ORMUZ: ESTRATEGIA Y FUTURO. General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

En breve nadie recordará Ormuz. A medio plazo (una  o dos décadas) hablaremos de ello como ahora de Queronea.

Quedarán frases soldadas sobre las tierras que calienta el Sol ardiente iraní que nos recordarán que allí yace el fósil de la guerra.

«Persia será para el que tenga el valor de atacarla«.

Alejandro Magno supo ver más allá de su época y se atrevió. Murió joven, pero puso en alerta al conjunto: «Una victoria no debe permitir tener pensamientos altivos, ni abrir libremente alas al regocijo». Hay que saber respetar al vencido y dosificar la victoria.

Hay victoria de los EE.UU con Trump al mando, pero correrá una gran mayoría como jabalíes heridos culpando a Trump de haber lanzado la flecha y además perder la batalla y todas las guerras. Pero la realidad es que hay un esperanzadora firma hacia la paz que se plasmará este próximo viernes. Trump no es ese loco que da dinero al enemigo para que se arme nuclearmente ni el que se retira de un campo de batalla con el rabo entre las piernas; tampoco el que pone una vela a un dios y otra a esos nuevos diablos que venden profecías en forma de normativas incendiarias. Tampoco es Trump el que permite que su nación sea ninguneada comprometiendo su futuro y relegándola detrás de regímenes muy alejados de las democracias occidentales. Quisieran vencerlo, pero no es fácil doblegar a quien tiene las ideas firmes en defensa de su patria.

Cuánta razón tienen los que dicen que el mayor triunfo del diablo es lograr que pensemos que no existe. Ahora va vestido de bondadoso estratega de la defensa de una paz armada, sostenible y mejor nuclear.

Trump está en el camino de los vencedores. No conoce la retirada bajo presión ni esconde sus pecados. Es mortal y los tiene. Lo que no le hace peor que otros que amagan, ponen todo patas arriba y luego abandonan.

Conviene saber la diferencia entre «Acuerdo», «Armisticio», «Tregua» o «Alto el fuego» para entender lo que este viernes firmarán Estados Unidos e Irán: «Memorándum de entendimiento«.

Una tregua es un cese temporal de las hostilidades, generalmente acordado para un periodo limitado o en un área geográfica específica. El armisticio detiene la guerra, pero no trae consigo ningún acuerdo de paz. El «alto el fuego» es una suspensión momentánea de las acciones militares.

Un acuerdo de paz es la base para alcanzar la paz duradera y constituye un compromiso político firme, exige recursos, respaldo internacional y una firme voluntad de entendimiento. El proceso hasta llegar al punto final es delicado y pueden romperse las negociaciones en cualquier momento. De ahí la necesidad de una firme voluntad de paz.

El memorándum de entendimiento al que se ha llegado, después de esfuerzos desconocidos y cesiones dolorosas, recoge aquellos puntos a tratar y con los que hay que negociar para llegar a una comprensión antes de la redacción final que lo convierta en un verdadero acuerdo. Ahora comienza ese proceso que es el camino tortuoso de las concesiones, las cesiones y la diplomacia sin más armas que la voluntad y la nobleza de espíritu.

Se trata de llegar a un consenso después de una negociación que abarque varios aspectos del conflicto tales como el desarme nuclear, el comercio, control del estrecho y múltiples variables del enfrentamiento y sus consecuencias posteriores.

Durante sesenta días habrá una dura negociación, pero el primer paso para la paz está dado y su prueba más palpable será la apertura total y sin restricciones del estrecho de Ormuz.

El proceso ha sido largo y tortuoso. No olvidemos su orígen: los ataques del 7 de octubre, cuando Hamás (impulsado por Irán) asesinó a más de 1.200 hombres, mujeres y niños inocentes, incluyendo a 46 estadounidenses, en el ataque terrorista más despiadado de la historia de Israel. Además de estos asesinatos, Hamás tomó a 254 rehenes, entre ellos 12 estadounidenses.

