EL 716, EL CRISTO DE LOS PÍNFANOS Casi un cuento de Navidad General de Brigada (R.) Adolfo Coloma Contreras

Cristo de los Pínfanos El 716

Ahora las cosas son diferentes. Para ayudar a los huérfanos de militares, que de por sí ya sufren un gran trauma en su vida con la pérdida de su progenitor, el Patronato de Huérfanos ya no les ofrece un colegio donde seguir sus estudios, muchas veces lejos del hogar familiar. En la actualidad, les ayuda mediante unas prestaciones económicas según los estudios que cursan y sus vicisitudes personales. Pero durante muchos, muchísimos años, se les ofrecía ingresar como alumnos, normalmente internos, en colegios de huérfanos adquiridos y mantenidos con las aportaciones de todos los militares y alguna que otra donación o subvención de egregios benefactores.

En aquellos colegios los huérfanos aprendían a convivir fuera de sus hogares y establecían unos especiales vínculos de amistad, muchos delos cuales perduran años y años tras su permanencia en los colegios. A los huérfanos se les conocía cariñosamente con el apelativo de “pínfanos”, nombre de larga tradición en el Ejército, que probablemente tenga su origen en aquellos “educandos de banda” que por ser tan jóvenes, se les asignaba el más ligero de los instrumentos que acompañaban a las unidades militares. Sea como fuere, el número de “pínfanos” afortunadamente fue disminuyendo después de nuestra guerra, por lo que los colegios de huérfanos admitieron también a hijos de militares cuyos padres no habían fallecido. A estos últimos se les conocía como “aspirinos” porque de alguna forma aspiraban a ser pínfanos”. A los pínfanos el patronato les sufragaba los gastos escolares, los de manutención y alojamiento, mientras que a los aspirinos lo hacían sus padres. Esa era la única diferencia por lo que a la convivencia y el trato se refiere.

Ya imaginarán que estos colegios eran más bien parcos en medios, pero flotaba en ellos una suerte de solidaridad nacida de la propia necesidad y de esos vínculos de amistad que se crean cuando uno es joven y del denominador común de haber perdido a tu progenitor. Una prueba buena prueba de ello es esta entrañable historia que le voy a relatar brevemente.

Sitúense en los años sesenta del siglo pasado,en el colegio de huérfanos de Carabanchel Alto, entonces un barrio en la más absoluta periferia de Madrid. Allí se preparaba a alumnos para ingresar en la Academia General Militar (yo mismo me preparé en aquel colegio),  pero también funcionaba como colegio mayor para chicos que cursaban en Madrid estudios universitarios. A la madre de uno de los pínfanos le detectaron una grave enfermedad. Bueno, entonces las cosas no eran  como ahora que todo el mundo tiene seguridad social, ISFAS u otros sistemas de asistencia sanitaria. Entonces había sanidad privada o beneficencia. Los militares nos beneficiábamos de la sanidad militar, pero tenía unos recursos muy limitados.

El caso es que a la madre de este chico, la sanidad le cubría la operación que requería, pero no el tratamiento posterior, y este era costosísimo. Unas 30.000 pesetas de la época, cantidad muy respetable, que podría equivaler al sueldo de tres meses de un oficial. Una barbaridad para una viuda que vivía modestamente de su pensión de viudedad y de las ayudas que le proporcionaba el Patronato de Huérfanos del Ejército.

El huérfano en cuestión, abrumado por la triste noticia la comentó con sus más allegados y éstos lo hicieron con el resto. La noticia corrió como la pólvora. Los “choetanos” (alumnos del colegio de huérfanos de oficiales del ejército, pero que acogía igualmente alumnos hijos de suboficiales o de tropa) se movilizaron.  Se hicieron colectas, rifas. Se lo comunicaron al resto de colegios de huérfanos de la Armada, de la Guardia Civil y de la Policía. Se las ingeniaron para vender como chatarra viejas literas, armarios, mobiliario inservible y qué se yo cuantas más cosas hicieron para socorrer a la madre enferma del compañero.

Y al cabo reunieron unas 28. 000 pesetas que con modestia pero con orgullo ofrecieron a su compañero. Pero para entonces, su madre había conseguido la suma necesitada de otras instituciones, por lo que eldinero recaudado ya no era necesario y el chico con toda honestidad y agradecimiento así se lo hizo saber a sus compañeros.

Se plantearon entonces qué hacer con la suma recogida, y aquí surgieron todo tipo de iniciativas:– “Lo devolvemos a los que lo han aportado”– , dijeron unos.– Pero claro, no era fácil identificar a todos los donantes ni las cantidades que cada uno había entregado. – “Pues montamos un guateque”-, dijeron otros, para celebrar el éxito de la intervención y recuperación de la señora. Y alguna otra ocurrencia surgiría.

