NAPOLEÓN EN ESPAÑA General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Bicentenario de la muerte del Emperador que quiso ser, cuando descubrió que su mayor enemigo fue precisamente querer ser. Suele ocurrirle a los que todo lo poseen, sin darse cuenta de que «todo tú» eres gracias a otros; son los mismos que te lo quitan.

«Mire usted, una cosa son los soldados y otra cosa son los hombres. Napoleón fue un genio para los soldados. Pero ignoró a los hombres. Ni los conoció ni le interesaron. Ese fue su gran error». Así se expresaba el general Degaulle en su vista a España en agosto de 1981. Venía a recorrer los escenarios de su derrota, yo creo que a conocer a los que le derrotaron y su geografía, la de montes junto al mar, de calores junto a las nieves, de riachuelos e infranqueables ríos, de verbenas, bodas y funerales. España impenetrable para un francés. Él conocía de sobra al corso y a Napoleón, dos cosas convertidas, transformadas en amalgama europeo.

Napoleón era un genio para los soldados que conformaban la pieza clave de sus intereses y aún nadie me ha explicado si enarbolaban la bandera de Francia o la napoleónica que el corso exhibía frente a sus compatriotas de la pequeña isla que no le consideró lo suficientemente grande.

La Revolución francesa acabó por ser la mayor mezcla de libertad y autoridad conocida hasta entonces en el mundo. Autoridad y libertad empezaron a llevarse bien y exhibirse juntas; por la fuerza. Ambas se necesitaron en su contradicción. A lo largo de la historia no he conocido a nadie que predique la libertad sin el símbolo de autoridad que la sustente.

Entre el desprecio autoritario y el respeto libertario se mueve la figura napoleónica. Nadie le retirará de la historia en la que escribió su protagonismo. Su hombre-nombre como un mito lo destruyó.

‹‹Yo soy la causa de mi caída›› ‹‹Yo he sido mi principal enemigo, artesano de mis desdichas››.

Napoleón. Historia y comportamiento humano nos interesa más allá del juicio.

Ostentaba el grado de teniente cuando desde Córcega escribe a las autoridades francesas. Pide los atrasos de su paga mientras piensa en abandonar el servicio a Francia: «A la nación de ustedes». Las autoridades francesas le borran del escalafón. O mío o de ustedes.

Nunca sabremos si su intimidad con Francia era solo con sus tropas. Su inteligencia le llevó a moldear una nación que para él quería entera, con la libertad y la autoridad en combinación, siempre, sin un ápice de permisividad fuera de sus leyes.

«He visto con pena soldados amenazados por hombres civiles. Si el rey se hubiese mostrado a caballo…». Para él la sociedad son soldados; y una noble figura que los atrae: la suya.

Napoleón dijo que el arte del general no es la estrategia, sino saber cómo moldear la naturaleza humana.

Su intervención en España lo desmiente; nunca lo logró; la Guerra de la Independencia fue poco gloriosa para los franceses-soldados.

Decía Chateaubriand en Memorias de Ultratumba que Napoleón es el único responsable de la transformación de la guerra: «Napoleón ha matado la guerra al exagerarla».

En España se encontró con una guerra que él desconocía y de la que no quería hablar ni tener en cuenta.

Solo le interesó la suya a base de hombres, miles de hombres unos tras otros, los que hiciesen falta, sacrificios estériles cuando abrió frentes muy distantes y en lugares en los que la geografía y los espacios minimizaban a los de fuera y engrandecían a los locales.

Hoy, de Napoleón, nos queda, como de la batalla de Valmy, solo el misterio, «un cruce de cañones y un ruidoso coro de gritos». La victoria de la República francesa ¿A costa de?

Napoleón es Francia y es la Grande Armée. Envía a España 200.000 hombres y toma personalmente el mando: Il faut que j’y sois.

Pretendía inundar de caballería las llanuras de Castilla; 50.000 caballos, tomar Zaragoza y derrotar a Blacke.

Los franceses profanaron las iglesias y tumbas de la Cartuja de Miraflores y de las Huelgas en Burgos. Desde allí Napoleón emprende el camino hacia Madrid. Se había constituido una Junta de Defensa y el pueblo se dispuso a la resistencia tras las tapias del Retiro, pero no fue más allá ante las amenazas del francés. Acuden a parlamentar Tomás de Morla y Bernardo de Iriarte. Madrid capituló el 2 de diciembre de 1808.

