar, ni rajar, cumplirá su deber obedecerá hasta morir. ¡Coño con la Legión!, tuvieron que decir.

Creo que hasta les dieron el premio ese que sale en la tele de cuando el Rey era Príncipe y ahora es la princesa, ese de Asturias. Aunque se quedaron con las ganas de cargarse la Legión no pudieron, pero me cuentan que ya no hay cabos legionarios que luego puedan ser primeros y sargentos legionarios y así hasta comandante; creo. Dicen que ahora ya no hay escala legionaria por una ley que hicieron. ¿Entonces qué hay?, que no lo entiendo. No sé, pero no es lo mismo ser cabo legionario que cabo de otro sitio. Ni mejor ni peor, cada uno a lo suyo y con lo suyo. Eso no me gusta. A lo mejor era mejor que la hubiesen suprimido y tenerla así, guardada, esperando, pero para como era antes, no como quieren que sea ahora, para un rato, todos como todos, pero eso a mí no me gusta, y no digo que no sean buenos los otros, pero cada uno es cada uno y la Legión es otra cosa. Como los franceses o ingleses y hasta los americanos que tienen esos marines que son distintos a los demás soldados. No es que no me gusten los pistolos, que es cariñoso eso de pistolo, pero cada uno es cada uno ¿Qué ya no hay escala legionaria, ni cabos pa siempre, y los sargentos legionarios, los tenientes y  los capitanes legionarios…? ¿Qué? ¿De dónde los sacan? No le conocí, pero nos hablaban del comandante Tiede, extranjero, creo que de Austria o así, con la Medalla que ganó, vaya tralla, y desde legionario a comandante, como nos decían al entrar, podréis ganar galones, alcanzar estrellas…

¡Que no! Que a mí si me preguntan, digo que la Legión es distinta, ni mejor ni peor, que para ser iguales, pues que no haya Legión, y hala a correr todos tras las lomas, tos pa el monte que parece que todo el monte ahora es orégano.

<<Amparo encontraréis, cariño, una familia, os ofrece olvidos, honores, glorias, os enorgulleceréis de ser legionarios, podréis ganar galones, alcanzar estrellas; pero, a cambio de esto, lo tenéis que dar todo sin pedir nada; los sacrificios han de ser constantes; se os exige obedecer las órdenes militares ciegamente. Los puestos más duros y de mayor peligro serán para vosotros; combatiréis siempre y moriréis muchos, quizá todos. ¡¡¡Bienvenidos catalanes legionarios. Vosotros seréis la base sobre la que se construirá la Legión!!! Entrad gozosos, sed felices y que Dios conceda a cada uno lo que venga buscando, si ha de ser para su bien>>.

Ya nadie te dice cosas así. Aquello era verdad. Se cumplía la palabra. Ahora hay mucha mentira, te dicen y luego no es. La palabra legionaria es ley, por lo menos en el servicio, que luego cada cual es cada cual. A lo mejor ahora no gusta, no les parece bien o no les encaja que fuesen los catalanes aquellos la base sobre la que se construyó la Legión, digo yo, que tampoco es que fuese así, porque allí llegaron de todas partes y no se contaba el primero en llegar sino el primero en caer frente a los moros.

A lo mejor es un paso primero y luego desaparece esto de los legionarios, a lo mejor es que quieren quitarla y no de un golpe, que no se atreven, poco a poco. Parece que también quisieron cambiar el Credo. Mira por donde que lo tengo grabado en la piel, como tatuado, y ni una coma me falta, imposible equivocarme, como el padrenuestro que me enseñó mi madre. No sé. A lo peor se están cayendo las últimas hojas de los árboles; como en noviembre.

4.- ¿Qué va a ser de la Legión?

España tiene a la Legión y los españoles tienen mucho de legionarios, me parece a mí; que los españoles somos luchadores de la vida y aventureros, soñadores, esperanzados y desesperados. De todo hay. Que si tú no me quieres, que si nadie me quiere, pues ¡legionario!, ahí es nada. Que si por la aventura, conocer más allá, el porvenir, un futuro, un desengaño o un no sé qué, pero que allí me vi. Director, escritor, cantante, poeta, pintor, actor, compositor, escultor… y ni aún así triunfo, así que ¡LEGIONARIO!

¿Qué va a ser de la Legión? Y yo que sé. Yo también me lo pregunto, pero gente hay que sabe y ha estudiado y adivina o supone. Suponer yo también supongo, pero no estoy seguro. Lo que veo no me gusta, eso sí que puedo decirlo. Fue mucho, todo lo fue el Tercio de Extranjeros, o Legión que es lo mismo, pero tampoco exactamente igual, que extranjeros al final fueron muy pocos, pero sí fuimos legión de españoles.

Cuando me pregunto qué va a ser de la Legión pienso lo que fue la Legión. No se hacen preguntas. Nada importa su vida anterior. La respuesta son cien años de historia, cada uno la suya, la de su momento, en cada época, la de cada uno, Ceuta primero y Melilla, así comienza y así queda, con  nombres y hombres, muertos, heridos, desaparecidos, pobres y ricos, valientes y más valientes que se hicieron, ¿miedo?, ¿quién dijo miedo? Vamos a morir y a eso nadie le tiene miedo, cuando es lo tuyo, a luchar y a morir, y si no, ¿para qué has venido? Efímera vida gloriosa, de un rato solo, pero eterna, un buen rato aquí y allí todo; eso dicen: que hay un cielo legionario, y ¿por qué no voy a creérmelo?, un legionario de nombre Cristo de la Buena Muerte, allí clavado, que me miró en Málaga, de reojo yo miraba, clavada la mirada se ha quedao, como si no fuese de madera, ese parece un legionario.

Pues eso pienso; y decía yo que esto na tiene que ver con aquello. Como tiene que ser. Cada uno con su tiempo sin falsas adaptaciones. Cuando viene mal dadas, que eso es muchas veces, pues pa dónde vas a mirar, párriba, pal cielo ese, más allá que el de las nubes.

Qué sé yo si lo que quieren es que no haya legionarios. ¡Qué sé yo!, si un año ves la Legión llena de ministros, que hasta se empujan en Málaga para la procesión, y todo facilidades, sonrisas y ¡Viva España! ¡Viva la Legión! Y al año siguiente todo cambia y que si nada de honores, que qué es eso de las procesiones y el Himno Nacional, el que vaya que sea voluntario; y todo se hace como de tapado, sin que se note, aunque la gente sigue en la calle, como siempre, y cantan el Novio de la Muerte, y rezan a la vez que comen pipas, se santiguan y te dicen de todo, ¡Viva la Legión! Y la madre que te parió, por todas partes; o sea que nada cambia nada más que lo que los de arriba dicen, que si sí que sí no, y en una de estas pues se acabó y por lo que veo en unas y otras cosas ya nadie cambia lo que se ha cambiado, no hay marcha atrás. Así cualquier día adiós legionarios, todos soldados, iguales, nada de nada. Por eso no me fío. Que vamos pa cien años y todo deberían ser celebraciones y recuerdos y mucha gente importante yendo a Ceuta y a Melilla, a Ronda, Almería y condecoraciones, libros, fotos, muchas celebraciones. A mí me da igual porque no me van a invitar. ¿Quién se acuerda de mí? ¡Que yo fui legionario!, Caballero ¡eh!, y ¿a quién le importa? No está usted invitado, no puede pasar, necesita una invitación, lo siento, pero…

Que no, que eso yo no lo aguanto, así que en casa, con Dios.

¿Que la quitan?, quizá, ¿que se acaban los legionarios?, quizá. Pues a ver quién tiene la culpa, porque yo he luchao, hice lo que me mandaron y nada malo fue. Así que el que venga que arree, que a mí ya ni me invitan, y eso que soy legionario. No tengo carnet, ni papeles, ni fotos, ni na, no tengo na de na, y así ¿a dónde voy yo? Los tatuajes no valen pa na. Pues todos iguales, aunque ya nada es igual ni ninguno somos iguales, cada vez menos. Legionario, fui pa mí, pa nadie más, pa España. ¿Y qué me ha quedao? Nada, nada, nada. Ni el boletín ese que es oficial. ¿Estará mi nombre en alguna lista? La de veces que me pasaron lista y ahora na. Borrado, todo borrado. Ni un solo papel donde lo diga. Total que nada. A mí ya me da igual, si no sé ni que va a ser de mí mañana. ¿De la Legión? Y yo que sé, si al final no sé nada. No soy nada, nada más que fui legionario. ¿Y eso qué? Pues na. Solo pa mí.

