CENTENARIO DE LA LEGIÓN (77-11). EN RECUERDO DE LOS MUERTOS DE LA LEGIÓN General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

<<Buenos días: Como  cada mes, quiero recordaros que hoy día 20, a las 19:30, en la Castrense de Madrid se celebrará la ya tradicional misa en sufragio de las almas de los muertos de La Legión Española. También pediros -como siempre- a los que no podáis asistir, que busquéis un ratito para rezar un padrenuestro por ellos; y a los que no seáis creyentes, que les dediquéis un pensamiento especial. Un abrazo. Luz>>.

Este correo se recibe puntualmente todos los meses y desde hace años. De ello se encarga, aporta el donativo y se ocupa de los detalles, M. Luz Martín. Nunca falla, no hay olvido en la vida legionaria. <<Cada uno será lo que quiera, nada importa su vida anterior, pero juntos formamos Bandera, que da a La Legión el más alto honor>>. Seguro que Luz no quiere que se hable de ella ni de ello, sino que se rece por ellos, pero en estos momentos de confusión, en los que cada uno va a lo suyo, protagonismos que a todos nos alcanza, momentos en los que todos quieren situarse en la primera fila, bueno es fijarse en los pequeños detalles de sencillez y grandeza legionaria. Nada hay más importante en la historia de la Legión, en su recuerdo, que dedicarlo a sus muertos. Lo demás sobra. La historia de la Legión está hecha sobre las tumbas de los legionarios que por España y por su Legión dieron su vida, y si hay un Credo legionario es porque con él rezaron y con él murieron. Por eso tenemos un Cristo Legionario, Protector, amigo, compañero y hermano.

En este Centenario hay y habrá olvidos. No debe haberlo con los muertos por España y la Legión. Miles son anónimos, porque anónimo es el que muere en silencio heroico. El acto principal del Centenario es el homenaje a sus muertos. Si no es así, mejor pasar por alto. Muertos en combate y en el combate de la vida con el espíritu del Credo legionario.

Así lo hace M.Luz todos los meses cuando nos convoca en la Iglesia Catedral Castrense de las Fuerzas Armadas para la tradicional misa, porque  pesan mucho los muertos, sobre las espaldas, pesa mucho la vida de tantos compañeros muertos. No hay olvido posible cuando ese peso de la muerte lo levantan los legionarios con sus brazos, al Cielo, con su Cristo valiente. Significa ¡Al cielo con Él!, y con Él todos, que es el sentido de nuestro recuerdo a los muertos de la legión. La alegría de haber sido y haber muerto siendo legionario. Aquel que ha sentido una vez en sus manos temblar la alegría no podrá morir nunca. Morir no es tan horrible como parece; todo se posee cuando no se desea nada.

‹‹Con el sagrado juramento de no abandonar jamás a un hombre en el campo hasta perecer todos››.

M.Luz cumple con el rito, entiende el sentido y el sentimiento del Credo: reza por los muertos legionarios.

Ya sé que no lo quiere y pido disculpas por desvelar su oración. Pero alguien debe reconocérselo y el que puede debería poner el merecido gorrillo de honor sobre su cabeza como Dama legionaria de Honor.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

23 febrero 2020

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CENTENARIO DE LA LEGIÓN (74-8) LA FE DE UN SOLDADO (RITOS DE LA LEGIÓN EN SEMANA SANTA)

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No me mueve, mi Dios, para quererte

El cielo que me tienes prometido;

Ni me mueve el infierno tan temido,

Para dejar por eso de ofenderte.

 

Tú me mueves, Señor; muéveme el verte

Clavado en una cruz y escarnecido;

Muéveme el ver tu cuerpo tan herido,

Muéveme tus afrentas y tu muerte.

 

Muéveme, en fin, tu amor de tal manera,

Que aunque no hubiese cielo, yo te amara,

Y aunque no hubiera infierno, te temiera.

