SIN NOVEDAD O CUANDO SE PIERDE EL HONOR General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Waterloo: Mejor no explicar este momento y simplemente cumplir cada uno con su deber

Sin novedad”. Tranquiliza escuchar la breve sentencia que resume una jornada en paz y sin desasosiegos, sin que nada haya roto la habitual evolución de los hechos.

Lo escucho ahora en el lenguaje cotidiano, a diario, convertido en introductorio saludo.

-¿Qué tal estás?

-Sin novedad, que con la que está cayendo no es poco.

Muchos se extrañan de aquel famoso “Sin novedad” que dio el general Moscardó cuando se liberó El Alcázar toledano a comienzos de la Guerra Civil. Con una ruina detrás, un paisaje de escombros y desolación, el general se dirigió a Franco y mientras saludaba marcialmente dijo:

Sin novedad en el Alcázar mi general”. Así era, no se equivocaba.

En la milicia solo hay un factor que cuente como novedad: la pérdida del honor. Cuando ocurre se calla, se agacha la cabeza y se da por perdido todo. La vergüenza asola alma y cuerpo. Mejor morir.

Perder el honor es la única novedad sobresaliente y definitiva. Es perderlo todo. Se puede perder un combate, una guerra, pueden suceder mil avatares, pero mientras el honor esté intacto el parte inicial será: Sin Novedad. Luego vendrá todo lo demás.

El honor es cualidad moral que lleva al cumplimiento de los propios deberes respecto del prójimo y de uno mismo.

Iba a dar comienzo la batalla de Waterloo. El general Uxbrideg, segundo de Wellington, fue a la tienda del general español Miguel Ricardo de Álava y Esquivel, persona de confianza de Wellington y miembro de su Estado Mayor, a preguntarle qué deberían hacer. Álava le acompañó a entrevistarse con el Duque que, después de mirar fíjamente y con complicidad al general español, puso la mano en el hombro de Uxbridge y le dijo: “Una cosa es segura, que suceda lo que suceda, usted y yo cumpliremos con nuestro deber”. Sonrió el vitoriano general español y se despidió de Wellington acompañando a Uxbridge hasta que se perdió su caballo entre las tropas. Todo estaba dicho. Las órdenes claras.

El general Álava

Se pierda o se gane, el honor se mide desde otros criterios más duros y exigentes.

La vida te sorprende con sus hábiles jugadas, casualidades o no, pero el caso es que volvemos a Waterloo, donde de nuevo se encuentra el enemigo, jefe y  Estado Mayor. Desde allí se ataca, se hacen los planes y dirige la ruptura de Cataluña con España.

No veo por ningún lado a Wellington ni al general Uxbrideg. Tampoco distingo entre los generales al vitoriano héroe español Miguel Ricardo de Álava y Esquivel.

Es una batalla que habrá que ganar. Al finalizar, por encima de todo, habrá que decir con la mirada bien alta: Sin Novedad.

Si no es así querrá decir que hemos perdido el honor. Lo habremos perdido todo y no habremos cumplido con nuestro deber. ¿Agacharemos la cabeza humillados por el deshonor?

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

12 septiembre 2018

LA BATALLA DE VITORIA. WELLINGTON, GIBRALTAR… THE SPANISH GIFT Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

La Batalla de Vitoria. Obra de Ferrer Dalmau

21 de junio 1813. Se cumplen hoy doscientos cinco años.

Napoleón había abandonado España para ocuparse de la desastrosa campaña en Rusia, lo que le obligó a retirar parte de sus tropas en la Península. El rey José se encontraba en una difícil situación y decide abandonar Madrid con una escolta apropiada al enorme botín que ocultaba entre su equipaje. Les recomiendo que lean El equipaje del rey José serie de los Episodios nacionales de Benito Pérez Galdós, donde se narran los acontecimientos con especial gracia y que así comienza:

<<El 17 de Marzo de 1813 salieron de palacio algunos coches, seguidos de numerosa escolta, y bajando por Caballerizas a la puerta de San Vicente, tomaron el camino de la puerta de Hierro.

-Su Majestad intrusa va al Pardo -dijo don Lino Paniagua en uno de los corrillos que se formaron al pasar los carruajes y la tropa.

-Todavía no es el tiempo de la bellota, señores -repuso otro, que se preciaba de no abrir la boca sin regalar al mundo alguna frutecilla picante y sabrosa del árbol de su ingenio>>.

