GUERRA EN UCRANIA 2.- GUERRA Y VIRUS. Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

GUERRA EN UCRANIA 2.- GUERRA Y VIRUS

2023. Entra repleto de ansiedad. Quieren ser protagonista de los intentos de sus anteriores periodos de tiempo. Se quedaron al borde del abismo. Este nuevo año entra acercándonos más a lo desconocido; una simple brisa nos precipitará al vacío.

Dos motivos destacan en el paisaje: guerra y virus. Podrían ser lo mismo o al menos tener los mismos orígenes y finalidad.

Hobbes en el Leviatán dice: «Cuando el mundo se encuentra sobrecargado de habitantes, el único remedio es la guerra, que provee a cada hombre, ya sea con la victoria o con la muerte». Claro que él tenía un hermano gemelo: el miedo.

Este es un momento así, de vivir con el miedo del tiempo que queremos adivinar. No sería malo si ello fuese constructivo, como la fiebre, un aviso para acudir al médico que ponga remedio. ¿Hay médicos para esta enfermedad?

El 2023 viene con fuertes rémoras que lo hacen viejo en sus andares.

Puede precipitarse:

—La guerra nos ha demostrado que Rusia no era la potencia militar que todos creíamos. Sus capacidades se han visto superadas y la situación que ha creado en el mundo pone en riesgo un futuro en paz con el ingrediente de que se verá forzada a nuevas y más violentas acciones antes de ser derrotada.

Material sigue teniendo a pesar de que se quiere minimizar su poder. Despacio. Ahora la guerra está en punto muerto. Defensiva como ayer explicábamos y fuertes acciones locales cerca de Bajmut. Las grandes urbes y los ríos Dniéper y Donets protagonistas.

—China, la superpotencia, nos trajo una de las peores infecciones vividas por la humanidad sin aún saber a ciencia cierta su origen y consecuencias. Incapaz de dominarla ahora la amenaza es un rebrote de inciertas consecuencias. En qué acabará es una gran duda, pero lo que es indudable es que la credibilidad de China es nula.

Los dos hechos tiene una enorme relación y la misma consecuencia: desestabilización mundial de consecuencias desconocidas para la humanidad y para lo que parece no estamos preparados.

Rusia y China son actores protagonistas, Europa se debate en una crisis de identidad que recuerda a la Guerra de los Treinta Años y el poder de los Estados Unidos se resquebraja desde y por dentro. Por otro lado emergen focos de violencia salvaje en lugares cuyo nombre ni conocíamos. Hemos caído en la misma red de la que nadie sale para contarlo.

¿Todo es fortuito?, ¿preparado y controlado?, ¿o a alguien se le ha estropeado el reloj del tiempo cuando manejaba su maquinaria?

Solo la ciencia se alza como poderosa religión. Es la red donde caemos para hacer dinero, informarnos, alimentarnos de eso tan necesario: no sentirnos solos. Tan juntos estamos, tanto nos ha unido la distancia que hemos olvidado que a nuestro lado hay quien nos reclama. El prójimo ya no está próximo, porque el prójimo duele, y clama, y sufre, y llama, llora, se queja, ríe a la vez que enferma y requiere atención. La lejanía te encierra en una red de sufridores que consuela en su falsa identidad. Se les ve y se les oye, si quieres, pero te consuela ver que están peor que tu: desmotivación emocional. No existen. Son solo imágenes. La guerra la creemos lejos cuando está en todas partes.

En la relación humana manda la distancia. El próximo molesta. En la guerra también: se trata de matar, pero desde lejos.

Lo malo es que, aunque la guerra esté lejos es real y se aproxima; el virus se transforma y mata en silencio. El tiempo ni se detiene ni da marcha atrás.

Ahora es tiempo de mentira, de hablar del clima, de las bondades del corazón humano y su solidario despliegue, del consumismo, de los molinos de viento y del sol que más calienta, pero la realidad se aproxima.

Vete pronto 2023 si lo que traes es solo eso. No eres bienvenido.

Tardará en llegar el orden, aunque algún día lo hará. Hasta entonces habrá que seguir como la indestructibles esperanza del almendro del que decía D. José Jiménez Lozano:

«Su flor es abatida una y otra vez, pero sigue relumbrando cada año; y, según las leyes de Darwin, ya debía de haber mudado, si esa helada siempre ha supuesto su muerte. Pero, entonces, ¿quiere decir esto que incluso el ser siempre abatidos no puede matar nuestra esperanza?, y continúa diciendo don José: «Mata la helada a la flor del almendro, /un año y otro año, y uno y otro siglo, /contra la ley de Darwin./¿Será la flor de Darwin la esperanza humana,/o flor de almendro?».

¿Seguirá floreciendo?

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

11 enero 2022