5.- Ritos y Tradiciones

Y es que en todas estas cosas está todo lo militar, en el Credo. Las tradiciones, los ritos, que así les dicen, son muy importantes. En cuanto una unidad militar o algo parecido quiere tener presencia y resonancia inventa una frase o diez, que le dicen decálogo, una señal identificativa, y esas cosas que luego quedan y con ellas se les reconoce. Ahora está de moda. Una imagen que te distinga, una frase. La Legión tiene su Credo, su emblema, su contraseña, los guiones y banderines, sus vivas; y el chapiri, el chambergo, la camisa verde, y el botón desabrochado, las patillas y la barba, sus himnos y las canciones, las formaciones, y el paso legionario, los muertos y el homenaje, los tatuajes, ahora hablaré de ellos, que los han prohibido creo, y el toque de Oración, Tercios heroicos, la Canción del Legionario, y el Novio de la Muerte. Y muchas cosas más. Y su forma de hablar, de mirar, de reír, de sentir y pensar. También tiene su forma de morir, sin miedo, sin contemplaciones, sin nada, morir en el combate es el mayor honor.

El emblema es la ballesta y el arcabuz, que forman un aspa dividida por la pica, y en el centro, que se vea, la corona, la de nuestro Rey que nos ha permitido ser legión. Tercio, de Extranjeros, pero Tercio, como en Flandes, la mejor infantería del mundo que dicen lo somos, españoles, y el que viene de fuera al tiempo, al poco tiempo, más español que uno, que no quieren irse a ningún sitio y salir no muy lejos por si no los dejan de volver. Y nuestro es lo de: <<Legionarios, a luchar; Legionarios, a morir>>. Caray con el que se lo curró porque no se puede decirlo todo, pero todo, en tan poca cosa, que solo son unas letras y es un libro entero. Tuvo que ser un golpe de suerte o una inspiración de esas que dicen que viene de repente porque si no, no se entiende que cabeza humana diga eso así, sin más, sin ser un filósofo de esos famosos, un Platón o algo así. Nos decía el sargento, ese que había leído el libro del Jefe, el de Millán-Astray, que se lo sabía de memoria, que el lema y contraseña como  toque de guerra, se lo marcó un corneta al que le dijeron <<Di eso con ella>> y cogió su corneta y tararirorirorí, tararirorirorííí… Hasta hoy: <<Legionarios, a luchar; legionarios, a morir>>. Cuando me muera quiero que lo graben en la piedra que me pongan encima. Pues eso, después de todo, luchar lo que se llama luchar, yo solo lo hice en la Legión, así que solo me queda morir. Ya está, se acabó y que otro venga y arree.

Todos dan ahora vivas que son gritos, más que palabras: ¡Viva España! ¡Viva el Rey! ¡Viva la Legión! Es que a ver quien los susurra o los dice sin gritar, que no se puede, que te pide el cuerpo gritar y que los repitan todos, levantando el gorrillo al cielo, por vosotros, que nos oigan todos, grito de guerra, de paz, de gloria, para la victoria o enterrar a los muertos, en todos los actos y en todos los lugares. Nos decía el sargento que según el Jefe, Millán-Astray: <<Es la consagración de su Credo, es el nudo gordiano de su existencia legionaria>>. ¡Cómo lo decía!, te entraba el escalofrío por la espalda.

La Legión tiene también Dar Riffien, Millán-Astray, y Franco, y Valenzuela, Queija de la Vega, Suceso Terreros, Melilla que casi se pierde, Asturias y la Guerra Civil, el Sahara, Ifni, Edchera,  y tiene a Lizcano, de la Cruz Lacaci, Vila Olaria, Angosto, Navarro, Munar, Martín Anglada, Arredondo, López Hidalgo, Carvajal, Espinosa, García Escámez, Galán, Monetro, de Miguel, Zanardo, Orozco, Burguesse, Serra, Godoy, Ripoll, Fadrique, Maderal Oleaga, el Padre Vidal y el Páter Huidobro.

Y tiene a Dar Riffien, Casabona, Dar Hamed el Malo, Nador, Ambar, Tizzi-Azza, Xauen, Alhucemas, Kudia Tahar,Monte Malmusi, Morro Viejo, Monte Palomas.

Y Tauima, Villa Sanjurjo, África oriental española, El Aaiun, Edchera, los Tercios Saharianos, el Sahara español, Villacisneros, Tifariti; y el capitán Bakali, y hasta la Marcha Verde.Y Asturias. La I Bandera. Extremadura, frente   de   Madrid, Guadalajara,   Belchite,   Alto   Aragón, Tremp, Batalla del Ebro.

La II Bandera. Extremadura, frente del norte y frente de Aragón y Cataluña.

La III Bandera.Toledo, Oviedo y frente de Aragón y Cataluña.

La IV Bandera.Extremadura, Badajoz, frente de Madrid y frente de Aragón y Cataluña.

La V Bandera. Andalucía, Extremadura, Badajoz, frente de Madrid y frente de Cataluña.

La VI Bandera. Andalucía, Extremadura, Madrid, frente del Ebro y Cataluña.

Las VII Bandera. Talavera de la Reina, frente de Madrid, frente de Aragón y Cataluña.

La VIII Bandera Tauima, frente de Madrid.

La IX Bandera. Talavera, frente de Madrid.

La X Bandera. Talavera (enero 1937), frente de Madrid.

La XI Bandera.Talavera (febrero 1937), frente de Córdoba, frente del Ebro.

La XII Bandera. Talavera (febrero 1937), frente de Madrid.

La XIII Bandera.Talavera (Julio 1937), Batalla de Brunete, frente de Cataluña y Aragón.

La XIV Bandera.Talavera (agosto 1937), frente de Madrid y frente de Cataluña.

La XV Bandera.Zaragoza (agosto 1937), frente de Aragón y Cataluña.

La XVI Bandera.Talavera (octubre 1937) frente de Aragón y Cataluña.

La XVII Bandera.Talavera (enero 1938), frente de Aragón y Cataluña.

La XVIII Bandera.Talavera ( abril 1938), frente de Aragón y Cataluña.

La Bandera de carros de Combate, frente  de  Madrid,  frente  del  Norte, frente de Aragón y Cataluña.

La Compañía de lanzallamas. Cubas  (Madrid)  (marzo  1937),  Oviedo,  frente  del Norte, frente del centro y frente de Aragón y Cataluña.

La Legión tiene ahora, más reciente, que ya hablo muy de oídas, de lo que leo y me cuentan,  Bosnia-Herzegovina, Albania, Kosovo, Serbia y Montenegro, Macedonia, Irak, Afganistán, República del Congo, Líbano y Mali.

6.- La Mística

Nada más representativo de la Legión que su aspecto y disciplina. Es tradición. Apariencia limpia y clase, armas limpias y brillantes, y en buen orden, cuando ejecutan y evolucionan con destreza, y cuando su rostro impenetrable y acerado da miedo. El esplendor de las armas no tiene una importancia menor porque está para infundir temor a l enemigo

No sé muy bien qué es eso, pero se lo he oído decir a muchos: la mística de la Legión. Uno que sabía de letras un día me dijo: Pero Braulio si eso es un misterio, ¿quién va a saber nada de eso? Pues acabásemos; si es un misterio ¿cómo se sabe lo que es? Y me decía que era todo eso que sientes por las entrañas cuando suena el himno Nacional, y la Oración, el toque por los muertos, soy valiente y leal legionario, por ir  a tu lado a verte, el paso legionario que no es correr sino ir erguido, pidiendo paso, que viene la Legión, ni un obstáculo que la pare, que mística es decir misterio, formar bandera, el modo de ser, la libertad de elegir, incluso porque eliges morir, y como los frailes esos, los cartujos que dicen son los místicos de la Iglesia, ese frailecillo tan pequeño que era medio fraile, San Juan de la Cruz, como Millán-Astray que iba vestido de herido, de cartujo de la milicia, nosotros lo somos, encerrados en lo nuestro, nuestras cosas y tradiciones, nuestra pobreza, que na tenemos ni queremos, compañerismo, hermandad, unión y socorro, que todo eso lo dice nuestro Credo. Y tenemos santos, santos y legionarios, como, que yo no los conocía, al Padre Vidal y el Páter de la Guerra Civil, al que llaman legionario y Santo, el Páter Huidobro, ese que hace un montón de milagros. Tengo pendiente ir a ver si me hace caso. Hay una piedra grande en la Cuesta de las Perdices que señala donde murió; y está enterrado en una Iglesia grande de los jesuitas, que él era jesuita, en la calle Serrano de Madrid, donde mataron a Carrero Blanco. Tengo que ir un día a rezarle que buena falta me hace. Porque rezar no sé, pero el Credo, hasta la muerte, y eso es la mística que yo he entendido, ser compañero y sufrir callado, y no andar por ahí contando tus penas, ni lloriqueando a nadie, aguantar lo que venga, frío o calor, no quejarse, ni arrugarse, no agachar la cabeza ante na, ni creerte tampoco que eres más que nadie. Yo que sé lo que será, porque como es un misterio nadie lo sabe. Pero algo es porque yo lo siento, como no siento otras cosas, pa mí, pa mis adentros, sin saberlo explicar mejor. Lo mejor para saberlo es sentirlo, haberlo vivido, esa experiencia es muy difícil que la explique porque ni yo mismo sé explicármela a mí. Yo que sé qué será. Pero es, existe. Tenemos los místicos laureados que son los muertos canonizados en el altar de la Patria, no hay más entre nosotros, no puede haber más que eso en el pecho, que nunca o casi nunca llega al pecho de la camisa legionaria sino al frío féretro, a la piedra dura, a las manos de tu viuda, el que la quede allí sola pa siempre, que luego la vida todo lo olvida y te llaman algún día para una formación o así, cuando se acuerdan y saben dónde para o se guarda alguno de los tuyos.