Medió entonces el capellán del colegio, el Padre Cuevas.Un antiguo militar que tras haber combatido en la guerra y haber sido condecorado con la Medalla Militar Individual (la cruz más importante de las Fuerzas Armadas Españolas, tras la Cruz Laureada de San Fernando) había colgado el uniforme y abrazado los hábitos. El Padre Cuevas les invitó a que con el dinero recaudado y como agradecimiento al Supremo Hacedor por lo que todos consideraban casi un milagro, compraran un Cristo para la capilla, pues la del modesto colegio carecía de uno. Y así lo hicieron. Adquirieron una talla de Cristo, de notable tamaño y muy lograda expresión. Cuando lo estaban colocando en la pared de la iglesia, a uno de ellos se le ocurrió  preguntar:

  • ¿Vosotros qué creéis.”Éste” será pínfano o aspirino?
  • -“Está muy claro.Si su padre está ya en la gloria, debe de ser un pínfano – respondió otro.
  • “Pues si es un pínfano debe tener un número”- medió un tercero.

En efecto, todos los alumnos del colegio teníamos asignado un número que nos identificaba para muchas cosas, entre otras, para identificar las prendas de ropa que entregábamos los viernes para la lavandería.

Dicho y hecho, fueron a administración y vieron el último número asignado a un alumno: el 715.Así es que al Cristo le correspondía el número siguiente: el 716. De esta manera, aquel cristo además de ser bautizado como “el Cristo de los Pínfanos” en adelante se le ha conocido también como el “716”

Desde entonces año tras año y mientras el colegio estuvo abierto, los alumnos que pasábamos por la aulas del CHOE de cuando en cuando acudíamos a la capilla para pedir la intercesión del “Cristo de los Pínfanos, el 716”, prometiéndole que si ingresábamos le ofreceríamos nuestros cordones de cadete.

 

Emblema de la Asociación de Huérfanos del Ejército

Algunos años después, el colegio se cerró. Ya no era necesario porque como digo, había disminuido sustancialmente el número de huérfanos. Fue transferido al Instituto Politécnico del Ejército, luego a otra unidad militar y la pista del cristo se perdió. En medio de tantos cambios, nadie reparó en la titularidad del “Cristo de los Pínfanos”, hasta que, la Asociación de Huérfanos del Ejército, una hermandad que aglutina a muchos de los huérfanos y huérfanas del Ejército que han pasado por sus diferentes colegios de  dio con él. Hoy en día, tras no pocas vicisitudes, esta entrañable talla está debidamente colocada en la entrada de la capilla de la Residencia Logística San Fernando, el antiguo Colegio de Huérfanos de Carabanchel Bajo.Junto a ella, un cuadro con los cordones de cadete que algunos viejos “choetanos” hemos ido ofreciéndole como agradecimiento y recuerdode nuestro paso por aquellos colegios, cuyo recuerdo está entrañablemente unido a los sones del “Viejo Trapillo” el himno del colegio, que rememoraba el uniforme de faena con que nos vestíamos, todos por igual, pínfanos y aspirinos, en el colegio y que rezaba más o menos así:

 

Viejo trapillo, mi mejor compañero

pronto presiento que te voy a dejar

un uniforme más fardón y elegante

Me espera en el Pilar.

……………………………………………..

Siento en mi pecho ostentar los cordones

de la Academia General Militar

cuando con ellos me presente a mi madre

¡Cómo voy a fardar!

 

El 716 con los cordones de sus Cadetes

Una bonita historia que creo merece la pena ser recordada y que he querido compartir con vds, amables lectores, ahora que se acercan esas fechas tan entrañables: La Navidad.

Adolfo Coloma

GB (R) del ET

Número1327del CHOE ALTO

Blog: generaldavila.com

13 diciembre 2017

28 pensamientos en “EL 716, EL CRISTO DE LOS PÍNFANOS Casi un cuento de Navidad General de Brigada (R.) Adolfo Coloma Contreras

  1. Bonita y emotiva mi General,otro gallo nos cantaría a todos los seres humanos,si tuviéramos más sensibilidad hacia el.prójimo y miraremos más por esas personas necesitadas de verdad,y no sólo estos días de Navidad,que parece ser propicios para ello,si no durante toda nuestra vida,pues hoy puedes tener una posición comida,pero las penurias,enfermedades o cualquiera 0tra Vicisitud,nos puede acarrear en cualquier momento un cambio en nuestra vida,y es bastante reconfortante, no encontrarte sólo en esos momentos.Feliz Navidad para vuecencia y para los suyos, siempre a sus órdenes mi general (mi capitan)

