LA EXTERNALIZACIÓN EN LAS FUERZAS ARMADAS: ¡QUÉ GRAN INVENTO! Salvador Fontenla Ballesta. General de Brigada (R).

Leyendo la excelente obra de Roca BareaImperofobia y Leyenda Negra (2017, 362) he tropezado con el siguiente texto: La venta de cargos y oficios en Francia había comenzado a finales de la Edad Media y se convirtió en un mal endémico que terminó pudriendo el Estado. No es un procedimiento inventado en Francia ni muchísimo menos. En cuanto existe algo parecido a un Estado, aparece este sistema que consiste en entregar a particulares gestiones necesarias de la cosa pública. Ahora lo llaman privatización y parece que lo acaban de inventar. No es difícil asociarlo inmediatamente con los problemas que las externalizaciones han producido en las Fuerzas Armadas.

La principal diferencia, con el caso que relata Roca Barea, es que la descomposición del Estado es una consecuencia de privatizaciones indiscriminadas; y en el caso de las Fuerzas Armadas españolas estas privatizaciones han sido una de las herramientas empleadas para socavar estas esenciales instituciones estatales.

Narciso Serra, el que fuera ministro de Defensa, ha dejado claro la finalidad última de las reformas militares (“La transición militar”, 2008). Sus antecedente inmediatos son las reformas de Azaña, y cuya línea de política militar han seguido fielmente los gobiernos posteriores, incluidos los del Partido Popular. Intenciones y procedimientos que han sido analizados en profundidad por Blas Piñar y José María Manrique, en su libro; “Ejércitos Anulados” (2016).

Como las privatizaciones están muy mal vistas en el ideario socialista, se las denominado, más eufemísticamente, como externalizaciones. Independientemente de su finalidad de socavar las competencias de los ejércitos, también han contribuido a la corrupción generalizada que sufre España, innegable a estas alturas con solo ver los telediarios, porque han dado pie a centralizar, en el nivel político, suculentos contratos.

La concienciación previa.

Todas estas acciones de privatización fueron precedidas de las correspondientes campañas de concienciación, entre los estados mayores y altos mandos. Se empezaba con el adanismo: todo lo anterior estaba mal, pero, a partir de ahora, todo iba a empezar a solucionarse. Si se encontraba reticencias, estaba el recurso convincente de una velada amenaza: si no eres parte de la solución (la suya, por supuesto), eres parte del problema.

De todas las privatizaciones (perdón externalizaciones) llaman poderosamente la atención las producidas en las áreas de seguridad, formación y logística.

 Las privatizaciones en la seguridad.

Es sorprendente, cuanto menos, que una institución que tiene por esencia la seguridad haya privatizado la seguridad exterior de muchas de sus instalaciones, lo que no deja de ser extrañamente paradójico. La visibilidad externa de esta medida es bien evidente, y daña la imagen de los ejércitos, ya tan pocos visibles ante los ciudadanos. Es también extraño que para estas funciones no se hubieran potenciado, en su día, la policía militar, que además tiene la ventaja, como todo lo militar, de una polivalencia y disponibilidad (incluido el horario) que no tienen los elementos civiles. Sería interesante conocer quiénes están detrás de las empresas de seguridad que prestan estos servicios.

Tampoco debe extrañar que también se haya privatizado parcialmente la seguridad interior, porque es lo que se ha hecho con la descentralización de las fuerzas de seguridad en Cataluña y Vascongadas. No es un secreto que ahora dependen de poderes feudales, que no acatan la autoridad del estado ni coordinan con él.

La privatización de la formación y de la enseñanza militar.

Si sorprendente es lo anterior, más lo es la privatización, más que parcial, de la formación de nuestros oficiales.

La preparación del ejército español, y por ende la formación de sus cuadros de mando, ha quedado contrastada y reconocida, desde el inicio en sus participaciones en operaciones internacionales. Así lo acaba de reconocer públicamente la actual ministra de defensa.

Es indudable que la enseñanza, como todo, es siempre susceptible de mejoras y de perfeccionamiento. Pero, previamente para ello hay que hacer un análisis, para localizar las deficiencias y corregirlas, o potenciar sus capacidades. No fue así. No se hizo un ningún análisis y ningún estudio. Se ha privatizado por la cuestión ideológica de desmilitarizar al ejército.