Esto es la Legión y así es y nada lo va a cambiar, mientras no cambiemos nosotros los que ahí nos metemos como frailucos de la vida que dicen que es la mística, con el capirote que es el gorrillo, y yo lo que creo es que somos que nadie nos aguanta y a lo mejor que no nos quieren o no servimos pa otra cosa. Pero por lo menos está la Legión. Antes, pues era eso, que entraba todo el que quería sin muchas preguntas ni papeles, por eso yo ninguno tengo. Eres valiente, pues pa dentro, que tiene miedo te lo tragas o pa fuera. Ahora hay que hacer exámenes y llevar papeles y saber cosas y cosas. Es distinto, ni mejor ni peor, pero distinto.

7.- El Credo

Hubo reuniones de mandos, muchas estrellas, comisiones y discusiones; a favor y en contra, porque digo que si estás en contra de cambiar ni le das un repaso para probar. Que aquí no se toca ni una coma, y ya está dicho todo. Parece que hubo muchos repasos, sobre todo por lo de la unión y socorro. Por ahí los del ministerio de Defensa no pasaban. Todo por eso de que con razón o sin ella, que si era un abuso de fuerza, que si la armaban los legionarios, que si esto, que si aquello. Que con razón sí, pero no sin ella. A nosotros, que no pedíamos razón de los que quedaban muertos, ¿y qué razones íbamos a pedir? Y decían que, de paso, a ver como se suaviza lo de la muerte y vivir siendo un cobarde, que la obediencia racional… y que todo aquel Credo sonaba demasiado a Legión, muy fuerte, que había que suavizar sus términos, tiempos distintos, más racionales, de universidad, de libros y no de la calle. Que ya no había guerras y entonces había que hablar de paz. Misiones de paz, que sí, ya lo he explicado, de paz y armonía, que se nota que no saben lo que son los hombres con odio, peor que con un arma. Que da más tiros el odio que el fusil. Eso de la guerra y la paz está en el corazón más que en las pistolas. Yo he visto miradas que matan y luego actos tan injustos que peor que estar muerto. Allá lejos, la tierra manaba sangre.

A mí me sonaba todo a mucha hipocresía, a taparnos la boca, porque en el fondo los hombres duros, y muy duros, que tienen claro lo que hacen y para qué están, pues dan miedo, que estos en un rato son capaces de todo, y de liarla. Qué sabrán ellos de la Legión y de la guerra que se hace fuera y de la que se lleva dentro. A mi poco entender, que yo soy de la calle, ellos sabían que si se cargaban el Credo, pues adiós Legión. También he oído que el Credo, ¡ay, como no te lo supieses o te equivocaras!, ya no se recita entero. Que había artículos que como si se callasen, que prohibidos. No sé, pero mi sargento decía que el Credo con una coma que le faltase, o como una palabra olvidases, era como avanzar al ataque sin piernas, como el que es cojo de ambos pies. ¡Como para no tener cuidado en no sabértelo bien sabido, bien aprendido! Porque esto, decía, y gritaba mucho, como si a él se lo hubiesen gritado, esto es una religión, y el que no cree pues fuera de aquí; el espíritu está en el Credo que es el nervio y allí están las oraciones que tienes que rezar y practicar.

Se encendía y sabía de memoria aquellas palabras, sus favoritas: valor, compañerismo, amistad, unión y socorro, marcha, sufrimiento, endurecimiento, compañerismo, disciplina combate y sobre todo Amor a la bandera. Y terminaba cogiendo el aire, que se le acababa, para gritar: «¡VIVA ESPAÑA! ¡VIVA EL REY! ¡VIVA LA LEGIÓN!»

<<Gritos de combate y de muerte: España, es la Patria; el Rey, el Jefe Supremo, la Legión, la Hermandad sagrada. Y estos ideales, compendiados en los vivas, serán lanzados virilmente, claramente, en los momentos de alegría y de tristeza… Al entrar al combate y al enterrar a los muertos…>> Nos lo repetía, sin equivocarse en una coma, un día y otro también. Lo había leído y se lo sabía de pe a pa, un día y otro, en el libro que escribió el Jefe de la Legión, el teniente coronel Millán-Astray.

Yo nunca he sido capaz de hacerlo así seguido, el Credo sí, sin fallar ni una coma, pero explicarlo así, tan seguido y tan bien, no. Nos mandaban que cuando algún jefe nos preguntase algo y no sabías qué contestar dijeses un espíritu del Credo. Dicho y hecho; y lo tuve que hacer, creo que era un general de los gordos, todo un vuesencia de esos. Que le gustó aquello tanto que me dio una palmadita en la espalda que casi me caigo. Con los legionarios todos se muestran fuertes y recios. Aunque no lo sean.

8.- La muerte

El morir en el combate es el mayor honor. No se muere más que una vez. La muerte llega sin dolor y el morir no es tan horrible como parece. Lo más horrible es vivir siendo un cobarde.

Siempre la muerte. Habéis venido a morir. Un cosa es no tenerle miedo a la muerte y otra quererla. Yo sé que nuestro jefe quería que nos hablasen de la muerte para que le quitásemos esa imagen de horror, de temor, de negra guadaña que atemoriza. Por eso hablaba de una novia joven y bella besando nuestra frente. También decía que fuese nuestro Ángel de la Guarda que nos llevase al Cielo.

Aquí, entre nosotros, no hablamos de esas cosas de la muerte. Si acaso entre cada dos, como juramento entre ellos, y lo que has de hacer si acaso, pero nada más. La muerte no forma parte de nuestras tertulias, ni está ni se la espera, pero si viene a ninguno nos va a asustar. Sí, sabemos que vamos a morir, como todos, y que en el lugar en el que combate la Legión la muerte está más cerca; eso no significa nada. Sabemos lo que hacemos y por qué lo hacemos. Aquí nadie va a lo loco, nadie se la juega sin motivo o razón. La muerte hay que saber esquivarla, con valor, pero tonterías con esa cercana posibilidad ninguna, porque yo creo que si tú te la juegas alegremente, insensatamente, estás jugando no con tu vida sino con la de los compañeros. Pero recular, de eso nada.

Nadie quede en el campo, aunque muramos todos. ¿Quién dijo miedo? ¿Quién es inmortal? Menos el hombre todos lo son, porque ellos, los animales y las plantas ignoran la muerte. Se lo he oído a alguien decir de otro que había escrito algo así como que lo terrible, lo incomprensible, es saberse inmortal. Como que dilatar la vida de los hombres era dilatar su agonía y multiplicar el número de sus muertes. Por eso será que a mí esto de la muerte no me da mucho que pensar. Porque llegará. Y después de que llegue, pues Dios sabrá. Yo recuerdo al de la Buena Muerte, al legionario clavado en la Cruz, sus últimos momentos de agonía, abandonado por todos, cobardes, ellos sus compañeros sin cumplir el espíritu de compañerismo. No quería morir; nadie quiere. Aparta de mí este cáliz, pero sea tu voluntad. Así es y así sea. Que sea lo que Dios quiera. Hoy o mañana. Abierto el pecho de la camisa legionaria.

Es una batalla contra el tiempo. Contra la muerte el tiempo no cuenta, cuenta el olvido, lo que viene después y aquí en la Legión hay una lista siempre presente en la que estamos todos y alguna vez alguien la lee y sus labios pronuncian tu nombre. Estás muerto, pero estás como vivo, en los labios de otro como tú, hoy que es como mañana y como fue, siempre será igual hasta el final de los tiempos, que es una frase que se dice, pero que es como decir hasta la muerte, pero no porque sea el final, sino que es distinto, debe ser para mejor.

Veo que la muerte no significa nada. Porque mientras vives no existe, y cuando está presente no existimos nosotros, así que la muerte no es real para los vivos; y para los muertos yo que sé. Por eso digo que sea lo que Dios quiera, y que  puede venir cuando quiera.

Nunca se puede ni debe saber hasta cuando es bueno que el hombre viva. Se lo he preguntado al sargento Estétor que es de los más viejos y me ha contestado que un hombre debe vivir hasta que crea que morir es mejor que vivir. Me he quedao de piedra y no hago más que darle vueltas. ¿Qué habrá querido decir?

Otro compañero me dijo que la vida es una cuestión de costumbres, y que cuando dejas de acostumbrarte a vivir, pues te mueres. No lo he entendido, pero es igual, seguro que tiene razón.