Después de firmar la paz de Gaza, Hezbolá (servidor de Irán), que ocupa militarmente el sur de Líbano a pesar del despliegue de los cascos azules de ONU, continuó con la guerra abierta contra Israel.

No es fiable quien no admite que su pueblo hable y solo entiende que sea él el único interlocutor válido. La diferencia de quien depende de la voz de su pueblo del que depende de su dictadora autoridad es muy importante en estrategia bélica. A uno le  puede hacer vencedor una guerra, pero derrotarle el voto; a los dictadores solo les vencen las armas. No conocen otro final. El peligro de enfrentarse o negociar con una teocracia es evidente.

Un mundo difícil donde los poderosos buscan situarse en zona de dominio porque la transición hacia las nuevas energías va a ser lenta, dura, bélica e incierta. Estratégicamente no hay tiempo para entretenerse con diatribas, códigos de conducta y diplomacias vacías, todo aquello que originó la II Guerra Mundial y la posterior Guerra Fría. Es el momento de dejar clara la partida y ver quienes son los jugadores. Irán pretendía la bomba atómica para colocarse en prioridad en la zona de Oriente Medio. Eso es algo  que conocen todos los que se dedican a analizar la situación estratégica. Los Acuerdos de Abraham, un pacto histórico encabezado por Estados Unidos en septiembre de 2020 para normalizar las relaciones diplomáticas, comerciales y de seguridad entre el Estado de Israel y cuatro países árabes: Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Sudán y Marruecos, hicieron mella en Irán que esperó el momento para, violentamente, acabar con aquel acuerdo mientras aceleraba el proceso de enriquecimiento del uranio para ejercer su poder con el arma atómica.

Irán fue un enemigo occidental desde la caída del Sha en 1979. También lo es del mundo árabe.

Al panorama en su conjunto hay que añadirle otros ingredientes como la caída del régimen sirio de Ásad en diciembre de 2024 o el enfrentamineto en mayo de 2025 entre India y Pakistán frenado por la intermediación de  Estados Unidos.

La guerra de Ucrania caminaba hacia su final, pero un paso adelante dos atrás.

Esta era la situación global cuando en junio de 2025 estalló la conocida como «Guerra de los Doce Días«, un ataque masivo por sorpresa de Israel contra Irán, con el nombre en clave de «Operación León Ascendente» para impedir el avance del programa nuclear iraní. En este primer ataque, Israel acabó con la cúpula militar del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria así como con varios científicos del plan nuclear. Irán contestó con  la «Operación Verdadera Promesa«, contra Israel y el 22 de junio Estados Unidos lanzó sus propio ataque contra Irán bombardeando tres de sus instalaciones nucleares a lo que respondió Irán atacando la mayor base estadunidense en la zona (Base aérea de Al Udeidi en Catar).

El 23 de junio de 2025 Trump anunciaba un alto el fuego. Era un periodo para armarse antes de seguir debilitando a Irán. Las espadas estaban en alto e Irán no daba signos de debilidad. La esperanza de que sus habitantes se lanzasen a la calle pidiendo un cambio se desvanecieron y todo quedó oculto bajo la represión irani que tapó sus acciones sin internet ni comunicación alguna.

En agosto de 2025 se celebró una cumbre de gran importancia entre Putin y Trump. La conocida reunión Putin-Trump en Alaska entre los dos mandatarios nunca puede ser olvidada, aunque no sabemos, pero intuimos lo tratado.

Luego llegaría lo de Groenlandia.

El 3 de enero de 2026 Estados Unidos lanzó la operación «Resolución Absoluta» una incursión militar en Venezuela donde fueron capturados Nicolás Maduro y su esposa trasladados a Nueva York para enfrentarse a imputaciones de narcoterrorismo y tráfico de drogas.