Es desconcertante que unas fuerzas armadas que habían demostrado su eficiencia internacionalmente, que demostraba el alto rendimiento en la formación de sus cuadros de mando, haya descargado su formación en el sistema universitario español, uno de los peores del mundo occidental.

Si aplicáramos esta misma regla de tres, podríamos privatizar los cursos para los ascensos a jefe, general, etc.; o de formación para el estado mayor, etc., que seguro que muchas universidades se prestarían gustosas a impartir sus célebres, costosos y prestigiosos másteres.

Las privatizaciones logísticas.

Las primeras acciones consistieron en la enajenación de terrenos e inmuebles. Desamortización que ha dejado pequeña a la célebre de Mendizábal, aunque esta haya sido más discreta. Sería también interesante conocer los precios reales de venta y los beneficiarios últimos.

La reducción de unidades ha sido tan drástica, que tenemos unas fuerzas armadas macrocefálicas. Donde la dirección de los asuntos militares está,  en la mayoría de las veces, en manos de civiles, con mucha menos preparación y experiencia en asuntos de defensa (si es que tienen alguna) que muchos militares, forzados a estar sin destino a pesar de su formación.

Sería más rentable privatizar a las grandes unidades tácticas, que seguro que sería más barato para las arcas públicas. Alquilarlas, como antes de la Guerra de la Independencia. El nuevo jefe empresario dotaría, formaría a sus cuadros de mando y adiestraría a su unidad, mejor y a menos coste, que mantener la actual y monstruosa infraestructura administrativa.

Salvador Fontenla Ballesta. General de Brigada (R.)

19 septiembre 2018

Blog: generaldavila.com

 

EL CEMENTERIO MILITAR DE TETUÁN Salvador Fontenla Ballesta, General de Brigada (R.)

Cementerio español en Tetuán después de su restauración por la Fundación INDORTES

Los españoles, al ocupar Tetuán en el año 1860, construyeron un cementerio cristiano, al norte de la ciudad y en la ladera sur del monte Dersa.

Las fuerzas españolas volvieron a entrar en Tetuán en el año 1913, haciéndola capital del Protectorado español. Inicialmente siguieron usando el antiguo cementerio, pero comenzaron la construcción de uno nuevo, de carácter militar, un centenar de metros más al sur del anterior.

La independencia de Marruecos en 1956, supuso la repatriación de las unidades militares, y con ellas la de muchos ciudadanos civiles españoles. Esto trajo consigo una paulatina degradación de los cementerios españoles del Protectorado, por falta de atenciones. Hasta que el Ministerio de Defensa, en el año 1998, visto el estado lamentable de los mismos, decidió hacer una concentración y, con ella, una restauración de los camposantos de destino, entre ellos el de Tetuán. Los restos militares y civiles del antiguo cementerio de 1860, y de los cementerios del Rincón del Mediq, Castillejos y Xauen, fueron concentrados en el cementerio militar de Tetuán, con un total de unas 2500 inhumaciones.

El cementerio militar de Tetuán, como otros muchos, es un trozo de nuestra historia. Allí descansan los que fallecieron cumpliendo con su deber y su juramento a la Bandera, entre los que podemos destacar:

Caballeros laureados de San Fernando, como los tenientes Montilla Pérez, Aizpurúa Reynos, Leria López del Grupo de Regulares de Melilla. Comandante José Valdés Martel, que mandando la harca de su nombre, murió al tratar de rescatar el cadáver de un compañero. El teniente coronel González Tablas, héroe de Regulares, junto al brazo de Millán Astray, “para abrazarlo eternamente”.

Caídos del Regimiento de Infantería Zaragoza (nuevamente reorganizado), que participaron en la campaña de 1860.

Combatientes de la Milicia Voluntaria de Ceuta,  Regimientos de Infantería Ceuta, Mallorca, Cazadores de Barbastro, Policía Indígena, Grupos de Regulares, Mehala,  Legión, Arma Aérea, etc., caídos en las campañas de Marruecos.

