LAS COSAS DE DON EUFEMIO. Coronel de Infantería DEM (R.) Félix Torres Murillo.

LA SEGUNDA GUERRA CIVIL DE FRANCO. General (R.) Rafael Dávila

LA RETIRADA. Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

 

Algo se escapa a nuestra capacidad de entendimiento. No puede ser ni será por eso. Será otra cosa. Será.

En la guerra el esfuerzo principal se esconde y se utiliza otra dirección que lo parezca y así no desvelar el lugar por donde se van  a emplear  los recursos mayores.

La política es el arte máximo de la guerra por lo que es el mayor juego del engaño. Entre otras cosas saber si esto es táctica o estrategia, si es una batalla perdida o una retirada a tiempo. Podría ser, ¿podría? Que una nueva batalla llevase a un desastre completo y alguien del enemigo te haya avisado. -Todavía estás  a tiempo. Tengan cuidado y lean a Clausewitz porque las retiradas se parecen siempre a la huida de un león herido y siempre dejan muerte. Es importante por tanto conocer el valor del que se retira, si es el caso y lo tiene. Recojo en mi libro El nuevo arte de la guerra la insistencia de Polibio en este tema cuando dice: «Si alguien cree que en el arte de la guerra hay algo más importante que conocer las preferencias y el carácter del general enemigo, es un ignorante y está cegado por la soberbia». Conociendo al personaje la retirada puede ser una huida o una trampa mortal.

Es muy cierto que «Los españoles se merecen un Gobierno que no les mienta». Nunca hasta ahora se había visto algo semejante. En plena batalla no puedes dejar a tu ejército sin mando y retirarte a meditar no se sabe muy bien qué.

En combate queda prohibido replegarse o rendirse bajo pretexto de estar desbordado, envuelto, sin municiones o por ver retirarse a unidades o fracciones próximas… Solo el jefe es el responsable. ¿Unos días?

Todo está muy confuso. En el arte del buen mandar, tan escaso en modelos actuales, se repite constantemente: <<No hay nada más amargo en las filas de un Ejército que verse sometido a las oscilaciones de un jefe vacilante en sus decisiones. Desespera, exaspera y acaba en pérdida de prestigio, en riesgo al que somete la vida de sus hombres. Después: la derrota>>.

La Moncloa no es la Pasarela Cibeles, ni un programa del mundo del corazón, televisado. Allí está el presente y el futuro de todos los españoles y su inquilino se debe a la seriedad y el deber que ese lugar exige. No hay descanso para asuntos personales.

En la Academia Militar teníamos un profesor al que llamábamos el Engañabaldosas. Cuando paseaba por el pasillo central del aula hacía unos giros extraños a cada paso que daba; parecía que iba a pisar una baldosa, pero pisaba la de al lado: el Engañabaldosas era impredecible.

Diego Saavedra Fajardo tenía una explicación muy clara para lo que intento explicarles: <<Dudoso es el curso de la culebra torciéndose a una parte y otra con tal incertidumbre, que aun su mismo cuerpo no sabe por dónde le ha de llevar la cabeza; señala el movimiento a una parte, y le hace a la contraria, sin que dejen huellas sus pasos ni se conozca la intención de su viaje>>.

El caso es que así no podemos seguir y conviene que los que tienen como responsabilidad la gestión de España y la defensa de los intereses de los españoles, de su convivencia y bienestar, acorten las inmerecidas vacaciones y se pongan a trabajar. Urge, es prioritario, que el inquilino del palacio de la Moncloa y otros palacios dejen de creerse lo que no es y se convoque a los españoles a decidir lo que quieren y a quien quieren para ello. Si alguien tiene que decidir que sean los españoles y no los separatistas ni los herederos del plomo.

No somos baldosas. Tampoco un ejército en retirada,  aunque a veces lo parecemos.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

25 abril 2024

Blog: generaldavila.com

 

LA II GUERRA CIVIL DE FRANCO. Por el General Dávila . Ya en librerías.

General Dávila  (Autor foto Rafael Dávila López)

LA II GUERRA CIVIL DE FRANCO (1939-1981)

¡Por fin! Ya en librerías. Editorial La Esfera de los libros.

No voy a extenderme. Leánlo, les anticipo que no les va a defraudar Historia que abarca de 1939 a 1981, pero que aún no ha terminado porque hay unos cuantos que prefieren vivir en guerra, les viene bien no terminarla.

Este libro es de alguna manera la continuación documentada de mi primer libro: La guerra civil en el Norte.

Desde el final oficial de la Guerra Civil hasta la Transición pasaron muchas cosas. Algunas se las cuento. En documentos. Otras se adivinan. Por los documentos. Sorprenden otra muchas. ¡Si no fuese por los documentos…!

No les va a defraudar. De eso estoy seguro.

Espero que este libro que hoy ve la luz la proyecte para que sea la verdad la que resplandezca.

¡Gracias! si lo compran y ¡gracias! si además lo leen.

Me tienen a su disposición en X  @generaldavila o en el correo generaldavila1@gmail.com

También  en mi página web generaldavila.com

 

 

PASITO A PASITO LA ETA QUEDA INSTALADA. Rafael Dávila Álvarez

El terrorismo sigue siendo protagonista en España. Es tal el nivel alcanzado que ocupa las instituciones, el Gobierno, o facilita este al que lo preside. La ETA dirige y conduce la política en España. Terrorismo no es solo pistolas y bombas, sino que hay mucho más; las guerras no solo se hacen con misiles, sino que hay procedimientos más sutiles y aparentemente melifluos para hacer creer lo contrario de lo que está ocurriendo.

La guerra solo pretende una cosa: dominar la voluntad del enemigo e imponer la propia. En la guerra se enfrentan los ejércitos.

El terrorismo usa la traición y la cobardía para someter e imponer su voluntad. Son un atajo de cobardes constituidos en banda de pistoleros. Personalmente los he visto hacerse de todo encima mientras lloraban cobardemente cuando eran detenidos. Pero han vencido.

¿Cómo y por qué? Usted y yo lo sabemos, pero nos es más fácil mirar para otro lado. No es la primera vez que algo así ocurre en España.

No hay ETA política, ni militar, ni político-militar, no hay nada de eso, solo una panda de asesinos dirigidos, teledirigidos por la peor calaña de políticos que ha dado la tierra y que esperaban su oportunidad para recoger el fruto del asesinato.

El terrorismo de la ETA ha logrado su objetivo: imponer su voluntad y someter a su enemigo que era España y los españoles. Para ello ha asesinado a cerca de 1000 inocentes, pero eso está ya olvidado y su premio es mostrado como la cabeza del enemigo ensartada en la lanza: «Euskadi y España son países libres». Iba como una bala hacia su objetivo. Estaba pensado y muy consensuado.

La ofensa está hecha y el mensaje ha salido con más fuerza que la última de sus balas. Objetivo alcanzado.

El procedimiento de las pistolas y la bomba, del ataque por la espalda, ha dado resultado.

Las víctimas llevan camino de ser culpables. Así parecía en el homenaje a Miguel Ángel Blanco cuando entre el descaro de las alianzas interesadas para mantener el puesto —el personaje lo llama diálogo — se apuntalaba, delante del Rey de todos los españoles, la nueva ley hecha para ellos y por ellos.

Ni siquiera era un armisticio, era la firma de la derrota incondicional de España a los terroristas.

No le den más vueltas.

Sin duda la política no debe judicializarse, pero aún es más importante que lo judicial recuerde aquella sentencia del Tribunal Constitucional amañado para acabar con el Tribunal Supremo y reconocer a la ETA.

Si lo recordamos todos empezaremos a explicarnos de donde venimos y a donde vamos.

Todo está consumado.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

Fue publicado el 12 julio 2022. Como si fuese hoy.

MIREN PARA QUÉ SIRVIÓ AQUELLO. HAN VUELTO A GANAR. General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Lunes 21 de junio de 1993.

Yo era ayudante de campo de SM. El Rey don Juan Carlos. Había dormido en Zarzuela porque aquel fin de semana había estado de servicio. Desde el amanecer estaba recopilando noticias y preparando el relevo con mi compañero. Empezaba una jornada más. No eran todavía las ocho y media de la mañana cuando nos llega por vías urgentes y oficiales la noticia. Atentado en Madrid. Sabíamos lo que eso significaba. Imposible de aceptar, de asumir, pero había que sobreponerse y atender a la dureza del momento como desgraciadamente había ocurrido en otras ocasiones.

Lo que no sabía ni podía suponer era que para mí aquel iba a ser un día especialmente doloroso.

Fluye la información, confusa al principio, dura, muy dura, siempre, eso es seguro, inaceptablemente cruel. Lo pongo en conocimiento del Rey que me pide más información, todos los detalles, que va llegando por los canales habituales. Está informado al momento según se van conociendo los escalofriantes datos del atentado criminal. Se trata de una furgoneta del Estado Mayor de la Defensa (EMAD). Los asesinos la estaban esperando en la confluencia de las calles de López de Hoyos y Joaquín Costa de Madrid. A su paso han accionado a distancia un coche bomba con 40 kilos de amonal que cogió de lleno al vehículo en el que viajaban 7 miembros del EMAD. Llamo al Estado Mayor de la Defensa. Quiero saber los nombres, más detalles…

Dávila, me dicen, uno de los asesinados puede ser tu primo Fidel. Levanto el tono de voz

-¿Cómo que puede ser? ¿Es o no es?

-Me lo confirman… Sigo en Zarzuela donde no paran de sonar los teléfonos y entrar las noticias. He hecho el relevo con el ayudante entrante de servicio que se hace cargo de la situación.

Hablo con el Rey. No es necesario transcribir sus palabras de dolor y aliento.

Han muerto 7 personas del Estado Mayor de la Defensa: teniente coronel del Ejército de Tierra Javier Baró Díaz de Figueroa; teniente coronel del Ejército de Tierra Fidel Dávila Garijo; teniente coronel del Ejército del Aire José Alberto Carretero Sogel; teniente coronel del Ejército del Aire Juan Romero Álvarez; capitán de fragata de la Armada Domingo Olivo Esparza; sargento primero de la Armada José Manuel Calvo Alonso y el funcionario civil del ministerio de Defensa Pedro Robles López.

La explosión causó heridas graves a cuarenta personas, entre ellas a tres niños, algunas de suma gravedad. Una hora más tarde el vehículo utilizado para huir los criminales estalló en la calle Serrano, cerca de la Embajada de los Estados Unidos hiriendo a otras tres personas, dos de ellas de gravedad.

Fidel Dávila Garijo, teniente coronel de Infantería, diplomado de Estado Mayor era mi primo hermano. Ingresamos en la Academia Militar juntos, de la misma promoción del Arma y de Estado Mayor. Un hombre cabal, un soldado ejemplar y querido por todos.

La ETA. Una vez más. Hace 31 años, pero el tiempo se ha detenido. No hay marcha atrás ni paso adelante…

Aquel día es hoy, hoy es y será siempre aquel día, como tantos otros que despiadadamente unos canallas asesinos y sus valedores de ahora pretenden olvidar y escenificar en una repugnante escena mediática tan pesada de digerir como el plomo que salía de sus pistolas.

Aquel día en el que asesinaron a mi primo yo no necesitaba más información. Cogí el coche y de uniforme salí hacia Alcalá de Henares donde vivía con su mujer y dos hijos. Llamé a la puerta de su casa. No hizo falta decir nada. Describir la situación es insuficiente para explicar el dolor. En el piso de al lado vivía el teniente coronel Baró. Era una casa militar. El dolor, el silencio, la muerte. Gimieron los cimientos del alma mientras se derrumbaba todo el edificio, juntos, abrazados, los que en una humilde escalera, servidores de la Patria enjuagábamos el más duro de los dolores. No soy capaz de describirlo.

Desde no recuerdo dónde me llamaban de una embajada. Mi hija mayor de viaje de fin de curso había oído en las noticias el asesinato y el nombre de un teniente coronel de apellido Dávila…Era mi primo. Muchos pensaron en los dos tenientes coroneles, los dos primos de apellido Dávila.

Luego vino todo lo demás. Fui a ver a sus padres. Su padre, mi tío, general de Estado Mayor, viejo soldado, me abrazaba como si yo fuese su hijo perdido. Roto de dolor, de dolores de todo tipo, aquella tarde fuimos a una misa en el Cuartel General del Ejército. Cuando llegábamos, despacio (a mi tío le costaba andar), el funeral ya había empezado. Había prisa. Todavía no sé por qué…

A los pocos días, aún con el dolor en las manos, volvía a estar de servicio en el Palacio de la Zarzuela. Aquella tarde el Rey recibía en audiencia a Jon Idígoras, diputado de Herri Batasuna (HB), dentro de la ronda de consultas para ser candidato a la presidencia del Gobierno. Audiencia por imperativo legal. Desde el control de Somontes nos avisaron de su llegada. Venía sin corbata y hubo que prestarle una.

Era el 1 de julio. Solo habían pasado unos días desde la matanza de la ETA. del asesinato de mi primo Fidel y sus compañeros.

En cualquier audiencia quien va a ser recibido por el Rey es introducido por uno de los ayudantes de servicio que le lleva a una salita de espera hasta que llega la hora de la audiencia acompañándole entonces hasta el despacho del Rey.

Don Juan Carlos, aquel día, en el momento previo de la audiencia, nos preguntó a los ayudantes:

-¿Quién va a recibirle?

