XXX ANIVERSARIO DE LA LEGIÓN: “FUNDÉ LA LEGIÓN PORQUE LA VIRGEN SIEMPRE ME HA TRATADO CON MUCHO CARIÑO”. General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Somos muchos los que no conocíamos estas palabras del general don José Millán-Astray, porque, aunque algunos quieran olvidarlo es él, y solo él, el fundador de la Legión. Me llegan sin buscarlas, desconocidas. En las páginas de un libro olvidado ha aparecido el recorte del periódico. Razones habrá.

Son palabras enmarcadas en una entrevista que don Jaime Torner Cervera, periodista y escritor, corresponsal del diario Pueblo, hizo al fundador de la Legión en su XXX  Aniversario. Se publicaba un viernes 22 de septiembre de 1950.

Tengo la certeza de que añadir algo a la entrevista es desnaturalizarla y quitar protagonismo a un documento periodístico de enorme valor, ahora 70 años después, en el Centenario de la Legión. Es por lo que la expongo tal y como se publicó, sin añadir ni quitar ni una coma.

<<El periodista encontró al general legionario como siempre: erguido, procurando no perder un centímetro de la estatura que recibió de la Naturaleza. Con su rostro enjuto, enérgico, cincelado a martillo. Y esa forma suya de hablar, tan peculiar en él, tan inapelable y rotunda, esa voz legionaria que parece que no pudo nunca dejar de ser otra cosa que una herramienta de mando. No se concibe (¡ni siquiera en la edad temprana del general!) otro timbre de voz diferente. Al verle así, entero, desbordante de vitalidad, se encuentra la confirmación de las palabras que en Roma le dirigió S.S. Pío XI en un audiencia privada: <<Te bendigo, tú que eres conductor de muchedumbres>>.

El general encuentra en su despacho madrileño -faltan paredes para colocar tantos recuerdos, banderas, trofeos, retratos, listas gloriosas…- un marco adecuado a su personalidad. Ni siquiera el traje de paisano, chaqueta oscura y pantalón blanco, con el que se hunde en su sillón (civil) de cuero, consigue arrebatarle un gramo de marcialidad. Se comprende enseguida que Millán-Astray no ha podido nunca dejar de ser un gran soldado. El nombre, además de militar, que le corresponde exactamente, es el de gran patricio.

El general recibe al periodista con gran afabilidad. Está muy contento, porque ha recibido telegramas llenos de entusiasmo de los legionarios  con motivo del XXX cumpleaños de la Legión, a la cabeza, el del teniente general alto comisario laureado Varela, que desde Riffien le felicita comunicándole que han hecho cabo legionario a su hijito José Enrique Varela Ampuero. También ha recibido de los coroneles jefes de los Tercios de la Legión y de capitanes generales, generales, gobernadores y otros antiguos legionarios.

El general pregunta de pronto:

-Torner, ¿de dónde eres?

-Soy bilbaíno, mi general.

-Pues es lo mejor que se puede ser.

Claro que el general, a pesar de su tono inapelable, lo dice porque es muy amable. Y añade:

Mira Torner, perdóname: Te tengo que decir que a través de mi larga vida, cuando me han hecho alguna interviú, lo mismo si eran periodistas españoles que extranjeros, he pedido y siempre lo obtuve, no hacerme decir a mí nada que yo no dijera y a tener la bondad de mandarme las pruebas antes de publicar la entrevista. ¿Qué sabor político tiene tu periódico?

-Fundamentalmente, como lo dice su título, es amigo del pueblo.

Y el general, rápidamente dice:

Me suscribo a ese ideal. Amo al pueblo, si adulación, pero con amor entrañable, sufriendo con los que sufren, llorando con los que lloran yéndolos a ver, a conocer y a visitarlos en las habitaciones por llamarlas algo, ya que tendríamos que llamarlas “tugurios”. Amor cristiano para que no sepa la mano derecha lo que hace la izquierda. -:Si- continúa el general, con sincero entusiasmo-, pueblo querido, humildes queridos, obreros madrileños que cuando me ven me saludan con tan emocionado cariño. Alquitranadores de la carretera del Escorial, que cuando les hablé me hicieron una despedida legionaria, sin saber que lo hacían. Niños del barrio de Las Latas, que besan las manos a mi mujer. Y en los simpáticos barrios bajos, cuando mi coche se para en algún cruce para esperar el paso, me presentan sus hijos por la ventanilla, diciéndome: ¡Míralo! Yo amo al pueblo y no pido nada de él, como no sea amor. Nunca he ambicionado otra ambición que la servir a Dios y ser leal. ¡Lealtad!, excelsa y a veces penosa virtud.