– El Capitán Pompilio Martínez Zaldívar, primer oficial de la Legión caído en combate

– Componentes del Regimiento de Infantería Ceuta, y el alférez de navío del Jaime I Falquina García, muertos en nuestra última guerra civil.

– Militares ilustres como los altos comisarios y generales Alfau, el que ocupó Tetuán en 1913, y Gómez Jordana fallecido en su despacho mientras trabajaba.

Su estado de conservación y mantenimiento.

El paso del tiempo (20 años) y los escasos recursos, aportados por el Ministerio de Asuntos Exteriores, para su vigilancia y mantenimiento, ha hecho que su estado se vaya nuevamente degradando, principalmente por el crecimiento indiscriminado de árboles, hierbas y arbustos, cuyas raíces que a veces afectaban a las sepulturas.

Vista esta situación, y ante la inacción de otras instituciones, la Fundación Indortes decidió resolver este problema, pasando a la acción. Con la autorización y coordinación con las autoridades de la zona, procedió, entre los años 2017 y 2018 y exclusivamente con sus propios recursos, a adecentar el citado camposanto. Consistiendo, en resumen, en desbrozar y limpiar de maleza toda la superficie, tratarla con herbicida y cubrirla con un plástico especial y con una capa de grava. Se acompaña de fotografías de antes y de después, para que el lector se haga una idea del resultado de los trabajos.

Somos conscientes que no es cuestión de una labor puntual, sino de una acción metódica y constante, que una vez arreglado requiere pocos esfuerzos y recursos.

Un puñado de tierra española en tierra ajena.

Antiguos acuartelamientos españoles en el antiguo Protectorado siguen siendo propiedad del Estado español, aunque muchos están sin uso. Sin embargo los cementerios, a raíz de la independencia de Marruecos, pasaron a la administración de Tetuán, y por consiguiente del estado marroquí, siguiendo la norma habitual de la administración española. Así tenemos la paradoja que un camposanto lleno de héroes españoles, no es propiedad de España, aunque moral y emocionalmente aquel puñado de tierra, empapada de sangre de tantos héroes la sentimos española, en lo más íntimo de nuestras almas y corazones.

Ya es un clásico que las diferentes administraciones españoles se desentiendan de nuestros caídos, cuyas comparaciones con otras naciones de nuestro entorno son simplemente odiosas (Alemania, EEUU, Italia, Rusia, Gran Bretaña, etc.). Da la sensación que el interés por nuestros caídos no va más allá del toque de oración y del acto de homenaje a los caídos en las paradas, que sin la atención que se merecen nuestros cementerios militares, quedan entonces sin su verdadero sentido, como sendas acciones rutinarias y folclóricas.

Igualmente es incomprensible el desistimiento de las diferentes asociaciones de veteranos, cuyo interés pocas veces va más allá de dar alguna conferencia y de tener un bar barato donde reunirse. Especialmente son dolorosos los casos de las reales y soberanas órdenes militares de San Fernando y de San Hermenegildo, que tan poca preocupación han venido demostrando por la situación de los restos de sus antiguos caballeros caídos en el campo del honor, y a los que tanto deben y se deben.

No es mucho pedir que, las organizaciones antes citadas y otras afines, visiten los camposantos militares y además contribuyan, entre otras cosas, a su mantenimiento en general, limpieza y restauración de lápidas… y, de paso, elevar una plegaria por los que nos indicaron el camino con su sacrificio y ejemplo.

Salvador Fontenla Ballesta, General de Brigada (R.)

Cementerio Militar de Tetuán

Blog: generaldavila.com

11 julio 2018

 

NAPOLEÓN Y SU MITO. Salvador Fontenla Ballesta. General de Brigada (R)

Napoleón y su mito

Napoleón es considerado historiográficamente como uno de los grandes genios militares de la historia. Ha sido mitificado por sus numerosos partidarios, como el más insigne representante de la grandeza de Francia, y astutamente aceptado por la historiografía sajona, porque así ensalzan más a sus supuestos vencedores, fundamentalmente representado por Wellington, en la batalla de Waterloo.

