NAPOLEÓN Y SU MITO. Salvador Fontenla Ballesta. General de Brigada (R)

Napoleón y su mito

Napoleón es considerado historiográficamente como uno de los grandes genios militares de la historia. Ha sido mitificado por sus numerosos partidarios, como el más insigne representante de la grandeza de Francia, y astutamente aceptado por la historiografía sajona, porque así ensalzan más a sus supuestos vencedores, fundamentalmente representado por Wellington, en la batalla de Waterloo.

Si estudiamos de forma más sistemática el mito de Napoleón, veremos que no resiste un somero análisis crítico, y por tanto la admiración que todavía despierta, entre tantos hacedores de otras  leyendas negras. Napoleón reunió en su persona la conducción de la guerra y de las operaciones militares. Mandó en todos los niveles, político, estratégico, operacional y táctico.

Napoleón general táctico.

Napoleón debió su meteórico ascenso a su actuación como general de la Revolución Francesa, en los campos de batalla de Italia, en las que demostró ser un excelente táctico, porque estuvo especialmente capacitado para:

  • Atraerse al enemigo al lugar y momento adecuados para batirlos, mediante hábiles fintas de diversión. No trató de adivinar las intenciones de sus enemigos, sino que estos actuaran de acuerdo con sus intenciones.
  • El acertado empleo de las reservas, con fuerzas de las tres armas, que eran las que ejecutaban la acción resolutiva, cuando el enemigo había empeñado y desgastado las suyas. Anteriormente las reservas se empleaban en acciones de refuerzo, reiteración de ataques y protección de retiradas, en su caso.
  • Ejecutar acertadas maniobras de concentración de esfuerzos, en el momento oportuno.

Sin embargo, en sus campañas italianas, empleo dos principios, que a la larga le resultaron fatales, hacer vivir a sus tropas sobre el terreno y buscar siempre la batalla decisiva.

El primero que empleo con éxito en el frente secundario de Italia, fue el que le encumbró militar y políticamente, porque no solo sus campañas no fueron costosas financieramente (que la guerra alimente a la guerra) sino que consiguió un suculento botín. Este apoyo logístico sobre el terreno (indiscriminado y abusivo) provocó la animadversión de las naciones ocupadas, y alentó el levantamiento nacional y la guerra de guerrillas en España.

El segundo principio favoreció que consiguiera victorias campales espectaculares, pero a costa de una continua sangría de hombres. Despreció el principio de economía de medios, y terminó por desgastar irremisiblemente a su antaño poderos ejército. Sus victorias tácticas se pueden considerar pírricas, que aunque la fama se la llevó Pirro, más apropiado sería llamarlas napoleónicas.

Napoleón como estratega.

También cometió una serie de errores estratégicos, que vuelven a cuestionar su fama de genio de la guerra, y que finalmente le costaron la derrota, el poder y la ruina de Francia:

  • Mantuvo la guerra en dos frentes terrestres distanciados y activos, en España y en Rusia. Lejos de la táctica seguida en sus campañas de Italia, de contención en un frente para batir otro, teniendo superioridad de medios en este, y a continuación revolverse para batir el primero.
  • Estuvo obsesionado por la victoria decisiva, para destruir el centro de gravedad enemigo. No supo ver, a tiempo, que en España ese centro de gravedad no estaba en sus degenerados reyes (Carlos IV y Fernando VII) ni en una batalla campal, sino en la voluntad de lucha (de vencer) de la nación. Tampoco aceró en Rusia, que supuso que su centro de gravedad estaba en Moscú, por ser la supuesta capital, sino en San Petersburgo, en todo caso, donde estaba el Zar y su corte (el centro del poder político); y además se dejó engañar para que le cogiera el “general invierno” en las entrañas rusas.
  • No tuvo en cuenta las características del teatro de operaciones de Europa del Este, con vastas distancias despobladas, donde resultaba muy difícil vivir sobre el terreno (agravado por la táctica de tierra quemada), los costosos desplazamientos de fuerzas y el alargamiento excesivo de las rutas de abastecimiento, tan diferentes de las ricas campiñas del centro de Europa.
  • El sistema ofensivo napoleónico se basaba en la reiteración de ataques de batallones en masa, con ingentes cantidades de bajas. Estas grandes pérdidas forzaban, para no perder potencial de combate, emplear más tropas con cada vez menos tiempo de instrucción. El continuo flujo de bajas por combates, o por las penalidades de las campañas, produjo un progresivo deterioro de la calidad de los cuadros de mando y de la tropa, perdiendo la ventaja estratégica que le proporcionó la movilización de todos los ciudadanos, con lo que se consiguió grandes masas de maniobra, que acabó derrochando.
  • No comprendió el valor estratégico y táctico de la guerra de guerrillas. Exigió fuertes represalias para contrarrestar la lucha guerrillera, lo que resultó contraproducente porque sólo sirvieron para exasperar más a la población.
  • Su ejército diseñado por el Directorio de la Revolución Francesa, no sufrió prácticamente evolución alguna, bajo su mando, sino todo lo contrario, pues a veces tuvo cierta tendencia retrógrada, en su organización, armamentos y procedimientos tácticos. Es decir, le falta capacidad de ejecución, porque no supo forjar la herramienta (un ejército) apropiada para sus propósitos. Siguió abusando del empleo de columnas profundas y enormes, para buscar el choque, que eran frenadas y sufrían un duro castigo, ante una delgada línea de infantería británica, con nuevos fusiles de fuego rápido y bien dirigido (Talavera y Waterloo). Su fusil de dotación tampoco tuvo mejoras sensibles. Sus cañones siguieron siendo bimástiles y poco maniobreros, frente a los nuevos cañones monomástiles ingleses, más ligeros y ágiles, etc.
  • Su sistema de mando era eminentemente personalista, que fue eficaz mientras mandó ejércitos reducidos, y se demostró poco flexible e ineficaz con fuerzas de grandes dimensiones y frentes distanciados. Creo una escuela de mariscales y generales valerosos tácticamente, pero sin iniciativa para maniobrar con iniciativa y visión estratégica en teatros de operaciones alejados.

Conclusiones.

Sorprende la pervivencia de este mito militar que asoló Europa, y arruinó Francia, solo a causa de una desmedida ambición personal.

Salvador Fontenla Ballesta. General de Brigada (R)

Blog: generaldavila.com

24 mayo 2018