 

No me tienes que dar porque te quiera;

Porque, aunque lo que espero no esperara,

Lo mismo que te quiero, te quisiera.

Sólo un soneto podía expresar la intensidad del amor verdadero: “Porque, aunque lo que espero no esperara, lo mismo que te quiero, te quisiera”.

Lo que de por sí es bello no necesita recurrir a los artificios de la estética; con palabras directas y enérgicas, sin ornamentos, este soneto popular y anónimo nos traduce el amor puro y desinteresado por encima de cualquier otra consideración.jpeg-9

Anónimo es como decir que nos pertenece a todos y en el anonimato de estos versos se esconde la espiritualidad de todo un pueblo que inspiró a no se sabe quien para que dejase escrita la fuerza de un pensamiento y la espiritualidad de sus sentimientos.

Sobrecoge la expresión verbal pero más sobrecoge la voz de un pueblo que históricamente se ha empeñado en vivir su fe en la calle, que es donde en España, hasta ahora, se vive y se muere.

Por eso este soneto sólo se comprende de rodillas ante los pies del Cristo de la Buena Muerte o junto a las Angustias de la Madre Dolorosa. Es una oración del pueblo, la traducción de su mística, la que resulta humana a fuerza de su severidad y dureza. Es un soneto legionario que cumple con el espíritu que exige no abandonar jamás a nadie en el campo hasta perecer todos.

Sólo la dimensión espiritual puede dar sentido a la entrega de la vida y el sacrificio. La espiritualidad y trascendencia en el pueblo español y militar tiene profundas raíces cristianas; históricamente el militar español ha sido un hombre de fe, de fe cristiana. Por mucho que algunos se escandalicen, y echen a repicar las campanas, las virtudes de nuestros soldados proceden en su mayoría de su formación cristiana en la fe. La defensa de la fe, la convicción de servir a una causa justa y la lealtad al rey, junto al honor, fueron siempre los móviles de su conducta que se ganó la merecida  reputación de ser la mejor Infantería del mundo.

Pocos se atreven a levantar la voz en defensa de mantener nuestra fe y nuestras tradiciones, aunque tozudamente se enfrenten cada año con el pueblo en la calle que peregrina con paciencia procesionando su fe.

Cada primavera el pueblo se refugia en sus creencias al margen de los mensajes contradictorios y de los vaivenes del momento político.

Así ocurrió en Málaga cuando el pueblo lo dijo cantando: “Dicen que a la Legión se ha alistado un Cristo crucificado…”. Una saeta  convertida en jaculatoria fervorosa, el sentimiento popular hecho poesía y el comienzo del vínculo del Cristo legionario, de la Congregación de Mena y la Legión.17_f19

Fue una Semana Santa de los primeros años veinte cuando varios legionarios, en plena guerra de África, y unos cofrades de Mena, mientras compartían el pan y la sal, hicieron amistad y hermandad… “Morir en el combate es el mayor honor”; y para siempre se unieron con el abrazo redentor del Cristo de la Buena Muerte; desde el año 1925 hasta nuestros días han caminado, como suele decirse, con la Cruz a cuestas.

Tuvo que ser una primavera, la de saeta legionaria,  cuando los nuevos miembros de la Hermandad, los Caballeros Legionarios, llegaban a Málaga al mando de su Coronel. En 1930 se produce el primer desembarco, la primera escolta al Cristo, el primer contacto de Málaga y los legionarios. Todo hubiese sido efímero sin la aprobación de la calle, sin que los malagueños sintiesen y admitiesen aquél encuentro entre un Cristo Cofrade que hablaba de la Buena Muerte y unos hombres que cantaban… “soy un novio de la muerte…”.primera-guardia-legionaria-1931

Se produjo el milagro, surgió “El Vínculo”, una relación que se afanan en analizar los teólogos y sociólogos enfrentados a lo inexplicable, al misterio encerrado en esa trilogía, Cristo de Mena, pueblo y legionarios ¿Será la muerte la que ronde alrededor del misterioso vínculo? Siempre la muerte como tragedia, y de repente, ¿la buena muerte? “El morir en el combate es el mayor honorPor ir a tu lado a verte”.

