EL PASTOR Y SUS OVEJAS CON LA TECNOLOGÍA. General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

No sé cuanto ha que no me pedían la hora (la hora no se pregunta, se pide, ¿me puede dar la hora?, como el turno en la pescadería: ¿quién da la vez?).

Suelo correr durante una hora todas las mañanas por los campos cercanos a Madrid. Uno de estos días me encontré con un rebaño de ovejas que pastaba en un barbecho mientras el pastor junto a sus perros las vigilaba sentado al borde del camino. Al pasar a su lado me pidió la hora. Eran las diez y veinte. Me ha asombrado. ¿La hora? Ni reloj, ni móvil, ni radio, nada, nada, o todo; un zurrón, un bastón, sombrero de paja, sus perros y sus ovejas. Todo. Menos la hora. ¿Sabrá cuando tiene que irse para el pueblo que está a unos 3 kilómetros? Después de hablar durante un rato con él he sacado la conclusión que conoce las horas y los días mejor que yo con la información que me da el móvil. Su petición al borde del camino ha sido de cortesía, él no necesita saber la hora, la lleva dentro por la posición del sol. De la misma manera que conoce  y mira de reojo a la pareja de aguiluchos ceniciento que nos sobrevuelan o cuándo llegan o se van las avutardas que en la lejanía me enseña levantando el bastón.

¿Lleva usted hora? Así se iniciaba en tiempos una amistad, al menos una conversación. Hoy me cruzo con alguno que como yo corretea por los caminos y es difícil que conteste al saludo.

El caso es que el pastor me ha dejado pensativo. Hay mucho que pensar. ¿Será un caso único? Me da la impresión que cada vez va a ser más frecuente. Que se estabilice esta epidemia, vivir enganchado (¿conectado?) las veinticuatro horas del día; regresaremos a otros modos de vida. Hoy vivimos conectados al que está lejos de nosotros  y desconectados del que está a nuestro lado; eso es lo que yo veo. No rechazo la tecnología, la uso como bendición y avance que es, me limito a ser un observador de lo que acontece y ya me gustaría poder colocar en su sitio las piezas de este puzle. Hoy mi asombro es por culpa de esta pieza que no encaja: ¿me da la hora?

El caso es que estos días como habrán podido comprobar me estoy dando un banquete de clásicos del Arte de la Guerra y al llegar a casa me ha saltado lo que intento entretejer de uno y otro.

Creía Sun Tzú,  y más tarde Lidell Hart, que el estratega hábil debía ser capaz de someter a su enemigo sin combatir, tomar sus ciudades sin sitiarlas y derribar sus gobiernos sin derramar sangre. Lo cual es un hecho patente en nuestra querida España. Hace falta saber quién es el estratega. Creo adivinarlo.

Aguilucho cenizo

Si tengo que reclutar un ejército recurriré a las Instituciones Militares de Flavio Vegeccio y mi primer recluta será el pastor, <<porque para la guerra no hay gente mejor que la del campo>> y porque <<más vale tener soldados fuertes que grandes>>. Porque el pastor ni está aborregado ni sometido al  hábil estratega.

¿De qué te sirve saber la hora si no sabes la posición del sol ni conoces el augurio de las aves? ¿Será por el abuso de lo que entra por ese cordón umbilical que llevamos colgando y que no sabemos muy bien a qué y a quién está conectado? ¿Será al hábil estratega?

No; no sabemos la hora sino que vivimos al dictado de la hora que nos envían. Si solo fuese la hora…

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com

7 agosto 2019