Prohibiciones…. Andrés Manrique.- Teniente (R)

 

Javier Marías, escritor y académico, opinaba así sobre determinadas peticiones de un sindicato de estudiantes en Londres (que en todos los sitios cuecen habas):

El problema no es que haya idiotas gritones y desaforados en todas partes, exigiendo censuras y vetos, sino que se les haga caso y se estudien sus reclamaciones imbéciles.

Menos mal que fue un Académico quien lo dijo, ahora podemos estar más tranquilos y opinar en esa misma línea.

Juan Soldado, ojo avizor, se dio cuenta hace ya tiempo de un cambio de tendencia en esto de las prohibiciones, censuras y vetos. Veamos. Acudiendo al tópico, éste nos dice que son tradicionalmente las ideas conservadoras las más prohibicionistas sobre determinadas actitudes,  en contraposición con las ideas progresistas que, teóricamente, dan más libertad a la actividad pública y privada del ser humano. Es posible que esto haya sido así pues las ideas religiosas, en general, en las que se basan determinadas pensamientos conservadores, son más proclives a “encauzar” conductas y pulsiones en contra de la voluntad humana.

Juan Soldado está muy atento a todo lo que está ocurriendo y se da cuenta de que se ha producido un cambio importante en este sentido siendo consciente de cuál es el sector social que ahora más se prodiga en prohibiciones. En todo caso, equivocado o no, tiene la percepción de que existen más prohibiciones que antaño.

Juan Soldado es de esas “gentes de orden” que sabe del valor de la disciplina,  por lo tanto sabe cómo debe de proceder. Detesta la prohibición y desea la libertad como todo ser humano,  por ello no está por inflar el Código Penal hasta el infinito de tal forma que sea más la actividad prohibida que la permitida.  Pero tampoco es de aquellos de “mayo del 68” y su “prohibido prohibir”, pues tal movimiento revolucionario cuestionaba hasta el principio de autoridad, algo de lo que no se aparta. Por el contrario piensa que sí se debería de tomar la senda de la “regularización “del “reajuste” y de la “reforma” como adecuación de actividades debido al paso del tiempo.

Hizo Juan Soldado una larga lista de prohibiciones que le acechaban. Entre ellos estaban los actos culturales religiosos, rotulación en español, la tauromaquia, la caza deportiva, los zoológicos, el tabaco, las apuestas, los piropos, los espectáculos con los animales, etc, etc. No sigo con la lista de Juan, cada uno que esté atento y se dará cuenta de lo que ocurre. No existe en la actualidad  ánimo de regular, sólo el de prohibir. Tampoco es que haya que dar rienda suelta a todo antojo, apetencia u ocurrencia, ¡pero esto que se nos avecina…!

Juan Soldado en ningún caso pone en duda todos los argumentos prohibicionistas, pues algunos quizás sean razonables, pero el sentido común, la tradición y la fuerza de la mayoría también son argumentos a tener en cuenta. ¿Por qué un 10/20 % ha de imponer sus planteamientos a un 80/90 %?

Lo que quiere Juan Soldado es que le convenzan con argumentos razonables. En absoluto está de acuerdo con la nueva moda de la recogida de firmas, de forma impersonal, con argumentos a veces maniqueos , solicitando la  aprobación de leyes que prohíban lo que un grupo determinado estima. Pues no, dice Juan, y habrá que negarse a tanto pensamiento inquisitorial como se nos avecina. Hay que hacer más pedagogía sobre las normas de convivencia y dejarse de tanta prohibición, porque, como dice él, “si sabemos cómo debemos proceder, nada nos está prohibido”.

Disfruten, sean felices.

Andrés Manrique.

Teniente (R.)

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“Cuestión de velocidad” Andrés Manrique. Teniente (R)

Como sabemos -y aquí se impone el “parece ser”- existe derecha e izquierda desde la Revolución Francesa. Al inicio de tal revolución, se reunió la Asamblea Nacional Constituyente Francesa, en la misma, aquellos que defendían determinada opción se sentaron a la derecha del Presidente de la Sala y los de la otra opción a la izquierda. Así cada una de estas denominaciones geográficas ha hecho suyas distintas formas de ver este mundo.