-Me corresponde a mí, Majestad, le contesté.

El Rey, que nos conoce muy bien, no dice nada.

Poco antes de la audiencia sube el Jefe de la Casa del Rey, Fernando Almansa. Hace la misma pregunta. Recomienda que no sea yo el que le introduzca a la audiencia.

No hay razón ninguna. Cada uno sabe dónde está y para lo que está. Un soldado debe conocer su oficio.

Cuando llega Idígoras trae una carta en el bolsillo que pretende que coja el Rey. Sin tocarla la rechaza y le dice que nos la dé a uno de los ayudantes.

Brevedad, seriedad, compromiso legal. Describir el interior y los detalles lo dejo para otra ocasión.

Por los años setenta estuve destinado en la Compañía de Operaciones Especiales nº 61 de Burgos. Participamos en la Operación “Iruña” de cobertura de fronteras. Conocíamos el entorno de los asesinos etarras y sus andanzas cruzando la línea de mugas.

Hay muchas cosas sin contar. Muchos compañeros han dejado su vida por salvar la de otros. Desgraciadamente hemos llegado tarde en muchas ocasiones y los asesinos han contado con ciertos abominables apoyos, protección y resguardo.

Veo las imágenes de la ETA escenificando una pantomima muy bien orquestada, que pretende recorrer el mundo para difundir una escalofriante mentira que oculte los asesinatos y el odio que guardan dentro, y me alcanza la náusea. No guardo odio a nadie, a nadie. Pero el dolor es peor. El olvido no entra en mis planes. Lo que sin duda es tan grave como el peor de los asesinatos es la mentira y que se les permita contar la historia a su manera. Y que se les dé cobijo, amparo, se difundan las imágenes en primera página, que se las haya permitido por un Tribunal Constitucional, de mínimos, en contra de otro Tribunal tan supremo como este, que sus sucedáneos hayan llegado a las instituciones. Hoy muchos estarán satisfechos y reirán… se reirán de…

En justicia pura y dura no hay perdón a los delitos sino lo que la ley diga. El que la hace la paga y no hay más historia para un asesino, terrorista, que cumplir su condena.

Dicen, se oye, que ETA está derrotada, que no ha ganado. Yo, y ustedes perdonen, tengo mis dudas. La batalla del dolor yo la tengo perdida.

Hoy es un día triste en la historia de España.

Espero algún día poder encontrarme, cara a cara,  con los que, de una u otra manera, ayudaron a negociar, negociaron, y ufanos dicen que fue para olvidar tanto asesinato y dolor.

Y espero que algún día los que tienen la obligación moral y legal de contarlo todo que lo cuenten. Es algo que nos merecemos todos los españoles porque todos somos víctimas.

Cuenten la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad.

Aquí solo hay una historia de asesinos y víctimas, aunque vilmente algunos han pretendido que haya algo más y dar a los asesinatos una explicación como en la vergonzosa exhibición llevada a cabo en Cambo-les-Bains.

…y se puso la corbata

Una triste historia para este final (?) macabro y repugnante.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

 

 

 

«ESCÁNDALOS Y TRADICIONES» Coronel de Caballería ® Ángel Cerdido Peñalver  

 

 

 

Una de las 27 armaduras de la Escuadra de Armados, incluidas las del Alférez y el Sargento, así como los arneses y gualdrapas (manta y sudadero) de un caballo. Armaduras con cerca de 400 años de vida.  Empuñando alabardas, dan escolta y guardia a la imagen del  Cristo Yacente en la procesión del Viernes Santo de Toledo.

En nuestra política abundan los llamados  chulos de barrio, y esa política ahora alimenta a esa desvergüenza; lejos están los tiempos que el alcalde de Madrid, Tierno Galván, el «viejo profesor» como se le conocía, hijo y nieto de militar, cuando recibió al Papa Wojtyla, el día 30 de octubre de 1982 a las 18.07 horas, en la plaza de Gregorio Marañón  en pleno Paseo de la Castellana, bajo la estatua ecuestre del marqués del Duero, con la Corporación Municipal en pleno, fue donde  en su discurso de bienvenida cuando  habló con Su Santidad  en lengua latina.

Tierno Galván se convirtió en el gran impulsor de la movida madrileña, con la que supo conectar perfectamente, y que animaba con su lema:  «Roqueros, el que no este colocado que se coloque…y al loro»

Dicen que Tierno creía en lo moral y daba charlas a los basureros de su barrio cuando coincidía con los que  entraban en el turno de noche, y es que en política, los líderes deben ser humildes, educados y cultos (hablo de líderes, no de tiranos).

Por el contrario, hoy en los debates del Congreso, todos son gritos, mentiras, descalificaciones e insultos, además de gestos que si estuvieran en un colegio los tendrían que castigar.  Hay una ministra que, cuando habla el presidente, babea de alegría, agita las manos, salta en el escaño, va de risotada en risotada, parece que está en el circo. Pero no, la señora Montero está en el Congreso. ¡Que escándalo, aquí se insulta, y los demás aplauden!.

Cuando un aizkolari de puños fáciles y escasa educación se encarama al consejo de administración de una empresa pública, se derrumba la confianza del ciudadano y quiebra el principio fundamental que conecta el administrador con el administrado. Cuando los que mandan pierden la vergüenza, los que obedecen pierden el respeto, en realidad son déspotas que ni siquiera tienen la formación necesaria,  verdaderos necios en lo que gestionan y deshacen,  por eso pierden toda clase de autoridad pues su aprendizaje no está sólidamente formado, algunos, no lo traen  aprendido de sus casas. ¡Que escándalo aquí, la mayoría, desconocen las normas de educación!

Los políticos de ahora no tienen esa generosidad, competencia y deseo de acuerdo de los de la transición. ¿Será que hemos construido una democracia sin demócratas?, y por supuesto no tienen idea de la lengua latina, aunque sepan latín. Esta   expresión tiene dos acepciones: una es la estrictamente académica y alude al domino de la lengua, mientras que la otra está relacionada con la retranca y los resabios.

Cuando la confrontación se impone a la gestión, perdemos todos, y así tenemos este país de ciudadanos adormecidos, anestesiados, hastiados por la incompetencia de quienes dejan que todo siga adelante por la inercia. Todos mienten y algunos son tan frios que solo toman licor del polo, y otros, están tan despistados como marinero franco de ría en puerto desconocido buscando plan.

Aquí muchos políticos y famosos, te dicen que hay cosas más importantes que el dinero, pero luego se montan unos pollos verbeneros para sacar petróleo de las piedras, y meses de 40 días para cobrar dietas. ¡Que escándalo, aquí se roba!.

El panorama de Cataluña para el próximo 12 de mayo se resume en una pelea de todos contra todos. Puigdemont, cuando vuelva a España quiere un pacto con los independientes, pero Orio Junqueras, que no lo soporta, ya le ha dicho que ni lo sueñe. A todo esto, el PSOE de S. Illa, con la parsimonia que le caracteriza, descalificando con la boca pequeña a los separatistas. Los Comunes, desaparecidos. La CUP, en extinción. El PP con un candidato con mala pinta y  novato, y Ciudadanos y Vox…¿existen?

Pero hay que tener en cuenta que ni en Cataluña solo pagan impuestos los catalanes, ni los catalanes pagan impuestos solo en Cataluña.

Ya lo dijo Borrell. «Las cuentas y los cuentos del independentismo catalán», pero el presidente de la Generalitat y candidato de ERC a los comicios del próximo 12 de mayo, hace poco en la Cámara alta declaró sin trapujos y con sorna que: «Como independentista y de izquierdas, trolear al PP siempre es apetecible», pero lo que más desea Aragonès es que Cataluña recaude todos los impuestos y después transferir recursos al Estado ¡Que escándalo, aquí  lo único que les importa es aquello que dice: «la pela es la pela»! (Expresión popular del catalanismo más depredador, confirmado estos últimos días de batalla secesionista.)

Repito lo de la semana pasada: Señores diputados, máxima elegancia por favor, que no es otra cosa que no hacer daño a los demás; caminen, lean, piensen…, es la única esperanza contra su actual   barbarie.  ¡Que escandalosa forma de vivir!.

Señores del Gobierno, hay que pensar en una educación moderna que al menos las nuevas generaciones  tengan consciencia de que es cívico sujetar la puerta hasta que la coja la persona que viene detrás; que se camine por la derecha en las aceras, que es de lógica dejar salir antes de entrar,  que no nos cueste crear amabilidad con un «buenos días», «disculpe», «pase», «no se moleste que ya lo cojo yo», o ponernos una mascarilla cuando seamos conscientes de tener una gripe y estemos en un lugar concurrido.

En este país ya agnóstico , cuando no ateo, en las ideas y los hechos, donde siempre ha habido un afán destructor de las tradiciones, a las  que ahora llaman «caspa»; hoy en su lugar,  se afanan en  montar actividades acordes a la vida moderna como: agricultura ecológica, talleres sobre nuevas masculinidades, comunicación asertiva, corresponsabilidad doméstica, igualdad de género, gestación subrogada, y los géneros no binarios y pan sexuales…. ¡Que escandalo, entre otras cosas, aquí también permiten las guarrerías!

El fenómeno del resurgimiento de las procesiones  de Semana Santa me alegra. Aunque no soy muy adicto a ellas, (me gustaría que me gustasen más), esta Semana Santa vi y oí en Aragón  un cóctel de sonidos, que pasaron de las jotas y saetas, a los aplausos con el acompañamiento de carraclas, matracas, tambores, bombos y timbales, a  los acordes de una banda de música que marcaba los pasos de los costaleros.

Todos los Viernes Santos, siempre me acuerdo de  los «armados» toledanos, y de manera especial de mi hermano Pepe que en su día  lo fue.  Estos 27  armados  con armaduras de la armería del Conde de Fuensalida, construidas en Tolosa en el año 1686,  con cota de malla y yelmos, petos, espaldares, con  gracioso tonelete de seda, espada al cinto. Empuñando enormes alabardas, dan guardia a la imagen de Cristo Yacente, desde su salida de la Parroquia Mozárabe de las Santas Justa y Rufina de Toledo, entre todos, destaca el sargento, con su alabarda, llevada a pulso, y la punta  de su cabeza de armas hacia abajo  sin tocar la tierra.

Yo,  este año pasé el Domingo de Resurrección en Burdeos,  en su maravillosa Catedral gótica de San Andrés, y en  su misa de las diez y media de la mañana,  comprobé como toda Francia no es laica, y también  como el gobierno francés  blindó esta Semana Santa a todas sus iglesias  con un estado de alerta máxima llevado a cargo por su ejército.  Burdeos está en una de los cuatro rutas del  Camino de Santiago en Francia,  el llamado Camino de Tours, que partiendo de la Torre de Santiago de París recorre: Orleans, Tours, Poitiers y Burdeos, y acaba   atravesando los Pirineos por el paso de Roncesvalles.

Fue el domingo de resurrección, y es que solo para los cristianos que no cambiamos de chaqueta, la resurrección es la base de todo… pero desde la materialidad de la política española resulta mucho más fácil creer en una falsa resurrección, y para los que no se lo crean, ahí está el ejemplo de Puigdemont. ¡Que escándalo, nos manda y ordena un prófugo de la Justicia!

Se puede cambiar de todo, de cara, de sexo, de pareja, de chaqueta…, pero nuestros políticos son tan falsos que  serían capaces de cambiarse hasta  de su equipo de futbol de toda la vida.

¡Qué escándalo, qué escándalo!  Ahora me entero que aquí  también se hacen trampas.

Nosotros no podemos volver atrás y cambiar el principio, pero podemos empezar desde donde ahora estamos y cambiar el final.

Como dijo Pio Baroja, esta clase de españoles viven gracias a que los demás no saben, se llaman a sí mismo políticos y a veces hasta intelectuales.

En vista del panorama, y con permiso de Sabina: Vivo en el número siete, calle Melancolía. Quiero mudarme hace años al barrio de la alegría. Pero siempre que lo intento ha salido ya Sánchez, (quería decir el tranvía).

¡Que escándalo!

Un fuerte abrazo a todos.

Zaragoza mayo 2024.

Blog:  generaldavila.com

LAS COSAS DE DON EUFEMIO. Coronel de Infantería DEM Félix Torres Murillo (R.)

¿España indefensa?: ¿Por quién doblan las campanas? Manuel Castro Zotano. General retirado

Por si éramos pocos parió la abuela. A todos los males que el actual Gobierno nos está trayendo y que tienen que ver con la posibilidad de Trocear España, convertir el Estado democrático en una autocracia y menoscabar los derechos y libertades de todos los españoles, se une otro que complica aún más el horizonte político: la amenaza de una guerra de Rusia con la OTAN, que puede ser devastadora si se emplean armas atómicas. Putin, un autentico “perturbador continental” según la geopolítica (“un místico, un fanático o un terrorista sin escrúpulos capaz de realizar las mayores atrocidades en nombre de la idea de expansión que represente”), amenaza con ello públicamente sin ambages. Las reacciones no se han hecho esperar. El presidente  de Francia Sr. Macrón, que considera “existencial” para Francia y  Europa occidental que Rusia no gane la guerra de Ucrania, afirmó en febrero que “no hay consenso sobre el envío de tropas terrestres, pero no se puede descartar nada”. En cambio, la OTAN, a través de su secretario general recalcó que “no había planes para enviar tropas a Ucrania”. En esa linea se han manifestado el canciller alemán Olaf Scholz, la Sra. Meloni, Presidenta del Consejo de Ministros de Italia, el Primer Ministro Británico, Sr. Sunakla, la embajadora de EEUU en la ONU y nuestra Ministra de Defensa. Como respuesta, Putin, lo tiene claro: “Estamos dispuestos a utilizar las armas, incluso cualquier arma (…) si se trata de la existencia del Estado ruso, de dañar nuestra soberanía”.