Napoleón se entera de la entrada por Ciudad Rodrigo del general inglés Moore. Se retira a París mientras envía a Lefebvre y a Soult en su persecución.

Dejaba aquí un ejército de 200.000 hombres y sus mejores generales con las líneas maestras del plan que deberían desarrollar, como expulsar a los ingleses de Portugal, lo que le encargó al general Massena.

Arapiles, Arthur Wellesley, con 60.000 hombres dio la batalla en aquellas dos alturas gemelas, la mayor y menor. Ocupado el Arapil grande Wellesley se lanza contra los franceses. Ataque inesperado y casi obligado al haberle cerrado la retirada a Ciudad Rodrigo. Si el general Marmont hubiese facilitado la retirada a Wellington podría haber recibido apoyo de José Bonaparte y evitado el desastre.

Al Duque se le distinguió con el Toisón de Oro y fue nombrado generalísimo de los ejércitos aliados. Era el 22 de septiembre de 1812. No fue el Duque único vencedor en España, sino españoles con su ayuda que siguieron hostigando a los franceses hasta que estos optaron por la retirada.

José Bonaparte lo hizo a Vitoria donde esperaba los refuerzos que desde Pamplona creía recibir y que nunca llegaron. De la batalla salió derrotado, y no menos avergonzado.

La batalla de Vitoria pone fin a la presencia francesa en España. El 31 de marzo de 1814 entraron los ejércitos aliados del norte en París y Napoleón abdicó. El ejército anglo-español tomaba la ciudad francesa de Tolosa y los dos mariscales de Napoleón, Soult y Suchet, pactaban con el duque de Wellington la suspensión de hostilidades.

Dos formas distintas de concebir la guerra en España. Los franceses atacaban con cargas a la bayoneta, en columnas profundas y a ello se le opuso el fuego de fusilería y la metralla a corta distancia de tropas desplegadas en dobles líneas establecidas en fuertes posiciones defensivas elegidas en el adecuado terreno. El acoso constante de las partidas de guerrilleros le ocasionaba el vencimiento sin saber cuándo ni de donde le vendrían los ataques. Si se ensalza la figura de Wellington quizá haya que recordar que tuvo siempre cerca una partida de bravos guerrilleros españoles cubriendo su campaña. Sin ellos nunca habría vencido en España.

Napoleón no pudo con España: «España, y el Ejército inglés en la Península, son los factores que me perdieron».

No sin olvidar lo que puede ser un aviso para cualquiera que se atreva: «España es un país donde los pequeños ejércitos son derrotados y los grandes se mueren de hambre».

Puede que Napoleón, así lo creo yo, fuese un gran capitán, de los mejores, pero recaló en España con los mejores generales sin caer en la cuenta que esta tierra no es de generales, sino de capitanes y, aunque él fuese bueno, aquí, en España están los mejores del mundo.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

10 mayo 2021

 

 

 

 

 

NAPOLEÓN Y SU MITO. Salvador Fontenla Ballesta. General de Brigada (R)

Napoleón y su mito

Napoleón es considerado historiográficamente como uno de los grandes genios militares de la historia. Ha sido mitificado por sus numerosos partidarios, como el más insigne representante de la grandeza de Francia, y astutamente aceptado por la historiografía sajona, porque así ensalzan más a sus supuestos vencedores, fundamentalmente representado por Wellington, en la batalla de Waterloo.

Si estudiamos de forma más sistemática el mito de Napoleón, veremos que no resiste un somero análisis crítico, y por tanto la admiración que todavía despierta, entre tantos hacedores de otras  leyendas negras. Napoleón reunió en su persona la conducción de la guerra y de las operaciones militares. Mandó en todos los niveles, político, estratégico, operacional y táctico.

Napoleón general táctico.

Napoleón debió su meteórico ascenso a su actuación como general de la Revolución Francesa, en los campos de batalla de Italia, en las que demostró ser un excelente táctico, porque estuvo especialmente capacitado para:

  • Atraerse al enemigo al lugar y momento adecuados para batirlos, mediante hábiles fintas de diversión. No trató de adivinar las intenciones de sus enemigos, sino que estos actuaran de acuerdo con sus intenciones.
  • El acertado empleo de las reservas, con fuerzas de las tres armas, que eran las que ejecutaban la acción resolutiva, cuando el enemigo había empeñado y desgastado las suyas. Anteriormente las reservas se empleaban en acciones de refuerzo, reiteración de ataques y protección de retiradas, en su caso.
  • Ejecutar acertadas maniobras de concentración de esfuerzos, en el momento oportuno.