Si estudiamos de forma más sistemática el mito de Napoleón, veremos que no resiste un somero análisis crítico, y por tanto la admiración que todavía despierta, entre tantos hacedores de otras  leyendas negras. Napoleón reunió en su persona la conducción de la guerra y de las operaciones militares. Mandó en todos los niveles, político, estratégico, operacional y táctico.

Napoleón general táctico.

Napoleón debió su meteórico ascenso a su actuación como general de la Revolución Francesa, en los campos de batalla de Italia, en las que demostró ser un excelente táctico, porque estuvo especialmente capacitado para:

  • Atraerse al enemigo al lugar y momento adecuados para batirlos, mediante hábiles fintas de diversión. No trató de adivinar las intenciones de sus enemigos, sino que estos actuaran de acuerdo con sus intenciones.
  • El acertado empleo de las reservas, con fuerzas de las tres armas, que eran las que ejecutaban la acción resolutiva, cuando el enemigo había empeñado y desgastado las suyas. Anteriormente las reservas se empleaban en acciones de refuerzo, reiteración de ataques y protección de retiradas, en su caso.
  • Ejecutar acertadas maniobras de concentración de esfuerzos, en el momento oportuno.

Sin embargo, en sus campañas italianas, empleo dos principios, que a la larga le resultaron fatales, hacer vivir a sus tropas sobre el terreno y buscar siempre la batalla decisiva.

El primero que empleo con éxito en el frente secundario de Italia, fue el que le encumbró militar y políticamente, porque no solo sus campañas no fueron costosas financieramente (que la guerra alimente a la guerra) sino que consiguió un suculento botín. Este apoyo logístico sobre el terreno (indiscriminado y abusivo) provocó la animadversión de las naciones ocupadas, y alentó el levantamiento nacional y la guerra de guerrillas en España.

El segundo principio favoreció que consiguiera victorias campales espectaculares, pero a costa de una continua sangría de hombres. Despreció el principio de economía de medios, y terminó por desgastar irremisiblemente a su antaño poderos ejército. Sus victorias tácticas se pueden considerar pírricas, que aunque la fama se la llevó Pirro, más apropiado sería llamarlas napoleónicas.

Napoleón como estratega.

También cometió una serie de errores estratégicos, que vuelven a cuestionar su fama de genio de la guerra, y que finalmente le costaron la derrota, el poder y la ruina de Francia:

  • Mantuvo la guerra en dos frentes terrestres distanciados y activos, en España y en Rusia. Lejos de la táctica seguida en sus campañas de Italia, de contención en un frente para batir otro, teniendo superioridad de medios en este, y a continuación revolverse para batir el primero.
  • Estuvo obsesionado por la victoria decisiva, para destruir el centro de gravedad enemigo. No supo ver, a tiempo, que en España ese centro de gravedad no estaba en sus degenerados reyes (Carlos IV y Fernando VII) ni en una batalla campal, sino en la voluntad de lucha (de vencer) de la nación. Tampoco aceró en Rusia, que supuso que su centro de gravedad estaba en Moscú, por ser la supuesta capital, sino en San Petersburgo, en todo caso, donde estaba el Zar y su corte (el centro del poder político); y además se dejó engañar para que le cogiera el “general invierno” en las entrañas rusas.
  • No tuvo en cuenta las características del teatro de operaciones de Europa del Este, con vastas distancias despobladas, donde resultaba muy difícil vivir sobre el terreno (agravado por la táctica de tierra quemada), los costosos desplazamientos de fuerzas y el alargamiento excesivo de las rutas de abastecimiento, tan diferentes de las ricas campiñas del centro de Europa.
  • El sistema ofensivo napoleónico se basaba en la reiteración de ataques de batallones en masa, con ingentes cantidades de bajas. Estas grandes pérdidas forzaban, para no perder potencial de combate, emplear más tropas con cada vez menos tiempo de instrucción. El continuo flujo de bajas por combates, o por las penalidades de las campañas, produjo un progresivo deterioro de la calidad de los cuadros de mando y de la tropa, perdiendo la ventaja estratégica que le proporcionó la movilización de todos los ciudadanos, con lo que se consiguió grandes masas de maniobra, que acabó derrochando.
  • No comprendió el valor estratégico y táctico de la guerra de guerrillas. Exigió fuertes represalias para contrarrestar la lucha guerrillera, lo que resultó contraproducente porque sólo sirvieron para exasperar más a la población.
  • Su ejército diseñado por el Directorio de la Revolución Francesa, no sufrió prácticamente evolución alguna, bajo su mando, sino todo lo contrario, pues a veces tuvo cierta tendencia retrógrada, en su organización, armamentos y procedimientos tácticos. Es decir, le falta capacidad de ejecución, porque no supo forjar la herramienta (un ejército) apropiada para sus propósitos. Siguió abusando del empleo de columnas profundas y enormes, para buscar el choque, que eran frenadas y sufrían un duro castigo, ante una delgada línea de infantería británica, con nuevos fusiles de fuego rápido y bien dirigido (Talavera y Waterloo). Su fusil de dotación tampoco tuvo mejoras sensibles. Sus cañones siguieron siendo bimástiles y poco maniobreros, frente a los nuevos cañones monomástiles ingleses, más ligeros y ágiles, etc.
  • Su sistema de mando era eminentemente personalista, que fue eficaz mientras mandó ejércitos reducidos, y se demostró poco flexible e ineficaz con fuerzas de grandes dimensiones y frentes distanciados. Creo una escuela de mariscales y generales valerosos tácticamente, pero sin iniciativa para maniobrar con iniciativa y visión estratégica en teatros de operaciones alejados.

