GARY COOPER. SOLO ANTE EL PELIGRO: EL JUEZ LLARENA Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Gary Cooper. Solo ante el peligro

Se va imponiendo la rectitud. Gracias a un juez.

<<Esto ni se arregla, ni hay quien lo arregle…, ni conviene que se arregle>>, reclamaba Romero Robledo contra las manipulaciones gubernamentales. Fue hace algún tiempo, pero pocas cosas han cambiado desde entonces. Cuando, en línea con el Pollo de Antequera, pensábamos que esto no habría quien lo arreglase porque no convenía –Cui prodest?- un cambio en el guión nos hace recobrar la esperanza.

De repente alguien desata el argumento y un hombre solo, el sheriff, regresa y se enfrenta solo ante los forajidos que habían prometido venganza. Un inesperado desenlace que a todos deja boquiabiertos.

Gary Cooper representado por el juez Llarena, solo ante el peligro.

Casi todo empezó a oler mal con: <<Su problema se llama 3%>>. Nadie quiso saber nada. Había mucho que callar, intereses extraños todavía desconocidos, pero que todos damos por sabidos (creo que alguno muy concreto se nos escapa). Empezó una guerra en las enmoquetadas porqueras, que continúa a pesar de que a algunos, muy señalados, les ha llegado su sanmartín.

Lo de nación le traía al pairo al que era presidente de Gobierno. Concepto discutido y discutible. El resultado ha sido lo que venimos viviendo desde entonces: El proclamado Estado independiente de Artur Más.

Tuvo que intervenir el Constitucional ante un Ejecutivo tibio o peor. No, señores, Cataluña no es una nación, la Constitución no conoce otra que la Nación española en la que la Constitución se fundamenta y con la que se cualifica expresamente la soberanía que es ejercida por el pueblo español como su único titular reconocido.

El juez Llarena: “Solo ante el peligro”

Poco tardaron en proclamar el delito: <<Estado independiente, ruptura de la soberanía nacional y, por tanto, de la unidad de España>>. <<Som una nació. Nosaltres decidim>>.

Y podríamos continuar con lo por todos conocido. Tibieza, negociaciones, entregas (sí también de fondos presupuestarios y otras donaciones), rendiciones, inconfesables pactos (todavía desconocidos). Rebelión, sedición, malversación, prevaricación y desobediencia.

Daba igual. Un poquito de 155, nada, poca cosa y que no se note. No hurguéis mucho en los mozos; que el Delegado del Gobierno pida disculpas por la agresividad de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado; la tele, esa que apoya el golpe no la toquéis; la otra, que apoya seis veces más,  tampoco. Si se escapan nadie sabe nada; bandera de inteligencia; mirad hacia otro lado; que nadie les siga. Así hasta que nos han, encendido, aburrido, hecho perder la confianza en toda la clase política. Unos por apoyar, con acción u omisión, el golpe; otros por definirlo y querer adaptarlo al sistema; fórmula para hacer legal lo ilegal; los más responsables por mirar hacia otro lado, casi siempre al Constitucional, y olvidar que los Poderes del Estado no descansan solo en el Judicial, sino que el Ejecutivo es responsable tanto por acción como por omisión, caso muy ad hoc.

Ahora Gary Cooper espera la llegada del tren. A las doce; en el que viene Frank Miller. Está solo, ¿abandonado? Sabemos el desenlace de aquella  película.

Puigdemont detenido

La de ahora está sin cerrar el final. Nuestro Gary Cooper, el juez Llarena, ha empezado a recorrer el pueblo. No necesita mirar a uno y otro lado. Sabe que está solo. Solo con la Ley y la justicia. El desenlace es incierto.

Es posible, no sería la primera vez, que un hombre solo, solo ante el peligro, con rectitud y honor puede cambiarlo todo. Incluso en un pueblo adormecido. Puede incluso salvar a España.

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

27 marzo 2018