El 28 de febrero de 2026 Estados Unidos junto a Israel lanzaron por sorpresa  una serie de bombardeos aéreos sobre Irán. Irán lanzó misiles y drones contra Israel y las bases militares estadounidenses en la zona. Resultó muerto Alí Jamenéi y altos mandos extendiéndose la guerra a Líbano entre Hezbolá e Israel. Mojtaba Jamenei, hijo de líder muerto, fue nombrado su sucesor el 8 de marzo y aún nadie le ha visto ni escuchado.

Irán utilizó su arma más letal: el cierre del estrecho de Ormuz.

El 12 de abril el presidente Trump, después del fracaso de las conversaciones en Islamabad entre Irán y Estados Unidos, contestó con el bloqueo naval estadounidense sobre el estrecho de Ormuz. Quedaban cerradas las dos puertas del estrecho provocando el hundimiento absoluto de la economía iraní y la alerta mundial por la escasez de petróleo.

La complejidad de la situación no necesita muchas más explicaciones.

Trump logró algo estratégicamente muy valioso: dividir al enemigo. Que dentro de Irán las posturas entre unos y otros se hiciesen irreconciliables. La Guardia Militar Revolucionaria se hizo con el poder ante la impotencia del líder espiritual y los moderados ministros de exteriores y presidente del Parlamento tuvieron que luchar hasta admitir la realidad que no era otra que comprobar que se había llegado al crac más absoluto y por tanto era necesario llegar a un acuerdo. En estos momentos nadie sabe el poder que sigue teniendo la Guardia Revolucionaria y el valor de su palabra para llegar y respetar  un acuerdo que se presenta difícil y tedioso porque en él la GR pretende dar la imagen de vencedores.

Hubo entre Trump y el Pentágono varios planeamientos de actuación desde lo militar a lo diplomático. Estados Unidos barajó muchas hipóteis y se prepararon las más probables y las más peligrosas. Repito, desde lo militar a lo diplomático.

Se insistió preferentemente en la negociación, pero el cierre del estrecho modificó los planteamientos. La Guardia Revolucionaria se hizo con el poder a pesar de la victoria militar estadounidense y la destrucción en más del 80% de su capacidad militar y misilística. El planeamiento militar de Estados Unidos se centró en la angostura del estrecho y en las instalaciones militares en su islas como Queshn. Estaba prevista y a punto cuando se intercambiaron a través de Pakistán informaciones que hablaban de una posible negociación. Se paralizó la acción militar no sin alguna opinión en contra de altos consejeros militares del Pentágono.
En algún momento se pensó en una retirada parcial de EEUU mientras Irán aceptase abrir el estrecho de Ormuz sin condiciones lo que podría ser una victoria vendible por Trump alegando que habría derrotado a Irán apoyándose en haber acabado con sus Ejércitos del Aire y Marina de Guerra, eliminado su capacidad de enriquecer uranio y fabricar arma nuclear y haber cambiado el Régimen ya que había eliminado a todos los dirigentes de la cúpula del Gobierno anterior.
Al final el tiempo se fue echando encima y la escasa reacción popular interna, la proximidad de las elecciones de medio término y sobre todo la intervención de Xi Jimping ha llevado a la negociación con grandes posibilidaes de éxito.

A día de hoy Ormuz y Malaca no pueden estar cerrados, y no porque Oriente Medio lo diga, sino porque China así lo ordena de acuerdo con Trump.

Las estrategias se confunden. A lo largo de los tiempos los lugares que abastecen de productos para producir energía son lugares de guerra.

Como decía al comienzo Ormuz será temporal. Los estrechos cambiarán de importancia que será sustituida por diferentes  energías y formas  de distribución. ¿Cuánto tiempo seguirán siendo los combustibles fósiles los protagonistas?

Llevan años hablando de su final. El Acuerdo de París (Diciembre 2015) marcó un objetivo que venía a asegurar cero emisiones netas al año para 2050. Fue ratificado en el Acuerdo de Dubai firmado por 198 países.

Las guerras aceleran el proceso. Pero el camino es lento y bélico.

La de Ucrania  tiene mucho que ver con la energía. Europa dependía de Rusia hasta que Putin ordenó la invasión.