Conclusiones.

Sorprende la pervivencia de este mito militar que asoló Europa, y arruinó Francia, solo a causa de una desmedida ambición personal.

Salvador Fontenla Ballesta. General de Brigada (R)

Blog: generaldavila.com

24 mayo 2018

 

La victoria de Krasny Bor: 10 de febrero de 1943. Salvador Fontenla Ballesta. General de Brigada de Infantería (R).

Las primeras horas del día 10 de febrero de 1943 transcurrían lentamente. La obscuridad era total en un ambiente gélido. Las tropas españolas establecidas en defensiva, delante de la pequeña aldea de Krasny Bor, entre la carretera y el ferrocarril que unían la ciudad de Leningrado con Moscú. Estaban ante el inminente desencadenamiento de una lucha titánica de David contra Goliat: la batalla de Krasny Bor.

VICTORIA DE KRASNY BOR

La batalla iba a ser muy desigual, entre el ejército más poderoso y correoso del mundo de entonces, y un regimiento de infantería español, débilmente atrincherado, sin obstáculos naturales o artificiales a vanguardia, sin reservas y sin apoyos próximos. Además de todo lo anterior, y por si fuera poco:

  • La ofensiva soviética cogió de sorpresa a los altos mandos alemanes y españoles. Esperaban una ofensiva soviética de “gran estilo”, pero no de las proporciones que se produjo, ni acertaron en la dirección principal de ataque, esperada por la carretera y se produjo por la línea férrea. Una importante masa de carros de combate enemigo consiguió ocupar bases de partida, a pocos metros de las líneas españoles, sin que fueran detectados hasta que sus motores empezaron a rugir, apenas una hora antes del inicio de la batalla.
  • La posición defensiva española, heredada de los alemanes, era muy lineal, sin profundidad alguna, y con las unidades disminuidas porque no se paralizó oportunamente una expedición de repatriación, otra evidencia de que el mando de la División española fue sorprendido, al considerar que no eran necesarios para detener la ofensiva enemiga.

La batalla comenzó sobre las seis de la mañana, con una preparación de fuegos brutal y no conocida hasta la fecha. La acción de los cañones de artillería, los lanzacohetes (órganos de Stalin) y de la aviación fue demoledora: desarticuló la red de transmisiones de mando y de apoyos de fuego y prácticamente, en pocos minutos, silenció a la artillería propia y machacó las trincheras con numerosísimas bajas.

La preparación artillera dio paso al asalto de una imponente masa de infantería rusa, que oleada tras oleada se lanzaron impasibles contra el dique impasible de las posiciones españolas. El alto mando del Ejército Rojo estimó que después de la imponente preparación por el fuego, la defensa quedaría aplastada y no podría oponer resistencia organizada a la progresión de sus infantes, acompañados por los formidables tanques T-34 y KV1.