Otro me dice que él vio morir a un legionario que le dijo: <<…no agonizo, no entristezcas, esto es para mí como si alguien estuviese esperando, en una estación, un tren, y echara una cabezada. Eso dijo>>. Debió de pasar el tren ese que tanto esperaba. ¿A dónde querría ir?

9.- ¿Y quiénes somos los legionarios?

He oído por ahí que los romanos, los de de las legiones, decían que los buenos para este oficio de las armas deben tener los ojos vivos, la cabeza derecha, ancho el pecho, las espaldas fuertes, los dedos recios, los brazos largos, pequeño el vientre, no muy largas las piernas, las rodillas y los pies sin carne superflua que estorbe sus movimientos, pero afirmados con robustos nervios. Pues ¡coño!, con los romanos. Aquí yo miro y todos somos más feos que Picio, y hay de todo, pero tan perfectos no se hacen aquí. Somos zambos algunos, escuchimizados, de cortas piernas, pero fuertes, casi tos bajitos, menos cuatro que son gastadores y algún oficial de esos chulos y altos. Qué sé yo cual es el tipo legionario. Todos valen si valen en la hora de la verdad, en los tiros y sin recular, caiga quien caiga. Valientes sí que los hay, bravos, y que casi no se dejan ni mirar. Fuerte hay que ser, pero pa eso no hace falta ser grande. Dicen y dicen, también que he oído que lo de legión no viene por ser muchos, indeterminados, sino de elegir, elegir, claro de elegir bien que da a entender la fidelidad y el cuidado que se requieren en los que están encargados de escoger y probar a los reclutas. Que eso de que pa legionario vale cualquiera, de eso nada, aquí no aguanta cualquiera y mira que los he visto bien plantaos y bravos, pero a la primera de cambio, cuando llega la disciplina… ¡cuántos se rajan!

Pues yo hablo por mí, que de los demás no me gusta hablar, y además cada cual es cada cual y nada importa su vida anterior ni si son altos, bajos o feos. Yo sé que soy un buscador y me huele que muchos de los que allí parábamos era por eso, por buscadores. Siempre perdido, he ido de aquí pallá, perdido mi yo y, pues eso, a mi yo fui a buscar. Uno me dijo que era como yo y que donde está tu yo solo tú lo sabes y si no lo encuentras estás perdido porque nadie más que tú lo puede encontrar. ¡Coño!, que me costó entenderle. Resulta que ese que yo era entonces no era yo y así en la Legión me enteré que allí no existía el yo. Ha sido lo mejor que me ha pasado; aquel tío que tanto sabía, a su manera, y que como si fuera un sabio de esos raros, que hablan poco y todo lo dicen, me explicó que dejase el yo, ¡olvídate de él!, me dijo, y que en la Legión solo hay nosotros: aquí, Braulio, no hay yo sino nosotros, por eso decimos que formamos bandera, así que si te olvidas de tu yo lo encontrarás, y deja ya el yo que no existe, ese yo que andas buscando es en la Legión nosotros. Con eso me quedo. De juramento entre cada dos hombres, compañerismo, amistad, unión y socorro, nosotros.

Aunque hay de todo. Pa todos los gustos y colores. Te juntas con los más parecidos a ti y con los menos. Todos tienen algo, no sé lo que es, pero en cada legionario hay algo distinto. Porque hay algo raro en todo esto, que  nunca sabes quién es y quién no es el que te conviene. Y un día ese que peor mirabas te da una sorpresa y resulta que es un tío con dos cojones. Porque es imposible conocer a todos, aunque el gorrillo hace en muchas cosa iguales a todos, pero no en todo, así que tienes que ir mirando, poco a poco, sin juzgar mucho, porque nunca sabes y hoy por ti mañana por mí. Luego cuando esto se acaba, cuando te quedas solo, pues eres yo otra vez, quiero decir que eres el mismo, pero tampoco, eres yo, pero de la Legión, por lo menos sabes que has hecho eso, que no es poco, ser legionario; y te preguntas y sale el nosotros, porque nosotros éramos, cuando nosotros íbamos, porque nosotros, nuestra bandera, nuestra compañía, nuestro Tersio, nuestro, nuestro, y ya puede venir cuando quiera, que no nos encontrará solos, somos nosotros.

Y me decía el legionario sabio aquel, que barruntaba que no me quedaba yo muy tranquilo o no entendía todas esas cosas que me explicaba, que pa mi que se las hablaba para él, pero bueno, yo le escuchaba. Es que te lías tú solo pensando. No pienses tanto Braulio, ahora estás aquí, pa unos años. Pues ya está, después que sé yo y que sabes tú. A lo mejor o a lo peor ni llegamos.

Tú pórtate bien dentro de lo que cabe y ya sabes que el mal que hacen los hombres queda, aún cuando te vayas, pero el bien que haces será aventado con tus cenizas, así que mejor hacer el bien y adiós, parriba y que ni se van a acordar. Los pobres tenemos que estar siempre pensando, y eso de gozar es pa ricos. Eso de tanto pensar te hace cavilar, pero es bueno tener la cabeza entretenida en cosas como esas que no se entienden, esa filosofía legionaria que da aquí la vida. Luego dicen que si gritamos viva a la muerte. Que saben ellos. Aquí amamos a la vida, cada segundo nos la tragamos y bebemos. Mira Braulio, la muerte mientras vivimos no existe, es nada, y cuando está presente no existimos, o sea que no es real ni pa los vivos ni pa los muertos. Que se dejen de leches y si tiene que venir que venga. Eso lo he leído yo en algún sitio y me he quedao con ello.

Aquello me dejaba la cabeza como un bombo, pero la verdad, me gustaba oírlo y sobre todo como te lo decía, que me parecía el maestro de la escuela, pero en verdad, y a mí me parece que todo aquello me hacía bien.

Lo bueno es que aquí los hay de todo y de todos. Los que nunca han pensado más allá del momento son los que yo veo siempre más contentos.

De media hora más tarde o de mañana no saben na, ni quieren saberlo. Van a su bola y de todo se descojonan como si con ellos no fuese el rollo este de la vida. No paran quietos, siempre inventan para no estar parados, ni solos, que se agarran al primero que pasa y le dan la paliza bien dada. Pero cuando llega la fiesta ahí están los primeros y que nadie se venga abajo, que no te dejan, venga fulano ánimo y arriba, pégate un trago que estás invitao, pero ese careto fuera chaval.

De los mandos no voy a contar mucho. Unos son como nosotros, pero cabos y hasta comandantes legionarios. Se les nota pa lo bueno y pa lo malo. Ya se sabe que a veces no hay peor cuña que la de la propia madera.

Ya cuando te conocen y coges confianza, pues cada uno en su sitio, unas veces hay amistad, o enemistad que no se nota, otras ni fu ni fa, y casi siempre cumpliendo y fuera. Que hay que pegar tiros, los pegan como el primero, y se la juegan, ¡coño, que son valientes!, pero como si tuviesen que demostrar que son más valientes que tú, y lo son porque en cualquier momento están ahí, de día o de noche, y eso te da mucha tranquilidad. A mí me gustan esos de Academia que parece que se lo saben todo, y saber saben, pero siempre tranquilos, gritan poco, hablan poco, se interesan por lo que te pasa y si hace falta…, pues eso, echan una mano.

Alguno se pasa. A uno que era teniente, jovencillo, pequeñito, poca cosa, le metió el general un buen paquete. Estábamos en el tiro, a cien metros, y el muy bestia se ponía al lado de los blancos señalando los impactos con una varita, el estupidómetro aquel que les gustaba llevar, y claro tú cuando apuntabas y veías al teniente por el punto de mira, te acojonabas; mira que si se me escapa el tiro. El general, que nadie sabe de dónde salió, lo había visto todo y le calló buena al valiente aquel que se pasó dos pueblos.

Pues eso, que hay de todo, como en la vida o en botica; un remedio para cada dolor y un dolor en cuanto te descuidas. Mejor no meterte con nadie y todos a una Fuenteovejuna.