 

Todo este ruido son declaraciones de políticos o sea, ruido. ¿Estamos, realmente, tan cerca de una conflagración Rusia-OTAN de imprevisibles resultados? Vamos a tratar de aportar algunas ideas para podernos mover por este proceloso camino. Pero tengan en cuenta que esto es un artículo, no un Juicio de Inteligencia y, menos, una tesis,  se trata, simplemente, que cada lector saque sus propias conclusiones e investigue por su cuenta para formarse una opinión fundamentada.

 

Siguiendo un método inductivo, empezaremos por la Guerra Rusia-Ucrania para terminar con la posibilidad de guerra Rusia-OTAN. En cuanto a la primera, en dos años de guerra, tras la resistencia heroica de una pequeña nación (con la ayuda en material militar de occidente) frente a una gran potencia mundial, hay que decir que la ofensiva está en punto muerto, aunque evoluciona ligeramente a favor de Rusia. ¿Quién ganará esta guerra y cuándo? Desde mi punto de vista, ganará la guerra el que disponga de mayor capacidad de sostener las operaciones. Sin abrumarles con números, es obvio que Rusia tiene una mayor capacidad que Ucrania por su extraordinaria superioridad demográfica y en recursos militares de todo tipo. Algunos me dirán: pero Ucrania no está sola, tiene el apoyo de la OTAN en armamento, material y equipo. Desde que empezó la guerra se ha comprobado que hay dos recursos claves para el sostenimiento de las operaciones de Ucrania: el personal y la munición). Respecto al personal, la OTAN no va a intervenir con su personal para evitar una escalada peligrosa del conflicto y Ucrania tiene una sangría constante de bajas de combate que cada día le es mas difícil de reponer. Sus últimos intentos de movilizar recursos humanos de ucranianos fuera del país ha sido un fracaso y las llegadas de extranjeros para combatir son irrelevantes. En cambio Rusia, con una sangría mayor, en poco tiempo ha movilizado 300.000 hombres. En cuanto a la munición, el tema es mas complejo y, seguramente, sorprenderá a mucha gente. Los dos tipos de munición que más necesita reponer Ucrania son los misiles (anticarro y antiaéreos portátiles) y, fundamentalmente, los proyectiles de artillería de campaña de 155 mm. En el primer año de guerra, Ucrania consumió toda la reserva de este tipo de proyectiles de artillería y un tercio del de misiles portátiles de los países de la OTAN, incluido EEUU. A esto se une que sigue consumiendo munición de esos tipos a un ritmo superior (el doble) que el que se fabrican. Aunque se están reforzando las medidas para aumentar la producción tanto en EEUU como en los países UE, esto no es de un día para otro, por lo menos se necesitan de uno a dos años para implementarlo. Por ahora, se están comprando en los países miembros de la OTAN, insuficiente a todas luces. A este problema se une otro mas terrible: la financiación. Hasta ahora el gran peso de la ayuda militar lo soportaba EEUU (75.000 millones de $) pero, en estos momentos, ha suspendido todas las ayudas importantes previstas (60.000 millones de $) por la negativa republicana. No cabe duda que alguien tiene que pagar la factura si se quiere seguir manteniendo la ilusión de ganarle a Rusia en Ucrania y ese alguien no es otro que los países miembros de la UE y Noruega. ¿Estarían los países europeos dispuestos a tales gastos por mucho tiempo?, creo que no, por las restricciones económicas que tendrían que introducir en sus respectivos países y el costo político que supone y todo por una guerra lejana que no la sienten como “existencial”. Esto se traducirá en disensiones internas en la UE que terminarán por querer imponer a Ucrania una solución de paz negociada con Rusia, en que abandone sus actuales lineas rojas territoriales.  En mi opinión, Rusia, que se ve cada día mas ganador, tampoco accedería. Con el paso del tiempo, la paz negociada se transformará en una rendición condicional y mas tarde en una rendición incondicional.

 

            La cuestión de la financiación de la OTAN es un tema relevante. EEUU, que tiene una política de defensa global, no solo actúa en el marco de la OTAN, sino que contempla otros escenarios, alguno de ellos prioritario para sus intereses, como el del pacífico, donde tiene una gran despliegue militar muy costoso. Ha pedido, reiteradamente, a sus aliados de Europa repetidamente que aumenten sus capacidades militares, sin mucho éxito. El anterior Presidente, Sr. Trump, ha venido a decir, con su lenguaje chulesco, que muchos países de Europa “chupan seguridad” de EEUU y no pagan la factura. Amenazando con retirarles la defensa colectiva al que no alcance los estándares que marca la OTAN en materia de capacidades militares para cada uno de sus países y, muy relacionado con esto, en materia de financiación. Todo ello, lleva a dedicar una partida importante de los presupuestos (en principio, el 2%) para que se alcancen esos estándares. Hay que tener en cuenta que no se puede jugar con bonitos informes o presentaciones brillantes. Si se dice que aportamos, por ejemplo una División Mecanizada, tiene que disponerse de esta Gran Unidad al completo de sus efectivos, armamento, material y equipo, así como las reservas de guerra correspondientes a los días de combate que nos marquen. Esto llevará consigo una inversión superior al tan traído y llevado 2%. a esto habrá que unirle los gastos derivados de la capacidad de generar fuerzas creíbles en el país para una guerra prolongada (movilización, instrucción de la población, reservas de guerra, etc).

 

Con todo lo que llevo apuntando, vamos a dar el salto a la posibilidad de una confrontación de Rusia con la OTAN. Putín, que puede ser un psicópata, pero no tonto. Se ha dado cuenta que el poder militar convencional ruso, después de lo de Ucrania, no es el que le habían contado los lametones que le rodeaban (normal en todas las dictaduras) y sabe que, por medios convencionales, es muy difícil batir a la OTAN en Europa, porque la primera línea de defensa europea la constituyen un bloque de países que todavía están dispuestos a defender su país (cosa que no sucede en la retaguardia. Vergonzosamente, los españoles que lucharían su país, en la última encuesta Gallup, se cifra en el 29% y los que, directamente dicen que no, mas del 40%). Como reduzco al mínimo la posibilidad del uso del arma atómica, supongo que su actuación después de la guerra de Ucrania, será la rectificación del frente con la ocupación de Moldavia y la posibilidad de un corredor entre la OBLAST de Kaliningrando y Bielorusia. El resto será una presión política y militar para cercar la OTAN (Europa, el Caucaso, oriente medio, el Sahel, y posteriormente, el Magreb, e Iberoamérica), debilitar el apoyo de EEUU al pilar europeo de la Alianza, desunir a los países de Europa y penetrarlos (nosotros como somos siempre los campeones en el despropósito, ya tenemos algunos que han ofrecido su país -Cataluña- a Putin, a cambio de la independencia de España).

 

En estos momentos tan decisivos para mi Patria y mi civilización lamento tener ochenta años y no poder servirla en la trinchera como he hecho toda mi vida anterior. Pero, no les quepa la menor duda, que los que son de mi ralea no nos entregaremos sin resistencia (por decirlo civilizadamente).

 

Manuel Castro Zotano

General retirado

 

 

ESPAÑA. PUNTO DE SITUACIÓN, POR EL General Dávila (R.)

Coartada en Gaza La guerra de verdad tendrá lugar cuando Irán use su armamento nuclear para aniquilar a los «corruptos» saudíes. Gabriel Albiac (publicado en El Debate)

Reproducimos el artículo de Gabriel Albiac publicado ayer en el periódico El Debate. Después de leer, ver y escuchar a cientos de analistas militares y políticos nadie da respuesta ni alcanza el fondo de lo que ocurre en Oriente Próximo. Al fin encontramos a alguien que desvela lo oculto tras tanta miseria humana. Ha tenido que ser el filósofo, el conocedor de los adentros del alma, quien deje al descubierto la trama que allí se enrosca

Viene el maestro Albiac señalándonos repetidamente donde está el mal. Lo hace con el desprendimiento que proporciona la sabiduría. Mientras, nosotros seguimos discutiendo entre buenos y malos, abriendo las puertas al vendaval que viene. Una vez que la vara se ha convertido en serpiente no hay marcha atrás; no vuelve a ser vara. Serpiente engendradora. El huevo está puesto.

Recordando a Borges, seguimos jugando a no ser ciegos, compramos todo lo que nos venden como bueno y abrimos la puerta a quien no llama, sino que penetra.

Solo hay que esperar: la Yihad.

 

EL QUE CUENTA LAS SÍLABASGABRIEL ALBIAC
 
Publicado en El Debate el 15 abril 2024 

Coartada en Gaza

La guerra de verdad tendrá lugar cuando Irán use su armamento nuclear para aniquilar a los «corruptos» saudíes

Gaza no sucede en Gaza. Sucede en Teherán. O, más bien, en Qom, la ciudad santa en la que sumos sacerdotes chiíes deciden el destino del islam en el mundo. Gaza pone sólo los cadáveres: propios como ajenos. Pero los cadáveres, en una guerra de religión, carecen de relevancia. No hay precio humano que no esté dispuesto a pagar aquel que tiene la certeza de ser fiel a un dictado deífico: exterminar a los infieles. Sacrificando, también, a cuantos fieles den lustre a la ceremonia santa. No hay injusticia en ello: el premio en huríes, que está reservado a los mártires, supera de lejos el desagrado de morir aquí.
Gaza ha sido, desde el inicio, una operación diversiva. Desde un inicio que se remonta a muchos años antes de que la sangre del 7 de octubre corriera. Sobre un territorio por completo improductivo, Irán ha venido desplegando una estrategia de largo plazo, cuyo éxito medimos ahora. La franja es una de las zonas más pobres del planeta y más sobrepobladas. Una vez depurada –y, en buena parte, asesinada– por Hamás la «modernizante» OLP, el islamismo ha implantado sobre el territorio una regresión social que convierte a su población en masa parasitaria, cuya supervivencia pende sólo de las ayudas externas: ya vengan de Arabia y los emiratos, ya de Irán, ya de los estúpidos países europeos que financian a la Unrwa (España, por ejemplo). Durante todos esos años, la ayuda humanitaria y el material militar han ido siendo entregados a Hamás en impune amalgama que todo el mundo conocía. Y, en esa amalgama, la intemporal distinción entre sunnitas y chiíes se ha ido desdibujando. Y, al final, por primera vez en siglos, los clérigos chiitas de Qom han asentado, gracias a Gaza, una hegemonía moral absoluta.
¿Qué rentabilidad tenía lanzar, el 7 de octubre, a una masa guerrillera –pero también civil, y es esa la clave de su éxito– a la mayor matanza de judíos desarmados desde los años del nazismo? Para los gazatíes, ninguna. La operación era garantía inequívoca de forzar a Israel a entrar, a sangre y fuego, en el territorio en donde permanecían secuestrados cientos de ciudadanos –y de cadáveres– israelíes. La mortandad que venía de camino era inexorable. Hubiera bastado liberar a esos secuestrados, entregar esos cadáveres, para atenuar el apocalipsis. No se hizo. ¿A quién interesaba que no se hiciera? No a los gazatíes, desde luego, que sabían hasta qué punto forzar una ofensiva total del ejército israelí era abrir una contabilidad en muertos de decenas de miles.
Las reglas del arte militar, desde Sunzi, aconsejan dejar al enemigo una línea de repliegue, si no se quiere ir de cabeza a la matanza completa de los contendientes. Pero la decisión de cerrar todas las puertas de salida en Gaza la toma Irán. Y es una decisión, en lo militar, muy hábil. Fuerza a Israel a una guerra con costes humanos ilimitados. Como contrapartida, no va a ser Irán quien pague con sus propios muertos en la balanza: la experiencia de la guerra irano-iraquí, en 1980 y 1988, ha sido aprendida: más de un millón y medio de bajas. Otros se desangrarán esta vez. Y, en Gaza, la muerte masiva de una población náufraga del fervor religioso y la miseria será altamente rentable para sus inductores.
Y lo será en dos planos.
Pondrá a Israel ante la peor hipótesis de su historia. Porque, seamos serios, en Gaza la distinción entre Hamás y la población civil es, más que difusa, casi inexistente. Los puestos de mando militares llevan años siendo instalados en el interior de hospitales y escuelas; los rehenes israelíes fueron repartidos entre privadas familias de creyentes que juzgan un honor sagrado imponerles sufrimiento y, cuando llegue la hora, muerte. Liberarlos, en el caso de que sea posible, implicará –está implicando– un coste de vidas como jamás se ha visto en esa zona. Y se han visto en esa zona muchos horrores ya. La imagen internacional de Israel saldrá necesariamente herida.
Pero no es ni siquiera ése el gran triunfo de los ayatolás iraníes. Lo es, sobre todo, el vuelco que impone en las relaciones de hegemonía entre sunníes y chiíes. El Irán chiita posee hoy el ejército más preparado de todo el mundo islámico. Sólo Arabia Saudí y sus aliados sunníes pueden disputarle la hegemonía religiosa (y económica), llegada la hora de la gran Yihad que devuelva al Islam su esplendor perdido. Antes de que ese profético destino pueda ser afrontado e impuesto el universal califato, Irán habrá de liberar el territorio saudí, patria del Profeta, de sus corruptos usurpadores actuales. La cesura que abriera en el Islam la batalla de Kerbala en el año 680 será sellada. Y nada impedirá ya a los fieles alcanzar esa hegemonía mundial que el Misericordioso prometió a su pueblo.
Gaza es una coartada, una horrible llamada a la matanza propagandística. Israel es un objetivo táctico. Sólo táctico. La guerra de verdad tendrá lugar cuando Irán use su armamento nuclear para aniquilar a los «corruptos» saudíes. Y, con ellos, a sus aliados en el Golfo. La Yihad habrá empezado ese día.
16 abril 2024
Blog: generaldavila.com
Publicado con autorización del autor.