Sin embargo, en sus campañas italianas, empleo dos principios, que a la larga le resultaron fatales, hacer vivir a sus tropas sobre el terreno y buscar siempre la batalla decisiva.

El primero que empleo con éxito en el frente secundario de Italia, fue el que le encumbró militar y políticamente, porque no solo sus campañas no fueron costosas financieramente (que la guerra alimente a la guerra) sino que consiguió un suculento botín. Este apoyo logístico sobre el terreno (indiscriminado y abusivo) provocó la animadversión de las naciones ocupadas, y alentó el levantamiento nacional y la guerra de guerrillas en España.

El segundo principio favoreció que consiguiera victorias campales espectaculares, pero a costa de una continua sangría de hombres. Despreció el principio de economía de medios, y terminó por desgastar irremisiblemente a su antaño poderos ejército. Sus victorias tácticas se pueden considerar pírricas, que aunque la fama se la llevó Pirro, más apropiado sería llamarlas napoleónicas.

Napoleón como estratega.

También cometió una serie de errores estratégicos, que vuelven a cuestionar su fama de genio de la guerra, y que finalmente le costaron la derrota, el poder y la ruina de Francia:

  • Mantuvo la guerra en dos frentes terrestres distanciados y activos, en España y en Rusia. Lejos de la táctica seguida en sus campañas de Italia, de contención en un frente para batir otro, teniendo superioridad de medios en este, y a continuación revolverse para batir el primero.
  • Estuvo obsesionado por la victoria decisiva, para destruir el centro de gravedad enemigo. No supo ver, a tiempo, que en España ese centro de gravedad no estaba en sus degenerados reyes (Carlos IV y Fernando VII) ni en una batalla campal, sino en la voluntad de lucha (de vencer) de la nación. Tampoco aceró en Rusia, que supuso que su centro de gravedad estaba en Moscú, por ser la supuesta capital, sino en San Petersburgo, en todo caso, donde estaba el Zar y su corte (el centro del poder político); y además se dejó engañar para que le cogiera el “general invierno” en las entrañas rusas.
  • No tuvo en cuenta las características del teatro de operaciones de Europa del Este, con vastas distancias despobladas, donde resultaba muy difícil vivir sobre el terreno (agravado por la táctica de tierra quemada), los costosos desplazamientos de fuerzas y el alargamiento excesivo de las rutas de abastecimiento, tan diferentes de las ricas campiñas del centro de Europa.
  • El sistema ofensivo napoleónico se basaba en la reiteración de ataques de batallones en masa, con ingentes cantidades de bajas. Estas grandes pérdidas forzaban, para no perder potencial de combate, emplear más tropas con cada vez menos tiempo de instrucción. El continuo flujo de bajas por combates, o por las penalidades de las campañas, produjo un progresivo deterioro de la calidad de los cuadros de mando y de la tropa, perdiendo la ventaja estratégica que le proporcionó la movilización de todos los ciudadanos, con lo que se consiguió grandes masas de maniobra, que acabó derrochando.
  • No comprendió el valor estratégico y táctico de la guerra de guerrillas. Exigió fuertes represalias para contrarrestar la lucha guerrillera, lo que resultó contraproducente porque sólo sirvieron para exasperar más a la población.
  • Su ejército diseñado por el Directorio de la Revolución Francesa, no sufrió prácticamente evolución alguna, bajo su mando, sino todo lo contrario, pues a veces tuvo cierta tendencia retrógrada, en su organización, armamentos y procedimientos tácticos. Es decir, le falta capacidad de ejecución, porque no supo forjar la herramienta (un ejército) apropiada para sus propósitos. Siguió abusando del empleo de columnas profundas y enormes, para buscar el choque, que eran frenadas y sufrían un duro castigo, ante una delgada línea de infantería británica, con nuevos fusiles de fuego rápido y bien dirigido (Talavera y Waterloo). Su fusil de dotación tampoco tuvo mejoras sensibles. Sus cañones siguieron siendo bimástiles y poco maniobreros, frente a los nuevos cañones monomástiles ingleses, más ligeros y ágiles, etc.
  • Su sistema de mando era eminentemente personalista, que fue eficaz mientras mandó ejércitos reducidos, y se demostró poco flexible e ineficaz con fuerzas de grandes dimensiones y frentes distanciados. Creo una escuela de mariscales y generales valerosos tácticamente, pero sin iniciativa para maniobrar con iniciativa y visión estratégica en teatros de operaciones alejados.