Íntima conexión entre sensibilidad e inteligencia: la sensibilidad tiene sus antenas como medio de captación del conocimiento, y el conocimiento está en ese pueblo que procesiona detrás de su Cristo legionario. Es la sabiduría de la experiencia, sentimientos como herencia, el inconsciente genético que encierra toda la sabiduría. Es la intuición incluso por encima de la razón, más sabia por intuitiva. Es la realidad transmitida que supera a la rígida letra porque es plástica, informe, una sugerencia más que una definición. Concepto intuitivo, una visión de los hechos que los coloca por encima de la rémora del razonamiento vulgar, y le da la autoridad que proporciona el conocimiento de la verdad esencial de las cosas.quema-de-santo-domingo-1931

La Legión nació en momentos muy duros, cuando cada día era una aventura en la que te iba la vida. Esa, tu vida, dependía del combate, de la paz del alma y, en ocasiones, aunque ahora no se entienda, era una vida triste que buscaba redimirse con una muerte digna que borrase la anterior. Allí en la Málaga querida, a su hospital de sangre, llegan muchos legionarios heridos de las campañas africanas. Alguien les habla de un Cristo que le llaman de la “Buena Muerte”: No me mueve mi Dios, para quererte, El cielo que me tienes prometido… ¡Pero si yo no creo en nada, si me da igual la muerte! Son hombres que han aceptado a la Legión como religión y que sus oraciones son el valor, el compañerismo y la amistad; la unión y el socorro, la marcha y el sufrimiento, dar la vida por el compañero. No se hacen preguntas sobre el más allá aunque intuyen que alguien los acogerá y les conducirá a ese cielo legionario.

2008-06-24_IMG_2008-06-17_20-56-03_cabo2 “Si un día Dios me llama…”, reza el legionario por dentro, y reza cuando canta, por si le llega la muerte; que entre la vida y la muerte, cuando a ambas uno las ve a diario, sabe que sólo las diferencia un suspiro, una bala que te llega de repente.

Es en Málaga donde les hablan de un Cristo que es legionario y que por eso es de los pobres. Que no le importa que hayas sido delincuente ni ajusticiado entre malhechores. Que también fue despreciado, abandonado y olvidado y que sabe no abandonar jamás a un hombre hasta perecer todos, darlo todo hasta caer reventado, nunca quejarse y confiar en la victoria, cumplir con el deber y no permitir vivir siendo un cobarde. ¿Que mejor advocación para dar las gracias por la vida, por las heridas curadas, que aquella imagen de Mena tan herida, tan dolida, pero tan viva?Fotoperiodistas_guerra_espanoles_3

Es el Cristo malagueño que busca entre los legionarios a su gente, son los malagueños que encuentran en La Legión su referente, son los Congregantes de Mena los que hablan de la buena muerte, y todos quieren creer, porque este Cristo que es malagueño, no miente. Compartir el dolor, compartir la muerte, hermanados, llevando sobre los hombros al compañero de todos, el de la Buena Muerte. Que no puede ser esa muerte un mero accidente, un azar en un combate sin esperanza ni explicación trascendente.

Era una primavera malagueña llena de luz. Cantan los novios de la muerte y la música se los lleva al cielo. ¡Al Cielo con Él!, canta el pueblo hecho legionario en la fe y el sufrimiento; todos cantan por dentro mientras se enredan en esa  primavera  buscando escaleras para subir a la Cruz. jpegHasta los mismísimos clavos de Cristo han subido con los mismos sentimientos que transportan en su herencia genética, sin manipular; son la infantería, de uniforme o de paisano, que da lo mismo,  que pasea su fe en Semana Santa; la infantería que se autolegisla con leyes de supervivencia para que una bala no te deje en el camino; la que deja su vida en un polvoriento camino, ¡Con qué facilidad Dios mío!, y sólo busca en la fe su esperanza.jpeg-23