Descansa el glorioso general unos segundos y continúa:

-Bueno, querido Torner, ya he hecho sin querer una arenga. Es que estoy inflamado por ser el trigésimo aniversario de la Legión. ¡La Legión! La que rescató Annual y enterró a los muertos insepultos, la que en Melilla dio el grito de liberación el día 17 de julio, la que tuvo 11.000 bajas en Marruecos, y en la Liberación diez mil muertos y treinta y cinco mil heridos, de ellos seis mil Caballeros mutilados. ¡La Legión! Con su Credo: Amor a Dios, culto a la Patria, al honor, al valor, al espíritu de sacrificio, a la cortesía. Que los legionarios somos pobres de dinero, que somos honrados, aunque el ser honrado es mérito ni debe decirse; pero en estos tiempos quizá el ser honrado va a ser un título tan escaso y elevado como antes los de duque, marqués o los señoríos.

-¿Quieres algo más, Torner?

-Ruego me diga, mi general, por qué creó la Legión?

-Me hablas de la Legión. La Legión es una religión. Un culto al honor, al valor, al sacrificio y a la disciplina.

La fundé porque la Virgen siempre me ha tratado con mucho cariño y me inspiró el fundarla cuando más falta le hacía a la Patria, para que fuera el “arca santa donde estuvieran depositadas las esencias del heroísmo y de la disciplina, para abrirla cuando hiciera falta”. Ya comprenderás que estas palabras, aunque sean ciertas, solamente las puedo decir porque las pronunciaron los labios ya sagrados de aquel general tan grande, tan caballero y tan generoso que se llamó don Miguel Primo de Rivera.

-¿Qué le parece a usted mi general, como legionario austero el trato que les dan a los soldados americanos, de regalo y casi mismo?

-Pues francamente, hijo –y te llamo hijo también porque has estado en Riffien –los padres, cuando les regalan y miman a sus hijos, nunca les parece mal, y yo miro a los soldados como hijos y a los soldados americanos también porque también estuvieron en nuestra Legión y murieron por ella, y por cierto te voy a dar la copia del telegrama que dirijo hoy al Coronel Jefe del Tercio Duque de Alba II de la Legión.

Dice así:

“Coronel Jefe del Tercio Duque de Alba II de la Legión. Riffien. Ceuta.- Recibo tu felicitación. Con alegría celebro con vosotros XXX aniversario de la muy heroica, muy gloriosa, muy sufrida y muy austera Legión. Dediquemos una oración a nuestros diez mil muertos y un recuerdo cariñoso a nuestros treinta y cinco mil heridos, de ellos seis mil caballeros mutilados. Te pido que en acto reservado, íntimo, como a ti mejor te parezca, dedique la Legión un saludo fraternal a los quinientos caballeros legionarios de la Legión Francesa que han muerto en Indochina en estos días heroicamente, como mueren los legionarios cuando les llega el momento. ¡Viva la Legión Francesa! ¡Viva la Legión española!” Vuestro coronel fundador, Millán Astray”.

-¿Por qué cree, mi general que consigue electrizar a los soldados cuando les habla? -una pregunta algo obvia para quien conoce su contagiosa vitalidad-.

-Es muy fácil, a los soldados y a los que sean soldados, ir con la verdad, decirla y que los que te escuchan estén propicios a escuchar. Porque la electricidad, o lo que tú quieres llamar, es la verdad y el amor.

-Volviendo a la Legión, mi general, ¿por qué cree que el soldado legionario es el mejor del mundo?

-El soldado legionario no es que sea el mejor del mundo. Son así los legionarios de todas las Legiones; si están hechas con espíritu de verdadera Legión, son todas heroicas. La Legión Americana lo mismo, y ahora todos los que mueren en Indochina en su inmensa mayoría son legionarios. Es la recluta de aquellos trovadores que iban cantando poemas, y estos de ahora, además entregan la vida porque para ellos jugarse la vida es un poema. ¡Ah!, y si no es así y van solo por la paga, esos no son legionarios, son unos mangantes, y los mangantes jamás se han enganchado en ninguna Legión Heroica>>.

Jaime TORNER

No he encontrado ni creo encuentre nadie, mejor recuerdo y homenaje en este Centenario a La Legión. Siguen vigentes sus palabras, las últimas que pronunció su fundador en su XXX aniversario.

Aquellos trovadores que iba cantando poemas… y compusieron la más bella Ilíada de la historia de España: La Legión. La composición más importante de la historia militar española y fundamental pedagogía de milicia.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez (Fue general de la Legión entre 2001-2004)

Blog: generaldavila.com 

22 junio 2020

CARMEN POLO DE FRANCO, UNAMUNO Y EL GENERAL MILLÁN-ASTRAY General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Cuando era un joven teniente di alguna que otra clase de Educación Física en la Universidad Complutense de Madrid. Si algún rato libre me quedaba asistía a las clases de Filosofía y Letras, de oyente, de aprendiz y de más cosas. Gracias a un magnífico profesor, un maestro, que tuve en el bachillerato, en el Instituto Ramiro de Maeztu, le cogí enorme cariño a la filosofía (y a las letras). Un día en el aula estaban hablando de Unamuno. Presté especial interés. Ingresé en la Academia General Militar con 18 años y, a pesar del poco tiempo que allí quedaba libre, al terminar el primer curso me había leído casi al completo la obra de Unamuno. Debió de notárseme, o el haberme colado, porque el catedrático se dirigió a mí y me preguntó mi opinión sobre D. Miguel. Me sentí azorado, descubierto, mirado desde todos los ángulos y se me ocurrió contestar:

-Don Miguel decía que él era una eme entre una y uno. Creo que define algo su personalidad, irónico, soberbio, inteligente, algo desconcertante, en sus adentros un hombre bueno y en lucha interior -y exterior- permanente.