Conclusiones.

Sorprende la pervivencia de este mito militar que asoló Europa, y arruinó Francia, solo a causa de una desmedida ambición personal.

Salvador Fontenla Ballesta. General de Brigada (R)

Blog: generaldavila.com

24 mayo 2018

 

MACRON, FRANCIA Y ALGO MÁS Juan Chicharro Ortega. General de División de IM (R.)

Macrom: Una nueva Europa más fuerte

El reciente anuncio del Presidente Macron de restablecer el servicio militar obligatorio en Francia, si bien tan sólo de un mes de duración y con el nombre más amplio de servicio nacional universal, ha levantado no sólo sorpresa sino  ciertamente interés por estos lares; de hecho en este mismo BLOG son dos los artículos referidos a este asunto ya.

Para entender las razones de esta decisión parece oportuno profundizar en la figura de esta persona y cuál es su visión de Francia en el mundo globalizado de hoy.

Macron, convencido europeísta, tiene bien claro que el pueblo francés demanda un Estado fuerte liderado por un poder central y que Francia funciona mucho mejor cuando su Gobierno se dedica a la gobernanza de la nación en lugar de dedicarse a servir como vehículo de rivalidades ideológicas y personales. Sentimiento  nada novedoso en Francia desde los tiempos de la revolución francesa y  constante a lo largo de los últimos doscientos años. Recordemos cuando De Gaulle tras la crisis de la cuarta República instauró una Constitución mediante la cual se otorgaba al Presidente poder suficiente para dominar el desastre rupturista del antiguo sistema de partidos.

Sólo De Gaulle y probablemente Mitterrand ejercieron el poder con toda su amplitud a pesar del gran poder otorgado por la Constitución y ahora aparece Macron con la aparente ambición de ser algo más que un simple Presidente. Se intuye su ambición de considerarse destinado a perfilar como debe ser Francia en el siglo XXI. Una Francia profundamente ligada a la idea de Europa donde el liderato sea compartido con Alemania y en la que la Unión Europea tenga un rol económico crucial en un mundo multipolar.

Una Francia fuerte y unidad

Macron pretende para ello conseguir esta ambición desde la perspectiva de una Francia fuerte y unida describiendo él mismo esta estrategia como un centrismo radical con un sentido acentuado del espíritu nacional.

Desde una perspectiva económica todo apunta a que los números están a su favor y así vemos como desciende el desempleo, crece el PIB, el consumo UE. Tal parece que el denostado jacobinismo, así denominado por estos lares, en Francia tiene efectos positivos.

Francia y Alemania

La cooperación y actuación conjunta de Francia con Alemania marcan el devenir de la UE y esto sólo es posible con una Francia fuerte en todos los aspectos, algo además esperado y compartido por Angela Merkel.

Para Macron la integración europea sirve a los intereses de Francia y de ahí su profundo europeísmo y tiene clara su ambición de conseguir una UE competidora de China y los EEUU.

Macron es decididamente atlantista y fielmente comprometido por lo tanto con la OTAN más ve a Francia como mediadora entre los EEUU y los demás aliados algo sólo posible desde una Francia potente en todos los aspectos, sobre todo el militar. Pragmático y conocedor de la historia y la geopolítica se le ve deseoso de comprender la posición de Putin respecto a Ucrania, una posición en parte contraria a la de los EEUU, como es sabido.

Europeísta, y atlantista, Macron pretende colocar a Francia como eslabón fundamental de una Europa fuerte en donde conjuntamente con Alemania sea  base de la misma, algo sólo alcanzable desde una posición nacional poderosa.

El restablecimiento del servicio militar obligatorio, siquiera sea en la forma tímida apuntada, no tiene otro objetivo distinto a la de la vertebración de Francia en su espíritu nacional y para ello considera necesario imbuir en la juventud ese sentimiento nacional de la Francia unida tal como lo fue en el pasado.

Y mientras esto sucede en nuestro vecino del norte, España camina por derroteros bien diferentes enfrascada en luchas tribales y taifales debilitadoras de la fuerza de la unión de la nación. La posibilidad de la presencia de España en esa Europa futura formada en su núcleo por Francia y Alemania se difumina cada vez más por  la incompetencia y ambiciones particulares de una inmensa cantidad de políticos nacidos de la nada.