Sin energía no hay autonomía estratégica. La guerra en Irán con el cierre del estrecho de Ormuz le supone a Europa un gasto de 500 millones de euros diarios, por un conflicto en el que no participa. Necesita acelerar la renovación energética con urgencia y buscar la forma de lograr la total soberanía estratégica. La diversificación de fuentes de energía, rutas y la flexibilidad es el futuro para la no dependencia y por tanto de una mayor soberanía. La apuesta es por las renovables, biocombustibles y el hidrógeno verde. Alemania, Europa en general, se vio afectada con la guerra de Ucrania y ya se ha puesto en marcha con la construcción de un hidroducto de 9.000 kilómteros. En España hay un proyecto para la construcción de otro de 2.600 kilómetros.

Los oleoductos y gaseoductos han empezado a quedar anticuados, incluso alguno no llegó ni a estrenarse (Nord Strean 2).

La demanda de energía hoy es mayor que nunca y alcanzará cifras inabor­dables. Ya no son palabras, todos se han puesto a trabajar. Afecta a la seguridad y al poder estratégico del futuro.

Entre una y dos décadas, el petróleo será historia. Pero donde hay petróleo hay más cosas, también productoras de energía.

Uno de los mayores afectados por la guerra de Irán ha sido China. Lleva tiempo buscando su autonomía estratégica y por ello ha hecho la mayor apuesta entre todas las naciones por dominar las variadas  alternativas energéticas siendo ahora dominante en el mercado eléctrico y la posesión y transformación de los minerales raros. Lenta, segura y conocedora del futuro.

Mientras llega ese futuro, está en juego tomar posiciones para no quedarse descolgado. El mundo será otro, pero los actores serán los mismos.

El camino hacia las nuevas energías está en marcha. Las guerras  actuales responden a ello. Vendrán otras que ahora duermen en África. Groenlandia está en la lista. En Oriente Medio hay una auténtica lucha por el  poder que busca su sitio en ese nuevo futuro. Las diferencias son casi insalvables.

«Se me ocurrió una vez pensar cuántas democracias habían sido derrocadas por los que prefieren ser gobernados de alguna otra forma que la democrática…» (Así empieza la Ciropedia de Jenofonte. No ha terminado).

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

17 junio 2026

DESDE SIRIA A RUSIA PASANDO POR PARÍS. Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

«Desnudo basto para derribarte a ti con todas armas» (Teucro a Menelao, en Ayante de Sófocles)

Saber de la guerra es casi un oxímoron, porque la guerra es un error del conocimiento. Claro que en mi opinión es más grave no saber geometría como exigía Platón. Pero el matiz diferenciador entre el conocerse así mismo de Delfos y la geometría platónica nos permite entrar en esta ruta guerrera ya casi turística en la que participaba la sabiduría y el conocimiento. Al fin y al cabo Sócrates, «el más sabio de los mortales», también fue un guerrero, un valeroso hoplita.

Podríamos empezar la excursión de manos de la ONU por Líbano para recordar la batalla de Qadesh (1.274 a.C.), recorrer Troya, el Peloponeso, Gaugamela, y llegarnos hasta Ucrania, Gaza, y Siria, después de merodear por la lejana Etiopía de Gilgamesh.

Hubo momentos en los que aún no se habían inventado las misiones de paz ni las oenegés, ni había una Sociedad de Naciones Unidas que hablase de operaciones de mantenimiento de la paz, de la  construcción de un mundo sostenible y su evolución hacia la  felicidad con el progresismo. Luego transformamos a los soldados en oenegeistas y en esas estábamos cuando volvió a aparecer la cólera de Aquiles. De regreso al pasado.

Para no andar dándole vueltas al asunto ya desde el principio dejaré bien clara mi opinión sobre las llamadas operaciones de paz de la ONU: un camelo. Ni mantenimiento ni imposición, todas iguales de inútiles, porque además los militares ni entienden, ni deben hacerlo, de términos confusos con los que la política se lava las manos allí donde los problemas son más graves. Creen que mandando a los soldados armados con estrictas e incumplibles normas de comportamiento todo queda resuelto. Incluso muchos uniformados se lo creen y se sienten angélicas figuras que imparten cursos de costura.