Era como si la noche no hubiese caído, como si el día no tuviese de largo lo suficiente. En Málaga nadie se recogía esperando ver al Cristo legionario, al Señor de la Buena Muerte.Todos en silencio, cada uno el de su suerte, con la mirada en la madera de una figura que se retuerce y en la Cruz cobra vida, se transforma de repente en la carne de los que allí esperaban que el prodigio sucediese… Cantan los novios de la muerte, “Por ir a tu lado a verte…” que es el pueblo el que lo entiende y lo siente, y quiere saber que lo que intuye no le miente, que entre tanta soledad y abandono alguien te abraza, te escucha, te llama Caballero, te reconoce y te quiere. Cuando creías que no eras nadie alguien te dice que lo eres todo si la vida das por alguien.

Crédulos e incrédulos asisten cada año a este misterio de fe que vincula a la Congregación de Mena, al pueblo malagueño y a la Legión, alrededor de la advocación de El Cristo de la Buena Muerte y Ánimas. jpeg-70No vamos solos que nos acompaña la Armada española escoltando a Nuestra Señora de la Soledad, compartiendo Congregación y creencias. Llevan a Nuestra Reina…

 

Estrella y Reina de los mares…

¡Salve! Estrella de los mares

…………………………….

De tu pueblo, a los pesares

Tu clemencia dé consuelo

………………………….

Cantan los legionarios, también la Armada española; todos están rezando, que los que ante nadie se humillan doblan a su Cristo la rodilla y le entregan el corazón.legion4

“A la Legión se ha alistado un Cristo Crucificado,

ya nadie podrá decir

que a la Legión sólo viene gente de mal vivir”(Saeta popular.

 

Y morirán cantando, con una canción en sus labios que marque el compás y el ritmo del valor y del honor, cuando…

 

jpeg-7El toque de oración inicia el vuelo

Y hay en las últimas luces del cielo

Algo invisible que nos acompaña,

Como si en la quietud de los soldados

Estuvieran aquí formados

Todos los que murieron por España (Coronel Luis López Anglada).

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez. General de la Legión entre 2001-2004

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9 febrero 2020

EL CRISTO DE LOS ALABARDEROS  (Ignacio Pío Martínez Ara Ex Hermano Mayor)

 

Cristo de la Fe. Cristo de Alabarderos

Siete de la tarde, Viernes Santo, la Puerta del Príncipe del Palacio Real de Madrid se abre de par en par hacia una Plaza de Oriente abarrotada. El silencio es total. La Sección de Alabarderos espera a la salida para dar Escolta Solemne. Su Teniente manda: ¡Firmes! y ¡Presenten Armas! El sonido agudo de los pífanos y el ronco retumbar de los tambores del Zaguán alertan, con los primeros acordes del Himno Nacional, la salida del Rey de Reyes, bajo la advocación del “Cristo de Los Alabarderos”. El Cristo Crucificado sale sobre un paso portado sobre los hombros de cincuenta y seis congregantes. La Cruz se eleva sobre una alfombra de claveles rojos, que al ritmo del paso acompasado de los anderos baila hacia el cielo de Madrid. Los espectadores permanecen en silencio hasta el final del Himno Nacional. Al toque de campana del Capataz, descienden el Paso a las horquillas, produciéndose un caluroso aplauso.