El Duque de Wellington obra de Goya

José I establece su corte en Valladolid. Wellington que ha recibido todos los poderes de las Cortes de Cádiz como comandante en jefe de los ejércitos de España, se pone en marcha con un ejército que contando con los españoles y portugueses estaba cercano a los cien mil hombres. Los franceses además de mermados por la retirada de Napoleón, tenían muy diseminadas sus tropas. Por otro lado los guerrilleros españoles mantenían en permanente desasosiego a los franceses.

Wellington ve la oportunidad y no espera. Su plan consistía en llegar a los Pirineos y expulsar definitivamente a los invasores. Burgos, Salamanca, Zamora, el Ebro; contacta con Santander donde crea una nueva base de operaciones con facilidades de abastecimiento por la flota. Un avance relámpago que asombra y asusta a los franceses. Con él van veinte mil españoles más los famosos guerrilleros como Julián Sánchez:

Cuando don Julián Sánchez

monta a caballo,

se dicen los franceses:

ya viene el diablo.

La decisión francesa no se hace esperar y se retiran hasta Vitoria. Allí se detuvieron y allí se dio la batalla decisiva contra el francés en España. Una batalla impuesta en la que los franceses, faltos de fe y repletos de dudas y vacilaciones sus generales y el rey José no les quedaba otra solución que la retirada hacia Pamplona.  Una escandalosa retirada con el rey José en cabeza, una huida en la que se quedaba atascada y abandonada la artillería y la impedimenta entre la que se encontraba todo tipo de joyas y obras de arte fruto del robo. Dice Pérez Galdós que los franceses «No pudiendo dominar España, se la llevaban en cajas, dejando el mapa vacío».

No es cuestión de describir los detalles de la batalla que supuso la definitiva expulsión de los invasores franceses. Wellington la dirigió con brillantez y sabiduría.

Dos jóvenes a la mesa de Velázquez

Hoy, cuando se cumplen 205 años de aquella gesta recordamos a Wellington, el Duque de Hierro, Arturo Wesley, luego Sir Arthur Wellesley, Duque de Wellington. Y con él a sus generales como Graham, Hill, o los españoles, Álava, Morillo, los guerrilleros Longa con los alaveses a las órdenes de Sebastián Fernández de Leceta, dos Pelos y Prudencio Cortázar el Fraile.

Pero también y al margen de la batalla es conveniente recordar el tesoro artístico que se llevaron los ingleses y que aún allí permanece.

<<Los ingleses llegaron despiadados, horribles, hambrientos de matanzas y de botín… El botín era el más valioso, el más rico y el más grande sin duda, que en batalla alguna ha podido quedar a merced de vencedor furioso…>>.

El rey José huyó precipitadamente a uña de caballo dejando el coche con los tesoros que había robado a España.

Las Cortes españolas, <<a propuesta de don Agustín de Arguelles, concedieron a lord Wellington, para sí, sus herederos y sucesores, el sitio y posesión real conocido en la vega de Granada bajo el nombre de Soto de Roma, con inclusión del terreno llamado de las Chanchinas, dádiva generosa, de rendimientos pingües>>, que Lord Wellington aceptó.

Pero no quedaron ahí los generosos obsequios.

El Libertador de España como llamaron a Lord Wellington, una nominal hipérbole sin duda, fue obsequiado en numerosas ocasiones, dos de ellas con valiosos cuadros de la colección Real española. Según datos del Museo Nacional del Prado la primera vez fue el 15 de agosto de 1812, tras la victoria de ­Wellington en la batalla de Salamanca y su entrada triunfal en Madrid, cuando la regencia española agradeció sus servicios con doce pinturas del Palacio Real de La Granja de San Ildefonso.