Ucrania, Israel, Siria, Irán en Notre Dame

Empecemos por Siria, lo más reciente, por decir algo, un ejemplo, porque no es el único caso. No intenten buscarle explicación. No la hay. Por ahora. Al menos no lo sabemos todavía, pero detrás hay un pacto. ¿Cual? Desconocido, hipótesis varias.

Pediría a los analistas, a los geopolíticos, diletantes, soldados con y sin graduación, estrategas y geoestrategas ¿hay alguien más?, un poco de honradez y asumir como primera norma la humildad y como segunda admitan que no saben nada, que suponen sin suponer en sí. Que incluso los que llevan años en el oficio dudan, no se atreven a hablar de «la teoría del empleo de las tropas en el combate ni de la teoría del empleo de los combates para el fin de la guerra». El asalto que sufrimos en estos tiempos al mundo de la opinión bélica es abrumador. Aparecen los analistas como setas en otoño, incluso sin estar en el lugar apropiado, sin saber lo que es una escuadra, o un Estado Mayor, nos hablan de ejércitos en combate, se convierten en jefes del engaño mayor. Lo peor es que ustedes les creen y los toman por auténticos analistas. Son charlatanes sin producto que vender, pero gracias a la tecnología se hacen ver. Nunca con tanta información hemos sabido tan poco. Humildad y un poco de profesionalidad. Eso es todo.

Por lo tanto cuando hablamos de la actual situación del mundo en guerra nada mejor que contarlo a modo de cuento.

Érase una vez Ucrania, y Gaza, y Líbano, y Yemen, y Siria, que infringió al mundo mil dolores y muchas almas de héroes esforzados precipitó al Hades.

El día 30 de noviembre dejé en la cuenta social X que en esos momentos se estaba produciendo un golpe de Estado en Siria, que era inminente la ocupación de Damasco y su Palacio presidencial. No han pasado ni diez días. Me adelanté, pero me señalaron por alarmista. Nadie se lo creía. Mis fuentes sabían lo que me trasladaban. Esta vez no era un analista nocturno y buen inventador de noticias. La información la dimos en una frecuencia determinada para que fuese recogida para mentes que disponen de los receptores apropiados.

Pues a sí están las cosas:

Ucrania es una guerra ya vieja, cansada, agotada y que ha cumplido su objetivo. Israel en la suya está en ello, todo allí va a cambiar, pero es una guerra que no tendrá un corto recorrido porque a la victoria militar ya en marcha, le debe seguir aquella victoria política que fueron los Acuerdos de Abraham que hay que reverdecer y regar para que crezcan. Adiós a Hezbolá y a Hamás. Irán tendrá que inventar otra cosa que bien puede ser el arma nuclear o aceptar su derrota, aún a regañadientes, y entrar en diálogo con occidente y el mundo árabe suní. Es un problema del bloque árabe que deben dirimir entre ellos. El mundo religioso es muy delicado y hace amigos poco fiables. Siria, hasta ahora suní, puede convertirse en el reino yihadista. Habrá que actualizar, de nuevo los menciono, los Acuerdos de Abraham. Ampliarlos. Es posible y probable, entre otras opciones, que asistamos a la nuclearización de la zona.

Siria en estos momentos es impredecible. Israel saca su rentabilidad y ha atacado más de 300 objetivos sirios aprovechando que ya el ejército ha desaparecido y no hay aviones de guerra, ni barcos ni armas químicas. Ahora trata de que no entren armas letales a los terroristas islamistas. Turquía hace lo suyo en la zona autónoma kurda lo que habrá que vigilar para evitar lo peor.

Si analizamos el Cui prodest la cosa empieza a aclararse, pero imposible adivinar el futuro. Eso es solo futuro. El terror se extiende más rápido que la pólvora y puede llegar al rincón más inesperado.