La Congregación del Santísimo Cristo de la Fe, conocido popularmente por “Cristo de Los Alabarderos”, es de las más antiguas de Madrid. Data de 1632 cuando en desagravio a la profanación, por parte de judíos, a una imagen de un crucificado en la C/Infantas, un grupo de ciudadanos crea la Congregación de “Esclavos del Santo Cristo de la Fe” (01SEP). Ubican su sede en la iglesia de San Sebastián (C/ Atocha, 39), siendo el congregante D. Luis Carducho, arquitecto militar de S.M. El Rey, quien construya la capilla para culto de un Cristo crucificado, de autor desconocido. Posteriormente en 1667 D. Pedro de la Torre y D. José Churriguera construyeron un retablo, modificado en 1794 por el tallista de S.M. D. José de Balce. La primera Procesión es en la Semana Santa de 1647 en Madrid, haciéndolo hasta 1931 que se prohibieron las procesiones.

La Iglesia de San Sebastián estaba muy ligada a la Casa Real, por lo que los Alabarderos del Rey comenzaron a darle Escolta Solemne (1743), y a partir de entonces se le conoce como “El Cristo de Los Alabarderos”. Sus congregantes pasaron de no tener distinción alguna a ser personas nobles o adineradas (Ordenanzas de 1749). Existiendo varios tipos de congregantes:

– De Sangre Real y Protectores.

– Natos:

– Miembros de Real Cuerpo de Alabarderos.

– Oficialidad de los RS Guardias de Corps.

En 1786 el Serenísimo y Eminentísimo Señor D. Luis Antonio Jaime de Borbón, Cardenal de la Santa Iglesia, solicita al Arzobispo de Toledo y Cardenal Primado de España se digne tomar bajo su protección esta Congregación y firme en la Orla del Libro de Congregantes. Años después, en 1819, se solicita lo mismo a S.M. El Rey Fernando VII, ampliándolo al resto de los Congregantes de Sangre Real y Protectores.

Debido a los acontecimientos previos a la Guerra Civil, deciden hacer una copia (obra de D. Ángel Monasterio y costeada por D. Próspero Ximénez) de la imagen original (supuestamente de Mariano Benlliure), dejándola expuesta en la Iglesia y guardando el original en el domicilio del Duque de Alba, que era el Hermano Mayor. Acabada la Guerra como la Congregación prácticamente había desaparecido, dicen que el Duque cedió la imagen al Arzobispado de Madrid.

Entre 1931 y 1941 quedó aletargada, pero la ilusión de unos Congregantes, como la familia Ximénez, la reconstituyó con una nueva talla, obra de D. Ricardo Font, con la peculiaridad de tener los pies clavados por separado. No llegó a procesionar por falta de congregantes. Los pocos bienes que le quedaron, después de la destrucción y expolio que sufrió durante la Guerra, unos quedaron en depósito en la Hermandad Nuestra Señora de Belén en su Huida a Egipto (Iglesia de San Sebastián), y otros en la Diócesis de Madrid, como el Libro de Congregantes y diferentes elementos sacramentales.

En 1997, el Jefe de la PLM de la Guardia Real, Teniente Coronel D. José Emilio Roldán Pascual, puso en conocimiento del Ilmo. Sr. Coronel D. Rafael Dávila Álvarez que en la Iglesia de San Sebastián, frente a la capilla de Nuestra Señora de Belén, se encontraba otra con un Cristo que se conocía como “Cristo de Los Alabarderos”. El Coronel Dávila reunió a los que serían los responsables directos de dar los primeros pasos para reconstituir la Congregación, recobrar la tradición, perdida desde los años 40, y ofrecer la devoción de los Alabarderos al citado Cristo. Entre ellos estaba el entonces Capellán de la Guardia Real RP. D. Luís López Melero.

Los primeros pasos se dieron con mucha ilusión y esfuerzo hasta que llegó, en el año 2000, el Coronel Jefe de la Guardia Real, Ilmo. Sr. Coronel D. César Muro Benayas, quien dio su apoyo al proyecto, involucrándose personal y totalmente. El Páter Luís terminó de elaborar la Carta de Hermandad y las Ordenanzas de la Real Congregación de Esclavos del Santísimo Cristo de la Fe (2001), en un magnífico castellano del siglo XVIII, siendo aprobadas por el Arzobispo Castrense de España Excmo. y Rvdmo. Sr. D. José Manuel Estepa Llaurens, convirtiéndola en la única Congregación perteneciente a la Diócesis Castrense. Se hizo una nueva talla (2002), en los talleres de los Hermanos Martínez (Horche-Cuenca), un paso de andas, en madera tallada en color nogal con los emblemas de la Congregación y se definió como Fiesta Grande el 14 de Septiembre, día de la Exaltación de La Cruz.