La finca de Wellington en Granada

Fue en el equipaje del rey José donde apareció un inaudito botín. Siguiendo con los datos del Museo del Prado allí se encontraron documentos de estado, varias cartas de amor, un orinal de plata y más de doscientas pinturas sobre lienzo, desclavadas de sus bastidores y enrolladas, junto con dibujos y grabados. Fueron llevadas a Londres por orden de Wellington catalogándose por la National Gallery en una lista de ciento setenta y cinco sustraídas de la colección real española por el rey José que pretendía llevarse a Francia. Wellington con caballerosidad ordenó devolver sin dilación las pinturas al repuesto rey de España Fernando VII; no recibió de este respuesta alguna. En 1816 envió una carta al conde de Fernán Nuñez, representante español en Inglaterra, para ponerse de acuerdo en la devolución  de las pinturas. La contestación de la Corte al fin llegó: «Adjunto os transmito la respuesta oficial que he recibido de la Corte, y de la cual deduzco que Su Majestad, conmovido por vuestra delicadeza, no desea privaros de lo que ha llegado a vuestra posesión por cauces tan justos como honorables».

El “regalito” consistió en ochenta y tres pinturas de las cuales, según el Museo del Prado, <<se pueden rastrear el origen de cincuenta y siete gracias a los inventarios reales>>.

No son obras menores, sino valiosos tesoros españoles que pueden figurar entre las más destacadas obras de todos los tiempos.

La Última Cena, de Juan de Flandes, que perteneció a Isabel la Cató­lica; una Sagrada Familia, de Giulio Romano, antaño atribuida a Rafael; Orfeo ­hechizando a los animales, de Padovanino, y Oración en el huerto, de Correggio. Otras obras maestras son la minuciosa ­Judith y Holofernes, de Elsheimer, y el imponente Aguador de Sevilla, de Velázquez.

¿No lo sabían ustedes? Pues sepan que las mejores pinturas del Apsley House de Hyde Park Corner, que fue residencia del Duque de Wellington, fueron -creo que deberían seguir siéndolo- de la colección real española.

Dicen que Gibraltar fue fruto de un tratado y la colección de pinturas, la finca de Granada, más lo que desconocemos, fue un regalo. No cabe duda de que los ingleses siempre se salen con la suya.

No sé nada de Derecho Internacional. Sé lo que veo y leo; que hoy es de una manera, mañana de otra; siempre depende de la mayor o menor fuerza de uno de los negociadores, el que suele llevarse puesto el derecho y lo discutido. Igual que se negocia, aunque mal, el tema de Gibraltar, no creo que estaría demás negociar la devolución de esa parte del patrimonio español que debería regresar al Patrimonio Nacional.

Velázquez, El aguador de Sevilla

La finca de Granada también podría incluirse en las negociaciones. Por eso de dar más fuerza a los argumentos. ¿O es otro Gibraltar dentro de España?

La batalla de Vitoria no es motivo suficiente para que una gran colección de pintura propiedad de España permanezca  en Londres como regalo a un general que ganó una batalla. Nunca se debió regalar y menos aceptar el regalo. Ahora aguantamos el sarcasmo británico cuando hablan del The Spanish Gift.

Obras de Velázquez, Goya, Juan de Flandes, Tiziano, Ribera, Murillo, Claudio Coello, Giulio Romano, Guercino, Guido Reni, Van Dyck, Jan Steen, Jan Brueghel el Viejo…, forman parte del Spanish Gift.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

21 junio 2018

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

MOCIÓN DE CENSURA. PREOCUPACIÓN MILITAR General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Pedro Sánchez y la moción de censura

«Humanas actiones non ridere, non lugere, neque detestari, sed intelligere» («no reírse, no burlarse, ni detestar, sino entender las acciones humanas»).Ruego me disculpen por el latinismo. Me ha costado transmitirles el grado de perplejidad en el que me encuentro y ha sido en la filosofía spinoziana donde he encontrado la mejor forma de hacerlo. Entender, solo entender. Eso quisiera.

¿Recuerdan?: <<España se acostó monárquica y se ha levantado republicana>>. Algo parecido, pero ahora sin votos y con triple salto mortal.

Creo que somos muchos los que no entendemos cómo es posible que en un plazo de 24 horas se haya cambiado el Gobierno sin que el Gobierno haya aparecido, hecho o dicho, ni defendido nada. No me lo creo… intelligere.

¿Qué ha ocurrido? ¿Qué se esconde o quién se esconde tras la moción de censura? ¿Por qué el señor Rajoy estaba desaparecido? ¿Qué hacía reunido en uno de los restaurantes más caros de Madrid esperando su expulsión? ¿De qué o de quién huía el presidente? Y lo más cuestionado: ¿Por qué no ha dimitido?, si hay alguna poderosa razón para no hacerlo ¿por qué no nos lo ha explicado? Raro, raro, raro. Pero ya es pasado al que habrá que volver, sin duda, y sabremos más cosas.