UNA PREGUNTA AL JEFE DE ESTADO MAYOR DE LA DEFENSA EN EL DÍA DE LAS FUERZAS ARMADAS Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

El 25 de mayo será el acto central del Día de las Fuerzas Armadas 2024. Los Reyes presidirán el Homenaje a la Bandera, el acto de recuerdo a los muertos en defensa de la Patria y el desfile final, que cerrará la necesaria convivencia entre pueblo y ejército que cada año se centra en un lugar de España, en esta ocasión en el Principado de Asturias.

En los preparativos de este día todos hablan y explican lo que hacen y dejan de hacer las Fuerzas Armadas, unos con mayor conocimiento que otros. Entre los que mejor saben ese quehacer y misión principal está el Jefe de Estado Mayor de la Defensa JEMAD.

Alguien le ha debido preguntar por eso tan difícil de explicar en los tiempos actuales:

-¿Para qué sirven las Fuerzas Armadas?

Sin duda que es complejo dar una contestación acorde con los titulares que a diario nos desayunamos. El JEMAD ha entrado al trapo.

<<Las Fuerzas Armadas sirven para que la sociedad viva en paz y tranquilidad>> ha dicho la máxima autoridad militar de los ejércitos.

Mi preocupación, solo eso, me lleva a meditar en voz alta y decirle:

-Lo siento Almirante, pero no entiendo nada.

Creo palpar que la sociedad vive de manera distinta y ninguna cercana a la paz y tranquilidad, ni esta sociedad, la nuestra, ni aquellas de otros.

Paz y tranquilidad: a la vista está.

Pero permítame que me centre más en su respuesta porque estamos metidos en un buen lío. Las cosas se crean por necesidad y, para evitar malos entendidos, se regla su funcionamiento a la vez que se concretan sus misiones en cada caso. Al paraguas no es necesario decirle que está para la lluvia, también para el sol en su caso, incluso un día sirvió para pescar angulas. No creo necesario explicar a nadie que un juez está para juzgar o un médico para curar, que el cura reza y que el sembrador siembra. Claro que a la hora de hablar del militar ¿qué decimos? ¿para hacer la guerra? ¿o la paz? ¿o es lo mismo? Está mal visto eso que hacemos a diario: la guerra.

Quiero explicarle cual es mi duda en estas cosas de la paz y la guerra, porque la confusión podría venir de la propia definición de nuestra misión (me refiero a la militar) y no solo a mí me alcanza. Alguien pensó en su día que el juez juzgaría, que el médico curaría, pero que el militar no militaría y que a España no la iba a reconocer ni la madre que la parió y entonces dijo: pongamos la venda antes de la herida. Creo Almirante que me entiende, y de eso se trata. Porque si España va camino de dejar de serlo convendría que se explicase al personal (ese era el término usado por Azaña para referirse a los militares). Porque lo que hacen las Fuerzas Armadas, es decir su misión, puede ser una y otra, es decir la fundamental y otras diversas, incluso alguna ni eso. Y a la hora de ver su prelación e importancia habrá que irse a la Ley y en este caso que tratamos dice, que conviene repetir, que <<…tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional>>. Pues a ver cómo se garantiza eso, ¿con la guerra? Porque al ser fuerza armada lo suyo son las armas, como al cirujano es el bisturí o al juez el Código.

Si, que ya lo sé. Que políticamente todo es posible y que los ejércitos no deben meterse en política y que hay que hacer o deshacer, que hoy es la España del 98 y luego salta a la del 31, incluso a la del 78 dándose una Ley que dice lo que dice. ¿Ve Almirante como es necesario explicar las cosas? La Historia conviene explicarla sin ley, sino como ha sido. Para la paz y la tranquilidad. Pues eso le quería decir. Hay mucho personal que no está tranquilo y al ser esto así se pregunta si las Fuerzas Armadas llegado el caso de materializarse su intranquilidad estarían para lo que están o para otra cosa. O sea que mañana van los de la mayoría de la casa que protegen los leones (de bronce) y dicen que cierran España por derribo y son avalados por un Constitucional que responde al -¿Quién manda en la fiscalía? Y todo se acabó, incluida la misión de las Fuerzas Armadas que se quedan el Sahel o en Turquía.

Usted Almirante no diga nada, no es necesario que me responda, pero lo de la paz y la tranquilidad me ha intranquilizado.

Ya sabe:

-El Sahara. Marruecos. El Sahel. Ceuta. Melilla. Canarias. Gibraltar… ¡Vaya!, mira por donde ahora están negociando la base militar de Gibraltar, su aeropuerto, sus túneles, su armamento ¿nuclear?, sus piratas en sus aguas, sus mentiras sobre la economía de la zona, su contrabando, pero de lo militar nada. Cuando eso es lo verdaderamente importante: una Base Militar Británica en suelo español. ¿Pero no éramos aliados? Ese no es un tema que nos preocupe, que exista una colonia (base militar extranjera) en tierra española. O lo más grave: que no representemos nada ni nada seamos militarmente en esa angostura del Estrecho. Ni en parte alguna.

En resumen que eso de la integridad territorial, de la soberanía y no sé cuantas cosas más lo han colado en la Constitución por eso de rellenar Títulos, pero que en definitiva para fuerzas armadas las británicas y cosas así.

Paz y tranquilidad para que Gibraltar sea eso, Ceuta y Melilla ya veremos, y…

Nada más fácil que acabar con esa integridad territorial que brindar en bandeja su desintegración, con la cabeza de España sangrante y caliente a los que ahora mandan en lo que queda de España.  Cataluña, País Vasco, Gibraltar, Ceuta, Melilla… cositas así.

Tranquilidad ninguna, ¿paz? Según como se mire.

No conteste, por favor.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

15 abril 2024

 

HOY ES 14 DE ABRIL. LA REPÚBLICA QUE VUELVE Del Libro: Guerra civil en el norte. General Dávila (R.)

 

¿DÓNDE VAS ALFONSO XIII?

El 14 de abril de 1931 el Rey se marcha, abandona el ejercicio de sus funciones para evitar un supuesto y posiblemente no seguro derramamiento de sangre.

No había razón alguna; nadie había depositado en las urnas la forma política del Estado. Solo eran unas elecciones municipales que el Rey ni perdía ni ganaba; él no entraba en juego. Nunca se sometió a referéndum la forma política del Estado. De unas elecciones municipales surgió la República.

Alfonso XIII se quedó solo.

¿Dónde están mis leales? No están aquellos Cadetes de Infantería a los que con tanta frecuencia visitaba en Toledo, en el campamento de la academia militar, los Alijares. Fresco el recuerdo de aquella tienda de campaña en la que durmió el Rey un día ya lejano mientras resonaban en sus oídos las palabras que su Director dirigía a los Caballeros Cadetes: «Conservad en vuestros corazones estos sentimientos de admiración, cariño y adhesión a nuestro Rey, que ellos serán la guía de nuestro proceder en todos momentos [sic], hasta en los más peligrosos de nuestra gloriosa carrera. Dedicad todas vuestras energías, vuestra vida entera, a su gloria, que es la de la Patria» […]. «Recordad en todo momento que las páginas más gloriosas de nuestra historia las ha escrito la Infantería con la punta de sus bayonetas».

Otros Cadetes, los de la Academia General Militar estaban más lejos: en Academia General Militar de Zaragoza. Su Director, el general de Brigada Francisco Franco Bahamonde, había propuesto que la General, como se la conocía, se ubicase en El Escorial. Entonces las cosas podían haber sido distintas: «Si hubiésemos estado en El Escorial acaso habrían podido cambiar algunas cosas. A mí me hubiese sido fácil presentarme el 12 o el 14 de abril de 1931 en Madrid, al frente de los cadetes, e influir, quizá, sobre las circunstancias que determinaron la expatriación de Alfonso XIII» (Franco. Manuel Aznar).

Ya antes, muy pocos meses antes, el 12 de diciembre de 1930 el general Franco había plantado cara al golpe de Estado republicano, un servicio de guerra, al tomar posiciones con sus cadetes en Zaragoza sobre la carretera de Francia para detener a la columna del capitán Fermín Galán, laureado de la Legión, sublevado en Jaca por la República.

El desorden e improvisación de la columna de Galán hizo que no pasase de Huesca. Detenida y anulada. Los capitanes Galán y García Hernández fusilados.

Era el pronunciamiento militar vanguardia del Comité Revolucionario que pretendía que los militares fuesen por delante, asegurarse la fuerza. Casares Quiroga, que iba camino de la revolución del capitán —dicen que a detenerla—, se quedó dormido en el hotel de Jaca. Al despertarse ya se había sublevado Galán que avanzaba hacia Huesca. ¡En nombre del Gobierno Provisional Revolucionario!

A partir de ese momento nadie estaba tranquilo. Se había inaugurado una etapa de permanente violencia y desconfianza política y social. Después del fracaso militar y revolucionario, inventaron la escusa de las urnas. Unas elecciones de falsa interpretación y amañados resultados.

Al fin, como consecuencia de sucios pactos y manejos, sin razones legales en que sustentarse, llega a España la República, porque el Rey se va. Dicen que para evitar un derramamiento de sangre; nadie dijo lo de supuesto y posiblemente no seguro derramamiento de sangre que, al final, ya sin rey, se produjo. No era el rey el problema.

El 14 de abril Alfonso XIII tiene que abandonar España.

Son las hijas de un general y marqués, Gonzalo Queipo de Llano, las primeras en subirse a una camioneta y recorrer las calles de Madrid al grito de viva la República: «en alguno de esos camiones, roncas de gritar y sinceramente convencidas de la gloria de la jornada, iban mis hijas» (Queipo de Llano en Mis almuerzos con gente importante. José María Pemán, Dopesa 1970).

Mientras se le acaba el tiempo, el rey tiene aún lucidez para una breve meditación. Aquella dictadura. ¿Para qué? No era eso, no era eso. Esto no acabará aquí. Si se queda: ¿habrá guerra? ¿Si se va?

¿Dónde vas Alfonso XIII? Ya no hay vuelta atrás. Que se las arreglen ellos.

La Guardia Civil se inhibe por orden del general Sanjurjo, José Sanjurjo Sacanell, dos veces laureado, su Director. El repentino republicano, marqués del Rif, recuerda sus cuentas pendientes con el que ya es solo don Alfonso: el Toisón de Oro que no le han dado, que si su mujer no es del gusto real, ¿por qué no le ha nombrado gentilhombre, con acceso directo al despacho real?

Esos días abrileños de repúblicas, el general Sanjurjo se convierte en protagonista. Le gusta ser importante. Lo es. África y alguna cosa más le han dado fama y honores que a veces no se corresponden con su inteligencia. El ministro de Estado Alejandro Lerroux le pide que asegure el orden. El general exige para él plenos poderes sobre el Ejército, las Fuerzas de Seguridad y la policía. Lo quiere todo y lo obtiene. (Madrid Julio 1936, pág. 191, en cita al libro de TG. Emilio Esteban-Infantes: General Sanjurjo (Un laureado en el penal del Dueso. Maximiano García Venero).

Sobre el marqués del Rif va a recaer el peso de la bienvenida a la República. La República necesitaba para colarse en España el aval de un general, a pesar de Azaña y muy a su pesar: «…accedió sin resistencia a prestar a la República, que reconoció, el primero e inestimable concurso de la Guardia Civil de la que era director general. Siguió al frente de ese Instituto, pero muy pronto inicióse una antipatía que le hizo incompatible con Azaña, el cual no se cansaba de manifestar la molestia sentida ante la pretensión de que la República tuviese un patrono o protector y con entorchados» (Mis Memorias. Niceto Alcalá Zamora. Colección Espejo de España).

Antes de que el rey se vaya definitivamente, un último intento lleva a Romanones a proponer su abdicación y establecer una regencia de la que fuese titular el Infante D. Carlos de Borbón Dos-Sicilias que había sido Capitán General de Sevilla, y en esos momentos Inspector del Ejército. Persona muy considerada, de enorme prestigio entre civiles y militares. Una quimera. Ya era tarde para el apellido Borbón en España. No había vuelta atrás.

Desde el 12 de abril de 1931 la calle no deja de gritar. Por ahora solo eso: gritos.

Berenguer ministro de la Guerra rubrica el final de la escena. Escribe a los capitanes generales la noche del mismo día 12 y les da la orden definitiva: «…que los destinos de la Patria siguieran el curso que les impone la voluntad nacional». Está claro: no hay que contar con el Ejército, que nadie mueva un pelotón. Lo que diga Sanjurjo. Nada que hacer. Dejar correr la calle.

