ADIOS 2020 Rafael Dávila Álvarez

La Muerte. Bruegel el Viejo

No te maldigo, de nada eres culpable a pesar de tu fealdad repetitiva en el número y en el vacío que expresas. Te vas para dejar un recuerdo de muerte y empezar de cero a contar la maldad que el hombre depositó en esta fecha cruel y todavía repleta de sucesos inexplicables. No eres nada más que tiempo, algo que solo existe para el que cuenta y ,ahora, aquí solo se cuentan los muertos. Uno, dos…, así hasta miles, aldabonazos que no quieren escuchar los contadores de mentiras.

No hay despedida sino entierro. Con rabia rompo el calendario y no abriré otro hasta que alguien explique ¿por qué?, ¿por qué tantos muertos?

Hay culpables, directos e indirectos, que sentados en su poltrona comerán las uvas, que no han pagado y sentirán, muy pocos, un sudor frío que les interroga: ¿por qué? Ninguno tendrá la vergüenza o el honor de presentar su carta de dimisión. De levantarse en esa noche del fin y decirse: ¡hasta aquí he llegado!

En España, el héroe de este 2020 debería recordar, si es que alguna vez leyó algo, que «solo una batalla perdida es más triste que una batalla ganada» y que, en este caso, además de perdedor es traidor, lo que no se olvida, en la historia, y nadie podrá retirarlo de la fecha que acompaña al recuerdo de la inexplicable muerte sucedida por una mala gestión y la inconsciencia de las indecisiones o arbitrarias decisiones que ofendían hasta generar la llegada de la fría muerte. Es muy triste, más que triste; es la muerte. Os acompañará como irresponsables.

Te vas 2020, año de soledades, de mal fario, de traidores y de gañanes y muchos insultos que llevan incluso el don delante. Te diría que eres don Ginesillo de Paropillo:  «Pues voto a tal —dijo don Quijote, ya puesto en cólera—, don hijo de la puta, don Ginesillo de Paropillo, o como os llamáis, que habéis de ir vos solo, rabo entre piernas, con toda la cadena a cuestas». Don hijo de la puta es corto y poca cosa que alcanza su valor con el excelentísimo delante, con ese don sin honor. Lo lleva la presidencia del que se cree mandador en una ínsula.

Pero no eres tú el don, 2020, que eres ya un número entre los muertos, unido a la traición del mal guerrero que, como Arquíloco, arroja su escudo y emprende veloz carrera dando la espalda al enemigo.

«¡Cuántos de los que amabas/ya han bajado a lo oscuro!

… ¿Será tarde?».

Vete para no volver, y en tu marcha llévate a los culpables, que no se crucen en mi camino, jamás; sin perdón pedir.

Llévate contigo la sinrazón, a los gobernante de muertos que se precian de su gestión; vete ya, 2020,  con los que nos burlaron sin un lamento, sin dolor.

Que no se crucen en mi camino ni el horizonte los acoja, sean una mala sombra, don Ginesillo de Paropillo. Vulgar delincuente y encima heredero de Arquíloco. Don…, sin honor. No hay peor insulto que una mala gestión con resultados como los que ofrece este año maldito que se va, aunque para nuestra vergüenza don Ginesillo se quede.

Rafael Dávila Álvarez

30 diciembre 2020

Blog: generaldavila.com