10.- El valor

Yo que sé lo que es eso del valor. Que sé que chulería no es, ni dárselas de valiente. Para saber algo de eso hay que haber tenido mucho miedo. Si no has tenido un miedo grande, pero miedo, miedo, más que a morirte, porque es así, que hay miedos más grandes que el de que te vas a morir, si no has sentido eso nunca puedes saber qué es eso del valor. Si no sabes lo que es el miedo no puedes saber lo que es el valor. Mira que hemos hablado de cosas en la Legión, entre nosotros, de todo hemos hablado, pero de eso del miedo y de ser valiente, nada. Entre valientes no se habla de eso. El valor exige silencio. No hay que andar todo el día con el valor a cuestas. Porque además no hay yo que valga, yo, porque yo, y yo otra vez, nada de eso, aquí somos pelotón y escuadra y compañía, aquí el yo no existe. El que es valiente lo tiene que demostrar y si no “se le supone” y si ni eso, pues tienes que largarte. Porque al que “se le supone” también tiene que demostrarlo y además se nota quien no cumple con su “se le supone” desde el primer momento que oye un pacazo. Miedo todos tenemos, pero el miedo no es que no tengas valor. El enemigo del valor es la cobardía. Aquí hay de todo menos cobardes. Me dijo el sargento, el que se lo sabe todo, que había leído en un libro que hablaba de los muy antiguos, donde había uno que era griego y que enseñaba a un valiente que le llamaban Alejandro el Grande, y le decía: <<demasiado poco valor es cobardía y demasiado valor es temeridad>>. No sé, pero nosotros cantamos eso de: <<Nadie en el Tercio sabía quién era aquel legionario tan audaz y temerario que a la Legión se alistó>>. Porque aquí hay que tener valor en demasía porque hemos venido a eso, a morir, sin pedir nada a cambio y si no pues pa que está la Legión. Así que Aristóteles, que creo se llamaba el que se lo enseñaba a Alejandro el Grande, a lo mejor nunca había oído hablar de la Legión ni de Millán-Astray.

Para valientes lo que he leído de un sitio que se llama el Igueriben. ¡Qué tíos aquellos! Y no eran legionarios. Lo sé porque aquí esas cosas se saben desde el primer día. Porque para poder cantar eso nuestro “soy valiente y leal legionario” pues tienes que saber lo que otros valientes y leales han hecho y porqué llevan ese título. Explicártelo no te lo va a explicar nadie.

Soy valiente y leal legionario: se le supone. Hasta que en tu hoja de servicios no pongan “acreditado”, no eres legionario, eres aspirante, como la mayoría son: aspirantes. Por muchas marchas que hayas hecho, quilómetros recorridos a ninguna parte, tiros de fusil, al aire, al blanco del campo de tiro, fuego real, pero sin nadie que a ti te dispare, habrás hecho de todo, instrucción paquí y pallá, pero el valor es otra cosa y hay que acreditarlo. Luego lo de las medallas depende de que te propongan, que te vean, que digan y dejen de decir, que no haya metido la pata el que te manda, que caigas bien, de muchas cosas. Hay medallas al valor, pero más hay valientes sin medalla. El valor lo conocen los tuyos, tu escuadra, tu pelotón, los que corren a tu lado y los que mueren a tu lado.

Hay que ser muy valiente para eso del compañerismo, ese Espíritu del Credo que tiene tela marinera, es decir muchas velas, trapo, y valor ante lo que es imposible. ¡Qué cosas tiene esto de la muerte!; el caso es que te vas más tranquilo a morir, si necesario fuera, sabiendo que los tuyos, aún muerto, no te van a dejar allí así párriba o pábajo o de cualquier manera, como te hayas muerto en el secarral que no hay ni una amapola, porque no hay ni cunetas en esas tierras africanas, ni un pájaro que te cante al sol o a la luna. Que sabes que no te vas a quedar allí a que te muerdan los chacales y algún carroñero que pase. Te quedas más tranquilo sabiendo que hemos jurado no abandonar jamás a un hombre en el campo hasta perecer todos. Jamás, nunca jamás. Que caigas donde caigas, muerto, no caído, los tuyos, aunque mueran todos, te recogerán, y si mueren todos, más habrá que vendrán, porque somos legión. Te quedas más tranquilo y eso sí que es ser valiente. Ni muerto te quedas solo y abandonado. He oído decir: ¡Qué solos se quedan los muertos!; no aquí en la Legión, que es una lista de honor y que pasan lista cada vez que hay una formación. ¡Rindan honores a nuestros muertos! Fulano, mengano… ¿¡Estamos todos!?

Valor, ¿qué es el valor?

Pues puede que el miedo sea mayor a lo que te vaya a pasar después de muerto que a la propia muerte; a quedarte allí espanzurrao en medio del secarral con todos los pájaros esperando a comerte. Así que, si sabes que allí no te vas a quedar, más tranquilo que vas a los tiros. Luchar y morir, legionarios a luchar, legionarios a morir. Nada fácil. Para eso hay que ser muy valiente. Y si lo has sido no importa decirlo. Que yo lo he sido. ¡Hay que darle una medalla a Braulio! Pues ya está, ya la tengo, aunque jamás nadie me la ha colocado sobre el pecho. ¡Hay que darle una medalla a Braulio! Pues ya está. Acreditado. Aquí todos los hombres son bravos, pero de bravo a valiente hay un trecho y ese es el que hay que demostrar que uno es capaz de saltarlo. Lo que hace, o debe hacer, un legionario son cosas imposibles para los hombres. Esta es una sociedad heroica que se mueve tras la gloria y el honor y eso, gloria y honor, solo llega con el valor. Y todo eso pasa en el campo de batalla, única razón de la Legión, y razón de más para el valor.

Cada héroe, tras su gloria, herido o muerto, deja paso a otro héroe. Así se construye esta historia de valor. El valor no alardea. No hay demostraciones inútiles del valor. Si es necesario arengar con un gesto, se hace y así se levanta la decaída moral en determinados momentos. Lo he visto, a algunos oficiales, levantarse delante de sus legionarios, gritando, arengando con su gesto, y es arenga el sonido del cornetín en medio del fuego, son gritos de guerra, la contraseña de la Legión, <<es el momento para el que te has preparado, hecho legionario, el del valor: la lucha cuerpo a cuerpo, en la que el machete-bayoneta, el fusil empleado como maza, las granadas de mano y las armas cortas de fuego, jugarán el papel principal>>. Es el momento del valor. Todo está dicho. Todo está hecho. Luchar y morir.

Los legionarios no amamos la muerte, que sería querer morir a cada instante, un permanente suicidio; distinto es no temerla. No hablamos de muerte, hablamos de resurrección en nuestro particular cielo legionario. Que existe. Entre ignorantes, como algunos piensan que somos los legionarios, me he encontrado a los sabios de la vida, con una sabiduría ancestral y práctica. Nunca tuve mejores maestros que estos hombres rudos, recios y derechos al grano, sin rodeos, sin engaños. Y son los que pasean al Cristo de la Buena Muerte, el Valiente. No les preguntes a los legionarios por el valor, ni en lo que creen, ¿no veis que son legionarios?

11.-  La música en la Legión

Desde la mañana a la mañana siguiente. Siempre hay alguien que cante, pa él o pa todos, siempre, a todas horas se oye una música, una coplilla desgarrá. Se vive y se muere cantando. Es como hablar en voz alta a alguien que está muy lejos y de aquí todo está lejos, nadie está al alcance de tus manos pa sonreírle o acariciarle. Mejor cantar por si se oye algo en alguna parte, que ya sabes que no es así, pero da igual; ¿y sí se oye allí donde tú piensas? Que no sabemos nada y todo creemos saber. El sabio me dijo un día que el hombre es un animal que come pan. Y que canta, le dije yo. Braulio ya vas aprendiendo a pensar me dijo. ¿Qué querría decir? Repetía que en la mucha sabiduría hay mucha molestia y que quien añade ciencia añade dolor. Pa mi que este ha sido cura, porque habla como el que había en mi pueblo, que decía lo mismo y ni él se entendía. O sea que el que sabe, peor que el que nada sabe. Pues a ver con qué me quedo. Cantar también debe ser saber, porque hay veces que duele el cante. Yo esto de pensar lo veo como el que se queda muy solo y no es bueno que un hombre esté solo, le das al coco y se te ocurre de todo. Mejor vivir juntos y hablarse y contarse y de vez en cuando cantarse pa que todos lo oigan. Todos los hombres estamos necesitados de los afectos, de los contares y de los cantares. Decía el sabio que los legionarios éramos ruidosos y metálicos y que eso era mejor que ser silencioso, pero cuidado en el combate que es mejor ser silencioso y nunca cantar por dónde atacas, como estos moros que de sigilosos que son no tienen ni siquiera sombra que les siga, por eso nunca se sabe donde están y donde se esconden. Pero cuando todo está declarado, cuando el cara a cara y es la hora del cuerpo a cuerpo, quien no grita llora y eso es fatal. El grito es fuerza, es vitalidad y potencia. Hay que gritar y amedrentar. Hay que tener la voz preparada, por eso cantamos y gritamos, es como el hablar del combate, es como luchar en voz alta. Hay que entrenarlo, como todo, porque el arte del combate inmaduro es fuente de grandes heridas; eso dice mi amigo.

Todavía suena esa de La Madelón, pero a mí no me gusta mucho, prefiero las españolas, hasta las endechas que son muy tristes, me gustan las que hablan de Patria y muerte, de luchas y combates, aunque cada cosa a su tiempo. Cantar tiene eso, que hay una canción para cada rato. Cantas al mundo, te cantas a ti y cantas a lo que no sabes que será después de todo esto. El combate es una canción, una melodía con su ritmo propio, un apasionado drama al que no se puede acudir desconociendo cual puede ser el final. El definitivo final. Hay que ir preparado y volver cantando por los que ya lo han logrado. Nadie en el Tercio sabía quién era aquel legionario; claro que lo sabíamos, pero aquí a nadie le importa nada más que entre nosotros, de dónde vienes y a qué vienes. Si dices que a morir, no se lo cree nadie así que mejor te callas y cantas, a ver si así te entienden.