¿Y Rusia qué dice?

Pues gana y pierde.

Tiene que haber un pacto detrás de todo este nuevo panorama que nadie entiende: «El mundo se está volviendo un poco loco«, dice Trump y es una espontánea expresión fruto de lo que ni ellos asimilan. Tendrán que explicárselo todos los que ya recogen sus pertenencias para abandonar su despacho y la desastrosa política Biden que ha metido al mundo en un peligroso juego de guerra. En mi opinión Trump ya ha empezado a tomar medidas.

La primera es Putin.

-Amigo Putin, te vas de Siria. Voy a darte algún tiempo hasta que Israel arregle el colchón que necesita en su frontera nordeste. En Ucrania el Dombás para ti. Con Erdogán hablas tu. Que arregle lo suyo con los kurdos y soluciona con él lo tuyo.

-Vale Trump. ¿Cuánto tiempo tengo? Mis bases militares en Siria no voy a  abandonarlas y en el Mar Negro mandaré yo.

-Eso está hecho, pero te repito que debes hablar con Erdogan. Ándate con ojo en Irán porque tu amigo Jamenei está ya viejo y cualquier día os da un susto. Lo de nuclearizarse lo veremos. Por ahora que se estén quietos no vaya a ser que les pase algo parecido a Siria. Hay que arreglar este tema porque en Siria no quiero otra República Islámica, ni más terroristas deambulando por el mundo.

-En eso nos podemos poner de acuerdo. Lo primero Ucrania. Lo que no admitiré nunca es que me metas la OTAN en la cocina porque por ahí sabes que no trago. Luego hay temas pendientes como África y Europa.

-Mira me voy a París a eso de Notre Dame y así hablo con Macron, que lo tiene negro, como el alemán, y vemos lo que podemos hacer con eso de la OTAN a la que solo pago yo y me tienen harto. A William, el inglés, ya le he convencido. Hará lo que le digamos porque también tienen una buena dentro.

Por cierto, tengo y tienes un lio alrededor del Mar Negro, Rumania, Georgia…, que es como el de la OTAN. Ya sé que quieres el Mar Negro, pero ¡hombre! que no se note tanto.

-Mira amigo Trump, Ucrania primero, me quitas las sanciones económicos que me habéis impuesto y hablamos después.

-Rezaré por ti, Putin, porque te veo en vilo teniendo que apoyarte en el coreano que ya ves como se las traen.

Blyat (Блядь), no me hables… Los amigos nunca se sabe cuando además nosotros no tenemos amigos, sino cuñados.

-Pues eso. Nos vemos en febrero. Te invitaría antes a mi toma de posesión, pero se va a notar mucho.

-No te preocupes. Nos vemos en Ar-Riyad.

¿Y España qué papel juega en esta danza? Al descubierto han quedado cosas de máxima gravedad. Lo acabamos de airear en París. La incertidumbre a nivel Estado en España es tan evidente que debemos de prepararnos para lo que pueda venir. Acabamos de presenciar un desencuentro que no tiene excusa posible. Me refiero a no encontrarse el Estado en el lugar que debería haber ocupado internacionalmente. Cada cosa tiene su tiempo. No hay excusa ni debemos aceptar los reproches de unos a otros, ni en forma ni en fondo, sino gran preocupación. Hay tensión que a nada conduce, sino a una insignificancia en el contexto colectivo y de alianzas exteriores.

«La guerra es el padre de todo y el rey de todas las cosas; a algunos hombres a hecho esclavos y a otros libres» (Hesíodo).

«Según parece, los hombres se enojan más por ser objeto de injusticia que de violencia, pues lo uno parece que es abusar en condiciones de igualdad, mientras lo otro imposición desde un estado de superioridad (Tucídides en Historia de la Guerra del Peloponeso).

Rafael Dávila Álvarez. General de División (R.)

Blog: generaldavila.com

11 diciembre 2024