EL SANTUARIO DE NUESTRA SEÑORA DE LA CABEZA. Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

 

Situado en una cima de Sierra Morena, a 33 km. de Andújar, en prominencia de unos 80 m. en relación  a la meseta, de terreno agreste, donde se hicieron fuertes más de 1.500 personas, entre hombres, mujeres y niños de aquellos 250 guardias civiles al mando del capitán de la Guardia Civil, don Santiago Cortés González, en donde se acogieron el 17 de agosto de 1936, esperanzados en rápido triunfo nacional, después de algunas incidencias y de ser conminados por proclamas de la aviación, intenso fuego artillero y numerosos ataques que provocaron numerosas bajas sin lograr vencer su capacidad y firme resistencia, animados con las arengas y los vivas a España del capitán Cortés, teniendo como único enlace con las tropas nacionales a través de palomas mensajeras desde el 25 de octubre al 3 de mayo de 1937, en las que el capitán Cortés colocaba los partes que en Córdoba eran recogidos y que constituyen emocionantes documentos. Carentes cas de víveres, de asistencia médica, de falta de espacio físico para vivir, hacinados, mujeres y niños, resistiendo a base de comer madroños cuando no había alimentos y no llegaban los suministros que les lanzaba el heroico capitán Carlos de Haya en sus arriesgados vuelos nocturnos.

Rechazados los ataques de la XVI Brigada Internacional,  el 1 de mayo de 1937, gravemente herido el capitán Cortés, con más del 75% de bajas  y habiendo sufrido el impacto de más de 3.000 granadas, caía heroicamente el Santuario.

En julio de 1939 se publicaron las bases para un concurso de anteproyectos para la reconstrucción del Santuario de Nuestra Señora de La Cabeza y homenaje a su héroes, nombrándose una Junta presidida por el Capitán General de Sevilla, un comandante de la Guardia Civil, D. Carlos Cáceres Iriberri; el comandante de Aviación D. Modesto Aguilera; el Gobernador Civil de Jaén, D. Francisco Rodríguez Acosta; el teniente de la Guardia Civil (defensor del Santuario) D. Manuel Rueda García; el Presidente de la Diputación de Jaén, D. Juan Pedro Fantony; el Presbítero de Diócesis D. Blas Cuesta; Arcipreste Andújar D. Antonio Monatener Valero; Rvdo. Padre D. Javier de la Dolorosa Bellido; Rector del Seminario de Jaén, D. Adoración Reyes; Alcalde de Andújar, D. Tomás Escribano; Secretario de la primitiva Hermandad de Andújar D. Ángel Bellido; Secretario 1º D. Manuel Tejero Gómez y Secretario 2º D. Jacinto Lill, como encargado de la formación del Museo. Así mismo se nombró un jurado para el Concurso de reconstrucción  compuesto por el capitán general de Sevilla, el Gobernador Civil de Jaén, el obispo, un miembro de la Real Academia de Bellas Artes, otro del Colegio Oficial de Arquitectos de Andalucía, un arquitecto elegido por la Junta y otro por los concursantes.

Se prolongó la admisión de proyectos hasta octubre de ese año quedando desierto el concurso al que se presentaron dos proyectos que no se aceptaron. Los fondos para la reconstrucción se lograron a base de suscripción nacional, recibiéndose de los más apartados lugares como el recibido de Catterick (Reino Unido) para el altar del Santuario.

Desierto el concurso se optó en designar órgano ejecutor a la «Comisión ejecutiva para la reconstrucción del Santuario de Sta. Mª de la Cabeza» que fue creada en abril de 1940 llevando adelante el proyecto D. José Moreno Torres y el arquitecto comarcal de Granada, Francisco Prieto Moreno con la ayuda del también arquitecto, José Luis Fernández del Amo

Las obras empezaron en 1940 y concluyeron en 1945 y que como dato curioso no contó con la presencia de Franco, ostentando su representación el Capitán General de la Guardia Civil, Camilo Alonso Vega.

Muchas historias heroicas alrededor del asedio, algunas poco conocidas, como la del médico del Santuario, un joven estudiante de medicina, José Liébana Serrrano. La casualidad le llevó hasta el Santuario ya que se encontraba en Martos con su cuñado, teniente Rueda de la Guardia Civil, al que siguió cuando recibió la orden de concentrase en Jaén, después a Andújar y de allí al Santuario. En agosto le llamó el capitán Cortés para hacerse cargo del botiquín del puesto de socorro, pero allí no había más que una caja con algunas vendas, algodón, una botella de alcohol y yodo, y él solo era un estudiante de medicina. Conocemos la historia porque se la contó al periodista de Efe B. Peláez Torralba, el año 1962.

Los primeros heridos pusieron a prueba al estudiante de medicina que recuerda con horror que en aquellos primeros días tuvo que amputar un brazo con un serrucho, ayudado por unos cuantos guardias que sujetaban a a aquel valiente. Cuando las heridas a atender eran un problema se comunicaba con Sevilla a través de las palomas mensajeras con el teniente médico Lillo que le contestaba lo que debía hacer; pero había que esperar a la paloma… Con el tiempo la mayor enfermedad era el hambre, cuando por la noche aquellas desesperadas familias salían como alimañas en búsqueda de algo que llevarse a la boca. Una familia entera murió por comer unas raíces venenosas sin poder hacer nada por ellos. Como un milagro una bomba enemiga cayó sobre un manantial de agua brotando lo suficiente para calmar la sed de niños y mayores durante todo el asedio. Se la conoce como Fuente de los Civiles.

Atendió a veintidós partos, todos felizmente. También pudo estar al lado del Capitán Cortés que herido en el vientre seguía defendiendo la posición de manera inaudita, solo creíble para el que lo vio.

El doctor Liébana logró escapar, pero fue detenido al final de su huída y estuvo en prisión hasta el final de la guerra. Se había doctorado en la Universidad de la guerra.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

15 julio 2021