LOS VERSOS DEL CORONEL Félix Torres Murillo. Coronel de Infantería DEM (r)

 

 

 

LOS VERSOS DEL CORONEL

Un personaje no muy del agrado de mi amigo D. Eufemio, como se podrá ir comprobando.

De la prensa 16 noviembre 2017

Rufián saluda al banco azul mientras abandona el Congreso tras un rifirrafe con el ministro Zoido en la sesión de control.
“Ha tenido su día de gloria, ese minuto por el que usted viene por aquí. Para lo que usted son salvajes que apalean, para mí son servidores públicos”, respondía Zoido en su turno de réplica

SAGRADO

(Soneto con estrambote)

 Aquello que debajo de la mente,

se fragua en su complejo vericueto,

remoto en su rincón, el más secreto,

venimos en llamarle el subconsciente.

   

Y tras la farsa al uso, deprimente,

le traiciona, si hubiera, el del sujeto,

y al Gobierno saluda este paleto

en la forma que ven, arteramente.

 

Un saludo que implica disciplina,

decoro, dignidad, lealtad, Servicio,

honor y educación; valor y hombría.

 

Y pienso al no haber de esto en la mezquina,

su nefasta conducta algún indicio,

tendría que haber fregado con lejía

 

la mano, ésa que alzó,

-grande el cabrito-

antes de profanar,

sagrado, el rito.

Don Eufemio, 16 nov. 17

Blog: generaldavila.com

19 noviembre 2017

3 pensamientos en “LOS VERSOS DEL CORONEL Félix Torres Murillo. Coronel de Infantería DEM (r)

  1. A las órdenes de V.I., mi Coronel.

    Magistral y a la medida exacta del personaje.

    Siempre aprendí, o me contaron, que en los parlamentos de la República, hubo buenos y malos oradores; más malos que buenos si pensamos en cómo terminó aquello, por fortuna.
    Pero nunca oí o leí que hubiera payasos y bufones. Viendo a esta “señoría”, que no divierte en absoluto con su verborrea barriobajera, y menos con los objetos que a veces muestra para ilustrar sus excreciones, como impresoras, esposas, etc., es deprimente lo que ha avanzado la cortesía parlamentaria.

    Tuve que vérmelas una vez con un soldadito, “hijo de papá”, que podría haberle dado clase a este espécimen en lo que a “ironías” se refiere. Traté de explicarle que iba por muy mal camino pretendiendo escurrir el bulto de sus obligaciones como los demás, y que en el Ejército a veces era preferible pecar de tontos más que de demasiado listos. Como la contestación fue también irónica, pues me dijo que “el hijo de su padre no había venido a la mili a fregar”, tuve que solicitar al Capitán un correctivo, que resultó de dos meses y sin indultos por ninguna celebración o acontecimiento. No volví a verlo, pues no tuve que hacer más semanas en esa compañía, y me había olvidado del incidente, hasta que el día de su licenciamiento, se me presentó para despedirse con estas palabras: “Mi Sargento, no puedo irme sin despedirme de Vd. y pedirle perdón por aquella mala contestación, pues yo llegué aquí hecho un “niñato”, y gracias a Vd. me voy hecho un hombre”. Me dejó de una pieza, y lo único que acerté a decirle fue: “Sé que nunca olvidarás esa experiencia, y ella guiará todos tus actos. El hecho de buscarme para despedirte es la prueba de tu nobleza”. Y nos dimos un abrazo. Nunca más supe de él.

    Pero me temo que este “Rufián” necesita bastante más de dos meses de calabozo para curarse de su narcisismo insultante. En fin, quienes suprimieron la mili obligatoria y solidaria sabrán por qué lo hicieron. Y aquí tienen el resultado.

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