Juan Soldado -irónico él- se imagina por un momento si los mismos franceses, en vez de en París se hubieran reunido en Nimes o en Arles, en sus anfiteatros romanos (hoy plazas de toros, que allí no las prohíben) y que unos se hubieran sentado en barrera y contrabarrera y el resto en las gradas; bueno, pues no habría hoy en el panorama político ni izquierdas ni derechas sino que estaríamos hablando de los de arriba y de los de abajo (tesis esta que mantienen  algunos en la actualidad) . Esto a Juan Soldado le suena a lo del anuncio del lavavajillas.

En cualquier caso, Juan Soldado sabe, que esto no es más que encuadrar geográficamente a las distintas formas de entender la vida y querer organizarse. El riesgo de esta forma maniquea de ver la vida está en colocar “a priori” a unos como los buenos y a otros como los malos y esto, sin duda es un error.

Asistimos a una sarta de propuestas, ideas y reformas, que, unas veces por radicales y otras por utópicas, son descartables desde un principio, pero para todo lo demás el problema reside en la velocidad a la que queremos llevar esas reformas. A los que les gusta llevar las cosas con pausa, con tranquilidad, sin riesgos se les tilda de conservadores. No es que renuncien a la ciencia, al progreso, a los avances, al bienestar, etc., no, sólo que prefieren la baja velocidad. En cambio aquellos que por determinados motivos optan por ir a la raíz del problema, incorporar nuevas ideas en materias económicas, éticas, sociales y apoyando medidas urgentes (incluso no contrastadas), se les tilda de progresistas y prefieren ir a más velocidad. Los conductores de la opinión pública atribuyen, según los casos, a unos un significado negativo  y a otros positivo. No es justo pero esto es así. Como si los conservadores no quisieran el progreso y los progresistas no quisieran conservar nada de lo conseguido. Cierto es que hay conservadores más inmovilistas y hay progresistas más nerviosos e intransigentes.

Juan Soldado sabe que no es cuestión de izquierda y derecha, (como el baile de la “conga”) o arriba y abajo (emulando a Epi y a Blas), sino que es cuestión de la velocidad a la que debemos de ir en reformas, propuestas y… tener paciencia.

Juan Soldado sabe también que a todo cambio hay que darle su tiempo para que sea asimilado y aceptado por las diversas sociedades donde se producen, pues de lo contrario, si son cambios inducidos, impuestos, etc., todo ello obedeciendo “vaya usted a saber a qué intereses”, surgirán los problemas.

Cierto día me confesó Juan Soldado que un gran “Político de Estado” sería el que emulase a la Guardia Civil de Tráfico…”al que vaya muy rápido hay que sancionarle…lo mismo que  al dominguero”.

Juan Soldado acata y cumple, como la milicia.

Asamblea

Sosiego y calma.

Andrés Manrique.

Teniente (R.)

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La experiencia Andrés Manrique. Teniente (R.)

Creen los jóvenes que son los primeros y únicos en advertir un problema  y que son ellos los que tienen la solución. En realidad no se dan cuenta de que las cosas no son en blanco y negro sino que hay multitud de matices.

Piensa Juan Soldado que la juventud no es el único valor útil como solución a viejos problemas y que ella sin serenidad lo único que hace es agrandarlos.

En otras épocas se veneraba a la persona “de edad”. Era valorada su experiencia y los puestos de responsabilidad ciudadana recaían sobre ellos. En la Esparta griega gobernaban dos reyes junto con veintiocho mayores de sesenta años elegidos por aclamación, teniendo en cuenta su sensatez. En Roma sabemos que existió el Senado como órgano consultivo que aportaba asesoramiento por su experiencia y equilibraba el poder del César. A partir de la Revolución Francesa se instituyó el Consejo de Ancianos como órgano legislativo siendo sus miembros elegidos por determinados criterios como el de la edad. En las sociedades nómadas como la saharaui, la mauritana etc. existió un órgano de gobierno intertribal, el Ait Arbain o consejo de los cuarenta, compuesto por chiuj (pl. de chej) -uno por cada tribu-  que no eran elegidos por votación sino que eran personas de edad, con experiencia y conocimientos de la vida y leyes tradicionales, su autoridad se demostraba en el buen consejo, arbitraje y mediación en conflictos de familia. Persona de honor, generosidad y hospitalidad.

Todos eran personas cuya trayectoria moral a lo largo de los años era reconocida por sus entornos, no siendo necesario ningún tipo de votación sino que era un acuerdo tácito, un reconocimiento de su buen hacer, respetados por su sabiduría, experiencia y depositarios de conocimientos y tradiciones.

