LA MONARQUÍA QUE VIENE O SE VA Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

«Hay que aceptar la Monarquía como el mejor y más fácil puente hacia la democracia. Luego ya veremos». La frase llena de cinismo es propia de quién la pronunció; descubrirán al final del texto.

Pues en eso estamos: veremos.

Fue hace poco cuando hablábamos de la situación en la que está España, el mundo en general; acentuábamos lo nuestro con esa vulgaridad tan repetida: nunca antes habíamos visto cosa igual. La misma conclusión y los adjetivos ya conocidos del XIX son de ahora, idénticos, pero todo sigue peor.

La guerra civil es pasado, no sé si presente, desde luego futuro no tenemos como nación unida y abrazada. Sería posible si nos gobernasen otros, menos ideologizados y más sabios.

—Se me ocurrió una vez pensar-me dice Jenofonte, el amigo con el que hablo- que hoy la monarquía está más segura que nunca porque son los monárquicos los que más la atacan. La monarquía se ha hecho de izquierdas y esa es la razón por la que su futuro está asegurado.

En la conversación surge el tema de este proceso lento y silencioso en el que han ido cayendo las piezas con una sabiduría de la que solo es capaz la maldad. Obra tan perfecta en una España católica, monárquica, diversa, y que, a pesar de ello, se sostiene incluso después de luchar y enfrentarse por reyes distintos, por vitorear hoy un régimen autoritario y prenderle fuego mañana.

Pregunto a Jenofonte.

—¿Lo que decía Ortega y Gasset «La monarquía se ha hecho de pueblo», quiere decir hacerse de izquierdas?

—No; en absoluto. En España las grandes cosas las hace el pueblo. Ya que lo citas volvamos a Ortega: «Aquí lo ha hecho todo el “pueblo”, y lo que el “pueblo” no ha podido hacer se ha quedado sin hacer».

—Pues es cierto que aquí ese pueblo que dices, y dice Ortega, es el que conquista; y no los ejércitos. Lo que se hace bueno otros lo deshacen reunidos en grupos de poder que intentan enfundarse el guante real.

Un Rey, concordamos, no debe estar al lado de nadie, ni de izquierdas ni de derechas; de todos y de ninguno, pero debe hacerse querer y desear por todos y no desarticular la Corona.

España es tan compleja que fue capaz, por ello, de derrotar a Napoleón. Se hizo monárquico el pueblo cuando los reyes se embarcaban en Aranjuez sin amor y sin querer defender(se) con todo y todos.

—España es un pueblo de hombres, cosa que Napoléon no percibió; para él los españoles eran soldados, como los franceses que obedecían sin más. Hay que tenerlo en cuenta antes de medir las fuerzas.

—España tenía su rey por historia y porque les daba la gana a los españoles. No íbamos a dejar a los franceses, ni al mismísimo Emperador, cambiarnos ni a cambiar rey y religión. Si no se reza se penitencia, y en eso somos maestros, como en lo de los reyes, y no nos dejamos engañar con Estados ficticios que intenten cambiar alma española por nuevo Estado.

—Cierto es amigo Jenofonte que la sensatez o sabiduría son resultado de un aprendizaje, como para que ahora vengan maestros Ciruela a enseñar al pueblo la forma de Estado.

—De acuerdo estoy con eso, pero no olvides que la sensatez es la virtud que predomina y sin ella ninguna otra tiene utilidad y que el que fue sensato no puede ser que deje de serlo en poco tiempo.

Termina Jenofonte recordándome que él estaba junto a Ciro el Grande cuando estaba en el trance final y oyó lo que le decía a su hijo:

«En cuanto a ti, Cambises, tú sabes que no es este cetro de oro la salvaguarda del imperio, sino que los amigos fieles son para los reyes el cetro más verdadero y seguro. Pero no pienses que los hombres tiene una fidelidad innata: si así fuera, a todos parecerían fieles las mismas personas, lo mismo que las demás cualidades innatas a todos les parecen las mismas. Por el contrario, cada uno debe hacerse sus propios hombres de confianza…».

¡A cuantos intensos deseos del corazón debe renunciar los reyes y sin embargo disfrutan los hombres privados!

Dice mi amigo, como si sentenciase.