La previsión de los mandos rojos no fue acertada. La terrible preparación disminuyó, por bajas, la capacidad de defensa de los españoles, pero no fue capaz de aplastarla totalmente y, sobre todo, fue totalmente incapaz de doblegar su espíritu de lucha, su voluntad de vencer.

Las armas automáticas colectivas que sobrevivieron al fuego de preparación, rápidamente ocuparon sus puestos de combate, y se aferraron a la nieve, teñida de rojo con sangre española y de negro por la pólvora. Su fuego de flanco, cruzado y rasante segó y cortó, en seco, el avance de las oleadas de infantes soviéticos. Aunque los proyectiles de las armas contracarro españolas, de escaso calibre, solo producían rasguños en las corazas de los poderosos tanques enemigos.

Los rusos consiguieron, en la mayoría de las ocasiones, forzar las posiciones españolas solo cuando estas consumieron todas sus municiones. Pero, otras posiciones aisladas continuaron numantinamente con la defensa, y los desesperados contraataques locales fueron continuos. Así las fuerzas atacantes fueros rechazadas, frenadas, desgastadas, desorganizadas, desviadas de sus direcciones de ataque, etc. El ataque enemigo fue perdiendo impulso y no conseguía perforar la posición defensiva española, ni entrar en explotación del éxito, como era su finalidad última.

La 9ª  batería, asentada muy próxima de la primera línea resistió hasta que fue reforzada por una pequeña unidad alemana. Recibió la orden de replegarse del mando alemán, pero se negó a ello hasta que no la recibiese de un mando español, y así lo hizo el día 13 de febrero. Gesta que recuerda la de El Callao (1826) y la de Baler (1898).

Al ocaso, sobre las 15 horas, el ataque soviético estaba agotado y definitivamente detenido ante la tercera e improvisada línea defensiva de los españoles, justo delante de la linde norte del bosque de Sablino, que era el borde posterior de resistencia del subsector español. El ataque había perdido toda capacidad ofensiva, sin llegar a ninguna parte, su fracaso era evidente y rotundo. Un regimiento, el 262, había conseguido doblegar la voluntad de varias divisiones selectas soviéticas, con abrumadora superioridad numérica, de apoyos de fuego y de combate. David había vuelto a vencer a Goliat.

El balance de bajas era muy netamente favorable a los españoles, y además las unidades que habían penetrado en la zona española, quedaron semiembolsadas en un terreno desfavorable, que desde ese momento sufrieron un duro y continuo quebranto, batidas por el fuego desde el fondo de la bolsa y desde los flancos.

Mil españoles quedaron tendidos para siempre sobre la nieve. Ese fue el precio de la victoria. Mil hombres que No quisieron servir a otra Bandera sino la de España, que no quisieron andar otro camino sino el de la gloria, y no supieron morir de otra manera, porque la muerte es parte inherente al estilo de vida militar que escogieron.

Las grandes batallas victoriosas han merecido ser recordadas y han designado tradicionalmente con su nombre a unidades de maniobra españolas. Así hemos tenido los nombres de Numancia, Las Navas, San Quintín, Pavía, Otumba, Arapiles, Wad Ras, Alcázar de Toledo, Brunete. Es seguro que la victoria defensiva de Krasny Bor merece una mención destacada en nuestra historia militar, quizás haya sido la batalla más conmemorada en nuestra historia militar, pues se sigue conmemorando y homenajeando todavía a lo largo de toda la geografía nacional, porque fue una hazaña digna de recuerdo por las condiciones adversas en que se desarrolló y el derroche de energía y heroísmo derrochado, como lo demostró el ínfimo número de prisioneros, la mayoría heridos, realizados por el Ejército Rojo. No sugerimos con esto que ahora el nombre de esta batalla designe merecidamente a ninguna unidad, porque somos conscientes, lo que cuesta mantener los nombres tradicionales con la gran desamortización que ha sufrido el Ejército español.

Salvador Fontenla Ballesta. General de Brigada de Infantería (R.)