Siempre España, siempre legionarios a luchar, siempre legionarios a morir. Llegará el día de las alegres canciones, cuando los desfiles paseen las glorias y suene el paso de marcha, a esa velocidad que parece que se desencaja el cuerpo y que no llegas a dónde vas, o llegas tarde. Entre el rezo y el cante se vive y se muere y hay música para uno y otro momento, que casi no se distingue la una y otra. Y esa es otra cosa buena que tiene la vida en la Legión, que nada es aburrido, que nunca pasa lo mismo, cada día es igual, pero todo es distinto. Es como la vida que ningún día es como otro, aunque llevemos siglos en que amanece y anochece igual en cada momento, pero distinto en cada uno.

Y los toques de corneta, todo el día sonando que parece que ese hombre no vive y es como el reloj de la torre de la iglesia de mi pueblo, que yo creo que va solo y no le dan cuerda. Me dicen que ahora ya no hay toques en el cuartel. Pa qué, si no hay gente, se van o se meten en sus cuartos con tele y todo, y ya no oyen nada, como la sirena de una fábrica cuando llegan, que ni eso. Vivías al toque de corneta y atacabas con el toque de corneta y esa contraseña: tararirorirorí, tararirorirorííí… Esa es una música muy especial que se lleva dentro, pero es una música de órdenes que te dan, como si te las diesen cantando, y pa que se entere todo el mundo, que hay que levantarse, y el que esté malo ir a ver al reconocimiento, y hay que ponerse firmes al izar la Bandera, y saludar, y empezar la jornada, Academias,

12.- Los motes

Es que no me acuerdo de los nombres de todos. Casi tos son los mismos por generaciones. El mote es un título, por eso es muy importante. Si no tienes título no eres nadie. Muchos necesitan explicación por su misterio, por no saber muy bien, solo el que lo ostenta sabe donde se lo ganó y por qué. Otros son tan sonoros que son como las trompetas, como la diana o la retreta, alguno suena más que la generala. El Legionario te llaman luego en tu pueblo, pero en la Legión nadie lleva ese mote, eso no es un mote, es como te llaman, la distinción entre todos pa que se enteren los que los que no lo son, quizá que quisieron serlo, o que al pueblo le gusta tener uno, vecino, que haya sido legionario. Históricos motes son algunos: Warner, Fulmán, el Doctor, Charte, Rodrigo Díaz de Vivar; otros se repiten y repiten, una y otra vez, en un Tercio y en el otro: el Chino, siempre hay un chino, o el Baranda, el Negro, el Feo, el Paisa, el Señorito, el Marqués. Tendría que recordar: el Churra, el Sapo, el Cocodrilo, el Culebro, el Tortuga, Cascarilla, el Percutor, el Diplomático, el Malaguita, el Majara, de estos hubo muchos; Spiderman también aparece, son más modernos, Supermán, Iroman, Hulk. A mí me gustaba el Paisa, ¡que buen amigo!, era de todas partes, paisano de todos, y todos los sitios conocía, o decía él, que además te explicaba lo mismo el faro de Hércules que la Mezquita de Córdoba y te hablaba de un bareto aquí y otro en la carretera de no sé dónde. Ahora me dicen que también tienen motes las chicas. Tengo que enterarme bien.

Los oficiales, los suboficiales, los cabos, tenían los suyos. Muy suyos, y lo sabían. Alguno se enfadaba y se hacía el loco como si con él no fuese la cosa, pero entre nosotros ya estaba bautizado para siempre. Os diré alguno que aún recuerdo, con cariño, como el Lechuza, no sé si por sus ojos saltones o porque de noche aparecía por todas partes. Había uno que siempre se quejaba de uno y de otro; le llamaban Tersites.

Los motes ganados en combate son los que más valen, pero hay pocos. El Abeto era alto como tal. Su figura aparecía sobre cualquier horizonte y no había piedra ni hendidura del terreno que ocultase tan alto y delgado cuerpo. Era un buen hombre el Abeto; cayó vencido de un pacazo en la frente. El sargento Esténtor que así le llamaban por un nombre muy antiguo y su vozarrón que era como el de cincuenta a la vez. El Rediós, capitán, era como el redoble del tambor, pero en dios porque todo lo sabía, y más que se creía.

Es la vida cotidiana, un gesto, una manía, una cara o unos andares; el color del pelo o de la cara, la chulería, o lo contrario, tu pueblo o tu tierra, yo que sé, pero es un nombre de guerra, ya pa siempre, más que el tuyo propio, es el que te has ganao tú; sin saber cómo. Yo he sido Braulio, siempre, y parecía un mote más que mi nombre: el Braulio. Suena bien, a mí así me lo parece. Así me llamo porque parece que ese tal San Braulio era de por Zaragoza y de marzo, del día en que nací y así me pusieron para no tener que andar eligiendo.

Legionario Braulio

Publicado en el Blog: generaldavila.com el día 20 de septiembre de 2020 Centenario de la Legión

 

Hasta aquí llegó, España; se podría

hacer una bandera ensangrentada

con el sol de esta arena calcinada

y la sangre que en rojo la teñía.

La tierra del desierto no sabía

sino del poderío en la pisada.

Habló el valor y se quedó clavada

la razón, para siempre, de la hombría.

Hasta aquí llegó España; la frontera

se convirtió en altar donde tuviera

lugar la Cruz, en el desierto, a solas.

Y ahí está; coronada por el viento,

alzando para siempre el monumento

de las eternas tumbas españolas.

Coronel Luis López Anglada

 

En el 102 Aniversario Fundacional de La Legión: 20 de septiembre del año 2022.

A todos los Caballeros Legionarios que han formado y forman en las filas de la Legión y que siguen, muertos o vivos, en la posición de firmes, arma al brazo, a la espera de que el cornetín mande otra cosa.

Blog: generaldavila.com

 

CENTENARIO DE LA LEGIÓN (74-8) LA FE DE UN SOLDADO (RITOS DE LA LEGIÓN EN SEMANA SANTA)

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No me mueve, mi Dios, para quererte

El cielo que me tienes prometido;

Ni me mueve el infierno tan temido,

Para dejar por eso de ofenderte.

 

Tú me mueves, Señor; muéveme el verte

Clavado en una cruz y escarnecido;

Muéveme el ver tu cuerpo tan herido,

Muéveme tus afrentas y tu muerte.

 

Muéveme, en fin, tu amor de tal manera,

Que aunque no hubiese cielo, yo te amara,

Y aunque no hubiera infierno, te temiera.

 

No me tienes que dar porque te quiera;

Porque, aunque lo que espero no esperara,

Lo mismo que te quiero, te quisiera.

Sólo un soneto podía expresar la intensidad del amor verdadero: “Porque, aunque lo que espero no esperara, lo mismo que te quiero, te quisiera”.

Lo que de por sí es bello no necesita recurrir a los artificios de la estética; con palabras directas y enérgicas, sin ornamentos, este soneto popular y anónimo nos traduce el amor puro y desinteresado por encima de cualquier otra consideración.jpeg-9

Anónimo es como decir que nos pertenece a todos y en el anonimato de estos versos se esconde la espiritualidad de todo un pueblo que inspiró a no se sabe quien para que dejase escrita la fuerza de un pensamiento y la espiritualidad de sus sentimientos.

Sobrecoge la expresión verbal pero más sobrecoge la voz de un pueblo que históricamente se ha empeñado en vivir su fe en la calle, que es donde en España, hasta ahora, se vive y se muere.

Por eso este soneto sólo se comprende de rodillas ante los pies del Cristo de la Buena Muerte o junto a las Angustias de la Madre Dolorosa. Es una oración del pueblo, la traducción de su mística, la que resulta humana a fuerza de su severidad y dureza. Es un soneto legionario que cumple con el espíritu que exige no abandonar jamás a nadie en el campo hasta perecer todos.

Sólo la dimensión espiritual puede dar sentido a la entrega de la vida y el sacrificio. La espiritualidad y trascendencia en el pueblo español y militar tiene profundas raíces cristianas; históricamente el militar español ha sido un hombre de fe, de fe cristiana. Por mucho que algunos se escandalicen, y echen a repicar las campanas, las virtudes de nuestros soldados proceden en su mayoría de su formación cristiana en la fe. La defensa de la fe, la convicción de servir a una causa justa y la lealtad al rey, junto al honor, fueron siempre los móviles de su conducta que se ganó la merecida  reputación de ser la mejor Infantería del mundo.

Pocos se atreven a levantar la voz en defensa de mantener nuestra fe y nuestras tradiciones, aunque tozudamente se enfrenten cada año con el pueblo en la calle que peregrina con paciencia procesionando su fe.