Hundido su partido en la corrupción hasta las cejas, dispuesto a rajar en canal a España en tratos con los independentistas, abriendo una nueva brecha separatista con los señores del PNV (menos mal que tienen palabra y son de fiar), pactando con los señores de Venezuela, Cuba, Irán, señores del desgobierno, en tratos, si falta hiciere, con el mismísimo diablo, el señor Sánchez, que nunca ha ganado ni al baloncesto, derrotado Rajoy y todo su partido, ha alcanzado la Moncloa y el Gobierno de España. ¿Lo entienden? ¿Perplejos?

Sigamos. Un paso adelante, dos atrás. El futuro es sombrío, oscuro, pero no incierto. Sabemos lo que se nos viene encima. No sé si estaremos preparados. Sí que estamos preocupados. Todos; los militares también. Sí, nos preocupa, como a cualquiera, pero puede que hasta más. Porque hay muchas cosas en riesgo. La primera y más importante es la unidad de España. Si el señor Rajoy hizo poco o mal, el señor Sánchez peor. Los independentistas forman parte de este gobierno porque le han votado. Y no se van a ir con las manos vacías. Los independentistas crecen y se autoalimentan; los nacionalistas vascos también, son eso, nacionalistas, y pronto empezará su festival.

No se me va de la cabeza aquellas declaraciones del señor Pedro Sánchez, cuando ya se creía algo, proclive siempre a la incontinencia verbal (siempre habla desde el poder con el que sueña), diciendo que sobraba el ministerio de Defensa. En pura demagogia: << ¿Qué Ministerio sobra y qué presupuesto falta? Falta más presupuesto contra la pobreza, la violencia de género… Y sobra el Ministerio de Defensa>>. Su partido tuvo urgentemente que aclarar: <<…cuando el secretario general del partido, Pedro Sánchez, dijo que sobraba el Ministerio de Defensa se refería a la necesidad de reducir su presupuesto, pero no a su eliminación>>. ¿Se da cuenta señora Cospedal? ¿Es ese el 2% del PIB prometido a Europa/OTAN y al señor Trump? Tendrá mucho que explicar el señor Sánchez y su ministro/ministra de Defensa en Europa/OTAN.

Las recientes y preocupantes palabras del JEMAD reclamando lo que a las Fuerzas Armadas les corresponde para cumplir su arriesgadas misiones tanto en zona de combate como en España van a ser portada durante mucho tiempo. Dios quiera que no tengamos que recordarlas cuando ya no haya remedio.

El señor Sánchez presentó recientemente una propuesta de reforma de la Ley de Memoria Histórica, dice que  para “mejorarla” y “garantizar su cumplimiento efectivo”. Denlo por hecho y aprobado; con ello la supresión de condecoraciones, corbatas laureadas en las banderas, efemérides, y entierro en la desaparición, de héroes y ejemplos de soldados. ¿Habrá que destruir sus historiales? ¿Desprender de las banderas las corbatas Laureadas? ¿Borrar de la historia militar a miles de héroes?

Son cerca de dos mil expedientes de los héroes de España.

De nuevo la herida abierta y expuesta. Himnos, tradiciones, procesiones y vaya usted a saber. Pasamos de tener tres ministros en la procesión del Cristo de Mena en Málaga con la Legión a, como nos descuidemos, su prohibición. Esto es España.

Pequeños y grandes ejemplos. Todos importantes. Todos envueltos en la preocupación. Unos más que otros porque se trata de entender y aquí no se entiende nada.

Waterloo. Se preparaba la batalla. El general Uxbrideg, segundo de a bordo de Wellington, le preguntó qué pensaba hacer. El duque le contestó que, puesto que quien atacará el día siguiente era Bonaparte, y como este no le había comunicado sus intenciones, sus propios actos dependían de los  de su adversario. Luego puso la mano la mano en el hombro de Uxbridge y le dijo, en tomo amable: “Una cosa es segura, que suceda lo que suceda, usted y yo cumpliremos con nuestro deber”.

Solo eso: que cada uno cumpla con su deber.

«Humanas actiones non ridere, non lugere, neque detestari, sed intelligere». Entender. Solo entender.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

2 junio 2018

Blog: generaldavila.com