El Rey no tiene donde apoyarse. Dice que no quiere derramamiento de sangre.

¿Y si resiste? «Dios sabe lo que hubiese ocurrido si Su Majestad resiste; tal vez se hubiese salvado el trono» (Franco. MC. FFSA. Pág. 491).

Es el final de la Monarquía: «Quiero apartarme de cuanto sea lanzar unos compatriotas contra otros en fratricida guerra civil… Suspendo deliberadamente el ejercicio del poder real y me aparto de España».

Se acabó el Reino de España, que ahora es la República española. Rumbo a Cartagena.

La guerra que vino no fue como consecuencia de la marcha del Rey sino por los que en un ruin pacto (Pacto de San Sebastián) traicionaron el curso de la historia y amañaron a su gusto unas elecciones para montar su República que no supieron encauzar ni dirigir. Ni la monarquía, ni la República eran culpables. Solo la incompetencia de unos dirigentes demasiado complacientes; con su escasa sabiduría gobernante se llevaron por delante la monarquía y detrás de ella la república. Habrá que admitir la consabida frase: «La República la trajeron los monárquicos y, después, la perdieron los republicanos».

DE CARTAGENA A MARSELLA. EL DESTIERRO

Jesús Juan Garcés, Oficial de la marina de guerra, licenciado en Derecho y perteneciente al Cuerpo Jurídico de la Armada, nos dio la oportunidad de conocer en detalle cómo fueron aquellas últimas horas de la monarquía y el viaje de Don Alfonso al destierro. Lo hace a través del relato del Almirante José Rivera y Álvarez de Canero, ministro de Marina en aquellos momentos, y que acompañó al Rey en su viaje hasta Marsella. Lo publicó en La Gaceta Ilustrada n. º 444 de 10 abril 1965.

Tentado he estado en honor a la brevedad y espacio literario resumir este importante testimonio, pero no me he atrevido a cambiar ni una coma de lo escrito por el almirante, documento oficial depositado en el Museo Naval.

Es un relato exacto no solo del viaje, sino del ambiente oscuro de aquellos momentos en el que se traslucen las relaciones del Rey con el ministro de Marina y los que le acompañan, entre el deber y el sentimiento, que nos permiten deducir lo que ocurría por muchos corazones de tantos militares y españoles. Descripción breve, declaración militar del servicio prestado, en la que el almirante no puede evitar traslucir la frialdad del viaje al exilio.

«Manuscrito 1.306: “El domingo 12 de abril fueron las elecciones municipales y el lunes 13 conocí por el Ministro de la Gobernación, que me habló por teléfono, el desastroso resultado de las mismas. Hablé también con Aznar (Capitán General de la Armada, Presidente del Consejo de Ministros) y me dijo que a las cuatro tendríamos Consejo. Nos reunimos a esa hora y tomó la palabra Romanones, quien desde luego opinó que la única solución era que el Rey se marchase y desde luego que el Gobierno debía presentar la dimisión y aconsejar lo ya dicho. Pensé que esto era ya cosa conocida por el Rey, dadas sus relaciones íntimas con Romanones, ya que este era quien llevaba la política del gobierno y más aún porque ya traía una cuartilla escrita con su opinión.

Aunque la cosa era muy fuerte, todos comprendimos que no había otra solución, pues ni el Rey quería seguir ni el Ministro de la Guerra contaba con el Ejército, según expresó claramente repetidas veces. Cierva fue el único que opinó enérgica y decididamente en contra. Yo me limité a repetir lo que había dicho en la primera reunión de Gobierno: Que mi papel era sostener la disciplina de la Marina, pero veía claramente que sin contar con el Ejército y la Guardia Civil, y siendo la voluntad del Rey no batallar, era inútil todo esfuerzo. En vista de esta larga y penosa discusión, el Presidente fue a dar cuenta al Rey y presentar la dimisión del Gobierno, que continuaría en su puesto hasta la resolución definitiva.

El día 14 recibí aviso telefónico de que a las 12 estuviera en Palacio, y poco más tarde me llamó el Almirante Aznar y convinimos en alistar un Crucero. Supuse para lo que era y di las órdenes al Almirante de la Escuadra. A las 12 estaba en Palacio y allí me enteré de que el Rey estaba conferenciando con García Prieto y Romanones y quería oír a todos los ministros. El cariz de Palacio era alarmante, pero la poca gente que había en la Cámara aún conservaba esperanzas; salieron los arriba mencionados y entramos Berenguer, Maura y yo. Tomó la palabra el Rey y expresó su resolución de ausentarse de España en vista de las circunstancias, pues aunque no le faltaba valor para jugarse la vida y estaba seguro de contar con fuerzas suficientes para resistir, no quería que por su causa se derramara sangre. Maura le dijo que le parecía bien su resolución y que no pasaría un mes sin que hubiera una reacción. Berenguer callaba e insinuaba su desconfianza en el Ejército y yo dije que confiaba en la  actitud de la Marina y que no opinaba como Maura. Después entró La Cierva con otros dos ministros. No sé, pero me lo imagino, lo que el primero diría al Rey. Volví al ministerio y, después de comer, a mi despacho, donde recibí otro aviso de que a las cuatro y media había Consejo en Palacio. Ya se veía la revolución y en el edificio de correos ondeaba la bandera roja y por las ventanas los empleados asomaban banderitas. Fuimos a Palacio encontrando mucha animación en las calles de gente del pueblo.

Durante el Consejo se repitió lo de por la mañana. El Rey no vacilaba en su decisión de marcharse para evitar sangre, pero estaba tranquilo. Cierva insistió en su idea de probar a resistir y discutió con alguna viveza contra Berenguer, García Prieto y Romanones. Hubo el detalle de que entró el Ayudante de servicio y entregó a Romanones un escrito de Alcalá Zamora, al parecer conminatorio, pues era ya tarde y se acercaba lo noche. Al poco rato, y siendo inútil la discusión, nos levantamos y fuera del Consejo, ya junto a la ventana, el Rey hizo la exclamación:

—Esta casa en que nací y que quizá no volveré a ver…

La primera parte es seguro, la última algo parecida. Se habló de que Cartagena había ya preparado un Crucero y Hoyos se ofreció al Rey para acompañarle a dicho punto, pero todos dijeron que el  ministro de  la Gobernación no debía ausentarse, y Romanones dijo que fuera yo quien le acompañase, a lo que me presté, desde luego. Durante el Consejo se había convenido que el Gobierno continuaría hasta las diez de la mañana del día 15, en el que el Presidente haría entrega a Alcalá Zamora.

Quedo con el Rey en recogerlo a las 9 y yo le llevaría en mi coche de uniforme. El Rey se despidió y abrazó a los demás y los Ministros nos reunimos para nada, pues ya no había nada que hacer. Yo me marché pues eran las siete y media y tenía que preparar mi viaje. Ya me costó llegar al ministerio y tuve que hacerlo por las calles extraviadas y aún por estas había gente y gran animación, viéndose muchas banderitas republicanas. Llegué al ministerio y conversé con el Jefe de Estado Mayor, Almirante Cervera. A quien entregué mis papeles y le dije advirtiera al Capitán General de Cartagena  mi salida para aquella plaza con el Rey y que tuviera abierta la puerta  del arsenal y todo dispuesto para embarcarse inmediatamente en el Crucero que estaría listo. También mandé alistar otro Crucero que no hizo falta. Al poco de entrar en el ministerio recibí  otro aviso de Palacio para que fuera a las ocho y media en vez de a las nueve, lo cual era difícil por detalles de preparación inexcusables y entre ellos porque el coche no estaba convenientemente preparado y el chófer de confianza, Requeijo, que conocía muy bien el camino y coche, se había marchado a la calle. Por fin llegó el chófer y pude salir minutos después de las ocho y media, después de abarrotar de gasolina para no tener necesidad de parar hasta Albacete, Ya estaba Madrid intransitable por las calles del centro y me fui por Génova, que tardé bastante en pasar por las aglomeraciones de gente, coches y carros con mujeres con trajes fantásticos y promoviendo gran algazara. Salí del atasco y tomé por las Rondas, donde tampoco faltaba animación, y por fin llegué a Palacio, al que atraqué a la puerta del Príncipe que estaba imponente y dejé allí el coche con mi Ayudante, atravesando yo a pie aquella multitud que me dejó pasar a pesar de ir de uniforme. Llegué al ascensor y no había nadie. Subí la escalera y salí a la galería donde solo había un alabardero a la entrada del primer pasillo. Entré en la saleta y allí me esperaba el Ayudante Moreu, con orden de conducirme a las habitaciones particulares de la familia Real, que yo desconocía, y me dijo que el Rey me esperaba con impaciencia.

Acompañado de Moreu pasé a un salón donde de pie y rodeada de varias señoras estaba la Reina, a quién saludé, así como a los Infantes Don Jaime y Don Gonzalo. Entramos en un pasillo y a poco encontré al Rey con sombrero puesto y me dijo:

—Vamos, don José.

Me puse a su lado, y al salir de nuevo a otro salón grande, apareció rápidamente multitud de servidores que cariñosamente le rodearon y dijeron que volviese pronto, al propio tiempo que le daban vivas. Acompañaba también al Rey el Jefe de la Casa Militar y Ayudantes de servicio y otras personas de Palacio.

Bajamos en un ascensor y en él dije algunas palabras al Rey que estaba con la preocupación natural, a las que no me contestó. Bajamos por una escalera oscura y salimos afuera por la puerta secreta del Campo del Moro. Como no me habían dicho nada y mi auto quedaba en la del Príncipe, lo mandé a buscar por medio de Moreu, y a poco estuvo allí. El Rey me dijo que él iría delante con el Infante Don Alfonso y que fuese yo con el Duque de Miranda detrás. Venía también mi Ayudante Feros. La oscuridad era grande y allí no había más que autos y un montón de gentes que inoportunamente daban vivas al Rey. A eso de las 9 salimos. El rey delante, yo detrás y después no sé en qué coche irían, pues, como digo, la oscuridad era grande. Salimos de Madrid sin novedad y yo creo que sin ser advertidos, y ya, camino de Aranjuez, nos enteramos, al menos yo, de que nos escoltaba un coche de la Guardia Civil, con un Sargento y cuatro guardias. Pasamos por Aranjuez y otros pueblos, en todos los cuales había mucha gente en la calle principal (la carretera) y en todos chillaba la gente, pero sin hacer otras demostraciones. Algo debían saber, pues siendo día de trabajo y a horas desusadas, es raro que estuviesen en la calle y en tan gran número. La primera parada la hicimos en pleno campo y pasado Aranjuez. Bajamos todos y nos reunimos con el Rey, Miranda y yo, también el Infante, que nunca se separaba de él. El Rey me dijo

— ¿Quién me ha empaquetado a mí para Cartagena? ¿Tú?

Y yo le contesté que sí, que el Gobierno.

— ¿A dónde vamos después?

—Ya se lo diré a S.M. y al oído: Marsella.

Pude observar que venían en la expedición tres ayudantes del Rey, Uzquiano, Alonso y Gallarza, vestidos de paisano, y, quizás otras personas que en la oscuridad de la noche no pude distinguir. A los pocos momentos volvimos a los coches y continuamos el camino como antes a  gran velocidad, y continuó el mismo espectáculo al pasar por los pueblos. A eso de las 12 hicimos otra parada y vinieron a decirme que el Rey iba a cenar, y como la noche estaba fría, ni Miranda ni yo bajamos del coche (ninguno de los dos había cenado, ni cenamos aquella noche).

Volvimos a parar por tercera vez y el Rey me dijo que procurara no pasar por las calles de Albacete y que fuese yo delante, pues él no conocía bien el camino. Así lo hicimos, aunque del todo no era posible, pero como era ya la una de la madrugada, no había nadie en las calles que atravesábamos. Volvimos a parar a eso de las dos para dar gasolina al auto del Rey.

Al llegar a Murcia tampoco encontramos gente en las calles, pero dio la casualidad de que al llegar al paso a nivel de la línea férrea, lo cerraron por estar un tren maniobrando. Estuvimos parados unos siete u ocho minutos y se acercaron a prudente distancia cinco hombres, que quedaron parados y observando, pero al poco rato saludaron quitándose los sombreros y lo volvieron a hacer al abrir el paso y continuar nuestro viaje. ¿Quiénes serían? ¿Policías, periodistas? No sé. De Murcia a Cartagena sin novedad y a más de cien kilómetro entramos por la calle Real, y al enfocar la puerta del Arsenal, la encontramos abierta como yo había ordenado, pero con numeroso público que, contenido por la guardia (pues no se le dejó entrar como deseaba), prorrumpió en gritos y vivas a la República. Entramos hasta el muelle de la Machina, donde encontramos a la marinería correctamente formada y me parece que armada, y un grupo grande de Jefes y Oficiales que rodeó al Rey. Me puse a su lado y pregunté por los generales, quienes llegaron al momento, pues estaban a nuestra entrada esperando a la puerta del Arsenal. Tan pronto llegaron Cervera y Magaz y saludaron, invité al Rey a que embarcara en el bote dispuesto al efecto, y una vez embarcados nos fuimos al buque Príncipe Alfonso, que nos esperaba  a pique del ancla. Al abrir el bote del Arsenal, el Almirante Cervera, Jefe del mismo, dio siete vivas al Rey, y este contestó con un:

— ¡Viva España!

