COMUNIDADES EN ALERTA. MIEDO EN LA MONCLOA Rafael Dávila Álvarez

Me llegan noticias del augur, que es la nevada, (año de nieves…) de los problemas que el Gobierno está teniendo con sus aliados y que puede llevarle a situación extrema. Por si acaso han cerrado las puertas de la Moncloa y se han blindado tras el parapeto de las promesas del inquilino; que se hacen insuficientes.

Preparan la estrategia que básicamente se centra en un ataque a Madrid. Una batalla, desde fuera, para reconquistarla y repartírsela.

En España hemos dejado de ser españoles para ser andaluces, aragoneses, asturianos, baleáricos, canarios, cántabros, castellanomanchegos, castellanoleoneses, catalanes, extremeños, gallegos, riojanos, madrileños, murcianos, navarros, vascos o valencianos, ceutíes o melillenses. Menos españoles, de todo. Hemos perdido nuestra identidad. Cuando vienen mal dadas, como ahora, la descarnada realidad se convierte en terror. Miles, incluso millones de personas deberían estar ya vacunadas contra el virus, pero algo ha fallado. Era de esperar. ¿La razón?: Aquí mandan todos, lo que equivale a decir que no manda nadie. El mando único es necesario; diecinueve mandos es un caos. Eso es España: confusión, desorden. El de Andalucía, el de Aragón, el de Asturias… mientras el de Moncloa se encierra en su inutilidad y pregunta por las encuestas y su imagen.

El concepto militar de Logística dice que «es el conjunto de previsiones, cálculos y actividades de los Servicios para proporcionar a las Fuerzas Armadas los medios de combate y de vida necesarios para el cumplimiento de su misión, en los lugares adecuados y en los momentos oportunos» Ni previsión, ni cálculo; ni cumplimiento ni lugar ni momento. Esto se parece a Moncloa.

Una máxima de la logística es que en época de escasez hay que centralizar los medios disponibles. En manos de quien debe saber, organizar y repartir con la diligencia y capacidad que exige el mando, es decir la responsabilidad. Está claro: no saben.

Cuando se está entre aficionados, incluso de la política, pasa lo que estamos sufriendo. Pero cuando esas manos pasan de lo inútil a lo malo perdemos el control de quien nos controla.

Me escribe una lectora del blog: Más de 70 años, diabética tipo 1, hipertensa. Tiene que cuidar a sus nietos y recogerlos en el colegio. No hay ERTE para su hija, ni teletrabajo. Limpiar casas es presencial. Ella, casada con funcionario, se acoge a la Sanidad privada, una compañía con la que lleva toda su vida junto a su marido. Ha llamado a esta compañía de salud privada (muy conocida) para ver como se gestiona esto de la vacuna contra el virus. Nadie sabe nada; no hay vacunas ni nadie les ha dado noticias del proceso. Nada de nada.

Hablo con un médico amigo que atiende en un servicio de urgencias público, de esos que están día y noche salvando vidas y en contacto con miles de casos en la calle. No sabe nada. Ni les han vacunado ni se espera.

Diecinueve mandos con el remedio en sus manos, pero sus soldados se mueren y los hospitales se colapsan. Al final será el Ejército de todos el que tenga que acudir allí donde no quieren estar con todos, sino mandados por lo inútil. No hay ningún problema con la tropa ni con el armamento, sino con el que la manda. No es hacerse obedecer, sino mandar. Como siempre.

Es hora de que alguien se ponga al frente de la situación. Retirar a los aficionados, asumir la responsabilidad, sin compartirla con nadie. Para ello es necesario: confianza en sí mismo, amor a la responsabilidad, firmeza de carácter, elevado espíritu de sacrificio y serenidad ante el peligro. Todo ello antes de que haya más muertos.

En Moncloa, nadie sabe si se vacunan o no. Su única preocupación es el malestar que reina entre sus socios de Gobierno y salvar el trasero que se sienta en esa poltrona.

Hay miedo en el palacio. Una imagen borrosa. Me alegro; sin olvidar lo peligroso que es, como bien saben los pastores, tener al lobo acorralado.

Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

10 enero 2021