Servicio Militar obligatorio: vertebración de Francia en su espíritu nacional

El espectáculo circense observado estos días con un prófugo de la justicia deambulando como pez en el agua por Europa denota la incapacidad del Gobierno y de la oposición, atascados ambos en su corta política de miras respecto al futuro de España. Y para colmo de males vemos al prófugo Puigdemont desenvolverse con suma facilidad por los medios europeos merced a su soltura en el uso perfecto de inglés y el francés cuando vemos a nuestros últimos Presidentes incapaces de salir de sus aldeas sin intérprete.

Pues no, España no está por desgracia ahora en condiciones de emular a Macron, y a Francia, enzarzada como está en luchas de aldea muy al contrario de lo visto al norte de los Pirineos donde se busca la fuerza de la unión.

Juan Chicharro Ortega. General de División de Infantería de Marina (R.)  

Blog: generaldavila.com

25 enero 2018

 

 

La experiencia Andrés Manrique. Teniente (R.)

Creen los jóvenes que son los primeros y únicos en advertir un problema  y que son ellos los que tienen la solución. En realidad no se dan cuenta de que las cosas no son en blanco y negro sino que hay multitud de matices.

Piensa Juan Soldado que la juventud no es el único valor útil como solución a viejos problemas y que ella sin serenidad lo único que hace es agrandarlos.

En otras épocas se veneraba a la persona “de edad”. Era valorada su experiencia y los puestos de responsabilidad ciudadana recaían sobre ellos. En la Esparta griega gobernaban dos reyes junto con veintiocho mayores de sesenta años elegidos por aclamación, teniendo en cuenta su sensatez. En Roma sabemos que existió el Senado como órgano consultivo que aportaba asesoramiento por su experiencia y equilibraba el poder del César. A partir de la Revolución Francesa se instituyó el Consejo de Ancianos como órgano legislativo siendo sus miembros elegidos por determinados criterios como el de la edad. En las sociedades nómadas como la saharaui, la mauritana etc. existió un órgano de gobierno intertribal, el Ait Arbain o consejo de los cuarenta, compuesto por chiuj (pl. de chej) -uno por cada tribu-  que no eran elegidos por votación sino que eran personas de edad, con experiencia y conocimientos de la vida y leyes tradicionales, su autoridad se demostraba en el buen consejo, arbitraje y mediación en conflictos de familia. Persona de honor, generosidad y hospitalidad.

Todos eran personas cuya trayectoria moral a lo largo de los años era reconocida por sus entornos, no siendo necesario ningún tipo de votación sino que era un acuerdo tácito, un reconocimiento de su buen hacer, respetados por su sabiduría, experiencia y depositarios de conocimientos y tradiciones.

Los sistemas democráticos favorecen, o así debería de ser, la igualdad de oportunidades (algo a lo que no se niega Juan Soldado) y esto propicia que el más docto y preparado compita con el menos instruido (al menos así piensa él).  El joven y el viejo tienen las mismas oportunidades  a simple vista… pero no es así. Los medios de comunicación y la propaganda hacen que se ponga en valor la juventud y se ignore o menosprecie la veteranía y la experiencia. No hay que ir tan rápidos pues la velocidad no es buena para casi nada.

Juan Soldado, por veterano que es, sabe que si hay algo que te da la veteranía es aprender a callar cuando se debe, a saber que las ideas tienen claroscuros y a comprender mejor por qué ocurren  ciertas  cosas…

Piensa Juan Soldado que los jóvenes han de curtirse en el banquillo antes de ser titulares en el equipo y han de pasar por multitud de cribas que demuestren su valía y aptitudes y no sólo su arrojo y  voluntad. Sabe, y no se equivoca, que el joven actual tiene más preparación técnica que los de generaciones anteriores pero eso no es suficiente, según él, pues aprecia que le falta preparación humanística. Una sociedad que deja las riendas de su dirección  sólo a la juventud, se suicida.

A Juan Soldado no le gusta lo que está pasando y le alarma la idea de que puedan ser modificadas ciertas cuestiones por personas que no alcanzan los cuarenta.

La Experiencia

Juan Soldado acata y cumple, como la milicia.

Andrés Manrique.

Teniente (R.)

Pero como Juan Soldado
Quedan muchos todavía
Que se muestran preparados
Para obedecer lo ordenado
En defensa de las valías.

(Ramón Lencero Nieto.- Aventurero)

Blog: generaldavila.com