A bordo venía el Almirante Magaz y el Jefe de Estado Mayor, López Tomasete, el Gobernador Militar, general Zuvillaga y otros jefes y oficiales. Atracamos y subimos al Príncipe en cuya cubierta esperaba el Almirante Montagut, Jefe de la Escuadra y el de la División de Cruceros, Salas, así como el Comandante y oficiales del buque y otros de la Escuadra. Tanto en el bote como a bordo, el Rey saludó y habló afablemente con todos. Tan pronto estuvieron a bordo los maletines del equipaje, le dije al Rey que despidiese a todos para marcharnos, extrañado y agradeciéndome que yo continuara a bordo acompañándole. Una vez fuera los que no eran del buque, di orden al Comandante Fernández Piña de salir a la mar. Lo que verificamos, estando fuera de malecones a las cinco y media. Por deseo del Rey subimos al puente alto, donde permanecimos durante la salida, pues me dijo que «quería ver España por última vez». Me preguntó dónde íbamos y le dije que a Marsella, indicándome él que le parecía mejor Tolón, pues Marsella era puerto de mucho movimiento, pero yo le convencí de que era mejor Marsella y que llegaríamos al amanecer, entre dos luces. Una vez en la mar nos fuimos a acostar, pues ya era hora (y yo sin cenar). Al Comandante le di instrucciones para la recalada a Marsella, etcétera.

Día 15.- A las 10 me levanté y subí al puente, donde estuve un rato con el Comandante. A mi paso por cubierta, tanto al ir como al volver a la Cámara, pude observar la corrección de las clases y marinería por su actitud correcta y disciplinada. Al llegar a bordo la noche anterior observé, una persona que, con el Duque de Miranda y el Ayuda de Cámara, formaba su séquito. Al Infante lo alojé en el camarote del Jefe de Estado Mayor. El Duque en el del Ayudante y yo en el del Comandante, como más próximo al Rey que iba en el del Almirante. Dije al Comandante que mientras estuviese el Rey a bordo se le tratara como tal, y por tanto que él invitaría  a la mesa, como así lo hizo después de hablar yo con Miranda. Almorzamos a la una y fuimos invitados, así como a la comida de la tarde, el Comandante, un Jefe y un Oficial y los cuatro que veníamos con el Rey. Este se mostró siempre sereno, si bien en la conversación divagaba algo (no es extraño). Hablaba de su porvenir y de cosas de barcos, dirigiéndose especialmente a los invitados del buque. El Infante también habló de su porvenir. El Rey pidió al Comandante una bandera del buque como recuerdo, y al disculparse este diciendo «que estaban a cargo», intervine yo para que le diera una del bote, como así se hizo. Al llegar se supo por radio que había tenido lugar la proclamación de la República y poco después recibió el Comandante orden del Almirante de la Escuadra para que, después de desembarcar el Rey, se izase la bandera republicana, haciéndosele los honores de ordenanza. De todo me daba cuenta el Comandante, y de esto al Rey, quien me preguntó «cuando se izaría», y yo le dije que cuando se fuera y saliéramos de guas jurisdiccionales francesas.

Nada que yo sepa ocurrió durante el día de la cena. Ya de noche se recibió radio de Gibraltar en que el Infante Don Juan preguntaba qué hacía y el Rey quiso que se le contase «que fuere a París aprovechando el primer paquete» que saliera para Génova o Marsella, pero esta comunicación no se puso. También quiso se telegrafiase al Embajador de París, de lo que le disuadí. Hasta las once de la noche estuvimos en conversación en el sofá de la Cámara hablando, como es natural, de su situación, la que no veía clara, y a cuyas preguntas me era difícil contestar, pues se sentía optimista, y yo no lo era. Por fin me despedí de él, pues íbamos a recalar al amanecer y nos convenía descansar. Me pidió que al volver a España publicara en la prensa monárquica dos manifiestos, despidiéndose del Ejército y la Marina, que me entregó escritos a máquina y que acepté, aunque diciéndole me parecía no los querrían publicar, como así sucedió. Antes de acostarme, hablé largo rato con el Duque de Miranda y con el Comandante aparte, a quien di mi opinión sobre la despedida al Rey en la mañana siguiente y que aceptó. También el rey me preguntó «cómo se le despediría» y le aseguré que interiormente con todos los honores. Recalamos entre dos luces y algo neblinoso, y a las cinco y media de la mañana fondeamos a unos quinientos metros, entre dos farolas. Momentos antes de desembarcar hablé con el Rey, que dudaba en la forma de despedirse, pues me preguntó, «si debía hablar o no». Yo le aconsejé que no hablase, y se despidió uno a uno de los Oficiales y Jefes. Así lo hizo, dándoles la mano sin pronunciar palabra. La gente, cumpliendo mi orden al Comandante, se hallaba correctamente formada en sus puestos de babor y estribor de guardia; esta frente al portalón y los Oficiales en línea a continuación. Presentó armas la guardia y al salir por el pantalón rompió marcha la corneta, y no cesó hasta que el propio Rey desde el bote, mandó parar. Al despedirse de mí le dije de acompañarlo hasta dejarlo en el muelle, lo que le extrañó y agradeció. En el bote embarcamos únicamente el rey, Duque de Miranda, Infante, el criado, mi Ayudante y yo. El Rey, a popa, mandó:

—Abre

Y al decirle yo «mire Señor, que correctamente están», rompió a llorar y metiéndose debajo de la cámara, me dijo:

—Dispense, Don José, no lo he podido evitar.

Desembarcamos en el muelle más próximo saltando por un remolcador que estaba atracado a la escala. Eran las seis menos cinco. No había en el muelle más que cuatro o cinco hombres pertenecientes, al parecer, al remolcador. El Infante les preguntó si no había cerca coches, y el individuo silbó para avisar. Se extrañaron al verme por mi actitud con el Rey e ir de uniforme mi Ayudante y yo. El Rey me abrazó y dijo me marchase, dándome las gracias por todo. Le dije que esperaría a que desembarcaran los maletines que venían en otro bote, y cuando aquellos estuvieron sobre el muelle y la gente embarcada, me despedí, volviendo a abrazarnos al ayudante y a mí. En el momento de embarcar, ya llegaba un taxi verde oscuro con faja blanca, donde embarcamos el equipaje, y el Rey permaneció de pie en el muelle mientras salíamos de los botes. Ya un poco lejos del muelle le vi retirase.

En cuanto llegamos a bordo me recibieron haciéndome honores; le dije al Comandante colgase los botes y zarpase en seguida para Cartagena y que al salir de las aguas jurisdiccionales francesas se izase la bandera tricolor, haciéndose los honores correspondientes. La salida fue inmediata, pues estábamos con el ancla a pique y, a las ocho y cuarto, vi el primer cañonazo; seguramente estábamos fuera de las aguas jurisdiccionales francesas.

Refrescó el norte, haciéndose frescachón y arbolando bastante mar, llamándose luego al norte, tan pronto salimos de la influencia del golfo  a eso de las tres de la tarde.

Se recibió orden de retirar retratos de la familia Real y símbolos de la Monarquía. A las siete treinta de la mañana fondeábamos en Cartagena, tomando el expreso para Madrid. Después de lo escrito anteriormente me enteré de que se fantaseaba sobre supuestas incorrecciones cometidas a bordo durante el viaje a Marsella. Todo eso es falso, pues ni yo me di cuenta, ni ninguno de a los que después pregunté. Todos a bordo estuvieron correctísimos y el Rey fue tratado como tal hasta el último momento. El incidente de la petición de una bandera ya lo he relatado y respecto a que vio cortar el estandarte para hacer la nueva bandera, me extraña, pues yo no lo vi. Esa faena, caso de que tuviera lugar, se hace a popa. Ha sido que el Ayudante de Cámara de Su Majestad lo vio y contó; lo ignoro.

El diecinueve de febrero juré el cargo de ministro por segunda vez. El doce de abril fueron las elecciones Municipales y en vista del resultado, el catorce a las nueve menos cuarto salimos de Palacio con el Rey, llegando a Cartagena a las cuatro y media, embarcando en el Príncipe Alfonso, fondeado en Marsella el dieciséis a las cinco y media de la mañana, desembarcando a las seis y cinco, dejando al rey en el muelle y saliendo para Cartagena, donde fondeamos el diecisiete a las ocho de la mañana. Al salir de las aguas jurisdiccionales de Marsella se izó la bandera republicana por orden del nuevo Gobierno. El veinte me presenté al ministro, a quien di cuenta de mi comisión y en seguida me retiré del despacho casi sin oírle. Y aquí termina mi vida oficial».

En ABC de 7 noviembre de 1973 se cita otro importante documento que viene a completar el ya expuesto. Se trata de la carta que el Comandante del Príncipe Alfonso remite a sus hermanos el día 18 de abril de 1931 contándoles las peripecias de aquel viaje. No modifica las declaraciones del Almirante, pero hay detalles que siguen siendo esclarecedores para adivinar el ambiente que se respiraba en aquellos históricos momentos. El capitán de Navío Manuel Fernández Piña, comandante del buque, pensaba que iban a Inglaterra y ya en la mar supo que debía poner rumbo a Marsella. No se permitió al Rey comunicarse con el exterior «como el pobre deseaba para saber de su familia; a esto no me atreví por temor a que se pescasen sus radios y me costase un disgusto con el Gobierno».  Un mal trago, dice el Comandante del buque. No nos extraña; con el Rey se iba la monarquía embarcada sin razón ni más explicación que los inciertos datos de unas elecciones municipales y el Rey no era ningún alcalde elegible. Una grosera y triste despedida, inmerecida a todas luces.

Ni la bandera española que enarbolaba el buque “Príncipe Alfonso” se le entregó con la excusa de estar a cargo.

El buque Príncipe Alfonso, regresó a España siendo ya  republicano. Adoptaría el nombre de Libertad y terminaría sus años de mar con el nombre de Galicia.

Cuando el buque se hacía a la mar con el rey a bordo se cruzó con un submarino de la clase B5 que regresaba a puerto. Se vio como arriaba la bandera tricolor e izaba la de España rindiendo los honores de ordenanza al cruzarse. El comandante del submarino se llamaba Luis Carrero Blanco.

Así se acabó la Corona. «Nos regalaron el poder», dice Miguel Maura, ministro de Gobernación».

PRIMEROS PASOS DE LA II REPÚBLICA

La República nace con un problema de ilegalidad que con el tiempo se convierte en otro de legitimidad y ante eso no hubo, no hay, no habrá, argumentos. De la chistera de aquellos magos de las urnas, con los polvos del Pacto de San Sebastián, llega la República; o lo que aquello fuese.

Un Gobierno provisional, un Estatuto provisional. Todo es provisional, a base de provisionales Decretos. Sigue mandando el Comité

Revolucionario, aunque se denomine Gobierno Provisional.

Designaron Presidente a D. Niceto Alcalá Zamora y este, a su vez, por ministros del Gobierno, a los miembros de aquel Comité, en esta forma:

Estado: Alejandro Lerroux García

Gobernación: Miguel Maura Gamazo

Guerra: Manuel Azaña Díaz

Fomento: Álvaro de Albornoz y Liminiana

Instrucción Pública: Marcelino Domingo Sanjuán

Marina: Santiago Casares Quiroga

Economía: Luis Nicolau d´Olwer

Justicia: Fernando de los Ríos Urruti

Hacienda: Indalecio Prieto Tuero

Trabajo: Francisco Largo Caballero

Dentro de las distintas tendencias políticas representaban:

Alcalá Zamora y Maura  a los conservadores; Lerroux, republicanos históricos; Albornoz y Domingo, al partido radical-socialista; Azaña al grupo de ateneístas Acción Republicana; Casares  a la incipiente

Organización Republicana Gallega Autonomista; Nicolau, a los

autonomistas separatistas catalanes; Prieto, de los Ríos y Largo Caballero, a matices del socialismo; Martínez Barrio, era Gran Maestre de la Masonería, de cuya organización eran miembros Lerroux, Albornoz, Domingo y de los Ríos, y posteriormente Azaña.

El programa de gobierno era sencillo. Nadie tenía que cumplir nada. Gritar viva la República era suficiente.

Entre ellos los soldados que dejaron de estar obligados a cumplir el juramento de servicio y obediencia al rey. Azaña, ministro de la Guerra, les libera a cambio de la promesa de servir a la República; eso sí, con fidelidad y con las armas si fuese necesario; o serán dados de baja.

Suena el himno de Riego. Hay que buscar los  símbolos. La República ya tiene su nueva bandera, inventada sobre la marcha, sin rigurosidad, ni historia. Remiendo de paño nuevo en vestido viejo.

El exteniente coronel de ingenieros Francisco Maciá proclama la República catalana com Estat integrant de la Federaciò Ibèrica. Companys y Lluhí al frente. El presidente de la República, se supone que española, viaja a Cataluña. En tres días la República Catalana se convierte en la Generalidad de Cataluña. Todos votan favorablemente al Estatuto el 2 de agosto.

Fue una negociación en falso. Aquel día, desde dentro empezó la división, el camino a la independencia. La semilla iría creciendo: «Los catalanes no pueden ser españoles porque han nacido en tierras de Cataluña» (Ventura Gassol en Ricardo de la Cierva. Historia de la Guerra Civil española, pág. 2). Tan infantiles como eficaces. No está de más recordar que en el Pacto contra la monarquía se reconocía la personalidad de Cataluña.