Los sistemas democráticos favorecen, o así debería de ser, la igualdad de oportunidades (algo a lo que no se niega Juan Soldado) y esto propicia que el más docto y preparado compita con el menos instruido (al menos así piensa él).  El joven y el viejo tienen las mismas oportunidades  a simple vista… pero no es así. Los medios de comunicación y la propaganda hacen que se ponga en valor la juventud y se ignore o menosprecie la veteranía y la experiencia. No hay que ir tan rápidos pues la velocidad no es buena para casi nada.

Juan Soldado, por veterano que es, sabe que si hay algo que te da la veteranía es aprender a callar cuando se debe, a saber que las ideas tienen claroscuros y a comprender mejor por qué ocurren  ciertas  cosas…

Piensa Juan Soldado que los jóvenes han de curtirse en el banquillo antes de ser titulares en el equipo y han de pasar por multitud de cribas que demuestren su valía y aptitudes y no sólo su arrojo y  voluntad. Sabe, y no se equivoca, que el joven actual tiene más preparación técnica que los de generaciones anteriores pero eso no es suficiente, según él, pues aprecia que le falta preparación humanística. Una sociedad que deja las riendas de su dirección  sólo a la juventud, se suicida.

A Juan Soldado no le gusta lo que está pasando y le alarma la idea de que puedan ser modificadas ciertas cuestiones por personas que no alcanzan los cuarenta.

La Experiencia

Juan Soldado acata y cumple, como la milicia.

Andrés Manrique.

Teniente (R.)

Pero como Juan Soldado
Quedan muchos todavía
Que se muestran preparados
Para obedecer lo ordenado
En defensa de las valías.

(Ramón Lencero Nieto.- Aventurero)

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Respeto, más respeto Andrés Manrique Teniente (R.)

Europa no es sólo un concepto geográfico, sino que define a un grupo humano cuya cultura, religión y forma de organización social vienen de lejos, (Derecho Romano, Cristianismo y Filosofía griega nos define). Nos guste o no nos guste estas son nuestras señas de identidad y la mayoría no queremos cambiarlas.

Mientras en otras latitudes hacen una defensa numantina sobre “lo suyo” aquí parece que defender “lo nuestro” es retrógrado. “Lo nuestro” es nuestra historia, nuestra forma de organizarnos y nuestra religiosidad o espiritualidad. En todo esto Europa ha evolucionado, esto es innegable.  Es en Europa donde vivimos, es en Europa donde quieren vivir muchos más y es a Europa a la que hay que respetar.

Respecto de lo espiritual y lo religioso, ya que de ello vamos a hablar. Lo espiritual es esa voz interna que deberíamos de atender más de lo que acostumbramos y reflexionar sobre sus dictámenes. Siempre relacionado con la parte inmaterial del ser humano, incluidas las inquietudes religiosas. Lo religioso está compuesto por un conjunto de creencias en cuya cúspide se encuentra Dios. Perdónenme, pero no encuentro otro modo para explicarme en estos escasos párrafos pero sabemos todos de lo que hablamos.

Como vamos a hablar de respeto, recordemos ahora aquello de:

“[…] estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo“.

No hay que zaherir, atacar ni ridiculizar la fe de nadie. En cualquier caso tenemos derecho a la duda, al error y al acierto en cuestiones de fe y todos tenemos derecho a ser respetados en estas cuestiones.

Leyó Juan Soldado una estadística de 2005 en la que el 77%  de los europeos creía en la existencia de un Dios o fuerza vital. Para España la cifra era de un 79 %. Significativo en ambos casos. Parece ser que en la actualidad, en España, hay un 75% de creyentes, un 25% de no creyentes (de ellos un 13% de ateos)

¡Hay que respetar todos los credos religiosos! ¡Hay que respetar al no creyente! Claro que sí. Lo que pasa es que esto se dice en apoyo de los credos religiosos foráneos y no para las creencias de los naturales europeos. Estamos en ese respeto pero queremos reciprocidad.

 Juan Soldado no ve  respeto cuando se habla de “fantasías religiosas” al calificar a algún credo o religión, por parte de aquellos que carecen de fe. Tampoco ve respeto cuando se ridiculizan tales credos acogiéndose a algo tan cuestionable y sujeto a regulación como es la libertad de expresión. ¿Es esto tolerancia?, se cuestiona.