—Nuestra Constitución de 1978 estableció un sistema que se ha llamado de monarquía limitada, como último intento de basar la unidad estatal sobre el principio monárquico.

Es cierto. Nunca ha habido adoradores del nombre del rey ni de la persona, me refiero entre el pueblo, sino que los españoles se han sentido uno en la Corona, encarnados en ella y por eso aún resuena el juramento de algunos reinos cristianos. No encuentro frase más valedora y explicación de rotundidad de lo que es la Corona: «Nos, que somos y valemos tanto como vos, pero juntos más que vos, os hacemos Principal, Rey y Señor entre los iguales, con tal que guardéis nuestros fueros y libertades; y si no, no».

Esa es la garantía que desean suprimir de la Constitución española: la unidad, la encarnación de todo un pueblo. En su Rey.

—Sí, querido Jenofonte, estate atento y no olvidemos el anuncio apuntado por Tierno Galván: «Hay que aceptar la Monarquía como el mejor y más fácil puente hacia la democracia. Luego ya veremos».

¿Ha llegado el «ya veremos»?

Hubo un tiempo en el que se dijo: «La República la trajeron los monárquicos y, después, la perdieron los republicanos».

Es el pueblo, pero siempre incitado por alguien. Todo va y viene y ahora esto parece irse..

No sé si estamos a tiempo.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

15 septiembre 2022

11 pensamientos en “LA MONARQUÍA QUE VIENE O SE VA Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

  1. Atentamente y con el debido respeto

    Las repúblicas españolas huelen a sangre todavía
    ——————————————————————–
    El proceso lento y silencioso
    Dando pasos maleantes
    Cada día es más ominoso,
    Más inhumano y venenoso,
    Más violento y delirante.

    Y ante estas vicisitudes
    El alma española se debilita,
    Ahí están las actitudes
    Habida en las juventudes
    Sumisas al que despotrica.

    Contra la unión y concordia
    De los preceptos nacionales,
    La perversidad y las parodias
    Que retorcieron la historia
    Al capricho de los criminales.

    Que administran estamentos
    De la España que deshacen,
    Esas parvas de insurrectos
    Y. Los podridos intelectos
    Con pensamientos falaces.

    Las repúblicas expañolas
    Huelen a sangre todavía,
    A buitres, hienas y lobas
    Con la mentalidad traidora
    De acechanzas y bastardías.

    España día 15 de septiembre de 2022

    Ramón Lencero Nieto

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  2. A las órdene de V. E., mi General.

    Sí, mi General, eso dijo, sin mover un músculo de su cara de cartón piedra aquel que se hacía llamar «el viejo profesor», y los suyos lo dejaban en «anciano», quien como el «Flautista de Hamelin» secuestró con sus cantos de sirena a una juventud madrileña hasta entonces sana y castiza, y le abrió el camino hacia el porro, el botellón y la bacanal, siendo quizás, y sin quizás, uno de los personajes que más daño ha hecho con su resentimiento contra todo. Aquel que murió porque todo el mundo se tiene que morir, y para seguir llamando la atención, lo amortajaron con las gafas puestas; que nunca se había visto a un muerto con gafas, a todas luces innecesarias delante de unos ojos ya cerrados para toda la eternidad.

    Pero es que en eso de las reservas mentales respecto a la Monarquía, no fue el único que se manifestó en aquellos días. También F. Gonzalez., quien al final se llevó, por su juventud, el gato al agua en aquella partida de tahúres de la política para quedarse el mayor trozo del pastel, dijo, que lo vió un servidos en TVE, «que el PSOE transigía con la Monarquía, la bandera y los símbolos, pero que se reservaba su opción republicana».

    Puede que esta cama redonda de conveniencia en la que duermen socialistas, comunistas y separatistas, para hacer más fuerza, crean que ellos son los elegidos para ese «ya veremos».

    Modestamente.

    ¡¡¡Vi va España!!!

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  3. Buenos días, mi General y todos; a tiempo siempre se está, y si la sensatez es lo mismo que el sentido común, sabríamos que no es bueno «invitar» al Rey a marcharse, para luego tener que llamarlo para que vuelva. Eso nunca resulta práctico, elegante, ni bonito, aunque algún «Viejo Profesor» diga que no, que ya veremos, porque lo que es ver, si veremos «lo que es bueno», entre comillas, en nuestras carnes, y sentido coloquial.