Finalmente el 18 de Abril del 2003, el Cristo de Los Alabarderos volvió a procesionar por las calles del antiguo Madrid, después de 72 años.

Escoltado por hachones,
entre reflejos sutiles,
caminas por callejones,
a la sombra de candiles.

El nuevo Hermano Mayor, el abajo firmante, viendo los problemas que había con la Iglesia de San Sebastián, solicitó trasladar la Sede a la Iglesia Catedral Castrense al ser la única Congregación que pertenecía a la citada Diócesis. El traslado se realizó en Solemne Procesión el 17 de Febrero del 2008, acompañados por representantes de las Hermandades de Madrid. Se tuvo que hacer una nueva talla acorde al entorno de la Iglesia Catedral, obra del Escultor D. Felipe Torres Villarejo, en madera de Cedro policromada, siendo las Cantoneras de la Cruz de la Orfebrería Orovio de La Torre (Torralba de Calatraba-Ciudad Real).

Así, cada Viernes Santo, a las 19:00 h., saliendo por la Puerta del Príncipe del Palacio Real de Madrid, la Congregación del Santísimo Cristo de la Fe, Cristo de Los Alabarderos, recorre las calles del antiguo Madrid para cerrar emotivamente en la Iglesia Catedral Castrense. Esta Procesión ha recuperado tradiciones de cuatrocientos años, de gran colorido, belleza, seriedad y sobriedad, propio de las Fuerzas Armadas, pero sobretodo hace manifestación pública de su Fe.

Cristo de la Santa Fe.

Tenme siempre a tus pies

y esclavo de tu amor.

Dame tu gracia señor

y no me dejes, que yo quiero,

como un fiel Alabardero,

llevar la Cruz en Tu honor.

Sea mío Tu dolor,

Y Tu luz me lleve al Cielo,

pues de tu bondad espero

alcanzar el Reino Eterno

y alabarte por todos los siglos.

Amen

¡Al Cielo con Él!

Ignacio Pío Martínez Ara

Ex Hermano Mayor

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Jueves 29 marzo 2018

¡AL CIELO CON ÉL! ¡LEGIONARIOS! (General de División Rafael Dávila Álvarez)

¡AL CIELO CON ÉL! ¡LEGIONARIOS! (General de División Rafael Dávila Álvarez)

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Fue en Sevilla pero pudo ser en cualquier otro lugar de España. Ocurre al menos una vez al año que se desgarra el alma y convertimos una semana en santa, en la Santa Semana.  Aparece la muerte alzada entre Hermandades y Cofradías, pasión que se siente, una semana al menos en nuestra constante vida penitente.

Se llamaba Ricardo Gordillo Díaz pero era el Balilla. Nombre de guerra de aquellos soldados bajitos y fieros. ‹‹ ¡Díselo al Balilla! ¿Dónde está el Balilla? Pregúntale al Balilla…  lo ha dicho el Balilla››. Heredan el apodo, el estilo, de generación en generación; para eso hay que tener condiciones. Sin ser cabo son más cabo que el cabo de varas. Con veinte años era ya el Balilla. Tenía que haber sido legionario. Ahí es nada. Pero era muy joven y le tiraba mucho Sevilla. ¡Quién sabe! De la misma raza que el legionario de la melódica que nos contaba hace unos días en El Recuadro del ABC sevillano el cabo Burgos. Hacen historia y son historia. La del ingenio y el valor ante la vida. Que es el honor del pueblo. Da lo mismo un roto que un descosido. Resignación siempre, su vida en manos de los demás. Surgen y se elevan en los momentos en los que el alma está al filo de lo imposible. No están hechos para la vulgaridad aunque su vida se vea como algo muy vulgar. ¡Al cielo con Ella! No pudo salir de otro lugar que no fuese el corazón de aquel hombre apodado el Balilla: ¡Al cielo con Ella! Solo cuando algo es verdad trasciende. Aquello ocurrió la madrugada del Viernes Santo de 1952 siendo Ricardo Gordillo Díaz costalero de la Hermandad del Cristo de los Gitanos.100_0377 200

