TAILANDIA. LA CUEVA DEL HÉROE. VISUS MILITIS General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

El tiempo pasa. No hay nada más angustiosos que la falta de aire, que es la vida. Doce niños y su entrenador dependen de nosotros. No todo lo podemos, pero todo lo damos. Hay hombres que convierten su vida en vivirla para cambiarla por la vida de otros si necesario fuera. Sin alardes, sin exageraciones, solo con el compromiso que a ellos mismos se deben: la máxima preparación por y para los demás.

Saman Kuman era uno de ellos. Buzo de la Marina Real tailandesa, con preparación de excelencia para su labor, llenó sus tanques de oxígeno y vació sus pulmones. La vida, su sentido de lo que es la vida como soldado,  le reclamaba la suya a cambio de la de doce niños y su entrenador. Desde el primer momento los que recorren a diario esos casi dos kilómetros  de incertidumbre y oscuridad saben que es el recorrido entre la vida y la muerte. No todos están preparados para la entrega. Se requiere una disposición del alma que nunca podremos agradecer lo suficiente. Hablamos del breve momento que hay entre una vida sana y plena entregada a cambio solo de que otro viva y tú mueras. Así de crudo y sencillo. Nadie quiere morir, ni esa es su meta, pero sí que hay ángeles en la vida que están allí cuando creías que era el final. Ocurre a diario. En todos los rincones del mundo. En el anonimato.

Hoy uno de esos ángeles estaba allí, en la cueva de Tailandia, donde en cualquier momento puede ocurrir lo peor, un héroe, Saman Kuman, un soldado, que soltó su último suspiro cargado de oxígeno salvador para unos niños. Fue a cambio de su vida.

Ya podéis respirar; el aire de Saman Kuman os llegará siempre, porque siempre habrá un soldado dispuesto a ponerse entre la muerte y tú para darte la vida, su vida.

Saman Kuman, miembro del cuerpo de operaciones especiales de la Marina Real de Tailandia: ¡Presente!

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez 

Blog: generaldavila.com

8 julio 2018