Nadie prestó atención a lo de la personalidad.

-¿Una eme entre una y uno? ¿Dónde ha leído usted eso?

No supe responder; no lo recordaba. Alguno de los alumnos de clase debió no entender muy bien el juego de palabras, porque, a petición del profesor, tuve que salir y poner en la pizarra:

-Una-M-uno.

Risas en el aula. Ahora quedaba más claro lo de una M entre una y uno. Tuve que dejar de asistir a clase. El catedrático se empeñaba en señalarme cada día. En una de esas me pillaba y descubría que no era un alumno sino un aficionado a la filosofía.

Tengo que ir a ver la película: Mientras dure la guerra. Les hablaré de ella cuando eso ocurra.

Del famoso episodio del trío doña Carmen Polo de Franco, don Miguel Unamuno y el general Millán-Astray en la Universidad de Salamanca, ¡he leído tantas cosas!, parece que todos estuvieron allí, pero no saben que aquello, entonces, no tuvo la menor trascendencia, importancia ninguna, todos tan amigos, los que eran y los que no, pues como antes, como siempre.

Quién sí estaba allí, era don José María Pemán. Nos lo ha contado, y de contar algo sabe don José María. Fue en la tercera de ABC del día 26 de noviembre de 1964.

‹‹Ni Unamuno ni Millán-Astray eran hombres a los que les gustara pasar inadvertidos… Los dos estaban acostumbrados a exponer el pecho a cuerpo limpio, el uno a las ideas contrarias y el otro a las balas enemigas… Eran dos españoles›.

Me permito añadir que eran dos vehementes españoles, dos sentidores a la vez que pensadores, recurriendo al término que usa Fernández de la Mora.

Unamuno, casi olvidado, tuvo a su alcance el premio Nobel, que él solo, solo él, dejó desierto.

Era capaz de escribir, poco antes de morir, en un arranque de los suyos y por una nimiedad, al director del ABC de Sevilla: ‹‹ [… entre los hunos-rojos -y los hotros- (blancos de color de pus)]››, acompañado de irrepetibles lindezas contra los andaluces. Y en su permanente contradicción saber encajar la respuesta del director, Juan Carretero: ‹‹No es mía la culpa si en España hay hunos y hotros. Y Hunamunos››.

Don Miguel era un lujo de español. Quizá lo español desnudo y sin tapujos, con sus grandes defectos y gigantes virtudes.

Millán-Astray ha sido objeto de las más injustas críticas que en no pocas ocasiones llevaban oculta una intención más sibilina: atacar su obra, atacar a la Legión. Creador de la obra cumbre del espíritu militar español, el Credo de la Legión es, junto a los versos de Calderón, guía del comportamiento militar. Su ‹‹Espíritu de Compañerismo››, sería suficiente para justificar la trascendencia de su obra: ‹‹Con el sagrado juramento de no abandonar jamás a un hombre en el campo hasta perecer todos››. Era un lujo de español. Era un lujo de militar español. Han querido presentarle como un burdo e inculto soldado, descalificarle y con él a lo que representaba, la Legión, el honor y el valor. No lo consiguieron. Su obra iba a quedar y trascender en los tiempos.

Pemán, es la gloria de las letras, incluso de las armas, valiente, un echao pa’lante, capaz de retar a Miguel Primo de Rivera a duelo por un quítame esas pajas. Su palabra, sus versos, son letra de los himnos de nuestra Armada y Ejército del Aire.

Personalidades españolas, muy nuestras, nos guste o no. Los que critican, los más al general, no saben lo que dicen.

De ‹‹doña Carmen›› poco que decir de aquel día. Simplemente que Unamuno salió de su brazo hasta el coche.

Pero dicen y eso es bueno. Claro que decir ni es leer ni saber.

Pues que sigan diciendo. Tengo que ir a ver la película, sin ironía, a ver qué dicen; se lo contaré. No sé si sabré hacerlo, como don José María seguro que no; ya se sabe la fama que tenemos los generales de la Legión. Ustedes sabrán disculpar mi escasa formación y mis burdas maneras.

Nuestra película casi nunca se proyecta entera.

General de División (R.)  Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

13 octubre 2019