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  2. Buenos dias, mi General:

    Precioso y emotivo.. gracias por hacernos participe de ella..
    Un afectuoso saludo, mi general, y feliz fiestas de navidad para todos.
    .
    Josefa Lopez del Moral beltran

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  3. Mi General:aunque civil, como hijo de pinfana y sobrino de pínfanos de principios del siglo pasado: colegios de Guadalajara Muchas gracias por tu recuerdo para todos los que lo han sido
    Un cordial saludo

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  4. Precioso articulo que refleja perfectamente el sentir que se vivía en el CHOE, sin diferencias entre pínfanos y aspirinos, todos eramos choetanos.
    Tuve la oportunidad de postrarme y orar ante el 716.
    Un abrazo.
    Eduardo Dolado

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  5. Mi General, gracias por compartir esa experiencia con nosotros. Sin duda la labor de los colegios de huérfanos no ha podido ser más eficaz y loable. Una formación y educación en valores que hoy en pocos sitios se imparte. El resultado está a la vista: Hubo quien pasó por allí y llegó a General.

    Mi admiración y mi respeto para todos los pínfanos y aspirinos.

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  6. Cuantas veces hemos ido a pedirle al “Siete Dieciséis”, porque era así como le denominábamos, no el setecientos dieciséis no,” EL SIETE DIECISÉIS”.
    Cuantas peticiones, cuantas confidencias y cuantas promesas por fin cumplidas. La alegría de ir a ponerle aquellos cordones pequeñitos que nos daban o comprábamos en la sastrería..uno para la Madre por tanto como nos aguantó, otro para la novia que era el típico regalo que mas alegría daba y el tercero no podía faltar….para El Siete Dieciséis.
    Gracias mi General por este emotivo recuerdo, creo que hay unos versos de Ramón Faro dedicados a El.
    Un abrazo y siempre a tus órdenes.

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  7. Soldado pescador.
    mucho más nos podría contar Vd. de las penurias y estrecheces de aquellos colegios, pero también de la solidaridad fraternal que se creaba entre todos los pínfanos, y las 2cristinas” que es como se hacían llamar las huérfanas de los colegios militares en recuerdo de la Reina Maria Cristina, que tanto hizo por los huérfanos en general y por las chicas en particular.
    Atentamente
    Adolfo Coloma

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  8. Mi general,estoy muy emocionada por su escrito,soy orgullosa antigua alumna del Choe de Guadalajara,lastima que ya no exista,pero mis recuerdos y vivencias perduran en mi mente.Gracias mi General.

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  9. No se puede contar todo en una breve entrada que no tenía otra pretensión que la que indicia su título “Casi un cuento de Navidad” Pero mucho más se podría decir y contar de esta historia. La intervención del coronel Sancho Piedras que, cuando se recuperó el Cristo,era el director del Colegio. O de la Asociación Retógenes, Amigos de La Historia Militar, que generosamente donaron muchos fondos históricos al Patronato de Huérfanos, de Eduardo y Jesús Dolado, para constituir lo que hoy en día es la Sala Histórica del PAHUET. Pero lo esencial está dicho. el generoso gesto de los pínfanos socorriendo con sus escasos medios y desbordante imaginación, al compañero necesitado

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  10. A las órdenes de V.E., mi General.

    Precioso, humano y entrañable relato, que conforme lo leo me devuelve a la infancia y la adolescencia cada vez más añoradas con el paso de los años. A mi querido “Colegio”.

    No era un colegio para huérfanos, pues ni yo ni los demás niños en general lo éramos. Era un colegio en régimen de internado pero de aquellos regentados por Ordenes Religiosas con las que España siempre tendrá una deuda impagable de gratitud por su gigantesca labor de culturización y formación de la infancia y la juventud en nuestros valores tradicionales, donde se nos enseñaba no sólo la cultura clásica de la antigua Grecia y Roma, la historia de la humanidad y de España, sino también el patriotismo bien entendido. El precio a pagar por nuestros padres era simbólico, mil pesetas por año, por la pensión completa, parte del vestuario y calzado, libros y material escolar, así como derechos de exámenes cada curso en el Instituto oficial para la validez de los estudios de bachiller. Yo tuve la suerte además, de que me saliera todo gratis, por mis calificaciones y mi condición de “manitas” aficionado a todos los oficios, porque en el tiempo libre de estudio me encargaba del mantenimiento y reparación de cualquier cosa, como electricidad, fontanería y lo que se presentara. Y eso que se ahorraron mis padres. También podía detraer tiempo del estudio para practicar piano. De imágenes de todo tipo estábamos bien servidos, naturalmente. Y el número bordado en rojo sobre mis prendas de vestir, para la lavandería, era el 136.