En el País Vasco va a iluminar el independentismo vasco el PNV de Antonio Aguirre y Lecube ¿o es la Iglesia vasca? Está en juego la unidad de España, siempre la diversión de los tahúres es repartir las cartas y luego romper la baraja, una ruleta rusa cuyo cañón apunta al corazón de España.

En Gobernación ondea ya la bandera republicana. Habla el nuevo presidente del Comité Revolucionario, ahora convertido en gobierno provisional de la República, don Niceto Alcalá Zamora: «El gobierno provisional de la República ha tomado el Poder sin tramitación y sin resistencia ni oposición protocolaria alguna…». Nos lo han regalado, le contestaba la calle.

¿Violencia?: no pasará un día si ella, sin miedo, sin dolor, sin persecución. No es esto, no es esto. Pero ya era tarde.

« ¡Cuádrese! Soy el ministro de la Guerra» (Memorias. Diego Martínez Barrio. Espejo de España, pág. 32). Era de noche y en la oscuridad de las bujías, entre las sombras, Azaña pone firmes al oficial de guardia del palacio de Buenavista, sede del ministerio de la Guerra. El general Ruiz Fornell le da posesión del cargo. Azaña acababa de cumplir un sueño infantil. A esas horas el niño don Manuel sueña con su juguete: ¡Soldados! Pronto abrirá la cajita y sacará a sus soldados de plomo para organizar su peculiar ejército.

Todo se radicaliza. Aflora el «no sabe usted con quien está hablando; aquí mando yo».

«Para los republicanos de izquierda, también llamados la izquierda burguesa, la nueva República tenía menos que ver con un proceso democrático que hubiera que respetar escrupulosamente que con un proyecto de reforma radical que en, algunas ocasiones, Manuel Azaña y otros líderes calificaban de revolución. Para ellos la República no era tanto un sistema político como un determinado programa de reformas culturales e institucionales para el cual era indispensable eliminar permanentemente a los católicos y a los conservadores de cualquier participación en el Gobierno» (Stanley G. Payne. El camino al 18 de julio. Espasa. 2016).

Empieza el juego militar. Queipo de Llano es nombrado capitán general de Madrid, López Ochoa de Cataluña, Riquelme de Valencia y Cabanellas de Andalucía.

El juego tiene nombre, pero le faltan los apellidos: los Decretos de Azaña, ministro de la Guerra. Nada de juramentos a la bandera: fidelidad a la República o a casa, con paga, pero a casa. El Ejército se reduce de dieciséis Divisiones a ocho, sin orden ni concierto ya que nunca se hizo previsión del número de oficiales necesarios para cubrir los puestos, a pesar de la disminución drástica de unidades, sin limitar el pase a la reserva. Más de ocho mil oficiales dejaron la actividad militar. En principio pasaron a la reserva 140 generales, 8.500 jefes, oficiales y asimilados, 3.200 clases de tropa. Sus plazas quedaban amortizadas. ¿Descontento en el Ejército? Sin duda, pero por razones diferentes a las legales: confusión, precipitación en las reformas más demostrativas del «aquí mando yo» del ministro de la guerra que de un estudio profundo y una ejecución escalonada.

Se suprime el empleo de capitán general por el tono autoritario del término; mejor División Orgánica, y se fija como empleo máximo el de general de división. Se empieza por una orden sencilla: ¡Firmes! ¡Cuádrese!; después se organizan batallones, divisiones y guerras, desde los despachos, sin mirar al frente, sin ver las consecuencias.

Se cierra la Academia General Militar de Zaragoza, creada para, además de fomentar el espíritu de unidad, compañerismo y fraternidad, formar a los oficiales con un mayor conocimiento y coordinación entre las distintas Armas del Ejército, algo crucial en la guerra. Azaña, su República de reformas, de decretos, no admitía ese sentido de unidad en el Ejército que siempre le pareció peligroso. Quiso un Ejército Republicano, pero nunca pensó que lo primero que un Ejército necesita es una explicación; que nunca fue dada.

Se discute la bondad de la reforma de Azaña. No hubo tal. No hubo nada. Purga sí. ¿Buena voluntad?, puede, pero no se pudo demostrar. ¿Era necesaria una reforma militar? Siempre lo fue, siempre lo es. En aquellos momentos también, pero sin dar la imagen de venganza, de resentimiento, de lanzar a unos contra otros. No era la reforma más urgente, los ejércitos eran necesarios y eso significaba tener cerca a los militares, que por cierto no se oponían a la República como demuestra el golpe de Sanjurjo, y el alzamiento que se produjo al grito de viva la República, siempre seguido del viva España. Con un poco más de mano izquierda las cosas habrían sido de otra manera. Azaña lo supo después y se arrepintió, pero su mentalidad infantil, su afición a las formaciones de soldaditos, acabó con él. Para más inri jugó también a ser más papista que el Papa y pasó a ser monaguillo de la España católica, aunque fuese por costumbres, tradiciones ancestrales. Hubo más militares que se pasaron a la reserva por el ataque a la Iglesia que por las reformas militares. Una auténtica persecución religiosa.

Se cometió el mismo error que Pavón achaca a Napoleón en España: el error nacional, el monárquico y el religioso. Los españoles después de tantos años de sacrificio son antes que otra cosa españoles. Se dan cuenta de ello cuando alguien intenta que dejen de serlo. Son monárquicos por costumbre, y porque no se dejan mandar por cualquiera. Lo de la religión es, además de costumbre, por lo que han luchado y muerto sus antepasados: la fe Católica.  Cómo para perderla por una imposición extranjera.

Azaña calculó mal. A la postre entre los retirados y apartados, generales o no, se generó el alzamiento.

MAYO 1931

Ha llegado el mes de mayo. «Todos los conventos de Madrid no valen la vida de un republicano» (Azaña) (La España del siglo XX. M.Tuñón de Lara). Los propósitos de revolución de sector importante del nuevo régimen se hicieron patentes en los sucesos revolucionarios de los días 11 al 13 de mayo de 1931 en diversas poblaciones como Madrid, Málaga, Sevilla, Cádiz, Jerez de la Frontera, Algeciras, Valencia, Alicante, Murcia… en las que por multitudes, que no quiso controlar la policía, procedieron a incendiar templos, conventos, quemar las imágenes, bibliotecas, laboratorios…, sin que los bomberos pudieran actuar para aminorar los daños y sin que las fuerzas de Ejército intervinieran.

En este mes de mayo republicano Juan Ignacio Luca de Tena, director de ABC, se reúne con Alfonso XIII en Londres. La entrevista se publica el día 5.

— ¿Cómo estás? ¡Cuánto tiempo sin vernos! El primer español que llega aquí para verme eres tú. Te lo agradezco mucho.

Verdaderamente era mucho: nadie se acordaba ya de Alfonso XIII, nadie en España, y solo habían pasado 15 días.

—No quiero que los monárquicos exciten en mi nombre a la rebelión militar […]. La monarquía acabó en España por el sufragio, y si alguna vez vuelve ha de ser asimismo por la voluntad de los ciudadanos.

Ese día el Rey autoriza al marqués de Luca de Tena a que se organice una corriente de opinión monárquica en España. Pone condiciones: «Que actúe públicamente y sin crear dificultades al Gobierno español, e incluso estar con él para todo lo que sea defensa del orden y de la integridad de la Patria». Está claro que el Rey no sabe lo que ocurre en España.

Lo va a saber en muy poco tiempo. Va a empezar a darse cuenta cuando llegue el mes de noviembre: «Las Cortes Constituyentes declaran culpable de alta traición, como fórmula jurídica que resume todos los delitos del acta acusatoria, al que fue rey de España, quien, ejercitando los Poderes de su Magistratura contra la Constitución del Estado, ha cometido la más criminal violación del orden jurídico del país; en su consecuencia, el Tribunal soberano de la nación declara solemnemente fuera de la ley a don Alfonso de Borbón Habsburgo-Lorena; privado de la paz pública, cualquier ciudadano español podrá aprehender su persona si penetrase en territorio nacional. Don Alfonso de Borbón será degradado de todas las dignidades, honores y títulos, que no podrá ostentar ni dentro ni fuera de España, de los cuales el pueblo español, por boca de su representación legal para votar las nuevas normas del Estado, le declara decaído, sin que se pueda reivindicarlos jamás, ni para él, ni para sus sucesores. De todos los bienes, acciones y derechos de su propiedad que se encuentren en territorio nacional, se incautará en su beneficio el Estado, que dispondrá del uso más conveniente que deba darles. Esta sentencia, que aprueban las Cortes Soberanas Constituyentes, después de sancionada por el Gobierno Provisional de la República, será impresa y fijada en todos los Ayuntamientos de España y comunicada a los representantes diplomáticos de todos los países, así como a la Sociedad de Naciones».

Firmaba la sentencia, como presidente del Gobierno de la República de España, Manuel Azaña el día 26 de noviembre de 1921.

El Decreto se había aprobado en las Cortes con nocturnidad: a las tres cincuenta y cinco minutos de la madrugada del 20 de noviembre de 1931.

Esa era la respuesta de los que hay que apoyar, según palabras del Rey. Alta traición. Una declaración de rencor — ¿odio?— sin precedentes. Peor que la guillotina. Insoportable. El Rey de España se convierte en un peligroso delincuente.

Los gritos de la calle se transforman en hechos. Las tierras hay que repartirlas, la Iglesia, iglesias llenas hace un mes, ahora hay que clausurarlas, los militares fuera, fuera el Ejército. Mantequilla por cañones y el odio como proyectil.

El Gobierno provisional, en un medido e interesado proyecto, convoca elecciones constituyentes. Los partidos se preparan.

Los monárquicos, autorizados por el rey, al que para otras cosas han olvidado, inauguran el domingo 10 de mayo la sede de su partido en la calle Alcalá nº 67.

Se oye en la calle la Marcha Real que alguno de los reunidos hace sonar intencionadamente. También vivas al Rey desde el balcón. Las pedradas iníciales dirigidas a la sede monárquica acaban en disparos. El centro monárquico es asaltado por la muchedumbre a la vez que arden los vehículos aparcados en sus inmediaciones. Luego se dirigen a la sede del ABC que no llegó a ser asaltada porque el ministro de Gobernación, Miguel Maura, ordenó a la Guardia Civil proteger el edificio. Hubo disparos y algunos manifestantes cayeron heridos. Murió el portero de una casa cercana y un niño de trece años.

El ABC había sido sentenciado desde el anuncio de la entrevista de su director con Alfonso XIII y la consecuente apertura de la sede del Partido Monárquico. A la República se le escapaban las riendas del caballo desbocado.

La calle va a ser utilizada como la principal urna. La C.N.T y los comunistas quieren dirigir las masas, la U.G.T. y el Partido Socialista también. Todo menos sacar un tricornio a la calle contra el pueblo.

Desde una de las ventanas del ministerio de Gobernación habla Azaña: «Se hará justicia». Demagogia que gentilmente cede a un joven ateneísta que aclama: «Se castigará a los monárquicos y se suprimirá la Guardia Civil».

El día 11(mayo) sigue el ambiente de crispación. Se sabe que la quema de conventos está preparada para ese día. El capitán Arturo Menéndez, ayudante de Azaña, se lo había comunicado al ministro de la Gobernación. Estaba confeccionada y repartida la lista de conventos que había que quemar. La dirigían los mismos jóvenes del Ateneo que el día anterior desde Gobernación habían pedido la disolución de la Guardia Civil. (Así cayó AlfonsoXIII… Miguel Maura. Ediciones Ariel).

El Gobierno está reunido ese día en Presidencia. Son las nueve de la mañana y llega el aviso: ¡Está ardiendo la Residencia de los jesuitas de la calle de la Flor! «Son Fogatas de viruta», bromea Alcalá Zamora. «Todos los conventos de Madrid no valen la vida de un republicano», apostilla Azaña.

La calle festejaba la libertad y la justicia que dicen que trae la República. Con hogueras. La quema de conventos: el Sagrado Corazón en Chamartín, las Bernardas en Vallecas, Santa Teresa de los Carmelitas Descalzos…, todo lo previsto según la lista que se había redactado; más todo lo que se les ponía a tiro.

Pasadas las tres de la tarde el Consejo de Ministros decide declarar en Madrid el estado de guerra. Ni un tricornio a la calle contra el pueblo. Se pasa de no hacer nada a todo: que salgan los militares. Azaña toma el mando de sus soldaditos.

Madrid, Málaga, Sevilla, Cádiz, Jerez de la Frontera, Algeciras, Valencia, Alicante, Murcia…, arden como «fogatas de viruta».

En Valladolid también pretendieron incendiar el convento de los Padres jesuitas, los templos y colegios religiosos; desde Madrid llegan núcleos de personas para encabezar la acción revolucionaria.

«Habría que preguntarse desde cuándo empieza a deslizarse en la mente de los españoles la idea de la radical discordia que condujo a la guerra. Y entiendo por discordia no la discrepancia, ni el enfrentamiento, ni siquiera la lucha, sino la voluntad de no convivir, la consideración del “otro” como inaceptable, intolerable, insoportable. Creo que el primer germen surgió con el lamentable episodio de la quema de conventos el 11 de mayo de 1931, cuando la República no había cumplido aún un mes» (Julián Marías. La Guerra Civil. ¿Cómo pudo ocurrir?); y añade unos párrafos más tarde: «Cuanto peor, mejor, que fue la consigna que se acuñó por entonces y que valdría la pena datar con precisión». Julián Marías habla de frivolidad y de la irresponsabilidad máxima del Partido Socialista en octubre de 1934, aprovechada por los catalanistas, que llevó a la destrucción de una democracia eficaz y del concepto mismo de la autonomía regional.