Juan Soldado no ve respeto cuando se caricaturizan personajes religiosos o la religión misma en chistes y viñetas de comics.

Juan Soldado tiene en su entorno a personas con acendrada fe religiosa, otros más o menos practicantes y otros que no entran en disquisiciones entre razón y fe, simplemente creen porque les va bien, son felices así, tienen algo a lo que aferrarse ante las dificultades y porque  así se educaron. ¿Qué hay de malo en ello?, se pregunta de nuevo.

Juan Soldado respeta todas y cada una de las creencias religiosas, con la única excepción de aquellas que legitiman prácticas que no respetan los derechos humanos, listón este que no hay que sobrepasar. Sabe que alguna de esas creencias soslaya ampliamente ese listón pero aun así respeta individualmente a sus creyentes pues, probablemente, ellos mismos discrepen en algunos de sus dogmas  y se encuentren en un callejón sin salida del que ni pueden, ni saben, ni les dejan salir. ¿Estaré en un error obrando así?, se dice Juan.

“Hay que abrir un debate”, dicen algunos -esto está muy de moda ahora-.

 Juan Soldado se pregunta, ¿debate sobre qué? ¿Debate sobre lo que opina la inmensa mayoría de la población, en este caso? Ni aunque fueran minoría… No hay debate amigos. Se impone el respeto, seas creyente o no.

Juan Soldado sólo pide información, asesoramiento y consejo en aquello en lo que pueda estar errado sobre estas cuestiones. Gracias.

Haya paz. Un saludo.

 Andrés Manrique

Teniente (R.)

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22 junio 2017

COMENTARIO DEL DÍA: “Golpe al Estado”. Andrés Manrique. Teniente (R.)

A España servir hasta morir

El anuncio de la comisión de un delito es un delito en sí mismo, no sé si en grado de tentativa u otra figura contemplada en nuestro ordenamiento, juristas tenemos y a ellos les corresponde tipificarlo.

Como ya se dijo en estas páginas, todos tenemos una idea de lo justo o lo injusto y para ello no es necesario tener conocimientos jurídicos. Cuando se saltan determinados barreras, hasta el español menos docto tiene esa sensación de alarma ante determinados hechos y sobre los que exige cierto grado de actuación. Algún tipo de actuación. De no ser así se hunde en el desamparo y ello no puede tener buen desenlace.

Situémonos  a principios de 1981 e imaginemos que se anunciara meses antes la realización del quebrantamiento del orden constitucional que no se produjo finalmente el 23 de febrero. ¿Qué hubiera ocurrido? Es sencillo, hubiese sido detenido y encarcelado quien liderara tal acto. Pero no solo él, sino que tirando de escalafón se hubiese llegado hasta lo más alto del mismo en aras de la restitución del orden constitucional. Solo el haberlo pregonado.

En España se está pregonando desde hace años la separación de una parte de la misma. No solo se pregona, no solo queda en la palabra, no. Se publican todo tipo de normativas, actuaciones y quebrantamientos de la ley. Desde todas las ópticas, culturales, mediáticas, empresariales, sindicales etc. etc. se clama contra ello….y nada.

La moderación de la que ha hecho gala siempre Juan Soldado no le impide en ocasiones expresarse con la contundencia que el momento actual exige.

Juan Soldado juró “guardar y hacer guardar la Constitución”, nadie podrá recriminarle que así lo haga.

Juan Soldado escucha día tras día eso de “Esto no pasaría en las naciones de nuestro entorno, se cortaría el mal de raíz”. Y no puede dejar de preguntarse por qué aquí se consiente, ya ni siquiera le convence la templanza a la hora de la toma de decisiones a este respecto.

Juan Soldado lleva años asistiendo al anuncio de la violación de nuestra Ley Máxima y no ocurre lo que la mayoría de los ciudadanos espera que ocurra, la aplicación de la Ley. Se veía ello desde la distancia y se calificaba como otra más de las “rabietas periféricas”. Daba la impresión de que nadie se lo tomaba en serio. Ahora se dan hasta las fechas del latrocinio, de la traición.

Juan Soldado ignora las consecuencias de la aplicación de la normativa más dura contra el separatismo pero sí sabe del resultado de la consecución de sus objetivos, la escisión de una parte de España. Esta cautela en la toma de decisiones le está llevando a la radicalización de sus posiciones –y no solo a él-. De seguir las cosas así optará por posicionamientos viscerales, atrincherándose con quienes, normativa en mano, defiendan hasta la última coma el juramento con el que en su día se comprometió de por vida.