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  4. «Sería posible si nos gobernasen otros, menos ideologizados y más sabios», dices y dices bien mi General y amigo.
    Jugoso el diálogo el que «mantienes» con Jenofonte que me ha evocado el mantenido entre Babieca y Rocinante en un poema situado en el top ten de la ironía, un poema que entre otros ilustra el prólogo a la primera edición del Quijote, todo él (el prólogo) un monumento a la misma; termina así el soneto en el que Rocinante se queja ante Babieca «porque nunca se come, y se trabaja»

    B. Metafísico estáis. R. Es que no como.
    B. Quejaos del escudero. R. No es bastante.

    ¿Cómo me he de quejar en mi dolencia,
    si el amo y escudero o mayordomo
    son tan rocines como Rocinante?

    Pues eso, querido amigo y compañero; ¿ante quién con Rocinante tendríamos que quejarnos, si todos «tan rocines como Rocinante», ayunos andan tanto de «cebada y paja» como de ideas…?
    Soberbia y premonitoria lección, por arrimar el ascua a nuestra sardina, escrita por un soldado raso, de Infantería; de Marina, dirían los compañeros con sardinetas en la bocamanga.

    Un abrazo.

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  5. Buenos días.

    Contra más pin Agenda 2030 más desafección por mi parte. No se puede vivir de las rentas del 1-o.

    ¡Viva España! ¡Arriba España!

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  6. El «Ya veremos» consiste en que las izquierdas intentarán echar al rey en cuanto puedan para hacer una República a su medida, como hicieron con la segunda

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  7. Muchísimas gracias Mi General, por semejante lección de monarquía que nos ha dado. Me quedo con el juramento de los reyes de Aragón, mi tierra, y que entre la unión de Isabel y Fernando, se formó una unidad nacional. Saludos para todos y confiemos………………..

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  8. Buenas tardes

    Después de leer su artículo, mi General, he estado hurgando en mis pensamientos – no tengo su suerte, he intentado invitar a Jenofonte a almorzar, pero no se ha dado por aludido – y me he preguntado, creo que por primera vez en mi vida, si mi fidelidad a la monarquía proviene de un convencimiento consciente o sólo de la tradición familiar y mi muy especial cariño por mi abuela, que lo era de corazón y que nos intentó transmitir en una época en la que ya no existía un Rey en España, y casi nadie fuera de mi familia o de amigos muy cercanos se atrevían a hablar.

    Y la verdad es que no consigo llegar a conclusiones claras.

    Por un lado, mi conocimiento directo de un rey como Jefe del Estado fue lejano, yo ya estaba fuera de España, concretamente en París, y al menos vi la ceremonia de su proclamación en televisión, en la televisión estatal francesa, al menos tuvieron ese detalle, aunque también recuerdo el comentario de un taxista parisino que se atrevió a preguntarme sobre «votre petit roi» en un tono evidentemente despectivo. No le contesté, pero al final de la carrera le pagué justo lo que marcaba el taxímetro sin darle ni un céntimo de propina, y me bajé decididamente del coche, lo que me valió oírle gritar por la ventanilla diferentes y nada agradables insultos sobre los españoles, y ahí si que me volví y le contesté que cada uno puede llegar a ser un miserable sin que mediaran intereses económicos por medio, más o menos. Lo entendió perfectamente y siguió su camino y yo el mío.

    Naturalmente que estuve de acuerdo con nuestra Constitución, e incluso viajamos a España para poder votar, y tuve la suerte de poder saludar personalmente a D. Juan Carlos y a Dña. Sofía en una parada técnica de paso hacia algún país de América del Sur que hicieron en la República Dominicana. Habilitaron una estancia en el mismo aeropuerto, y éramos sólo unos pocos, en su mayoría españoles, los que les acompañamos durante las horas que duró aquella parada. Tuvimos la oportunidad de darles la mano, y no se me olvida que la Reina avanzaba el pulgar imagino que para evitar que el apretón fuera demasiado entusiasta, o porque quizás tuviera algún dolor en su propia mano. Recuerdo el detalle del Rey hablando cordialmente con quienes tuvo cerca, y a la Reina muy callada. Como yo allí no pintaba nada, me alejé cuanto pude, y me camuflé cerca de una palmera de las varias que habían colocado en enormes maceteros, y allí me tocó presenciar la entrevista que un periodista dominicano aprovechó para hacerle al entonces Ministro de Exteriores, Marcelino Oreja, que me saludó muy atentamente pero que me miraba de reojo durante la entrevista, supongo que incómodo porque le estaba escuchando, sin poder evitarlo, y sin escapatoria posible por culpa de la palmera. Ha sido la única vez que he podido estrechar la mano de sus majestades, pero todavía lo recuerdo con emoción.