Blog: generaldavila.com

10 febrero 2018

 

LA GUERRA DE MARRUECOS (1907-1927) (Historia completa de una guerra olvidada) Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

La Guerra de Marruecos (1907-1927)

En las Academias militares se enseña poca historia. Mal hecho. No se hace la guerra solo sabiendo tácticas y técnicas académicas. Sin saber historia no se pueden tomar decisiones acertadas y brillantes. Si analizamos las principales batallas militares podremos comprobar cómo las decisiones de los vencedores han salido siempre de jefes amantes y conocedores de la historia. Es la gran maestra de la estrategia, pero también de la táctica y de la política.

Nuestra enseñanza en general huye del arte cuando la vida es puro arte. La guerra y la política también. El arte es la elegancia a la hora de actuar, la sencillez y la eficacia. Cuando la historia se convierte en una asignatura que sirve para manipular las conciencias, para mentir y contar las cosas como no fueron, para adoctrinar, nos encontramos con la derrota de un pueblo manipulado y engañado. El conocimiento no consiste en acumular datos sino en saber descubrir la verdad entre tanta información basura que nos rodea.

Por eso cuando alguien narra la historia y lo hace con rigurosidad y eficacia hay que pregonarlo. Eso pretendo hoy con el libro de Salvador Fontenla Ballesta que acaba de publicar la editorial La esfera de los libros cuyo título es La guerra de Marruecos (1907-1927) Historia completa de una guerra olvidada.

Salvador Fontenla Ballesta es general de Brigada, diplomado de Estado Mayor, legionario, paracaidista, y tenemos la suerte de que además es colaborador de este blog. Es Doctor en Historia por la Universidad Complutense de Madrid. Si me lo permiten, entre nosotros, les diré que es un sabio, un conocedor de la milicia en su concepto de arte, que es lo que es. Pienso que la milicia no ha sabido aprovechar del todo sus conocimientos para transmitírselo a los jóvenes que se forman en las Academias Militares. Hace años que conozco a Salvador y soy un ferviente seguidor de lo que escribe, aunque sean apuntes de tertulia. Siempre hay sabiduría en él. De Marruecos pocos saben lo que él. Por afición, pasión y estudio de aquel pueblo desde sus ancestros. Conoce al detalle el alma y las tradiciones de los hombres de una tierra muchas veces impenetrable, incluso para los que allí han vivido años. 

Marruecos siempre ha estado cerca de España y España ha mirado desde hace muchos años al Sur. Hablar de la Guerra de Marruecos es algo difuso, olvidado a veces, otras controvertido.

No es fácil entender, asumir, y resumir la larga aventura de la acción española en el Norte de África. Fechas, nombres, tratados y conferencias, se mezclan dificultando el hilo conductor de una narración que se haga entendible para el profano en la materia. Si a eso añadimos la complejidad de la mezcla política y militar de la mayoría de las situaciones la historia queda casi relegada a los estudiosos y expertos. Ahora, gracias al general Fontenla, se abre al completo la puerta de aquella historia y la lectura se hace fácil y comprensible. Una narración amena y rigurosa que da paso al conocimiento.

Es de agradecer porque la historia de la Guerra de Marruecos desde 1907 a 1927, una guerra olvidada, tiene mucho que ver con la historia de España del siglo XXI llegando sus consecuencias yo diría que hasta nuestros días.

Riguroso y entretenido libro el del general Fontenla. Imprescindible.

El desembarco de Casablanca y El Raisuni, la campaña de Melilla, el Kert, el derrumbamiento de la Comandancia General de Melilla, el Desembarco de Alhucemas y la derrota de Abd el- Krim… van siguiendo un hilo conductor comprensible con el que al finalizar su lectura puede uno exclamar: ¡Por fin!, por fin me he enterado. El final del libro es un análisis de conclusiones verdaderamente valioso y actual donde al autor no se le escapa ni un solo detalle llegando a una comparación de enorme interés entre la intervención de España en Marruecos y la reciente de Afganistán.

El desembarco de Alhucemas

Gracias mi general y este será para mí un libro de permanente estudio y lectura.

Español lee y divulga… Es tu historia, la de España.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

26 julio 2017