LA LEGIONARIA PEDRO PÉREZ General de División Rafael Dávila Álvarez (R.)

Rosario Vázquez (2)

Rosario Vázquez

En alguna ocasión me he referido al libro de José María Pemán Mis encuentros con Franco. Entre las muchas lecturas del verano una sola tarde me ha llevado releer estos sabrosos encuentros con Franco que recomiendo leer a los que se empeñan en deshacer la historia a su capricho. En el libro las anécdotas se suceden y mezclan dando lugar a uno de los mejores retratos, quizá sin pretenderlo el autor, que he leído sobre Franco. Sorolla en blanco y negro.

No podía faltar una alusión a la Legión. Cuenta Pemán que merendando con Franco después de una cacería en el Puerto de Santa María alguien citó la consabida frase con que los ingleses definen al Parlamento británico: ‹‹el Parlamento puede hacerlo todo menos que un hombre se convierta en mujer››. Franco, que habitualmente hablaba muy poco y se limitaba a escuchar, provocó la sorpresa de todos al contestar:

-Pues yo he podido.

A continuación y sin que nadie se atreviese a decir palabra contó la curiosa historia de cómo sentó plaza en la Legión Petrita Pérez.

Juana Miró

Juana Miró

Estando al mando de su Bandera acompañaba siempre a los legionarios una mujer que era a la vez cantinera, cocinera, costurera y confidente, además de mona, listísima y por supuesto muy valiente. Respetada y querida por todos los legionarios estaba siempre en primera línea de combate ejerciendo incluso de enfermera.

Bueno es recordar que en aquella época de guerra en el Rif fueron varias las mujeres que acompañando a la Legión fueron condecoradas con el Mérito en Campaña por su valor y arrojo. Roseta Miró o a la valiente enfermera Rosario Vázquez, única mujer en 1926 autorizada a llevar la camisa legionaria, son un ejemplo al valor y cumplimiento del Credo legionario. En el Libro de Efemérides de la Legión se narran los hechos por los que se le concedió la Cruz al Mérito Militar y la propuesta para la Medalla Militar individual. Quizá la última de aquellas mujeres legionarias, cuando no se las permitía serlo, fue Vicenta Valdivia Salmerón, la Peque. ¡Qué ejemplo de virtudes legionarias!

Siguiendo con el relato, Franco contaba que por aquellas fechas en las que les acompañaba la cantinera salió una orden desde Madrid prohibiendo llevar ninguna mujer en las marchas y menos en combate. Para Franco era un problema difícil de solucionar pues según sus palabras, los legionarios son fáciles para esperar y casi buscar la muerte, pero difíciles y exigentes para vivir la vida. Franco no se lo pensó dos veces y envió un parte al Mando en el que textualmente decía: ‹‹Sienta plaza en esta Bandera el legionario Pedro Pérez››. Problema resuelto.

Pasó un año y la cantinera Petrita Pérez que se había ido de vacaciones regresó con novio para casarse. Menudo problema. Había que comunicar la baja y el porqué de la misma.

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Vicenta Valdivia Salmerón, la Peque

No quedaba más solución que buscar alguna razón convincente para dar de baja al legionario. La imaginación es un arte que se ejerce a diario en la Legión.

De nuevo parte al Mando:

‹‹Se da de baja el legionario Pedro Pérez, muerto en acción de guerra››.

Así se alistó y así se dio de baja a la legionaria Pedro Pérez. No es de extrañar que figure en la Lista de Revista de la época. Al margen de lo contado por Franco poco más se sabe de ella. El caso es que allá por los años veinte una mujer estuvo alistada en la Legión con el nombre de Pedro Pérez. Como buena legionaria nadie sabe realmente su nombre ni vida anterior. Eso nada importa porque juntos formamos Bandera que da a la Legión el más alto honor.

General de División Rafael Dávila Álvarez (R.)