Mandaba yo la Legión cuando un día lo oí: ¡Al cielo con Él! Preparaban mis legionarios la Semana Santa y en sus ensayos fue cuando observé como el cabo de la escuadra de gastadores repetía cada vez que quería motivar a sus legionarios: ¡Al cielo con Él!

Subía el Cristo al cielo como solo puede subir de brazos legionarios. Por un momento quedaba suspendido en el aire. Temblaba aquel madero, del golpe de las manos, temblaba hasta el suelo, de los golpes de las botas legionarias, y temblaba el mismo cielo de ver aquel espectáculo. No temblaban los legionarios.

¡Al cielo con Él! Decir legionario, por aquello de la Buena Muerte, del compañero jamás abandonado, de los cincuenta mil muertos y laureados.jpeg-2

Temblaba el general de tener aquel mando y aquellos hombres tan bravos que convierten hasta la rutina en valor, cualquier cosa que hacen es en ellos lo más apreciado, su deber más sagrado.

¡Al cielo con Él! ordenaba el cabo legionario

Tiene que haber un cielo legionario, pensé. No es fácil alcanzarlo, ser legionario, de verdad, y Él tiene que ser allí capitán, un capitán legionario, el capitán de los legionarios. Un cielo para los valientes por sencillos y humildes legionarios. Para los que nada han sido sino legionarios, para los que eso que han vivido, pobres y olvidados, ha sido ya desde la tierra un cielo, aunque sea legionario, el mejor cielo encontrado. Porque allí juraron su amistad que nunca en otro lugar encontraron. Porque allí nunca se vieron abandonados hasta perecer todos, juntos y hermanados. Un cielo para los hombres bravos, donde no se oye la queja sino el grito de socorro del legionario hermano, donde se obedece hasta morir y morir es el mayor honor cuando te espera la Buena Muerte de ese tu capitán, el Cristo legionario y hermano. ¡Dios mío! Tiene que haber un cielo legionario cuando se muere por tu jpeg-29Bandera y por tu hermano.

¡Al cielo con Él! ordenaba aquel cabo legionario y su voz de mando resonaba como el mandato de la historia de los cincuenta mil muertos legionarios.jpeg-17

El Cristo legionario

Me quedó esta historia que hasta hoy guardo, la del Cristo legionario, ensayando en un patio de armas, velando, orando y llevando la historia de una leyenda de vida y muerte, la leyenda inmortal, la historia, va para cien años, legionaria. Hubo momentos que confundí el Cristo con aquellos legionarios y aunque el cabo ordenaba con potente voz de mando, como general me di cuenta enseguida que el capitán era aquel legionario al que herido sobre el tronco llevaban, al cielo legionario, y que como solo ellos saben gritar, como si de una orden se tratara, orden legionaria, solo se oía un grito: ¡Al cielo con Él! Cristo, capitán legionario.

//Andalucia// 21-4-2011 Malaga Traslado del cristo de Mena Fotografo ANTONIO PASTOR

//Andalucia// 21-4-2011 Malaga
Traslado del cristo de Mena
Fotografo ANTONIO PASTOR

No podía la voz del Balilla estar sola: ¡Al cielo con Ella! Era necesaria la voz legionaria que como una orden, mandara: ¡Al cielo con Él!jpeg-42

¡Dios mío! Tiene que haber un cielo legionario.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

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