Ahora más que nunca “A España servir hasta morir”. ”Por España, todo por España

Por España. Todo por España

Juan Soldado acata y cumple, como la milicia.

Andrés Manrique

Teniente (R.)

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24 mayo 2017

Libertad de expresión Andrés Manrique Teniente (R)

La Bandera de España

Lo bueno que tiene la democracia es que uno puede decir lo que quiera, donde quiera y cuantas veces quiera. Es maravilloso. Por decir, se pueden decir incluso tonterías ¡fíjense! La libertad de expresión es lo más grande que hayamos conquistado nunca. ¡Sí señor! Ni el fuego, ni la agricultura, ni las vacunas o Internet. ¿Podemos decir lo que queramos? Sí, por supuesto. ¿Incluso tonterías? ¡Pues claro hombre!

Ahora bien, si uno se prodiga mucho en decir tonterías corre el riesgo de que le tilden de tonto ¿o no? Claro que a esto, los tontos, no se apuntan. No se apuntan a tolerar las críticas y exabruptos cuando les toca a ellos. Demuestran intolerancia y odio a las críticas sobre su actividad, la tontería.

¡Ojo con ceder terreno ante los tontos! Hay que detectarlos a tiempo y por aquello de la libertad de expresión -nunca le estaremos lo suficientemente agradecidos- dárselo a conocer a todo el mundo, hay que darles publicidad, la misma que le dan ellos a sus tonterías. Además tienen la tendencia a atraer a los demás, a compartir sus tonterías, son activos.

Juan Soldado no se apunta a esto, claro está. Es decir, a lo de la libertad de expresión sin más. Le oí decir en cierta ocasión que una cosa es la libertad de opinión y otra la libertad de expresión. A la primera siempre se apunta y con la segunda piensa que hay que ser precavidos a la hora de exponer esas opiniones.

LIBERTAD DE EXPRESIÓN. LIBERTAD DE OPINIÓN. DERECHOS HUMANOS

En realidad ambas, la libertad de opinión y la libertad de expresión entran dentro de los derechos humanos y nadie puede ser censurado por ello. Por supuesto se acata ¡faltaría más! Pero sí que está regulada la responsabilidad de su ejercicio. Es decir que una vez que has “largado” lo que quieres, puedes ser sancionado por ello si faltaste al respeto, etc. etc.

Pero claro, Juan Soldado piensa, y no le falta razón, que aunque el “bocazas” sea sancionado, el mal ya está hecho.

Juan Soldado incluso perdonaría la falta de respeto por error o por indelicadeza, pero lo que no tolera es cuando aprecia intencionalidad en la misma. Cada día más, aprecia insultos y desprecios quedando éstos impunes en aras de la tan manipulada libertad de expresión.

Juan Soldado no pretende que todos tengan sus mismos valores, creencias u opiniones y que como estamos sujetos a críticas, éstas se puedan ejercer, pero pide a todos aquellos que hagan uso de esa libertad de expresión sean moderados en la discrepancia. Sobre todo si la expresión de esa discrepancia es pública.

Juan Soldado sabe que es muy difícil definir esto de la falta de respeto, pues es algo muy ligado a la subjetividad. Pero en la misma medida en que es difícil su definición es fácil apreciar la intencionalidad de quien quiere ofender.

Juan Soldado se da perfectamente cuenta de que estos “faltones” tienen la piel muy fina. Sus vómitos en las redes son fruto del ejercicio de “su” libertad pero se lanzan como hienas rabiosas cuando les toca a ellos ser el objetivo de las libertades de los demás.

Ya sabemos quiénes son, ya sabemos dónde están, ya sabemos cómo actúan y cuáles son sus planes. Pues usemos nuestras libertades de pensamiento, de  opinión y de expresión para informar de sus tonterías.

A pesar de ellos, sean felices.

Si buscas respeto…

Andrés Manrique

Teniente (R.)

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16  mayo 2017

 

“Iberia” Andrés Manrique. Teniente (R.)

Bandera de España

Un eufemismo nos sirve para expresar con otras palabras algo que no queremos llamarlo por su propio nombre, por estar mal visto o por motivos variopintos. Supone un circunloquio para suavizar expresiones que podrían ser de mal gusto en determinados momentos, porque incluso en el lenguaje hay que ser elegantes.