Cada primavera el pueblo se refugia en sus creencias al margen de los mensajes contradictorios y de los vaivenes del momento político.

Así ocurrió en Málaga cuando el pueblo lo dijo cantando: “Dicen que a la Legión se ha alistado un Cristo crucificado…”. Una saeta  convertida en jaculatoria fervorosa, el sentimiento popular hecho poesía y el comienzo del vínculo del Cristo legionario, de la Congregación de Mena y la Legión.17_f19

Fue una Semana Santa de los primeros años veinte cuando varios legionarios, en plena guerra de África, y unos cofrades de Mena, mientras compartían el pan y la sal, hicieron amistad y hermandad… “Morir en el combate es el mayor honor”; y para siempre se unieron con el abrazo redentor del Cristo de la Buena Muerte; desde el año 1925 hasta nuestros días han caminado, como suele decirse, con la Cruz a cuestas.

Tuvo que ser una primavera, la de saeta legionaria,  cuando los nuevos miembros de la Hermandad, los Caballeros Legionarios, llegaban a Málaga al mando de su Coronel. En 1930 se produce el primer desembarco, la primera escolta al Cristo, el primer contacto de Málaga y los legionarios. Todo hubiese sido efímero sin la aprobación de la calle, sin que los malagueños sintiesen y admitiesen aquél encuentro entre un Cristo Cofrade que hablaba de la Buena Muerte y unos hombres que cantaban… “soy un novio de la muerte…”.primera-guardia-legionaria-1931

Se produjo el milagro, surgió “El Vínculo”, una relación que se afanan en analizar los teólogos y sociólogos enfrentados a lo inexplicable, al misterio encerrado en esa trilogía, Cristo de Mena, pueblo y legionarios ¿Será la muerte la que ronde alrededor del misterioso vínculo? Siempre la muerte como tragedia, y de repente, ¿la buena muerte? “El morir en el combate es el mayor honorPor ir a tu lado a verte”.

Íntima conexión entre sensibilidad e inteligencia: la sensibilidad tiene sus antenas como medio de captación del conocimiento, y el conocimiento está en ese pueblo que procesiona detrás de su Cristo legionario. Es la sabiduría de la experiencia, sentimientos como herencia, el inconsciente genético que encierra toda la sabiduría. Es la intuición incluso por encima de la razón, más sabia por intuitiva. Es la realidad transmitida que supera a la rígida letra porque es plástica, informe, una sugerencia más que una definición. Concepto intuitivo, una visión de los hechos que los coloca por encima de la rémora del razonamiento vulgar, y le da la autoridad que proporciona el conocimiento de la verdad esencial de las cosas.quema-de-santo-domingo-1931

La Legión nació en momentos muy duros, cuando cada día era una aventura en la que te iba la vida. Esa, tu vida, dependía del combate, de la paz del alma y, en ocasiones, aunque ahora no se entienda, era una vida triste que buscaba redimirse con una muerte digna que borrase la anterior. Allí en la Málaga querida, a su hospital de sangre, llegan muchos legionarios heridos de las campañas africanas. Alguien les habla de un Cristo que le llaman de la “Buena Muerte”: No me mueve mi Dios, para quererte, El cielo que me tienes prometido… ¡Pero si yo no creo en nada, si me da igual la muerte! Son hombres que han aceptado a la Legión como religión y que sus oraciones son el valor, el compañerismo y la amistad; la unión y el socorro, la marcha y el sufrimiento, dar la vida por el compañero. No se hacen preguntas sobre el más allá aunque intuyen que alguien los acogerá y les conducirá a ese cielo legionario.

2008-06-24_IMG_2008-06-17_20-56-03_cabo2 “Si un día Dios me llama…”, reza el legionario por dentro, y reza cuando canta, por si le llega la muerte; que entre la vida y la muerte, cuando a ambas uno las ve a diario, sabe que sólo las diferencia un suspiro, una bala que te llega de repente.

Es en Málaga donde les hablan de un Cristo que es legionario y que por eso es de los pobres. Que no le importa que hayas sido delincuente ni ajusticiado entre malhechores. Que también fue despreciado, abandonado y olvidado y que sabe no abandonar jamás a un hombre hasta perecer todos, darlo todo hasta caer reventado, nunca quejarse y confiar en la victoria, cumplir con el deber y no permitir vivir siendo un cobarde. ¿Que mejor advocación para dar las gracias por la vida, por las heridas curadas, que aquella imagen de Mena tan herida, tan dolida, pero tan viva?Fotoperiodistas_guerra_espanoles_3

Es el Cristo malagueño que busca entre los legionarios a su gente, son los malagueños que encuentran en La Legión su referente, son los Congregantes de Mena los que hablan de la buena muerte, y todos quieren creer, porque este Cristo que es malagueño, no miente. Compartir el dolor, compartir la muerte, hermanados, llevando sobre los hombros al compañero de todos, el de la Buena Muerte. Que no puede ser esa muerte un mero accidente, un azar en un combate sin esperanza ni explicación trascendente.

Era una primavera malagueña llena de luz. Cantan los novios de la muerte y la música se los lleva al cielo. ¡Al Cielo con Él!, canta el pueblo hecho legionario en la fe y el sufrimiento; todos cantan por dentro mientras se enredan en esa  primavera  buscando escaleras para subir a la Cruz. jpegHasta los mismísimos clavos de Cristo han subido con los mismos sentimientos que transportan en su herencia genética, sin manipular; son la infantería, de uniforme o de paisano, que da lo mismo,  que pasea su fe en Semana Santa; la infantería que se autolegisla con leyes de supervivencia para que una bala no te deje en el camino; la que deja su vida en un polvoriento camino, ¡Con qué facilidad Dios mío!, y sólo busca en la fe su esperanza.jpeg-23

Era como si la noche no hubiese caído, como si el día no tuviese de largo lo suficiente. En Málaga nadie se recogía esperando ver al Cristo legionario, al Señor de la Buena Muerte.Todos en silencio, cada uno el de su suerte, con la mirada en la madera de una figura que se retuerce y en la Cruz cobra vida, se transforma de repente en la carne de los que allí esperaban que el prodigio sucediese… Cantan los novios de la muerte, “Por ir a tu lado a verte…” que es el pueblo el que lo entiende y lo siente, y quiere saber que lo que intuye no le miente, que entre tanta soledad y abandono alguien te abraza, te escucha, te llama Caballero, te reconoce y te quiere. Cuando creías que no eras nadie alguien te dice que lo eres todo si la vida das por alguien.

Crédulos e incrédulos asisten cada año a este misterio de fe que vincula a la Congregación de Mena, al pueblo malagueño y a la Legión, alrededor de la advocación de El Cristo de la Buena Muerte y Ánimas. jpeg-70No vamos solos que nos acompaña la Armada española escoltando a Nuestra Señora de la Soledad, compartiendo Congregación y creencias. Llevan a Nuestra Reina…

 

Estrella y Reina de los mares…

¡Salve! Estrella de los mares

…………………………….

De tu pueblo, a los pesares

Tu clemencia dé consuelo

………………………….

Cantan los legionarios, también la Armada española; todos están rezando, que los que ante nadie se humillan doblan a su Cristo la rodilla y le entregan el corazón.legion4

“A la Legión se ha alistado un Cristo Crucificado,

ya nadie podrá decir

que a la Legión sólo viene gente de mal vivir”(Saeta popular.

 

Y morirán cantando, con una canción en sus labios que marque el compás y el ritmo del valor y del honor, cuando…

 

jpeg-7El toque de oración inicia el vuelo

Y hay en las últimas luces del cielo

Algo invisible que nos acompaña,

Como si en la quietud de los soldados

Estuvieran aquí formados

Todos los que murieron por España (Coronel Luis López Anglada).

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez. General de la Legión entre 2001-2004

Blog: generaldavila.com

9 febrero 2020

EFEMÉRIDE. 8 DE ENERO DE 1922.- ALOCUCIÓN DEL TENIENTE CORONEL MILLÁN-ASTRAY A SUS LEGIONARIOS

El Fundador de la Legión TCOL. Millán-Astray

¡Caballeros legionarios! Hemos pasado de mil bajas en los combates; podéis ya contestar como un honor, como yo os prometí, cuando os pregunten que quienes sois, diciendo: “Soy un legionario”.

Seguid el camino emprendido; no olvidéis nuestro Credo y acometed siempre al enemigo por mucho y pujante que sea: no abandonad al caído en el campo hasta perecer todos; quereos como hermanos; acudid a la voz de ¡A mí la Legión! a defender al que os llame; marchad sin fatiga, auxiliando a todo el que pide auxilio a la Legión; acudid al fuego como lo hizo el Cabo Terrero con los quince inmortales y como fueron los enfermos y asistentes  en ALT AIXA en Melilla; seguid cumpliendo vuestro deber; obedeced hasta morir; demandad ansiosos un día y otro el combatir sin tregua ni descanso, y si llega la hora de la muerte, pensad que tenéis asegurada la gloria en la tierra y en el cielo.