    Allí estuve desde los diez a los dieciséis años. Y de allí al Ejército del Aire, voluntario como alumno para la especialidad de Radiotelegrafista.

    Hoy aquel viejo colegio es una residencia de ancianos de alto standing, tipo hotel de cinco estrellas, que nunca podría costearme con mi pensión por su alto precio, si lo necesitara. Así que, creo que, como en el chiste del preso y el maestro que pedían ayuda a cierto alcalde de Madrid, yo, al igual que el secretario del alcalde, y el alcalde mismo, nunca volveré a mi antiguo colegio.

    Aunque, modestamente, sí seré siempre un privilegiado en vivencias y recuerdos.

    ¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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  11. Querido Luis
    bueno, puede que en cada momento, o con cada promoción se le denominase de una manera, desconocía lo del “siete Dieciséis” Nos queda a los dos lo entrañable. Lástima que no hayas traído a este foro esos versos de Ramón Faro.
    Pero tu intervención completa la historia: ” uno para la Madre por tanto como nos aguantó, otro para la novia que era el típico regalo que mas alegría daba y el tercero no podía faltar….para El Siete Dieciséis”
    ¡Genial!.
    Un abrazo, viejo amigo
    Adolfo

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  12. ¡Ay Charo!
    si yo contara cuando intentamos entrar en tu colegio en Guadalajara, saltando las verjas que rodeaban el jardín….
    ¡Que historias!
    confío en que “El 716” nos haya perdonado
    Gracias por su intervención
    Adolfo Coloma

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  13. Me trae a la memoria el antagonismo que teníamos los chicos del F.J. con los del CHOE cuando paseábamos por la C/ General Ricardos ( Concretamente por lo que llamábamos “el Bloqe”) intentando enamorar a las chicas del barrio. ¡ Que tiempos !. ¡Arriba España!. Julio de Felipe

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  14. Preciosa historia, llena de todo lo mejor que tenemos los pínfanos y es esa gran unión y cariño, resultado de tantos años viviendo y compartiendo las mismas cosas, algunas tristes pero muchas también muy felices. Aprendimos a querernos entonces, y después de tantos años seguimos y seguiremos siendo una piña. Me encanta ese Cristo 716 que nos siga de alguna manera guiando el resto de nuestra vida. Gracias Adolfo por ese bonito cuento de Navidad.

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  15. Precioso artículo. Tenía en mi familia política un “pínfano” y una “Cristina”, ambos fallecidos ella hace menos de un mes. Los dos excelentes personas y con una formación social y cultural magníficas.
    Menos mal que hoy nos ha tocado hablar de algo bonito y entrañable, que falta nos hace.
    FELIZ NAVIDAD PARA TODOS

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  16. Mi General, querido Adolfo:
    Aunque ya conocía la historia (seguramente me la habrías contado tu) ha vuelto a emocionarme. Indudablemente, los colegios de huérfanos y algunas academias de preparación eran nuestra primera inmersión en algunas virtudes como el compañerismo, la amistad o la unión y el socorro

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  17. Estoy muy orgullosa de pasar por los Colegios de Huérfanos ( Las Mercedes y María Cristina-Guadalajara). Lo más importante, lo que aprendemos de ellos es, lo que quiere decir la palabra COMPAÑERISMO.
    Hace poco pude ver al Cristo de los pínfanos y con gran ilusión por mi parte.
    Un abrazo.

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  18. Él aspirino 1099 te agradece este entrañable recuerdo, Allí deje mis cordones. Recordáis al al buenazo del Sr Herrero, al Calvo? No recuerdo el nombre del tercero, era el más “”amable”. Un abrazo fuerte para todos aquellos que pasasteis por allí.

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  19. Me resulta chocante, mi general, lo mucho que se parece la historia y la forma de contarla a la que yo relaté en mi colección de relatos titulados ” El viejo Trapillo”. Curiosamente en el museo del pínfano de Carabanchel Bajo, bajo el cuadro del 716 que yo hice y regalé, está la historia a la que hecho mención anteriormente. Perdón que te corrija pero la cantidad que requería la viuda era de 3.000 pesetas. El que a mi me la contó es el 648 que curiosamente es tio mío. Un abrazo mi general enhorabuena por el relato.

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