Para suavizar situaciones se emplea lo de “faltar a la verdad” en vez de “mentir” y para ser amable se oculta lo de “feo” por “poco agraciado”. En muchos casos se emplea el eufemismo para no herir sensibilidades de determinados grupos humanos, sociales, etc. Supone una amabilidad del lenguaje en resumidas cuentas. El uso de estos eufemismos refleja en muchas ocasiones educación y saber estar, algo a lo que jamás hay que renunciar.

Siendo todo esto verdad, se puede discrepar su utilización, sobre todo en aquellos casos en los que se aprecian ciertas intencionalidades y en lo que se ha puesto de moda en los últimos años que no es otra cosa que el lenguaje “políticamente correcto”, con el que Juan Soldado está en un amable pero  absoluto desacuerdo.

 

Para Juan Soldado, por lo anteriormente dicho, esto tiene un pase, pero lo que le resulta indigerible es aplicar eufemismos a la palabra o concepto de  España. Este término es maldito para gran parte de la periferia española (y no sólo). No, por ahí no pasa Juan. Y no pasa porque aprecia una deliberada intencionalidad en su eliminación. Veamos. Habrá que emplear “España”, “este país”, “la península ibérica”, “el Estado”, ”contexto” o  el  “entorno” cuando corresponda, tampoco hay que ser recurrente con el término, pero se debe de evitar hacer circunloquios ridículos para eludirla. ¡Ojo! que no son sólo algunos periféricos quienes evitan emplear el término; aquellos tienen su justificación particular interna, pero y ¿los demás?…

Juan Soldado, que hoy viene un tanto irónico y que está harto de estas cosas, no ve solución alguna, por eso y  con su cansancio histórico se le ocurrió cierto día elevar una propuesta para cambiar el término España por otro que fuera menos ofensivo. Sí, pensó, eso es. Y se puso manos a la obra.

Había varias posibilidades. La primera era la de llamarla Hispania, término utilizado por fenicios y romanos, pero como estos fueron imperialistas en su época, quizás no sería aceptado hoy el término por el “buenismo” imperante. No, se dijo. Otra posibilidad era Celtia pero al tener connotaciones galo-británicas…ya se sabe. Betia, pensó. Pero no, pues suena a fútbol y no hay que distraerse en esto.

Después de pasar por procesos febriles y alteraciones en la presión sanguínea un buen día pensó ¡Iberia! Exacto… Se dijo. Topónimo adjudicado por geógrafos en la antigüedad que, aun cuando sólo se aplicaba a la costa mediterránea, se extendió a toda la península ¡Claro! Así, algunos periférico-mediterráneos no podrán eludir sus raíces. A partir de ahora todos podremos decir sin tapujos, sin eufemismos… ¡Somos Ibéricos! ¡Viva Iberia! ¡Tenemos un pasado común inexcusable! Qué felicidad poder desprenderse del término España, siempre casposa para los mismos, opresora para otros. Esa pátina, ese barniz españolista desaparecerá. Da lo mismo layetanos e ilergetes que vetones y vacceos ¡Somos ibéricos todos! …. ¡como el jamón!

Juan Soldado se viene arriba con su descubrimiento y, eufórico,  piensa en que ya no harán el ridículo los del tiempo (hoy “los de la Méteo”) con aquello de “mañana lloverá en todo el estado”. Nada, ya  podrán decir, tanto centralistas incómodos como periféricos, que “lloverá en toda Iberia”… En el deporte, La Vuelta al País Vasco, así como la Volta a Cataluña seguirá igual pero la vuelta Ciclista a España, que llevan años llamándola “La Vuelta”,… a partir de ahora ya se podrá decir “La Vuelta a Iberia”. Hasta los ingleses que la llamaban Spanish Omelet, pues ahora será ¡tortilla ibérica! ¡Qué bonito!,  pero sobre todo… ¡Qué alivio”.

Y así es como el bueno de Juan Soldado pensó que tenía resuelto este problema.

Un saludo.

Iberia

Nota: Para tranquilidad de  los lectores de este blog hay que decir que Juan Soldado después de pasar por esta crisis febril ha vuelto a la coherencia y a sus principios irrenunciables.

Andrés Manrique

Teniente (R.)

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18 abril 2017