Y,  como dice nuestro Credo que la Bandera de la Legión será gloriosa, porque la teñirá la sangre de sus legionarios, hoy también, que hemos cumplido nuestra promesa, os digo que la Bandera de la Legión es ya gloriosa porque la tiñe de rojo la sangre de los legionarios.

¡¡¡CABALLEROS LEGIONARIOS!!!

Seguid el camino emprendido, seguid combatiendo con bravura legionaria y seguid, en todos los lugares en donde estéis, demostrando el espíritu de disciplina y obediencia que a todos os caracteriza.

¡¡¡Legionarios!!!

Digamos los vivas con que vamos al combate, con que celebramos nuestras fiestas, con que recordamos a España y a nuestro Rey y con los vivas mismos que son la despedida de los que nos abandonan para siempre:

“Legionarios”: ¡Viva España! ¡Viva el Rey! ¡Viva la Legión!

Vuestro Teniente Coronel: MILLÁN-ASTRAY 

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila

8 enero 2018

EFEMÉRIDE SEMANA DEL 19 AL 25 DE JUNIO ASCENSO A GENERAL DE BRIGADA DEL FUNDADOR DE LA LEGIÓN (20 de Junio de 1927) General de División Rafael Dávila Álvarez (R.)

Millán-Astray fundador de La Legión

El día 20 de junio de 1927, se cumplen 90 años, por Real Orden del día de la fecha asciende a general de Brigada el coronel D. José Millán-Astray y Terreros por los méritos de guerra adquiridos durante las operaciones realizadas en el periodo comprendido entre el 1 de octubre de 1925 al 30 de septiembre de 1926, despidiéndose  con un vibrante discurso en el que destacamos las siguientes frases:

ORDEN  A LA LEGIÓN DE SU FUNDADOR GENERAL MILLÁN-ASTRAY

‹‹Caballeros Legionarios:

Al ascender hoy a General, mi primer acto y mis primeras palabras de gratitud son para vosotros, para nuestros gloriosos muertos y para los españoles y extranjeros que tan pródigamente derramaron su sangre en La Legión. (…)

Fundé la Legión, y tomé el mando de ella el día 4 de septiembre de 1920, dicté su Credo, que habéis cumplido exactamente. (…)

En el cumplimiento de este Credo destacase el nombre de Valenzuela, significativo de gloria; el de Franco significativo de valor e inteligencia; el de Liniers, que abrillantó la nobleza de su ilustre apellido; y forzado me es deciros que también habréis de acordaros del de Millán-Astray, que si bien no pudo alcanzar título alguno, en cambio os dio fiel prueba del espíritu legionario, yendo con vosotros en 62 combates y dejando como recuerdo y compañía a los que cayeron para siempre, su brazo izquierdo y su ojo derecho enterrados junto con ellos y como compendio del heroísmo de La Legión habrá siempre dos nombres que pasarán a la historia: Capitán Laureado La Cruz Lacacci, “Mártir de La Legión” y Cabo Suceso Terrero con sus quince legionarios, “Héroes de la Legión”. (…)

Y con voz vibrante y con mi gorro (que jamás abandonaré) en alto en mi mano derecha, grito hoy con toda mi alma –como grité en Nador, en el Ajmás, en el Fondak de Ain Yedida, y Kudia Tahar- ante mis nueve banderas, mi Escuadrón de Lanceros y mis Planas Mayores:

¡VIVA ESPAÑA! ¡VIVA EL REY! ¡VIVA LA LEGIÓN!

Recibid el corazón de vuestro Coronel para siempre

Ceuta 18 de Junio de 1927, MILLÁN-ASTRAY››.

 

General de División Rafael Dávila Álvarez (R.)

Blog: generaldavila.com

19 junio 1927

EFEMÉRIDE SEMANA DEL 22 AL 28 DE MAYO ÚLTIMA JURA DE BANDERA DE PERSONAL DE TROPA

Jura de Bandera en la Legión

El 26 de mayo de 2001, coincidiendo con el Día de las Fuerzas Armadas, se celebra en la Rambla de Almería, la última Jura de Bandera de tropa de reemplazo en España, siendo los participantes 153 Caballeros Legionarios de los reemplazos 1º,2º y 3º del 2001, poniendo fin a una presencia ininterrumpida de personal de reemplazo en la Legión durante más de 30 años.

Tras el acto de izado de Bandera por una representación de los tres Ejércitos y Guardia Civil, tuvo lugar el solemne acto de Jura de Bandera, a la que se incorporaron cerca de un centenar de civiles, hombres y mujeres, llegados de toda España, con el deseo de hacer constar su compromiso con la Patria y otros su renovación.

El último Caballero Legionario de reemplazo que besó la Bandera, fue Tomás Serrano López.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

22 mayo 2017

SOLDADO Y MADRE (General de División Rafael Dávila Álvarez)

mujer-fasY quisieron entrevistar a aquellas Damas legionarias que partían para Irak. No fue posible, no hubo manera. De esto hace ya más de diez años. Sencillamente ellas no quisieron. El hecho de ser Dama legionaria les parecía tan normal que no entendían que eso fuese un hecho destacable, una noticia que las señalase como algo singular. No querían ser un objeto mediático ni nada distinto a sus compañeros, los Caballeros legionarios. Ninguna aceptó la entrevista; ni las que partían para Irak ni las que se quedaban en Viator. El reportaje se limitó a hablar de la Legión, de las Damas 295063_3591974670673_1012569130_32708946_2031902974_ny Caballeros legionarios, todos iguales. Los periodistas, frustrados, esperaban otra cosa distinta a tanta normalidad.

Aún mantengo el recuerdo de una de aquellas Damas legionarias; era Cabo y le costó un gran esfuerzo alcanzar sus galones. No diré su nombre pero mantendré su recuerdo como ejemplo de coraje y sacrificio para alcanzar lo que soñaba, ser Cabo de la Legión española. En una de las primeras intervenciones de combate en Irak fue felicitado el pelotón al que ella pertenecía. Sabía mandar. Era Cabo Jefe de una de sus Escuadras, gente dura y recia que no se anda con chiquitas. ¿Algo extraño, algo que destacar? No en la milicia, donde no hay distinciones entre hombre y mujer. Todo normal, nada digno de resaltar.

Ni siquiera yo debería escribir este artículo respetando ese criterio de normalidad que aquellas Damas legionarias sentían y vivían. Pero hoy voy a tener un especial recuerdo y espero que ellas lo entiendan y disculpen.IMG_20150307_112212

En un artículo anterior conté como concedí el título de “Dama legionaria de Honor” a una madre que tenía a sus cuatro hijos alistados en la Legión. Sus cuatro únicos hijos y su marido.

¿Y ella? A lo largo de su vida vivió la milicia en su casa, muy cerca de la vida militar pero en su casa. Su aliento estaba en la Legión a la que todo había entregado. Como ella, muchas madres que cantaban, o más bien rezaban, aquello:

Al toque de silencio que suena en el cuartel, la madre del soldado rezando está por él… Madre de mi corazón, no te dé pesar por mí que sirviendo a la Bandera es como te quiero a ti. Al jurarla la besé, y fue el beso una oración. ¡Madre mía! ¡Madre mía! el que te daría con el corazón. Un beso que al hogar envía la Bandera al ondear”.

LA CANCIÓN DEL SOLDADO

Bellos versos de “La Canción del Soldado” de Sinesio Delgado, que han sonado en boca de miles de madres españolas a lo largo de los tiempos. Legionaria de Honor, María del Carmen Valentín Sánchez. Hice legionaria a quién ya lo era, más que nadie. Un atrevimiento por mi parte. Ella llevaba sangre de Legión por sus venas. ¿Quién más Legión? Hoy nada le hubiese impedido estar en sus filas. Ser legionaria siempre lo fue.

Nos perdimos a grandes legionarias, grandes soldados. Al fin y al cabo siempre ellas dieron lo mejor en todo.

1333717960_0Alguno dudó de su compromiso y oportunidad para estar en unidades de combate. Ahora pueden estar en primera línea y después de una ya larga experiencia vemos los eficaces resultados, incluso descubrimos su necesidad.

No sé cuantas soldados actualmente en nuestros ejércitos son madres. Es un dato confidencial que no tienen porqué aportar, pero suficientes como para atender esta circunstancia y entender que todo lo que se haga por ellas será siempre poco.sambra8

En el Ejército de Tierra, en la Armada, en el Ejército del Aire, en los Cuerpos Comunes, están nuestras mujeres, muchas de ellas madres. En primera línea de combate.

¿Es que alguna vez no lo estuvieron?

General de División Rafael Dávila Álvarez (R)

Blog: generaldavila.com

8 marzo 2015

 

DATOS SOBRE MUJERES Y HOMBRES EN LAS FUERZAS ARMADAS (Observatorio Militar para la Igualdad)