    Así que deduzco que mi lealtad a la monarquía es más emocional que consciente, pero a quién me diga que durante muchos años no admiró y sintió un especial afecto por D. Juan Carlos me atrevería a discutírselo, si exceptuamos a los de siempre, a los resentidos con el mundo. Fue un excepcional diplomático, con una simpatía natural nada afectada y una visión política que ya quisieran para si los que ahora practican la política, y no excuso a casi nadie. Es posible que los años le hayan afectado, y su conocimiento del ser humano le haya fallado lamentablemente y cometido el error de ponerse en manos de personas que ni han sido leales ni siquiera medianamente honorables.

    Ahora leo y escucho comentarios descarnados sobre su avaricia o su infidelidad matrimonial, pero mientras que la primera suele ser un defecto muy habitual en las personas que llegan a edades avanzadas ( y no tan avanzadas, pienso que es un defecto bastante corriente en toda esa jauría que le persigue con afán), la segunda va en cada naturaleza, y hay quién consigue reprimirla, pero si fuera tan excepcional no habría toda esa tasa de divorcios que por desgracia casi todos nos vemos obligados a presenciar incluso en nuestra propia familia. El estaba obligado a casarse por razones de Estado, pero es evidente que no estaba hecho para el matrimonio, y no tuvo la opción de divorciarse, por las mismas razones por las que tuvo que casarse.

    Pero ahora tenemos un Rey que es impecable en su comportamiento tanto en un aspecto como en el otro, y es tan injusto intentar hacerle pagar por los defectos de su padre que aunque puede que no nos resulte tan cercano o tan simpático – nobleza obliga y desgraciadamente no puede defenderse ni le dejan mostrarse tal cual es por la cuenta que les trae – representa el espíritu de La Constitución que nos dimos, y seríamos estúpidos si no reconociéramos en él la única salvación de una Nación que se va a pique.

    En el «ya veremos» de Tierno Galván estaba implícita una traición a casi la totalidad del pueblo español, y las declaraciones de Felipe González al respecto un desprecio absoluto por esa Constitución que él había jurado solemnemente, en definitiva otro traidor a la voluntad del pueblo.

    Esperemos que la sensatez de ese mismo pueblo ponga cada cosa en su sitio.

    Cordialmente

    Margarita Alvarez-Ossorio

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  9. Me gusta como ha tratado el tema, para mi que la «corona» está pendiente de un hilo, tanto silencio, en estos momentos convulsos, está haciendo que el pueblo diga que para que sirve la Corona.

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  10. Confieso que no soy monárquico, como ya lo he manifestado en otros comentarios de este «blog»; fui, como la mayoria de los de mi generación formado en otras ideas. La historia, además, no ha contribuido a mi atracción por ella, pues no he visto, desde que fué «impuesta, si, «impuesta» a España la dinastía borbónica, de la que solo un monarca, Carlos III, mi aprecio, organizador y reformador infatigable. Dicho lo cual he de añadir que ante la tesitura actual de un cambio radical llevado a cabo bajo las premisas de esta izquierda radical, siento pavor infinito pues seria revivir otra vez las pesadillas de un frente popular regentado por estas gentes sedientas de odio y venganza ahitas de revancha. Dios nos proteja y despierte a este pueblo enmohecido por la molicie y un sentido excesivo de bienestar progresivo.
    Lejos de la cínica expresión citada por aquel «icono» de la izqierda beneficamente motejado como «el viejo profesor», cínico como el solo -recordemos la frase suya previa a las elecciones,»una cosa es lo que se promete y otra lo que se hace después» Pérfido personaje corrompedor de la juventud. Que Dios le perdone.
    ¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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