Y es que siempre hay alguien que aprovecha el fuego de la colilla que se tira al suelo encendida.

El Norte de Castilla anunciaba al día siguiente: No pasa nada en Valladolid.

La capitanía general de Valladolid había dado orden de proteger los edificios y cumplir a rajatabla las ordenanzas para evitar cualquier desorden. El jefe de Estado Mayor de la Capitanía era el general Dávila.

Azaña sabía del general a raíz del Informe Picasso y quiere contar con él. Un hombre sensato y eficaz, sin alharacas a la hora de afrontar difíciles situaciones como lo prueba su actuación en África antes del desastre de Annual, que él vaticinó como jefe de la Sección de Campaña del Estado Mayor del general Silvestre. En el deseo de Azaña puede que influyese el consejo  del comandante Leopoldo Menéndez López (primo del general Dávila), uno de los militares, junto a Hernández Sarabia, de su confianza que conocía muy de cerca al general Dávila. Azaña nombraría a Menéndez más tarde subsecretario de Guerra con Hernández Sarabia de ministro. No podía contar con muchos colaboradores dentro de aquel Ejército desconfiado, pleno de retirados y expectantes ante el desorden y la ausencia de autoridad.

El domingo 24 de mayo de 1931 el general Fidel Dávila Arrondo estaba en su despacho de la Capitanía General de Valladolid. Dos capitanes de su Estado Mayor piden permiso para entrar.

—Enhorabuena mi general.

Dávila levanta la cabeza extrañado. ¿Un domingo de enhorabuena?

—A mí, ¿por qué?

—Mi general acaban de llamar del ministerio de la Guerra que don Manuel Azaña le llamará mañana porque le designa Subsecretario.

Al poco tiempo desde Madrid, por encargo de Azaña, llama el comandante Leopoldo Menéndez López repitiéndole lo que acababa Dávila de conocer por sus capitanes del Estado Mayor. Al poco tiempo entró su hermano Víctor Dávila, comandante de Infantería, al que habían enviado para convencerle de que aceptase el cargo.

Ya en su casa le comenta a su esposa:

—Teresa, Azaña me designa Subsecretario del ministerio de la Guerra. Me lo acaban de comunicar.

— ¿Y qué vas a hacer?

—Acabo de formalizar la solicitud de retiro y mañana la cursaré.

—Pero, ¿lo has pensado bien?

—Sí, yo no puedo servir a…

La resolución de Azaña fue muy rápida y en la primera lista apareció retirado, por Decreto del día 28, con tres tenientes generales, ocho generales de División y 42 generales de Brigada (Diario Oficial  del domingo 31 mayo 1931).

El pensamiento militar está revuelto. Sensibilidades a flor de piel ante los desórdenes, la violencia, la deriva que toma la República.

En junio se celebran elecciones generales para elegir las Cortes Constituyentes.

Se inauguran solemnemente. Bandera tricolor e himno de Riego. Ya no hay Rey. ¡Viva la República!… ¿O la revolución?

En el discurso de apertura luce la pomposidad dialéctica de Niceto Alcalá Zamora: « ¡Ah! El sabio extranjero que quiera definir la política española por diccionario tendrá ya que innovar la llamada que decía: “Pronunciamiento: voz anticuada, despectiva, militar y española, sin traducción posible”, y tendrá que decir: Pronunciamiento: voz moderna, civil, popular, de comicio legal, republicana, típica de España, sin traducción posible».

Del proyecto constitucional se pasó a la discusión del articulado. El problema de siempre. La República Federal.

Ortega y Gasset dejó claro los términos del problema, pero ya era tarde: «Un Estado federal es un conjunto de pueblos que caminan hacia su unidad. Un Estado unitario que se federaliza es un organismo de pueblos que retrograda y camina hacia su dispersión». Expuso las diferencias entre soberanía y autonomía: «Es la soberanía la facultad en su raíz, preestatal y prejurídica de las decisiones últimas o primeras, según el orden en que queráis contar: es, pues, el fundamento de todo poder, de toda ley, de todo derecho, de todo orden. Y la autonomía, en cambio, un principio político que supone ya un Estado sobre cuya soberanía indivisa no se discute porque no es cuestión» (Del libro Memorias de Diego Martínez Barrio).

En aquel momento constitucional se vislumbró que la discusión de los artículos referentes al problema religioso iba a ser el plato fuerte y espinoso de aquellas Cortes constituyentes. Lo resume Azaña: «España ha dejado de ser católica». Era el religioso, la Iglesia Católica, una obsesión de aquellos republicanos que, encabezados por el infantil sueño napoleónico de Azaña, cometían los mismos errores del Emperador francés en España: Entre ellos quizá el que más sensibilidades despertaba: el católico.

Se redactaba, más que con sentido común y pensando en la mayoría del sentir de la población española, con revancha y al dictado de los gritos de la calle que no eran todos los españoles, aunque sí los más ruidosos. Un elevado número de ciudadanos se refugió en su casa a la espera del desarrollo de los acontecimientos sin movilizarse en ningún sentido. El resultado no se hizo esperar.

Las discusiones fueron bruscas y pintorescas. Desde oír decir que todo el nudo religioso era: ¿Qué soy, de dónde vengo y adónde voy?, hasta la cita a la que recurre el presidente de las Cortes, con profética referencia, don Julián Besteiro: «Ya dijo el Kempis que la tarde alegre trae la triste mañana».

Al fin vía libre: El Estado español no tiene religión oficial (artículo 3 de la Constitución 1931).

Pero no era este el artículo de la controversia. Una Iglesia perseguida es la consecuencia que se extraía del artículo 26 y que provocó las dimisiones y enfrentamientos. De acuerdo con ese artículo todas las confesiones religiosas eran consideradas como asociaciones sometidas a una ley especial. Se prohibían las ayudas económicas oficiales. Se disolvía la Compañía de Jesús por su voto de obediencia a autoridad distinta de la legítima del Estado, siendo sus bienes nacionalizados. El resto de órdenes religiosas se someterían a una legislación especial y se disolverían las que fuesen un peligro para la seguridad del Estado, prohibición de la enseñanza y toda una serie de medidas que las dejaba sin poder ejercer su labor tradicional. Era el camino a su desaparición.

Aprobado el artículo 26 con él llegó la crisis. ¿Deseada por Azaña? Niceto Alcalá Zamora, presidente del Gobierno provisional, dimite y con él Miguel Maura, ministro de la Gobernación.

No era difícil adivinar quién sería su sucesor: Azaña.

La crisis no estaba cerrada, solo daba comienzo perseguida por tres icebergs: la forma de Estado, los regionalismos, hacia la independencia, catalán y vasco, y sobre todo y, entonces por encima de todos, la Iglesia Católica.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

14 abril 2024

Blog: generaldavila.com

General (R.) Rafael Dávila Álvarez. Escritor: «La guerra civil en el norte». «El nuevo arte de la guerra». «La II guerra civil de Franco». Editorial La esfera de los libros.

APUNTES SOBRE LOS PATRONAZGOS EN LAS FUERZAS ARMADAS ESPAÑOLAS. III.-ARTILLERÍA. Coronel de Caballería ® Ángel Cerdido Peñalver

Retrato de santa Bárbara, por Francisco Bayeu, en 1767.

El 11 de noviembre de 1938, se declara la restauración de los cultos a los Santos Patrones por las Armas y Cuerpos, dándoles consagración oficial a su celebración y solemnidades. Y es que fomentar en las Armas o Cuerpos que forman el Ejército estas tradiciones que arraigan en los ánimos, conducen a sostener el noble espíritu de compañerismo que, alejando todo egoismo individual, impulsa con poderoso estímulo los sentimientos, base firme de todas las virtudes militares.

CUATRO DE DICIEMBRE.- SANTA BÁRBARA  PATRONA DE DE LA ARTILLERÍA ESPAÑOLA.

Entre nubes de gloria y de pólvora está escrito el historial artillero de Santa Bárbara, y es que la titular de las tormentas tiene una corona en la boca de los tubos  de todas las piezas de  artillerías pertenecientes a ejércitos cristianos.

Mucho antes de que la Artillería se organizara como tal Arma, los artilleros invocaban ya , en sus actos de servicio, el auxilio de Santa Bárbara. El estampido de los cañones, por su semejanza con los de los truenos, traían a la memoria el nombre de la Santa, que desde tiempos remotos ha sido asociado al estruendo de las tormentas.

En España, 1582, se establece la Cofradía de Artilleros en Burgos, afirmando sus estatutos la existencia anterior de otras semejantes, «entre la gente de artillería», y en 1586 en la «Plática Manual de Collado», dice: «Debe tener siempre el  artillero, y los que manejan la artillería, muy en la memoria a la Virgen Madre de Dios y a la gloriosa Virgen y Mártir Santa Bárbara, cuyo favor invocará».

Por estos jalones y otros muchos, se ratifica la idea de haber sido muy antigua y continua la devoción de nuestros artilleros a su Patrona Santa Bárbara a pesar de haberse dispuesto, en 1895, limitar la asistencia de la tropa a las misas rezadas por todos los artilleros difuntos. Entonces el culto y solemnidad de la fiesta de la Patrona quedó a cargo de la Asociación de señoras de Santa Bárbara. Fue preciso que llegase la segunda república española en 1931, para que fuesen suprimidas del todo estas solemnidades. Afortunadamente fueron restablecidas en noviembre de 1938.

Hay datos  que atestiguan la universalidad y el origen tan antiguo de la devoción artillera a Santa Bárbara: En la guerra del 14, al ocupar los aliados, en Brujas, un  emplazamiento de artillería antiaérea enemiga, lo encontraron presidido por  un cuadro con la imagen de Santa Bárbara. Francia también la tuvo así consagrada, como titular del Arma de la metralla, durante todos los años anteriores a su laicismo.

Y es que el fuego es un elemento tan altivo y soberbio, que arde de ira, enciéndese de enojo  y se irrita. Si alguno lo quiere sujetar, funde las cadenas , y si alguien le aprisiona, revienta con estallidos de muerte, tan ingrato  es,  que al que lo aloja lo abrasa y arruina; tan cruel , que lo mismo se ceba en el inocente que en el tirano, y tan déspota que todo lo reduce a cenizas, pero vuestra Patrona, sin más ayuda que su poder y sin más poder que su nombre, llama al rayo y este acude, conjura la tempestad y desaparece, manda callar a los truenos, y Dios, hasta su voz calla.

Por eso a Santa Bárbara, por haber sufrido el más violento y furioso de los martirios a manos de Marciano, su salvaje padre, quiso Dios darle el dominio del más violento de los elementos, como es el fuego.

Hasta aquí el dominio de Santa Bárbara sobre el fuego natural y su poder contra el más violento, que es el rayo. Pero el patrocinio de Santa Bárbara se aumenta y agiganta con la invención de la pólvora.

El arma blanca fue reemplazada por la  de fuego, y el fuego,  al unirse con la pólvora, dieron a luz a estos hijos de especie desconocida: el cañón y la granada, el arcabuz y la mina, el trabuco y el petardo, que solo con la pólvora y el fuego tienen su razón de ser, y solo por el fuego y la pólvora   tienen  movimiento y  vida.

Y por ser hijos del fuego, todas estas armas y todos los que las manejan quedaron desde entonces bajo el patrimonio de la que aprisiona al rayo, y con él se hace un cetro; de la que apaga el relámpago y hace callar a los truenos, de la que se viste con llamas y pasea sin quemarse por el fuego, y por eso los  Artilleros  y los  Ingenieros de Armamento, quedaron bajo la protección de su  ángel tutelar.

Para los componentes del Arma de Artillería y del Cuerpo de Ingenieros de Armamento, la fe en Santa Bárbara, la joven mártir de Bitinia, está por encima de la evidencia o la duda, ya que la santa existe y vive en la mente y en el corazón de cuantos sirven a España en este Arma y Cuerpo del Ejército.

Desde hace más de cien años la letra y música de su Himno han hecho, que sin regulación alguna hasta el momento, se haya impuesto como tradicional de los Artilleros y señal de identidad de todos ellos. La letra del Himno refleja a la perfección el espíritu militar y de servicio que siempre los ha caracterizado. Sus referencias a España, al Rey y a la historia como primeros valores respetados por todos los componentes del Arma, destacan sobre el resto. Asimismo, rinde culto a sus héroes más universales Daoíz y Velarde, y patentiza el espíritu de unidad que siempre ha caracterizado a los artilleros.

Y al oír, y al oír,

y al oír del cañón el estampido,

el estampido,

nos haga su sonido enardecer

Orgullosos al pensar en las hazañas

realizadas por nuestra Grey,

gritemos con el alma un viva España

y sienta el corazón un viva el Rey.

Coronel de Caballería ® Ángel Cerdido Peñalver

Blog: generaldavila.com

Zaragoza abril 2024.

LAS COSAS DE DON EUFEMIO. Félix Torres Murillo. Coronel (R.) de Infantería DEM